martes, 4 de mayo de 2010

VIGILAR Y CASTIGAR EN LA FRONTERA COMÚN


En el encuentro entre Lula da Silva y Fernando Lugo trataron la creciente inseguridad en zonas limítrofes y acordaron acciones conjuntas. Actualmente en el norte paraguayo rige el estado de excepción.


Cooperación contra el narcotráfico y la violencia. Fue ese un asunto clave del encuentro que mantuvieron los presidentes de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y de Paraguay, Fernando Lugo. Ambos se reunieron ayer en localidad Ponta Pora, limítrofe de la paraguaya Pedro Juan Caballero, para tratar, en especial, la creciente inseguridad en la frontera común, donde fue herido en un atentado la semana pasada el senador paraguayo Robert Azevedo, hecho por el que están detenidos dos brasileños. Dos de los cinco departamentos del norte paraguayo que fueron militarizados en el marco del estado de excepción son lindantes con el gigante sudamericano. Lula respaldó la medida.

Brasil anunció que instalará nuevas bases policiales en la frontera que comparten y adquirirá un avión no tripulado israelí. “La única forma de vencer a los narcos, a los criminales que andan por ahí, es estar presente, ofreciendo control y apoyo al combate al delito. Derrotar al crimen es una necesidad y vamos a ayudar a Paraguay en esta cruzada”, afirmó Lula. Su ministro de Justicia, Luiz Barreto, informó que se instalarán este año once nuevas bases policiales en la frontera, algunas de ellas en el límite con Paraguay. Según Barreto, dicha instalación será realizada en base a proyectos de seguridad desarrollados por la Policía Federal y por la Fuerza Nacional de Seguridad de Brasil, y se concretará hasta diciembre próximo, a un costo estimado en 32 millones de dólares. Asimismo, Lula respaldó al gobierno de Lugo, quien decretó el estado de excepción en el norte del país para combatir al grupo insurgente llamado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), lo que le valió varios encontronazos con sus aliados en el gobierno. “No hay más espacios para rupturas institucionales o golpes de Estado. La posición firme de Brasil y Paraguay sobre el golpe en Honduras deja claro que no acordamos con cuartelazos explícitos o mal disfrazados”, sostuvo el mandatario brasileño en su discurso. “Expreso mi solidaridad con la iniciativa del gobierno paraguayo para combatir cualquier acción al margen de la ley”, agregó el líder petista.


Uno de los temas más sensibles de la agenda tratados ayer fue el reclamo de Lugo para que Brasil extradite a tres paraguayos a quienes la Justicia de su país acusa de ser parte del crimen organizado y a quienes Brasilia les otorgó refugio. “La investigación judicial dice que están involucrados con el delito” y se están “compilando nuevos elementos para entregar al gobierno de Brasil”, manifestó el mandatario paraguayo, quien dijo respetar la decisión soberana del país vecino pero no compartirla. Asunción acusa a Juan Arrom, Anuncio Marti y Víctor Colman de haber coordinado acciones del EPP desde su refugio en Brasil. Lula reiteró que si Paraguay “presenta nuevas pruebas, Brasil analizará nuevamente” la concesión del asilo.


El mandatario brasileño ayer además reafirmó su compromiso de ayudar a su vecino en la construcción de un tendido eléctrico entre la hidroeléctrica de Itaipú y Asunción. Si bien no especificó la fuente de financiación de la línea de transmisión de 500 kilovatios entre Itaipú y Villa Hayes, Lula destacó que el tendido eléctrico, así como el segundo puente bilateral que se proyecta sobre el río Paraná para unir el este paraguayo con Brasil, contribuirá a fortalecer la capacidad energética de su país, que con Argentina controla otra hidroeléctrica, la de Yacyretá, en el sur.


El director paraguayo de Itaipú, Gustavo Codas, declaró que el proyecto de esa línea de transmisión debe estar concluido en agosto próximo y comenzar con las licitaciones, así como que las obras deben concluir a finales de 2012. Una de las fuentes de financiación de la línea de transmisión, cuyo costo oscila entre 350 y 400 millones de dólares y que en principio debía ser solventado por el Tesoro brasileño, es el Fondo de Convergencia Estructural del Mercosur (Focem). En una declaración conjunta firmada por Lula y Lugo el 25 de julio de 2009 en Asunción, el gobernante brasileño se había comprometido a triplicar las compensaciones recibidas por Paraguay por la cesión de la energía que no consume en Itaipú.


Sin embargo, esa y otras concesiones, como la posibilidad de que Paraguay negocie directamente la energía en el sistema eléctrico brasileño, quedaron sujetas a la aprobación parlamentaria en ambos países.

lunes, 3 de mayo de 2010

UNA CRUZADA CONTRA LOS PROSTÍBULOS ENCUBIERTOS


El procurador Esteban Righi instruyó a los fiscales que investigan casos de trata para que promuevan la clausura de los locales que funcionen bajo la apariencia de un comercio lícito. Impulsa la derogación de normas municipales que reglamentan la prostitución.

Por Mariana Carbajal


El procurador general de la Nación, Esteban Righi, lanzó una cruzada contra las whisquerías y bares nocturnos que funcionan como pantallas de prostíbulos, en los que se explota a mujeres víctimas de trata. A través de una resolución firmada ayer, instruyó a todos los fiscales en materia penal del país que actúen en causas en las que se investiguen casos de trata y de proxenetismo, que soliciten al juez actuante la intervención de la agencia municipal del distrito, con el fin de concretar la clausura del local y promover la caducidad de la habilitación, cuando esté funcionando bajo la apariencia de un comercio lícito. En los casos en que el lugar no tenga ningún tipo de permiso legal –como ocurre con los llamados “privados o vips”–, los fiscales deberán sugerir al magistrado que no restituya el inmueble a su titular hasta tanto “no sean debidamente aclaradas las circunstancias de su uso ilegal”. Además, Righi pidió a los ministros de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, Julio Alak, y de Interior, Florencio Randazzo, que se ocupen de que sean derogadas en las provincias las ordenanzas comunales que, en abierta violación a la legislación nacional vigente, se aprobaron en los últimos años en distintas provincias –como Misiones, La Pampa, Río Negro, Santa Cruz y Entre Ríos, entre otras–, y que reglamentan la explotación de la prostitución ajena. Esas normativas incluyen hasta registros de “alternadoras” y la exigencia de la renovación periódica de una libreta sanitaria, que prevé el control médico ginecológico de las mujeres.


La resolución que firmó ayer Righi es resultado del trabajo que viene realizando la Unidad de Asistencia para la Investigación de Secuestros Extorsivos y Trata de Personas de la Procuración (Ufase), a cargo de Marcelo Colombo. El procurador también pidió a los fiscales que profundicen “las investigaciones en orden a identificar y enjuiciar a los funcionarios o agentes que pudieran tener algún grado de participación en la comisión o encubrimiento” de delitos como la trata o la explotación de la prostitución ajena.


“Al mismo tiempo resulta imperioso realizar un giro en la política de persecución de este tipo de hechos, a efectos de atacar el núcleo económico de las organizaciones criminales que lo sustentan, siguiendo la pista económica del negocio de la trata de personas”, consideró Righi en la resolución 99/09, a la que tuvo acceso Página/12. En ese sentido, instruyó a los fiscales que intervengan en causas de trata y proxenetismo que “soliciten al juez interviniente como medida cautelar, la afectación del o los inmuebles en los que se ejerza dicha actividad, desde el comienzo del proceso, con el objeto de lograr posteriormente su decomiso y como garantía de una eventual pena y/o condena pecuniaria”.


“Las llamadas casas de tolerancia están prohibidas en el país desde 1937. Sin embargo, desde la Ufase hemos detectado que en distintas provincias los concejos deliberantes han aprobado ordenanzas que las habilitan bajo nombre eufemísticos y reglamentan la explotación de la prostitución ajena, con libretas sanitarias para las alternadoras”, señaló el fiscal Colombo a Página/12.


La Procuración General de la Nación pretende que desde los ministerios de Justicia e Interior se trabaje con los gobiernos provinciales para que promuevan la derogación de las normativas comunales. La ciudad de Santa Rosa, capital de La Pampa, fue la primera en dar ese paso, tres meses atrás. Y le siguió un pequeño municipio de esa provincia, General San Martín.


El procurador general instruyó también a los fiscales para que tomen “los recaudos del caso para evitar filtración de información al proceder a la convocatoria de los auxiliares de la Justicia y los agentes municipales pertinentes” a la hora de pedir la clausura de algún burdel, debido a las fuertes sospechas de que muchos de esos locales funcionan con la protección policial o política de la zona.


La Ufase está investigando el accionar de redes de trata en distintos puntos del país. Tal como informó ayer este diario, el fiscal Colombo acaba de presentar en el juzgado federal de Santa Rosa una denuncia para que se investigue la existencia de una banda que en los últimos cinco años trasladó hacia la capital pampeana más de cuatrocientas mujeres reclutadas en Paraguay y provincias del norte argentino, y que tuvieron como destino tres locales nocturnos de esa ciudad, habilitados como “whisquerías”, según surge del libro de “alternadoras” que tenía el propio municipio. Se sospecha que muchas de esas mujeres luego fueron enviadas a burdeles de otras localidades del país, para continuar bajo la explotación de proxenetas.

"FALTAN GANAS DE ENRAIZARSE"


Cuando puso el primer pie en la pequeña urbe petrolera, el fantasma de Macondo pasó por la mente de Luis Bicego, cura párroco de Las Heras. Desde Verona, su ciudad natal y a la que viajó para festejar los 92 años de su madre, dialogó con Página/12 sobre la situación social en el sur lejano. “Si fuera (Gabriel) García Márquez a Las Heras, no sé cuantas novelas podría escribir”, lanzó Bicego, que inmigró de Italia en 1967. “Vine después de terminar el noviciado con los salesianos. Era joven e impulsivo”, cuenta. Al llegar, se vinculó con el movimiento de Sacerdotes por el Tercer Mundo y trabajó durante doce años en las villas de La Matanza. “Perdí muchos compañeros en la dictadura”, recuerda. En 1993, se fue a vivir al noroeste de Neuquén, con las comunidades mapuches. En medio de las crisis de 2001, le tocó desensillar en la parroquia de Las Heras.


–¿Cuál fue su primera impresión de la ciudad?–

Eran años bravos, con mucho piquete. Me pareció un gran campamento. Era el Far West en todo sentido: parecía que nadie era responsable de nada.


–¿Cómo es la vida en Las Heras?–

Es difícil de transmitir... Está aislada en una gran meseta árida. Es el desierto que tenemos como país y que no lo queremos reconocer. Con el petróleo, Las Heras pasó de ser un pueblito de tres mil habitantes, que vivía de la ganadería, a tener cerca de 13 mil. Cuando llegué en 2001 tenía cerca de 20 mil. Eso desbordó todo: no hay infraestructura ni hay viviendas suficientes. Además, teníamos una intendencia radical y no nos llegaba nada. Después (José Luis) Martinelli se cambió la camiseta...


–Aparte, hay mucha migración interna.–

Sí, lo más duro es la falta de ganas de enraizarse. La mayoría de la gente es del norte y vive con nostalgia de su tierra. Están sólo por la guita, con un pie en el estribo. Es muy difícil construir una comunidad.


–¿Cuáles son las condiciones de trabajo?–

Creo que existen incluso estudios sociológicos sobre las familias petroleras. El varón está fuera dos semanas seguidas o tiene jornadas de 14 horas. Los chicos son casi huérfanos. Los reclamos de los petroleros son justos, pero creo que ni el Gobierno ni la empresa quieren entender lo que pasa: viven en condiciones peores que las villas miseria. Falta de todo: viviendas, agua, luz, gas. La infraestructura fue pensada para una población de tres mil personas y nunca hubo proyección. Es todo bien Far West. Los políticos me tienen bronca por esto que digo, pero si García Márquez fuera a Las Heras, no sé cuantas novelas podría escribir.


–¿Qué papel juegan las empresas petroleras?–

Repsol no invirtió nunca en la zona y eso que se lleva mucha plata. Es impresionante el precio del barril de petróleo. El día que se vayan lo único que va a quedar es un cementerio contaminado. Estamos destruyendo el ambiente y a la gente que está laburando allí.


–¿Qué cambios hubo cuando se privatizó YPF?–

La población bajó de 13 mil a nueve mil. Eso fue tremendo para los habitantes nativos. Ahora llega todos los días gente nueva y no es fácil conseguir trabajo. Hay mucho acomodo por parte de políticos y de sindicalistas. Eso fue generando marginación. Hubo muchos suicidios en Las Heras, sobre todo entre los pobres.


–¿Por qué cree que fueron los suicidios?–

Yo no estaba, pero he preguntado bastante. Detrás de los suicidios, hay mucha droga. Si vas un sábado a la noche, ves de todo. Hay más de 30 cabarets, donde pasa de todo: toman, hay violencia y todo tipo de desmanes. Con el petróleo, se encuentran de pronto con mucha plata en el bolsillo y, por otro lado, hay gente muy sola y sin límites.


–¿Y qué ocurre con la policía?–

La policía es odiada porque está de colchón entre los problemas y el juzgado. A algunos la policía los tiene fichados, sobre todo a los más jóvenes, a los que suelen golpear cuando los agarran borrachos de noche. Supongo que eso sucede en todos los pueblos más chicos.


–¿Qué piensa del ataque a la comisaría?–

No estuve, pero es fácil mandar un grupo que provoque, para después justificar la represión. En total, desde que estoy existieron dos grandes puebladas. En el año 2005, todo el pueblo apoyó el reclamo de los petroleros y los municipales, incluso cuando vino la Gendarmería.


–¿Cómo es la relación con el gobernador?–

En Santa Cruz, cuando estaba Néstor Kirchner, la relación con la gente fue de circo y aplausos. Aparecen sólo para inaugurar obras, pero no escuchan los problemas del vecino. Los docentes, por ejemplo, hace quince años que no tienen aumento de sueldos.


–¿No tuvieron el año pasado?–

No. Sólo tuvieron aumentos en negro o por presentismo. Yo estuve cuando Kirchner inauguró la comisaría donde fue la pueblada. Le pedí una audiencia, para solicitarle que se haga la sede del juzgado de Las Heras. No me recibió. Recién ahora lo están construyendo...


–¿Por qué dijo que Caleta Olivia es “Anillaco II”?–

Porque se está haciendo una provincia para los turistas que van a la Cueva de las Manos o a El Calafate. Faltan viviendas y agua por todos lados y están pensando en construir un aeropuerto en Caleta. Y para mí eso es Anillaco II. Hay que atender las necesidades primarias y no hacer una provincia para pocos.


Reportaje: Werner Pertot.

BREVÍSIMA HISTORIA DE LAS ELITES ARGENTINAS


En una charla que se desliza desde la Revolución de Mayo hasta el rechazo de la 125 (y que resulta reveladora en muchos aspectos), Página/12 realiza un recorrido histórico focalizándose en los sorprendentes itinerarios de los sectores tradicionalmente dominantes.


Por Leonardo Moledo

–Usted se dedica hace tiempo al estudio de las clases altas en la Argentina, un tema que parece determinante para entender no sólo la dinámica social de nuestro país, sino también todo su desarrollo histórico.


–Sí, claro. Creo que las elites de la Argentina sirven como un excelente mirador para pensar cosas más amplias de la historia argentina. Dado que en algunos momentos están en posiciones verdaderamente muy importantes, uno puede sacar conclusiones interesantes sobre sus relaciones con el Estado, con las clases subalternas...


–Se podría decir que, en realidad, nunca salieron del escenario, ¿no?


–Si uno mira la historia argentina a largo plazo, hay momentos en que la importancia de las elites es mucho más considerable que en otros.


–Bueno, hagamos un recorrido histórico centrándonos en las elites.


–Vamos. En primer lugar, diría que en la primera mitad del siglo XIX, después de la crisis del imperio español, después de las guerras de la independencia, como consecuencia de la movilización popular, se produce una desorganización tal que las elites pierden el poder que habían alcanzado durante el período colonial. Se ven obligadas a replegarse respecto de sus posiciones de poder político e incluso respecto de su importancia en el plano económico. Eso se detecta muy bien en el rosismo, que tiene en su base una muy importante movilización popular. Eso cambia en la segunda mitad del siglo XIX: ahí se vuelve muy razonable, para entender qué es lo que está pasando en el país, mirar las cosas desde la perspectiva de las elites. En la primera mitad del siglo es muy razonable mirarla desde abajo.


–¿Qué es lo que está sucediendo?


–Tenemos allí un proceso de crecimiento económico muy acelerado, un proceso de consolidación del Estado igualmente importante y un incremento global de la riqueza en un marco de mayor desigualdad. En un momento en que a la Argentina le va muy bien (incluso comparándola con países a los que les va muy bien), las elites se quedan con una tajada más grande que la que habían conseguido acaparar hasta más o menos 1850.


–¿Las elites son las mismas? ¿O hay un cambio en la composición social?


–En eso hay perspectivas diferentes. Lo que hay que entender, desde mi punto de vista, es que ese mundo de las elites es un mundo complejo. Lo que tenemos en la Argentina es, cada vez más, una clase económicamente dominante que tiene una influencia cada vez más pequeña en el día a día de la vida política. Hay gente que ha llegado a la convicción de que es posible hacer negocios en el país, que hay que pensar con mentalidad de empresario para enriquecerse. La ambición de ocupar un lugar en la vida política no está necesariamente abierta a las elites. Argentina, a diferencia de Chile o Brasil, no es un país que tenga una vida política oligárquica, en la cual las familias más ricas, por serlo, detenten los lugares más importantes del gobierno. Ninguna de las familias más ricas de Argentina dio a los políticos más importantes del país en ese tiempo. Muchos de ellos, de hecho, vinieron del interior. El caso emblemático es Roca: un señor que viene de una familia de linaje pero que en realidad es muy pobre, que hace fortuna gracias a su carrera política pero que no nace rico. Los nombres con los que tradicionalmente uno identifica la clase alta argentina (Anchorena, etc.) no son actores importantes de la vida política.


–¿Roca no fundó una nueva elite con la repartija de tierras robadas a los indios?


–Lo que se denomina la “Campaña del Desierto”, el gran avance final sobre las tierras indígenas y el saqueo de esos territorios, permite que en la provincia de Buenos Aires se reconstituya la gran propiedad, que estaba perdiendo su influjo. En las décadas siguientes, cuando el ferrocarril hace posible la producción en esos lugares, efectivamente se producen fortunas de escala internacional. Pero ojo: la relación causal entre los intereses de la elite económica y la misión del Estado de ocupar ese territorio no es lineal ni es obvia. Entre los grandes propietarios de ese tiempo, por ejemplo, hay muchos que no participan de ese proyecto.


–Y los que reciben tierras, ¿no se convierten en parte de la elite económica?


–A decir verdad, los que reciben tierras terminan vendiéndolas, porque no tienen recursos para explotarlas o no saben cómo hacerlo. No debería pensarse que la incorporación de ese enorme botín territorial llevó directamente a la formación de una nueva elite constituida por aquellos que recibieron las tierras por parte del Estado. Una de las cosas que hay que tener en cuenta de ese período es que el mercado de tierras es muy dinámico. La tierra se compra y se vende mucho. La Argentina tiene grandes propietarios, pero esos grandes propietarios controlan más o menos el 25 por ciento de la tierra. El resto está dividido en propiedades más pequeñas. La sociedad es compleja, con gente muy rica arriba pero con mucha otra que participa del crecimiento, y eso le da a la Argentina una estabilidad social que en tiempos más recientes se fue erosionando. Después del ’80, además, hay mucho cambio tecnológico (alambrados, ganado refinado). Argentina se convierte en uno de los sistemas ganaderos más eficientes del mundo y en uno de los grandes exportadores de cereales. Eso requiere no solamente nuevas tierras sino cambios tecnológicos, desarrollos en el sistema de transportes. Los agricultores tienen que aprender a manejar empresas agrarias que son 10 o 50 veces más grandes que las que conocen de Europa.


–¿Y aprenden?


–Si hay un momento en que las elites cumplen un rol fundamental en la economía nacional y logran presentarse a sí mismas como actores que renuevan y modernizan la economía, ese es el período que va de 1880 a 1910. Allí surge la figura del ganadero modernizador, que copia el modelo ganadero británico a tal punto y con tal éxito que en un momento logra desplazar a los británicos del mercado de carne. Ese logro tiene que ver con que acá la tierra es muy barata, pero también tiene mucho que ver con la función empresarial. El hecho de que eso haya sucedido les dio una cierta legitimación a las clases altas, las puso en un lugar en el que no habían estado: empezaron a ser vistas como un elemento positivo y no solamente como rentistas.


–Y después empieza el siglo. Entran, entonces, actores nuevos, que horrorizan a las elites (recuerde, por ejemplo, los escritos de Cané, que culminan en su Ley de Residencia). ¿Qué hacen las elites allí?


–Yo diría dos cosas. Primero: ese lugar común de que la inmigración empieza a fines del siglo XIX es errado. En 1869, si uno mira el primer censo nacional, ya entonces la mitad de la población de Buenos Aires era extranjera. La inmigración es un fenómeno que constituyó este país. En 1880 el proceso se acelera, pero no es algo nuevo en la experiencia de las elites. Es cierto que algunos (Cané, Lugones) creyeron que la Argentina criolla estaba siendo desplazada. Pero hay que tener en cuenta que esos señores son intelectuales, no son miembros plenos de las elites económicas. Se ganan su lugar en la alta sociedad diciendo cosas, pero hay que ver qué importancia real tienen esas cosas que dicen. Es cierto que Cané tenía opiniones denigratorias hacia los inmigrantes, pero si uno mira qué piden efectivamente los empresarios, nunca va a ser que se restrinja la inmigración. La Argentina es un país que se armó con la inmigración y los empresarios saben muy bien que la inmigración trae más beneficios que problemas (sin ir más lejos, la oferta de fuerza de trabajo, escasa en este país, aumenta notablemente).


–¿Y cuándo empieza a haber problemas con la clase alta?


–En la segunda década del siglo, a partir de 1910. Hay un punto clave, 1912, cuando se da la primera huelga agraria: el Grito de Alcorta, que da nacimiento a la Federación Agraria.


–Que ellos ahora están reivindicando.


–La cuestión es que hasta aproximadamente 1910 los intereses de los grandes y los pequeños propietarios no eran exactamente iguales, pero tampoco confrontaban tan fuertemente. Una economía con mucha tierra muy barata, con fronteras en expansión, donde lo verdaderamente caro y escaso es la fuerza de trabajo, hace posible mucha compatibilidad entre dueños del suelo y dueños del trabajo. La condición para que eso funcione es, no obstante, que haya tierra abundante y barata. Cuando empieza a subir el precio de la tierra en explotación, los dueños del suelo se convierten en actores que llevan las de ganar en la negociación con el resto de los participantes del proceso productivo del agro. Sube mucho la renta, se achica el ingreso del resto, y empieza a haber conflictos. A partir de 1910 eso cambia y se empiezan a producir confrontaciones.


–¿Cómo se produce el Grito de Alcorta?


–Se produce en Santa Fe. Una cosecha muy buena de trigo –que precisamente porque es muy buena y porque Argentina tiene mucha incidencia en el mercado mundial– hace que bajen los precios internacionales y eso afecta los ingresos de los chacareros, que deciden reunirse y luchar por una baja del precio del arrendamiento, amenazando el día antes de la siembra con no sembrar nada. Lo que tenemos ahora es un conjunto de agricultores que está muy convencido de que su verdadero problema son los grandes propietarios, que en las dos o tres décadas anteriores han ganado mucho y se han convertido en una elite muy visible. Son entonces identificados como los grandes obstáculos para la modernización de la agricultura argentina. Esto ocurre desde Alcorta hasta más o menos 1940. Hay un momento clave allí que es la crisis del ’30, cuando caen mucho los precios internacionales de los granos que Argentina exporta. Los platos rotos los van a pagar, por supuesto, los que habían sido en esos años previos cada vez más débiles en términos de su capacidad de negociación. En los años treinta, por lo tanto, se termina de conformar una imagen del campo argentino como un lugar que no ofrece una posibilidad de progreso social.


–Y además por esa época está el radicalismo, que toma una postura que favorece más a los pequeños chacareros que a los grandes propietarios.


–Sí. Yrigoyen llega al poder en el ’16 sabiendo que hay conflictos en el campo. La nueva fuerza gobernante no puede permanecer indiferente frente a eso por una simple razón: para llegar al poder tiene que ganar elecciones y por lo tanto, en la medida de sus posibilidades pero sin afectar el cuadro de funcionamiento global de la economía argentina, va a favorecer a los arrendatarios. De hecho hay una ley de arrendamiento del año ’21 que es votada incluso por los conservadores. ¿Por qué ocurre esto? Simple: porque los conservadores también tienen que ganar elecciones. Y ahora hay un voto rural que, si bien no es mayoritario, cuenta. La preocupación tanto de los radicales como de los conservadores es hacer algunos cambios pequeños sin alterar el funcionamiento de la economía ni los mecanismos de funcionamiento vigentes en el campo. Eso ocurre porque los chacareros no son una fuerza política central en la vida política. Y si un actor no logra constituirse como una fuerza política de peso, no va a ser escuchado en la mesa de negociaciones.


–Estamos, entonces, en los años ’30...


–Donde hay un cataclismo importante del que Argentina sale relativamente bien parada. De repente el país se tuvo que acomodar a un escenario muy difícil. Pasaron allí dos cosas: el campo se empobrece (tanto los pobres como los ricos), pero como el poder de negociación de los ricos es más grande, el ajuste lo van a sufrir más los de abajo. Allí se termina de consagrar esa imagen que ya se estaba formando en el imaginario colectivo de los grandes propietarios como una rémora para el progreso social, que viven de la explotación de campesinos cada vez más pobres. Ya entonces hay gente que empieza a pensar que hay que generar otro tipo de economía. De ahí la industrialización. A partir de ese momento, el motor del crecimiento pasa al mercado interno.


–Después de eso, y como consecuencia de eso, irrumpe el peronismo...


–Y hay una decisión que toma Perón que es políticamente acertada, que es la de elegir como enemigo de su retórica, como polo negativo, a la oligarquía terrateniente. Por ese momento, si bien ya es mucho menos importante y rica que el empresariado industrial, tiene un lugar central en el imaginario colectivo.


–Pero, no obstante, Perón no hace nada serio en contra de esa oligarquía terrateniente.


–No comparto esa opinión. Lo que hace el gobierno de los coroneles del ’43, del que Perón es parte, es aprobar una ley de arrendamientos reduciéndolos, congelándolos e impidiendo la expulsión de los arrendatarios. Esa ley va a durar hasta fines de la década del ’60. Lo que ocurre es que los sectores más ricos tienen tierras de las que no pueden disponer, con gente a la que no pueden sacar, y cobran cada vez menos. Es cierto que no hubo una reforma agraria a la nicaragüense, pero a lo largo de 25 años hubo una especie de reforma agraria que aniquiló las bases sobre las que se asentaba la alta burguesía agraria tradicional.


–Es lógico que toda esa alta burguesía, entonces, fuera tenazmente opositora. ¿Y qué pasa con esa elite que quedó debilitada política y económicamente?


–Bueno, desde 1910, desde que Argentina se volvió democrática, las elites fueron perdiendo peso. Los grandes dirigentes del radicalismo o del conservadurismo, salvo algún que otro figurón, deben su posición a su destreza política y no a la cantidad de hectáreas que tienen. A los miembros de las clases altas que quisieron hacer una carrera política en la era democrática les fue en general muy mal, porque la política argentina es democrática y es bastante plebeya: hay un humor antielitista en nuestra cultura que tiene rasgos positivos en general. El peronismo acentuó esto, y las clases altas tradicionales se volvieron cada vez más marginales. Quienes se quedaron en el campo, perdieron mucho peso. Los que supieron pasarse a otros sectores productivos con más capacidad de crecimiento tuvieron más éxito.


–¿Y qué pasa con el golpe militar? ¿Vuelven esos sectores?


–Suele ser percibido como una revancha de los sectores tradicionales, pero yo no diría que fue tal cosa. Sin duda las clases altas cerraron filas con ese gobierno en aspectos como la restauración del orden laboral: esa fue una demanda muy importante y en torno de esa demanda se cometieron muchas barbaridades. Sin embargo, del ’79 en adelante la Argentina mantuvo un tipo de cambio que no fue para nada favorable para los sectores rurales. Si hay un momento en el cual al campo le empieza a ir bien de nuevo es con las transformaciones de las últimas dos décadas.


–Con el uno a uno les tiene que haber ido muy mal.


–En ese contexto en particular, un tipo de cambio que no era favorable para las exportaciones significó la oportunidad para la transformación técnica de la agricultura. Los resultados de eso se expresan con mucha claridad en la última década, pero la base tecnológica se fue creando en la década previa. Ese fue un proceso, de todos modos, que no se dio sin costo social: muchas empresas agrarias pequeñas desaparecieron.


–¿Y qué pasa con la 125?


–Estamos en un escenario muy distinto. No están ya los grandes nombres de la alta burguesía tradicional. Los nombres que vienen a la mente son otros (Grobocopatel, etc.). La Argentina tiene un empresariado rural muy transformado. No hay continuidad entre las familias tradicionales y aquel empresariado que hoy tenemos ante nuestros ojos. Lo que puso de relieve la Resolución 125 es un cambio muy considerable, que ha vuelto al sector rural al lugar de actor central de la economía argentina. Eso no pasaba desde los años ‘20. En la mente de los sectores que se identifican con el sector rural está la idea de que es una fuerza de progreso, que está en condiciones de desempeñar un papel positivo en el desarrollo del país.


–¿Y es verdad?


–Bueno, tenemos un empresariado rural muy poderoso que se ha fortalecido no sólo económica sino culturalmente. Es un sector que se ve a sí mismo como un actor más importante que la industria por sustitución de importaciones. Sobre esta condición y en este escenario reaccionaron frente a una presión puntual...


–Negándose a pagar impuestos.


–Exactamente, sí. De cualquier manera, creo que hay que ponerse en la mente de los empresarios para entender ese rechazo. Ellos piensan: “Nosotros hemos hecho lo que hemos hecho sobre la base de nuestro propio esfuerzo, sin recibir del sector público apoyo”. Tienen una concepción en gran medida antiestatalista. En los últimos años esto se ha acentuado por la tensión política y los llevó a iniciar un movimiento cuyas consecuencias últimas no estaban en la cabeza de nadie.


–¿Y cómo termina esto?


–Creo que la Argentina tiene que pensar bien de qué manera puede recomponer una estrategia de desarrollo que contemple mejor la capacidad de crecimiento de su sector internacionalmente más competitivo en un momento en que se vuelven a dar condiciones muy favorables para la expansión agraria. Estoy seguro de que el sector agrario no va a resolver sólo los problemas de la Argentina, pero me parecería razonable que hubiese políticas públicas mejor pensadas para favorecer el potencial de crecimiento del sector agrario (y que parte de ese crecimiento, de paso, pueda traducirse en la creación de una economía más compleja que integre otras demandas que nunca van a ser integradas simplemente por la expansión del sector exportador). Eso supone revisar algunas convicciones respecto de la sustitución de importaciones.


–¿Por ejemplo?


–La idea de que la Argentina sola puede, cuando hay cosas que se hacen mucho mejor y mucho más barato en otros lugares. Nuestro país tiene una deuda social pavorosa. Debemos buscar una manera de compatibilizar un escenario estable que permita el crecimiento de los sectores más dinámicos con compromisos firmes y de largo plazo, que permitan que parte de la riqueza generada por el crecimiento se vuelque sobre aquellos sectores históricamente más postergados.

PAGAR SALARIOS DOCENTES NO ES PRO


El gobierno porteño no pagó los sueldos de 2010 a maestros suplentes de escuelas primarias. Algunos docentes no cobran desde octubre pasado. El Ministerio de Educación asegura que el problema lleva años y que no se puede solucionar “de un día para el otro”.



El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires adeuda los salarios de todo 2010 a maestros suplentes de escuelas primarias, y hay casos de docentes a los que se les deben sueldos desde octubre de 2009. Aunque la semana pasada el ministro Esteban Bullrich se comunicó en persona con una de las maestras damnificadas, que había iniciado una protesta a través de redes sociales, y le prometió que el sábado se realizarían los pagos, ese día sólo fueron depositados los sueldos de una minoría y, en muchos casos, sumas inferiores a las que correspondían. Desde el Gobierno de la Ciudad aseguran que es un problema que se remonta a gestiones anteriores, que no se puede resolver “de un día para el otro” y calculan que “para fin de año debería estar solucionado”. Mientras, al menos mil maestros llevan hasta cinco meses sin cobrar un peso.

“Esto viene pasando hace años”, responden desde el despacho del ministro Bullrich, donde aseguran que esta administración “por primera vez está trabajando para que se solucione”. Cecilia Paul, miembro de la asamblea de docentes del distrito 8, habló con este diario y reconoció que “esto no es algo nuevo, no se puede responsabilizar exclusivamente a la gestión actual”, pero también advirtió: “Antes, podía tardar un mes y medio, a lo sumo dos. Ahora hasta los mismos funcionarios les dicen a algunos compañeros ‘vos vas a cobrar en junio con suerte’”. Para Paul, es “lógico que no funcione” el circuito burocrático que se implementó tras los cambios realizados el año pasado, que incluyeron la tercerización de las liquidaciones a través de una empresa privada. “Desde que uno toma un cargo hasta que el papel llega a la persona que tiene que liquidar el sueldo pasa por cuatro oficinas diferentes en cuatro edificios diferentes”, agrega.


Noelia Lynch, una de las tantas maestras afectadas por esta situación, decidió hacer algo al respecto y comenzó una insistente campaña a través de Internet para dar a conocer su reclamo. Mediante su cuenta en Twitter, le insistió cada día a Bullrich, que también es usuario de la red de microblogging, para que se ocupara del caso. El jueves por la tarde, el mismo ministro la llamó a su teléfono celular para prometerle que el sábado se liquidarían todos los salarios adeudados. “El viernes volvió a llamarme para decirme que yo no iba a cobrar, pero que solamente son 45 los casos como el mío, que el resto se iba a normalizar –le relató a Página/12–. Después me enteré de que hay parvas enormes de personas que no cobraron, que cobraron mal, que les hicieron descuentos que no correspondían.”


Andrea Bohus, a quien no le acreditan su salario desde octubre del año pasado, también recibió la atención del ministerio. “El jueves me llamó un asesor de Bullrich para pedirme disculpas e informarme que lo que se me adeuda de este año lo van a pagar el 10 de mayo, pero que para lo que corresponde a 2009 no hay presupuesto, por lo que va a demorar más”, explicó.


Los problemas van más allá: al cobrar el salario de varios meses juntos, los docentes pierden la suma de la garantía que da el Estado nacional para asegurar el mínimo y, además, en muchos casos, se les descuenta el impuesto a las ganancias. El año pasado se hizo una presentación ante la Defensoría del Pueblo de la Ciudad, que resolvió exigirle al Ejecutivo que pague en tiempo y forma, incluyendo los intereses correspondientes. Pero las resoluciones de este tipo no son vinculantes, “así que no dieron ni bolilla”, en palabras de Lynch. “Es un manoseo impresionante”, se lamentó Bohus, que además resaltó: “La política que hacen desde el Estado porteño es así, pretenden atender casos individuales cuando el problema está globalizado.”


Informe: Nicolás Lantos.

EL CENTENARIO DEL PRIMER CONGRESO FEMENINO INTERNACIONAL


Lo organizaron las primeras académicas, sindicalistas, profesionales y políticas del país, y recibió delegaciones de otros y adhesiones de muchos más. Este mes se realiza el segundo, en homenaje a estas pioneras que discutieron temas que, en varios casos, siguen siendo cotidianos.


Por Mariana Carbajal


Académicas, sindicalistas, políticas y profesionales se reunían cien años atrás en Buenos Aires en el I Congreso Femenino Internacional de la República Argentina para debatir el rol de las mujeres. Un siglo después, se acaban de publicar en un libro las actas y las conclusiones de aquellas jornadas, rescatados sus facsímiles de los archivos de la OEA y la Universidad de Harvard, en Estados Unidos. Es un material riquísimo que reafirma que algunas denuncias de entonces todavía siguen vigentes, como la disparidad salarial entre hombres y mujeres, la “esclavitud doméstica” y la complicidad de estamentos gubernamentales en la explotación de la prostitución. Para conmemorar el centenario y hacer un balance de los avances y los retrocesos a lo largo del siglo, entre el 19 y 22 de mayo se hará el II Congreso Feminista. Ya se inscribieron alrededor de un millar de participantes. Como en 1910, no se permitirá la presencia de varones.


Las primeras médicas y educadoras, pioneras y luchadoras por la igualdad de derechos, como Cecilia Grierson, Julieta Lanteri, Elvira Rawson, Alicia Moreau, Petrona Eyle, Sara Justo, Cecilia Muzzilli y Fenia Cherkoff de Repetto, estuvieron entre las organizadoras de aquel I Congreso Femenino. Llevaban ya una década de militancia social y activismo. Feministas de la “Primera Ola”, peleaban por el derecho al voto, la participación política y sindical y una ley de divorcio, entre otras reivindicaciones. De la lectura de las actas surgen algunas curiosidades de época, como la propuesta durante las sesiones de restringir el hábito del “beso y el mate” en tiempos de tuberculosis.


“El I Congreso fue convocado por la Asociación Universitaria Argentina. Pero distó de tener un tinte exclusivamente académico, por el tono de sus debates y la participación también de mujeres no universitarias, ligadas al mundo gremial y político comprometido con el feminismo”, señala María Cillis, ingeniera de profesión, una de las impulsoras de la nueva convocatoria. “No participaron ni las anarquistas ni las comunistas”, apunta Delia Jaitte, psicóloga social y profesora de inglés, también parte la organización del II Congreso. La charla con Página/12 transcurre en el Museo de la Mujer, un centro cultural que fundó y dirige en el pasaje Rivarola 175 la historiadora feminista Graciela Tejero Coni, otro de los motores de la movida. Tejero Coni hace una pintura de la época:


–La primera década del siglo comenzó teñida por las luchas que las mujeres venían protagonizando junto a la incipiente clase obrera, desde enero de 1888, en que las domésticas de Buenos Aires fueron a la huelga contra la imposición de la libreta de conchabo, y en 1889, cuando las modistas de Rosario tomaron igual medida. Muchas fueron las huelgas y manifestaciones que organizaron las mujeres: las obreras del tabaco, en 1896, las costureras, las lavanderas, las alpargateras de La Argentina en 1901, las tabaqueras de La Generosa, La Favorita y Garello y Agrifoglia, en 1904, las obreras de la Compañía General de Fósforos, en 1906, las telefónicas, en 1907, y muchas más. En 1910 se registraron 298 huelgas, todas con significativa participación de las mujeres. También se extendía el movimiento sufragista, que exigía el reconocimiento de ciudadanía y participación política. A comienzos de siglo miles de mujeres se sumaron a la creación de centros femeninos intelectuales y políticos. En 1904, la Asociación de Universitarias Argentinas, con participación de algunas socialistas como Sara Justo; en 1905, el Centro Feminista dirigido por Elvira Rawson de Dellepiane, cuyos propósitos eran “propender a la emancipación intelectual, moral y material de las mujer, cualesquiera sean sus condiciones sociales”; el mismo año se creó la Liga Feminista Nacional de la República Argentina –afiliada a la Alianza Internacional para el Sufragio de las Mujeres de Berlín– y también el Primer Centro Feminista del Libre Pensamiento, cuya principal figura fue la médica Julieta Lanteri.


El rastreo de las actas del I Congreso fue arduo, cuenta Tejero Coni. A poco de terminar, la comisión organizadora publicó en 1910 en la imprenta de Fallica y Escoffier un folleto que tituló “Votos del Congreso”, y que incluía las conclusiones aprobadas. Un año después encargó a la Imprenta A. Ceppi la edición de todos los trabajos y las discusiones de cada jornada. Pero los originales de esos valiosos documentos están guardados, amarillentos, sin microfilmar, en el Tesoro de la Biblioteca Nacional, y no están disponibles para todo el público. Durante un tiempo Tejero Coni fue periódicamente a copiarlos de puño y letra, ya que tampoco se pueden fotocopiar. Hasta que la historiadora feminista española Marysa Navarro le dio la maravillosa noticia de que los había encontrado en Estados Unidos, en las bibliotecas de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de la Universidad de Harvard. Rescatadas del olvido, aquellas actas pueden leerse ahora en el libro Centenario del Primer Congreso Femenino Internacional, que la organización del II Congreso acaba de publicar, en una edición conmemorativa de casi seiscientas páginas, que se presentó el lunes en la Feria del Libro. La foto que ilustra la tapa del libro también tiene su historia: es del acto inaugural, casi no se distinguen las caras, pero sí se observan sobre sus cabezas grandes sombreros, típicos de la moda de principio de siglo en la metrópoli. Entre las presentes, se distingue Ernestina López, educadora y escritora, rectora fundadora del Liceo Nacional de Señoritas, a cargo del discurso de apertura del evento. “Es el único registro fotográfico del I Congreso. Estaba en un ejemplar de la revista PBT, del 28 de mayo de 1910. Estuvimos dos años y medio buscándolo. Ni la Biblioteca Nacional ni la del Congreso tiene colecciones de PBT. Finalmente lo encontramos en el archivo de la Universidad F.A.S.T.A. de Mar del Plata”, señala Tejero Coni. La Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino pertenece al Opus Dei. “Por supuesto no les dijimos para qué la queríamos”, se ríe la historiadora.


Cecilia Grierson, primera médica del país, fue la presidenta del Congreso. Hubo participantes argentinas y también delegaciones de chilenas, uruguayas, paraguayas y de peruanas. Marie Curie, María Montessori, la condesa de Pardo Bazán y Hellen Kay, fueron miembros honorarios.


Establecer lazos de unión entre todas las mujeres del mundo, y modificar prejuicios, tratando de mejorar la situación social de muchas mujeres, fueron algunos de los objetivos de aquella reunión feminista. Pero para neutralizarla se promovió desde el poder un encuentro paralelo. “El gobierno oligárquico de Figueroa Alcorta ordenó al Consejo Nacional de Mujeres la realización de uno paralelo que denominó ‘Congreso Patriótico y Exposición del Centenario’ y, entre otras cosas, votó no aspirar al derecho de sufragio ‘por reconocer que los derechos cívicos deben ser patrimonio exclusivo del hombre culto y moral’”, rememora Tejero Coni. La disputa política se desplegó en dos planos, el nacional y el democrático, particularmente referido a las mujeres; el primero en relación al verdadero sentido de lo “patriótico” frente a la coerción de un Estado oligárquico dependiente del Imperio Británico y el segundo, en lucha por un “feminismo” liberador frente a un modelo patriarcal de familia, apunta a Página/12. “Medios como el diario La Prensa, vocero de los sectores dominantes del poder, hicieron suya la polémica. Decía que el Congreso paralelo ‘consulta con más acierto las inclinaciones morales y positivas de la civilización moderna’, por ejemplo”, señala la directora del Museo de la Mujer.


–¿Por qué se llamó femenino y no feminista?


–Evidentemente fue algo que se discutió y acordó. Pero durante las sesiones, incluso en la inauguración, se habla de feminismo. De qué feminismo estamos hablando es la pregunta que atraviesa el I Congreso

"MARTÍNEZ DE HOZ MATÓ LA SOCIEDAD DEL EMPATE"


Reportaje al historiador Marcelo Rougier. Desde el jueves, José Alfredo Martínez de Hoz no puede salir del país. La Justicia lo investiga por el caso de los empresarios Federico y Julio Gutheim, que en 1976 fueron obligados a negociar con una firma de Hong Kong mientras estaban en la cárcel, donde los había confinado el gobierno militar. ¿Qué cambió en la Argentina con Martínez de Hoz? ¿Qué herencia dejó? ¿Quién ganó con el desempate?


Por Martín Granovsky

Investigador del Conicet y profesor titular de Historia Económica en la Universidad de Buenos Aires, autor de libros como Industria, finanzas e instituciones en la Argentina, Marcelo Rougier explica qué papel cumplió José Alfredo Martínez de Hoz, 85, abogado, durante casi cinco años ministro de la última dictadura militar: “Condujo una política económica global, con objetivos financieros, cambiarios, industriales y de ingresos, y esa política tuvo idas y vueltas pero generó un cambio profundo que terminó con el entramado social construido en torno de una industria en expansión en la que pesaban también los trabajadores”.


–Hay una discusión entre los investigadores –dice Rougier a Página/12 al comienzo de la entrevista–: ¿el proyecto de Martínez de Hoz era un plan completo de entrada o se fue definiendo con el tiempo? Prefiero hablar de las intenciones más gruesas y de los resultados más notorios: durante el período de Martínez de Hoz se produjo un cambio estructural de la Argentina y cambiaron las condiciones de distribución de la riqueza.


–Cambiaron para peor, dice usted.


–Sí, claro. Brutalmente: el salario de los trabajadores cayó un 40 por ciento a comienzos de la dictadura.


–¿Y cuánto cayó la participación del trabajo en la renta nacional?


–Tenemos datos de 1983, con la vuelta de la democracia. El número estaba en 30 por ciento. Fíjese hasta qué punto la política fue regresiva que con el gobierno militar hasta desapareció la estadística sobre lo que usted pregunta. Este dato y la caída, sí verificada, del salario real en tan poco tiempo sólo era posible en aquel momento con un régimen dictatorial. Isabel Perón y José López Rega ya habían intentado bajar drásticamente el salario con Celestino Rodrigo como ministro de Economía, pero el Rodrigazo no consiguió todos sus objetivos. Y no lo consiguió incluso en un contexto democrático teñido por los ataques de la Triple A. ¿Quién estaba detrás de Rodrigo? Ricardo Zinn, uno de los ideólogos de lo que vino después con el gobierno militar. ¿Qué factor impidió su triunfo absoluto? Los sindicatos, que tumbaron a Rodrigo. Ahí vemos una muestra de la tensión permanente que Martínez de Hoz, para ponerle un nombre a ese proceso, se propuso eliminar. Y una de las fuentes de la tensión eran los trabajadores, sus demandas, su deseo de conservar la participación en la renta nacional, su organización en sindicatos con poder de negociación, su aglutinación en el peronismo. Pero no solamente los trabajadores. Se trataba de un modelo completo.


–¿Cómo lo definiría?


–El tradicional modelo de sustitución de importaciones.


–¿Qué potencial explosivo tenía la intención de fabricar en la Argentina lo que podía fabricarse en la Argentina?


–Una industria extendida, que incluye a los industriales y también, otra vez, a los trabajadores y sus sindicatos. Un mundo. Aun en medio de años de caída, la participación del ingreso de los trabajadores en la renta en 1975 era de 35 por ciento, es decir cinco puntos más que a finales de la dictadura.


–Una de las imágenes de Martínez de Hoz es su cara antiindustrial.


–Maticemos. La caída de la industria fue global. Pero no completa. Cayeron las ramas más complejas, como la metalmecánica y la electrónica. Se desplomaron por la importación libre. Al mismo tiempo, Martínez de Hoz mantuvo los subsidios para sectores concentrados como los que producían y exportaban commodities industriales, productos básicos como acero y aluminio. No les fue mal a Techint, a Aluar, a Acindar, empresa de la que Martínez de Hoz había sido presidente, a las empresas de celulosa, a Papel Prensa. En esos casos el gobierno otorgó regímenes especiales con políticas de promoción y subsidios, a lo cual hay que agregar la caída salarial que redujo costos y el tipo de cambio alto que inicialmente garantizó competitividad.


–Pero, después de los primeros años, ¿la devaluación y la tablita cambiaria que impuso Adolfo Diz en el Banco Central no quitaron competitividad?


–El punto importante es que, antes de la tablita, que comenzó a aplicarse en 1978, la industria no concentrada o se había reducido o había quedado fuera de combate. Vuelvo al comentario inicial: ¿todo fue diseñado así? Y otra vez elijo analizar con los datos concretos: más allá de las intenciones, de hecho quedó conformada una estructura destinada a durar en el largo plazo. ¿Cuál fue el resarcimiento para esos sectores concentrados que no habían desaparecido? La licuación de pasivos que les concedió en 1982 Domingo Cavallo, presidente del Banco Central. Quiere decir que en largo plazo esos sectores seguían fortaleciéndose. No se entiende la década del ’90 sin Martínez de Hoz en los ’70. Cuando Cavallo decía que era el padre del modelo, Martínez de Hoz decía que entonces él era el abuelo. Y que lo que cumplía Carlos Menem era lo que él hubiera querido hacer de haber podido con todo. Pero son momentos distintos. El modelo industrial argentino estaba enfermo. No muerto. El gobierno militar lo mató. La industria es un tejido, no solo una fábrica. Es un entramado social que pasó a mejor vida. Y Martínez de Hoz pudo hacerlo porque se lo permitió un contexto internacional de abundancia de capitales. Hasta cambió el rol del Banco Central.


–¿Cómo lo cambió?


–El Banco Central cambió de naturaleza. Dejó de desempeñar funciones que cumplía desde su fundación, en 1935, acompañando la industrialización en sus distintos momentos, regulando las tasas de interés y tratando de que fuesen bajas para que los industriales pudieseN obtener créditos baratos. Martínez de Hoz, en cambio, quería “sincerar la economía”, como lo decía él mismo con frecuencia. Una forma de sinceramiento, en su opinión, era liberalizar el sistema financiero. Si la tasa antes estaba reprimida, había que terminar con las medidas consideradas artificiales y dejar que el mercado actuase. Claro, en ese contexto el mercado actuó y la mayoría de los industriales perdieron acceso al crédito, mientras que los sectores concentrados se proveían de fondos en el exterior. La falta de crédito barato y la quiebra de empresas también fueron parte de un fenómeno disciplinador.


–Adolfo Canitrot, que después integró el equipo económico de Alfonsín, describió el programa de Martínez de Hoz como “disciplinario y restrictivo”.


–Y así fue. Canitrot comparte una característica con Aldo Ferrer, Marcelo Diamand y un tiempo después, todavía en dictadura, Jorge Schvarzer: ellos vieron el proceso del que estamos hablando y lo analizaron con esa precisión mientras ocurría. Canitrot lo dijo con claridad. La dictadura mató la sociedad del empate, donde los sectores concentrados avanzaban pero debían pelear con el resto de los industriales y contra el poder de los sindicatos. Todo eso en un contexto financiero de gran poder destructor.


–Ya mencionó la pérdida de funciones del Banco Central como garante de una tasa de interés baja. En tiempos de Martínez de Hoz se comenzó a hablar de “patria financiera”.


–Por un lado estaba la tablita, que aquietó la variable cambiaria y ató el peso al dólar casi hasta la devaluación de 1981, cuando Lorenzo Sigaut reemplazó a Martínez de Hoz como ministro. Por otro lado, las altas tasas de interés. Además, la disponibilidad internacional de capitales. Esa combinación permitió la entrada de capitales en abundancia y después el juego en el mercado financiero argentino, aprovechando las tasas altas. Ese fue el origen de la bicicleta financiera. De hecho hubo un subsidio a las entidades financieras, porque se incrementó tanto la tasa de interés para los créditos como la tasa que obtenía el titular de un plazo fijo. Pero, igual que en la industria, ese subsidio discriminó al sector financiero. El Banco Nacional de Desarrollo dejó de otorgar créditos a las empresas pequeñas y medianas y prestó a grandes grupos. La reforma financiera de 1977...


–...la que ahora proponen cambiar Martín Sabbatella y Carlos Heller en la Cámara de Diputados.


–La misma. Esa reforma liberalizó el mercado, trató de liquidar a las cooperativas y todo tipo de banca orientada a las pymes y a los industriales no concentrados y permitió el crecimiento gigantesco de la deuda externa. Dejó preparadas las condiciones que estallarían a comienzos de la democracia con la crisis de la deuda en toda América latina.


–Usted citó antes un sentimiento parecido a la envidia de Martínez de Hoz hacia Menem. Menem privatizó grandes empresas públicas, sobre todo YPF, y Martínez de Hoz no.


–Quiso. No pudo. Decía que privatizar es algo que se hace empresa por empresa. No lo logró con Siam. En el caso de YPF llegó a la privatización de servicios periféricos. Y en otras empresas se topó con barreras burocráticas.


–¿Sectores militares que no querían perder cuotas de poder propias?


–Sí. Y agreguemos las luchas interburocráticas y las contradicciones entre el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea. De todos modos, hubo otro intento más, cuando después de Sigaut asumió Roberto Alemann como ministro de Economía de Leopoldo Galtieri. Pero nunca se puede hacer todo en el momento que uno elige. De cualquier manera, y visto a la distancia, está claro que el gobierno militar, con Martínez de Hoz, logró introducir cambios drásticos que condicionaron duramente el futuro.