miércoles, 5 de enero de 2011

"NUEVA YORK ES HOY LA CIUDAD MÁS LATINOAMERICANA DEL HEMISFERIO"


CLAUDIO IVAN REMESEIRA, UN ARGENTINO ESPECIALIZADO EN LA INMIGRACION HISPANA EN ESTADOS UNIDOS Casi el 30 por ciento de la población de Nueva York es de origen hispanoparlante. A diferencia de lo que sucede en Miami, donde la mayoría son cubanos, en Nueva York la población hispana está más diversificada, incluyendo muchos sudamericanos.


Por Andrew Graham-Yooll

–Siempre uno se pregunta cómo es que los argentinos recalan en todas partes y donde aterrizan vuelven a impresionar, muchas veces muy bien.


–Fui a Estados Unidos en 2001 con una beca la escuela de periodismo de la universidad de Columbia. El impulso fue a raíz de lo que había leído sobre el crecimiento de la población hispanoamericana en EE.UU. y mi intención inicial fue hacer una revista en español. Hice un plan de negocios, hablé con posibles inversores, pero no se dio porque era muy arriesgado comercialmente. Fui con ese proyecto. Siempre quise juntar las vetas periodística y universitaria, dado que daba clases en la UBA. Pero la investigación para este emprendimiento que no se dio, me sirvió como base para lo que después fue el Hispanic New York Project. Cuando uno llega a un país ve directamente la realidad con la que se relaciona. La realidad hispana era mucho más amplia de lo que yo había imaginado. Mi idea de Nueva York era una visión más bien libresca o si se quiere cinematográfica. ¿Qué era eso de los hispanoamericanos en Nueva York? A través de la literatura se veía la obra de José Martí, de García Lorca o de Gabriela Mistral. Del otro lado estaba el cine, conocía West Side Story, la vida de los portorriqueños en el cine, pero los argentinos, a diferencia de mexicanos y otros, no tenemos una gran comunidad en Nueva York. Y tampoco tenemos gran contacto con el Caribe. Pero por lo que observaba Nueva York es hoy, según mi tesis, la ciudad más latinoamericana del hemisferio. Por la cantidad de comunidades reunidas en ese espacio geográfico.


–¿Supera un Miami?


–Supera en número, pero más importante todavía, Miami –que también compite por ese título– sigue siendo una ciudad donde un solo grupo, los cubanos, constituye una mayoría, casi el 50 por ciento de la población hispana. En Nueva York, el grupo número uno que son los portorriqueños, está en el 35 por ciento y descendiendo. A comienzos de los años sesenta, cuando se hizo la película West Side Story, eran el 80 por ciento de la población hispana. Los portorriqueños se han ido yendo de Nueva York, a otras partes de EE.UU., a los suburbios, o regresaron a su país. Y han aparecido otros grupos. Los dominicanos son el segundo grupo más grande, los mexicanos, que hace treinta años no existían como comunidad en Nueva York, hoy son el tercer grupo y crecen cada vez más. Y después están los grupos sudamericanos, los ecuatorianos, los colombianos, peruanos. Los cubanos, que fueron el grupo más importante en el siglo diecinueve, hoy son el sexto o el séptimo en Nueva York. Cuba y Nueva York tienen una relación densa que no ha cedido en lo más mínimo en todos estos años, la conexión de Cuba con Nueva York es visceral, en la música y la literatura.


–Interesantes las proporciones y cómo van cambiando. Ecuatorianos eran la mayoría en España, colombianos, si bien no muchos, eran la mayoría en Inglaterra en los ochenta.


–Obviamente que toda la migración de Latinoamérica a los EE.UU. y al resto del mundo es un resultado directo del boom demográfico en la región en los últimos 50 años. En el caso de los EE.UU., en 1960, hace cincuenta años, los nacidos en América latina residentes en EE.UU. no llegaban al millón de personas. Era el nueve por ciento de la población extranjera. Treinta años después eran 8 millones 400 mil personas. El 43 por ciento de la población extranjera era latinoamericana. Esa gente tuvo hijos y vinieron más personas y hoy, sumando, los latinos nativos de América latina como sus descendientes son el 16 por ciento de la población total de EE.UU. En Nueva York casi el 30 por ciento (el 27) de la población es hispana o latina. O sea el promedio casi duplica el promedio nacional. Ese es el grado de intensidad que tiene la población latina en Nueva York en particular. Para dentro de 40 años se estima que ya el 30 por ciento de la población total de EE.UU. va a ser de origen latino.


–Si se toma hoy la población latina o hispanoamericana, contando a la población portorriqueña, sería el segundo país hispano del mundo en total de habitantes.


–Después de México, España, Colombia y Argentina, ahí vendría EE.UU. Si se tomara como país hispanoparlante, sería el quinto. Hay más de 34 millones de hispanoparlantes en EE.UU. Es una fuerza cultural que, por el hecho de estar en las Américas, la relación que tiene EE.UU. con la región es particular. Comparado con Miami, donde la mayoría hispana es cubana, o con Los Angeles, donde hay una mayoría mexicana, en Nueva York el reparto es mucho más equilibrado. Si se toma el conjunto de la población sudamericana, colombianos, ecuatorianos, todos, incluyendo argentinos, ese es el tercer grupo, es el 15 por ciento del total de los hispanos. Es decir, primero vendrían los portorriqueños y dominicanos y luego los sudamericanos en general, después mexicanos. En ese sentido, digo yo que Nueva York es la más latinoamericana de las ciudades del hemisferio, porque si bien la impronta portorriqueña es muy profunda y junto con los dominicanos hacen que Nueva York tenga un sabor muy caribeño, a pesar de la latitud y los inviernos duros, aun así la interacción que se da entre distintos grupos es intensa. Y cuando uno llega se vincula con su comunidad profesionalmente y asume un lugar dentro de la estructura social norteamericana como hispano, o como latino. Desde ahí se empieza a interactuar con gente de todos los países. Ese nivel de homologación, de horizontalidad, no existe en ningún otro lado. Aquí en Buenos Aires se puede tratar con colombianos, pero va a ser un trato con pocos individuos, con un grupo en clara minoría. Allá somos todos minoría, todos jugamos de visitantes. Así es como se generan alianzas y relaciones que son muy interesantes.


–¿Qué hace el NY Hispanic Project que usted dirige?


–En realidad, para explicar eso vine a Buenos Aires, para hacer conocer mi libro, y coincidió con que justo había pasado en EE.UU. el mes de la herencia hispana (15 de septiembre a 15 de octubre) que se celebra mucho en Nueva York. Se instituyó en los años sesenta, en tiempos del presidente Lyndon B. Johnson. En esa época era una semana. Coincidía con la independencia de los países centroamericanos, con la independencia de México y de Chile. Hay un mes de la herencia afroamericana, en enero, el mes de la mujer, el mes del orgullo gay, en junio, de los pueblos originarios, en marzo, etc. Es todo parte de la evolución cultural que ha habido en EE.UU. El Hispanic New York Project es una iniciativa que consiste de tres partes: 1) un seminario para universitarios en Columbia que yo dicto, 2) la segunda pata fue el libro y hay una serie más de libros, y 3) iniciativas de actividades culturales, sobre todo dedicadas a la literatura en español en EE.UU.


–¿La literatura que se promociona es la que nace en idioma español para difusión entre angloparlantes?


–Se trata de construir un puente, como puede ser por medio de conferencias de Antonio Muñoz Molina, escritor español (ex director del Instituto Cervantes), el chileno Antonio Skármeta, Pablo de Santis, María Negroni, Esmeralda Santiago, Elvira Lindo, Roberto Ampuero, Jorge Franco, Jorge Eduardo Benavídez, Francisco Goldman y Annecy Báez, entre otros autores. Lo que yo quiero hacer notar es que Nueva York es un centro de la cultura hispana y latinoamericana hoy. También está la cultura en inglés hecha por latinos que no necesariamente es lo mismo que la cultura hispanoamericana. Esa distinción hay que hacerla. Por ejemplo, Junot Díaz es un escritor dominicano naturalizado estadounidense con una novela que ganó un Premio Pulitzer y es una de las grandes revelaciones de la literatura norteamericana. Escribe en inglés con mucho spanglés pero pertenece a una tradición literaria de habla inglesa. Si bien tiene cruces con hispanoparlantes es un escritor norteamericano. En otro orden está el novelista cubano José Manuel Prieto, que vive en Nueva York y es una figura importante en la novelística hispanoamericana. Es uno de los no muchos escritores que son traducidos al inglés y tiene cada vez más relevancia en el mundo literario angloparlante. Hace poco publicó un extenso artículo sobre Osip Mandelstam en inglés en la New York Review of Books. Es traductor del ruso, también. Nueva York es uno de los grandes centros de traducción de literatura en español al inglés. Ahí están Edith Grossman, Esther Allen, Natasha Wimmer (traductora de Bolaño al inglés), está el famoso Gregory Rabassa, que vendría ser el padrino de todos los traductores de la literatura en español en Nueva York, que a su vez es el gran centro editorial. Estas tres o cuatro personas todas viven en un área geográficamente muy cercana. Hay una enorme concentración de la cultura hispanohablante en Nueva York.


–¿Para los argentinos el tema literario es importante ahí?


–Soy parte de un grupo de propulsores de la industria editorial latinoamericana y argentina. Patricia Arancibia, argentina, tiene a su cargo la biblioteca on-line en español de Barnes & Noble, que es una de las grandes librerías. Hay una necesidad de crear, de reconocer, la entidad de la literatura en español en EE.UU. Hay toda una literatura que se escribe en español, mucha de la cual no llega al inglés. Hay también en EE.UU. una tradición de periodismo en castellano. El periódico El Mississippi, de Nueva Orleáns, cumplió su bicentenario. Nueva Orleáns es la única ciudad en EE.UU. que tiene un cabildo por su pasado español.


–Recuerdo trabajar en Londres en los años ochenta y tener que consultar dónde había que instalar una oficina para toda América latina y un pariente colombiano dijo de inmediato: Miami, que es la capital. ¿Eso está en vías de suceder respecto de actitudes hacia Nueva York?


–Yo creo que ya sucede en gran medida. Lo que ocurre es que cada ciudad tiene una parte dentro de una red de actividades, una network. Miami sigue siendo importante como centro para empresas. Nueva York para bancos. En el mundo de la cultura, el cine, la literatura, el centro es Nueva York. En el mundo de la música las actividades se reparten entre Miami y Los Angeles. Está repartido, pero cada vez más es parte de una trama cultural facilitada por las comunicaciones. Nueva York tiene una serie de ventajas comparativas si bien ahora la latinización de los EE.UU. cubre todo el país. Las grandes ciudades siguen ofreciendo grandes ventajas comparativas. Nueva York tiene la ventaja de ser un centro de actividad cultural con una estructura establecida. Las universidades, Columbia entre ellas, tiene una directora de estudios latinoamericanos que es argentina, Graciela Montaldo. En New York University se creó un Master en español, la directora es otra argentina, Lía Zemborain, que es poeta. Otra poeta argentina importante es María Negroni, que vive en Brooklyn y enseña en Sarah Lawrence College. Ya no se puede decir que están de visita, son parte del lugar. Hay como 70 escritores hispanoparlantes, algunos premiados, hay muchos escritores jóvenes de segunda línea. Hay que ver que la cantidad y variedad que ofrece Nueva York pocas ciudades de América latina lo ofrecen.


–La latinoamericanización de Estados Unidos: linda descripción.


–Se trata de explicar cómo se está transformando EE.UU. por la presencia latina. Toda esa población hispana en EE.UU. está llamada a tener consecuencias de largo alcance en la región. Por ejemplo, con la ciudadanía doble, una práctica común e instalada. Los dominicanos, los colombianos, son ciudadanos que tienen doble ciudadanía y que votan y son activos en los dos países.


–¿No era que EE.UU. requería que la nacionalidad fuera una u otra?


–Si no se pregunta no se dice. Pero la participación política es intensa. Por ejemplo, la población dominicana en Nueva York llenaría algo así como un barrio entero de Santo Domingo, y esos grupos tienen gran influencia en sus tierras. Las campañas electorales se hacen en Nueva York como en Buenos Aires las hacen candidatos para elecciones en España e Italia. A nivel económico las remesas de dinero desde Nueva York enviadas por los emigrados a sus familias, a sus pueblos de origen, son factores económicos importantes, crean una corriente de influencia constante. Esto pasó con los irlandeses en EE.UU. Se va creando lo que los científicos sociales llaman la trasnacionalización. ¿Qué significa? Usted es un descendiente con doble ciudadanía, tiene una participación política, civil, social y económica en los EE.UU., pero a medida que crece su estabilidad económica también la tiene en Santo Domingo, o en Bogotá, y quizá se llegue pronto a ver en Buenos Aires lo mismo. Se van creando corrientes de conexión que no existían cincuenta años atrás. Eso está llamado a tener algún tipo de efecto fuerte, aunque no sepamos todavía cómo va a ser. Esperemos que sea positiva.


–En el estilo característico anglosajón, los EE.UU. son bastante vehementes en su condena (y también en su respaldo) a ciertas formas de racismo. Desde la Argentina lo vemos con ojos críticos, ¿pero cómo ve un argentino allá las formas racistas o excluyentes o prejuiciadas que practicamos aquí?


–Cada sociedad tiene una historia de discriminación y una manera de enfrentar y de resolver (o no) esa historia, llena de altibajos y contradicciones. Al comparar entre una sociedad y otra tendemos a hacer juicios de valor absolutos a partir de verdades parciales, lo cual muchas veces termina sirviendo como autojustificación de nuestras propias limitaciones. En algunos temas, como el del matrimonio igualitario, la Argentina está por delante de Estados Unidos; en otros, como el del lenguaje discriminatorio, ocurre al revés. Es evidente que todavía hay grandes sectores de la sociedad argentina que no se cuestionan el uso de expresiones denigratorias o despectivas hacia grupos nacionales, étnicos, religiosos, sexuales, etarios, etc.; esas expresiones se escuchan a diario en todos los niveles sociales, desde la conversación cotidiana hasta las declaraciones de personalidades públicas en los medios de comunicación. A veces la discriminación aflora en el humor, o en el comentario condescendiente que en realidad subestima a la otra persona. Una de las cosas que me cayeron mal siempre, desde mucho antes de viajar a Estados Unidos, son los cantos discriminatorios en las canchas de fútbol. Cuando miles de hinchas corean a gritos una estrofa que jocosamente une a los hinchas del equipo contrario con el nombre de un país limítrofe, la materia fecal, los orificios corporales y algún objeto penetrante, están dando una muestra de intolerancia y violencia verbal que necesita unos pocos ingredientes adicionales para convertirse en violencia física.


–Para mí es parte de la fantasía mágica de los argentinos, hablamos de memoria de tiempos de mejor comportamiento, niveles de tolerancia, de educación, para no tener que recordar lo que vivimos. No nos acordamos de nuestras fechorías, y eso se traslada como exclusión que aplicamos a todo el que sea diferente.


–Yo creo que en este aspecto, la sociedad argentina no es distinta de cualquier otra sociedad; dígame qué país del mundo no tiene problemas con su memoria colectiva. En Estados Unidos hay un dicho, un verdadero cliché que se repite constantemente: “People in this country have a five-minute memory span” (La memoria de la gente en este país tiene un alcance de cinco minutos), o variantes parecidas. La mayoría de la gente, aun los graduados universitarios, tienen un conocimiento muy escaso de la historia de su propio país, incluyendo, por supuesto, la historia de sus fechorías, como dice usted. En Francia, casi 70 años después del fin de la guerra, se siguen destapando historias que exponen la vasta complicidad de la mayoría de los franceses durante la ocupación alemana. En menor escala, algo similar pasa en Italia, que al menos tuvo una guerra civil contra el fascismo. En Alemania, la memoria de los crímenes nazis han sido el eje de la identidad nacional de posguerra; pero esa misma oficialización de la memoria la ha transformado en gran medida en una materia escolar, en el peor sentido de la palabra: una lección trillada que se repite por obligación pero que al final representa muy poco para los más jóvenes, que no tienen nada en común con el pasado de sus bisabuelos nazis. Esto tampoco impide que cada tanto reverdezcan revisionismos falaces que son adoptados por una juventud más marginal e ignorante de la historia. En Japón, ese pasado ni siquiera se enseña en la escuela. La situación en el ex bloque socialista no es muy diferente. El caso de la Argentina es al revés: hay un exceso de historia volcado sobre el presente. Seguimos hablando de Rosas y de Sarmiento como si fueran nuestros contemporáneos; la vida política actual está marcada por las secuelas de la última dictadura, que terminó hace casi tres décadas. A mí me parece que si bien se toca con el de la memoria histórica, el tema de la exclusión de los diferentes pasa por otros andariveles. Como decíamos antes, la sociedad argentina todavía tiene serios problemas de discriminación, pero en muchos aspectos es una sociedad sumamente liberal y tolerante.


"ES UN ESTADO DE DESESPERACIÓN"


María Cravino, antropóloga e investigadora de la Universidad Nacional de General Sarmiento, describe cómo las políticas de exclusión de Macri removieron miles de personas de inquilinatos y las expulsaron a las villas, de donde intentan escapar apropiándose de terrenos.


Por Ailín Bullentini

“Estado de desesperación”, una mezcla de exclusión, urgencia y despojo. Así describió María Cristina Cravino, antropóloga y titular de Infohábitat, el equipo de investigación del Instituto del Conurbano de la Universidad Nacional de General Sarmiento, la situación habitacional de los sectores pobres de la Ciudad de Buenos Aires, de la que las últimas tomas de predios y terrenos se convirtieron en su foto más actual. Sin embargo, ninguno de los funcionarios de la comuna, ni siquiera el propio jefe de Gobierno, Mauricio Macri, reconoció, entre las razones que explicaron el fenómeno, la necesidad de esas personas a contar con una vivienda digna, sino que lo atribuyeron a una política nacional inmigratoria “descontrolada”.


–¿En qué consiste el “estado de desesperación”?


–Es el callejón sin salida en el que se encuentran los sectores populares porteños producto de un Estado ausente. Más allá de que las tomas de terrenos puedan o no tener una intencionalidad política, la realidad es que las villas de la ciudad están colapsadas. Son el destino de las personas corridas por el proceso de desalojos de hoteles-pensión, inquilinatos y casas tomadas y por la desaparición de asentamientos como la villa Topo, la Hollywood o la Nylon, que el gobierno de Macri llevó adelante en la Ciudad. Así, el Estado provoca un movimiento de personas sin ofrecerles destino, más que subsidios simbólicos y ridículos en cuanto a su monto.


–¿En qué medida incidiría la inmigración en el crecimiento desmedido de las villas?


–Las estadísticas preliminares realizadas en la última década demuestran que la tasa de migración interna promedió el 5 por ciento y la de inmigración apenas el 2,5 por ciento. No existe una oleada masiva de inmigrantes, y, por el contrario, sí hay una falta de conocimiento de la política migratoria nacional, que no es hiperpermisiva y respeta los derechos humanos. Es cierto que hay mucha presencia de bolivianos, paraguayos y peruanos en las villas y barrios más pobres de la ciudad, pero eso no refleja más que el hecho de que los inmigrantes no tienen otra forma de acceso a la ciudad más que las villas o asentamientos porque, por más que tengan ingresos con los que cubrir un alquiler, nadie le alquila a un boliviano, un paraguayo, ni a un peruano. La dinámica del mercado los expulsa a los márgenes y el Estado no genera políticas que lo eviten.


–¿Cómo se relaciona ese estado desesperante con la decisión de tomar un predio?


–El crecimiento desmedido de la población en las villas provocó, principalmente, un deterioro gigantesco y constante de las condiciones de vida. Y, por lo menos, la mitad, no lo hace gratis. Son inquilinos, pagan hasta 500 pesos por mes, dependiendo de las casillas. Se trata de una situación doblemente precaria, por la pésima calidad de vida y porque si en algún momento llegan a verse impedidos de pagar, son expulsados. Esa gente, cuando ve una oportunidad de obtener tierra, ya sea por ocupación o porque alguien las ofrece por poco dinero, no va a dudar en embarcarse para dejar de ser inquilinos.


–¿Qué responsabilidad le cabe al Estado en ese proceso?


–Toda. El Estado porteño expulsa a los pobres de la ciudad desde su inacción, desde su ausencia. Hay un problema de décadas de ineficiencia en el tratamiento de políticas habitacionales, sobre todo en el caso de la gestión PRO. No sólo el presupuesto es cada vez más bajo, sino que cada vez está más subejecutado. En las villas no se hace prácticamente nada por mejorar las condiciones de infraestructura de los barrios que no cuentan con redes de cloacas y tienen serios problemas de higiene, con los tendidos de agua y electricidad. Pero tampoco pasa nada con otras alternativas de vivienda popular, como lo son los proyectos cooperativos nacidos a partir de la Ley 341, que está desfinanciada. En la Ciudad no hay construcción de vivienda nueva. Entonces, la nueva tensión de los desalojados y la no contención de aquellos que están dispuestos a participar de un plan de vivienda autogestiva, como la 341, hace que no haya posibilidad para los sectores populares. Y las tomas son una válvula de escape que, cuando sucede, lo hace con mucha fuerza.


–¿En qué se equivoca la gestión PRO al atribuir la toma de Soldati –al igual que lo hace con la ocupación de casas– a la política inmigratoria y prácticas oportunistas?


–Está desconociendo la condición de pobreza de la gente que reclama tierras y las condiciones en las que la gente toma esas tierras. Hay que analizar lo que están dispuestos a hacer para conseguir un lote: soportar meses de intenso calor y de intenso frío a la intemperie, enfermedades, falta de baños, falta de agua. Algunos pierden sus trabajos por conseguir un lote. Oportunista es aquel que lucra vendiendo el lote, el que alquila muchas piezas. Existen grandes necesidades que no se pueden negar. Hacerlo significa no querer enfrentarse con el problema y no querer solucionarlo.


–El Ejecutivo niega que no se haya hecho nada por mejorar el déficit habitacional porteño.


–Lo único que hicieron en las villas fue pintar. Sólo muy pocas casas se han construido con los proyectos cooperativos. No hay voluntad política de diseñar políticas de suelo ni de fomentar las políticas alternativas existentes. La Ley 341 es una de las experiencias más interesantes en materia de hábitat del país y no está funcionando, no hay una política de vivienda transitoria, ni en créditos para cooperativas. El Instituto de Vivienda de la Ciudad (IVC) está vaciado tras la fragmentación de la política habitacional hacia Corporación Sur y las Unidades de Gestión e Intervención Social (UGIS). Las cooperativas de mantenimiento y limpieza de los barrios son manejadas de manera clientelar por parte de Espacio Público. Es mentira que en la Ciudad no existe suelo disponible. El parque industrial obsoleto, los cientos de inmuebles vacíos, muchos a nombre del Estado, pueden reciclarse con intervenciones, saneamiento ambiental y cambio de normativa en los casos que haga falta y convertirse en una solución para el déficit. Hay tierras que pueden expropiarse también. Urge muchísimo que el Estado intervenga.


–La generación del mercado informal de alquileres dentro de las villas, el manejo de los terrenos discrecionalmente por los punteros, ¿son consecuencias de la inacción del Estado?


–Sí. Se las dejó crecer a las villas porque el Estado consideró que no tenía nada para ofrecer. No es lo mismo urbanizar un barrio cuando es una incipiente toma, que hacerlo cuando tiene diez años de existencia. Cada año esto se complejiza más. Hay experiencias para imitar, como Villa Carlos Gardel y Villa Palito, en el conurbano. Lo que falta es voluntad política. En la Ciudad de Buenos Aires hay una coincidencia entre hábitat, educación, salud y espacio público: Macri aplica estrategias de exclusión a los pobres.


"EL VERDUGO ES EL LUCRO INFINITO"


Los sacerdotes de Opcion por los Pobres plantearon la necesidad de “construir un proyecto de nación libre de toda opresión oculta o manifiesta, ya sea de imperios, países desarrollados o grupos concentrados”. También se pronunció el Equipo de Pastoral Aborigen.


Por Washington Uranga

Junto a los mensajes tradicionales de la jerarquía de la Iglesia Católica con contenidos similares cada año en estas mismas fechas, aparecen también otras salutaciones que, a los buenos deseos suman también reclamos, alertas y pedidos de justicia. Los “curas de la opción por los pobres” recordaron, con motivo de la Navidad y los festejos del Bicentenario, que “es necesario construir un proyecto de nación libre de toda opresión oculta o manifiesta, ya sea de imperios, países desarrollados o grupos concentrados, ya sea de argentinos que militan contra el país para hacer sus negocios con los poderosos” y por eso señalaron que “quizá debamos aprender a no pretender reflejarnos en el llamado ‘primer mundo’, que excluye y mata, sino en atrevernos a vivir esperanzados en una ‘civilización de la pobreza’, que hermana e integra”.


Por su parte, el Equipo de Pastoral Aborigen (Endepa) de la Iglesia Católica aprovechó la festividad para, bajo el lema “13.000 a. C.-2010 un bicentenario con muchos siglos de historia”, compartir con los pueblos originarios “su dolor en el atropello y despojo de sus propias tierras, donde son considerados intrusos, como sucedió en Pampa del Indio (Chaco), en Neuquén, Tucumán, y últimamente los sucesos en La Primavera (Formosa), que en el reclamo de su tierra ancestral, ante la amenaza de desalojo y sin diálogo, fueron reprimidos violentamente, quemando sus casas, causando heridos y muertes innecesariamente”. Y advirtió que “todo esto (ocurrió) seguido de un llamativo e incomprensible silencio del gobierno provincial y nacional”. Endepa agregó también que constituye una “agresión a los territorios” la explotación de la “megaminería y el saqueo del agua en toda la extensión de la cordillera, desde Jujuy hasta Tierra del Fuego”.


El mismo organismo católico señaló que “la continua devastación de los montes nativos, hogar de los pueblos originarios, en pos de la rentabilidad de empresas agroforestales y turísticas, dejan sin el monte a la comunidades”, lo que equivale a “quitarle la posibilidad de la sobrevivencia, sin el espacio para desarrollar su identidad cultural”.


Los “curas de la opción por los pobres”, por su parte, denunciaron la “tendencia frecuente a culpabilizar a las víctimas en los conflictos donde el verdadero verdugo es el lucro infinito y las políticas que favorecen a los explotadores o las élites”, refiriéndose tanto a los recientes episodios de ocupación de tierras en Buenos Aires, como a lo sucedido con los pueblos originarios. “Los terratenientes que no respetan a los verdaderos dueños de la tierra, las empresas que se enriquecen a costa del trabajo precarizado o de la sobreexplotación de recursos y el olvido de los pobres sin techo y sin trabajo como si ellos no existieran, son –en estos casos– raíces de desigualdad y violencia”, aseguraron. Y agregaron que el hecho de que “se haga aparecer a las víctimas como responsables de su desgracia es un viejo mecanismo de dominación”, mediante el cual “se intenta legitimar el poder del más fuerte con el argumento de que la violencia, la represión o la injusticia son inevitables porque la víctima se lo buscó o que a veces el ‘orden’ es más valioso que la vida”.


Recogiendo las presuntas explicaciones que se usan, los curas recuerdan que “el que es pobre es porque no trabaja, se dice. El que no tiene vivienda es porque no se preocupó de tenerla. El que ocupa una tierra es un delincuente. El inmigrante es un narcotraficante y les quita el pan a los argentinos. Al que no le alcanza el dinero es porque tuvo muchos hijos”. Estos son los argumentos, señalan, con los que quieren convencer a la sociedad de que “todos ellos son culpables por haber nacido y deben ser reprimidos o borrados del mapa”.


El deseo navideño de los curas recuerda que “otro mundo es posible”, mientras que Endepa denuncia “el incumplimiento de los deberes estatales” con los pueblos originarios y reclama, en este fin de año, “que los derechos humanos y la democracia, tan preciada y defendida, sea para todos, es decir, para los pobres, para los pueblos originarios, para los empresarios, para los funcionarios... para todos”.


UNA MURGA DE LA TETA


Es divertida, colorida, ruidosa, como debe ser una murga. Pero sus temas son el machismo, la violencia doméstica, los problemas más duros. Su nombre se debe a su primera obra, sobre la lactancia.


Por Mariana Carbajal


Se sacan el guardapolvo blanco o el ambo celeste y se ponen una peluca, vestimentas coloridas y algo de maquillaje. Así, disfrazados, un equipo interdisciplinario de profesionales de la salud, entre ellas varias médicas, utilizan el teatro popular, con guiones divertidos que apelan a la parodia y al grotesco, para abordar temáticas duras como la violencia machista y la trata de mujeres para explotación sexual, y esparcir por Misiones un mensaje contra la discriminación de género. El grupo se llama La Murga de la Teta, porque la primera obra apuntaba a concientizar a las madres sobre la importancia de la lactancia materna. Lo dirige una funcionaria del Ministerio de Salud Pública de la provincia y neonatóloga: Beatriz “Betty” González, coordinadora de la Unidad de Género y Salud.

“La murga fue modelando mi ejercicio profesional y entonces pude ver que detrás de ese bebé que había que amamantar había una madre, una mujer, que había que incorporar como sujeto de políticas y derechos, empoderándola. Ahí me empieza a caer la ficha de que esas madres que no tenían una buena lactancia, o un buen apego al bebé, no era solo por falta de conocimiento: eran madres muy superadas en su vida privada por diversas circunstancias”, señala González. Así fue que empezó a enfocar las obras hacia la desigualdad y la inequidad de género. Este año La Murga de la Teta cumplió diez años.


“La murga recorrió toda la provincia”, cuenta Betty, en uno de los salones del Ministerio de Salud Pública, donde están por ensayar. Al día siguiente tiene una función, en un club barrial de las afueras de la capital provincial. Lleva una década de actuaciones en distintos lugares, en congresos médicos, en barrios populares, en pasillos de hospitales, en escuelas, en plazas. El impacto de las obras, dice, es emocionante. “Mucha gente después de vernos actuar se acerca para contar historias propias y ajenas” a veces llorando, se sienten identificadas, dejan de pensar que a ellas es a las únicas que les pasan esas cosas. Para la misma gente de La Murga de La Teta esto es un grupo de resistencia. Y para la gente es un servicio, porque se acercan sin tanto miedo, con más confianza. Personas distantes, autoritarias, después de la murga se transfiguran, “salís de la tensión”, describe, con una sonrisa enorme, que siempre la acompaña y deja ver sus dientes, blancos y algo separados.


Billetitos


Los guiones y las letras de las canciones de las obras los escribe Betty. Es pediatra, especializada en neonatología, y antes de llegar al cargo del ministerio, fue jefa de Servicio del Hospital Madariaga, de Posadas.


“De repente me miré el espejo y me dije ya es hora de decir ‘Me amo’ cuidar mi cuerpo y disfrutar del sexo es el mejor regalo, y nadie en el mundo hará ése trabajo si yo no lo hago.


El fin de semana saldré de paseo, compraré un vestido, unos lindos aros Y el lunes temprano... el Papanicolaou”.


Así dice la protagonista de la obra Qué lindo es ser mujer, un texto que pone el foco, con humor e ironía, en el sometimiento que significa para muchas esposas sumisas la vida conyugal, y aborda el problema de la violencia doméstica, simbólica, emocional y física, y el acoso sexual laboral, y además muestra con claridad cómo actúan las redes de trata en los barrios periféricos para captar adolescentes. Misiones está señalada, en diversas investigaciones, como uno de los centros del país de reclutamiento de jovencitas para ser encerradas luego en burdeles en otras provincias.


Hace algunas semanas cerraron con esta obra el Tercer Encuentro del Observatorio de Género y Pobreza de Argentina, que dirige Virginia Franganillo, que se realizó en Posadas, en una iniciativa conjunta de la UBA, la Universidad Nacional de Misiones y la Unsam. En ese ámbito académico, Betty expuso los alcances de esta herramienta, el teatro popular, para concientizar a la población sobre las desigualdades de género. Y después, el elenco de La Murga representó la obra. Uno de los momentos más movilizantes fue cuando al finalizar, luego de un cerrado aplauso, cada actriz se presentó, y reveló su función laboral: “Soy enfermera”, “Soy odontóloga”, “Soy asistente de odontología”, “Soy docente”, “Soy pediatra”, “Soy cirujana infantil”, “Soy técnica nutricionista”, “Soy farmacéutico”. No tienen formación teatral profesional. En el grupo la mayoría son mujeres, pero entre la veintena de integrantes también hay cinco varones.


Quien se encarga de la preparación actoral es Cecilia Santos, de 63 años. Es la única actriz de la compañía. “Teatrera”, prefiere definirse ella. “Ninguno de los que trabajan en La Murga tiene formación teatral profesional. Lo que prevalece en las obras es el mensaje. La idea es que las obras sean entendibles para la gente común”, cuenta Cecilia, que se desempeña como promotora de salud desde el Centro de Salud N0 1 del barrio San Miguel, de esta ciudad. En la década del ’70, Cecilia recorrió el país en una experiencia de teatro independiente. Dice que no podría vivir sin La Murga. Las anécdotas de tantas actuaciones, cuenta, le llenan el espíritu. “Una vez, personificaba a una mujer golpeada. Al finalizar la obra, una señora del público se me acercó y muy compungida me dio unos billetitos enrollados, para ayudarme, me dijo. Le había llegado tanto la obra que había confundido realidad con ficción”, recuerda, en diálogo con Página/12.


Del cólera a la violencia de género


La Murga de La Teta, recuerda Betty, nació una década atrás. A mediados de los ’90, el psicólogo social Víctor Reck había llegado desde Buenos Aires a Misiones, llevando la técnica del teatro popular y estaba haciendo una obra para concientizar sobre la importancia de purificar el agua con dos gotitas de lavandina para prevenir el contagio del cólera en poblaciones sin agua potable. Betty era por entonces jefa de Neonatología del Hospital Madariaga y le pidió que escribiera una obra para promover la lactancia materna. Reck le dijo que ella se tenía que involucrar también. En eso estaba, cuando Reck muere sorpresivamente, a los 42 años, y el grupo queda acéfalo.


Paralelamente, había llegado a Misiones Adhermar Bianchi, el director del grupo de teatro Catalinas Sur, que trabaja con los vecinos del barrio de La Boca en la elaboración del texto y de la puesta en escena. En 1999, Bianchi crea en Posadas el grupo de teatro comunitario La Murga de la Estación y su primer espectáculo, Misiones, tierra prometida. “Con Adhermar estuve trabajando tres años, con él aprendí mucho”, dice Betty. Entonces, después de un impasse, Betty decidió tomar la posta dejada tras el fallecimiento de Reck y con una primera obra, en el año 2000, sobre la lactancia materna, nació La Murga de La Teta.


“La Murga fue modelando mi ejercicio profesional y entonces pude ver que detrás de ese bebé que había que amamantar había una madre, una mujer, que había que incorporar como sujeto de políticas y derechos, empoderándola. Ahí me empieza a caer la ficha de que esas madres que no tenían una buena lactancia, o un buen apego al bebé, no era solo por falta de conocimiento: eran madres muy superadas en su vida privada por diversas circunstancias”, señala Betty. Así fue que empezó a enfocar las obras en la desigualdad y la inequidad de género, en las relaciones interpersonales. Para contactarse con La Murga, escribir a:


beatrizgon2001@yahoo.com.ar.


TOY STORY


El Topo Gigio, un camión Duravit, Marilú y su tienda. Muñecas negras vestidas como mucamas, un auto espacial. Juan Olcese tiene 45 y una gran colección de juguetes. Y conoce los secretos que guardan: los más antiguos, los que fueron masivos, los que lo son ahora, los raros, los emblemáticos. Aquí, cuenta la historia de los juguetes y el juego.


Por Sonia Santoro

El timbre no funciona en esta vieja casa de San Telmo reciclada. Hay que subir por unas escaleras de mármol veteado para encontrarse con Juan Olcese, 45 años, amante de los juguetes, que viste guayabera. Desde la puerta de la calle Venezuela todo lo que encierran esas paredes parece quedado en el tiempo. En el hall hay un triciclo oxidado. Luego habrá que recorrer varias habitaciones con anaqueles abarrotados de camiones, muñecas, aviones y también libros de Topo Gigio o fotografías de por lo menos cuatro décadas atrás. Es un tiempo bien mantenido si se quiere. Pero otro tiempo al fin.


Allí funciona El juguete ilustrado, que nació con dos divisiones: Editorial y Coleccionables. El Juguete Ilustrado Editor produce libros basados en el material y la iconografía acumulada por coleccionistas (ver recuadro). Mientras que El Juguete Ilustrado Coleccionismo es una tienda dedicada a la compra-venta de coleccionables y antigüedades de todo tipo, en particular aquellas relacionadas con el universo infantil. “Me despido con dolor de los juguetes de mi colección, pero puedo desprenderme. Me reservo unos 20 que no los pongo acá”, dice Olsece, su creador, mientras invita a recorrer esas vitrinas con dedicación. En el primer salón destacan las máquinas de coser de los años ’50 para educar a las niñas en las artes de la costura y el bordado (ver aparte). Y por ahí nomás un juego de costura, el de Marilú, con el que se podía hacer la misma ropa para la muñeca y para la nena. Había clubes de fans de la muñeca. Marilú tenía una tienda en la que se hacía ropa para niñas y también cuando iban creciendo para adolescentes y jóvenes; siempre era la ropa de la clase acomodada. Al lado está su hermanito Gubilay, con los labios pintados, vestido de marinerito, representando la imagen del niño en los ’30-’40 de alta clase.


Se pueden encontrar también los conocidos autos de caucho Duravit, que Olsece presenta como “una de las marcas más emblemáticas de la juguetería argentina”. El desafío que se les planteaba a los chicos era romperlos. Las propagandas mostraban a unos varoncitos con un martillo pegándole al autito. Por supuesto, la propuesta era muy atractiva para un chico.


En el estante de arriba se luce una muñeca negra cubierta con un vestido blanco y azul. “Las muñecas negras y otros juegos y juguetes relacionados replican las situaciones de discriminación en todo el mundo. Las muñecas negras en general están vestidas como mucamas o sirvientas. Hacia fines de los ‘40, principios de los ‘50, una fábrica de atracciones argentina hizo un juego tipo carrusel que se llamaba ‘Tiro al negro’. Hay negritos de madera en la carta del menú de los restaurantes’”, explica Olsece.


Se ven también unos autos espaciales inspirados en la conquista del espacio, y teléfonos que reflejan el adelanto de la tecnología. No podían faltar los clásicos revólveres de cebita, hoy no tan bien vistos, como todas las armas de guerra que se reprodujeron después de la Segunda Guerra Mundial.


Todo lo que posa en esos estantes lo recopiló y organizó el propio Olsece, que desde chico amaba juntar hasta piedras o cualquier objeto que trajera el Río de la Plata a las orillas de Colonia, donde veraneaba. En la adolescencia coleccionó libros de literatura universal. Los juguetes se le hicieron tentadores hace poco más de 10 años, mientras crecían sus hijos, que hoy tienen 18, 16, 11 y 5 años. Hijo de un papá juntador de cosas y una mamá poeta, busca con su colección exceder la simple nostalgia y la acumulación de objetos para recuperar el espíritu infantil que considera revolucionario.


–¿Cuál es su preferido?


–En general los juguetes vos los querés por la historia como llegaron a vos, algún preferido es ese que me regalaron especialmente. Puede ser el primer juguete que compré, pero trato de escaparle a la idea del que el mejor es el más valioso en el mercado de colección, me gustan mucho las cupecitas de carrera, es un punto intermedio entre el juguete artesanal y el industrial.


–¿Hay alguna “figurita” difícil?


–Sí, hay juguetes míticos y difíciles, hay una serie de títeres con figuras de próceres que sacó la fabrica Franci, con la intención de que fueran didácticos, pero cuando llegaron a las jugueterías se consideró una aberración jugar con los próceres. Los sacaron. Por eso es una cosa muy difícil de hallar. Se sabe que existieron pero no se sabe si sigue existiendo alguno.


–Usted dice que registra material del pasado que conserve el potencial de interpelar el presente, ¿cómo es eso?


–Escapo de la idea de que el pasado siempre fue mejor y que la infancia es una etapa que conduce a la madurez. Me interesa más el espíritu infantil en tanto espíritu artístico, de conexión e interrelación con el mundo. Lo interesante es poder recuperar en una persona mayor ese espíritu artístico y de alguna manera revolucionario que permite poner en tela de juicio ciertos parámetros opresivos de la sociedad de consumo, esta acción de no tener un objetivo justificado. Hay cantidad de artistas que se han concentrado en fabricar juguetes para niños, Picasso, Miró, Torres García, poniendo al niño como el ser que podía generar el cambio en la sociedad. Es muy distinto esto a tratar al niño como el ser que algún día logrará transformarse en un adulto adaptado a la sociedad de consumo.


–¿Qué juguetes de hoy cree que serán rescatados en el futuro?


–Hay una idea de desvalorizar los juguetes de hoy, como la Play Station, se dice que son alienantes. Creo que hoy por hoy tienen mucha influencia los medios, el cine. Son muy valorados los juguetes que son personajes de películas: Toy Story, Los Cuatro Fantásticos ya son objetos coleccionables. Después hay cosas que se nos escapan, que en su momento no se valoraron pero después sí. Me parece que hay como una cuestión de lo políticamente correcto, que lo bueno es jugar con juguetes de madera, artesanales, en el exterior, etc., etc. Pero resulta que ese juguete es elitista. Me da miedo de que termine siendo una concepción elitista del juguete y que a la vez ciertos juguetes populares sean considerados nocivos. A mí en particular no me gusta Disney, pero si masivamente todos los chicos llevan la mochila de Disney o Barbie, sería elitista de mi parte considerar que esos juguetes que están en el campo de lo popular son incorrectos. Creo que la cultura popular ya los adoptó y uno no puede ponerlos en la lista de las cosas prohibidas.


Ya en los ‘40 había juguetes de plástico, cuenta Olsece; lo que significó la masificación de los juguetes. “En la Segunda Guerra todas las fábricas de Europa se dedican a fabricar armas, entonces no hay más posibilidades de importar –explica–, empiezan a hacer en Argentina las muñecas que antes se traían de Alemania y el golpe total es el peronismo, que no sólo regala juguetes con la Fundación Eva Perón sino que se empieza a fabricar los llamados juguetes económicos. Para las fiestas se realizaban juguetes a muy bajo precio que los negocios tenían obligación de tener en las vidrieras y esto significa que se popularizó el juguete y muchas familias que lo veían como inaccesible empiezan a considerarlo una costumbre que continuó después del peronismo.”


Entonces, nada de sacralizar materiales. “Me gusta la madera por lo noble, me disgusta lo contaminante del plástico, pero lo que no me gusta es la idea elitista de los juguetes de madera”, dice.


–¿Qué juguetes perduran en el tiempo?


–El trompo tiene cientos de años y hoy hay reformulaciones de este juguete que tienen luces, como los de Ben 10 y Power Rangers. Se usaba como oráculo, tiene miles de años. Lo que uno ve es que los juegos vuelven y se ponen de moda en forma cíclica. Como el elástico, que ahora juegan varones y nenas. Se van reciclando y aggiornando, esto muestra que los chicos además de ser sujetos consumidores tienen un espacio para la investigación.


–¿Los mayores juegan más o menos que antes?


–Antes la gente jugaba a toda edad, el juego como una característica sólo de la infancia es algo posterior. A fines del siglo XVII, cuando comienza la industria del juguete, surge la idea del niño como alguien que está en un estadio aprendiendo a ser adulto. Pienso que en este momento en particular en Argentina hay una determinada revalorización del juego en los adultos, pero en general antes se jugaba más.


–¿Usted juega?


–No soy de jugar con los que colecciono, hay mucha gente que sí, que se retrotrae a su infancia y se reúne con otros coleccionistas a jugar. Yo juego con juegos de mesa.


VILLAS Y ASENTAMIENTOS


Por José Natanson

Las primeras villas de emergencia nacen en los ’50, como resultado del proceso de urbanización alentado por la sustitución de importaciones y el impulso industrializador del primer peronismo. Están pobladas, en general, por migrantes internos, la mayoría proveniente de zonas rurales, que buscan en las fábricas de las ciudades nuevas oportunidades de vida. Como su nombre lo indica, son sitios pensados como lugares transitorios, de emergencia. Y es lógico: para un chaqueño, un santiagueño o un correntino, la villa era la puerta de entrada a la ciudad, el lugar de paso al que debía resignarse unos años antes de poder acceder el terrenito para edificar una vivienda. En un país industrializado, que todavía se enorgullecía de la movilidad social ascendente y con un mercado de trabajo aún capaz de absorber a nuevos empleados (es decir, la Argentina anterior al colapso del modelo estadocéntrico), la villa funcionaba, al menos imaginariamente, como la escala hacia un lugar mejor.


Se ocupación, por lo tanto, no era planificada, sino el resultado de la agregación de decisiones individuales. Como explica Vanina Lekerman (“Procesos informales de ocupación de tierras en la Ciudad de Buenos Aires”), se trataba de personas, a lo sumo familias, casi siempre sin experiencia urbana previa, que se iban instalando en las villas al amparo de familiares o conocidos que ya vivían allí. Y como la forma urbana no siempre es resultado de la planificación de los urbanistas inspirados sino el saldo precario de los procesos socioeconómicos, las villas se configuraron en trazas irregulares e intrincadas, en donde el espacio se aprovechaba al máximo: pasillos estrechísimos entre casilla y casilla, construcciones precarias, hacinamiento. Hasta el día de hoy las villas sextuplican la densidad poblacional media en el área metropolitana. El objetivo no era crear un barrio sino encontrar un lugar donde vivir hasta conseguir algo mejor.


En los últimos 30 años, en el marco de una sociedad cada vez más fragmentada, con amplios sectores excluidos de los mercados de trabajo y una polarización social cada vez más marcada, el área metropolitana de Buenos Aires sufrió, al igual que otras grandes ciudades como Córdoba o Rosario, un proceso de dualización, entre un corredor norte rico y un sur pobre. En este contexto comenzó a surgir, a principios de los ’80, un nuevo fenómeno: los asentamientos, la ocupación organizada de tierras que, tras el fin de la dictadura, se multiplicó rápidamente, en particular en la Capital y el conurbano. Los asentamientos son villas que se asumen como permanentes, con todo lo que esto implica en términos de imaginarios de sus habitantes, perspectivas de futuro y relación con el Estado. Constituyen, en palabras de Denis Merklen (“Organización comunitaria y práctica política. Las ocupaciones de tierras en el conurbano de Buenos Aires”), una nueva forma de producción del hábitat.


A diferencia de la ocupación familiar de las villas, los asentamientos se realizan mediante una acción colectiva organizada, lo cual los emparienta con las experiencias de lucha por la tierra vigentes desde hace muchos años en países con una tradición de baja cohesión social y distribución regresiva del suelo (el caso del Movimiento Sin Tierra de Brasil es el más publicitado pero no el único).


Los asentamientos no son percibidos como una solución habitacional provisoria sino como algo permanente, lo que tiene amplias consecuencias en la forma de ocupación del suelo. Como el objetivo no es buscar un lugar de paso sino una residencia, se configuran en trazados urbanos amanzanados, regulares y planificados, imitando el damero característico de las calles de Buenos Aires, muchas veces previendo espacios libres para futuros emprendimientos comunitarios o públicos, como la sala de infantes, la canchita de fútbol o el comedor comunal. El objetivo es asimilarse al resto de la ciudad, normalizarse, sentirse un barrio más, con la paradójica consecuencia de que la ocupación ilegal de la tierra lleva a estrategias de organización que buscan cumplir las exigencias legales en términos de utilización del suelo, medidas de los lotes, etc.


Así, suele ocurrir que, luego de la ocupación, se busque algún tipo de legitimación por parte del Estado, y es muy común que los ocupantes de los asentamientos reclamen su derecho a convertirse en propietarios mediante la compra de las tierras. Como señalan María Cristina Cravino, Juan Pablo del Río y Juan Ignacio Duarte (“Magnitud y crecimiento de villas y asentamientos en el Area Metroplitana de Buenos Aires en los últimos 25 años”), esto lleva a muchos de sus habitantes a rechazar el adjetivo “villero”, al que asocian a condiciones de hacinamiento, promiscuidad y delito.


En todo caso, las ocupaciones urbanas informales avanzan. Hoy existen en el área metropolitana de Buenos Aires 819 villas y asentamientos que reúnen a más de un millón de personas (aunque podrían ser más debido a las dificultades para llegar a un dato fehaciente). En 1981, la población que vivía en villas y asentamientos representaba al 4,3 por ciento del total del conurbano, en 1991 al 5,2 por ciento, en 2001 al 6,8 y en 2006 ya llegaba al 10. El aumento es enorme si se tiene en cuenta que, entre 1981 y 2006, la población del conurbano se incrementó 35 por ciento, mientras que la que vive en tierras informales aumentó 220 por ciento. Entre 2001 y 2006, de cada 100 habitantes nuevos del conurbano, 60 se ubicaron en tierras informalmente ocupadas. Como es lógico, las villas prevalecen en la Capital y el primer cordón, mientras que los asentamientos, en general más nuevos, son más comunes en el segundo (todos datos de María Cristina Cravino, Juan Pablo del Río y Juan Ignacio Duarte).


Por supuesto, la tipología villas / asentamientos es –citemos a Weber–- ideal. Es posible encontrar todo tipo de situaciones intermedias, áreas que comienzan de un modo y se transforman, en un proceso muy dinámico y condicionado por miles de variables: la reconfiguración de la “ciudad formal”, la creación de nuevos polos de prosperidad, el modelo socioeconómico, que puede revitalizar ciertas industrias (y por lo tanto ciertas zonas). Pero la tipología vale para el análisis: la villa como una respuesta familiar a los déficit de vivienda en el marco de un modelo todavía inclusivo, y los asentamientos como una reacción colectiva, que demuestran la capacidad de organización y de lucha de los sectores populares pero también su conciencia acerca de las carencias habitaciones como un problema permanente, como si supieran que no hay lugar para ellos en la ciudad.


UN VIAJE AL FONDO DEL TERROR


Honduras, Guatemala y El Salvador reclamaron al gobierno mexicano que investigue la captura y desaparición de 50 ciudadanos de esos países en Oaxaca que viajaban indocumentados hacia la frontera estadounidense.


La travesía ilegal de los centroamericanos pobres que sueñan conseguir una nueva vida en Estados Unidos se parece, cada vez más, a una pesadilla. Sobre todo en territorio mexicano, el último tramo del camino. La Comisión Nacional de Derechos Humanos de México (CIDH) denunciará en su informe correspondiente al corriente año que fueron cerca de 20 mil los inmigrantes ilegales secuestrados durante 2010. Ayer, Honduras, Guatemala y El Salvador reclamaron al gobierno de Felipe Calderón que investigue la captura y desaparición de 50 ciudadanos de esos países en Oaxaca, al sur del país azteca, que viajaban indocumentados hacia la frontera estadounidense. Si bien a principio de semana el Ejecutivo desestimó el hecho de Oaxaca, ayer comenzó a reunir declaraciones para empezar a resolverlo.


El responsable de la oficina de atención a migrantes de la CIDH mexicana, Fernando Batista, dijo que la situación está peor que nunca. “La cifra visualiza un problema que sigue latente en el país y que, lejos de que se hayan tomado acciones para prevenir y procurar justicia, se advierte todo lo contrario”, remarcó a La Jornada de México. La cantidad aproximada de secuestros sucedidos en 2010 –figurará con exactitud cuando el organismo divulgue el informe– duplica a la correspondiente a 2009, cuando se registraron 9758 capturas.


El secuestro de medio centenar de inmigrantes en la localidad de Chahuites, Oaxaca, es el último caso del que tomó conocimiento la CIDH, a través de una denuncia que el gobierno de El Salvador radicó el martes ante el gobierno de México. Honduras y Guatemala se sumaron al reclamo rápidamente.


Personal de protección a los migrantes de la Cancillería salvadoreña tomó contacto con sobrevivientes de la captura a principios de semana y, a través de los testimonios, las autoridades consulares lograron reconstruir lo ocurrido en la madrugada del 16 de diciembre. Según los dichos, un grupo de hombres vestidos de negro, encapuchados, con machetes y armas de fuego frenó un tren de carga en el que viajaban varios inmigrantes ilegales rumbo a la frontera con Estados Unidos. Los obligaron a abandonar el transporte y a subir a dos camionetas, en las que los trasladaron hasta una casa. Una docena de personas logró escapar y llegar hasta un albergue ubicado a mitad de camino. Los testigos coincidieron en que los secuestrados llegan a ser cincuenta, entre los que se cuentan treinta niños de entre 11 y 16 años, aunque no pudieron especificar cuántas de las víctimas son hondureños, salvadoreños y guatemaltecos.


La versión coincide con la información recogida por la CNDH, que también dialogó con los inmigrantes refugiados en el albergue. Ayer, los ministerios de Relaciones Exteriores de los tres países exigieron de manera conjunta al Ejecutivo que investigue los hechos para “dar lo antes posible con el paradero de las personas secuestradas, se deduzcan responsabilidades y se castigue a los culpables”, para evitar que “este tipo de delitos vuelvan a ocurrir”, sostiene el documento.


La Cancillería de El Salvador en México recogió de sus agencias consulares que el hecho del 16 de diciembre se suma a otros seis de la misma naturaleza sucedidos durante 2010. El vicecanciller salvadoreño, Juan José García, detalló que según “en seis secuestros colectivos y 59 raptos individuales perpetrados por el delito organizado en el sur de México, han sido capturadas 103 salvadoreños en situación de inmigrantes ilegales”. Dentro de los secuestros colectivos ocurridos en México se contabiliza el que terminó en agosto pasado en la masacre de 72 migrantes, 14 de ellos salvadoreños, en Tamaulipas.


Para Honduras, el gobierno azteca tiene buenas intenciones, pero pocas acciones. En ese sentido opinó el canciller hondureño, Mario Canahuati: “No quiero hablar de complicidad (entre el crimen organizado y autoridades mexicanas), sino de falta de acciones que permiten que grupos delictivos como Los Zetas o Los Maras operen con éxito”.


El gobierno mexicano desestimó la denuncia que El Salvador radicó de manera individual el martes por carecer de sustento. Entonces, el canciller de El Salvador, Hugo Martínez, acusó a México de aumentar sus recursos para detener a inmigrantes en vez de perseguir a las bandas que los secuestran. Luego de rechazar las acusaciones, y recibir el alerta de la CNDH, el Ejecutivo azteca decidió iniciar la investigación, pero hasta ahora no reconoce oficialmente que se haya producido esa acción delictiva. El Instituto Nacional del Migrante se puso en contacto con los testigos y les ofreció refugio, mientras que la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (Siedo) comenzó a escuchar sus testimonios. Ante las historias, el titular de ese organismo, Salvador Beltrán del Río, vaticinó que “el móvil del secuestro podría ser la utilización de los indocumentados para mano de obra de los grupos de narcotráfico y crimen organizado”.