lunes, 9 de mayo de 2011

LEON GIECO Y SU PRESENCIA EN EL CIERRE DE LAS TRES NOCHES DE U2 EN ARGENTINA



Bono, The Edge, Larry Mullen Jr. y Adam Clayton cerraron la serie del 360º Tour cantando “Solo le pido a Dios” con León. Después del shock de adrenalina, un recuento de sensaciones.

Por Eduardo Fabregat




Las cosas no habían terminado de cuajar, la escena que tendría lugar un rato después aún no cristalizaba: en la tarde del domingo, cuando este cronista se cruzó con León Gieco en el backstage, la conversación giró sobre las cualidades de Muse, que estaba a punto de tocar, y la enormidad de lo que se vería después. León ni siquiera dejó entrever la posibilidad de ese inolvidable momento en el que Bono le hizo la segunda en “Solo le pido a Dios”, con The Edge lanzando sutiles arreglos de guitarra y el Estadio Unico coreando. Apenas dos días después del aniversario de Malvinas, U2 y Gieco cantando eso de que la guerra no nos sea indiferente, justo antes de que La Garra estallara con “Pride (in the name of love)”. Si la velada despedida del 360º Tour, el cierre de tres noches excepcionales en un estadio excepcional, ya tenía una recarga emotiva, el combo agregó una épica inesperada.
“Yo ni siquiera iba a ir a La Plata –recordó León ayer en Rebeldes, soñadores y fugitivos, en la AM 750–. Había hecho un show para Hijos en Chaco, venía con ese quilombo en la cabeza y sabía que me los iba a perder, pero hubo un llamado de la producción que querían que fuera, así que llegué a casa a las 17, agarré el auto y me fui a La Plata.” Allí, Gieco descubrió que Bono quería algo más que saludarse y recibir una copia de Mundo Alas: “Toquemos esa canción que quise cantar en River y no me salió bien”, propuso el cantante, y así Gieco terminó ensayando con los cuatro U2 en el camarín principal. “Al principio me quedé helado, yo había ido a disfrutar, me había tomado un par de vinos en el VIP y de repente se me pasó toda la tranquilidad, era todo un compromiso, subir a ese escenario, con esa gente... no es un recital en el Gran Rex. A veces cuesta que venga la adrenalina, si te dicen dos o tres días antes te vas preparando, pero así... el mismo Bono se reía, me decía ‘¿Vos te creías que venías a tomarte unos vinos y nada más?’.”
–En el momento, ¿tuvo conciencia de lo que estaba pasando, o simplemente se dejó llevar por la música?
–A veces las cosas son tan fuertes que se convierten en algo normal, como que todo tiene que pasar así. El análisis lo hacés al día siguiente. Porque si estás con los nervios de “estoy tocando con estos tipos” en un estadio como el del domingo... es lo mismo que en Amnistía, que tenía a Peter Gabriel en la mano izquierda y a Bruce Springsteen en la derecha, todos cantando “Get up, stand up”, y yo estaba pensando que Gabriel tenía la mano caliente y Springsteen la mano fría. Al día siguiente reaccionás: al cabo, es gente, loco. Y Bono es una persona que te tiene muy en cuenta, tiene muy en cuenta todo lo que está pasando en el lugar, y ya estará estudiando con quién se va a juntar en Brasil. Como David Byrne, que lo fui a ver y me hacía señas en el escenario que me quería regalar un disco... Estos tipos no tienen ninguna necesidad, podía mandar a un tipo.
–Imposible olvidar que son superestrellas, pero también personas de carne y hueso.
–Todos hacemos caca.
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“Los irlandeses y los argentinos tenemos mucho más en común de lo que parece. A los dos nos gusta hablar. A los dos nos gusta discutir. Somos religiosos, pero nos la pasamos discutiendo con Dios... y cuando dejamos de discutir con Dios, nos ponemos a discutir con los ingleses y con el Fondo Monetario Internacional. Les acepto que en el fútbol son un poquito mejores que nosotros, pero en el rugby les pateamos el culo. Y ustedes tienen un país grande y nosotros tenemos un país chiquito, pero nuestros egos son igual de grandes.” El párrafo de Bono enciende aún más a un estadio rendido a los pies de U2: el ramalazo de lluvia que sacudió a La Plata veinte minutos antes de la hora fijada para el comienzo ya es recuerdo y no le importa a nadie. En el relajado almuerzo del lunes pasado, Bono dijo que cuando hay dos shows seguidos su garganta sufre pero la banda mejora. Una de las partes se cumple, la otra no: efectivamente, en la noche del domingo The Edge, Larry Mullen y Adam Clayton exhiben –si se permite la redundancia– una garra especial, están más lanzados que el miércoles y el sábado. Pero si a Bono le molesta la garganta, basta que vuelva a conmover las paredes con “Miss Sarajevo” para desmentir su teoría. Quizá tenga menos voz, pero gana en efecto dramático, y clava las notas que hay que clavar. Para los reincidentes, el último show de la serie queda en la memoria como el mejor.
The Claw, que el sábado tuvo un desperfecto que dejó la pantalla a media asta, está nuevamente encendida a tope: haber pisado el escenario durante la tarde, en una visita guiada por Frances McMahon (la encantadora publicista de la banda) le da aún más irrealidad a la escena en la que “City of blinding lights” despliega todo el poderío. En el corazón de La Garra, levantar la vista devela las entrañas de un ovni, coronado por ocho columnas in-line de parlantes que garantizan un sonido demoledor. Cuando Frances revela que esa estructura se desarma en solo seis horas el asombro es mayor, como resulta asombrosa –aunque esperable en una producción de estas características– la sala de dirección de cámaras y la consola digital de sonido, justo frente al escenario. “La gente aquí está loca –-comenta Frances, que está contenta porque la noche anterior al fin pudo ir a tomar unos tragos y disfrutar algo de tango–. El show de anoche fue increíble.”
Si el sábado fue increíble, difícil encontrarle parangón al delirio que desata el combo “Vertigo”/ “I’ll go crazy if I don’t go crazy tonight”/ “Sunday bloody Sunday”. Difícil medir el temblor que recorre la ciudad desde el epicentro de “Elevation”, o el desmadre general cuando el grupo se embarca en ese final a toda orquesta de “When the streets have no name”. Al pie de la consola de sonido, el manager Paul McGuinness, relajado, sin necesidad de correr a ningún lado, no oculta la sonrisa de satisfacción. Es un buen momento para acercarse, estrecharle la mano y decir simplemente “gracias”.
* * *
–¿Y el show, León?
–Me encantó, aunque no estaba en un lugar privilegiado. Fui invitado a un lugar para ver y escuchar perfecto... ¡y este tipo nos jodió la noche! (se ríe a carcajadas) Me quedé en un lugar donde me fueron a buscar para tocar, y después mis lugares estaban ocupados. Me dijeron de ir al mangrullo pero había que atravesar toda la gente: si no hubiera tocado me iban a pedir fotos dos o tres nada más, pero después de tocar... me gastaban. Así que lo vi desde un lugar no privilegiado, pero estuvo muy bueno. Es un show muy grande.
–Pero a pesar de toda la monstruosidad no dejan de ser una banda.
–No, porque todo viene más atrás de ser una banda de músicos. Son cuatro amigos que siguen manteniendo esa cosa campesina irlandesa, que tiene mucho que ver con los argentinos. Yo creo que somos parecidos, un país medio sufrido...
–El dijo algo así.
–¿En serio? No lo escuché... Y sí, hay una cosa de sangre, de lucha, y eso no lo abandonaron. Bono actúa igual que cuando yo voy al interior y me viene a ver un luthier, y voy a su casa y veo el revuelo que se arma, pero me gusta tener ese contacto. El hace lo mismo, cuando repite tres shows le gusta una adrenalina rara, eso de un chabón como yo que suba al escenario, un agregado que te hace funcionar en el escenario.
–Para hacer lo que hacen tiene que haber pasión.
–Uno ve a Bono arriba del escenario, tiene una energía y una voz increíbles. Ya estoy yendo a un profesor de vocalización, porque como lo escuché cantar el domingo... tremendo. Dos shows intensos sábado y domingo, y el tipo tuvo la voluntad de venir a hablar, sacarse fotos con otra gente. Podía estar tranqui, no necesita nada, no tiene nada que agregarle a lo suyo. ¿Acaso necesita que yo suba a su escenario?
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"ESTADOS UNIDOS TIENE UN EJERCITO IMPRESIONANTE PARA UNA GUERRA QUE NO OCURRE"



El sociologo e investigador Pablo Bonavena sostiene que el ejército norteamericano no sirve para el tipo de combate en la guerra contra el terrorismo, pero que de todos modos es el comprador más grande del mundo de antibióticos y misiles.

Por José Pablo Maestre




–Usted menciona en su texto “Los cambios en la forma de la guerra a partir de los ’90” que, con lo que gasta Estados Unidos de presupuesto militar, se podría garantizar el acceso universal al agua y además reducir en dos tercios la mortalidad infantil.
–A nosotros nos interesa enfatizar, en una carrera como la sociología, que gran parte del esfuerzo humano, una enorme cantidad de recursos, se destina a la guerra y que, sin embargo, en el campo de la sociología por lo menos no se advierte el peso que tiene la guerra en nuestra sociedad. Así como también constantemente señalamos cómo estimativamente podrían solucionarse gran parte de los problemas de la humanidad con una porción no muy grande de los presupuestos militares. También vamos señalando cómo casi todo, o gran parte, de lo que uno consume o tiene como un bien que compra en el mercado con naturalidad, como un celular o el desarrollo de los medicamentos o la Internet, fue concebido inicialmente como armamento para la guerra. Y tratamos de ir mostrando con esos datos que usted señalaba el peso que tiene el esfuerzo bélico en la historia de la humanidad y que, de alguna forma, es una invitación, ese tipo de contraste, a pensar qué se podría hacer con lo que se destina a la guerra. O poner en evidencia que gran parte de lo que consumimos nos llega cuando perdió eficacia o efecto sorpresa en el campo militar. Con todo eso uno también quiere llamar la atención y abrir un debate de tipo político para ver en qué se usa o se dilapida el esfuerzo humano. La guerra es una actividad que consiste en intentar introducir pedazos de metal en el cuerpo de otra persona para quitarle la vida. Y es impresionante el peso que tiene en la sociedad, y a veces uno no es lo suficientemente consciente del esfuerzo que se vuelca a esa actividad en detrimento de montones de cosas, como pueden ser el hambre, el agua o todo lo que a uno se le ocurra que mejoraría las condiciones de vida del planeta.
–En su texto, usted también señala que todo este esfuerzo económico y productivo no le rinde sus frutos a una potencia como Estados Unidos. Al menos en proporción a los miles de millones de dólares que invierte frente al pequeño presupuesto que usan sus adversarios.
–Efectivamente. Desde la caída del Muro de Berlín para acá, desde el fin de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría, la guerra va adoptando nuevas formas, más allá de las que había tenido en el marco de la disuasión nuclear. En el marco de la Guerra Fría, de esa puja cabeza a cabeza entre Estados Unidos y el mundo occidental que se enfrentaba al comunismo con la Unión Soviética. Superada esa situación de cierta polaridad, por lo menos militar, se abre una nueva etapa donde se empieza a ver que en algún grado el gran esfuerzo militar que hacen las grandes potencias, sobre todo Estados Unidos, tiene una eficacia bastante pobre con relación a la inversión en los campos concretos de batalla. Lo que se nota es una disparidad de fuerzas que no arroja los resultados que, en principio, uno esperaría racionalmente frente a esa disparidad. Es así que una de las discusiones más importantes en la teoría de la guerra, en el debate doctrinario militar y técnico militar, pasa por algo que se conceptualiza como el problema de la asimetría de fuerzas. Y se transforma en un problema porque una fuerza militar enorme, de un poderío que impresiona, no genera los resultados concretos esperados, frente a lo que serían esfuerzos sumamente artesanales. La asimetría se constituye como un problema porque, justamente, los menos poderosos logran efectos en la acción militar, y por supuesto también política, sumamente importantes. Básicamente a la asimetría de fuerzas se corresponde una asimetría estratégica. El que no puede responder frontalmente, responde de otra manera. Ejércitos muy importantes con baja eficacia frente a fuerzas que, como se dice en parte de la doctrina militar, no cooperan estratégicamente. Es decir que combaten de una manera totalmente distinta. ¿Y en qué sentido es distinta? No es más un Estado frente a un Estado con cierta previsibilidad en el desarrollo de la guerra sino que hay formas en que el tiempo y el espacio, por ejemplo, para poner un caso, han sido modificados en la forma de combate. Y así como hay un ataque en Medio Oriente, puede ser contestado en la Ciudad de Buenos Aires o en la ciudad de Nueva York, y no inmediatamente sino un tiempo después. Y ésos son elementos que después se van conceptualizando como no cooperación estratégica, porque no son dos iguales que pelean más o menos en los mismos términos. Esto no quita, y con eso también hay un debate muy importante, que en algún punto a algunos sectores de la sociedad norteamericana de grandes capitales no les convengan estos ejércitos porque en suma son grandes consumidores. Por ejemplo, el mayor consumidor de antibióticos de la humanidad es el ejército norteamericano, que acopia cantidades enormes de medicamentos para sus tropas.
–¿Y el negocio de las armas?
–Obviamente también pesa la cuestión del armamento, donde grandes empresas como Boeing o Lockheed Martin, que fabrican misiles, son empresas que no subsistirían si no fuera por este tipo de conflictos. El tipo de tareas requerido por las nuevas formas de guerra es más que nada policíaco. De hecho una cosa tan absurda como la guerra al terrorismo, que supone andar cazando civiles, supone también tareas de inteligencia y policía. No sirve para eso un ejército con tanques de guerra, aviones, portaaviones y submarinos. Se mantiene porque suprimir ese tipo de armamentos sería entrar en una crisis fenomenal de la industria armamentística, sobre todo en la norteamericana, aunque no es la única. Es por un lado un gran negocio sostenido en gran parte de la economía norteamericana porque grandes empresas viven de eso, y por otro lado está el personal militar que combate en terreno contra el terrorismo, la guerra irregular y asimétrica en Medio Oriente, el talibán, la resistencia o la insurgencia iraquí, Somalia, etcétera. Entonces se produce una especie de choque de intereses: los que efectivamente están en combate e incluso muchos altos cuadros del ejército norteamericano analizan el derrotero de sus fuerzas armadas y sus intervenciones con poco rédito para semejantes despliegues militares y ven que tienen una enorme capacidad de destrucción, pero no pueden consolidar militarmente una victoria. Y, por supuesto, semejantes niveles de destrucción transforman inevitablemente en muy hostil a la población que ellos vienen a, entre comillas, liberar. La fuerza invasora no cae muy simpática con las destrucciones que provocan los bombardeos de saturación. Entonces hay cuadros militares de altos rangos norteamericanos, como aquellos que hacen un balance en el propio campo de la lucha señalando que Estados Unidos tiene en términos generales un ejército impresionante, pero para una guerra que no ocurre, para unas guerras que no se están desenvolviendo en la realidad. Y dicen que lo que debería hacerse es adaptar a esas fuerzas armadas a las nuevas formas de la guerra, que es una lucha asimétrica. Pero lógicamente eso supone, seguramente entre otras cosas porque tienen muchas implicancias, desarmar muchos contratos con empresas que financian armamentos para guerras de Estado contra Estado y hacer otros contratos, incluso por ahí menos costosos, para otro tipo de batallas. Eso es en gran parte el trasfondo.
–El ejército invasor no cae nada bien porque en los bombardeos ataca a civiles, en lo que llaman daños colaterales. ¿Son efectivamente daños colaterales?
–No son daños colaterales; así los presentan, pero no lo son. Una práctica que arranca durante la Segunda Guerra es que el blanco es la población civil. Se calcula que, en los conflictos de los últimos 20 años, el 95 o 97 por ciento de las bajas es población civil, lo cual no puede ser nunca un daño colateral. No hay daños colaterales, daños colaterales es si algo salpicó, algo que salió mal, pero esto es el centro, es sistemático. En las guerras de los Balcanes se atacaban directamente ciudades de un lado y del otro. Acá la prensa reflejaba nada más lo que hacían las tropas serbias.
–Lo que usted menciona de la prensa hace pensar que al bombardeo militar muchas veces le sigue, o le acompaña, el bombardeo mediático. Siempre se presentó a los coreanos, los japoneses, los vietnamitas como los malos. Michael Moore también demostró cómo muchos estadounidenses creían que habían ganado en Vietnam.
–Estados Unidos tiene un excelente desempeño militar en Hollywood, fuera de ahí tienen algunos problemas. Pretenden generar una ideología de guerra en su país que les dé consenso a sus intervenciones militares. Por eso yo siempre recomiendo, porque me parece mucho más interesante, si uno quiere saber sobre Irak y Afganistán, leer a los especialistas militares norteamericanos que a la prensa. Porque allí donde la prensa te habla de una intervención quirúrgica y exitosa, con pocos daños colaterales, un general norteamericano saca una nota en la Military Review diciendo: “Hicimos un papelón, matamos un montón de gente que no tenía nada que ver, eso hizo que nos odien mucho más que antes, y tenemos que cambiar todo porque estamos en crisis”. Y estamos hablando de una revista oficial del ejército norteamericano.
–Con los bombardeos a civiles que mencionó anteriormente se empieza con lo que usted llama el círculo bélico, y causa que el resto de los civiles se sume a la insurgencia y termine devolviendo el ataque en objetivos civiles como las Torres Gemelas, Londres o Atocha.
–Con Atocha se torció el rumbo de una elección en España. Lo que se resalta es que, con muy poco presupuesto, se generan efectos políticos enormes. Hablemos concretamente de la cantidad de muertos que produce el llamado “terrorismo”. Se produjeron alrededor de 4 mil bajas en todo el mundo por hechos terroristas que son menos que las que se producen en un país por accidentes de tránsito. O sea que el terrorismo mata menos que la gripe. Es la forma de violencia política más moderada. Hay un trabajo de propaganda para presentarlo como una bestialidad. El terrorismo es la forma menos letal de la violencia. Nosotros siempre nos cuidamos de llamar ataques a lo que generalmente se conoce como atentados, es una fuerza que ataca a la otra. Además, si uno se fija, la acusación de “terrorista” es muy lábil. Hubo dos terroristas premios Nobel de la Paz, entre ellos Arafat. Y a la vez tenés a Obama también como Nobel de la Paz. De hecho, ahora el enemigo es una práctica, lo cual es absurdo. Dicen que nuestro enemigo es el terrorismo: es una formulación hasta ridícula de una enorme pobreza.
–Pero prende...
–Seguro que prende, pero si uno se detiene a pensarlo, puede ser un grupo que haga terrorismo, pero no puede ser “el terrorismo” en sí mismo. Uno no puede decir “el bombardeo” es mi enemigo sino quien te bombardea. Una de las cosas que tratamos de trabajar y de ver en la cátedra son las formas en que el fenómeno de la guerra irradia a toda la sociedad y hacia todas las sociedades. Y eso va teniendo efectos de mayor o menor grado en distintos niveles a escala planetaria. Usted decía que la imagen del terrorismo como el enemigo prende. Efectivamente, nos dicen que el terrorista es un ser malvado, despiadado, irracional, etcétera. Que por lo tanto es aniquilable. En otra escala de la misma figura, ¿a quién tenemos? El delincuente. Ni siquiera como delincuente, la inseguridad. El terrorismo a un nivel más alto, la inseguridad a un nivel más bajo. La forma de construir la idea es la misma. Quien provoca inseguridad lo hace de manera despiadada, irracional, no hay una lógica... No es el que roba porque necesita sino que es el hijo de puta que te mata porque sí. Estamos hablando de una sociedad relativamente alejada de conflictos bélicos, y aun así este formato va adquiriendo cuerpo.
–Usted nombró los 4 mil muertos por el terrorismo. ¿Se sabe de la cantidad de muertos que producen los ejércitos regulares?
–Hay un estudio que hizo la revista The Lancet, que es una publicación médica inglesa muy prestigiosa, sobre los muertos en Irak. Publicaron en 2006 una investigación en la que habían contado 650 mil muertos, solamente en Irak. En el artículo ellos explican muy bien la metodología, que lo hicieron con informes de médicos en distintos hospitales. Pero hay lugares con pequeñas aldeas que desaparecieron enteramente; o los grupos nómades, que mueren todos. ¿Cuántos muertos hubo en Fallujah? ¿Sabe cómo se pueden contar? Con el censo, el último había sido en el ’72 o ’73, y entonces se saca cuánta era la población, cuál era la expectativa de crecimiento vegetativo y se ve cuántos quedaron.
–Otro tema interesante que se toca en los textos de Sociología de la Guerra es el surgimiento de los ejércitos privados, de mercenarios. Después de la caída de la Unión Soviética, quedan una gran cantidad de arsenales y de ejércitos que existían para vigilar al “cuco comunista” que queda sin trabajo.
–A eso se le puede sumar también, por un lado, disolución de ejércitos, gente que queda en disponibilidad, se achican algunas fuerzas armadas estatales y el efecto del neoliberalismo con esta idea de achicar el Estado. Hay que privatizar tareas que antes eran del Estado; se privatiza la educación, pero también las tareas de defensa y de inteligencia. Son mercenarios que forman parte importante de las fuerzas invasoras, por ejemplo de Estados Unidos y sus aliados en Irak, Afganistán y otros lugares del mundo, con las ventajas de que este tipo de empresas libera a los Estados de ciertas responsabilidades. Si hay torturas, se dice que eran empresas privadas las que estaban custodiando a los prisioneros o con la tarea de información. Además minimizan costos políticos, porque cuando mueren estos soldados aparece como que murieron contratistas civiles. Son contratistas, pero también son fuerzas armadas. Como datos: ya en 2008, las principales fuerzas de ocupación en Irak eran las empresas privadas. En el siglo XXI habían participado en todos los escenarios de guerra. Estas empresas también surgen de grupos económicos que producen armas o son petroleros, como Halliburton. En los hechos, estas empresas vienen a cuestionar la pretensión del monopolio legítimo de la violencia que tiene el Estado nación. Pero, aunque parezca sorprendente, hasta la organización supranacional que es Naciones Unidas también contrata a estas empresas. Aparecen como personal de seguridad o de logística.
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UN CONTROL CARO, TRUCHO, INSANO E INUTIL



El kit que utiliza Seguridad Vial porteña con el fin de detectar en la saliva rastros de diferentes drogas está prohibido por la propia empresa productora para su uso en personas. Tampoco resulta fiable en sus resultados.

Por Gustavo Veiga




El kit para tomar la muestra de saliva a los automovilistas que transitan por las calles porteñas y detectar un presunto consumo de drogas dice en su envase una consigna alarmante: “Prohibido su uso, distribución y comercialización con fines diagnósticos, de monitoreo o seguimiento en seres humanos y su uso en forma directa o indirecta en salud humana”. La página web de Confirm Biosciences, el fabricante del producto con sede en San Diego, Estados Unidos, anuncia otro dato que siembra dudas: “Para obtener un resultado analítico confirmado deberá apelarse a un método alternativo más específico del fluido oral utilizado”. A sabiendas de semejantes irregularidades, el gobierno de Mauricio Macri continúa con sus operativos de control de estupefacientes en la ciudad. Cada tablita con el reactivo que señala si un conductor consumió marihuana, cocaína o metanfetaminas vale alrededor de 20 dólares.
La Dirección de Seguridad Vial suele efectuar hasta doce pruebas en cada puesto nocturno, aunque si una persona falla en el testeo dos veces, se le labra un acta y su coche es remitido a un playón del barrio de Barracas. El derecho al pataleo viene después: un sancionado puede apelar a la Justicia con bastantes chances de ganar el pleito. Esta aplicación del Código de Tránsito ignora un informe de la Usppa (Unidad de Seguimiento de Políticas Públicas en Adicciones) dirigido por la licenciada Patricia Colace, que señala: “Es inaceptable la aceptación de un positivo obtenido mediante pruebas realizadas con dispositivos que no emiten resultados concluyentes”.
El envase de Salivaconfirm –así se llama el producto– detalla la prohibición de su uso en salud humana, las cinco sustancias o psicotrópicos que permite rastrear (cocaína, marihuana, opiáceos, anfetaminas y benzodiazepinas), el lote, la fecha de vencimiento (Página/12 accedió a uno que tiene vigencia hasta febrero de 2012), la dirección del laboratorio Confirm Biosciences en California y la temperatura recomendada para mantener la muestra, de 15 a 30 grados. Decenas de estas tablitas plásticas de color blanco que en su interior poseen una lengüeta absorbente para la saliva, son utilizadas por la Dirección General de Seguridad Vial, que actúa en conjunto con el Cuerpo de Agentes de Tránsito porteño, responsable de los controles de alcoholemia.
La licitación que les abrió paso a las muestras de saliva fue ganada por la compañía Trust Med Group SA, que le vendió a la ciudad 8756 unidades a 78 pesos cada una, por un monto total de 682.968, según el Boletín Oficial del 16 de julio de 2010. La Subsecretaría de Seguridad Urbana a cargo de Matías Molinero también resolvió una ampliación de la compra por 102.414 pesos, que permitió adquirir 10.069 tablitas en total. Casi 200 mil dólares al cambio actual. Según un despacho de la diputada porteña Diana Maffía, de la Coalición Cívica, basado en el extenso informe de la Usppa, con el discutible elemento para detectar adictos o consumidores al volante, se puede detener, “por azar o bajo sospecha, a un conductor para realizarle una única muestra, cuyo resultado –sin segunda prueba confirmativa– demostraría culpabilidad y amerita tanto el secuestro del vehículo como su detención, una multa y quita de puntos en la licencia de conducir; una segunda prueba de contraste sólo se realizaría en caso de pedido por parte del conductor, pero éste ya estaría detenido por una causa contravencional y con su auto secuestrado”.
El test Cozart, como se lo llama también al control de saliva, es rechazado expeditivamente para detectar un caso de doping en el deporte. “A nadie se le ocurriría usarlo”, sostiene el médico Carlos D’Angelo, miembro honorario del Consejo Asesor Científico del Sedronar y ex responsable del laboratorio del Cenard (Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo). “Puede arrojar un falso positivo, no es definitorio como control”, agrega. Coincide con este profesional el informe de la Usppa, que en un tramo describe: “El sistema no es por entero fiable y en ninguna parte del mundo se utiliza como evidencia concluyente; la Substance Abuse and Mental Health Services Administration estadounidense no lo aprueba, y los dos proyectos Rosita (acrónimo por Road Site Testing Assessment) concluyeron en que no podían recomendar el uso de los dispositivos existentes, ya que ninguno cumplía con los requisitos a satisfacer”.
Pese a estas recomendaciones, empleados de Seguridad Vial iniciaron con empeño el invierno pasado los operativos de detección de estupefacientes en automovilistas. A mediados de julio de 2010, debutaron en la esquina de las avenidas Pueyrredón y Las Heras. Fueron rotando y hoy los realizan en varias esquinas de la ciudad con puestos móviles que llegan a tomar cada uno doce muestras por noche. Los conductores deben someterse a la utilización del producto Salivaconfirm, pero antes se les analizan las pupilas con un aparato que cuesta alrededor de 120.000 pesos, un pupilómetro. Si las tienen dilatadas, no zafan de la muestra de saliva.
Es en ese momento cuando surgen situaciones engorrosas para los agentes. La anécdota más difundida en el cuerpo de Tránsito dice que un secretario del juez federal Norberto Oyarbide sufrió el secuestro de su auto por ingerir un medicamento. Hay automovilistas que se ponen nerviosos, que protestan de manera más o menos airada y quedan expuestos a multas que van desde los 200 a los 2000 pesos. También pierden sus vehículos, que son remitidos a un playón de la calle Aráoz de Lamadrid, en Barracas, además de diez puntos en el scoring. La ley contempla también penas de uno a diez días de arresto.
Todas estas sanciones al presunto infractor son apelables –con una gran posibilidad de ser revertidas– si los automovilistas reparan en sus propios derechos y se basan en las recomendaciones que da el mismo fabricante de la muestra. Confirm Biosciences señala en su página de Internet que “el producto es solamente para uso forense o con propósitos de investigación” y que “los resultados obtenidos a través de este dispositivo proporcionan solamente un resultado preliminar de la prueba cualitativa analítica”. Los defensores del método argumentan que no es necesaria la corroboración de un laboratorio, rompiendo con los estándares internacionales de control de dopaje que, sin excepción, requieren de una contraprueba para ratificar el positivo de la primera muestra.
El informe de la Usppa define que “en las condiciones actuales, también es impropio que la reglamentación obligue a pagar los gastos del análisis de confirmación al conductor, ya que es muy posible que aquel que resulte positivo por benzodiazepinas debido a una medicación –por ejemplo–, no tenga conocimiento alguno de esta condición y honestamente pida una segunda prueba. Aún cuando más tarde el juez lo declarará inocente, él debió correr con los gastos de una confirmación que debería corresponderle como derecho”. Cuando presentó el método de la saliva para detectar drogas, el ministro de Justicia y Seguridad porteño, Guillermo Montenegro, se ufanó: “Seremos el primer distrito en América latina que controle en conductores el consumo de otras sustancias que disminuyan su aptitud para conducir que no sea el alcohol”.
El kit de Salivaconfirm, al revés de lo que su nombre en inglés proclama, no confirma sin margen de error la ingestión de una determinada sustancia, ya que requiere de la contraprueba para ser irrefutable. Y la frase inscripta en su envase de color blanco, que semeja al envoltorio de una barrita de cereal, plantea unas cuantas inquietudes. Si su uso está “prohibido en forma directa o indirecta en salud humana”, ¿en qué otra salud podría aplicarse? ¿En la de animales? Otra duda se presenta con las personas que pudieran inhalar marihuana –sin consumirla, como un fumador pasivo– en un recinto cerrado. Ejemplos de falsos positivos hay de sobra en todos los manuales médicos que abordan el tema. Acaso tantos como los conductores expuestos a los controles de drogas que practica el gobierno porteño con productos que ofrecen escasa seguridad.
Lo ratifica la Usppa: “Los instrumentos elegidos para las tomas de muestras no tienen valor probatorio en ninguna parte del mundo y han sido expresamente desrecomendados para este rol, utilizándoseles sólo como primer examen; ni un pupilómetro ni un reactivo por saliva indican de manera absolutamente eficaz la presencia o concentración de una sustancia en la sangre”.
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"LA GRAN EPOPEYA FUE EL CRUCE DE LOS ANDES"



"Resignificar la figura de San Martín, después de todo lo que la historiografía clásica ha dicho sobre su figura, tiene un valor histórico-político innegable”, dice el actor Rodrigo de la Serna acerca de Revolución. El cruce de los Andes.


Por Emanuel Respighi


Apenas se intercambian las primeras palabras con Rodrigo de la Serna en el bar estipulado para la entrevista, la percepción que invade el diálogo es que el actor está más ansioso y enérgico que lo habitual. Y ese estado de ánimo no responde al inminente final de Contra las cuerdas, la serie que protagoniza de lunes a jueves, a las 22.30, en Canal 7. Tampoco al próximo debut de El puntero, el unitario que junto a Julio Chávez y Luis Luque encabezará en El Trece. Su explícita ansiedad tiene, en realidad, un único y lógico motivo: el esperado estreno cinematográfico de Revolución. El cruce de los Andes, la película en la que al joven actor le tocó interpretar nada más y nada menos que al general José de San Martín, y que esta semana subirá a cartel. “Estoy cumpliendo el sueño de todo chico. ¿Quién no soñó alguna vez con hacer de San Martín en un acto escolar?”, pregunta, con la alegría de saberse un privilegiado por haberle puesto el cuerpo y alma al Padre de la Patria. Un papel que, desde su percepción, no fue un trabajo como cualquier otro. “Es imposible que no se te caiga la historia encima al momento de ponerse en la piel de semejante figura libertadora”, confesará ante Página/12 .
La ansiedad contenida del actor tiene una explicación que, incluso, va más allá de la interpretación de la trascendente figura de San Martín: la concreción de ver en pantalla grande el sueño del pibe se demoró más de la cuenta. Rodada en San Juan y Buenos Aires entre junio y julio de 2009, la película sobre la hazaña sanmartiniana iba a ser estrenada en 2010, como parte de los festejos por el Bicententario de la Revolución de Mayo. Sin embargo, el film dirigido por Leandro Ipiña (realizador de San Martín. El combate de San Lorenzo, que Encuentro emitió en 2008) tuvo que esperar casi dos años para que llegar al público. “Tengo expectativas muy grandes, ganas de verla por una vez en el cine y de que la gente quiera ir a verla. Fue un esfuerzo descomunal el que hicimos todos los que trabajamos en la película. Pusimos mucho más que profesionalismo: volcamos muchísimo de nuestras vidas. Haber conseguido este material cinematográfico en seis semanas y media es casi un milagro”, subraya De la Serna.
Coproducción entre Canal 7 y Encuentro, con el apoyo del Instituto Nacional de Ciencias Audiovisuales, Televisión Española y la provincia de San Juan, Revolución... cuenta uno de los grandes hitos de la historia latinoamericana a través de los recuerdos de quien fuera el amanuense de San Martín, Manuel de Corvalán, que al momento de cruzar al cordillera tenía tan sólo 15 años. Ya veterano, De Corvalán reconstruye algunos momentos salteados del cruce y traza la personalidad de San Martín ante un periodista que vino a entrevistarlo. Esa es la excusa que el guión utiliza para contar un relato íntimo de la proeza que el libertador de la Argentina, Chile y Perú llevó adelante entre el 19 de enero y el 8 de febrero. La película contó con un equipo de filmación de casi 100 personas y poco más de 1400 extras. “Espero que la película provoque algo en aquellos que vayan a verla”, reflexiona De la Serna. “Que se emocionen, que se cuestionen, que se planteen debates, que les genere interés sobre la historia argentina... El hecho de que vayan a verla ya es suficiente. La película es un viaje en el tiempo, tiene suspenso, épica y hasta un poco de western. Atrapa al público y lo mete dentro de un viaje en el tiempo del que no puede salir hasta que termina.”
–¿Con qué película se va a encontrar el público?
–La revolución fue producto de la alquimia que se generó en el pueblo, que hizo posible que de la situación más miserable y el olvido pusiera fin a 300 años de un sistema absolutista que catalogaba a los seres humanos en 35 categorías según su color de piel. Esa es la verdadera revolución: la de un pueblo que elevó y fortaleció su nivel de conciencia. San Martín fue el brazo ejecutor de la verdadera Revolución de Mayo, un ejemplo de liderazgo y compromiso que deberíamos tener más presente.
–En ese sentido, ¿Revolución. El cruce de los Andes es más un hecho político-histórico que cinematográfico?
–Es mucho más que una película. Al abordar el cruce de los Andes, uno no puede desconocer que se cruza la visión política con la histórica revisionista y la artística. Resignificar la figura de San Martín, después de todo lo que la historiografía clásica ha dicho sobre su figura, tiene un valor históri-
co-político innegable. El monumento histórico que hizo Mitre alrededor de la figura de San Martín, que es muy valioso en tanto Mitre literato, tergiversó la verdadera lucha del general. En el contexto de unión latinoamericana que estamos viviendo hoy, hacer una película sobre el comienzo del proceso libertador de diferentes pueblos toma una relevancia inusual y pertinente. Con el director intentamos reflejar esta visión histórica revisionista. Desde hace un tiempo hay un movimiento revisionista de la historia y la película es consecuencia de ese proceso. Ojalá sirva para desterrar la nefasta tergiversación de la Revolución que hizo la generación del ’80, y que los jóvenes puedan acercarse a la verdadera historia.
–La película toma un relato intimista del cruce de los Andes. En él se ve un hombre de carne y hueso, un ser muy enfermo, con temores y fobias.
–La película cuenta la historia del cruce desde los ojos del escriba de San Martín, Manuel de Corvalán, que fue quien tuvo un acceso directo e íntimo al general. Si uno se pone a imaginar lo que habrá sido la mente y el cuerpo de San Martín en aquel histórico momento, uno puede llegar a intuir que habrá tenido agudísimas paranoias, dado el contexto político de su época. Tampoco hay dudas respecto de sus malestares físicos tremendos, ya que padecía de úlcera gástrica, fístula anal, hemorragias, principios de asma... Evidentemente, San Martín era un fusible que estaba conteniendo en su físico una energía continental muy potente, y eso debilitó mucho su salud. Ese relato íntimo, concentrando la trama en el fuero más cercano, cuenta el San Martín que ningún manual de historia nos mostró.
–¿Esa decisión tuvo que ver con una mirada revisionista o con la mejor manera de maximizar un presupuesto importante, aunque escaso para una producción histórica de esta magnitud?
–La gran epopeya de la historia sudamericana fue, sin dudas, el cruce de los Andes. En Hollywood esta película hubiese costado, tal vez, 100 millones de dólares. Con esas facilidades de dinero uno puede plantear un guión con un despliegue más importante. Esta película costó poco más de 2 millones. El guión fue cambiando y se fue acomodando al presupuesto que íbamos teniendo. Para el poco tiempo de rodaje que tuvimos, el resultado fue milagroso. El presupuesto compra el tiempo. En Estados Unidos, por lo que significa histórica y artísticamente, esta película hubiera contemplado más de 15 semanas de rodaje, por lo menos.
El bronce, entreel pasado y el presente
Además de una epopeya compleja geográficamente, el cruce de la cordillera por parte de San Martín fue también un interesante ejercicio militar, que muestra la enorme capacidad de estratega que el líder poseía. En el film se muestra cómo San Martín planificó el cruce como si fuera una partida de ajedrez, a través de seis tropas divididas, con la idea de despistar a los realistas que lo esperaban del otro lado de los Andes. “Sembró pistas falsas para que los realistas no supieran efectivamente por dónde iban a cruzar la cordillera y sus enemigos, desconcertados, se movieron primero hacia el sur por donde iba Freire, luego hacia el norte por donde cruzaba Cabot. Recién una vez que reunió al grueso del ejército en Santa Rosa, San Martín decidió que la batalla definitiva se hiciera en Chacabuco”, cuenta De la Serna, convertido casi en un sanmartinólogo por la vasta biografía que leyó para la composición del personaje.
–La película lo muestra como un gran estratega militar, al punto de que en la planificación de la batalla de Chacabuco se lo muestra dirigiendo al ejército desde un monte.
–En Chacabuco demostró sus dotes de Gran General: fue ahí donde pasó a la historia. En el combate de San Lorenzo, él fue el primero en llegar y chocar con el enemigo, pero creo que con la idea de demostrar que él verdaderamente se estaba jugando por la independencia. No hay que olvidarse que un año antes de llegar a estas tierras San Martín estaba peleando en Europa a favor de los realistas. Tenía que demostrar que estaba luchando por su propia convicción. En el cruce de los Andes y en la batalla de Chacabuco, él fue el gran ajedrecista, el estratega, mientras que Soler y O’Higgins fueron al choque.
–El film también deja en claro que uno de los mayores obstáculos a los que tuvo que enfrentarse no fueron los realistas ni la cordillera, sino los traidores.
–Era una época en la que había muchísimo espionaje y los ejércitos eran reclutados a cada paso por todos aquellos que se quisieran sumar. La guerra de Zapa que ellos hicieron, después, en Perú, hizo que no les demandara disparo alguno al entrar a Lima. Había un trabajo de inteligencia muy fuerte que buscaba minimizar las conspiraciones internas. Los traidores fueron un tema a lo largo del cruce de los Andes, porque había seis columnas divididas en un rango de acción de mil kilómetros. La comunicación debía ser muy precisa.
–¿La falta de sentido patriótico de entonces minaba su búsqueda?
–Claro, pero la gran visión política de San Martín fue haber visto que lograr sentido identitario era posible. San Martín encontró en Cuyo un pueblo decidido y fue su alquimia la que le posibilitó tener tantos leales. Cuando llegó a la gobernación de Cuyo y pidió ese lugar para estratégicamente planificar el Plan Libertador, nadie se imaginaba lo que iba a hacer realmente. San Martín levantó al ejército del barro mismo, levantó allí escuelas, talleres, fábricas para hacer los cañones. Eso no lo hubiese hecho si no hubiera visto una región y un continente listo para forjar su identidad.
–Además, San Martín tuvo muy escaso apoyo político y económico de Buenos Aires.
–En ese momento, en Buenos Aires estaba su archienemigo Carlos de Alvear. Históricamente, Buenos Aires nunca fue muy propensa a la conformación de una identidad de Patria Grande, salvo contadas excepciones. La Patria Grande fue una visión de San Martín y Bolívar, que imaginaron que la Conformación de Estados Americanos podía ser viable. Claro, se adelantaron 200 años. Pero ellos generaron una alquimia en todos los pueblos sudamericanos, sembraron una semilla que se mantiene en el tiempo: la idea de una identidad latinoamericana diversa y grande, pero unida.
–¿Le pesó para la composición el temor a no poder atravesar el bronce que el prócer independentista conserva a través de los manuales escolares?
–No. Con el guión que teníamos, la idea del director, el proceso de revisionismo histórico que viene tomando impulso desde hace un tiempo y con la coyuntura latinoamericana actual, resulta imposible quedarse en el bronce. Lo que sí, el personaje tenía una dificultad extra, porque hay una coyuntura en la que hay que decir algo y el mensaje de San Martín se alinea con la actualidad latinoamericana.
–¿Considera que el contexto político, social y educativo actual beneficia que el mensaje penetre mejor en aquellos que vean la película?
–Creo que sí. La coyuntura es muy favorable, es afín al sueño de Patria Grande que tuvieron San Martín, Bolívar, Artigas y tantos otros. De alguna manera, esa idea tomó vigor desde hace algunos años. Si se compara la situación actual con la que se vivía hace 15 años, con Menem, Fujimori y Collor de Mello, creo que América latina toda está mucho más unida y fuerte. Y eso es lo mejor que puede pasarnos. Esa visión sigue viva.
–¿Cree que Unasur va a poder cerrar ese sueño libertador?
–Creo que se está cerrando bastante, que las naciones latinoamericanas están mucho más integradas y fuertes que antes. Hoy ya ningún país mira para otro lado acerca de lo que pasa en un Estado vecino. Los lazos de unión política entre los países latinoamericanos están muy visibles.
–¿Y qué rol piensa que juegan los medios de comunicación en ese proceso de integración regional?
–Los medios de comunicación juegan hoy un rol fundamental en la conformación de las políticas. Por eso comparto la idea de que el Estado debe intervenir en todos los lugares en donde haya alguna carencia, sea del tipo educativo, cultural, social, económico o sanitario. Si hay una dirección clara que es apoyada por la mayoría, me parece que está bien y que hay que profundizarla. No es un Estado estalinista, donde desde arriba se decreta cuál es el rumbo por una cuestión ideológica y de poder. El desarrollo de los medios públicos viene a suplir espacios que estaban vacantes por los privados. En el caso de San Martín, todas las voces fueron escuchadas y todos tuvimos libertad absoluta para trabajar. No había un enano bajando ningún tipo de línea sobre qué hacer y cómo hacerlo. Yo me formé en este país y tengo mi propia visión de la historia.
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CUANDO LA ARGENTINA INTENTO BOICOTEAR LOS JUEGOS DE HITLER



Este año se cumplen 75 años de los Juegos Olímpicos más controvertidos de la historia, los organizados por el régimen nazi en Berlín en el verano de 1936. Varias voces se alzaron en el país para impedir la concurrencia de una delegación deportiva nacional, pero los grandes medios de entonces no se hicieron eco de la campaña y apoyaron sin críticas la participación argentina. El retrato de aquellos esfuerzos a favor de la dignidad.

Por César R. Torres *




Este año se conmemora el septuagésimo quinto aniversario de los Juegos de la XI Olimpíada realizados en Berlín bajo el auspicio de la Alemania nazi. Estos Juegos Olímpicos, que tuvieron lugar desde el 1º al 16 de agosto de 1936, son, según el historiador estadounidense Allen Guttmann, los más controvertidos de la era moderna. La política racial nazi y el uso político de los Juegos generaron enconados debates entre sus contemporáneos, así como también esfuerzos por boicotearlos, incluso en Argentina.
Los Juegos Olímpicos de 1936 fueron otorgados por el Comité Olímpico Internacional (COI) a Berlín en mayo de 1931, poco menos de dos años antes de que Adolf Hitler asumiera como canciller de Alemania. Si bien el nazismo no favorecía la práctica deportiva sino el Turner, un sistema gimnástico tradicional, el potencial propagandístico del espectáculo olímpico hizo que Hitler alentara su organización. Tan pronto como se conoció la voluntad del régimen nazi para organizar los Juegos, comenzaron a alzarse voces que cuestionaban si su racismo manifiesto era compatible con el ideario olímpico. La crítica se centró no tanto en la aceptación de deportistas judíos en las delegaciones olímpicas extranjeras, sino en el derecho de los deportistas judíos alemanes a competir por una plaza en su propia delegación. A pedido del COI, Berlín presentó a mediados de 1933 un escrito que afirmaba el mencionado derecho.
La declaración no sosegó a los críticos, quienes remarcaban las informaciones que denunciaban la discriminación sufrida por los deportistas judíos en Alemania. Ya en noviembre de 1933, el Comité Olímpico Estadounidense (COE) había aprobado una resolución que amenazaba con un boicot si dichos deportistas no tenían la oportunidad de entrenarse y participar en los Juegos Olímpicos de 1936. En junio de 1934, el COE pospuso la decisión de participar en los Juegos. A mediados de 1935 el movimiento pro boicot era también visible en Canadá, Gran Bretaña, Francia, Suecia y España, entre otros países. Estas campañas incluían a dirigentes políticos y deportivos así como de distintos sectores de la sociedad civil.
En Argentina también se alentó la causa del boicot a los Juegos Olímpicos de 1936. Por un lado, tuvo impulsores en grupos de izquierda abiertamente opuestos al régimen nazi. Su trabajo parece haber alcanzado fuerza a medida que el llamado al boicot se intensificaba en América del Norte y Europa. En octubre de 1935, Alerta! manifestaba que “nuestros deportistas no deben ir a la ‘Olimpiada’ de Berlín”. En abril de 1936, En Guardia! enfatizaba en un extenso artículo que “ir a Berlín (...) es romper abiertamente con los principios que rigen todas las competiciones deportivas internacionales”. El mismo estaba ilustrado con el símbolo olímpico cruzado por la leyenda “Contra la Olimpíada hitlerista”. Ese mismo mes, Contra-Fascismo publicaba un resumen de las campañas en contra de los Juegos alrededor del mundo. También en abril de 1936, el escritor Alfredo Varela afirmaba en Unidad que en el país se había constituido un “Comité contra la Olimpíada” para popularizar el boicot. Además de distribuir folletos, el Comité habría contado con el apoyo de destacados deportistas, como el futbolista Ludovico Bidoglio y los ciclistas Martín Remigio y Cosme Saavedra, entre otros. Según Varela, la campaña del Comité “puede conducir fácilmente al repudio de las Olimpíadas por parte de nuestras instituciones deportivas”.
Por otro lado, grupos judíos argentinos también alentaron el boicot a los Juegos Olímpicos de 1936. En febrero de ese año, Acción Sionista sintetizaba detalladamente el movimiento pro boicot en los Estados Unidos. Dos meses más tarde, considerando si Argentina debía enviar una delegación a los Juegos, la misma publicación cuestionaba “si un país democrático como el nuestro puede enviar a la flor de la juventud a ver ese panorama de oprobio”.
A comienzos de 1936, S.H.A., una publicación de la Sociedad Hebraica Argentina, informaba que se había constituido un “Comité Juvenil contra la Participación Argentina en las Olimpíadas de Berlín”. Estos jóvenes argumentaban que la práctica deportiva “ha sido desvirtuada bajo la presión nazi” y que el deporte mundial “ha de resentirse profundamente en aquel ambiente de hostilidad para todo lo que no sea ‘ario’”.
Es indudable que en Argentina existió un movimiento para boicotear los Juegos Olímpicos de 1936. Sin embargo, los medios periodísticos dominantes no se hicieron eco del mismo, aunque informaban, esporádica y escuetamente, sobre las campañas estadounidense y europeas para boicotearlos. En general, estos medios apoyaron acríticamente tanto los Juegos como la participación nacional.
En febrero de 1936, un editorial en El Gráfico proclamaba: “Entendemos que la concurrencia de nuestros representantes ha de ser un hecho”. El único reproche a la dirigencia deportiva nacional era su lentitud en la conformación de la delegación olímpica. Al momento de la partida de los deportistas argentinos hacia Berlín, otro editorial en la misma revista decía que éstos “van hacia una calificada, excepcional asamblea del deporte”.
Siguiendo a su par internacional, la dirigencia olímpica argentina ignoró los argumentos de quienes se oponían a la participación en los Juegos Olímpicos de 1936. Es más, Próspero G. Alemandri, entonces presidente de la Confederación Argentina de Deportes-Comité Olímpico Argentino (Cadcoa), declaró antes de los Juegos que los mismos serían “la más grande manifestación del deporte que el mundo haya podido celebrar” y que “desde la primera autoridad hasta el más modesto ciudadano han sabido darle el interés para exteriorizar las relevantes manifestaciones de su ‘singular cultura’”.
La aprobación a Hitler tanto como a la “singular cultura” que promovía es innegable. Una cosa es sostener la defensa de la participación en los Juegos bajo el (cuestionable) argumento de que el deporte no debe mezclarse con la política y otra defender, aunque fuera oblicuamente, el proyecto nazi. Quizá por ello, Alerta! denunciaba en 1935 que “a instancias del representante nazi en la Argentina, Edmund von Therman, ciertos sectores deportivos se aprestan a ir a Berlín”.
Como se sabe, la mayoría de los intentos de boicot de los Juegos Olímpicos de 1936 fracasaron. No obstante, España los boicoteó. Además, algunos deportistas rehusaron formar parte de sus equipos olímpicos en desacuerdo con la política racial nazi. A diferencia de los Estados Unidos y varios países europeos, en Argentina ni la Cadcoa ni los medios periodísticos dominantes dieron cuenta del movimiento nacional pro boicot.
Si ha de guiarse por la “imparcialidad” de unos y otros, es posible creer que la aprobación para participar en los Juegos era monolítica. El silencio quizá haya sido otra “victoria” de la orquestada campaña propagandística nazi. A pesar del silencio, el movimiento pro boicot demuestra, irónicamente, que Argentina estaba en amplia sintonía con todos los sucesos de los países considerados más avanzados en materia deportiva. Argentina envió una delegación que, según Alberto León, un dirigente olímpico nacional, demostró “el adelanto del deporte (en el país) y el grado de cultura con que el mismo se practica”. Obviamente esta visión de la cultura deportiva argentina excluía las voces a favor del boicot a los Juegos.
* Doctor en filosofía e historia del deporte. Docente en la Universidad del estado de Nueva York (Brockport).
Notas
Para una introducción a la historia de los Juegos Olímpicos de 1936 véanse, entre otros, los siguientes textos: David Clay Large, Nazi Games: The Olympics of 1936 (2007); Arnd Kruger y W.J. Murray (comps.), The Nazi Olympics: Sport, Politics, and Appeasement in the 1930 (2003); Allen Guttman, The Olympics. A History of the Modern Games, 2da. ed., (2002); Richard D. Mandell, The Nazi Olympics (1971).
Alerta!, 28 de octubre de 1935, 1.En Guardia!, 15 de abril de 1936, 2.Contra-Fascismo, 25 de abril de 1936, 5.Unidad, abril de 1936, 14.Acción Sionista, 8 de febrero de 1936, 2-3.Acción Sionista, 8 de abril de 1936, 7.S.H.A., 10 de febrero de 1936, 7.El Gráfico, 10 de febrero de 1936, 9.El Gráfico, 6 de junio de 1936, 9.Acción Sionista, 8 de abril de 1936, 7.Alerta!, 28 de octubre de 1935, 1.
Confederación Argentina de Deportes-Comité Olímpico Argentino, La participación argentina en los Juegos de la XIa. Olimpíada, Berlín, 1936 (1936), 139.
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EL DERECHO A LA ALIMENTACION GOURMET



La nueva página web del Consejo de Derechos de los Niños. Proponía a los chicos desayunar “fresas en su cereal”, comer zanahorias bebé, reemplazar leche por queso cheddar, jugar al béisbol y asistir a los espectáculos más caros. Fue desactivada.

Por Andrés Osojnik




El organismo de la ciudad que se ocupa de velar por los derechos de niños, niñas y adolescentes y garantizar su cumplimiento cuando son vulnerados publicó en la web una página para difundirlos. Pero la vida del sitio fue efímera: no llegó a las 48 horas. Apenas se empezaron a difundir sus contenidos, en las redes sociales estalló una catarata de críticas, burlas e ironías. Y ayer quedó desactivado. El sitio se llamaba “Veo-veo” y se accedía a través de la página oficial del gobierno de Mauricio Macri. Allí se hablaba, entre otros, del derecho a la alimentación: la sección se denominaba “Veo-veo gourmet” e impulsaba una dieta saludable para los chicos. Entre otras recomendaciones, proponía desayunar con “fresas en su cereal”, incorporar “zanahorias bebé” en el almuerzo y agregar “dos ramitas de brócoli” a la cena. También aconsejaba reemplazar la leche, llegado el caso, con “una raja de queso cheddar”. A la hora de mantenerse activo, la página sostenía que “no a todos les gusta el béisbol o el fútbol”. Y sugería: “Tal vez te guste el karate o el kickball”.
A la página se accedía a través de la dirección www.buenosai res.gob.ar/veoveo. Fue presentada el miércoles pasado en la sede central del Banco Ciudad por la presidenta del Consejo de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de la ciudad de Buenos Aires, Beatriz Orlowski. Ante todo su equipo, más diputados y funcionarios PRO, Orlowski expuso allí su “Innovación en líneas de trabajo para 2011”. Según definió en la reunión, la página iba a ser la “perlita” de su gestión. Así la había calificado.
“Puedes tener un alimento favorito, pero lo mejor es comer variado –explicaba con uso del “tú” la sección gourmet de la página de los derechos de la infancia–. Si comes diferentes alimentos, es más probable que ingieras los nutrientes que tu cuerpo necesita. Prueba nuevos alimentos y vuelve a los que no comes desde hace tiempo. Algunos alimentos, como las verduras de hojas verdes, resultan más agradables a medida que creces. Aspira a comer cinco porciones de frutas y vegetales por día: dos frutas y tres vegetales. Aquí hay una combinación que podría resultarte:
- En el desayuno: ½ taza (113 gramos) de fresas en su cereal.
- Con el almuerzo: seis zanahorias bebé
- Un bocado: una manzana.




- Con la cena: ½ taza (113 gramos) o dos ramitas de bróculi (sic) y una taza de ensalada.”
Luego, un subtítulo recomendaba: “Bebe agua y leche a menudo”. Y explicaba, con derroche de errores ortográficos: “Cuando estás realmente sediento, nada sacia más la sed que el agua fría. Existe un motivo por el cual la cafetería de tu escuela ofrece cartones de leche. Los niños necesitan calcio para desarrollar huesos fuertes, y la leche es una fuente excelente de calcio. Cuanta leche necesitan los niños? Si tu eres menor de 9 anos toma 2 tazas de leche al dia o su equivalente. Si eres mayor de 9 trata de tomar 3 tazas al día. Para darte una idea, incluimos una lista de alimentos y bebidas:
- 2 tazas (aproximadamente medio litro) de leche sin grasa o leche de poca crema
- un raja de queso cheddar
- ½ taza (113 gramos) de yogurt”.




A las recomendaciones gourmet se sumaban otras. Por ejemplo, en el apartado sobre espectáculos, a los niños y niñas en situación de vulnerabilidad social se les proponía el musical La novicia rebelde, cuyas entradas llegan a los 250 pesos. También había consejos para la salud: a los adolescentes con acné les recomendaba cambiar la funda de la almohada todos los días.
Más allá de las fresas, el queso cheddar y el kickball, toda la presentación de los derechos de los chicos contenía errores groseros y estaba teñida por una mirada que se contrapone con las propuestas de la mayor parte de los especialistas en la materia.
El desatino fue divulgado en Twitter por la diputada Gabriela Cerruti: “El gobierno de la ciudad recomienda a los niños comer fresas y ‘una raja de queso cheddar’ y jugar beisbol y kickball. Juro que no es chiste”, twitteó. A los pocos minutos se desencadenó una serie de comentarios que iban de la indignación a las humoradas. Muchos de los comentarios reconocían que habían entrado en la página para cerciorarse de la veracidad de lo que se estaba difundiendo. Uno de los incrédulos fue más allá: descubrió que los textos eran en realidad un copy & paste del sitio web de una fundación sobre salud de Estados Unidos. Lo que se había copiado y subido a la página oficial del gobierno porteño –sin citar fuente alguna– era la (pésima) versión en español de esos contenidos.
Ayer el tema hasta se discutió en una asamblea del personal del Consejo de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, que repudió los contenidos de la página. También se denunció que el sitio fue elaborado por una consultora externa del Consejo y se reclamó saber cuál fue el monto pagado para esa tarea.
Página/12 pidió ayer una entrevista con Beatriz Orlowski. Su secretaria dijo que transmitiría la solicitud y que la funcionaria decidiría “qué quiere hacer”. El llamado nunca fue respondido. La perlita se había oxidado antes de brillar.
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PARA TOMAR CONCIENCIA SOBRE EL AUTISMO



El autismo requiere de tratamientos más intensivos que otras discapacidades, no contemplados en el nomenclador. Por eso el Inadi reclama una modificación legislativa. Destacan la importancia de la detección precoz.

Por Pedro Lipcovich




Por primera vez, la Argentina adherirá al Día Mundial de Concientización sobre el Autismo, y esto apunta a por lo menos dos aspectos fundamentales: uno –que destacan los especialistas– es saber que, cuando un bebé tiene 18 meses, se pueden detectar indicios de que podría padecer este trastorno; y esto a su vez permitirá aplicar un criterio esencial, que es el tratamiento precoz. Hay un testeo muy sencillo y barato, que fácilmente podría aplicarse en hospitales y guarderías a todos los chicos al cumplir el año y medio. El otro aspecto de la concientización –que destaca el Inadi– es la necesidad de perfeccionar la normativa que rige en el país, de modo que los tratamientos estén mejor cubiertos y que estos chicos puedan tener más posibilidades de ir a escuelas junto con los demás niños. En el atardecer de mañana, el Obelisco porteño se iluminará de azul –color internacionalmente elegido para distinguir la jornada– y el Inadi convoca a una movilización a partir de las 19.
El Día de Concientización sobre el Autismo fue dispuesto para cada 2 de abril por las Naciones Unidas a partir de 2007. Mañana, como en años anteriores, la torre Eiffel, el Empire State y otros puntos famosos se iluminarán de azul, como lo harán, esta vez, el Obelisco y distintos edificios públicos en la Argentina. Claudio Morgado, titular del Inadi, sostuvo que “hay que modificar la ley 24.901, de Discapacidad, para incluir los problemas de las personas con autismo (“trastorno generalizado del desarrollo, TGD) y sus familias: este problema requiere tratamientos más intensivos que otras discapacidades. Otro problema es la dificultad para su inclusión en escuelas comunes, en compañía de un maestro integrador especializado: esta socialización mejora mucho el pronóstico”.
Es esencial que el diagnóstico se haga lo antes posible. Daniel Valdez –director de la Diplomatura en Trastornos del Espectro Autista en Flacso y profesor de Psicología Educacional en la UBA– explicó que “a los 18 meses de edad, hay tres indicadores clave: su ausencia señala, no todavía el autismo, pero sí el riesgo de padecerlo. Uno es que el bebé pueda señalar objetos para mostrárselos a alguien. Otro indicador es la ‘mirada de referencia conjunta’: que pueda mirar un objeto y a una persona; mira la mamadera y mira a la madre, como diciéndole algo de la mamadera, en una especie de complicidad. El tercer indicador es el juego de ficción: que pueda jugar a que come un pedazo de torta o a que se lo ofrece a alguien, sin que haya realmente torta. Cuando los tres indicadores están ausentes, conviene consultar. Si bien hasta ahora el autismo no es curable, todos sus síntomas pueden mejorar mucho con un tratamiento, especialmente si hubo detección temprana”.
Para promover esa detección precoz en la sociedad, hay un test llamado Mchat, que consiste en una serie de preguntas a los padres, cuando el chico tiene 18 meses. Según destacó Morgado, “hacer este testeo obligatorio mejoraría mucho el pronóstico, por ejemplo en cuanto a la incorporación del lenguaje; hoy el 75 por ciento de los chicos con autismo no acceden al lenguaje hablado. El test no requiere más que papel y lápiz y lo podrían aplicar maestras jardineras o enfermeras, en las salitas de atención primaria”. Valdez comentó que “el testeo ya viene siendo implementado en algunas guarderías y hospitales del país”.
Familias con miembros que padecen este trastorno se han organizado en la entidad Padres de Hijos con Autismo (www.tgd-pa dres.com.ar). Su titular, Débora Feinmann, advirtió que “cuando se sancionó la ley 24.901, de Discapacidad, no se pensó en el autismo, y entonces la legislación desconoce las necesidades específicas de nuestros chicos; los tratamientos para TGD o autismo no están contemplados en el nomenclador nacional. No se toma en cuenta que estos tratamientos son muy intensivos y que suelen requerir la participación de distintas especialidades: psicología, fonoaudiología, psicopedagogía, psicomotricidad; por algo se lo llama ‘trastorno generalizado’”.
En cuanto a la educación, “como no hay ley que obligue a las escuelas, estatales o privadas, a integrar a los chicos, dependemos de unas pocas escuelas privadas que tienen esa voluntad integradora; pero no todos pueden pagar la cuota, y muchos chicos quedan por fuera de la escolarización”, agregó Feinmann. Los especialistas recomiendan la educación en escuela común, a condición de que sea asistida por las llamadas maestras integradoras: “Es importante entender que estas maestras no sólo actúan en el aula, sino especialmente en los recreos, haciendo de puente para que los pares convencionales puedan incorporar en sus juegos al chico con autismo”.
En la Cámara de Diputados hay proyectos para incluir el autismo en la Ley de Discapacidad, que perderían estado parlamentario si no se tratan en los próximos meses. Leonardo Gorbacz –autor del proyecto de ley de salud mental que se aprobó el año pasado y actual asesor de la Jefatura de Gabinete– destacó “la importancia de que la legislación mejore el acceso a la atención y a la educación para estas personas, sin por ello priorizar uno u otro de los distintos abordajes terapéuticos que existen”.