lunes, 2 de enero de 2012

EL MUNDO SEGUN BAUMAN


Con audacia y precisión, el sociólogo polaco analiza el vínculo entre desigualdad social y sufrimiento humano.
La posibilidad de convertirse en “víctima colateral” de cualquier emprendimiento humano, por noble que se declare su propósito, y de cualquier catástrofe “natural”, por muy ciega que sea a la división en clases, es hoy una de las dimensiones más drásticas e impactantes de la desigualdad social. Este fenómeno dice muchísimo sobre la posición relegada y descendente que ocupa la desigualdad social en la agenda política contemporánea. Y para quienes recuerdan el destino que corren los puentes cuya resistencia se mide por la fuerza promedio de sus pilas y estribos, también dice muchísimo más acerca de los problemas que nos reserva para el futuro compartido la ascendente desigualdad social entre las sociedades y en el interior de cada una.El vínculo entre la probabilidad aumentada de sufrir el destino de “baja colateral” y la posición degradada en la escala de la desigualdad resulta de una convergencia entre la “invisibilidad” endémica o artificiosa de las víctimas colaterales, por una parte, y la “invisibilidad” forzosa de los “forasteros infiltrados” –los pobres e indigentes–, por la otra. (…)Las bajas se tildan de “colaterales” en la medida en que se descartan porque su escasa importancia no justifica los costos que implicaría su protección, o bien de “inesperadas” porque los planificadores no las consideraron dignas de inclusión entre los objetivos del reconocimiento preliminar. (...)No obstante, estoy seguro de que el compuesto explosivo que forman la desigualdad social en aumento y el creciente sufrimiento humano relegado al estatus de “colateralidad” (puesto que la marginalidad, la externalidad y la cualidad descartable no se han introducido como parte legítima de la agenda política) tiene todas las calificaciones para ser el más desastroso entre los incontables problemas potenciales que la humanidad puede verse obligada a enfrentar, contener y resolver durante el siglo en curso. (…)En efecto, el Estado de bienestar (Estado social) difícilmente habría visto la luz si los propietarios de las fábricas no hubieran advertido alguna vez que cuidar el “ejército de reserva de trabajo” (mantener en buen estado a los reservistas por si se los requería otra vez en el servicio activo) era una buena inversión. La introducción del Estado social fue por cierto una cuestión “más allá de la izquierda y la derecha”; en estos tiempos, sin embargo, lo que está pasando a ser una cuestión “más allá de la izquierda y la derecha” es la limitación y el desmembramiento gradual de los recursos estatales para el bienestar. Si el Estado de bienestar hoy carece de fondos suficientes, si se está desmoronando o incluso se lo desmantela de forma activa, es porque la fuente de las ganancias capitalistas se ha desplazado o ha sido desplazada desde la explotación de la mano de obra fabril hacia la explotación de los consumidores. Y porque los pobres, desprovistos de los recursos necesarios para responder a las seducciones de los mercados de consumo, necesitan papel moneda y cuentas de crédito (servicios que no proporciona el “Estado de bienestar”) para ser útiles tal como el capital del consumo entiende la “utilidad”. (…)En el presente, sin embargo, nosotros (el “nosotros” de los países “desarrollados” por iniciativa propia, así como el “nosotros” de los países “en desarrollo” bajo la presión concertada de los mercados globales, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial) parecemos movernos en la dirección opuesta: las “totalidades”, las sociedades y las comunidades reales o imaginadas están cada vez más “ausentes”. El ámbito de la autonomía individual se halla en expansión, pero también carga con el peso de las funciones que alguna vez se consideraron responsabilidad del Estado y ahora fueron cedidas (“tercerizadas”) al interés individual. Los Estados respaldan la póliza colectiva de seguros con escaso entusiasmo y creciente renuencia, y dejan en manos de los individuos el logro y la conservación del bienestar.En consecuencia, no quedan muchos incentivos para concurrir al ágora, y mucho menos para comprometerse con sus tareas. Librados cada vez más a sus propios recursos y a su propia sagacidad, los individuos se ven obligados a idear soluciones individuales a problemas generados socialmente. (...)Si no se mitiga por vía de la intervención institucional, esta “individualización por decreto” vuelve inexorable la diferenciación y polarización entre las oportunidades individuales; más aún, hace de la polarización de perspectivas y oportunidades un proceso que se impulsa y se acelera a sí mismo. Los efectos de esta tendencia eran fáciles de predecir... y ahora pueden computarse.

MUNDO NUEVO


La crisis económica en los países desarrollados provocará cambios profundos como no ocurre desde la Segunda Guerra Mundial. El desafío de una batalla global que se libra en mercados financieros, foros multilaterales y redes sociales.
Por Lucas Cremades y Deborah Maniowicz.
El mundo ya no es el que era. Tampoco será el que es hoy. La crisis económica en los países desarrollados y la explosión de la “primavera árabe” son apenas algunas de las terminales de un proceso que eclosionó y cuyas consecuencias todavía se proyectan como imprevisibles. Los cambios climáticos producto del calentamiento global, el aumento de la brecha entre ricos y pobres, la creciente demanda de alimentos de países emergentes como China e India, la porosidad que evidencia el sistema capitalista, la inmensa cantidad de “indignados” en las calles de España, Grecia y Estados Unidos y los cambios en países como Egipto y Libia –con caídas de dictaduras incluidas–, son apenas algunos de los clivajes que hoy ponen en jaque el statu quo político, económico y social global, como no ocurre desde la Segunda Guerra Mundial.El planeta que ahora cuenta con siete mil millones de habitantes y que se prepara para tener dos mil millones de personas más en el 2043, deberá aumentar en un 70 por ciento la producción de alimentos. Frente a este panorama, los interrogantes sobre cómo alimentar a esa población sin destruir el medio ambiente, sin disminuir los rendimientos agrícolas o sin generar impactos negativos en la producción de alimentos, son uno de los desafíos que deberán ir resolviéndose de cara al futuro. En la actualidad, se producen alimentos para 12 mil millones de personas. Sin embargo, esa cantidad no es suficiente para contrarrestar a los 925 millones de hambrientos que hay en el mundo, o, lo que es lo mismo, alrededor del 15 por ciento de la población terrestre. Un dato incomprensible si, por caso, se tiene en cuenta lo que apunta el novelista Jonathan Safran Foer en su último trabajo, titulado Comer animales (Seix Barral), en el cual señala que el 63 por ciento de los norteamericanos tiene al menos una mascota por la que gastan 34 mil millones de dólares al año. O se presta atención a lo dicho por el sociólogo Zygmunt Bauman, en su libro Daños colaterales (FCE), donde señala que “Europa y Estados Unidos gastan 17 mil millones de dólares anuales en alimentos para mascotas, mientras que, según los expertos, se necesitan apenas 19 mil millones de dólares para salvar del hambre a la población mundial”.El Informe sobre Desarrollo Humano 2011, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), advirtió a los 177 países adherentes sobre la necesidad de revertir el deterioro medioambiental y las desigualdades sociales. La equidad, entendida como una justicia social que genera accesos para mejorar la calidad de vida, es una de las demandas más significativas a nivel planetario. Según Alfredo F. Calcagno, economista de la división de Globalización y Estrategias de Desarrollo de la UNCTAD, la crisis actual es una crisis de las economías desarrolladas. “Expresa el estrepitoso fracaso del capitalismo liderado por el sector financiero –apuntó a Veintitrés– que privilegió la especulación sobre la producción, y de una globalización financiera que se expandió más rápido que los mecanismos para regularla. Una característica de esta modalidad es la concentración del ingreso: hacia fines de los años ’70, el 1 por ciento más rico recibía 8 por ciento del ingreso en los Estados Unidos y 6 por ciento del ingreso en el Reino Unido. En treinta años, esa proporción creció al 18 por ciento en Estados Unidos y 16 por ciento en el Reino Unido. Gran parte de esos ingresos provienen de las finanzas. Mientras tanto, la mayoría de los asalariados vio estancarse o retroceder su poder de compra y para ampliar su consumo, muchas familias tuvieron que endeudarse más allá de su capacidad de repago. La insolvencia de esas familias es uno de los factores que llevó a la crisis en el 2008.”Pero lo que en un primer momento fue, para los analistas económicos, una crisis pasajera –o, al menos eso intentaron mostrar–, se convirtió para los europeos en algo que hoy identifican como “la Gran Regresión”. En marzo, la tasa de desempleo en los dieciséis países que integran la Eurozona fue del 10 por ciento, pero España, que enfrenta una de las peores crisis económicas de su historia, ocupó el podio con un 19,1 por ciento, lo que representó 4,5 millones menos de puestos de trabajo y un pico de 5 millones a octubre de 2011. Del otro lado del Atlántico, si bien en Estados Unidos la tasa de desempleo viene disminuyendo, el último mes alcanzó al 9 por ciento. La eliminación de puestos de trabajo conlleva, a su vez, la eliminación de derechos básicos tales como acceso a una vivienda digna, salud y educación.“En 1950 éramos 2.500 millones de habitantes en el mundo. De modo que al 2011 hubo un incremento poblacional de 4.500 millones de personas. Ese crecimiento es casi idéntico a la cantidad de pobres que hay en el mundo. El modelo genera pobreza y exclusión”, explicó Carlos March, responsable de Estrategia de la Fundación AVINA, para quien el problema de la crisis expresa la necesidad de cómo incluir y cómo abastecerse: “Si los 7 mil millones de personas consumieran lo mismo que un norteamericano promedio, se necesitarían los recursos de un planeta y medio para poder abastecer esa demanda. Esta crisis no es económica ni financiera: es una crisis por los recursos naturales”.Las proyecciones para el corto y mediano plazo indican que el planeta no podrá seguir ignorando los graves riesgos ambientales y las profundas desigualdades sociales. La ganadería industrial en Estados Unidos, señaló Safran Foer, “realiza una contribución al calentamiento global que es un 40 por ciento mayor que la de todo el sector del transporte junto, lo que la convierte en la responsable número uno del cambio climático”. Mientras que el subsidio europeo promedio por cada vaca “iguala a los dos dólares diarios con el que apenas subsisten miles de millones de pobres”, escribió Bauman en referencia al crecimiento incesante de la desigualdad. Lo cierto es que cada año se necesitan 105 mil millones de dólares para financiar las tareas de adaptación a un cambio climático que cada vez erosiona con más potencia.“Hace una década vivíamos en la era del unilateralismo, basta con pensar en Irak y Afganistán. Hoy soplan otros vientos, un nuevo multilateralismo”, apuntó David Smith, director del Centro de Información de Naciones Unidas para Argentina y Uruguay. “Lo que sucedió en el mundo árabe representa la marcha de la democracia –continuó el especialista–. No existen fronteras que un gobierno pueda usar para mantener su pueblo al margen. Las Naciones Unidas y los demás organismos internacionales deben enfatizar el desafío de un mundo lleno de problemas sin pasaportes, desde el cambio climático hasta el terrorismo. Algunos temas requieren un tratamiento regional. Otros, en cambio, requieren un consenso global.”Respecto de la posibilidad de estar ante un cambio de paradigmas que venga a instaurar un nuevo orden mundial, Germán Fermo, director de la Maestría en Finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella, señaló la preponderancia de un statu quo que no quiere dejar de ser tal. “El G3, definido como Japón, Estados Unidos y Europa, ha tenido en los últimos años una preponderancia internacional que quiere seguir defendiendo a rajatabla –aseguró Fermo–. Esos países vivieron demasiado bien y gastaron por encima de sus posibilidades durante varias décadas y ahora deben ajustarse rápidamente –algo que no van hacer– o ajustarse lentamente, nominalizando el problema y tratando de patear una parte a otros lugares del mundo, que es lo que están haciendo.” Por su parte, el analista internacional Khatchik DerGhougassian consideró que “seguimos en un orden unipolar por la absoluta asimetría que existe entre la capacidad bélica de Washington y el resto del mundo. La crisis está provocando la erosión de la unipolaridad y permite vislumbrar la formación de autonomías regionales, hasta una suerte de regionalización del equilibrio de poder en el sistema internacional. El mundo multipolar podría ser un deseo –equivocado si se lo piensa como mejor garante de la estabilidad internacional– o, en el mejor de los casos, un proyecto geoestratégico de potencias emergentes como China y Rusia”.Desde el segundo gobierno de Carlos Saúl Menem, en 1995, año tras año la cantidad de argentinos que viajó a España en búsqueda de nuevos horizontes fue en aumento. Pero la crisis de 2001 provocó un desvarío significativo en los registros: 250 mil residentes se subieron a un avión sin fecha de regreso. En ese entonces, en la Argentina había 12 millones de pobres, un 18,3 por ciento de desocupados y, sobre todas las cosas, descreimiento y desconfianza hacia los políticos y las instituciones. España ofrecía oportunidades de empleo y crecimiento, dos perspectivas tentadoras para los casi 50 mil argentinos que finalmente decidieron radicarse allí en medio del desconcierto local.Pero en los últimos años la situación se revirtió drásticamente. No sólo la Argentina mejoró sus índices durante la gestión kirchnerista –desendeudándose primero; recuperando el empleo, aumentando las jubilaciones, generando mayor inversión en educación, por nombrar algunos índices, después–, sino que según datos del Instituto Nacional de Estadística español (INE), casi seis mil amantes del asado y el dulce de leche decidieron emprender el camino de regreso por la difícil situación económica que atraviesa el país que fuera presidido por José Luis Rodríguez Zapatero y que, desde hace pocos días, eligió como presidente a Mariano Rajoy, entendiendo que en el gobierno conservador encontrará una salida mejor para todos.El giro hacia la derecha que experimentó España tuvo sus réplicas en varios países europeos –la comparación de Grecia con la Argentina de 2001 recorrió el mundo– donde el Estado benefactor dejó paso a ajustes impopulares –vacaciones limitadas, jornadas de trabajo extensas y jubilación tardía – para frenar la crisis. Para Calcagno, “es difícil distinguir las políticas de los partidos de derecha y de izquierda, al menos en Europa. Frente a la crisis, todos hacen más o menos lo mismo, por convencimiento o por presión de la ‘troika’ compuesta por el FMI, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea. Lo que se constata es que cuando las cosas van mal, pierden los oficialismos”.Para Alan Kahane, economista y analista internacional, autor de Poder y amor, “la gente está expresando su voz y su poder de representación y esto es favorable. Lo importante de las protestas es cómo podemos respetar esta voz y esta forma de expresarse para resolver los problemas complejos que no pueden ser resueltos mediante la violencia sino mediante el diálogo. Esta es una crisis básica, fundamental. Es una crisis de capitalismo no regulado. Es poder sin amor”.Al reverso de lo que se creía tres décadas atrás, las realidades sociales, políticas y económicas igualan y colocan a las próximas generaciones de cara a una batalla global que se libra en las calles, en los mercados financieros y en las redes sociales. Diez años atrás, cuando la crisis argentina explotaba en diciembre del 2001, una manifestación de “indignados” norteamericanos, reclamando en las puertas de Wall Street, era algo impensado. Pero el mundo está cambiando. Por aquel entonces el sur miraba con anhelo al norte. Hoy la realidad parece ser otra. Basta recordar las palabras que, en plena cumbre del G20, el presidente norteamericano Barack Obama le recomendó a su par francés Nicolas Sarkozy: “Debemos aprender del ejemplo argentino”.
_______________________________________________________________________________OpinionesKhatchik Der GhougassianProfesor de Relaciones Internacionales - Udesa
Las revueltas árabes fueron el mayor acontecimiento del año. O el menos esperado. Constituyen un antes y después para las sociedades árabes, pues pareciera que los regímenes entendieron de la imprescriptibilidad de las reformas hacia sistemas de mayor inclusión económica y política de la ciudadanía. Sin embargo, la razón geopolítica probablemente vaya imponiendo su lógica de redefinición del equilibrio de poder en la región y oprimiendo las voces de otros sectores entre seculares, liberales y progresistas.
Alan Clutterbuck Presidente del Movimiento Red de Acción Política
Hay una enorme insatisfacción con los sistemas de representación que obligan a repensarlos. La sociedad pretende resultados paliativos y no está contenta con los canales que tiene para participar de la política ni con las respuestas que dan las autoridades. La dirigencia va a tener que repensarse a sí misma y a sus instituciones. También las agendas van a tener que cambiar y abarcar demandas como el medio ambiente o las energías renovables. Está cambiando el paradigma; no está claro hacia dónde vamos.
Robert Russell Director de la Maestría en Estudios Internacionales - UTDT
Vivimos una época de transición con una parálisis fuerte de los organismos tradicionales. Es una década donde terminan de diluirse las expectativas de los ’90. Hay una parálisis de las Naciones Unidas y un estancamiento en las negociaciones económicas internacionales. En cambio, los organismos minilaterales –como la Unasur– cobran relevancia. En el corto plazo, tampoco debemos tener expectativas respecto de una mayor democracia: en todo el mundo se están quebrando estructuras de poder muy fuertes.
Federico Merke Analista internacional. Investigador del Conicet
En 2001, en la Argentina las cacerolas hicieron más ruido que los celulares porque las redes sociales recién estaban despegando. Hoy las formas de organizar la protesta se han vuelto más sofisticadas y creativas. Pero si la crisis genera la necesidad de coordinar la bronca y la indignación, lo que no genera es un coordinador. Para pelear por el poder no alcanza con Twitter y Facebook. Es necesario formar cuadros, partidos políticos o movimientos, tener un horizonte definido y una estrategia acordada entre actores sociales que decidan saltar a la política. Los voceros de los indignados aún están lejos de eso.
Mario Rapoport Economista
Esta es una crisis económica, financiera y hasta hay quien habla de una crisis de civilización. Los nuevos bárbaros serían aquí los propios pueblos, los “indignados”: jóvenes que no obtienen su primer trabajo, desocupados que viven de un precario seguro de desempleo y si no consiguen trabajo en un plazo de tiempo, no llegan a renovarlo, jubilados y asalariados que ven descender sus remuneraciones, gente desposeída de sus casas, sectores medios que ven achicar sus presupuestos de vida y de educación para sus hijos, pérdida de seguros de salud. Siguen predominando las visiones neoliberales y no se advierte una solución clara a la vista.

"SER MUJER ES UN CONCEPTO"


Elizabeth “Effy” Chorubczyk tiene 23 años y se dedica al arte performático. Sus diferencias con el travestismo y la lucha por la ley de igualdad de género.
Por Tali Goldman.
No hizo un reseteo ni un entierro. Mati –como la llamaban hasta hace tres años– siempre supo que era ella, Elizabeth “Effy” Chorubczyk. “Solamente cambié mi nombre y la percepción del mundo con respecto a mí. Pero yo soy la misma”, dispara “Effy”, una auténtica mujer transexual, como le gusta definirse. Provocadora, la joven de 23 años se dedica al arte performático siendo ella misma su propia obra de arte y llevando la causa del género como bandera ante el mundo. “Hago arte conceptual porque para mí ser mujer es un concepto”.–¿Cuándo comenzó la transformación?–La reasignación de género me tomo bastante tiempo. Desde chica percibo varias diferencias, pero a los 17 le conté a una persona que mi identidad era otra, que yo no era como me presentaba ante el mundo. Crecí con una representación social tanto del travesti como del transexual donde no hay forma de vida distinta a la prostitución o a la humillación. Ante eso preferí seguir conservando mi disfraz de hombre, pero no me fue muy bien. A mis 21 años tomé la decisión de comenzar con el proceso hormonal.–¿Por qué no se considera travesti?–Porque el travestismo construye su identidad en base a lo femenino, a la femineidad. Yo, al contrario, soy feminista y quiero romper justamente con el hecho de que ser mujer sea vestirse de rosa y ser una muñeca. No digo que las travestis buscan eso, pero hay una cuestión de que quieren derribar al género en general y algunas ni siquiera quieren que las llamen mujeres. Yo reivindico al género femenino.–¿Cómo empezó a interesarle el mundo de la performance?–Yo entré al IUNA porque quería estudiar pintura. Pero paradójicamente, mi primer día de clases fue cuando empecé con el tratamiento de hormonas. No lo planeé, pero en mis trabajos se empezó a palpar mi propia historia porque empecé a experimentar cosas con mi propio cuerpo, con la identidad, con el cómo me ven y cómo me veo yo misma. –En su blog (effymia.blogspot.com) se percibe que es muy provocadora, que juega permanentemente con el límite. Por ejemplo, en la marcha del orgullo gay estaba vestida y lo único que dejó expuesto a la vista fue su falo, mientras llevaba una tijera gigante...–En las marchas las chicas suelen mostrar el cuerpo con mucho orgullo mostrando su lado femenino y ocultando lo que las hace diferentes o lo que las hace menos femeninas. Yo, por el contrario, quería demostrar que no me da vergüenza una parte de mi cuerpo. Hay un tabú muy grande respecto del deseo de la mutilación. Quise romper un poco con eso.–¿El arte es su propio medio de comunicación con la sociedad?–Creo que el arte sirve para problematizar. Quizá cuando la gente ve lo que hago la primera reacción es de rechazo, pero después les gana la curiosidad, como todo, y profundizan en el asunto. No busco lo estético en el arte, sino la reflexión. –En una de sus performances, usted pedía que la dibujaran, ¿quería ver la mirada de los otros?–Yo el arte lo uso como espejo, vos te acercás a mi obra y no me vas a ver a mí, sino que te vas a ver a vos mismo. Lo que pasó de interesante con esa experiencia fue que de los 270 dibujos que obtuve sobre mí, en realidad ninguno tenía que ver conmigo, sino que eran el propio reflejo de los que me dibujaron. –En unas semanas se estará debatiendo en el Congreso la Ley de Identidad de Género. ¿Cree que es un avance?–Va a ser algo muy importante porque es un paso más hacia la igualdad.

DEL MITO CAMPESTRE AL NOMBRE DE CRISTIAN FERREYRA


Por Ricardo Foster.
La contraposición entre la vida rural y la vida urbana ha sido, desde tiempos remotos, un tema recurrente que ha obsesionado a narradores, poetas, filósofos, historiadores, teólogos y sociólogos. Ya la tradición bíblica vincula a los descendientes de Caín con la construcción de ciudades y, como complemento, con la herrería y los trabajos artesanales. Incluso la mezcla de animadversión y envidia que lo separa de Abel, el pastor, y que se volverá homicida, tiene relación directa con quien establece una relación más sedentaria dedicándose a la agricultura y a modificar la creación de Dios. En Caín se encuentran los rasgos enviciados de los habitantes de la ciudad junto con la pérdida de la inocencia y la virtud de las que era portador el pastor asesinado. Hay, desde el comienzo, algo siempre enrarecido y problemático que prevalece en quienes se arraciman en las ciudades, mientras que aquellos otros que eligen quedarse en medio de la naturaleza logran sustraerse a la corrupción de la vida urbana. Pese a que con el transcurrir de los siglos ha prevalecido la expansión casi ilimitada de la acción transformadora, multiplicada por el avance prodigioso de la ciencia y la técnica, que no han dejado nada sin tocar multiplicando las ciudades y sus miles de millones de habitantes hasta alcanzar y superar a quienes han permanecido en el ámbito rural, sigue persistiendo la nostalgia por esa pureza extraviada y por esa pátina de visión idílica que todavía acompaña, cuando del campo se trata y de la supuestamente sencilla vida campesina, a gran parte de los habitantes de esas ciudades hormigueantes y corrompidas.Un antiguo mito sigue vigente entre nosotros: frente a la ciudad enviciada y prostibularia se levanta la virtud del campo y de su gente. Desde la lejanía milenaria de Hesíodo, el primer poeta que le cantó a la vida campesina contraponiéndola con la incipiente sociedad urbana, la literatura y el habla cotidiana han transitado con fruición ese mito del origen que nos ofrece la imagen del bucolismo agrario, ese ámbito próximo a la naturaleza en el que las personas todavía cultivan no sólo la tierra sino los valores. Más cerca de nuestra actualidad, casi a la vuelta de la esquina, vimos con qué potencia renacía y se multiplicaba el imaginario de la pastoral campestre. Desde las usinas mediáticas se apeló, con expansiva fruición, a recordarnos que desde lo profundo de la pampa, allí donde crecen nuestras riquezas mitológicas, se rebelaban contra la impunidad y el saqueo de los gobernantes de la ciudad política, los hombres y las mujeres de tierra adentro, los portadores de la “reserva moral” de un país a la deriva capturado por las falsedades de un gobierno prisionero de la “maldad” urbana. Como los antiguos campesinos de la Hélade cantados por Hesíodo, nuestros dueños de la tierra se transformaron, por arte y gracia de los grandes medios de comunicación, en la garantía última de nuestra nacionalidad, en los portadores de una virtud que vendría finalmente a salvarnos de la amenaza populista que, como todos sabemos, se fue formando en los arrabales oscuros de ciudades envilecidas.“El campo” se convirtió en el santo y seña de la resistencia del “pueblo decente y trabajador”, de los famosos “productores”, ante el intento del gobierno nacional (que tiene su sede en la más babilónica de las ciudades: Buenos Aires, y una inclinación malsana hacia el demonio populista) de apropiarse del esfuerzo y el sudor de quienes, al igual que sus abuelos, sólo tienen para mostrar las manos encallecidas y la simplicidad de un lenguaje que nos recuerda que todavía existe, no muy lejos de nuestras ciudades mefistofélicas y contaminadas por la peste de la política, un mundo de gente simple y sencilla que no sabe de maldades ni de explotaciones ni de aquello de quedarse con la riqueza ajena ni ha olvidado lo que significa vivir en comunidad.Para los habitantes culposos de urbes contaminadas quedaba como única alternativa reivindicar ese imaginario cultural que muchos de ellos habían adquirido de tanto mirar, por televisión, La familia Ingalls, arquetipo de una vida siempre añorada en medio del ruido, los autos, los millones de transeúntes y el asfixiante cemento. De la noche a la mañana “el campo” volvió a asemejarse a nuestros libros de lectura escolares allí donde con preciosos dibujos extraídos de nuestras puras fantasías, la vaquita, el trigo y el maíz se transformaban en el núcleo de nuestras riquezas míticas, el punto de partida de todo lo que somos y comemos. Entre el idilio y la nostalgia por lo nunca vivido pero siempre añorado se abrió paso el relato que vino a ocultar la otra realidad del campo. Caín, como siempre y desde el comienzo de los tiempos, volvía, una y otra vez, a asesinar a su hermano Abel, el mítico pastor siempre presto para extender su mano hospitalaria y dadivosa en ofrendas al Señor. Por esas extrañas piruetas que suele hacer la historia en nuestro país, atravesado de lado a lado por el relato de un origen añorado como esencial, los culposos habitantes de las ciudades se sintieron convocados por el “llamado de la tierra” expresado por la mítica Mesa de Enlace capaz, utilizando los recursos de los nuevos narradores mediáticos, de ofrecerse como los representantes de esa pureza extraviada. Lo que desde siempre han ocultado es el otro rostro de Abel: el de los verdaderos oprimidos, el de quienes no tienen otro recurso para defenderse que sostener con voluntad inquebrantable el derecho a la resistencia.Ante el asesinato a mansalva de Cristian Ferreyra, un joven campesino santiagueño y miembro del Mocase, por parte de un sicario de los patrones sojeros que buscan expandir la frontera agrícola sin importarles nada de nada salvo sus propios intereses, se derrumba, como no podía ser de otro modo, el relato bucólico y falso de un mundo agrario erigido en espejo de comunidades amables e integradas en las que, sin embargo, la brutalidad, la expropiación de tierras, el saqueo y el engaño, la explotación y la violencia nos devuelven la realidad cotidiana de miles y miles de campesinos que sufren a esos mismos que durante el conflicto por la 125 fueron exaltados como “el campo”. Cristian Ferreyra fue asesinado por la codicia de quienes no dudan en expropiar y en expulsar mientras desmontan miles de hectáreas modificando irreversiblemente un paisaje en el que nada permanece como era y en el que la vida rural muestra ese rostro de la impunidad y la violencia que suele ser invisibilizado por los constructores del mito agrario en el que da lo mismo ser dueño de gigantescas extensiones de tierra que sudar de sol a sol para llevarle un poco de alimento y dignidad a los hijos (todavía recuerdo un artículo del inefable Joaquín Morales Sola en el que se refería a los miembros de la Sociedad Rural como “campesinos” sepultando, de este modo tan cínico, siglos de explotación y humillación de quienes por lo general fueron expropiados de sus tierras por aquellos a los que el escriba del diario conservador cobijaba en la vastedad de un sustantivo que nada tiene que ver con la fastuosidad de riquezas construidas con el sudor de los otros).Pero Cristian Ferreyra, su asesinato, nos recuerda lo no resuelto, lo que una y otra vez ha sido postergado en el país de las pampas fértiles, en el “granero del mundo”, y que no es otra cosa que la cuestión, antigua y actual, de la propiedad y de la distribución de la tierra. Lo que ese escopetazo criminal intentó callar es un grito milenario de dignidad y rebeldía, un grito que nace de gargantas que no aceptan la humillación ni la expulsión de sus legítimas tierras en nombre de un progreso construido sobre la explotación y el dolor. En un tiempo argentino en el que se recuperan, gracias a lo abierto con tozudez y voluntad transformadora en mayo de 2003, viejos derechos sociales y laborales y se inventan nuevos que responden a demandas actuales, en el que se afirma, con hechos y no con retórica hueca, una y otra vez que estamos abandonando el neoliberalismo avanzando hacia una distribución más equitativa de la renta, resulta intolerable que los desheredados de la historia, los que han padecido el saqueo de sus pertenencias y, en muchos casos, de sus memorias ancestrales, los que fueron obligados en sucesivas oleadas de “avance civilizatorio” a abandonar sus lugares de origen para ir a sumarse a los suburbios miserables de las grandes ciudades, los que, sin embargo, han permanecido tozudamente trabajando la tierra que han cultivado por generaciones, reciban la descarga de una violencia permanente que busca, ahora sí y definitivamente, expulsarlos para que “el oro verde” siga llenando las arcas de los explotadores de siempre, los viejos y los modernos, los que portan apellidos “ilustres” y los recién llegados al “negocio” de la soja que, sin los recursos económicos de los dueños de miles de hectáreas en la famosa “zona núcleo” de la pampa húmeda, buscan su propia quimera del oro echando de tierras pobres y yermas a quienes, con esfuerzo y tesón, siguen extrayendo lo mejor de esa geografía calcinada por la avidez de los eternos ricos de ayer y de hoy.Resulta insostenible la continuidad de las complicidades entre oscuros propietarios, capangas de otras épocas que se creen dueños de la vida y de la muerte, policías, jueces y políticos que siguen manteniendo, en provincias como Santiago del Estero, la lógica del vasallaje de los tiempos del virreinato. Un proyecto que se ha mostrado como reparador de vida social y de memoria histórica, que ha recuperado la lengua política como instrumento al servicio de causas populares, debe también avanzar, con coraje y decisión como lo ha hecho en otras esferas de nuestra sociedad sin importar a qué poder se cuestionaba, allí donde se perpetúan prácticas semifeudales. Aquellos que intentaron e intentarán doblegar la voluntad del gobierno nacional inyectándole su visión conservadora son los mismos que se ofrecen como aliados ejemplares. Como ha dicho un dirigente del Mocase, la avalancha de votos conseguidos en Santiago del Estero por el Frente para la Victoria no le pertenecen al gobernador sino a lo que Cristina, y la apuesta reparadora que su nombre suscita, viene significando para los sectores populares.El nombre de Cristian Ferreyra debe convertirse en el santo y seña de un nuevo tiempo argentino, un tiempo que viene desplegándose desde mayo de 2003 y que ha invertido la inercia de una historia inclinada siempre hacia la desigualdad, la explotación y la arbitrariedad de los poderosos y que exige, hoy, acá y entre nosotros que la justicia y la dignidad alcancen a los condenados de la tierra. Es tarea del gobierno impedir que la sed de riquezas siga devorándose la vida de los que menos tienen. Una tarea que incluye la búsqueda de equilibrios entre la lógica del desarrollo y del crecimiento económico con los derechos y las tradiciones de quienes desde siempre han habitado una parte sustancial del territorio nacional y que con su esfuerzo y su trabajo garantizan el cuidado de la tierra, la sustentabilidad medioambiental y la soberanía alimentaria.No se trata de oponer como irreconciliables a la ciudad y el campo, ni tampoco es cuestión de edificar utopías campestres que, alejadas de las inclinaciones mefistofélicas de los herederos de Caín, nos devolverían la vida verdadera extraviada entre los vicios de las megalópolis y los tentáculos asfixiantes de tecnologías endemoniadas. Se trata, por el contrario, de encontrar el delicado equilibrio entre un desarrollo necesario y sin el cual todo proyecto de nación se vuelve inviable, y el cuidado que le debemos a la naturaleza y a quienes con su inmenso esfuerzo se dedican a extraerle sus riquezas. Equilibrio entre lo prodigioso y fáustico de una época científico-técnica y una concepción de vida buena que incluya, en un mismo abrazo, a los seres humanos y a la propia tierra. No hay, no puede haber, proyecto democrático, popular e inclusivo que descuide a los más débiles, a aquellos que desde el fondo de los tiempos han sido las víctimas de quienes amparados en las exigencias sacrosantas del “progreso” no han hecho otra cosa que aumentar sus riquezas multiplicando las injusticias y las penas de los incontables Cristian Ferreyra.

domingo, 1 de enero de 2012

CIUDADANAS EN SITUACION DE CALLE


En un merendero parroquial que reúne a mujeres en situación de calle, la intervención de dos psicólogas contribuyó a pasar, de una situación caracterizada por la desunión y la mera demanda asistencialista, a la perspectiva de una red, en la que estas mujeres –escuchándose, compartiendo relatos, saberes y proyectos– empiezan a ejercer su ciudadanía.
Por Ruth Graciela Melnistzky *
Desde mediados del presente año venimos realizando –con la licenciada Virginia Cracco– una experiencia con mujeres en situación de calle en una parroquia del barrio de Congreso. Fuimos convocadas con la idea de participar quincenalmente en el horario en el que concurrían a tomar su merienda. Además de comida, se les proporciona ropa limpia e instalaciones para asearse. La atención de las mujeres, que asisten dos veces por semana, es coordinada por una persona laica y un grupo de voluntarias que las ayudan en la elección de distintas indumentarias y en los turnos para el aseo personal. El objetivo de la organizadora de este espacio “merendero” es convertirlo, en el futuro, en un refugio para mujeres sin techo. El encuentro quincenal que desarrollamos se inició en el marco de una ida y vuelta de mujeres que, instaladas en diferentes mesas, sin intercambio ni diálogo alguno entre ellas, esperaban ser llamadas para elegir ropa y bañarse. Su aspecto personal no es en general desaliñado, muchas de ellas se muestran coquetamente vestidas y distan del estereotipo previsto para las personas que se encuentran en situación de calle.Sus edades oscilan entre los 18 y los 65 años, aunque unas pocas son mayores. En su mayoría son argentinas, todas desocupadas y algunas tienen a su cargo hijos de corta edad. En ciertos casos reciben pequeños subsidios del Gobierno de la Ciudad o de la Nación.Muchas de ellas viven directamente en la calle, por ejemplo en la Plaza Congreso; otras, en las antesalas de las guardias de hospitales, donde informalmente se les permite pernoctar. No muchas residen en refugios del Gobierno de la Ciudad, en los que las condiciones están muy alejadas del mínimo grado de respeto por la necesidad del usuario –el horario de ingreso es muy restrictivo, tienen que cambiar de cama cada vez y la falta de espacio genera situaciones violentas–; otras viven en pensiones u hoteles precarios. Unas pocas viven con su familia.Casi todas, luego de haber tenido una vida de mujer común, han perdido paulatinamente y, por diferentes y múltiples circunstancias, su lazo social. En general tienen estructuras psíquicas lábiles, y diversas causas convergieron para que llegaran a esta situación: rupturas de vínculos amorosos donde el sustento económico de la pareja era el hombre, proveedor además de la vivienda; pérdida de trabajo a fines de los ’90, con imposibilidad de afrontar el costo del alquiler o la pensión; alejamiento del trabajo por retiros voluntarios; dificultad para reinsertarse laboralmente por carecer de domicilio comprobable; incapacidad para realizar trabajos en forma autónoma y quebrantamiento de vínculos familiares por consumo y comercialización de drogas. En muchos de estos casos prevalece un sufrimiento psíquico que excede cualquier clasificación de manual y que sólo puede comprenderse desde una mirada abarcadora, atravesada por una serie de determinantes que invitan a pensar cuál es nuestro lugar de intervención dentro del campo de la salud mental.Con Virginia Cracco nos planteamos abrir un espacio de intercambio entre ellas, en el que la palabra y la escucha comenzaran a circular de modo atento y diferente. Nos encontramos con el caos, el desorden y la demanda de respuestas asistenciales concretas a problemas vitales. Estaba presente, además, la mirada poco amigable de las voluntarias de la institución, quienes, desde un lugar muy diferenciado, no escatimaban comentarios y bullicio. Claro que esto no ayudaba a disminuir el caos, y dificultaba la posibilidad de escuchar, en el más literal sentido de la palabra.Nos afectaban sentimientos de confusión, agobio y exigencia; nos preguntábamos si, cuando las necesidades básicas no están garantizadas, hay espacio para la circulación de la palabra. Teníamos claro que nuestra intervención no se fundaba en dar una respuesta asistencialista a las demandas, que por lo demás no teníamos forma alguna de satisfacer. Las mujeres que se acercaban a nosotras lo hacían con la idea de obtener fórmulas rápidas, certeras, para satisfacer sus requerimientos. Estos en general se centraban en la necesidad de lograr certificados de discapacidad; conseguir medicación psiquiátrica cuando habían perdido el turno en el centro de salud; buscar la forma de evitar ir a dormir en los refugios; recibir constancias de domicilio estable para conseguir trabajo, en general de empleadas domésticas; lograr discernir si ese hombre que se había acercado a ella la quería en realidad o la tomaba como posible trabajadora sexual.Nuestra determinación de no desanimarnos frente a la imposibilidad de dar respuesta a la demanda fue el eje conductor de los encuentros. Decidimos insistir con el supuesto de que el armado de una red, por precaria que fuera, podía reinstalar la representación de lazo, y de que esto en sí mismo generaría efectos en la subjetividad desdibujada de esas mujeres.En las sucesivas reuniones persistimos en esta dirección. Cada vez, al comienzo, reiterábamos la pregunta: “¿Qué tienen ganas de charlar hoy?”. Al principio algunas se acercaban por curiosidad, permanecían sentadas en silencio o dormitando de a ratos. Otras escuchaban los pedidos y quejas de sus compañeras, mientras esperaban inquietas ser llamadas para asearse y elegir ropa. En una de las reuniones, casi por casualidad, una mujer visiblemente afectada de reuma, que dormía con su hijo en el hall de un hospital, comentó que participaba en unos talleres de teatro comunitario; eso le resultaba más divertido que tratar de conseguir subsidios. Entonces, otras participantes hablaron de actividades que venían haciendo en diferentes espacios gratuitos: hacían cursos de pastelería, de armado de juguetes de madera, de costura, de tejido.Empezar a compartir estos diferentes comentarios dio lugar a inquietudes y saberes diversos, incluido el uso de Internet como medio de búsqueda de información. Después de un tiempo, las voces comenzaron a diferenciarse, y una joven propuso hablar sobre lo ocurrido en la semana, como alternativa más atractiva que el reiterado pedido de datos y de formas de conseguir comida o ropa. Poco a poco, la demanda de respuesta concreta fue cediendo lugar a los relatos subjetivos de algunas de ellas. Describían, en general, cómo habían llegado a la situación de calle, algunas por abandono de sus lejanos lugares de origen y por falta de recursos para obtener un trabajo en Buenos Aires. Otras traían recuerdos familiares y relatos de momentos compartidos con sus hijos en la época de la crianza, estudios que habían quedado truncos en alguna provincia o país limítrofe, habilidades de vieja data, por ejemplo la costura, y otras aprendidas en nuevos cursos. En muchos casos se exaltaba la relación con algún familiar cercano, a modo de anclaje más normal en la cotidianidad.Así, el ruido generado por la urgencia individual fue dando paso al silencio. El murmullo constante, ante la espera ansiosa para elegir ropa y la pelea por el turno del aseo personal, permanecía latente, pero no impedía escuchar con alguna curiosidad el relato de la compañera casual de merendero, saber quién era esa otra.Una de ellas tenía un aspecto muy diferente al del resto: una especie de alto perfil oligárquico. Su historia de vida era desconocida, y ella hacía todo lo posible por diferenciarse y descalificar al resto, aunque terminaba esperando su turno de aseo con tanta desesperación como la más desaliñada. Otras participantes empezaron a contestarle: toda esa experiencia de vida, ¿por qué no la usaba para buscar trabajo? Otra era una anciana que, cuando murieron su marido y su hijo, abandonó su casa y dormía en las plazas. Las compañeras fueron acercándole opiniones y sugerencias: “Vos no tenés experiencia en calle, te van a pasar por arriba”. Sobre la base de sus propias experiencias de vida, le hacían recomendaciones centradas en el autocuidado, en los riesgos de transitar la calle si se carece de camino recorrido en ella. Rápidamente le aportaban información sobre lugares, ligados a espacios religiosos, que acogen gerontes para pernoctar. Finalmente dos compañeras quedaron encargadas de garantizarle un lugar donde dormir.Los relatos plasmaban la singularidad de cada una, su lugar como sujeto, su recorrido de vida; ninguna de ellas había nacido en la calle. Fueron apareciendo proyectos de vida, no como representaciones de ilusión, sino como posibilidades de abordar pequeños emprendimientos al recobrar viejos conocimientos; historias de trabajos familiares realizados por generaciones anteriores, u otros aprendidos en nuevos cursos, que les permitieran acceder al alquiler de una pensión, un espacio donde la cama y las sábanas fueran las mismas todos los días, donde poder colgar sus objetos, donde algo de su identidad estuviera plasmada. Dos integrantes del grupo relataron detalladamente la venta informal de almohadones que, como “manteras”, realizaban en alguna plaza de la ciudad; esta actividad les permitía algún ahorro para reinvertir en materiales.Este cambio de posición de las participantes modificó la distribución espacial durante las reuniones: las voluntarias fueron mezclándose en la rueda, se dejó un poco de lado la diferencia entre las unas y las otras, las que piden y las que, caritativamente, dan. La palabra comenzó a circular y la escucha se volvió fructífera.Nuestro rol es fundamentalmente el de coordinación. Favorecemos la circulación de las distintas voces; durante el encuentro hacemos pequeñas intervenciones, y al final de cada encuentro intervenimos haciendo una síntesis y destacando temas pendientes para próximos encuentros.Cerramos la actividad del año con el armado de una guía de recursos para cubrir necesidades básicas: alimentación, sitios donde dormir, médicos, remedios; y no tan básicas como peluquería, manicura y otras. Todos los datos para esta guía fueron suministrados por las participantes. Y, a modo de rompecabezas, esto fue dando respuesta, desde ellas mismas, a sus demandas del inicio. Sabían mucho más de lo que cada una suponía. El dicho de la compañera de mesa pasó a ser significativo a la hora de pensar en recursos: algo del lazo comenzó a gestarse, algo de lo perdido se fue recuperando.Gradualmente, las integrantes dejaron de ser objetos de asistencia para ser sujetos activos de participación. La queja y la necesidad dejaron de ocupar el centro de la escena y surgió el relato, como forma de plasmar las distintas historias individuales. Aparecieron anécdotas y recorridos de vida en los que se recuperan aspectos subjetivos enterrados o postergados.Para el próximo año, las organizadoras del merendero plantean hacer una feria donde puedan venderse las diferentes producciones confeccionadas por las asistentes. Probablemente nuestro lugar de intervención sea acompañarlas en este proceso, participando en la medida en que lo demanden.
Ciudadania en Red.
En esta intervención comunitaria –caracterizada por encuentros unitarios, en los que algunas participantes son estables– intentamos diseñar y desarrollar acciones centradas en un modelo participativo: sosteniendo que toda acción será más eficaz cuanto más se involucre a todos los actores que participan en el escenario que se va a abordar. De esta forma de accionar se desprende la posibilidad de comprender la especificidad del despliegue subjetivo. Podemos pensar entonces la subjetividad como singular y emergente de las tramas vinculares que la trascienden. El problema se complica cuando esos vínculos no se han podido formar o han devenido deficitarios o inexistentes, ya que los lugares donde la palabra podía ser escuchada, donde la singularidad del sujeto podía surgir, han ido desapareciendo o perdiendo sentido y han sido ocupados por la espera pasiva de la dádiva y la asistencia, que inevitablemente conlleva la desubjetivación y la anomia.Siguiendo a Silvia Bleichmar, pensamos que la producción de subjetividad hace al modo como las sociedades determinan las formas con las cuales se constituyen sujetos capaces de integrarse a sistemas que les otorgan un lugar. Por lo tanto está determinada por el entrecruzamiento de un conjunto de elementos que van a producir un sujeto histórico, potable socialmente. Es entonces el concepto de red el que da cuenta del intercambio dinámico entre las personas, como un medio de involucrar a sujetos con las mismas necesidades o problemáticas, que buscan formas de agruparse para potenciar sus recursos, rescatando experiencias y resignificándolas a partir de nuevas identificaciones e intercambios con los otros.De acuerdo con Hannah Arendt, podemos decir “que la ciudadanía es la existencia política y consiste en la presencia en el espacio público, o en el aparecer y hacerse visible a la luz pública mediante el uso de la palabra. El discurso público y la acción en conjunto de los ciudadanos dan origen a lo político. Entendemos lo público no como propiedad de instituciones u organizaciones formales, sino como una red de circulación de opiniones de amplio horizonte, que tienen como base el intercambio, la confrontación y la alianza, a veces momentánea.Pensamos que las diferentes formas de acercarnos e intervenir en una comunidad dependen fundamentalmente del lugar desde donde miramos los acontecimientos. Una mirada externa, importadora de rápidas recetas de acción preformadas y enlatadas, seguramente opera en forma inmediata y sin lugar a duda alguna, pero no perdura en el tiempo. Si la palabra de los sujetos que son objeto de nuestra atención no es escuchada, se pierde y se diluye. En cambio, en tanto nos corremos del lugar de la rápida acción normativa y hacemos circular la palabra como herramienta princeps de nuestro trabajo en salud mental, facilitamos la apropiación de conocimientos y la generación de recursos. Se pone en marcha, así, un sistema de retroalimentación creativa que reactiva las potencialidades y otorga sentido, de pleno derecho, a las necesidades del sujeto.
* Psicóloga. Docente universitaria. Directora de la revista Diagnosis.

UN HOMENAJE PARA LUCIANO


El intendente Fernando Espinoza presidió un acto en el que cerró el puesto de Lomas del Mirador donde Arruga fue visto por última vez. Participó la hermana del joven desaparecido. Crearán allí un Espacio para la memoria.
Por Adriana Meyer
Pudo haber sido una promesa más de campaña, pero se convirtió en realidad. Tal como había pedido la familia de Luciano Arruga, fue cerrado el destacamento policial de Lomas del Mirador, donde fue visto por última vez este joven que permanece desaparecido desde el 31 de enero de 2009. En un sencillo acto, el intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, anunció la creación del Espacio para la memoria social y cultural Luciano Arruga donde funcionaba una unidad de la Policía Bonaerense, nacido al calor del reclamo de mano dura de un sector de vecinos de esa localidad. Por su parte, la familia anunció que el 28 de enero abrirá allí un centro barrial para seguir dando apoyo escolar, asistencia legal y otras actividades vinculadas con los derechos humanos. “Para la causa de Luciano es un hecho político, si no quieren aceptar que desapareció al menos sospechen que algo ocurrió en este lugar porque si no no lo hubieran cerrado”, dijo su hermana, Vanesa Orieta. En rigor, el subdestacamento será trasladado al barrio Monte Dorrego.El intendente Espinoza había prometido cerrarlo cuando hubiera algún procesado en la causa judicial que investiga la desaparición del joven de 16 años. Le explicaron que había dos uniformados procesados por encubrimiento en una causa paralela abierta a partir de los testimonios del caso Arruga, y a fines de mayo el funcionario se comprometió públicamente a cumplir con lo que les había anticipado. Pasaron los meses y como las palabras no se transformaban en hechos, los familiares, amigos y organizaciones que vienen acompañando el reclamo de aparición con vida de Luciano hicieron un acampe frente al municipio de La Matanza, que contó con el apoyo del Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel e Hijos zona oeste. A partir de entonces se armó una mesa de diálogo que, finalmente, culminó con el acto de ayer.Poco antes del mediodía, el intendente Espinoza pidió perdón a la familia porque no se imaginaba que “podían seguir pasando cosas como ésta”. En tal sentido, apuntó que “había que tomar el camino contrario al que se había abordado” cuando decidió abrir el destacamento, luego de las demandas de los Vecinos Alerta por Lomas del Mirador (Valomi), un grupo que se movilizó por los resonantes casos del asesinato del florista de Susana Giménez y del entrenador de Guillermo Coppola. Los miembros de esa agrupación tenían una estrecha y familiar relación con los policías del destacamento. “Yo lo abrí y yo lo cierro”, dijo Espinoza, y se comprometió a enviar en forma personal el pedido al gobernador Daniel Scioli para que reciba a la familia de Arruga.“Hicieron la maldad de dejar todo sucio y roto, fue muy duro entrar, cuando llegamos al fondo me imaginé cosas...”, dice Orieta a Página/12 al referirse al chalet de la calle Indart 106 donde funcionaba el destacamento inaugurado en 2008, y donde algunos miembros de Valomi supieron compartir asados con los policías sospechados. Según los abogados querellantes, hay pruebas de que Arruga estuvo detenido allí en forma irregular antes de su desaparición. Además, la última persona que lo vio, tendido en el piso luego de una feroz golpiza, es un preso que estaba alojado en esas celdas. La hipótesis que manejan es que el joven se negó a ser reclutado por los uniformados, que lo habían instado a delinquir en su beneficio, y “se les fue la mano” en el escarmiento.“Sin la decisión política del gobernador este traslado no se hubiera podido realizar, yo se lo pedí y accedió, y esto nos permite cambiar un lugar de violencia por uno de vida”, dijo Espinoza. Para la hermana de Arruga, “si Luciano desapareció es porque no hubo control, porque no evaluaron antes de abrir otra base policial si el pedido de un grupo de vecinos podía generar los padecimientos de otro sector”, y adjudicó el cierre del destacamento a los amigos, familiares y organizaciones “que estuvieron desde un primero momento”. A ellos también agradeció la lucha para evitar que el caso “siga invisibilizado”. Sobre el destino que le darán al nuevo centro barrial, Orieta dijo que “no será un lugar de recreo, la realidad es la misma, otras mamás lloran a chicos muertos por la policía, no puedo conformarme con el cierre si a mi vecino le sigue pasando lo mismo”. En ese sentido explicó que “nuestra forma de construcción es denunciar cómo se comportaron los sectores políticos y judiciales, que nos dieron la espalda, nos discriminaron”. Sin embargo, admitió que la iniciativa significa “una caricia al corazón”.En el acto –del que también participaron el secretario de Derechos Humanos del municipio, Miguel Rocha, y el concejal Miguel Bampini–, Pablo Pimentel (APDH La Matanza) coincidió en que el cierre del destacamento es un “importante hecho político” y destacó que había que “volcarlo a la causa para profundizar la investigación”. El expediente aún está caratulado como “averiguación de paradero” y los ocho policías sospechados figuran como testigos.

ESE TRIPLE CRIMEN DE UN DICIEMBRE ENLOQUECIDO


El 29 de diciembre de 2001, Juan de Dios Velaztiqui la emprendió a los tiros contra tres jóvenes que se burlaban frente a la imagen en TV de un policía agredido. El hombre sigue preso en Marcos Paz.
Por Carlos Rodríguez
Con una marcha convocada en el lugar del hecho, con la actuación de murgas y un recital de rock, fueron recordados Maximiliano Tasca, Cristian Gómez y Adrián Matassa, a diez años de su asesinato, que fue un coletazo de la tensión social desatada a partir del 19 y 20 de diciembre de 2001 y de la violenta represión policial. Por el triple crimen, ocurrido el 29 de ese mes en un maxiquiosco del barrio porteño de Floresta, fue condenado a “prisión perpetua por homicidio calificado por alevosía” el suboficial retirado de la Policía Federal Juan de Dios Velaztiqui, quien ya cumplió 71 años y sigue preso en la cárcel de Marcos Paz. “A mi hijo lo quiero recordar como un ser libre y también quiero agradecer el acompañamiento de tanta gente con la que seguimos luchando para que no haya impunidad en otros casos que ocurrieron en el país”, le dijo a Página/12 Elvira Torres, la mamá de Cristian. “Este es el primer diciembre en el que no estoy triste, porque siento que mi hijo me está pidiendo que siga adelante y con alegría”, confesó Silvia Yrigaray, la madre de Maximiliano.“La idea de toda esta movida que estamos armando en el barrio es recordarlos con música, alegres como ellos eran. Por eso van a tocar los chicos de La Gaucha, que es la banda de rock seguidora de Los Redonditos de Ricota que se formó en el colegio secundario y en la que Cristian tocaba el bajo”, informa Elvira. La mamá de Cristian señala que “el vacío de la ausencia es bien grande y cada vez lo siento más, apenas me levanto de la cama. Es el dolor de no poder tocarlo”. Tanto ella como Silvia se han unido desde hace años a la Asociación Madres del Dolor y desde ese lugar “en el día a día tenemos contacto con otros familiares que han perdido a sus hijos. Con ellos hablamos el mismo idioma desde el mismo dolor, pero nos acompañamos y desde nuestro lugar, dado que tuvimos justicia y no hubo impunidad porque logramos una condena ejemplificadora, luchamos para que otros puedan tener el aliciente de que se castigue a los culpables de lo ocurrido”.Elvira sonríe cuando recuerda a su hijo rockero, un bajista zurdo, como Paul McCartney. “Cristian no me dejaba que fuera a ver a la banda, pero ahora los chicos de La Gaucha me invitan. El 17 de diciembre dieron un recital en la biblioteca Manuel Belgrano y fue maravilloso verlos porque yo conservo el bajo de Cristian, que había sido modificado para que él pudiera tocarlo con la izquierda.” Elvira también habla sobre la situación del policía Velaztiqui. “Nosotros nunca actuamos con ansia de venganza, siempre creímos en la Justicia y nos dieron la razón. Velaztiqui todavía sigue preso y eso es lo que nosotros queremos, que cumpla la condena en prisión. El ya cumplió los 70 años en la cárcel y sus abogados pidieron que, por su edad, sea beneficiado con el arresto domiciliario. Ya hicieron dos presentaciones que fueron rechazadas porque la Justicia entiende que sigue siendo la misma persona agresiva que fue siempre.”Silvia Yrigaray le confesó a este diario que éste es el “primer diciembre”, desde el asesinato de su hijo, que no se siente triste. “Te juro que dentro mío hubo una voz que es muda, que sólo yo la interpreto y que es la de Maxi. El me está pidiendo que siga adelante y que siga con alegría. Por eso este diciembre no es triste, por eso en la recordación de los chicos tiene que haber música. Los preparativos de la recordación han sido maravillosos por la participación que han tenido los jóvenes” del barrio de Floresta. “Por eso vamos a tener murgas como Los Pecosos, como Mala Yunta, que han colaborado con nosotras con amor y sacrificio.”La mamá de Maxi Tasca afirma que la decisión de recordarlos “con alegría” se fortaleció el domingo 18 de diciembre, cuando fue invitada a hablar en un acto que se hizo en el teatro Colegiales y del que participaron 1500 jóvenes, para despedir a una banda de rock, Salta la Banca. “En ese grupo hay un muchacho que es sobreviviente de Cromañón. Son chicos muy espirituales, muy amorosos y ellos me pidieron que fuera a hablar de lo que había pasado con los chicos en aquel diciembre.” Dice Silvia que a ella le pareció, al principio, que era “un bajón” para los pibes, un recuerdo muy doloroso. Sin embargo, le pidieron “que me tomara todo el tiempo para hablar de nuestro caso porque es necesario mantener viva la memoria y mantenerla así, de esa manera, rodeados de jóvenes, de música y de alegría, que es como le gustaría a Maxi”.De los actos también participarán los familiares de Adrián Matassa. Su mamá, Angélica van Eek, su papá Enrique y sus hermanos. “Todos vamos a estar y por eso hicimos 6200 afiches para repartir en el barrio y en distintas zonas. No hay olvido. Hace poco hubo un homenaje a los chicos en la cancha de All Boys y la adhesión fue muy fuerte. Los homenajes son importantes y nosotros tenemos que trabajar para que esto no se olvide.”