miércoles, 8 de febrero de 2012

MAS REPRESORES CONDENADOS


En 2011 hubo 84 sentencias por delitos de lesa humanidad. Desde el regreso democrático se condenó a 270 personas, una cifra récord. El proceso de justicia se consolida en el país.
Por Raul Arcomano.
En un ex centro clandestino de detención y en un antiguo pozo de agua de tres metros de diámetro y unos cuarenta de profundidad, en Tucumán, hay restos de desaparecidos que esperan ser identificados. Uno de ellos ya fue reconocido por el paciente y complejo trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense. Se trata de Guillermo Vargas Aignasse. Un senador que había sido secuestrado por orden del dictador Antonio Domingo Bussi la misma noche del golpe del 24 de marzo de 1976. Trece días después fue desaparecido. Los muertos demandan a los vivos. Y los vivos demandan justicia. No importa si pasó un día, un mes, un año o 35 años. Los vivos demandan justicia, y cerrar una historia familiar. Llama la atención entonces que todavía sigan alzándose voces que plantean –con mayor o menor énfasis– que los crímenes del terrorismo de Estado son cosa del pasado. Que hay que dar vuelta una página de la historia. No es posible. No mientras, por ejemplo, siga habiendo desaparecidos y jóvenes apropiados. Estos crímenes no son cosa del pasado. Son materia del presente. De hoy, de mañana. Porque pertenecen a la clase de delitos llamados “continuos” o “permanentes”. Son los que se siguen cometiendo en el tiempo: los desaparecidos siguen sin aparecer y unos 400 chicos apropiados siguen sin saber su verdadera identidad.El cronista destaca este punto en materia de derechos humanos de este año que expirará mañana. Es basal para entender la política de memoria, verdad y justicia. Hay víctimas, hay delitos, hay acusados y hay un Estado y un Poder Judicial haciendo su trabajo: impartir justicia. Esa política se estructura en las decenas de juicios por violaciones a los derechos humanos cometidas durante el terrorismo de Estado que se desarrollan a lo largo del país. Con dificultades y desafíos por delante. Por ejemplo, cómo acelerarlos, cómo maximizar el rendimiento de las pruebas y cómo evitar la sobreexposición de los testigos. Pese a estas fallas, perfectibles, se nota una consolidación del proceso de juzgamiento. Que se verifica con los datos del informe anual de la Unidad Fiscal de Coordinación y Seguimiento de las causas por violaciones a los derechos humanos de la Procuración General de la Nación. Es el área que dirige el fiscal general Jorge Eduardo Auat.¿Qué señala el informe? Que los condenados e imputados en delitos de lesa humanidad son récord: 843 procesados y 270 condenados, si se suman las recientes condenas por los crímenes en el hospital Posadas. Es la mayor cantidad que se registra desde la recuperación democrática. El año que termina hoy dejó un saldo positivo: concluyeron veintiún juicios en que se juzgó a 92 personas. Ocho fueron absueltas y 84 condenadas, 68 por primera vez. Empezaron juicios en jurisdicciones esquivas, como Bahía Blanca o Mar del Plata. Otro cambio paradigmático es sobre el lugar de detención. Este año no se registraron casos de detenciones en unidades militares. El 50 por ciento de las 593 personas detenidas está alojado en unidades penitenciarias. El 43 por ciento tiene detención domiciliaria. El resto se reparte entre sedes de las fuerzas de seguridad y hospitales.Desde que se iniciaron los juicios por crímenes cometidos durante el terrorismo de Estado, en 1983, hasta el presente, se juzgó a 296 personas, con juicios concluidos. 270 fueron condenadas y el resto resultó absuelto. Hasta 2008 se había condenado a 68 personas. Al finalizar el año 2009, ese número aumentó a 98. Durante 2010, la cantidad de personas condenadas era de 199 y 2011 cierra con 270 condenados. Se registra un total de 843 personas procesadas. De esa cifra, 449 ya cuentan con una o más causas elevadas a juicio y otras 141 tienen alguna causa en la que la fiscalía solicitó la elevación a juicio. Así, cerca del 70 por ciento ya tiene alguna causa en etapa de juicio. Ex militares, policías y civiles son juzgados por la Justicia por delitos en perjuicio de más de 800 víctimas. Procesos orales y públicos, con defensores y garantías del debido proceso. Se encuentran en curso doce juicios donde se juzga a 118 acusados. Y tienen fecha programada otros ocho juicios para 2012.Los acusados sometidos a juicio oral suman 193: 84 represores condenados, 8 absueltos y 101 que continúan en el banquillo. Ya se dijo desde estas páginas: desde que se anularon las leyes del perdón, los juzgamientos a represores se desarrollan sin pausa. Pero tomaron verdadero impulso en los últimos dos años. Lo explica el informe de la unidad fiscal, que plantea una queja: “Si bien el número de condenados ha venido incrementándose en los últimos años (en particular durante 2010), de los condenados, sólo 43 cuentan con condena firme. De ese total, solamente tres imputados recibieron la confirmación de la sentencia condenatoria durante 2011”. El documento plantea, en ese sentido, una preocupación por las “demoras que se registran en el ámbito de la Cámara Nacional de Casación Penal para la revisión de las sentencias de los tribunales orales.” Durante 2011 ese máximo tribunal penal revisó seis sentencias en relación con trece imputados.Quedan cosas pendientes, claro. Seguir poniendo el foco en los resabios procesistas de la Justicia. La destitución de los ex camaristas mendocinos Luis Miret y Otilio Romano va en ese sentido. Seguir profundizando el seguimiento de los casos de violencia sexual ocurridos durante la dictadura. Para que no sean tomados por los jueces como “tormentos”, sino como delitos de lesa humanidad. La unidad fiscal se plantea, además, dos desafíos atinados. Uno: mejorar el abordaje de las causas por la apropiación de bebés, para lo cual creó un grupo de trabajo a atender esa problemática. Dos: meterse en los archivos militares para recolectar pruebas de los distintos procedimientos represivos. El camino está marcado. Hay tiempo. Y hay voluntad política para avanzar.

LA ARGENTINA Y LA NUEVA GUERRA FRIA


Nuestro país y sus socios regionales asisten desde un lugar privilegiado al quiebre del viejo orden global. Los desafíos y las amenazas que encierra el futuro para los intereses de América latina.
Por Waltera Goobar
La narcisista Argentina que durante décadas se miró a sí misma en el espejo de Europa y Estados Unidos, hoy contempla al Viejo Continente y al vecino del Norte como un reflejo fantasmagórico de su propio pasado reciente: los que en 2011 comen de los tachos de basura no son argentinos, sino londinenses, madrileños y atenienses al tiempo que los corazones de millones de sus compatriotas laten al frenético ritmo del riesgo país. Sin embargo, hubiera sido más justo llamar “indignados” a los piqueteros y caceroleros que en 2001 poblaban las calles argentinas que reservar aquél nombre para sus descremados y descafeinados herederos europeos y norteamericanos que aparecieron una década más tarde.La Argentina asiste hoy desde un lugar privilegiado al grotesco espectáculo de una crisis económica mundial, que lejos de aminorar durante 2011, se incrementó en casi todas las naciones capitalistas desarrolladas, lo que ha desencadenado una depresión mayor a la ocurrida en la década de 1930 del siglo pasado. Y es que los efectos de la crisis económica, financiera e inmobiliaria que comenzó en Estados Unidos a partir de 2008, se propagó con fuerza estremecedora en diferentes regiones del planeta y hasta el momento no se ven indicios de mejoría.Estados Unidos no sale del abismo financiero, mientras que el estancamiento de la economía de la Unión Europea es tan generalizado que sólo tendrá un crecimiento en 2011 de 0,3%, con enormes endeudamientos fiscales. Todos se preparan para un período prolongado de estancamiento en toda la Unión, con mayores dificultades para los 16 integrados en la Zona Euro.La economía de América latina, con altas y bajas, ha ido escapando de la profunda crisis económica que después de tres años continúa afectando a Estados Unidos, la Unión Europea y Japón. Más aún, 2011 estuvo signado por el concepto de la integración. Fue el año de la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y el reforzamiento de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), de la Unión de Naciones de América del Sur (Unasur), y de los Bancos del Sur y del Alba.El surgimiento de todos esos organismos regionales sin la presencia de Estados Unidos ni las presiones del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha demostrado la capacidad de los pueblos del hemisferio sur de dirigir y determinar sus propios intereses y necesidades y que los tiempos de hegemonía unipolar en el área están cambiando.China ha sido un factor fundamental para moligerar los efectos de la crisis internacional al impulsar sus relaciones mercantiles y de inversiones en América latina lo cual ayudó a esta región a paliar los efectos de la crisis.Según Michael T. Klare, profesor de estudios sobre paz y seguridad mundial en Hampshire College, el anuncio estadounidense de ‘un Siglo del Pacífico’ implica una nueva Guerra Fría contra China que previsiblemente tendrá consecuencias políticas, económicas y militares en América latina y –por tanto– impactará también en Argentina.Klare sostiene que el nuevo centro de gravedad de la política estadounidense supone el abandono de Medio Oriente, que durante medio siglo fue su prioridad, para focalizarse en China a quien considera su principal adversaria. La lectura del Pentágono sostiene que el talón de Aquiles de la economía china son las importaciones de petróleo que llega al país necesariamente por el Mar del Sur de China, donde Obama prevé su mayor despliegue militar.El viraje estratégico de Estados Unidos puede llevar al mundo a una situación “extremadamente peligrosa”, señala Klare. En su opinión, compartida por otros analistas, estamos ingresando en una nueva guerra fría que no excluye “el dominio y la provocación militar” con fuerte énfasis en el control de los hidrocarburos del planeta. Si el objetivo de Estados Unidos frente a China consiste en “poner de rodillas a su economía, mediante el bloqueo de sus vías de suministro de energía”, esa política –que no es nueva– es de hecho un anuncio para el resto del mundo. En ese contexto, el periodista uruguayo Raúl Zibechi puntualiza que las exportaciones de Venezuela a China están en el punto de mira de Washington. Las inversiones chinas en ese país acumulan 40 mil millones de dólares desde 2007. Pdvsa exporta 430 mil barriles diarios de petróleo a China pero las estatales chinas Cnpc y Sinople planean multiplicar por diez su bombeo de crudo en Venezuela hasta llegar a 1,1 millones de barriles diarios en 2014.El viraje de Obama cuando insiste en que “Estados Unidos es un país del Pacífico”, no sólo implica tejer alianzas en Asida sino también en América latina. Zibechi señala que un segundo paso en la confrontación regional de Estados Unidos con China consiste en un ambicioso acuerdo de libre comercio entre varios peses del Pacífico denominado Acuerdo de Asociación Trans-pacífico, TOP. Hasta ahora se trata de nueve peses: Australiana, Bruneis, Chile, Estados Unidos, Malasia, Nueva Zelandia, Perú, Singar y Vietnam. Además de fracturar América latina, Washington pretende excluir a China y romper la Asean, la Asociación de Naciones del Sureste Asiático, donde ese país tiene un papel hegemónico.Por ese motivo, en Brasil crece la convicción de que debe enfrentar nuevas amenazas y que ellas provienen de los peses centrales, en particular de los Estados Unidos. Hace diez días, el general de brigada Luiz Eduardo Rocha Paiva, miembro del Centro de Estudios Estratégicos del Ejército, analizó en las páginas de O Estado de Sao Paulo el reciente viraje estadounidense advirtiendo que la “pérdida de espacios” de la superpotencia y sus aliados repercute directamente sobre la región suramericana y Brasil. El general Rocha Paivavaticina: “Los conflictos llegaron a nuestro entorno. El fracaso o éxito limitado de Estados Unidos y sus aliados en áreas distantes resultarán en presiones para imponer condiciones que aseguren el acceso privilegiado a las riquezas de América del Sur y del Atlántico Sur”. Rocha Paiva destaca la creciente influencia de China en la región, la presencia de Rusia e Irán en país como Venezuela y concluye: “Los Estados Unidos reaccionarán a la penetración de rivales en su área de influencia y eso afectará el liderazgo de Brasil en el proceso de integración regional y en la defensa de su patrimonio y su soberanía”. Por eso, apuesta a reforzar el poder militar defensivo ante la nueva realidad.

lunes, 6 de febrero de 2012

LAS CINCO CAUSAS DE ARREPENTIMIENTO MAS COMUNES ANTES DE MORIR


Si la vida nos diera otra oportunidad... Una experta en enfermos terminales recopiló experiencias en un libro. El lamento más repetido es no haber hecho lo que se quería. También se busca cerrar heridas.
Es uno de esos momentos trascendentes, que no permiten volver. Alguien advierte que la muerte no sólo es inexorable, sino que además está cerca. Muy cerca.¿Qué nos pasa por la cabeza en esos momentos finales? ¿De qué cosas nos arrepentimos antes de morir? La australiana Bronnie Ware, experta en cuidados paliativos y enfermos terminales, reunió en un libro una serie de “confesiones honestas y francas de personas en sus lechos de muerte” . Y advirtió que es muy común que los enfermos se lamenten por cosas que no pudieron (o no supieron, o no los dejaron) hacer.“El principal arrepentimiento de mucha gente es ‘ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los otros esperaban que hiciera”, sostiene Ware, autora del libro The Top Five Regrets of the Dying ( Los cinco arrepentimientos de los moribundos ). Se trata de un recuento de memorias de la autora y sus experiencias durante años de trabajo en cuidados paliativos. “Compartí momentos increíblemente especiales , porque pasé con ellos las últimas tres a doce semanas de sus vidas”, relata.La idea del libro surgió después de que un artículo publicado en su blog, titulado “Arrepentimientos de los moribundos”, que en poco tiempo se volvió viral en Internet.“La gente madura muchísimo cuando debe enfrentar su propia mortalidad” , explica Ware. “Cada persona experimenta una variedad de emociones, como se espera, que incluyen negación, miedo, enojo, arrepentimiento, más negación y eventualmente aceptación”, relata. “Sin embargo –agrega, de modo tranquilizador– cada uno de los pacientes siempre encontró su propia paz antes de partir ”. Según Ware, “otro arrepentimiento común era que hubieran deseado tener el coraje de expresar sus sentimientos ”.Hugo Dopaso, médico y psicoterapeuta especializado en cuidados paliativos, dijo a Clarín que “es muy frecuente que al acercarse la muerte las personas hagan un repaso de su vida , y muchas veces tienen la sensación de no haber vivido la vida que les habría gustado tener”.Según el experto, autor de los libros El derecho a bien morir y Así en la vida como en la muerte , un motivo frecuente de angustia en los últimos momentos es el pensamiento de que, por constantes postergaciones, nunca dedicaron tiempo a actividades espirituales, artísticas o de esparcimiento por las que sentían mucha atracción. “Son ilusiones de todo tipo que quisieran haber emprendido y, sobre todo, cosas que les daban mucho placer cuando eran chicos y luego tuvieron que dejar de lado”, explica.Y si lo no hecho se vuelve importante en el último tramo de la vida, también aparece una fuerte preocupación por cerrar viejas heridas sentimentales . “Para poder dejar este mundo en paz –afirma Dopaso–, la persona debe sentir que los vínculos con sus seres queridos están sanos, sin resentimientos ni asuntos inconclusos, habiendo perdonado y habiendo sido perdonados antes del último adiós”.
Los lamentos que más se repiten
1 “Ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los otros esperaban que hiciera”. El más común de los lamentos. La mayoría de la gente, dice Ware, muere sin haber cumplido la mitad de sus sueños.2 “Ojalá no hubiera trabajado tanto”. Un lamento que se da sobre todo en los hombres.3 “Hubiera deseado tener el coraje de expresar lo que realmente sentía”. Los que se resignan a una existencia mediocre.4 “Habría querido volver a tener contacto con mis amigos”.5 “Me hubiera gustado ser más feliz”.

NO SOY YO, SOS VOS; DICEN QUE PONER FIN A UNA AMISTAD ES "UN DIVORCIO EN MINIATURA"


Expertos sostienen que desde los 40 años se pierden amigos. Cuál es la mejor forma de encarar la situación.
Traduccion: Cristina Sardoy The New York Times. Especial -
Cuando tenía poco más de 20 años, Jeryl Brunner, una escritora de Manhattan, tenía una amiga que era exactamente el tipo de relación que las personas pescan en su red social cuando son jóvenes y se abren camino en una ciudad nueva. La amiga era divertida, extrovertida y tenía onda, además de estar siempre dispuesta a ir a bailar a un boliche o emprender una expedición de fin de semana hasta un punto de venta lejano para conseguir ofertas.Cerca de los 40, a Brunner las razones para pasar tiempo juntas dejaron de parecerle tan evidentes.“Era como estar en películas diferentes” , dijo Brunner, ahora de 46. “No nos conectábamos en cuanto a lo que era importante. Yo no vivo obsesionada por las cosas materiales, y su idea de la alegría derivaba de tener una cartera Gucci”. Decidió que era hora de acabar con la amistad : dejó de llamarla. Cuando la amiga hizo algunos comentarios desairados –y después de algunas conversaciones incómodas acerca de por qué Brunner siempre estaba demasiado ocupada para verla– la amiga entendió la indirecta. Transcurridos ya varios años, la ruptura sin embargo continúa pareciéndole no resuelta. “Creo que le debo una explicación”, dijo Brunner. ¿Hay una forma correcta de decirle a un amigo que es tiempo de tomar distancia? Gracias a Facebook, el concepto de “deshacer la amistad” ya es parte de la cultura online y, en las redes sociales, sólo necesita un clic . Pero no sucede lo mismo en el mundo real. Aunque la investigación científica muestra que es natural, y hasta inevitable, que las personas poden la maleza de sus grupos sociales al entrar en la vida adulta , quienes se lo proponen realmente descubren que suele funcionar como un divorcio en miniatura: diálogos incómodos, excusas inventadas, sentimientos heridos y rencor persistente.Se empieza “soltando a los ‘amigos iniciales’ de las primeras épocas de soltero, o los primeros socios en el trabajo o las primeras parejas con hijos pequeños como los de uno”, sostiene Roger Horchow, autor del libro El arte de la amistad: 70 reglas simples para hacer conexiones significativas . Los psicólogos lo consideran una etapa inevitable en la vida, un punto en el cual los individuos alcanzan suficiente madurez y conciencia de sí mismos como para saber qué amigos merecen total atención y cuáles son un drenaje . El proceso de disminución tiene incluso un nombre clínico: teoría de la selectividad socio–emocional , una expresión acuñada por Laura Carstensen, profesora de psicología que es directora del Centro Stanford de Longevidad, en California. Los datos reunidos por Carstensen muestran que el número de interacciones con conocidos comienza a declinar después de los 17 años y luego vuelve a repuntar entre los 30 y los 40 para luego empezar a bajar abruptamente de los 40 a los 50.“Cuando los horizontes temporales son largos, como ocurre en la juventud, somos recolectores y exploradores , nos interesan cosas de todo tipo siempre que sean nuevas”, dijo Carstensen. “Uno puede llegar a ir a una fiesta a la que no tiene ganas de ir, y es allí donde conoce a su futura pareja”.Con todo, esta no es una cuestión que surja solamente cuando las sienes comienzan a encanecer. Los que se acercan a los 30 y deben lidiar con cambios de vida –matrimonio, primer hijo– tienden a menudo a sentirse abrumados por la responsabilidad, de modo que pierden la paciencia con amigos menos importantes , dijo Carol Landau, profesora de clínica psiquiátrica en la facultad de Medicina de la Universidad Brown. “El primer paso antes de terminar una amistad es considerar si se quiere terminar una amistad específica o sólo bajar de revoluciones ”, dijo Jan Yager, instructor en el área de amistad y autor de Cuando la amistad duele . “En general resultará mucho más agradable simplemente apartarse y dejar de compartir demasiada informacion privilegiada".

"A LOS PIBES DE LA PRIVADA NOS VEIAN A TODOS COMO SORETES"


Zabo integró la antología Kirchnerismo para todos y se transformó en best seller cuando miles de lectores de todo el mundo leyeron por internet su primera novela.
Por Gerardo Yomal. Periodista. Conductor del programa radial El tren
Los más jóvenes conocen a Zabo (Nicolás Zamorano, 22 años) porque lo siguen en las redes sociales donde publicó su primera novela Yo, adolescente, leída por miles de personas de diferentes países de habla hispana. Es columnista del Diario Z y músico; participó en el libro Kirchnerismo para armar. Y en este diálogo tira varias puntas para pensar el por qué de tantos jóvenes que venían de la experiencia de Cromañón, “que se vayan todos” y del escepticismo hacia la política hoy logran entusiasmarse con el recuerdo de Néstor y el presente de Cristina. Una forma de salir del “doñarrosismo” y participar en la política desde distintos lugares: “Lloré cuando murió el ex presidente… Siento que Néstor se esforzó por ser Néstor, de mostrar que no era solamente el presidente y que la política no era algo tan lejano, sino que podía estar representada por alguien con nuestros mismos intereses y que te trataba de igual a igual. Creo que eso también está, en parte, en los testimonios de las personas que lo conocieron y me contaron su forma de ser, el salirse del protocolo. Yo no lo conocí, pero intuyo perfectamente que tienen razón en lo que dicen. Y es verdad: lloré con su muerte y me emocionan los discursos de la Presidenta. Es fuerte: Cromañón había reventado a mi generación con una cosa descreída, no le importábamos a nadie y, de golpe, yo me entusiasmo con dos políticos”.–Escribió algo que le ocurrió en un taxi, cuando hablaba Cristina Fernández por cadena nacional…–Viajaba en un taxi y notaba que el tachero escuchaba a la Presidenta en la radio pero tímidamente, como diciendo “capaz que la subo y el de atrás se pone a putear…”. Y yo le pedí que subiera el volumen y me dijo “no sabía que eras de los que le interesaba esto”.–¿Qué siente cuando algunas personas afirman que los pibes están en la boludez?–Alguien dijo por ahí que soy como el licenciado en adolescencia. Hubo una época en la que había comenzado a escribir Yo, adolescente, un blog. Empecé porque me daba mucha bronca la forma en que se veía a los adolescentes en los medios, incluso la explosión de los floggers y todo eso. Se mostraba todo muy vacío, mientras a mí me pasaban otras cosas: iba a un colegio privado, uno de esos que eran asquerosamente caros, y donde se planteaban banalidades, mientras a un par de cuadras tenía el Otto Krause donde estaban los pibes luchando, organizándose porque el colegio se caía a pedazos. Veía que mi mundo era muy cerrado, con “chicos muy bien” pero que no tenían necesidad de explorar en la política y que, por otro lado, también había chicos que estaban aprendiendo a involucrarse, a pensar la Argentina. En un momento, a los pibes de la privada nos veían a todos como soretes. En 2001 yo tenía 12 años y estaba enloquecido por comprarme una guitarra Squier. La había visto barata, pero después aumentaron el precio y me quise matar. Puede parecer banal frente a todo lo que pasaba, pero yo sufría como loco. Y ahí me subí al “que se vayan todos”. Vengo de esa generación que se crió con todo el mundo descreyendo de la política.–¿Cuándo rompió con ese escepticismo?–Me rayé con eso de la guitarra, después con la catástrofe de Cromañón y, finalmente, volví a darme una oportunidad, a tener una esperanza…–¿Con algún disparador en particular?–Con la 125. Ahí surgió mi interés político. Y abrí el bocho viendo a mucha gente joven haciendo cosas muy piolas, sólo que no había un lugar visible para ellos.–Si se lo quisiera encasillar, ¿se lo podría definir como una especie de Cumbio nacional y popular?–Es complicado. A veces me calificaron como “El último Flogger”, fue muy doloroso. También dijeron que era el “El Cumbio de Culto”. Cuando escribí Yo, adolescente lo hice para hablar de temas de adolescencia desde una primera persona con una estética muy colorida, muy pop, llamativa. Quería que el lector recibiera algo más hardcore, más duro, sacarlo de Cris Morena. El primer relato se centraba en la parte “memorias de mis 16” que trataba diferentes aspectos de la familia, el colegio, la religión. Y un poquito de política, muy poco, porque yo tenía 16, era 2005, momento en el que yo estaba medio cruzado todavía con la política. Después, la segunda parte fue mas culebrón, más novela y tuvo mucha repercusión en su momento en varios países gracias al boca en boca de internet. Justamente, aprovecho mucho los espacios que tengo en las redes sociales para comentar posiciones políticas o cosas que creo. Me preocupa un poco el doñarrosismo en la gente joven porque es bastante fuerte porque lo veo más en los pibes que vienen de clases más bajas.–¿Cómo es ese doñarrosismo?–Es un profundo repetir de discursos que ya se escucharon mil veces, ésos que dicen que se están generando vagos. Y me encanta ponerme a discutir porque, ya cuando era chico y cuando recién pasó lo de la 125, me encantaba ponerme a discutir por discutir y pelear y sacar una espada y ver quién gritaba más fuerte. Recién estaba empezando a entender cómo era todo eso. Ahora lo que trato es de preguntar: “Bueno, vos pensás esto. Si pensás así, ¿cómo funciona para que pase lo que pasa?”. Por ejemplo, los chicos hablan mucho de los planes sociales pero no saben cómo funciona la asignación universal.–Repiten estereotipos descalificadores de otras generaciones, tipo “los negros no quieren trabajar”… –Totalmente. Es un discurso que viene muy de nuestras casas y de algunos medios periodísticos. Les entra mucho a los jóvenes que no están politizados. Pasa lo que a mí también me costó comprender en su momento: ¿cómo es que puedo estar de este lado si yo hasta hace un tiempito estaba cantando “Señor Cobranzas” de la Bersuit y protestando y cantando “FMI” de FunPeople y puteando contra todo eso? ¿Cómo me salgo de esa posición de rebeldía tan característica de la adolescencia a apoyar a un gobierno?–¿Qué es eso que usted repite de ser “hijo de la 125”?–Hubo un momento, después del pleno quilombo con el campo, en que me puse del lado kirchnerista. Con muchos pibes nos pusimos espalda contra espalda para defender el modelo porque se venía abajo en poco tiempo si no se empezaba a esparcir la voz. Había que profetizar el kirchnerismo, prácticamente. Creo que quedaron resabios de ese momento donde se habló tanto del ultrakirchnerismo, quedó mucho de eso y ya nos podemos relajar un poco, mucho más después de las elecciones, donde se puede ser más crítico con el Gobierno. Sería mucho más sano, incluso, hacer autocrítica de lo que no nos gusta o no apoyamos. Porque si defendemos todo a capa y espada como si fuera palabra santa, ahí sí parece un dogma donde el opositor se quiere alejar.–¿Llegó a participar de lo que llaman el “reviente” de los viajes de egresados?–No, yo era bastante antiviajes de egresados y esas cosas. Yo era un punkito, anarquista, de esos truchos que somos todos a los 14 ó 15 años y la verdad es que no me quería ir de viaje y cantar a favor de una empresa me parecía detestable. Además, uno no se lleva bien con toda la división, y no quería viajar con todos sino con un par de amigos, entonces agarré esa guita y alquilé una casa en Mar del Plata y llevé a mis amigos de verdad. Participé de otro tipo de revientes, que es básicamente el que habla mi libro. Salía desde antes de Cromañón, cuando tenía 14 ó 15 años y se permitía entrar a los lugares de mayores de 18 sin problemas. Nadie miraba nada y básicamente toda la temática que encierra la novela es qué pasó con Cromañón y todos esos lugares a donde pertenecías. Ese no tener un lugar porque te cierran la puerta de todos lados.–La última, ¿se siente un militante?–Sí, aunque es medio raro porque yo, por ejemplo, no milito en ninguna agrupación puntualmente, sino que me gusta tener cierta independencia por el momento. Es una decisión que tomé casi sin querer, porque nunca tuve una agrupación. Supongo que soy militante, nunca me planteé esa cosa de la militancia política, sino que fue simplemente pasando, generando una opinión, difundiéndola. Y se dio justamente en ese contexto en el cual la juventud salió a las calles y se acercó a la política.

DE MAYO DEL 68 A MAYO DEL 2011


Anticipo del libro del colombiano Carlos Granés, El puño invisible, análisis de los cambios culturales entre siglos.
Por Carlos Granés. Antropólogo social y escritor
El 14 de septiembre de 1917, uno de los fundadores del dadaísmo, Hugo Ball, dejó consignado en su diario que ya no podía leer novelas. La literatura le parecía un derroche, un aparato recargado de elementos innecesarios que se bifurcaba por laberintos sin llegar nunca al meollo de las cosas. ¿Cómo podían soportarse los libros de personas que no estaban en condiciones de ser lo que soñaban? Ball sentó en el banquillo de los acusados a la imaginación. Estaba muy bien soñar, decía, si el sueño transformaba la realidad o la vida. El mito religioso, por ejemplo, era un sueño que se hacía realidad, moldeando la existencia de las personas. Pero matar las horas fantaseando con personajes, mundos y experiencias que se quedarían allá, en el universo de los sueños, y que en la realidad no tendrían más repercusión que la de otorgar unas horas de esparcimiento a gente ociosa, le parecía absurdo. Y no sólo a él. En general, la vanguardia se propuso bajar el sueño de la nebulosa onírica para hacerlo realidad aquí, en la vida concreta de las personas. A esto se le llamó “superar el arte para realizarlo en la vida real”.El lema tuvo un impacto evidente que se materializó en formas de vida alternativas. Mayo del ’68, por ejemplo, no cambió en absoluto el sistema político francés –ni siquiera le dio el poder a la izquierda–, pero sí fomentó la explosión de experimentos vitales. Los años finales de los sesenta y los setenta, tanto en Europa como en Estados Unidos, fueron el laboratorio donde se ensayó la vida en comunas y la emancipación de las mujeres, las reivindicaciones homosexuales y la lucha por la igualdad racial, la búsqueda de nuevas formas de diversión y la experimentación con drogas, el incremento de la libertad de expresión y la relajación de los códigos morales. Todas estas luchas fueron exitosas, y no tardaron en ser asimiladas –con mayor o menor fricción, como era de esperarse– por buena parte de Occidente. Ya no hay necesidad –aunque tampoco se debe bajar la guardia– de luchar por determinados espacios de libertad individual, pues las sociedades occidentales desarrolladas tienden a no limitar el desarrollo de la individualidad. Tal como soñaba Chtcheglov, las ciudades cosmopolitas de Europa y Estados Unidos ofrecen hoy barrios multiculturales, gays, modernos, históricos, chinos, rojos, artísticos y bohemios. También, como soñaban Pinot-Gallizio y Debord, lugares de diversión que son escenarios para vivir situaciones muy específicas, como los bares sadomasoquistas o los clubs de ambiente liberal. Aunque las drogas siguen siendo ilegales, cualquiera las puede comprar y consumir sin mayor dificultad. Su absurda ilegalidad incrementa el precio y fomenta la delincuencia, pero no impide en absoluto el consumo, como indican las estadísticas de producción de marihuana, cocaína y heroína alrededor del mundo. Quién lo diría: Occidente, en mayor o menor grado, ha terminado por parecerse a los delirios de los vanguardistas.Sin embargo, el hedonismo y los espacios de experimentación vital no calmaron de una vez y para siempre la insatisfacción de los jóvenes. En mayo de 2011 estalló en España una revuelta pacífica y políticamente correcta, producto de una nueva crisis económica y del hastío que siente una parte de la población juvenil por los dos grandes partidos que monopolizan el poder político y la visibilidad mediática. Como la peste de Camus, la crisis económica llegó un día a España y de la noche a la mañana, sin que buena parte de la población entendiera muy bien por qué, transformó a un país próspero en un contagiado al borde del desplome financiero. Rompiendo una racha de optimismo que se inició con la muerte de Franco, los jóvenes se dieron cuenta de que ahora sus vidas no serían tan prósperas como las de sus padres. La economía más sofisticada rompió las barreras de los bancos y aseguradoras, y se llevó por delante a la gente común. A la frustración personal que esto produjo se sumó el distanciamiento de los partidos políticos, acusados de haberse inclinado ante los mercados, de no haber hecho lo suficiente para combatir la corrupción en sus filas y de parecer más preocupados por contestar ingeniosamente a los ataques de su rival que en hablarle con transparencia y claridad a la ciudadanía. La irritación se apoderó de los jóvenes y estalló la Spanish revolution, la larga acampada de “indignados” en las principales plazas de varias ciudades del país, y de sus emuladores en Grecia, Portugal e Italia.A pesar de la sintonía estética y retórica con Mayo del ’68, la revuelta de los indignados tiene grandes diferencias. Mayo del ’68 triunfó allí donde podía triunfar. Cohn-Bendit salió expulsado de Francia a sumergirse en el ambiente contracultural de Frankfurt, y desde allí vivió su vida como quiso, en sintonía con sus deseos, valores e intereses. No era todo lo que esperaba, desde luego, pues no logró acabar con la burocracia del Estado ni con el alienante sistema que mataba las emociones de los jóvenes, pero tampoco le fue mal. El y sus camaradas lograron ampliar los márgenes de libertad del individuo y legitimar la búsqueda del placer y el éxtasis emocional como una de las metas fundamentales del ser humano. De paso, contribuyeron a deslegitimar el Estado de Bienestar, el consumo y la riqueza, como si fueran una maldición que hacía más autoritarias a las élites y más conformes a los jóvenes y a los obreros. Esa pelea del izquierdismo anarquista y vanguardista contra todas las conquistas de la izquierda sindical, tuvo una consecuencia impensada: una nueva revuelta de jóvenes indignados, que cuarenta años después tratan de recuperar todo aquello que la generación de Cohn-Bendit despreciaba como algo alienante y opresor.En las plazas de Madrid, Barcelona o Sevilla, las parejas de novios comparten carpa, fuman porros y bailan reggae en sesiones programadas por algún dj. Estos jóvenes no quieren cambiar su estilo de vida; tampoco piden mayor libertad sexual ni más espacios lúdicos. Piden lo contrario de lo que pedían los sesentayochistas. Quieren entrar en el sistema alienante, quieren un Estado de Bienestar tan burocrático como deba serlo siempre y cuando garantice educación, salud y prestaciones de desempleo; quieren un trabajo estable y perspectivas económicas que les permitan proyectarse hacia el futuro con algún grado de certeza. Antes había que hacer un gran esfuerzo para rechazar las costumbres y estilos de vida de la burguesía; hoy, por lo visto, lo difícil es ser burgués, así se tengan todas las credenciales para serlo –carreras universitarias, posgrados, viajes, intercambios, compromiso ciudadano–. Todo lo que rechazaron los vanguardistas, desde las carreras profesionales hasta un futuro asegurado, pasando por la propiedad y el reconocimiento social, es lo que ahora piden los jóvenes. Ya probaron una vida libérrima; ya probaron la crisis de autoridad en los colegios y universidades; ya probaron las excitantes aventuras que ofrece una vida al margen, sin nada garantizado, con todo en contra, y no les gustó. No se convirtieron en superhombres, como hubiera pronosticado Nietzsche, sino en desempleados frustrados que no pudieron lograr aquello que más anhelan: tener una casa y un trabajo, ser ciudadanos modelo que se preocupan por el medio ambiente, conviven amistosamente con sus vecinos inmigrantes y pagan cumplidamente sus impuestos. Uno de los lemas colgado en la Plaza del Sol recogía con acierto este sentimiento: “No somos antisistema, el sistema es antinosotros”.Otra paradoja es que la revuelta de los indignados ha encontrado inspiración en Stéphane Hessel, un hombre nacido en 1917 que forma parte de la generación contra la que se rebelaron Debord, Vaneigem, Cohn-Bendit, Riesel y los demás sesentayochistas. Hessel ha presenciado prácticamente todo el revoltoso siglo XX. Fue testigo de las secuelas desastrosas de la Primera Guerra Mundial, sufrió las consecuencias de la Segunda, militó en la Resistencia francesa y luego participó en la escritura de la Declaración de los Derechos Humanos, es decir, fue una de las personas que contribuyó directamente a que el período que empezó en 1945, tras el ocaso del nazismo, fuera el más pacífico y próspero de la historia europea. Apelando a las luchas morales y al ejemplo de Hessel, los indignados europeos se han rebelado contra la revoltosa generación de Cohn-Bendit, lo cual, desde luego, no deja de ser irónico. Es como si vieran en Hessel al abuelo que se sacrificó para que ellos tuvieran un mundo más decente y próspero, pero que tuvo la mala suerte de engendrar hijos díscolos e irresponsables que, dando por sentado que todo lo bueno duraría, echaron a perder las conquistas más envidiables del sistema de bienestar europeo. Y en efecto, los situacionistas y los seguidores de Cohn-Bendit fueron grandes maestros existenciales que enseñaron a las generaciones futuras a sacar provecho a la esfera privada de sus vidas, pero que no tuvieron nada que decir ante los asuntos públicos. “Lo personal es lo político”, “hay que cambiar las conciencias para que cambie el mundo”; en eso se agotaban las aportaciones al debate social de los vanguardistas del primer tiempo de la revolución cultural. Con ello no sólo se olvidaron de los problemas compartidos, sino que dieron pie para que surgiera una inesperada y nueva forma de puritanismo y control de las vidas privadas. Hacia la última década del siglo XX se invirtió la fórmula: si lo personal era lo político, entonces se podía juzgar la vida pública de las personas a partir de lo que hicieran en su intimidad. Una nueva generación de censores chismosos y amarillistas se sintió autorizada para hurgar en la vida privada de los políticos, deportistas y rostros públicos en general, para garantizar que no ocultaran vicios que pudieran sembrar dudas sobre su probidad y honestidad pública. A los profesores universitarios les tocó convertirse en estatuas ciegas y prácticamente mudas, autorizadas, como mostraron David Mamet en Oleana y Philip Roth en La mancha humana, a hablar sólo en los léxicos aprobados por estos nuevos censores. Decenas de personas honradas y decentes cayeron en desgracia por esta nueva forma de control, centrado, como querían los yippies, única y exclusivamente en la vida privada, entre ellos Eliot Spitzer, gobernador de Nueva York, Tiger Woods y el mismo Bill Clinton. No hay un espectáculo que más deleite a los medios de comunicación que ése: la vida íntima revelada hasta quedar convertida en pornografía, la abyección del incriminado disculpándose ante la sociedad (cuando no es a ella a quien tiene que rendir cuentas por lo que hace o no hace bajo las sábanas) y la confirmación de que sí, en efecto, lo personal es lo político y no importa que alguien desfalque, estafe, robe, manipule, especule, negocie con dictadores, destruya el medio ambiente y tenga todo tipo de comportamientos públicos reprobables, si al mismo tiempo mantiene una casta, ultraconservadora e intachable vida privada. Este ha sido uno de los golpes de la vanguardia al liberalismo. Lo personal no es lo político. Esta separación es, justamente, la que permite tener una vida íntima, resguardada de las miradas fisgonas y censoras, donde se puede vivir según los propios valores, deseos y caprichos. Y esta vida nada tiene que ver con el desempeño profesional y el compromiso público del implicado. Con quién se acueste o qué consuma nada tiene que ver con su habilidad y honestidad para desempeñarse como médico, psicólogo, abogado, político o periodista.Pero volvamos a las plazas de España. ¿Qué piden los indignados? Todo, desde luego, como buenos rebeldes, y las urnas que han instalado en sus campamentos reciben cualquier tipo de sugerencia y petición. Entre el mar de propuestas es lógico que algunas sean atinadas y otras absurdas, meros engendros de la insatisfacción, la ignorancia y el deseo. Les indigna, por ejemplo, la sumisión del poder político al económico, y en eso no están descarrilados. “No debemos permitir que el poder económico domine al político; y si es necesario, deberá combatírselo hasta ponerlo bajo el control del poder político.” Estas palabras no las dijo un indignado; tampoco un marxista, un anarquista o un militante antiglobalización. Las dijo Karl Popper en su principal obra, La sociedad abierta y sus enemigos, una magistral exploración del pensamiento determinista donde criticaba, precisamente, la forma en que Marx asumía que el verdadero poder estaba en las máquinas y en las relaciones económicas de clase. La actitud despectiva hacia el poder político y la ponderación excesiva de la economía no es una máxima neoliberal, es uno de los rasgos del marxismo. Popper combatió este economicismo porque allí se incubaban el determinismo y su corolario, la imposibilidad del reformismo democrático. Que los indignados persigan este fin es provechoso, precisamente porque combate una sensación que embarga a las sociedades tras la crisis económica de 2008, la de que una fuerza superior, una peste inatajable o en todo caso un ente abstracto que escapa al entendimiento y control, está determinando sus vidas. Las maniobras económicas globales les cierran las puertas del mercado laboral, les quitan o les impiden tener vivienda y les privan de beneficios sociales que creían intocables. Todo esto mientras los directamente implicados en la debacle económica siguen viviendo en el Olimpo. Desde luego que esto indigna. Y la receta popperiana para contrarrestar estas fuerzas ocultas, en apariencia ingobernables, siempre es saludable: “El progreso reside en nosotros, en nuestro desvelo, en nuestros esfuerzos, en la claridad con que concibamos nuestros fines y en el realismo con que los hayamos elegido”. No hay duda de que los indignados han demostrado fuerza, coraje y determinación. El problema está en la claridad y el realismo de sus fines.Desde luego que han acertado en muchas de sus críticas. Les disgusta un sistema electoral que perpetúa el bipartidismo y estrecha el camino de los partidos nacionales minoritarios. No les gustan, tampoco, las relaciones peligrosas que hay entre el poder ejecutivo y el judicial. Aunque no son los primeros en alertar sobre estas irregularidades, es sano que los jóvenes las tengan presentes. Ahora bien, dejando a un lado la vitalidad y lo positivo que tiene el reencuentro juvenil con la política, buena parte de las demandas concretas que han elaborado los indignados impide a cualquier político responsable tomarlas en serio. Popper hablaba del realismo de los fines porque luchar por una meta utópica en política era, finalmente, dar un largo rodeo para llegar al mismo sitio, cansado y derrotado.Lo primero a tener en cuenta es que no vale la pena rebelarse contra las matemáticas. Puede que sea un gesto poético, lleno de imprudencia vanguardista, pero atenta contra la regla número uno de la política: tener los pies bien anclados en la realidad. Un triunfo hoy significa el colapso de la generación que viene. Propuestas como reducir la jornada laboral, dar ayudas al alquiler, rebajar la edad de jubilación, ampliar las nóminas del personal sanitario y docente, contar con un pujante escuadrón de científicos investigando exclusivamente con fondos públicos y organizar referéndums cada dos por tres, siempre que se deba aprobar alguna medida europea o nacional, pueden ser deseables, desde luego, pero para Estados con las arcas llenas. El poder político no va a conseguir controlar al poder económico a menos que actúe con responsabilidad. Nadie es más vulnerable que el deudor crónico a quien nadie quiere prestar dinero, como ha quedado demostrado recientemente con varios países europeos.Las propuestas que han lanzado para regenerar el sistema democrático tampoco tienen mucho tino. Rebajarle los sueldos a los parlamentarios significa espantar a cualquier persona cualificada de la política para que se vaya a otros ámbitos laborales, donde no se verá inundado de líos judiciales y además cobrará un mejor sueldo. La actividad política debe ser valorada, tanto social como económicamente, para que los más competentes y preparados se sientan motivados a trabajar en el ámbito público. No ocurre siempre así, desde luego, y ya se han arriesgado hipótesis al respecto, pero a quien más debería perjudicar esto es a los partidos. Ojalá que la insatisfacción de los indignados les muestre que es más rentable premiar el estudio y la preparación de sus militantes que el haber servido como decorado en mítines desde los quince años.¿Qué ocurrirá con el movimiento 15-M? Posiblemente no concluya en nada, a menos que salgan del callejón sin salida en el que se han metido. Quieren regenerar la política española; quieren ampliar los márgenes de participación; y quieren, desde luego, que los políticos adopten todas sus propuestas. Pero no están dispuestos a participar en política ni a dialogar con los partidos. En otras palabras, demandan un cambio político y social surgido de un mero acto de voluntad. Y la experiencia muestra que estas revueltas transforman a quienes participan en ellas, no al poder político ni a las instituciones sociales contra las que se levantan. Los líderes de los indignados quizás acaben haciendo política tradicional, o enseñando, o trabajando en una empresa. Esta experiencia los acompañará siempre. No es poca cosa haber congregado a miles de personas. Sabrán siempre que por unos días el viento de la historia les dio directo en el rostro, así el sistema político español hubiera quedado intacto. El 15-M será quizás la última revolución juvenil de un largo siglo de revoluciones juveniles en Occidente. Un siglo que empezó hacia 1909 y que culminó hacia 2011. Casi seis décadas –de 1909 a 1968– en busca del futuro, otras tres tratando de hallar y gozar el presente, y ahora en busca del pasado

EL SILENCIO DE LOS INOCENTES


Por Miguel Russo
Infanticidio. La utilización de los chicos como moneda de cambio. Cuando los celos o la separación se transforman en asesinato.
La escena corresponde al film francés Aime ton père, donde se tensa hasta el límite una relación conflictiva entre padre e hijo. “Te odiaba; muchas veces quise matarte”, dice Paul Sheperd, el hijo. “Un hijo debe odiar a su padre, así funciona el mundo”, dice Léo Sheperd, el padre. Más allá del diálogo y de la doble pirueta de la relación (Gérard Depardieu, papá, hace de Léo, el padre, mientras Guillaume Depardieu, el nene, hace de Paul, el hijo), la cosa es arte, relato de una ficción por más basada en la realidad que se pretenda. Termina cuando aparece la siguiente película. La realidad, en cambio, es brutal, continua, y revierte la ecuación sostenida desde la ficción: Candela tenía 11 años cuando la mataron; Tomás Dameno tenía 9; Gastón Bustamante, 12. Más allá de las particularidades en cada uno de los casos, la condición de los chicos asesinados como moneda de cambio –por aberración sexual, por deudas entre delincuentes, por sinrazones disfrazadas de desamor, por simple robo, por lo que sea– forma parte de esa realidad brutal y continua. Brutalmente continua.Porque muy poco cambió desde el año 70 cuando Plutarco daba sus sermones morales sobre los sacrificios de niños entre los cartagineses: “Con pleno conocimiento e intención, ofrecían a sus propios hijos y los que no los tenían se los compraban a los pobres y los degollaban como si fueran otras tantas ovejas o aves; entretanto, la madre asistía a la escena sin una lágrima ni un gemido, pero si dejaba escapar un solo gemido o derramaba una sola lágrima, perdía la suma de dinero convenida y su hijo era sacrificado de todos modos”. Lo supo sin saberlo Sofía, de 9 años, cuando murió apuñalada, al igual que su mamá, Silvia, el 1º de enero de este año en su casa de Villa Urquiza. Su padre, Juan Carlos, que había sido denunciado varias veces por su esposa por maltrato, está detenido como principal sospechoso de ambos crímenes.Jeremías, de tres meses, jamás llegará a saber que unos 50 años antes de Cristo, un tipo llamado Séneca escribía que “a los perros locos les damos un golpe en la cabeza, a la oveja enferma la degollamos para que no contagie al rebaño, matamos a los engendros, ahogamos incluso a los niños que nacen débiles y anormales. Pero no es la ira, sino la razón la que separa lo malo de lo bueno”. El 5 de febrero, en Santa Fe, Mariano, su padrastro, en medio de una discusión, lo arrebató de los brazos de su madre Jennifer y lo arrojó contra el piso. Nadie va a poder explicarle a Jeremías qué es la ira y qué es la razón. Murió cuando lo trasladaban al hospital.Monedas de cambio, siglos y siglos de ser utilizados como pago por algo sobre lo que nunca tuvieron ninguna injerencia. Monedas de cambio para el sacrificio “religioso” que practicaban los celtas de irlanda, los galos, los escandinavos, los egipcios, los fenicios, los moabitas, lo ammonitas y, en determinados períodos, los israelitas. Monedas de cambio cuando en el Imperio Romano se daba muerte a los hijos del enemigo. Monedas de cambio cuando los chicos presenciaban la muerte de otros chicos de su edad por las calles de Roma mientras sobrevivían o no según la fortuna política de sus padres. Algo que jamás podrá saber Josefina, la hija de dos años de Débora y José Alberto. El 27 de marzo, a la casa de Rosario donde vivían ella y su madre, llegó José Alberto para poner en claro ciertas cuestiones de la separación. Poner en claro, para el agente de policía José Alberto, fue discutir ásperamente, gritar para imponer su voluntad y, al ver la escasa fortuna de sus órdenes, encerrarse con la nena en el baño y dispararle un tiro en la cabeza para luego suicidarse. Josefina murió seis días después.Tampoco pudo saberlo el hijito de Javiera y Ángel, en un inquilinato del barrio de Flores. Una tarde de abril, Ángel discutió con su pareja, Javiera. De la discusión, el hombre pasó a los hechos: apuñaló a su mujer con un cuchillo de cocina y, creyéndola muerta, fue hacia la habitación donde dormía su hijo de cuatro años y le cortó el cuello. El chiquito murió de inmediato.Eduardo Galeano, en una de sus tantas miniaturas, proporcionó el recorrido ideológico de arriba hacia abajo de la violencia. Fue en 1978, y a veces, más allá de las generalidades, todavía sigue siendo: “El sistema que programa la computadora que alarma al banquero que alerta al embajador que cena con el general que emplaza al presidente que intima al ministro que amenaza al director general que humilla al gerente que grita al jefe que prepotea al empleado que desprecia al obrero que maltrata a la mujer que golpea al hijo”.Los hijos, como último escalón a tener en cuenta de una pirámide que se caracteriza por dar mayor preponderancia al dinero que al sujeto. Ahora y siempre. Si no, cómo comprender los esfuerzos infructuosos que se hicieron durante el siglo IV para que los padres recibieran plata para que conservaran vivos a sus hijos a fin de aumentar la población romana en descenso. Cómo comprender, si no, que dar muerte a los niños no comenzó a ser considerado como asesinato en las leyes hasta el año 374. Es sabido que cualquier ley puede ser derogada, pero que lo que jamás se podrá derogar son las consecuencias de no haber promulgado esa ley antes.Lucas Lautaro no llegaría a comprenderlo nunca. El 9 de mayo fue asesinado a golpes por su padrastro. Tenía 5 años y murió por traumatismo de cráneo y derrame cerebral por los golpes recibidos. Tampoco lo llegaría a entender Jaquelín Bárbara, que la tarde del 13 de junio, cuando apenas tenía 3 años, fue estrangulada por su padre, Fabio, agente de policía, en la zona jujeña de Alto Comedero. ¿Importa saber que por la mañana, Fabio y su mujer, Leonor, habían discutido por motivos de celos?Los historiadores medievalistas chocan con las afirmaciones de época que condenaban el infanticidio. El choque lo producen los documentos oficiales que señalan la tasa de natalidad de 156 varones por 100 mujeres (en el año 801) y de 172 varones por 100 mujeres (en el año 1391). Un indicio clave que habla de la magnitud del asesinato de hijas legítimas. Los datos, por supuesto, dan por descontada la práctica habitual de muerte de los hijos ilegítimos, allí sí sin división de sexos.El 2 de agosto, en Santa Cruz, un año después de que su esposa, María, lo abandonara junto a sus dos hijos, Alejandro, policía provincial, mató y se mató. María, embarazada de seis meses, su hijo de 7 años y su hija de 4 fueron asesinados a tiros. Luego de los crímenes, Alejandro se suicidó, como si con eso pudiera expiar su culpa. Diez días después, en Capitán Bermúdez, Santa Fe, Ignacio, de un año y meses fue asesinado al arrojarlo contra una pared luego de que su madre, Eliana, fuera muerta por apuñalamiento. El parte policial dice que se detuvo a Matías Agustín, con quien Eliana mantenía una relación sentimental, por “un acto criminal desatado por la decisión de la joven de poner fin a la relación de noviazgo que llevaba varios meses”.Siglos de historia con la misma herida: Inocencio III mandando a construir en Roma el hospital del Santo Spirito a fines del siglo XII dada la enorme cantidad de mujeres que arrojaban a sus hijos al Tíber. Los sacerdotes franceses que, en 1527, dejaron testimonio de que “en las letrinas resonaban los gritos de los niños echados en ellas por sus madres”. El testimonio de William Buchan, un eminente pediatra del siglo XVIII que escribió en su Domestic: “Casi la mitad de la especie humana perece en la infancia por trato inadecuado o descuido”.No hubo descuido el 30 de agosto en la localidad correntina de Lomas del Mirador. Ese día, Andrea, de 12 años; Cynthya, de 7, y Jorge, de 4 fueron degollados en su casa mientras su madre, Zunilda, escapaba para pedir auxilio. “Yo le iba a dar todas sus cosas al Pablo para que se vaya y no viniera más, trajo una flor y una bolsa de caramelos para los chicos. Me dijo que quería hablar conmigo y yo le respondí que en la vereda. Entró y ahí comenzó el ataque”, dijo Zunilda en el expediente. Pablo era su pareja, padrastro de los chicos. Una semana antes de los asesinatos, Pablo le había pegado un martillazo en la cabeza a otro hijo de su ex mujer, un pibe de 10 años que se salvó de milagro. “Yo había pedido custodia en la Comisaría de la Mujer, pero no me escucharon”, agregó Zunilda al expediente.No fue descuido tampoco lo que ocurrió el 27 de octubre en Ramallo. Esa noche, Jorge, de 9 años, fue golpeado brutalmente y asfixiado. Su cuerpo fue encontrado en un monte ubicado a 200 metros de la casa en la que vivía con su madre, Débora, y cuatro hermanos. Su padre, Jorge, está detenido como principal sospechoso. El pibe pagó con su vida la pelea de separación de sus padres.Deudas, pagos: la realidad impone su discurso de mercado, repliega la vida al valor económico.En la década de 1950, la mortalidad infantil en la colonia portuguesa de Guinea, en África, era de 600 muertes por cada mil nacimientos. Pero poco importaba a las autoridades lusitanas. Tampoco que sólo el uno por ciento de la población rural estuviera alfabetizada. Guinea aportaba su materia prima y su mano de obra sin chistar, Portugal pagaba, con esos ingresos, la posibilidad de pertenecer al mismo continente que Inglaterra, que Alemania, que los poderosos blancos de siempre. Poco importaba si Portugal era negra. África era más negra. Recién el 24 de septiembre de 1973, luego de años de guerra de guerrillas, el Partido Africano para la Independencia de Guinea y Cabo Verde logró sacudirse el yugo colonial. Un año después, Portugal reconoció la independencia. Había nacido Guinea-Bissau. Cuando en 1975, el brasileño Paulo Freire fue invitado por el gobierno revolucionario, se asombró como nunca le había pasado hasta el momento en su largo peregrinaje por el mundo intentando poner en práctica su teoría de la pedagogía del oprimido. En Guinea-Bissau tropezó con la rémora ideológica de la colonización y con las economías de autosubsistencia. Los padres campesinos no podían comprender su teoría. Continuaban utilizando a sus hijos como espantapájaros para ahuyentar a las manadas de monos que levantaban, literalmente, la cosecha de maní: para esa tarea no necesitaban saber leer ni escribir. Eran más económicos que los muñecos de madera y paja. Y, además, se movían al ver llegar a los monos. Por ese servicio, el último en la escala social, comían luego de que los animales domésticos hubieran saciado su hambre. No había dudas: las vacas, flacas y todo como estaban, proporcionaban una mínima cuota de las escasas ganancias que poseían. Y chillaban bufando ante el hambre. Los chicos sólo levantaban la voz ante los monos. Y eso, sólo a veces.