lunes, 7 de mayo de 2012

A 75 AÑOS, EL HINDEMBURG SIGUE SIENDO UN MISTERIO

La dramática destrucción del zepelín alemán, el 6 de mayo de 1937, en los Estados Unidos, se equipara con el hundimiento del Titanic.

Fue el mayor dirigible del mundo y un orgullo de la ingeniería. Hace 75 años, en la tarde del 6 de mayo de 1937, el zepelín Hindenburg explotaba sobre la localidad estadounidense de Lakehurst, poniendo fin a una era.
Las imágenes del dirigible en llamas, así como la descripción en vivo de un lloroso reportero de radio, quedaron grabadas para siempre en el imaginario colectivo, como lo hizo el hundimiento de su par en el agua, el Titanic, hace más de un siglo. “Es tan horrible, la peor catástrofe del mundo”, sostuvo el periodista, para ahogar un sollozo y pronunciar la frase que lo volvería famoso en los Estados Unidos: “Oh, the humanity”. Ahora los dos gigantes, el Titanic y el Hindenburg, protagonizan la muestra “Fire and Ice” en el Museo Smithsonian de la ciudad de Washington, donde se exhiben más de 50 objetos sobre estas dos grandes tragedias del siglo XX.
El Hindenburg tenía 245 metros de largo, tres veces y media más que un jumbo, casi igual de largo que el Titanic, y había sido concebido para 50 pasajeros. Cada vez que uno de estos colosos se elevaba lento y majestuoso hacia el cielo, una multitud se congregaba a ver el fenómeno. En realidad su lentitud no era tal. Con una velocidad de 100 kilómetros por hora eran tres veces más rápidos que un crucero a vapor y casi igual de grande.
Hasta hoy se desconocen las causas del incendio. La mayoría de los expertos cree que una descarga electrostática inflamó el gas y desacreditan las teorías conspirativas que apuntan a una bomba puesta por los nazis. No fue ni el primer ni el peor accidente de un dirigible. Pero marcó el fin de su esplendor. Poco después, la ya desaparecida aerolínea Pan Am comenzaba a ofrecer un servicio de vuelos regulares transatlánticos de correo y pasajeros con hidroaviones mucho más rápidos y menos peligrosos.<
 
SU NOMBRE. No sólo en Alemania había dirigibles, pero los germanos fueron los que más se especializaron. Su nombre deriva del duque Ferdinand von Zeppelin, el encargado de desarrollar el modelo para comercializar, aunque no su verdadero creador.

LA COMPLICIDAD DE LA IGLESIA CON LA DICTADURA

Ahora nadie puede de buena fe sostener: la Iglesia hizo lo que pudo; hizo y hace todo lo que puede para falsificar la historia nacional y no tener que asumir su propia e indeclinable responsabilidad.

Por Alejandro Horowicz

El heredero de Rodolfo Walsh, con documento indiscutible, acaba de probar lo que inductivamente sabíamos: la complicidad estructural de la Iglesia Católica en la represión ejecutada por la dictadura burguesa terrorista del ’76. Una cosa es presuponer con fundamento conceptual que la Iglesia fue instigadora y cómplice de la política de terrorismo sistemático (tortura, violación, asesinato y desaparición de antagonistas políticos), y otra muy distinta es probarlo con rigor judicial. Horacio Verbitsky acaba de demostrar, en Página 12 del domingo 6 de mayo, que Jorge Rafael Videla había “confesado” el 10 de abril de 1978, el “método empleado” a la máxima jerarquía católica.
No se trata de la publicación de documentos “secretos” que pierden su condición de tales en determinada fecha, como suele hacer con “tachaduras” el Departamento de Estado de los EE UU; Verbitsky, sin revelar cómo accedió a la fuente, al no tratarse de documentos desclasificados, da otra muestra de su probada pericia profesional: no sólo expurga archivos hasta ubicar el documento donde la Comisión Ejecutiva de la Iglesia Católica atestigua los dichos de Videla, sino hace saber que su voluntad política no ha variado un ápice. Es decir, que la Iglesia a sabiendas y propositivamente participa aun hoy en un proceso de falsificación histórica y encubrimiento político de delitos de lesa humanidad, a 34 años de los dichos de Videla.
Vale la pena detenerse en este aspecto del problema. Si algo probaron los juicios a los ejecutores de la política terrorista fue la sistematicidad con que actuaron. No se trataba de ninguna improvisación, todo había sido previa y fríamente pensado. El “problema” que Videla presenta al cardenal Raúl Primatesta, y a los obispos Vicente Zazpe y Juan Aramburu (imposibilidad de informar a la sociedad con la debida meticulosidad, por no existir una lista unificada de las víctimas) es sólo una burda y consentida estratagema verbal. La ausencia de “información centralizada” choca con la decisión piramidal, esto es perfectamente centralizada, de “aniquilar” al enemigo. Esta decisión contiene una suerte de garantía adicional para los “ejecutores” materiales, adenda que se propone asegurarles a perpetuidad la impunidad de sus actos. Por tanto, para que sea “imposible traicionar” –debemos admitir que los verdugos conocían perfectamente el paño de sus jefes– para que no puedan delatarlos más tarde, debía ser materialmente imposible saber quién era el responsable. Ahora bien, esta “imposibilidad” no era una debilidad del poder, sino su lógica operativa. Y la amistosa comprensión de la Iglesia, que Videla subrayara una y otra vez, demuestra algo más: no era la primera vez que esa jerarquía recibía esa información.
El propio Verbitsky nos hace saber que previamente Emilio Mignone, fundador del CELS, les había hecho llegar una carta donde daba cuenta de la metodología empleada. Y es precisamente esa carta la que guía el interrogatorio presidencial, pero tanto la jerarquía como el propio Videla sabían perfectamente que existía otra fuente: los 250 capellanes militares.
Un profesor de la Escuela Superior de Guerra de esos días, me relató una historia presencial. Acababa de dar su clase “técnica”, y vio ingresar a un capellán al curso. El cambio de clima entre los oficiales fue instantáneo. Tanto le llamó la atención que permaneció en las inmediaciones, y pudo escuchar los alaridos de los asistentes enardecidos por el discurso eclesial. No sólo eran reconfortados –como nos hiciera saber el capitán Adolfo Scilingo, en testimonio al propio Verbitsky– sino incitados a actuar con la debida energía de cruzados católicos. Ahora se entiende mejor el comportamiento del curita Christian von Wernich, y sobre todo el ominoso silencio de sus superiores tras su condena judicial pública. Silencio que no han roto hasta hoy, y que muy difícilmente se quiebre.
UN SECRETO A ALARIDOS. En mi libro Las dictaduras argentinas me ocupo de considerar lo que la sociedad argentina sabía, sobre la política de masacre, mientras sucedía. Leyendo 660 cartas de los lectores publicadas en el diario La Prensa entre 1976 y 1983 demuestro que básicamente se sabía todo. Dos piezas que no son cartas de los lectores integran mi análisis: la solicitada pagada por los familiares del profesor Bravo, para lograr su liberación, y el reportaje a monseñor Antonio Quarracino, por ese entonces presidente de la CELAM y obispo de Avellaneda. El reportaje está fechado el 3 de abril de 1983. Sostiene entonces Quarracino: debe decirse a la sociedad argentina sobre los desaparecidos que “de alguna manera u otra todos somos culpables”.
Y añade: “Yo entiendo que es preferible hablar de ley de olvido antes que de ley de amnistía, porque la amnistía tiene el frío contenido jurídico, en cambio el olvido tiene un sentido más hondo, más humano, más profundo. Juzgo conveniente hacer una estructuración jurídica, hacer algo que pueda llamarse verdaderamente ley, aunque pueda tener otra denominación, que evite el envenenamiento por odio, la venganza, la injusticia en la sociedad argentina actual y en la del futuro.”
Es imprescindible prestar atención a las fechas. El 3 de abril, Quarracino adelanta el comportamiento del entonces general Bignone, a cargo del Ejecutivo por decisión del Ejército. El 28 de abril, después de fijar la fecha electoral para octubre, Bignone dicta el Decreto 2726/83 en el que ordena la destrucción de la documentación existente sobre la detención, tortura y asesinato de los desaparecidos. Vale decir, esa documentación existía al menos hasta esa fecha y habría dejado de existir entonces. O lo que todavía es más grave, Bignone utilizó un decreto del Poder Ejecutivo para encubrir los delitos cometidos, y da a conocer el Documento Final sobre la lucha contra la subversión y el terrorismo que comunica la muerte de los desaparecidos. Recién el 23 de septiembre su gobierno promulgaría la Ley 22.924, de autoamnistía, y es precisamente en el desconocimiento de su carácter de ley que se basa el juicio a las tres juntas militares impulsado por el gobierno de Raúl Alfonsín.
Entonces, Bignone dicta la autoamnistía el 23 de septiembre y Quarracino impulsa esa “idea” cinco meses antes. Más aun, todavía la “ley” no ha sido comunicada y el presidente del CELAM nos hace saber sus dotes predictivas, sostiene monseñor: “Yo no afirmo que no deba actuar la justicia, cuando deba actuar, pero que tenga reglas o límites, que no se cuáles podrían ser para evitar ese envenenamiento.”
La justicia sólo puede establecer lo acontecido y determinar la responsabilidad penal. El límite de la justicia es preciso: la igualdad ante la ley, es decir, igual delito supone igual pena. Sostengo en Las dictaduras argentinas: “La afirmación ‘todos somos culpables’ sólo puede surgir de la voluntad explícita de no averiguar la responsabilidad, personal, intransferible, de cada uno de los culpables. Y como las FF AA y la Iglesia Católica no pueden ser culpables, todos somos culpables para que ambas instituciones resulten inocentes. De ser así, su afirmación equivaldría a una confesión de culpabilidad que afecta, en primera instancia, a la Iglesia Católica.”
Cuando terminé de escribir Las dictaduras argentinas no estaba disponible el documento que Verbitsky acaba de difundir. Es que su publicación –al igual que la verdad videlista– cierra otro capítulo sobre la responsabilidad histórica de la represión. Ahora nadie puede de buena fe sostener: la Iglesia hizo lo que pudo; hizo y hace todo lo que puede para falsificar la historia nacional y no tener que asumir su propia e indeclinable responsabilidad. Es tiempo de dejarlo definitivamente en claro.<

EVITA, Y LA VERDADERA RAZON DE SU VIDA EN SU PUEBLO DE LOS TOLDOS

El Instituto Nacional Eva Perón presenta una investigación que, a través de diversos testimonios orales de sus contemporáneos en su tierra natal, da respuesta a interrogantes sobre su nacimiento y sus primeros años

Por: Ivana Romero

Ercilia Fidelina Gatti recuerda que doña Juana Ibarguren, la madre de Evita, era una mujer hermosa, “toda una matrona con ese pelo blanco, vestida siempre de negro, elegante”. Es que la madre de Ercilia trabajó junto a Juana, las dos modistas, durante los años en que la mujer y sus cinco hijos vivieron en Los Toldos. Ercilia no recuerda a Eva de niña, porque al poco tiempo, tras la muerte de Juan Duarte en 1926, la familia se fue a Junín. Pero ella asegura que Eva nació en Los Toldos en 1919 y no en Junín, como mucha historia oficial aseguró durante años. “Ahora yo no sé por qué tuvieron que romper la hoja del registro que acreditaba que Evita había nacido en Los Toldos”, dice. Y agrega que el responsable de hacer eso fue un hombre, Felipe Díaz, a quien en Los Toldos le decían ‘Otoño’. “¿Por qué?”, preguntan sus dos interlocutores, del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Eva Perón. “Porque arrancó la hoja”, responde Ercilia.
El humor y el sentido de pertenencia a un pueblo que subyacen en la voz de esta mujer evidencian que por debajo de los grandes relatos, asoman los detalles, las anécdotas más íntimas. A lo largo del tiempo esas voces cobran relevancia porque permiten dar una versión más compleja –y más rica– de la historia. Ese es el objetivo de Evita de Los Toldos. Testimonios de vida, un libro que recoge referencias sobre la infancia de Eva en esa localidad bonaerense.
Se trata de un trabajo que realizó el Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Eva Perón con colaboración del Archivo Histórico de la provincia de Buenos Aires Dr. Ricardo Levene. Además de la palabra de Ercilia, se recogen las voces de Elena Valente, primera hermana de Evita; Carlos Mac Donnell, abogado e historiador toldense; Irma Brandenman, compañera de colegio de las hermanas Duarte, y Ángel Tresols, cuya madre fue amiga de Juana. Además, incluye las memorias de Erminda Duarte, hermana de Eva, y un anexo fotográfico con material de la época. “Nos interesó conocer la memoria del pueblo que supo acompañarla en sus primeros años de vida, no para encontrar ‘la verdad’ de los hechos”, explica la licenciada Alicia Renzi, vicepresidenta del Instituto.
“Este libro atesora testimonios muy interesantes que hablan de Evita en Los Toldos. La recuerdan como hermana, como amiga, como compañera de juego o como vecina. La recuerdan como María Eva, como niña, como alumna”, cuenta Cristina Álvarez Rodríguez, presidenta del Instituto. En ese sentido Alicia Renzi, vicepresidenta del organismo, aclara que no se trata de encontrar “la verdad” de los hechos sino de “bucear en los recuerdos, los olvidos, las omisiones” de personas que conocieron a Eva o su familia durante los primeros años y así contribuir con más fuentes al conocimiento de su figura.
Este trabajo tiene un estudio preliminar a cargo del historiador Pablo Vázquez, quien consultado por este diario apunta: “La construcción de la figura de Eva es una construcción política. De ahí que ella misma haya decidido privilegiar sus años junto a Perón en la construcción de un proyecto social y político más que su vida personal previa.” Sin embargo, Vázquez rescata fragmentos de La razón de mi vida, donde Eva escribe que de chica tuvo muchos días tristes al advertir “que en el mundo había pobres y había ricos” y que dedicó todos sus esfuerzos a vencer esa injusticia, que no obedecía a un orden “natural” como había pensando en su primera infancia. “Muchas veces, la infancia de Eva fue utilizada para atacarla o cuestionarla pero ahora, en un momento donde el país recupera una corriente historiográfica nacional, popular y federalista, es posible dejar en claro unas cuantas inexactitudes”, agrega.
En ese sentido, en el libro, el historiador Mac Donnell explica el equívoco sobre el lugar de nacimiento de Eva. Ella se vio “en la necesidad de ser anotada como hija legítima nacida en Junín” porque a Perón las Fuerzas Armadas “no le daban autorización a casarse” si Eva figuraba como hija natural.
Además de este dato, los textos devuelven la real dimensión histórica de Evita como una joven bonaerense cargada de ilusiones que nunca olvidó las injusticias de clase y con los años cambió la realidad argentina junto a Perón. <
En el Museo Evita
Presentación. El libro Evita de Los Toldos se presentó ayer en el stand de Presidencia de la Nación de la Feria del Libro y se presenta hoy a las 18:30 en el Museo Evita, Lafinur 2988. De la actividad participarán las autoridades del Instituto, del Archivo Histórico y el historiador Pablo Vázquez.
El recuerdo de su hermana Erminda
“¿Te acuerdas que mamá no podía comprarnos juguetes? Una máquina de coser y ella, trabajando desde la mañana hasta pasada la medianoche, cubrían nuestras necesidades. Remplazábamos el juguete con el mundo mágico de la naturaleza. (…) Pero de pronto fueron las vísperas de Reyes. A los Reyes Magos sí les podías pedir un juguete bellísimo. El cielo no es mezquino (…) y pediste con fervor: una muñeca de gran tamaño. La noche de aquel lejano 5 de enero dormiste sin reposo (…) a la mañana corriste en busca de tus zapatos dejados en la ventana y la viste. Era altísima y realmente bella. Pero tenía una pierna rota. Mamá te explicó que se había caído de los camellos, y de ahí su mutilación. (…) Pero no te explicó que había adquirido la muñeca casi por nada, justamente a causa de esa rotura. Pero te dijo que los Reyes Magos te la habían traído para que la cuidaras. Una misión dulcísima. Elisa le hizo un vestido largo, casi hasta el suelo, para que no se le notara la rotura de la pierna, y con su nuevo atavío la llevábamos a pasear, una de cada mano. Cumplías tu misión con fervor y también con alegría y en aquella época a nada te dedicaste tanto. Sentiste aquella invalidez como si se tratara de un ser humano aunque era un juguete. Y estoy segura que con el correr de los años, muchas veces, al socorrer a alguien, quizás a un niño enfermo, te acordaste de tu muñeca renga. ¿Tembló su imagen en el fondo de tus recuerdos la vez que un chico inválido, llevado a la Secretaría de Trabajo en brazos de su padre, te pedía con los ojos que lo ayudaras a caminar? Es que los hechos de la infancia son como raíces, que no se ven pero continúan nutriéndonos.”

viernes, 4 de mayo de 2012

LOS RECELOS POR LAS MADRES

Documentos de la Cancillería brasileña de los ’80 dan cuenta de los temores de la dictadura de João Baptista Figueireido ante el fracaso de sus pares argentinos. Las negociaciones para liberar a Alfredo Astiz, capturado por los ingleses.
 
Por Darío Pignotti
Desde Brasilia
 
Luego de la rendición argentina en Malvinas, la dictadura brasileña mostró preocupación frente al derrumbe del régimen de Galtieri y la amenaza de una transición acelerada a la democracia, según lo revelan documentos a los que tuvo acceso este cronista, en los que se recela de las Madres de Plaza de Mayo y el retorno de los “subversivos”.
El Ministerio de Relaciones Exteriores brasileño elaboró un documento sobre el nuevo escenario político interno que se perfilaba tras la caída de Galtieri y la asunción de Reynaldo Bignone, mientras crecía la indignación popular sobre la suerte de los combatientes en Malvinas.
“La pose del presidente Bignone, impuesto aisladamente por el Ejército, da inicio a una nueva fase de la posguerra de Malvinas”, señala un texto de la Cancillería fechado el 1º de julio de 1982.
“La falta de definición sobre el destino de un número considerable de efectivos enviados a Malvinas puede contribuir para ampliar el movimiento denominado Madres de Plaza de Mayo, que congrega a familiares de subversivos cuyo destino es ignorado.”
Los problemas de los ex combatientes, “cuyo destino no está esclarecido... ya viene siendo explotado por grupos contrarios al gobierno, que buscan influenciar a la opinión pública contra el régimen militar”.
La irrupción de políticos opositores y expresiones de repudio de la población eran vistas con aprehensión por Brasilia, que en otro cable advierte sobre la inestabilidad que amenazaba a la dictadura instalada en Buenos Aires desde el 24 de marzo de 1976.
Un documento del Ministerio del Ejército, fechado el 17 de junio de 1982, señala que “la repercusión negativa en la opinión pública” de la derrota de Malvinas es “aprovechada por grupos comprometidos con la subversión que provocaron la manifestación del 15 del corriente (junio)”. Antes de ello, el 12 de abril de 1982, otro reporte “confidencial” del Ejército expone su preocupación por la posición de Montoneros. Dice el informe del Ejército que “Mario Firmenich, secretario general de Montoneros, exiliado en Cuba, manifestó su apoyo a la ocupación de Malvinas, ofreciéndose a luchar con las tropas y propuso la formación de un Gobierno de Emergencia Nacional”.
Como se ve, la dictadura brasileña dio su respaldo a sus pares de la Argentina, sobre todo por la afinidad de los regímenes políticos, y recibió la derrota con preocupación. La Argentina se había convertido en el peor modelo de transición acelerada a la democracia.
El dictador João Baptista Figueireido (1979-1985), mentor de la ley de (auto)amnistía y arquitecto de la retirada lenta, gradual de los militares, se espantaba frente al desplome de sus colegas rioplatenses.
Al mismo tiempo que recelaba de las Madres de Plaza de Mayo y la reaparición de los “subversivos”, la diplomacia brasileña mantenía conversaciones con el gobierno de Margaret Thatcher para la liberación del capitán de Marina argentino, Alfredo Astiz.
Así lo indica una serie de telegramas enviados por el entonces embajador en Londres, Roberto Campos, quien intercedió para la liberación del represor de la ESMA Astiz, que fue deportado desde Londres hacia Argentina en un avión que hizo escala en Río de Janeiro, a bordo del cual viajaron diplomáticos brasileños.
En algunos de los telegramas entre Campos y la Cancillería se hace mención a que la liberación de Astiz no era sencilla y hubo varios encuentros con funcionarios británicos para que esto ocurra. Se consigna, además, que Campos guardaba una vieja amistad con el canciller argentino durante la guerra, Nicanor Costa Méndez, que dejó el cargo tras el fin de la contienda.
Hecho prisionero en las islas Georgias del Sur, Astiz era requerido por la Justicia de Francia y Suecia, debido a la desaparición de dos monjas y una adolescente, según se informa en los cables diplomáticos, revelados a fines de 2011 por el diario Folha de São Paulo.

LOS DOCUMENTOS SECRETOS DE LA INTELIGENCIA DE EEUU DURANTE LA GUERRA DE MALVINAS

Una carta del presidente Reagan a su secretario de Estado Haig revela los movimientos en la guerra para no generar resistencias en América latina y mantener la supremacía de la alianza con Londres. El documento es uno de los que fueron desclasificados por el National Security Archive, que dirige en el área Cono Sur Carlos Osorio. Este y otros textos pueden ser consultados en www.nsarchive.org

Por Martín Granovsky

Una serie de documentos desclasificados pertenecientes a la Presidencia, al Departamento de Estado y a la Agencia Central de Inteligencia revelan los detalles de la observación y la participación de los Estados Unidos durante la guerra de Malvinas. Una lectura de los 48 textos permitió a Página/12 descubrir para los lectores matices y prioridades de Washington.
Carta de Ronald para Al. Entre los documentos desclasificados por el Departamento de Estado figura una carta personal enviada por el presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, a su secretario de Estado el general Alexander Haig. Mientras los Estados Unidos exploraban la posibilidad de una retirada argentina tras el desembarco del 2 de abril de 1982 y un régimen interino, queda clara la preocupación de Washington por no herir a Margaret Thatcher y sus posibilidades políticas. La primera ministra conservadora que había asumido en 1979 (y que terminaría consolidada por la guerra y por su victoria sobre la Argentina) aparece amistosamente por su diminutivo, Maggie. Dice Reagan a Haig que “después de haber leído tu informe sobre tus conversaciones en Londres queda clara la dificultad que entrañará lograr un compromiso que le permita a Maggie seguir y al mismo tiempo pase el test de ‘equidad’ con nuestros vecinos latinos”. En esas condiciones “no hay mucho margen de maniobra en la posición británica y no se puede ser optimista”. Reagan propuso a Haig insistir en una presencia multinacional y lograr de Galtieri un compromiso de retiro de fuerzas compatible con lo que se pedía al Reino Unido sobre una distancia mínima de sus submarinos nucleares.
Con Galtieri. El embajador Harry Shlaudeman contó en el despacho secreto 2640 que, a pedido de Galtieri, fue a ver al dictador a medianoche del 29 de abril. Le dijo que no tenía instrucciones para esa reunión pero que quería “evitar una confrontación fatal”. Y añadió: “Le señalé que no había recibido una adecuada respuesta a nuestras propuestas y que al día siguiente anunciaríamos varias medidas contra la Argentina”. Estuvieron más de una hora reunidos. Al final de la charla, Schlaudeman tomó la iniciativa de sugerir a Galtieri que anunciara el retiro unilateral de las tropas de las Malvinas como un primer paso hacia una solución pacífica y “como un gesto de buena voluntad”. Dijo el embajador que Galtieri pareció tomar la propuesta en serio e incluso la escribió, pero transmitió al embajador que él era uno entre tres para tomar decisiones. Aludía a la Junta Militar. Eso parece haber inclinado al embajador de los Estados Unidos a formular la recomendación que sigue: “Sugiero de la manera más firme que no anunciemos las medidas contempladas hasta que yo haya tenido la posibilidad de continuar explorando otras posibilidades con Galtieri mañana por la mañana. Creo que todavía hay una chance, aun pequeña”. Schlaudeman escribió que insistió varias veces ante Galtieri en que la Argentina no fuera la autora de la primera acción ofensiva. Galtieri le dijo que había frenado tres veces el primer disparo en esos días pero que no podría continuar haciéndolo, y dijo que “la Marina está hambrienta de acción”. Aludió a que había utilizado capital político para frenar el hecho del primer disparo.
EE.UU. no fue mediador. Un resumen inicial del Departamento de Estado que se titula “Falkland Islands” comienza así: “A pesar del contacto directo entre el presidente Reagan y el presidente Galtieri, la Argentina ocupó las islas Falkland el 2 de abril”. Sostiene que los Estados Unidos tienen un papel importante en resolución de la crisis. “Uno de nuestros aliados más importantes, el Reino Unido juega un rol vital en las relaciones Este/Oeste a través de su participación en la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Un involucramiento del Reino Unido durante un período prolongado en una crisis del Atlántico Sur distraería importantes recursos de defensa lejos de Europa y de Hemisferio Norte. En el caso de la Argentina nuestras relaciones fueron mejorando, lo cual contribuyó a la estabilidad en la región enteramente considerada y con la promesa de una sociedad futura en temas importantes. También queremos evitar daños en el sistema interamericano”. Recuerda el texto que inmediatamente después, los Estados Unidos deploraron el uso de la fuerza por parte de la Argentina y pidieron el cumplimiento de la resolución 502 del Consejo de Seguridad, que reclamaba el cese inmediato de hostilidades, el retiro de las fuerzas argentinas y la negociación diplomática. “Al mismo tiempo que deploraba la violencia, los Estados Unidos mantuvieron un tono balanceado en el trato con la Argentina y con el Reino Unido, necesario si queremos tener éxito en ayudarlos a resolver su disputa.” El informe de situación refiere las visitas del secretario de Estado Haig a Londres y Buenos Aires, aunque “nunca asumimos el rol formal de mediador entre la Argentina y el Reino Unido”. Para el Departamento de Estado, existen posibilidades de que el conflicto empeore. Y si eso sucede, el temor expresado en el texto es que la Junta Militar “busque apoyo donde puede encontrarlo”. Aunque “el régimen es anticomunista, podría volcarse hacia la Unión Soviética en busca de ayuda militar, económica y política”. Un desarrollo de ese tipo “tendría serias consecuencias para la Argentina y para la seguridad estratégica del Hemisferio Occidental”. La última denominación es la usual, y lo era más en tiempos de Guerra Fría, para denominar al continente americano.
Una mirada civil. El cable confidencial 2450 comenta una conversación con “un político bien informado que generalmente apoya al gobierno militar” y refleja, según la embajada de los Estados Unidos, “el pensamiento de los sectores conservadores más importantes que cooperaron con los militares desde 1976”. El personaje en cuestión se mostró “oscuramente pesimista sobre el futuro” y lo analizó en cinco puntos. El primero, que Galtieri caerá si no obtiene el compromiso británico de reconocer la soberanía argentina sobre las islas en un período de entre seis meses y un año. El segundo punto, que con ese compromiso Galtieri podría sobrevivir, pero ni siquiera de manera segura. Si “ganara”, su movida siguiente sería buscar una elección popular para ser presidente por el voto en 1983. (En ese punto el redactor del despacho pone paréntesis y dice, poniendo una valoración, que en opinión de los diplomáticos norteamericanos una aproximación de Galtieri a elecciones libres es muy remota.) Tercer punto, desde la perspectiva de Galtieri sería mejor librar una guerra perdida (“y nuestra fuente está segura de que la Argentina perderá”) que rendirse y deponer el reclamo de soberanía. El cuarto punto es que “no hay ningún político en el país que piense que la invasión de las islas haya sido otra cosa que un error colosal” y que existe la percepción extendida de que “el presidente y sus consejeros son incompetentes”. El quinto punto parece una anticipación del escenario que siguió al hundimiento del Belgrano, el 2 de mayo. Si se produce un enfrentamiento grande y muchos argentinos resultan muertos (“hunden un barco y mueren 400”, dijo el político consultado) el pueblo tendrá una reacción “incontrolable”. Y uno de los blancos será la embajada norteamericana. Si Galtieri se ve obligado a dejar el poder, se abrirían dos caminos. Uno, la dictadura encabezada por un militar nacionalista de extrema derecha. Otro, la selección de un general para que conduzca una transición a la democracia. El general podría ser José Rogelio Villarreal, secretario general de la Presidencia en tiempos de la presidencia de Videla, o el ex ministro de Trabajo Horacio Liendo, “de buenas relaciones con políticos peronistas y con Frondizi”. En el caso de Villarreal, las buenas relaciones se extendían a conservadores y radicales, cosa que dirigentes radicales confirmaron a la embajada de los Estados Unidos.
Dear Francis. Uno de los textos desclasificados es una carta dirigida por el secretario de Estado Alexander Haig a su colega británico, el primer secretario del Foreign Office británico Francis Pym. Le dice que envía adjunto un texto de Nicanor Costa Méndez, el canciller argentino, pero que no quiere ejercer influencia sobre Pym porque a él mismo no lo convence el retroceso del argentino respecto de acuerdos previos. Lo que sí queda asegurado en todos los casos, incluso con negociaciones, una administración interina y el compromiso del retiro, es el control británico. En cuanto al interinato, el compromiso asumido por Costa Méndez es que los consejos locales seguirán siendo soberanos. No habría problemas para la seguridad, porque los submarinos británicos quedarían fuera de las 150 millas náuticas pero se trataría, en tiempo, de solo cinco horas para llegar a las islas. Y dice una parte del texto: “Francis, no está claro quién manda allí (en la Argentina). Hay por lo menos 50 personas, incluyendo a comandantes de cuerpo, que ejercen el derecho de veto, y en este punto no puedo hacer nada”. De cualquiera manera, para Haig un acuerdo sería conveniente y lo contrario supondría costos para todos. El secretario de Estado le pidió a su colega que por favor lo llamara antes de tomar cualquier decisión pública. La propuesta argentina recibida por los Estados Unidos proponía que en siete días la dictadura retiraría la mitad de sus tropas hacia el continente y el Reino Unido no pasaría una distancia de tres mil millas náuticas para sus fuerzas navales. Las fuerzas quedarían retiradas totalmente en 15 días. El Reino Unido se comprometería a terminar el proceso de descolonización el 31 de diciembre de 1982, aplicando el principio de integridad territorial argentina de acuerdo con la resolución 2065 de las Naciones Unidas. Hasta esa fecha las islas continuarían desmilitarizadas. Se mantendrían los derechos y garantías de los isleños “sobre todo en lo que se refiere a la libertad de expresión, de religión, de enseñanza y de movimiento, lo mismo que los derechos de propiedad, las fuentes de trabajo, las costumbres, el estilo de vida y los lazos tradicionales familiares, sociales y culturales con sus países de origen”. El Estado argentino decía estar dispuesto a pagar “un precio justo” por las propiedades de los individuos o las empresas que no desearan continuar sus actividades en las islas. En el período de transición hasta el 31 de diciembre de 1982, la administración de las islas estaría compuesta por un gobernador designado por el gobierno argentino, sería mantenida la administración local excepto la policía, también se mantendrían los consejos legislativo y ejecutivo y se ampliaría el número para integrar un número igual de miembros designados por el gobierno argentino, preferiblemente entre los argentinos ya residentes en las islas. La bandera argentina continuaría flameando en las islas. El Estado promovería viajes, transportes, comunicaciones y todo tipo de comercio entre el territorio continental y las islas. Un grupo compuesto por un número igual de representantes de la Argentina, de los Estados Unidos y del Reino Unido verificará la implementación de las obligaciones que implica el acuerdo. El garante sería el gobierno de los Estados Unidos.
La excitación de Galtieri y los problemas de Thatcher. El 14 de abril de 1982 el primer objetivo de los Estados Unidos seguía siendo “encontrar una vía para permitirle a Galtieri una retirada con honor”. Así lo expuso el secretario de Estado Alexander Haig. Para él, el objetivo podría cumplirse si se complementaban una situación provisoria en Malvinas luego del desembarco argentino, la tensión entre los dos países por la soberanía y “la insistencia británica en la autodeterminación en la negociación de un acuerdo final”. El problema, para Haig, es que “excitó tanto al pueblo argentino que se dejó poco margen de maniobra”. Entonces, retirarse podría ser visto popularmente “como una ignominia” y Galtieri quedaría aún en peores condiciones con Thatcher, cuya suerte Haig también medía. Los dos saltarían de sus puestos. Galtieri por “la volatilidad” y Thatcher por la dificultad en “vender un acuerdo al Parlamento”. En el caso británico incluso un incidente bélico daría por tierra con el plan norteamericano. Cuando expuso esta situación en la Casa Blanca, Haig ya había asistir a la concentración en Plaza de Mayo convocada por Galtieri el 10 de abril.
Situación aérea y participación soviética. Un cable secreto del 4 de abril, dos días después del desembarco, analizaba el escenario aéreo que estaba plasmándose. Londres estaba pensando en una ruta que uniera Tahití, la isla de Pascua y Chile para sus aviones. Pronosticaba la posibilidad de un enfrentamiento militar la semana siguiente porque Galtieri había declarado el 3 que un bloqueo británico a las islas “significaría guerra”. En ese cuadro “aparentemente los soviéticos están respaldando los reclamos argentinos, a pesar de que ese apoyo es de bajo perfil”. La base es la exportación de granos argentinos que salvaron a la Unión Soviética de la escasez de productos del campo. Sin embargo, Moscú “no ofreció ayuda diplomática a Buenos Aires”. ¿Qué podría hacer la Unión Soviética, entonces? Pasar a los argentinos datos de la flota británica.
América latina (y un ojo en Londres). Para la Agencia Central de Inteligencia no cabían dudas de que los ministros de Relaciones Exteriores de América latina aprobarían una resolución que pediría a los Estados Unidos no ayudar más al Reino Unido. El análisis indicaba que el gobierno argentino confiaba en que efectivamente los votos cambiaran la posición norteamericana e hicieran que Washington intercediera ante Londres. Al mismo tiempo, Thatcher conseguía despejar dificultades, las encuestas sobre intención de voto daban una ventaja de dos a uno a conservadores sobre laboristas. Un 85 aprobaba el manejo de Thatcher en la crisis. Había logrado diezmar las capacidades aéreas argentinas, que en una primera etapa produjeron daños serios a los británicos. Las fuerzas británicas eliminaron un tercio de los aviones de primera línea de la Marina y la Fuerza Aérea. La balanza se inclinaría el día en que, ya sin peligro de ataque, los aviones Harrier del Reino Unido pudieran dedicarse ya no a defender la flota, hasta entonces su primer objetivo, sino de lleno a destruir posiciones argentinas.
Observación aérea. La inteligencia norteamericana no se basó solo en filtraciones o en su acceso a militares argentinos. El reconocimiento aéreo le permitió trazar mapas detallados en los que observaba el movimiento del equipamiento militar, en especial del aéreo, que aparecía como la llave de las operaciones. El arqueo era detallado. Por ejemplo, decía que ocho aviones Mirage III/IV estaban en la base de Tandil a la vista, mientras que otros estaban en el área de mantenimiento. La descripción detallaba la situación en Curuzú Cuatiá, Reconquista, General Urquiza, Dr. Mariano Moreno, Buenos Aires, Mar del Plata, Bahía Blanca, comandante Espora y Puerto Belgrano, en todos los casos con indicación del nivel de nubosidad imperante. También eran observados los barcos de la retaguardia. El Murature estaba atracado e Buenos Aires en la Dársena Norte, lo mismo que lo que parecían cuatro buques menores. “No se puede discernir si hay actividad militar o logística en la base naval del Mar del Plata”, informaba la inteligencia norteamericana.
Satélite sobre las islas. Las posiciones argentinas en las Malvinas eran observadas por satélites y procesadas por el Centro Nacional de Interpretación Fotográfica. El 28 de mayo de 1982 el Centro informó que las que denominaba “fuerzas argentinas de ocupación en las islas Falkland” habían logrado mejorar sus posiciones defensivas “alrededor de Stanley”. El texto del informe es certero en partes y conjetural en otros, y habla de que, por ejemplo, fue registrado “un posible Skyhawk”, y “50 probables carpas para dos personas”. Las certezas indicaban la construcción de “aproximadamente 16 posiciones al sur de Stanley”.
La estrategia británica. El Reino Unido fue objetivo de análisis de igual manera, o quizás con mayor profundidad, que la Argentina. En todo momento la Agencia Central de Inteligencia entregó al presidente Ronald Reagan material con posibles escenarios políticos. Un ejemplo: “Londres busca una victoria rápida en las Falklands y sus fuerzas probablemente se consoliden rápido. Los británicos probablemente intenten un asalto directo contra las fuerzas argentinas en Stanley aunque éstas sean sustancialmente superiores en número. El gobierno parece preparado para aceptar la existencia de bajas relativamente altas en compensación con que se vea un rápido triunfo militar. La primera ministra Thatcher podría llamar a elecciones anticipadas, aunque un revés serio podría dar como resultado su reemplazo”. El ideal británico era una campaña de menos de dos semanas que incluyera la consolidación en San Carlos y luego el movimiento hacia la captura de Darwin/Goose Green, a menos de 32 kilómetros, donde hay 600 soldados y un aeropuerto. Recién luego irían a Stanley, 80 kilómetros al este. En Darwin/Goose Green probablemente a los argentinos les costaría resistir el peso de los cinco o seis mil hombres puestos allí a presionar por parte de los británicos. “Aunque los tres mil soldados a bordo del Queen Elizabeth han sido caracterizados como una fuerza de guarnición, podrían comprometerse con las fuerzas ya desplegadas en el territorio” porque, además, los Guardias Escoceses y los Guardias Galeses que viajan en el buque “están entre las mejores unidades británicas”. Mientras tanto, el objetivo del Reino Unido sería destruir el portaaviones argentino, la munición y los suministros y un ataque masivo a Stanley. Sería importante la protección aérea que pudieran dar los aviones Harrier para disminuir la cantidad de bajas británicas en el avance hacia Stanley. Los argentinos, a su vez, podrían lanzar un contraataque desde Stanley. Entretanto, desde el punto de vista político, “puesto que los británicos observan las propuestas de negociación como perjudiciales para sus intereses, una campaña corta y exitosa recibiría apoyo amplio en el Reino Unido”. Entonces, ya “con el respaldo de la opinión pública Thatcher y la mayoría del Partido Conservador probablemente quieran continuar y acepten entonces bajas relativamente más importantes, aunque solo si el resultado es una victoria militar contundente”. Esa campaña militar redoblada se vería facilitada por el apoyo de la alianza socialdemócrata-liberal y por la división en el Partido Laborista, una brecha cada vez más abierta que favorece a los conservadores. “Una campaña corta y exitosa, especialmente con pocas bajas nuevas, podría catapultar a los tories a la posición más fuerte desde comienzos de la década de 1960”, dice el texto de inteligencia. “En ese caso se incrementan las chances de que haya una elecciones a fines de la primavera”, o sea, ya que es el Hemisferio Norte, antes de que comience el verano el 21 de junio. La guerra terminó con la victoria británica una semana antes, el 14 de ese mes. No hizo falta más de una estación. En todo momento, según el análisis de la CIA, las pérdidas están asociadas, en su efecto sobre la popularidad de la primera ministra, al éxito militar. Si el éxito acompaña, las bajas pueden justificarse políticamente. El fantasma es que no haya éxitos y aparezca la peor situación para Thatcher: la erosión de su popularidad y, después, la aceptación de un cese de fuego y de la mediación de Naciones Unidas. El análisis de la CIA se planteaba incluso qué pasaría ante esa posibilidad. “Si Thatcher cae, sería reemplazada por un tory ubicado con menos claridad a favor de políticas militares duras”. Los dimes y diretes señalaban en esa posición a Pym, el primer secretario del Foreign Office. De todos modos, para la CIA era improbable que hubiera una elección general inmediata.
Qué debían hacer los EE.UU. La directiva número 34 del Consejo Nacional de Seguridad de la Casa Blanca con fecha 14 de mayo de 1982 recuerda cuál es la política que guía a los Estados Unidos en lo que denomina “la crisis del Atlántico Sur”. Por un lado, la claridad para hacer explícita la posición norteamericana de apoyar al Reino Unido y “la determinación de no aceptar el uso ilegal de la fuerza para resolver disputas”. Por otro lado, la suspensión de todas las exportaciones de suministros militares a la Argentina, lo cual incluye municiones y provisiones ya en curso y el análisis, para su prohibición de las licencias en trámite. También el retiro de la capacidad argentina de ser elegida para recibir otras provisiones en el futuro. Más allá del mercado de armas, la Argentina quedaría fuera de las operaciones del Eximbank, el banco de exportaciones e importaciones que había castigado originalmente las operaciones financieras durante el gobierno de James Carter (1977-1981) aunque luego el gobierno de Ronald Reagan fue relajando los castigos. Otra forma de escarmiento fue el retiro de las garantías para créditos de commodities y otra más la colocación de trabas cuando se requiriese la aceptación por parte de los Estados Unidos para ventas argentinas a terceros países.
El pulso de los latinoamericanos. El análisis del Departamento de Estado era que el sentimiento latinoamericano hacia la Argentina se solidificó luego del anuncio del apoyo de los Estados Unidos al Reino Unido, el 30 de abril, y el hundimiento del Crucero General Belgrano el 2 de mayo. Eso sí: “El conflicto anglo-argentino dividió a los países de habla hispana de los caribeños anglófonos, puso en peligro el sistema interamericano, le dio a Cuba la posibilidad de restaurar sus relaciones con la Argentina y recibir la solidaridad latinoamericana, encendió sentimientos nacionalistas en el hemisferio y revivió el antinorteamericanismo latente”. Lo último sucedió sobre todo en Venezuela, Nicaragua y Perú. Un análisis país por país seguía a esta visión genérica de la inteligencia del Departamento de Estado. En Brasil, autoridades “dijeron en privado que estaban en desacuerdo y preocupados con el nivel y la amplitud del apoyo norteamericano el Reino Unido” y confiaron que extraoficialmente habían dado su acuerdo para la compra de material bélico. En público los brasileños habían pedido el cumplimiento de la resolución 502, de retiro de tropas de las islas y, según citaba el análisis, la preocupación era que las medidas comerciales, financieras y de suministros de armas contra la Argentina pudieran repetirse para otros países. El caso de la dictadura chilena de Augusto Pinochet era distinto. Aunque la situación próxima a una guerra en 1978 no está citada en el análisis diplomático, en cambio sí está reflejado el pensamiento del gobierno sobre las relaciones con la Argentina en general. En privado, en conversaciones privadas mantenidas en Washington y en Santiago de Chile, los funcionarios chilenos se quejaron de su “frustración por años de interminables conversaciones sobre el Canal de Beagle con la Argentina”, país al que observaban como “intransigente”. También expresaron a diplomáticos norteamericanos su simpatía por el Reino Unido porque lo contrario sería una victoria, preocupante para el futuro chileno, por parte de la Argentina. Los colombianos apoyan el reclamo argentino de soberanía pero no el recurso el uso de la fuerza. Los costarricenses advirtieron a los norteamericanos que con su posición enfrentarían “una tormenta de protestas en América latina”. El gobierno de Rodrigo Carazo incluso pidió retirar la sede de la Organización de los Estados Americanos de Washington. Cuba reaccionó rápido y el vicepresidente Carlos Rafael Rodríguez dijo en una entrevista al diario francés Le Monde que su país estaba listo para ayudar a la Argentina, incluso militarmente. La Habana condenó al Reino Unido, apoyó a la Argentina y convocó a la solidaridad latinoamericana. El líder de la derecha guatemalteca, Mario Sandoval, envió un telegrama al presidente Reagan quejándose de “la política increíblemente estúpida” de los Estados Unidos. La junta militar de Guatemala elogió las “buenas intenciones” del secretario de Estado Alexander Haig pero dijo que el país apoyaría completamente a la Argentina y hasta estaba pensando en mandar un contingente militar. El gobierno mexicano criticó tanto al Reino Unido como a la Argentina pero dijo que apoyaba la soberanía argentina sobre las islas. La conclusión de la diplomacia norteamericana es que incluso las actitudes que en un principio fueron ambiguas se tornarían más claras en el peor sentido para los Estados Unidos. Después del hundimiento del Belgrano y del apoyo norteamericano al Reino Unido de manera abierta, el sentimiento generalizado sería cada vez más “antiimperialista”. En tanto, Venezuela dijo que estudiaría cualquier tipo de pedido por parte de la Argentina, hasta militar.
Después del Belgrano. Un despacho de la embajada de los Estados Unidos en la Argentina da cuenta de los efectos del hundimiento del Belgrano entre los sectores militares gobernantes. La preocupación del embajador Harry Schlaudeman es redoblar esfuerzos contra la idea de que fueron los Estados Unidos los que proveyeron la inteligencia satelital necesaria para localizar el crucero y hundirlo. Dice el texto que lo llamó el jefe del Estado Mayor del Ejército, el entonces general Antonio Vaquero, para decirle que los argentinos “tienen pruebas” de que así fue. También refiere que “Télam, la agencia de noticias del gobierno, puso en su servicio una nota según la cual un informante no identificado del Pentágono dijo que los Estados Unidos tienen como mínimo un satélite espía en el Atlántico Sur y que gran parte de la información obtenida es transmitida al Reino Unido”. El embajador también se quejaba por la confusión a su juicio reinante en la Argentina entre fotografías de satélites meteorológicos y los que se utilizan para obtener información militar. Escribía Schlaudeman: “La prensa aquí también destaca declaraciones del secretario (de Defensa, Caspar) Weinberger sobre que los Estados Unidos darían al Reino Unido todo tipo de apoyo, inclusive logístico, material e informativo”. Se lamenta de que esa declaración es utilizada como confirmación del presunto envío de información antes del hundimiento del Belgrano.

jueves, 3 de mayo de 2012

ESCALAR ESTA DE MODA Y ADVIERTEN SOBRE SUS RIESGOS

Por Roxana Badaloni

Aseguran que desde hace diez años sube a las montañas mucha gente sin preparación.

El auge de los deportes de aventura provocó un impulso del montañismo en todo el país. Cada vez más gente se lanza a la aventura de alcanzar las nubes. En Buenos Aires, clubes tradicionales –como el Ateneo de la juventud– instalan palestras (placas que imitan la morfología de una roca) para que los niños escalen y hasta algunos cruceros ofrecen en popa la posibilidad de trepar mirando el mar. La moda, incluso, tiene sus referentes famosos, con el actor Facundo Arana, recientemente evacuado del Everest, a la cabeza . En Mendoza, meca de la actividad, son cada vez más los turistas que se anotan en caminatas por la montaña y los audaces que contratan excursiones de ascenso a los cerros. Y también lugares como El Chaltén, en Santa Cruz, considerado capital nacional del treeking, terminan de cerrar un verano con récord de visitantes. Pero los andinistas expertos, testigos del cambio, advierten: “Antes sólo venían deportistas entrenados; ahora llegan muchos turistas con poca preparación”.
“Hasta el Aconcagua han arribado personas mayores para cumplir una promesa”, dice el jefe de los equipos médicos del Aconcagua (6.962 metros de altura), Ignacio Rogé. La anécdota refiere a tres jubilados del Chaco que sin experiencia ni equipo comenzaron a transitar la ruta Norte del Aconcagua. Anduvieron dos horas y al llegar a la primera base, Confluencia, tuvieron que ser evacuados a la capital mendocina. Sufrieron edema pulmonar y quedaron una semana hospitalizados.
Dos grupos etarios crecieron en los últimos años: menores de entre 14 y 18 años que llegan a batir récords, a veces impulsados por sus padres, y mayores de 55 años que tienen más tiempo y dinero para dedicarse a lo que consideran “una cuenta pendiente” en su vida.
Marcelo Acosta, director de la escuela de Guías de Montaña, confirma esta tendencia: “Conozco mucha gente que su primer cerro es el Aconcagua, cuando se requiere entre seis meses y un año de fortalecimiento aeróbico para ascender; y su grado de dificultad es medio-alto”. Y remata: “Hace 10 años que los que llegan a la montaña dejaron de ser andinistas y ahora son turistas”.
El médico Rogé lo está viendo: “Se automedican y esconden síntomas de agotamiento para no abandonar la expedición”, observa.
Este año, la temporada en Aconcagua cerró con siete mil andinistas, 203 evacuaciones y sin muertos, aunque un vasco está desaparecido desde el 8 de febrero. Las cifras de ingreso son similares a las de las cinco últimas temporadas. Lo que creció es la cantidad de personas que llegan al parque Aconcagua y al Cordón del Plata para realizar caminatas cortas, que a veces también implican subir a cumbres más bajas. Entre diciembre de 2011 y marzo de este año, más de 80 mil personas caminaron por los alrededores de la montaña más alta, enfrentando los riesgos del Mal de Altura( ver). Y los deportistas que hacen travesías pasaron 2.630 en 2011 a 3.301 al finalizar 2012.

BIOGRAFIA EN MARCHA

A casi diez años de su muerte, un anticipo del libro “Darío Santillán: el militante que puso el cuerpo”.

Lucha y esfuerzo, hoy homenaje, es la síntesis de los 21 años que intensamente vivió Darío Santillán, el militante cuya vida (y la de Maxi Kosteki) quedó trunca en el Puente Pueyrredón el 26 de junio de 2002.
Su cuna en el barrio Don Orione, y crecimiento en La Fe, una zona humilde en el partido de Lanús, marcó a este joven cuyo devenir se narra en Darío Santillán. El militante que puso el cuerpo una biografía intensa, signada por la pasión y el coraje.
Este libro escrito por Ariel Hendler, periodista de Clarín , junto a Mariano Pacheco (amigo y compañero de militancia de Darío) y Juan Rey, reúne testimonios de familiares, compañeros y amigos de Santillán. Según sus autores, la obra editada por Planeta evoca la lucha del joven y la de sus compañeros de ruta, otros chicos y chicas del suburbio, como él, por trascender las limitaciones y el porvenir acotado que les imponía una situación desfavorable en lo más profundo del conurbano.
Con sus aciertos y sus errores, el ímpetu juvenil de Santillán estuvo signado por su idolatría por el Che junto al respeto por Evita. Y en él quizás está la síntesis de una juventud militante que les puso el cuerpo a la necesidad.
En exclusiva, un adelanto de Amigos, amigas y algo más perteneciente al capítulo 2, 1998-1999 La Militancia secundaria .
..........................................................
(...) Formalmente, la Agrupación 11 de Julio tenía su organización interna, con reuniones formales e informales y plenarios, casi siempre en la casa de Grillo o en la plaza frente a su casa. También comenzaron a organizar en San Francisco Solano algunas actividades que hasta entonces hacían sólo en Quilmes, como radios abiertas en la plaza para las fechas especiales. El 8 de octubre de 1999 volvieron a hacerlo, esta vez para recordar la muerte del Che en la selva boliviana. La consigna fue: “Con tu ejemplo, Guevara, por la patria liberada”. Otra actividad fue la del 20 de noviembre para reivindicar el Día de la Soberanía Nacional. Hubo “mates, guitarreada y ollita popular”.
Pero Leo Santillán, que para entonces había comenzado a participar más activamente de la 11 de Julio, cuenta que lo que más recuerda no son las reuniones formales ni los plenarios, ni las radios abiertas, sino las jodas de los sábados a la noche. A la vez que se realizaban las actividades de la agrupación, se iba consolidando un grupo al que los unía algo más que un proyecto político compartido. Se hicieron, además de compañeros, novios, en algunos casos, y amigos, en casi todos.
No iban a boliches ni a lugares por el estilo. Ni siquiera a bares. Se juntaban en las casas a charlar, a tocar la guitarra y a tomar algo, a pesar de que a la mañana siguiente tenían que estar temprano en el asentamiento 9 de Agosto para dar apoyo escolar. Leo cuenta que Darío era el que se levantaba primero, mientras que él, Noelia y el resto todavía estaban “fisurados” cuando él ya estaba listo para partir.
Grillo cuenta que nunca transitó una experiencia similar: “Éramos un grupo muy unido. Nos juntábamos a tomar cerveza, mucha cerveza, a escuchar música y a conversar. Toda la noche. Todos los fines de semana”. Noelia recuerda que en esa época se unió mucho más a Darío. Tal vez porque empezaban a compartir otras cosas que de chicos, al ser ella la única hermana mujer, se le había dificultado un poco compartir, tanto con él como con sus otros hermanos varones. “Para mí, Darío, más que un hermano, era un amigo”, dice Noelia. Al igual que ella, los demás también recuerdan con cariño lo realizado durante aquellos años. “Escuchábamos rock, un poco de punk, ‘cumbiancha’ a veces, para bailar. Comprábamos esos vinos horribles, en caja, que salían un peso. Cortábamos unas botellas de gaseosa, de esas también baratas, y mezclábamos todo ahí”, cuenta Grillo.
Una vez fueron a una “disco” llamada Reflex, en Solano, con Darío, Grillo y Mariano -que ya estaban de novios-, Daniela y otras compañeras de la escuela. Fueron porque tocaban Los Auténticos Decadentes, dice. También Grillo recuerda esa noche y concuerda en que Darío fue sólo porque tocaba esa banda. “Yo no lo podía creer, ¡Darío en un boliche! Pero fue así, vestido como siempre: con esos vaqueros y una remera medio rotosa. De hecho, cuando llegaron -porque fue con Mariano- en la puerta los miraban con una cara terrible … casi que no los dejan entrar”, recuerda Noelia (...).