martes, 8 de mayo de 2012

"LA MUSICA QUE HACEMOS NO ES PARA UNOS POCOS"

Tonolec. Abandonaron el pop para transformarse en un dúo étnico tecno. La integración, los prejuicios y su futuro musical.

Por Deborah Maniowicz

Hace diez años Charo Bogarín y Diego Pérez comenzaron con el proyecto que iba a cambiar sus vidas para siempre. Acostumbrados al ruido de la gran ciudad y consagrados en el género pop electrónico y tras ganar un concurso de MTV que los llevó a tocar en España, volvieron a Buenos Aires y resolvieron que el género musical que los había consagrado como artistas no los identificaba. Enseguida decidieron contactarse con la comunidad qom (toba) de Resistencia, Chaco, y emprendieron un camino de descubrimiento e integración que concluyó con la formación de Tonolec, que fusiona música electrónica con canto étnico de qom. Hoy llevan grabados tres discos y recorren el país difundiendo no sólo el dialecto toba sino también sus valores y sus cánticos.

En el marco del circuito turístico y cultural de la Secretaría de Cultura de la Nación, la banda aterrizó en Bariloche para apoyar la recuperación de la ciudad, que se vio fuertemente afectada por las cenizas del volcán chileno Puyehue.
–Se definen como “músicos sin fronteras”, ¿qué les representa tocar en El Alto, uno de los barrios más populares y marginados de Bariloche?

Charo Bogarín: –Es nuestra primera vez en Bariloche, tocando al aire libre y en este lugar donde la propuesta es descentralizar las actividades culturales que suceden en el Centro Cívico. Eso tiene un gran significado para nosotros porque nuestra propuesta es federal. Cuando lanzamos Tonolec lo primero que buscamos fue que se entienda que la música que hacíamos no era para unos pocos. Yo nací en Clorinda, Formosa, y Diego en Resistencia, Chaco, y siempre sentimos que las propuestas culturales y los referentes musicales no llegaban a la periferia.

Diego Pérez: –Hace diez años, para poder vivir de la música tuvimos que instalarnos en Buenos Aires. Por suerte el circuito cultural se está empezando a abrir. Para nosotros es muy importante viajar. Aunque no siempre es rentable, nuestra prioridad es viajar a los pueblos más chicos. Tocar en El Alto es romper fronteras.

–¿Cómo analizan la situación de los pueblos originarios en la Argentina?

D.P.: –Nosotros difundimos una lengua ancestral originaria y estamos alineados con el reclamo y el respeto a estos pueblos. Jamás nos propusimos ser militantes de la causa; como artistas tuvimos la necesidad de reencontrarnos con nuestra historia. En la Argentina, desde hace cinco años se está viviendo un cambio a nivel social y político que tiene que ver con la integración de los pueblos y con romper murallas. Esto se da porque ellos están más organizados y defienden sus derechos. El reclamo de las tierras es histórico pero continuamente se suman nuevos pedidos.

C.B.: –Para lograr la integración de culturas hay que tener paciencia, tiempo y estar dispuesto a pasar por un largo proceso. En ciertas provincias, el reclamo de tierras y el cuidado del medio ambiente todavía no tienen un tratamiento serio desde el Estado.

–Además de los cantos ancestrales y el lenguaje, ¿qué otra enseñanza toba incorporaron en su cotidianeidad?

C.B.: –La filosofía y su cosmogonía. Otra de las cosas que aprendimos durante los cuatro años en que recopilamos información en la comunidad qom fue el valor del silencio, que tiene además su correlato en la música. Porque es una nota musical y si la utilizás bien define la música que estás proponiendo.

–¿Qué prejuicios intentan derribar desde la música?

D.P.: –Sobre todo los nuestros, abrir nuestra cabeza para integrar todo lo que nos compone: la identidad como argentinos, latinoamericanos, nuestros pueblos originarios y los avances tecnológicos propios de nuestra generación.

–¿La comunidad percibe algún tipo de beneficio?

D.P.: –La palabra beneficio es rarísima porque no somos un ente de beneficencia. La gente cree que somos un movimiento social y nosotros estamos muy contentos con lo que sucede pero somos músicos. Lo que sí tuvimos fue una gran devolución de ellos ya que los niños empezaron a cantar nuestra música. Con lo mal que les fue a sus padres y a sus abuelos, los jóvenes se quieren alejar de la cultura toba, se quieren diferenciar, y cuando empezaron a escuchar nuestra música volvieron a valorar su lengua. Para ellos es importante que se haya producido ese regreso y nosotros colaboramos en ese sentido.

C.B.: –Nuestra acción social es desde la canción, la música y la difusión de la cultura.

–¿Qué propuestas tienen para este año?

D.P.: –A fin de año vamos a lanzar el cuarto disco, donde queremos incorporar cantos guaraníes e infantiles. Ahí va a participar el coro toba Chela Alapi, que también colaboró en el segundo disco.

C.B.: –Yo estudio guaraní desde hace cuatro años para componer en ese idioma. La idea es ir sumando dialectos.

D.P.: –También hay una propuesta para hacer algo en el canal Paka Paka, expandir lo que venimos haciendo y aprovechar el público infantil que nos acompaña. La idea es trabajar con nuestra música e incorporar temas nuevos. Por ejemplo, traduciendo canciones de María Elena Walsh.

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Recalculando

Tonolec cerró el circuito de recitales que se desarrollaron en Bariloche para reactivar el turismo, junto al folclorista Chango Spasiuk. También desfilaron por los escenarios del sur Catupecu Machu, Jaime Torres y La Mississippi. “La idea es difundir que la ciudad se encuentra muy bien, que las cenizas fueron una coyuntura muy dañina pero que la ciudad incorporó la tecnología necesaria para recibir al turismo”, resaltó Marcela Cardillo, subsecretaria de gestión cultural de la Secretaría de Cultura de la Nación.
Durante las jornadas también se realizaron los encuentros de Recalculando, un programa de capacitaciones dirigido por Martín Mena que busca unir los colectivos de bandas e instruirlos para sacarlos del circuito amateur. Entre febrero y marzo se realizaron cuatro encuentros que instruyeron a los jóvenes en audio, cómo armar giras, escenarios y herramientas digitales.

PILOTOS DEL HORROR

Por primera vez se revelan los nombres de los oficiales habilitados para pilotear los Electra, los aviones vinculados con los vuelos de la muerte.

Por Franco Mizrahi

Todavía falta mucha verdad. A 36 años del golpe genocida, aún hay hechos que permanecen en la impunidad. Los vuelos de la muerte son uno de ellos. Los nombres que aquí se revelan por primera vez son los de los pilotos que estaban habilitados a volar los aviones Electra, la flota que está en la mira de la Justicia en la causa que investiga la desaparición forzada de personas en el río y en el mar. Eran los pilotos de una fuerza criminal, en tiempos de acción criminal. La Justicia espera por ellos.
Los miércoles, los pilotos navales sabían que podían ser requeridos. Ese era el día de “traslado” en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada. La tarea: transportar los cuerpos desnudos, anestesiados y torturados de los desaparecidos que estaban apilados en la parte trasera de la aeronave. Cuando ellos ubicaran el avión en las coordenadas adecuadas y dieran la orden, los oficiales de la Armada arrojarían a sus víctimas al vacío. El relato integra el libro Por Siempre Nunca Más, una autobiografía donde el ex capitán de corbeta Adolfo Scilingo reconoce haber participado de dos vuelos desde donde arrojó a 30 personas adormecidas con Pentotal. En su libro, Scilingo dice que por esta vía desaparecieron a 4.400 personas. Los testigos de la ESMA corroboraron que los “traslados” se realizaban los días miércoles.

La autobiografía del asesino Scilingo –condenado en España a 600 años de prisión por crímenes de lesa humanidad– detalla que un mes después de su primer vuelo volvieron a llamarlo. Esta vez había dieciséis detenidos. El proceso fue igual: sacaron a los secuestrados por la puerta trasera del sótano de la ESMA y “semidormidos (los) subieron al camión. En Aeroparque nos esperaba un Electra. Dentro, tenía sólo los asientos que hay entre la portezuela y la cabina, unas seis hileras. El resto estaba vacío. Colocamos los detenidos sobre el costado derecho. Decolamos. (…) Cuando llegó el momento, se despresurizó la cabina. Un suboficial me ató con una soga al lado de la puerta de emergencia de popa estribor (atrás derecha) y luego con mucho cuidado la retiró. Me acercaron a cada uno de los trasladados y una vez más cumplí la misión de hacerles traspasar la puerta rumbo a la muerte”.

El relato de Scilingo coincide con la descripción que realizó un investigador a este cronista: “En el reglamento del Electra L-188 se destaca el capítulo donde se explica ‘cómo arrojar las líneas de salvamento’ desde la aeronave”. Las líneas de salvamento son una especie de soga larga, explicó, que está compuesta por diferentes elementos y forma una especie de cadena de objetos. “Para poder desplegarla, se debe bajar el avión hasta determinada altura, reducir la velocidad y entonces apagar el motor número 3 (el Electra tiene cuatro hélices). Recién allí se procede a la apertura de la puerta trasera de emergencia que tiene la particularidad de abrirse hacia adentro”, explicó. Esta descripción da por tierra con la afirmación de la Armada de que desde los Electra no se puede realizar una descarga en vuelo. Los marinos arguyen la imposibilidad de abrir el portalón principal de este avión que mide unos dos metros por tres metros, ignorando la puerta de emergencia. Justamente, la misma a la que hace referencia el reglamento al que accedió el investigador y el relato de Scilingo. Tal como se desprende de la crónica anterior, la labor de los pilotos era determinante. Su destreza era crucial para llevar a cabo los vuelos de la muerte.

En respuesta a una solicitud de esta revista, el Estado Mayor General de la Armada entregó a la Dirección de DD.HH. del Ministerio de Defensa de la Nación una lista con los pilotos habilitados a volar los aviones Electra L-188 entre 1976 y 1983. Todos pertenecían a la Escuadrilla Aeronaval de Sostén Logística Móvil, que constaba de tres Electra Lockheed 188: el 5T1, matrícula 0691, el 5T2 matrícula 0692 y el 5T3, matrícula 0693, provenientes de Estados Unidos. Esta escuadrilla (EA51), que se investiga como último eslabón del proceso de desaparición de personas, dependía de la Escuadra Naval Número 5, con base en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Según esta documentación, desclasificada junto a todos los archivos de la represión por el gobierno de Cristina Kirchner, los 24 pilotos habilitados a volar estos aviones son los siguientes:

- Benito Basilio Pertiné, cuñado del ex presidente Fernando de la Rúa. Su legajo lo compromete con la represión bestial que aplicó la última dictadura militar. En 1978, Pertiné fue sancionado por “no extremar las medidas para emitir un interrogatorio ordenado por su superior con la atenuante de haberlo detenido luego”. El 22 de mayo de 1979 tuvo como destino esta escuadrilla y también fue sancionado, en esta ocasión por “no extremar las medidas para tener listo el avión, ocasionando demoras en el despegue, siendo el comandante del mismo”.

Además de desempeñarse durante 1979 como instructor del avión L-188, el cuñado de De la Rúa fue segundo comandante en el destino 418. “Ha orientado la actividad de su unidad al logro de una mayor eficacia en el combate y el resultado ha sido altamente satisfactorio en consideración”, lo evaluó uno de sus superiores. Para el almirante Jorge Anaya, “es el oficial de marina más completo que he encontrado a lo largo de toda mi carrera naval. Excepcional”, firmó. Resulta particular la “mayor eficacia en combate” de Pertiné, teniendo en cuenta que la única guerra que libraba la Armada en ese entonces era contra “la subversión”, y todo aquel que no pensara como ellos.

En la actualidad, Pertiné se volcó al rubro de la construcción, llegando a ser contratista del Estado. Según los registros públicos, está vinculado a las empresas Tecnoartel, Cimsa, Udra Argentina S.A. y Constructora San José.

- Luis Conrado Lupori fue otro de los pilotos habilitados para volar los aviones Electra. Según se desprende de su legajo, ya en 1975 había realizado un curso para pilotear este tipo de aeronaves, conocimiento que supo explotar en los años siguientes. Entre el 28 de enero y el 19 de agosto de 1978 estuvo en esta escuadrilla. Puesto que dejó brevemente, tras un pasar por la agregaduría militar en los Estados Unidos. Volvió y estuvo hasta el 31 de diciembre de 1983.

Pero antes de llegar a la EA51, y en pleno terrorismo de Estado, Lupori tuvo un destino muy particular: la ESMA. De acuerdo con su legajo, entre 1975 y 1977 “se desempeñó en la Escuela de Mecánica de la Armada” donde además de ser “jefe de 1º curso de aviación”, también se desempeñó como jefe de contrainteligencia durante 5 meses. También estuvo 8 meses en el mismo destino como jefe de la compañía 11.

Ante este marco, se lee en sus fojas: “Gran valor en el servicio”. Y: “A pesar de no poseer la capacitación, desempeñó el cargo de contrainteligencia. Se ha desempeñado de manera excepcional”. Quien firmó esta última evaluación, el 15 de diciembre de 1976, fue Rubén Chamorro, entonces director de la ESMA. Chamorro estaba acusado por crímenes de lesa humanidad pero murió antes de que se le dictara una condena.

En las mismas fojas se lee: “Informe sobre el calificado: En oportunidad de integrar el calificador la aprobación de un avión Electra que me fuera subordinado por el Sr. Comandante en Jefe de la Armada para el cumplimiento de una operación de alto grado de reserva, demostró un excepcional entusiasmo, espíritu de cooperación y confianza hacia el suscripto. Esta operación, (fue) cumplida en el extranjero con éxito (…)”. Y se resalta el “gran factor contribuyente” del accionar del “capitán Lupori; quien transmitió su ejemplar proceder a la tripulación”. La nota es del 20 de abril de 1979 y quien felicita a su subordinado es Jorge Raúl Vildoza, entonces capitán de navío, señalado por Scilingo como el director de los vuelos de la muerte, hoy prófugo de la Justicia por los crímenes de lesa humanidad que cometió en la ESMA.

Desde que dejó la Armada, Lupori supo hacer una ascendente carrera en la esfera aerocomercial. Fue director de Marsans, la empresa multinacional de capitales españoles que había comprado Aerolíneas Argentinas. Fue socio de Antonio Mata, el dueño de aquella empresa, en diferentes firmas, como en Jet Paq S.A. Pero su rol más significativo fue haber alcanzado la dirección de Aerolíneas Argentinas y de Austral Líneas Aéreas Cielos del Sur S.A., en el 2003. En otras empresas aéreas en las que participó también se destaca Advent S.A. Licenciado en Sistemas, en el 2004, también alcanzó la presidencia de SMR Servicio de Mantenimiento Aeronáutico.

- César Enrique Ávila (fallecido) y José Roberto Fernández fueron los comandantes de la EA51 en 1976 y 1977, respectivamente. El primero estuvo entre el 1 de marzo de 1974 y el 9 de diciembre del mismo año en la escuadrilla con asiento en Ezeiza y ejerció su comando entre el 22 de diciembre de 1975 y el 31 de diciembre de 1976.

- Jorge Eduardo Albanese se recibió como comandante de Electra L-188 en 1975. Entre el 28 de noviembre de 1975 y el 26 de noviembre de 1976 estuvo destinado en la EA51. De acuerdo con su legajo tiene “muy buena predisposición para el cumplimiento de tareas ajenas a la rutina”. “Sabe ocuparse con eficacia cuando es necesario. Tiene un espíritu de combate desarrollado”, firmó en sus fojas el fallecido César Ávila. Tan apreciado era por su superior que pidió que se quede en el área para “volcar su experiencia a los nuevos pilotos”. Acaso su espíritu de combate se debía a la formación que recibió en el curso de “subversión y guerra revolucionaria” que realizó en la Escuela Naval de Inteligencia.

En 1977, Albanese pidió su pase a retiro porque tenía la “intención de incorporarse a la empresa Austral Líneas Aéreas S.A.”. Finalmente logró su pase a retiro. Desde entonces, la carrera de Albanese continuó en Austral Líneas Aéreas, donde se desempeñó por 27 años. Al menos hasta el 2009, trabajaba en Andes Líneas Aéreas.

- El caso de Jorge Gerardo Bohm es particular. La evaluación de fojas de servicio está tachada en lo que respecta a 1976. No obstante se puede reconstruir que del 3 de marzo del ‘75 al 31 de diciembre del mismo año estuvo en la EA51 y que luego fue aviador naval, por un año, en Punta Indio –sitio señalado por Scilingo como una constante para hacer escalas durante los vuelos de la muerte– y jefe de publicaciones en 1977. “Jamás pierde la calma e infunde serenidad en sus subordinados”, firmó Alberto Olcese. En 1980 fue jefe de contrainteligencia por 7 días y adquirió capacitación para ser copiloto de Electra. Dos años más tarde pasaría a ser miembro de la plana mayor de la EA51 en Malvinas. Concluido el conflicto, Bohm se fue alejando de la Armada hasta cambiar radicalmente de rubro. Hoy se dedica a la venta de libros. Aunque no pudo alejarse del agua: se radicó en Pinamar.

- Jorge Alberto Capella era piloto de helicópteros y de aviones Electra. El 19 de marzo de 1979 fue evaluado como copiloto de un L-188 en Ezeiza por Lupori, Pertiné y Carlos Ricaldoni. Un año más tarde otros tres pilotos navales lo evaluarían como piloto del mismo avión. Participó en Malvinas como parte de esta escuadrilla, a la que perteneció hasta diciembre del ‘84, cuando pasó a la ESMA. Hoy tiene una inmobiliaria y una constructora.

- Alejando Oscar Cagliolo llegó a la escuadrilla a fines de 1981. Antes había pasado por la Escuela Aeronaval Antisubmarina (’75); la Escuela para Oficiales (’76), y la Escuela de Aviación Naval. Por su presencia en la EA51, participó de la guerra de Malvinas y junto a Lupori realizó los vuelos de búsqueda del hundido crucero “General Belgrano”. Una vez fuera de la fuerza, cambió de rubro. Se fue a vivir a Trelew y en el año 2003 se transformó en empleado de la Cámara Argentina Patagónica de Industrias Pesqueras, hasta alcanzar el cargo de director ejecutivo. Renunció un par de años atrás y en el 2009 creó la firma Comercializadora de Alimentos del Sur SRL.

- Daniel Emilio Bullo desarrolló un curso de especialización en los Electra en 1980. Sin embargo, recién alcanzó a ser comandante de este tipo de aeronave en 1982. Anteriormente, entre 1976 y 1978 estuvo destinado en la Escuadrilla Aeronaval Antisubmarina. Fue miembro de la plana mayor de la EA51 en Malvinas. Al 2011, Bullo seguía siendo piloto de Aerolíneas Argentinas y Austral.

- Esteban Julio Kalauz fue jefe de contrainteligencia por 9 meses, entre el 25 de enero y el 25 de noviembre de 1977. Dos años más tarde, en el mes de julio realizó los cursos de aviación naval y contrasubversión. En 1980 vuelve a ser jefe de Contrainteligencia.

- Raúl Carlos Favreaud realizó un curso de adiestramiento para pilotear el Electra L-188 el 6 de junio de 1977 en la compañía Eastern Air Lines en Miami, Estados Unidos. Licenciado en Economía, también fue piloto de la plana mayor de la EA51 en Malvinas. Concluida su tarea en la fuerza, estuvo vinculado al servicio inmobiliario. Falleció.

- Carlos Washington Marioni tuvo una importante participación en los albores del golpe de Estado: “Ha participado en la operación militar, en la etapa de planificación, ejecución a mis órdenes durante el período del 17 al 27 de marzo pasado (de 1976)”, firmó James Whamond. Whamond, según la página desaparecidos.org, “fue Secretario General Naval (de enero a septiembre de 1978) y, desde diciembre de 1980 hasta enero de 1982, Jefe de Aviación Naval. Por ejercer tales cargos, formó parte del Comando en Jefe de la Armada, por lo que tuvo decisiva responsabilidad en el accionar delictivo del personal de la Armada, como así también en el funcionamiento de los CCD que dependían de la mencionada fuerza”.

- Agustín Humberto Sosa y Guillermo Edgardo Méndez también fueron parte de esta escuadrilla. El primero abandonó la fuerza luego de los años más terribles de la dictadura para desempeñarse en Austral entre 1979 y 1983. El segundo piloteaba en la misma aerolínea, al menos, hasta el año pasado.

- Completan la lista de pilotos: Marcelo Roberto Boveda –quien hizo varias comisiones a EE.UU.–, Daniel Horacio Caruso, Miguel Mariano Iriart –quien trabajó entre enero de 2002 y enero de 2004 para el Estado Mayor General de la Armada y ha fallecido–, Alberto Ángel Olcese, Carlos César Ricaldoni, Norberto Ulises Pereiro, Eduardo Figueroa, Guillermo Alejandro Lucas –quien formó parte de la plana mayor de la escuadrilla durante la guerra de Malvinas–, José María Lamelza y, finalmente, Jorge Alberto Janiot –quien fue parte de la escuadrilla de exploración durante la guerra de Malvinas y al día de hoy tiene por domicilio alternativo la Base Almirante Zar porque siguió vinculado a la Armada Argentina–.

En otro documento al que accedió esta revista constan todos los pilotos navales habilitados para volar entre 1976 y 1979. Son 240 pilotos, entre los que figuran reconocidos genocidas y tres nombres con mucha actualidad: Benito Italo Rotolo, Carlos Rodolfo Machetanz y Rafael Ángel Cornejo Solá. El primero de ellos fue el subjefe de la Armada entre 2003 y 2006. Hoy está siendo investigado con el ex jefe de la Marina Jorge Godoy –quien fue pasado a retiro el pasado diciembre– por espionaje a políticos. El segundo fue comandante de Aviación Naval hasta el 2010, cuando fue reemplazado justamente por Cornejo Solá –quien terminó dejando la Armada en diciembre pasado–. Machetanz había ascendido en 2010 a la Inspección General de la Armada, cargo que abandonó en enero del 2011.

Pasaron 36 años y aún existen zonas oscuras, nebulosas, en lo que respecta a las atrocidades que cometió la última dictadura militar. Seguramente muchos de los hombres que aparecen en esta nota tendrán algo para aportar en la Justicia.

GILLESPI: "CREO QUE SOY UN MOTIVADOR"

Entrevista. Conductor y músico. Este año conduce “La almohada maldita” en la primera mañana de la Rock&Pop. El regreso de la banda Pachuco Cadáver el 5 de mayo.

Por Diego Jemio


Despertarse a las cuatro y media de la mañana tiene muy poco power, man. Me acuesto muy temprano. Se terminó la bohemia, todo”. Gillespi lo dice con algo de pena, con nostalgia, sin ningún intento de buscarle algo positivo al madrugón diario. El año pasado, el músico y conductor hizo la última temporada de Falso impostor , de 19 a 21, en la Rock&Pop. En aquel ciclo, siempre llevaba al estudio una picada y una botella de vino para animar la charla. El hombre se quedaba conversando largo con los entrevistados después del programa. “Ahora llega una bandeja con medialunas y café con leche y me quiero matar… La gente dice buen día ”, explica Gillespi, imitando el saludo de una señora estridente.
La culpa de tan poco sueño la tiene La almohada maldita , el nuevo programa que conduce en la misma radio desde principio de año, de seis a nueve de la mañana. “Un programa de ideas”, lo definen sus integrantes. “Esto es una pandilla de personajes que tienen vida propia. Hablamos de libros, de deportes, de recitales, de teatro, de tecnología, de economía y de cine. Todo, sin tener la más mínima idea”, dirá el conductor al aire, en una de las emisiones.
Hiciste radio al mediodía, a la tarde y a la noche, pero nunca en este horario. ¿Cómo llevás la mañana? No te acostumbrás nunca. Al principio, la sensación es de desamparo, parecida a cuando te baja la presión. Te despertás y está todo en una quietud increíble. Después, en el viaje a la radio, ves mucha gente, y te vas levantando un poco. La mañana impacta en muchas cosas que no había pensado antes, como la música. No es lo mismo escuchar algo a las ocho de la mañana que a las ocho de la noche. A la mañana, no sé dónde está la onda. A la noche, sí te puedo decir.
En ese horario, y aunque sea una FM, no podés obviar la noticia. ¿Cómo te llevás con la actualidad? La gente quiere saber un poco dónde está parada. Yo no soy un especialista, y no quiero hablar de cosas que no sé. Sí sé cuáles son los títulos y de qué va la cosa, pero no nos ponemos a debatir. Tengo un muy buen equipo de apoyo.
En los últimos programas, pasaste a The Cure, Cerati, Jobim, Babasónicos, Louis Armstrong, Caetano, Prince y Charly García. ¿Qué criterio usás para la música y en qué influye el horario en la elección? Es toda buena música, man, que puede ir a muchas bateas. La música es muy importante, porque, básicamente, soy músico, más que un tipo de los medios. Siempre llevo algunos discos de mi casa. Tienen que ser cosas amigables y conocidas para mí; no me interesa ser el que te pone lo que no conocías ni el lado B de las cosas. La música y el clima del programa tienen que ir para adelante y no cagarte la vida. La energía de mierda ya sucederá a lo largo del día. En ese sentido, creo que soy un motivador. A la mañana, la gente no está tan predispuesta ni dice: “A ver, qué me van a mostrar de nuevo o qué me van a enseñar”.
De todas formas, tenés cierta vocación docente: explicar por qué un músico es importante… En eso coincidimos con Alfredo Rosso. El rock y la juventud compran cosas, se fanatizan con ciertas bandas e inmediatamente comienzan a odiar a otras. Desde que entré a la radio, hace como diez años, siempre traté de romper con ese fanatismo. ¿A vos te gusta el rockerito de hoy? Perfecto, pero tenés que saber que hubo muchos otros antes, que tuvieron la misma densidad en las letras y en la música que el que escuchás ahora. Me gusta abrir el juego. Todos los que pongo tienen algo en común: está bueno lo que hicieron. Te pueden gustar o no, pero siento que tengo que mostrarte cosas para que, por lo menos, las conozcas, aunque después las rechaces. Pero las tenés que conocer. Me encantan esos mails de oyentes que dicen: “Loco, me hiciste conocer a Jeff Beck. ¡Qué bueno que está!” Eso es genial. Ahí digo: ¡Por fin, un tiro para el lado de la justicia! Además de ser tu amigo, ahora Roberto Pettinato es competencia en la FM 100. ¿Te dijo algo del programa? Uy, sí, salimos con el cuchillo entre los dientes. El pone a Charlie Parker y yo a John Coltrane.

"NUESTRAS POLITICAS ECONOMICAS NUNCA FUERON CONTINUAS NI COHERENTES"

Por Claudio Martyniuk

La mirada histórica sirve para explicar nuestras frustraciones en la economía, según el entrevistado. El contexto global ayudó muchas veces, pero debió lidiar con poco persistentes políticas del Estado.

Ante la perspectiva normativa que suelen desplegar los economistas, la visión histórica ofrece un contrapunto. Al indagar sobre los logros, oportunidades y declives de la economía argentina, el historiador no utiliza el pasado para legitimar decisiones tomadas o promovidas para el presente. La historia abre, de este modo, oportunidades de comprensión y señala el suelo desde el cual se fue configurando el horizonte en que se aloja nuestra época.
JJuan Carlos Koroluan Carlos Korol es un destacado historiador especializado en historia económica de América latina, que nos presenta algunas de sus conclusiones sobre el desarrollo de la economía argentina en el siglo XX y sobre las razones de sus tormentas sistemáticas.
Se sabe que en el Centenario, Argentina llegó a ser la economía más rica y diversificada de América latina, con un PBI per capita cercano al de los países del Norte. ¿Cómo se logró? En el proceso de incorporación de América latina al mercado mundial, es decir al mercado constituido básicamente por Europa Occidental y los Estados Unidos, a fines del siglo XIX y principios del XX, la Argentina contaba con beneficios derivados, entre otros factores, del paquete de productos, como los cereales y la carne, que podía exportar ventajosamente a Europa gracias a las excepcionales características de la región pampeana y a la mano de obra que provenía de la gran migración europea. El proceso no fue diferente del que atravesaron la mayor parte de los países de la región. Los resultados sí lo fueron, en la medida en que el crecimiento económico del país tuvo un ritmo excepcionalmente elevado. Las frustraciones argentinas surgen del hecho de que ese alto crecimiento no derivó en una transformación de la economía que colocase al país entre el selecto elenco de los países industrializados y desarrollados.
Sigamos mirando la relación de la Argentina con el mundo. ¿Qué efectos trajo sobre el país la Gran Depresión de 1929? La crisis de 1929 y la depresión de la década de 1930 provocaron una disminución importante de los precios de las exportaciones y de las cantidades demandadas, a lo que se unió un deterioro de los términos del intercambio que afectó a los países exportadores de bienes primarios. La consiguiente disminución de la actividad económica llevó a un notable aumento de la desocupación, que constituyó el rasgo socialmente más grave de la crisis. Con todo, en la Argentina y en América latina en general, la desocupación nunca llegó a ser tan alta como en los Estados Unidos y la recuperación se produjo antes. La comparación entre la Gran Depresión y la crisis actual se impone en relación a la disminución del crecimiento de las economías en los países centrales y el consiguiente aumento de la desocupación. Sin embargo, aunque es aún algo prematuro para afirmarlo, existen importantes diferencias. En parte éstas tienen que ver con el hecho de que la crisis actual se caracteriza más por sus aspectos financieros que la de 1929. Y el contexto internacional no es el mismo. El crecimiento de las economías asiáticas, que se han convertido en un mercado significativo para los productos de la región, puede llegar a atenuar los efectos de la crisis en la Argentina. Pero, por supuesto, es difícil evaluar los efectos de una crisis que está en marcha y que se hará sentir en alguna medida en Argentina si los países asiáticos son afectados por la disminución de la demanda de los compradores occidentales de sus productos.
Se habla hoy de que el Gobierno promueve un modelo mercado internista. ¿Qué rasgos ha tenido ese esquema históricamente? Las políticas mercado internistas y la industrialización por sustitución de importaciones han tenido en general consecuencias positivas en aspectos sociales cruciales como la mejora en la distribución del ingreso y el aumento de las expectativas de vida y de la población urbana. Pero es también evidente que, de los modelos de industrialización conocidos, el de la sustitución de importaciones fue el que tenía límites más precisos. La producción para un mercado interno protegido llevó inevitablemente a la producción de bienes que no podían competir en el mercado internacional en términos de calidad, diseño y precio. Al mismo tiempo, el crecimiento de la industria muchas veces llevaba a la importación de insumos y maquinaria.
¿Cuándo entra en crisis el modelo de sustitución de importaciones? Los problemas estallan hacia mediados de la década de 1970 y el discurso neoliberal busca desacreditar totalmente ese modelo, pero las políticas de la última dictadura llevaron adelante un proceso de desindustrialización que no solucionó los problemas del modelo de industrialización y agravó los problemas sociales. Esto empeoró, en términos económicos, durante el gobierno de Menem, con aumento de la desocupación y la ilusión de un dólar barato y la supuesta inclusión de la Argentina en el primer mundo.
Se advierte una oscilación, un movimiento pendular en las políticas económicas argentinas. ¿Es así? Desde una perspectiva histórica, uno de los problemas graves de la Argentina ha sido la falta de continuidad y coherencia en las políticas económicas aplicadas desde el Estado. Esto es aún más evidente en lo que respecta a las políticas industriales. En un mundo globalizado, del que los comportamientos económicos de las empresas automotrices son un buen ejemplo, se requiere una continuidad en las políticas que permita aumentar el intercambio de bienes industriales, además de los más tradicionales, ya que el aislamiento no parece ser un objetivo ni deseable, ni alcanzable.
¿Por qué han sido impotentes las políticas económicas de los gobiernos radicales en democracia? No han sido sólo las políticas económicas impulsadas por los gobiernos radicales las únicas que se han demostrado impotentes. Paradójicamente, gobiernos dictatoriales que contaban con la suma del poder no han podido llevar adelante sus políticas económicas con éxito. En muchos casos se trataba de políticas que intentaban ser disciplinadoras de la sociedad y desde ésta surgían resistencias que invalidaban sus efectos. Otras veces se sumaban coyunturas externas desfavorables. En el caso del gobierno de Alfonsín, varios factores jugaron en contra, a pesar de la capacidad técnica de muchos de sus colaboradores. Algunos de esos factores fueron políticos y reflejaron las dificultades de la sociedad argentina para establecer consensos duraderos aun en períodos democráticos. Hay que recordar que en esos momentos se estaba lejos de considerar que la democracia se había convertido en un sistema estable y permanente y que el gobierno se encontraba jaqueado de maneras que son impensables hoy día. A esto se sumó la crisis de la deuda que estalló en la década de 1980.
Entre 1974 y 2006 el salario real cayó un 40%. ¿Qué efectos ha provocado esto en materia de equidad social? ¿Por ejemplo, el declive de la clase media y un desplazamiento del sentimiento de europeización argentino hacia una marcada latinoamericanización? La Argentina siempre fue parte de América latina. Incluso la que se supone fue “la época dorada de su economía” tuvo un crecimiento económico cuyas características centrales no diferían demasiado de las de otros países de la región. Fue, claro, el caso más exitoso, y eso permitió abrigar esperanzas de una transformación estructural que finalmente no se produjo, aunque perduró la percepción de una Argentina que reflejaba a Europa. Por supuesto, ese crecimiento había impulsado a su vez el fuerte desarrollo de sectores sociales medios y allí radicaba una diferencia importante con otros países latinoamericanos. Esos sectores, que fueron muy afectados por la caída del salario real y la crisis de 2001, parece que se han empezado a recuperar con el crecimiento de la economía en los últimos años si uno observa algunos indicadores del consumo. Sin embargo, la falta de equidad social es una cuestión importante y que se ha convertido en difícil de cuantificar. Siguen existiendo marginalidad, pobreza e indigencia. Es evidente que se trata de la principal cuestión social en el país y no parece que tengamos soluciones ni rápidas ni definitivas para un problema semejante.
¿Tampoco con la soja? Se ha hecho determinante del ingreso de divisas al país.
La expansión del cultivo de soja tuvo que ver con la facilidad de incorporación de una tecnología de producción que está muy ligada a las semillas y los agroquímicos. Si bien sus efectos en el ámbito doméstico pueden discutirse, y en este sentido no es lo mismo producir soja en la región pampeana que en áreas donde desplaza a otros cultivos y a pequeños productores agrarios, cuenta con varias ventajas además de las que tienen que ver con una tecnología relativamente fácil de incorporar. Esas ventajas tienen que ver con la emergencia de nuevos mercados, en particular China, y con el hecho de que a diferencia de productos como los cereales y la carne, la soja no compite en proporciones apreciables en el mercado interno. No es un bien salario, lo que siempre condicionó las exportaciones agropecuarias tradicionales, y cuenta por ello con ventajas para los productores puesto que el precio no está condicionado por el mercado interno.

A 75 AÑOS DEL BOMBARDEO, GUERNICA RECUERDA EL HORROR

Por Juan Carlos Algañaraz

La ciudad vasca, cuya destrucción inspiró el cuadro de Picasso, conmemoro el feroz ataque de las tropas alemanas e italianas, aliadas a Franco. Los sobrevivientes cuentan la heroica resistencia.
 
Pasadas las 3 y media de la tarde, vi el avión de reconocimiento que daba vueltas sobre la ciudad volando bajo. No había peligro. No teníamos nada para defendernos contra la aviación. Ni armas antiaéreas, ni sistemas de alarmas adecuados ni refugios buenos. Los que se cavaron rápidamente después del bombardeo, y destrucción de Durango, estaban sin terminar”, explicó a Clarín Pablo Izaguirre Hormaechea. Fue el primero con que este periodista recorrió Guernica y recibió la información exacta de la masacre, la destrucción completa de la “ciudad santa” de los vascos. Murió hace unos años y siempre lo recuerdo en mis notas.
Pablo era monaguillo de Santa María, ubicado sobre una pequeña loma en el corazón de la ciudad. “Vi el avión pero no le hice mucho caso porque siempre volvía después del mediodía”, explica Luis Iriondo, 89 años. Entonces, hace hoy 75 años, el 26 de abril de 1937, a las cuatro y media de la tarde, la ciudad fue bombardeada durante tres horas, muriendo entre 126 y 300 personas, según algunos historiadores, ya que nunca se conocieron cifras oficiales. Luis tenía 14 años y el 26 de abril estrenaba pantalones largos, el símbolo de que dejaba la niñez. Estaba contento, pero de pronto las campanas de Santa María comenzaron a repicar y la siguieron otros templos. “Era un repicar tremendo, desesperado, que indicaba un ataque aéreo. Después alguna fábricas comenzaron a hacer sonar sus sirenas”, recuerda Luis. Pablo Izaguirre, el monaguillo de Santa María evoca: “Tenía que redoblar las campanas cuando desde el monte Aixelrrota, frente a la Iglesia, unos gudaris (soldados vascos) hicieran flamear unas banderas de advertencia. No tenía ni teléfono”. Los gudaris se agitaban porque se echaba encima de la pequeña ciudad un enjambre de aviones. Eran la Legión Cóndor de la Alemania Nazi y muchos aviones italianos, cortesía de Benito Mussolini. Aparatos modernos cargados de bombas “rompedoras” y otras “incendiarias” de fósforo.
Destrucción e incendios. Herman Göring en el juicio de Nüremberg, destacó que “aprendimos mucho en Guernica sobre cómo destruir una ciudad por completo”. Guernica tenía que ser destruida no por su valor militar, como lo demostró el hecho de que el puente hacia Rentería y las tres fábricas de armas para los gudaris no fueron tocadas por las bombas. El valor del “Vaticano de los vascos” era espiritual. Bajo el tradicional Arbol de Guernica, los reyes españoles juraban los fueros (derechos) como Señores de Vizcaya.
Es el símbolo de las libertades vascas .
La destrucción del pueblo, después de más de tres horas de constantes bombardeos, gracias al testimonio de varios corresponsales extranjeros hizo explotar la indignación mundial contra Franco, al que los vascos hacen responsable por haber autorizado la operación de la masacre. Vino la explicación “oficial” ridícula: los “rojos separatistas” vascos habían incendiado la ciudad, especialmente los pérfidos bomberos que no tenían agua para apagar los incendios. Además de los periodistas, varios sacerdotes –que salvaron a muchísimos heridos– deshicieron la patraña del franquismo. “La verdad es que el general Mola, jefe franquista del ataque al norte, se enfureció por la resistencia de los vascos que en su mayoría eran muy católicos, pero apoyaban a la República que reconocía sus derechos”, explica Pablo. “Me metí en una galería que ahora llaman refugio, pero no tenía ni tomas de aire. Estaba sin terminar, pero eran de concreto y salvó mucha gente. Nos agachamos hasta encontrar un poquito de aire”.
Pero había pasado menos de media hora. “Quería rezar y no podía. Señor mío Jesu....
bbbrooom , una bomba. Y así varias veces. Después volví cuando se reanudó el bombardeo y me quede en la puerta donde se respiraba mejor. Teníamos terror de quedar enterrados vivos. La gente gritaba porque el ruido era ensordecedor, a veces una explosión cercana hacía temblar todo. Y las llamas por todos lados. Cuando salí y me uní a mucha gente, que no paraba de gritar. Era el terror total”.
El recuerdo ayer se sentía sin tiempo en la plaza del Ayutamiento, donde hoy se recordará la tragedia. Andone Bidaguren, 84 años, también estaba ahí. Tenía 9 el día de los bombardeos. “Recuerdo los gritos desesperados y los llantos de las mujeres llamando a sus padres e hijos desaparecidos: ¡Aita! , (¡Padre!) y ¡Amatxu! (¡Madre!). Nunca lo olvidaré y cuando recuerdo me lleno de tristeza y de rabia.”

lunes, 7 de mayo de 2012

EL ESPEJISMO CHILENO

Hijo dilecto del Consenso de Washington, Chile acumula riqueza e inequidad social. La revolución de los estudiantes que puede cambiar la historia.

Por Adrián Murano

Es el paraíso de neoliberales y afines. Un Estado pequeño, una economía hiperabierta y supremacía del sistema financiero. Con sus saludables números macroeconómicos, Chile es el orgullo de los economistas ultraortodoxos que dominaron Occidente durante las últimas cuatro décadas. Y aún hoy, en medio del derrumbe de esas teorías, oficia de faro para liberales nostálgicos y resistentes.

En los múltiples foros internacionales donde aún late el Consenso de Washington, el pequeño país trasandino suele ser exhibido como el ejemplo a seguir. Las cifras avalan el espejismo: con 17 millones de habitantes, Chile orilla el pleno empleo, posee un PBI per cápita nominal de 15.721 dólares –está entre los 37 más altos del mundo–, y, según el Índice de desarrollo Humano (IDH) que desarrolló la ONU, es el mejor país de América latina para vivir. Para los tecnócratas que dominan las escuelas de economía, los organismos multilaterales de crédito, las consultoras de riesgo y Wall Street, el Edén existe y está al pie de la cordillera. Pero allí, en el terreno, no es tan fácil observar los virtuosos resultados sociales de semejante prodigio macroeconómico. Y no es sólo por la persistente nube de smog que cubre Santiago: el jueves 15, cuando este cronista hizo pie en suelo chileno, lo recibió una ráfaga de gases lacrimógenos destinados a dispersar a los diez mil alumnos que se habían congregado en la céntrica Plaza Italia para reclamar por su derecho a estudiar. A esa misma hora, pero en la Patagonia, los pobladores de Aysén se enfrentaban a los temibles carabineros, la célebre fuerza de choque policial, que fueron movilizados al sur para reprimir un reclamo tan elemental como modesto: los vecinos pedían que el gobierno del magnate Sebastián Piñera los escuchara.

En Chile no sorprende que el supuesto bienestar económico conviva con la represión de derechos civiles y sociales. Como ocurrió en otros países de la región, el neoliberalismo se inseminó a sangre y fuego durante la dictadura de Augusto Pinochet. Pero a diferencia de sus vecinos, el proceso no se interrumpió con la salida del dictador. Tras veinte años de gobiernos socialdemócratas y dos de la coalición de derecha, el país que alumbró al primer gobierno socialista del Cono Sur con Salvador Allende, todavía convive con reglas y métodos de control social dispuestos por el gobierno militar.

Una de esas legislaciones obliga a las movilizaciones sociales a avisar su voluntad de manifestarse con 48 horas de anticipación. En caso de que la alcaldía deniegue la autorización, el gobierno puede hacer uso de la fuerza para dispersar la protesta. Eso fue lo que ocurrió con la manifestación de alumnos secundarios que pretendía inaugurar la temporada de protestas estudiantiles, un movimiento que comenzó hace un año y que inició un potente proceso de debate político de consecuencias imprevisibles.

Con el magnético liderazgo de la bella dirigente juvenil comunista Camila Vallejos, en 2011 los jóvenes chilenos lideraron una histórica revuelta estudiantil. Pedían –y piden– por una universidad pública y gratuita que no obligue a endeudarse en los bancos para acceder a los pupitres. Que el acceso a la educación terciaria no sea sólo para los que la pueden pagar. La respuesta del presidente Piñera no fue menos contundente: “Nada es gratis en esta vida”.

El intercambio entre unos y otros –estudiantes y presidente multimillonario– abrió la grieta por donde se filtró un problema de fondo que los tecnócratas que halagan la vigorosidad de la economía chilena evitan pronunciar: Chile está entre los países más inequitativos del mundo.

Un informe de Naciones Unidas que midió la igualdad de ingresos a través del coeficiente de Gini le otorgó a Chile el puesto 115 entre 144 países estudiados. Otro trabajo del Banco Mundial indica que el 10% más rico de la población chilena captura el 42% del total de ingresos. La desproporción entre los que más y los que menos tienen también evidencia que la concentración de recursos está entre las más elevadas del planeta. Un dato adicional: con una presión tributaria que orilla el 18 por ciento, el aporte fiscal en Chile es el más bajo de la región.

Sólo dos cosas impidieron hasta ahora que la desigualdad estallara como un polvorín: los planes sociales implementados por los gobiernos centristas, que alimentaron a los sectores más postergados, y un agresivo sistema financiero que inundó de créditos a la población. De hecho son los bancos quienes financian a través de créditos específicos el acceso a la educación. El hastío de las familias hiperendeudadas, sumado a la confrontación ideológica con el presidente planteada por los líderes estudiantiles, propició que las marchas de los alumnos se nutrieran de adultos independientes y trabajadores organizados que aportaron sus propios reclamos a la lista.

Con una economía nacional basada en la exportación de commodities –fundamentalmente cobre– y la provisión de servicios, las posiciones de privilegio heredadas y la supremacía del negocio financiero estuvieron a la cabeza del proceso concentrador. El propio presidente Piñera es un ejemplo de eso: su emporio se inició con el negocio de las tarjetas de crédito e inversiones con Aseguradoras de Fondo de Pensión, el sistema privado de jubilaciones que en la Argentina se reveló como una estafa. Según la revista Forbes, Piñera posee una fortuna de 2.400 millones de dólares y está entre las 500 personas más ricas del mundo.

A imagen y semejanza de lo que ocurre en los países desarrollados, el influyente sistema financiero chileno suele usar al Estado como socio bobo en la desgracia. Un ejemplo: el Fondo de Estabilización –fondeado con ingresos del cobre– fue creado en los noventa para socorrer a los bancos en caso de crisis. A favor de esta previsión, hay que decir que no parece haber país en Occidente que esté a salvo de este flagelo: todos los bancos saben que, en última instancia, habrá un Estado que los proteja de sus tropelías.

En los ’90, bajo el mandato del Consenso de Washington, Chile se lanzó a la caza de Tratados de Libre Comercio. Ya suma 58 convenios, y tiene previsto aprobar este año dos más. La apertura de su mercado fue eficaz para nutrirse de los bienes de uso que se venden en las potentes redes comerciales que se extienden por su territorio y más allá –como en la Argentina, donde firmas chilenas lideran el negocio supermercadista–, pero implican un cepo a la creación de valor agregado: aunque diversificada, la industria chilena es modesta. El grueso de la fuerza laboral es empleado para servicios, un rubro de altísima rotación e inestabilidad. Según los gremios chilenos, los “contratos a perpetuidad” –el equivalente a la relación de dependencia del sistema argentino– son una especie en extinción.

A pesar de su propia historia e ideas, Piñera parece haber acusado recibo de los cambios que se registran en el mundo y en la región. En su encuentro con la presidenta argentina Cristina Fernández, el presidente dijo al menos tres veces que el futuro está en la integración, la agregación de valor y la apuesta al promisorio mercado de consumo regional. Esas expresiones son toda una novedad en la política de ese país, que lleva décadas comportándose como una isla, separada del resto del continente por siete mil kilómetros de montañas. Y una historia de desencuentros más o menos recientes estimulados por la decadente prédica neoliberal.

GOLPE PUBLICITARIO

Los militares no sólo se impusieron a sangre y fuego, sino que contaron con una maquinaria publicitaria que los sostuvo. Para ello tuvieron la complicidad de varios medios de comunicación, como lo revela esta investigación de Veintitrés.

 Por Jorge Repiso

Este 24 de marzo se cumplieron 36 años del último y sangriento golpe militar que asoló al país y lo desmembró en casi todos los ámbitos posibles. Hoy, los argentinos transitamos esta democracia y la asumimos como único e indiscutible sistema de convivencia y recordamos aquella fecha como un ejercicio de memoria de algo que jamás deberá repetirse.
El asalto a las instituciones fue ejecutado por los militares, que pasaron a gobernar por espacio de siete años. Contaron con la anuencia de un sector importante de la población, que resultó así funcional a los intereses militares. Pero también hubo cierto sector de la prensa que se acomodó a las circunstancias y corrió presuroso a aceitar contactos y alianzas. Esta extensa franja de los medios escritos, muchos de ellos con masiva llegada al público, se beneficiaron mediante la difusión de la propaganda del régimen, ya sea como bajada de línea directa del gobierno o bien como publicidad que provenía de empresas y organismos estatales.

Nadie puede escaparles a los archivos. Una reciente investigación consistió en indagar en añejas hemerotecas, armarse de paciencia y recuerdos. El resultado es una serie de avisos pagos que sirven como muestra y que jamás hubieran sido publicados sin una coincidencia ideológica, como lo demuestran las notas que publicaban esos mismos medios. En la actualidad, algunas de esas publicaciones gozan de buena salud y continúan su camino sin haber ejercido ni ensayado una autocrítica. Dos diarios, La Nación y Clarín, y la revista La Semana, de Editorial Perfil, fueron tres que engrosaron sus cuentas en concepto de pauta durante los siete años en los que gobernó la junta militar. La revista de Perfil se llamaba en realidad Noticias de la Semana, y fue la antecesora de la actual Noticias, de la misma editorial.

Desde las empresas manejadas por el Estado se encontraban los bancos, Fabricaciones Militares, ENTel, la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, y los canales de televisión, repartidos entre la Marina, la Fuerza Aérea y el Ejército Argentino.

La Dirección General Impositiva (DGI) desplegó una agresiva e inusual campaña contra la caza de los evasores y difundía su accionar en todos los medios. Se trataba de un “tanquecito” con un garrote en la mano dibujado con un trazo fácil. Una serie de spots gráficos y televisivos invitaba a los ciudadanos a señalar y a denunciar a los infractores, sea empresario, pariente o amigo. Una tarea de la DGI que pretendía ser transferida a cualquier hijo de vecino en forma de delación.

En los diarios, mientras tanto, podían verse avisos del Comando en Jefe de la Armada como de los Estados provinciales. En ejemplares de La Nación, una doble página describía quince obras de infraestructura y vivienda en varias provincias bajo el lema “Sobre la base de un pueblo sano construimos una Nación fuerte”.

“La casa, escuela número uno”, era otra de las campañas encargadas de recordarles a los padres de familia cuál era su función excluyente en el seno de la sociedad. También había dinero de particulares. Un personaje con nombre y apellido pagó una página impar en Clarín en 1977: “…no intrigamos en los organismos internacionales, como lo hacen los asesinos, sino que confiamos en la Justicia de nuestra Patria, injustamente agredida por rumores y falsos testimonios”.

La realización del Mundial de fútbol era inminente, lo que desató una lógica campaña publicitaria privada y oficial. Clarín y La Nación repitieron avisos del Ente Autárquico Mundial 78 (EAM78) y del Banco Central de la República Argentina, que vendía entradas para los estadios. La compañía Italo Argentina de Electricidad también saludó al Mundial, antes de ser desguazada por el ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz, conocido por difundir el conocido lema “Achicar el Estado es agrandar la Nación”. Otro eslogan que quedó en la memoria de los argentinos y que muchos pegaron en sus parabrisas sin percatarse fue “Los argentinos somos derechos y humanos”. El texto se siguió publicando en los diarios bajo el auspicio del Banco de la Provincia de Buenos Aires.

“¿Cómo puede usted defender la Soberanía Nacional si no es un soldado?”, cuestionaba una gráfica con un sello donde se leía “Soberanía Territorial Argentina. Soldados, soberanía”. La Argentina y Chile, como se recordará, estuvieron a punto de entrar en guerra a fines de 1978 por el diferendo del Canal de Beagle, que terminó siendo solucionado mediante una mediación papal que llevó a cabo el cardenal Antonio Samoré.

Un año después de lograr el torneo internacional más importante, la selección juvenil de fútbol conseguía el título de campeón durante el mundial desarrollado en Japón. Esos primeros días de septiembre fueron coincidentes con una visita incómoda. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos llegaba al país para entrevistarse con autoridades militares, políticos y actores de la vida pública, además de recibir denuncias y visitar centros de detención. Era esperable encontrarse con reacciones al hojear las páginas de los diarios de los días precedentes. Mientras los militares oficiaban de amables anfitriones, los grupos de tareas seguían matando. Y los medios, facturando. Un comunicado de la Confederación General de Empleados de Comercio fechada el 13 de ese mes en Clarín rezaba en uno de sus párrafos: “…expresamos nuestro anhelo de que el accionar de la CIDH esté dirigido, exclusivamente, a cumplir con los fines de la Carta que le diera nacimiento, sin sujeción a ningún otro interés que no sea el respeto y defensa de la persona humana”. En el mismo diario, días después, miles de firmas atiborraron una solicitada a la que titularon “El Testimonio de la Verdad”. Las tres páginas expresaban solidaridad nacional frente a la campaña internacional y de funcionarios y políticos extranjeros en el país. Una empresa privada de aviación sacó un aviso en el mismo sentido.

Fue durante ese mismo año 1979, ocho meses antes, cuando una publicación fue objeto de un hecho curioso. La tapa del número 115 de la revista La Semana era una más de las tantas que exhibía a la reconocida actriz nacional Graciela Borges. En la página tres, personal de la revista preguntaba por su director, Jorge Fontevecchia, del que no había rastros desde la noche del 5 de enero en que abandonó la editorial. El artículo afirmaba que la desaparición no había sido voluntaria. Pero en el interior de la revista, un aviso en la página 23 invitaba a hacer turismo por la Argentina, y al pie su auspiciante: el Ministerio de Bienestar Social. Liberado diez días después, denunció que estuvo en el centro clandestino de detención El Olimpo. “Ningún sistema es malo si al frente del mismo se encuentran hombres virtuosos. Todos los sistemas son malos si los manejan corruptos”, afirmaba en un extenso editorial en 1978. En mayo 1983, Fontevecchia se exilió en Nueva York luego del cierre de su publicación, y en junio publicó un avance del libro del represor Ramón Camps en las páginas de la revista.

Otras editoriales y publicaciones se beneficiaron de la pauta oficial. Las revistas Somos, Para Ti y Gente, de Editorial Atlántida, prestaron apoyo irrestricto al llamado Proceso de Reorganización Nacional. Otros medios, como el desaparecido diario Convicción, respondía de manera directa a la Marina. Y La Opinión, el diario que fue de Jacobo Timerman, fue directamente intervenido por el régimen dictatorial.

Respecto de Editorial Atlántida, es escandaloso el caso de Alejandrina Barry Mata. Sus padres, Juan Barry y Susana Mata, militantes montoneros, habían sido asesinados en Montevideo en 1977. Alejandrina, de dos años y medio, quedó en poder de militares uruguayos y fue usada para realizar una nota en la cual se la describe como una niña abandonada por sus padres subversivos. “Alejandra está sola”, titula el artículo junto a las fotos de esa nena que hoy, con 36 años, les inició juicio a las revistas del grupo y a los directores de entonces.

Feliz año 1980 les deseaba Papel Prensa a las editoriales usuarias. El botín de guerra cuyos mayores beneficiarios resultaron ser Clarín, La Nación y La Razón saludaba desde las páginas de los matutinos. Fue una serie de avisos, entre ellos una solicitada de diciembre de 1978 en la que explican a la opinión pública el ahorro que significaría producir papel en el país.

El apoyo al gobierno militar tuvo un repunte durante la guerra de Malvinas. La Semana publicó un talón para la cuenta del Banco Nación donde depositar en el Fondo Patriótico Malvinas Argentinas. Los diarios repetirían hasta el agobio las palabras Coraje, Futuro y Victoria por encima de un pulgar en alto y la leyenda “Argentinos, a vencer”. En un extremo del diario decano del periodismo argentino, la foto muestra a un joven soldado metiendo su cabeza en el interior de un auto. “Documentos, por favor”, es el texto del aviso rematado por un “Proteger es querer”.

El exitismo de los medios adictos comenzaba a declinar al concluir 1982, cuando tendrían que agudizar su ingenio en busca de recursos publicitarios que no estuvieran manchados con sangre.