lunes, 8 de octubre de 2012

HAY ANIMALES EN PELIGRO DE EXTINCION EN EL 92% DE LAS AREAS PROTEGIDAS

Un estudio del Instituto de Análisis de Recursos Naturales muestra que, ante el avance de la frontera productiva en las 1511 superficies sujeta a políticas de conservación, se reduce a ritmo acelerado el número de mamíferos de gran porte.
 
Por: Emanuel Pujol
 
Apenas un 8% de las 1511 áreas protegidas de conservación estricta de Sudamérica no se encuentran presionadas por amenazas externas -a salvo de la frontera productiva-, que siguen avanzando. Lo asegura un estudio liderado por el doctor Adrián Monjeau, investigador del CONICET y director del Instituto de Análisis de Recursos Naturales (IARN).
En proporción a la extensión total de tierras que hay en todo el continente, apenas el 1% de la naturaleza no corre riesgos de ser alterada. "Estas zonas no son suficientes porque, encima, están aisladas; es decir, que sus poblaciones animales no están interconectadas", observó el especialista.
El IARN proyecta estudiar los procesos de extinción que se generan en las áreas protegidas y la reducción del número de los animales de gran porte; entre ellos, de herbívoros sudamericanos como el ciervo, y de carnívoros como el jaguar y el oso de anteojos. Monjeau señaló que "las áreas naturales no son los suficientemente grandes como para sostener poblaciones viables de estos animales. Por lo menos, se precisa un millón de hectáreas de superficie continua e inalterada para sostener una población de 500 jaguares." Ocurre que, sin la suficiente extensión, aun en las áreas protegidas empieza a haber problemas de alimentación para sostener a un conjunto viable de animales, lo cual termina afectando el éxito reproductivo. El director del IARN agregó que "la falta de grandes carnívoros provoca efectos en cascada que deterioran el funcionamiento del ecosistema entero; por ello, es indispensable entender qué pasa en las áreas protegidas, que es donde los animales aún están, para poder asistirlos en lo que les está faltando."
Debido a que en las condiciones actuales estos animales tienden a extinguirse, al menos localmente, desde el IARN analizan la posibilidad de asistirlos, aunque Monjeau observó que se trataría de un proceso muy costoso. "Lamentablemente, la naturaleza se convertiría en un zoológico, porque iríamos nosotros por la selva con nuestra tecnología para ayudar a los mamíferos y también a las plantas que se extinguen por la falta de ayuda de los animales que transportan las semillas o por exceso de herbívoros", precisó.
"No existe el teórico equilibrio ecológico. Hoy, el proceso es de extinción, no de equilibrio, aun en las áreas protegidas. Si no asistimos tecnológicamente a los grandes mamíferos, los perderemos", dijo con contundencia el ecólogo.
La estrategia de recuperar tierras es muy difícil, sobre todo cuando aparecen nuevos proyectos privados que buscan avanzar más sobre la naturaleza, por lo cual en el IARN creen más viable realizar centros de cría, asistirlos con suplementos alimenticios y en la reproducción, como así también defender a rajatabla las áreas protegidas, en su función de conservación, y los espacios verdes que aún quedan.<
 
Fuente: Tiempo Argentino.

"SER SOLISTA FUE DIVERTIRME A SOLAS"

Entrevista a Paul McCartney. A pesar de estar siempre activo con giras y grabaciones, el ex Beatle colaboró en las reediciones de sus primeros discos como solista y habló con ganas de esa época.
 
Por: Daniel Helou.
 
A los 69 años, Paul McCartney sigue siendo un músico apasionado y verdaderamente incansable, capaz de organizar su vida personal (en mayo anunció que se casará con Nancy Shevell) para dejar tiempo para realizar giras que llenan estadios multitudinarios por todo el mundo (este mes en los Estados Unidos y Canadá). Además, encuentra tiempo para entrar a estudios de grabación, tanto para hacer canciones nuevas como también para revisar su pasado y hasta armar compilados con sus temas favoritos de los años '50 y '60 (Paul McCartney's Jukebox, que sale esta semana en el exterior).
Durante el último año, de hecho, McCartney se involucró primero en la reedición del icónico Band on the Run y luego en el inicio de una exhaustiva remasterización de toda su carrera solista, iniciando la serie "Paul McCartney Archive Collection", que arrancó hace pocos días con el lanzamiento de McCartney y McCartney II.
A propósito de estas grabaciones de 1970 y 1980, respectivamente, el ex Beatle brindó una serie de entrevistas donde recordó interesantes detalles de su pasado.
-¿Qué recordás del álbum McCartney, que se hizo poco después de Let it Be?

-Lo hice justo después de la separación de los Beatles. Yo había estado componiendo temas nuevos sobre el final de las sesiones de los Beatles y hasta recuerdo haber tocado "Teddy Boy", que apareció en el Anthology y ahora en los bonus tracks del McCartney reeditado. Así que en ese momento tenía un par de opciones para mi vida, como ponerme a armar un nuevo grupo, tomarme seis meses libres, o simplemente hacer lo que hago y componer música en casa, que fue lo que terminé haciendo. No pensaba que estaba haciendo un álbum, y creo que por eso las canciones no están dirigidas a nadie ni a nada en particular. ¡Ser solista fue divertirme a solas!
-Transmite una sensación liberadora de estar fuera de las presiones de ser una estrella, sin las expectativas de ser un Beatle.
-Sí, eso tuvo que ver con este disco. Ya no tenía las presiones de los Beatles ni de la vida en una pecera, donde ni siquiera salías a comprar tu árbol de Navidad, porque alguien de la oficina te lo compraba. ¡Me harté de eso! Cuando nos juntamos con Linda nos dimos cuenta que podíamos ir al mercado y elegir nuestro arbolito, o agarrar el hacha, ir al bosque y esperar que nadie me viera.
-McCartney II es casi un disco de culto, ya que tiene cierto coqueteo con la electrónica. ¿Querías hacer algo avant-garde?
-En realidad estaba fascinado con esos aparatos nuevos llamado "sintetizadores" (risas), en especial los secuenciadores. Era tecnología nueva y quería ver de qué se trataba y ver hasta dónde podía llegar con eso. Para mí, no hay nada más lindo que hacer un álbum así, porque te refresca mucho. Mantiene tu cerebro en vilo y te deja una sensación permanente de estar experimentando, aunque luego hagas cosas más habituales como salir de gira y tocando otras canciones. Yo sigo experimentando aún hoy, ¿sabías?
-Y ya lo habías hecho en la época de los Beatles.
-Sí, hice montones de cosas así, como el loop de cinta en "Tomorrow Never Knows". En esa época era como tener un trabajo oficial durante el día, que era los Beatles, y luego experimentar con cintas y cosas así. Recuerdo haber ido a ver a Delia Derbyshire, una pionera de música concreta en Inglaterra.
-¿Sabías que el tema "Temporary Secretary" se convirtió en un tema de culto del tecno-pop?
-Yo sólo lo vi como algo experimental. La secuencia me pareció linda y me pareció OK, pero nunca imaginé que estaba haciendo algo innovador.
-"Check my Machine" anticipa el sonido de Gorillaz. ¿Nunca hablaron con Damon Albarn de hacer algo juntos?
-Alguna vez hablamos de hacer algo, pero no era nada concreto. Me gusta lo que hace Gorillaz y me crucé varias veces con Damon. Alguna vez estuvimos cerca de concretar algo, pero no daban los tiempos.
-Hay tramos de McCartney II con aires de Talking Heads y el boom de la música disco post punk. ¿Te gustaba la new wave?
-Los Talking Heads, definitivamente que sí. Otras bandas las vi por la televisión y recuerdo que muchas decían que las guitarras habían muerto. Y yo pensaba, "Mmm, muchachos, creo que no, entiendo lo que quieren decir pero no fue una frase feliz".
-¿Eras consciente de los guiños a Kraftwerk y al rock alemán en partes de McCartney II?
-No lo creo. No hay ninguna cosa puntual que influyó en ese disco. Lo que sí tengo es un oído tipo esponja, así que quizás hubo alguna cosa que entró subconscientemente. Sabía quiénes eran los Kraftwerk y leí sobre ellos, pero no tenía sus discos. También sabía que había una nueva tecnología en instrumentos musicales. Más que ponerme a emular a alguien, el asunto era ver qué podía hacer con esos nuevos equipos. Y al igual que antes con McCartney, no pensar que estaba haciendo un álbum y ponerme a experimentar. En definitiva, es algo que siempre hice y que sigo haciendo, como sucedió con el proyecto The Fireman.
-Y también aquel Liverpool Sound Collage del 2000, con Super Furry Animals y Youth.
-Sí. Me encantan esas oportunidades y trabajar en cosas así cuando surge la posibilidad. En el caso del Liverpool Sound Collage, el artista Peter Blake (el que hizo la tapa de Sgt. Pepper) me dijo que estaba armando una exposición y quería ponerle música. Así que pensé, "Genial, le voy a preparar algo para poner en un loop". Y el tipo que abría las puertas del lugar tenía la tarea de prender el reproductor de cinta abierta apenas llegaba, y apagarlo antes de irse. Y la música sonaba sin parar todo el día, de manera aleatoria.
-Uno de los hits de McCartney II fue "Waterfalls". ¿Sos básicamente un romántico incurable?
-Probablemente sea cierto, ¿pero qué hay de malo en eso? Lo bueno es que al menos lo admito, no como otros. Porque creo que hay mucha gente que cree que ser así no es cool, especialmente cuando es joven. Esa gente no entiende cómo uno puede hablar de esas cosas en lugar de dedicarse a hacer del mundo un lugar más frío a fuerza de ser tan cool (risas). Claro que soy consciente de mi parte romántica, pero así es mi pasado familiar, donde no nos importaba eso, y si uno quería hacer algo romántico lo hacía y listo. Lo irónico es que mucha de la gente que me trató mal por ser así es gente que luego creció, tuvo hijos y vio de dónde venían los sentimientos que yo describía. Me acuerdo que en uno de los conciertos del Rock and Roll Hall of Fame se me acercó Bruce Springsteen y me dijo: "¡Paul,no entendí 'Silly Love Songs' en su momento, pero ahora lo veo perfectamente porque tengo chicos!"
-Muchos creen que ese tipo de baladas no permitieron que la crítica valorara la experimentación de McCartney II. En los años setenta Lennon era el artista difícil y crudo, y vos el "entertainer" liviano y agradable, ¿no?
-Sí, eso ocurría a menudo e intenté aclarar los tantos en el libro de Barry Miles, Many Years from Now. No sé a qué se debe, quizás porque soy de Géminis, pero decidamente tengo varios costados diferentes en mi personalidad. Puedo admirar a Nat King Cole cantando una balada y desear hacer algo así, y al día siguiente despertarme y hacer algo diametralmente opuesto como "Check my Machine", que es uno de los bonus-tracks de McCartney II. No soy una persona con un solo bolsillo, sino que tengo un montón de intereses, y eso puede ser un problema porque la gente te dice: "¿Cómo te atrevés a salir del casillero donde te tenía clasificado?" Bueno, lo siento, pero simplemente hago lo quiero con mi vida. A veces pienso que podría callarme y descansar en los laureles y decir: "¿Saben qué? Sólo voy a usar el bolsillo que ustedes digan." ¡Pero no, no hay manera que haga eso! Me moriría de aburrimiento en el primer minuto.
-Deberías terminar de confundir del todo a tus detractores y sacar un álbum de death metal o algo así.
-Bueno, estén atentos a lo próximo que haga. Es lo único que puedo anticipar. <
 
Fuente: Tiempo Argentino.

"NO HAY DESAPARECIDOS DE PRIMERA O DE SEGUNDA"

Entrevista a Luis Fondebrider, director del Equipo de Antropologia Forense. El equipo inició su actividad en 1984 y hoy 55 personas se diversifican para trabajar en más de 40 países. El reciente viaje a Chile, la exhumación del cadáver de Allende y la experiencia en Bolivia con el cuerpo del Che Guevara.
 
Por Jorge Repiso
 
El reciente viaje de Luis Fondebrider a Chile fue la excusa para hablar de su aporte al esclarecimiento de cientos de crímenes políticos. Fundador y director del Equipo Argentino de Antropología Forense, fue invitado a participar de la exhumación del cadáver de Salvador Allende en calidad de observador.

El trabajo del equipo se inició en 1984 como respuesta a la demanda de familiares de desaparecidos de la última dictadura militar argentina. En todo este tiempo se recuperaron cerca de 1.100 cuerpos, de los cuales unos 450 fueron identificados y entregados. “Lo conformamos inicialmente con gente de las áreas de la arqueología, la medicina y la antropología, bajo la dirección del científico Clyde Snow. Somos un equipo de 55 personas con sede en Buenos Aires, Córdoba, Rosario y subsedes en Nueva York, Sudáfrica y México. Además, trabajamos en otros cuarenta países”, cuenta.

–¿En qué cambiaron los procedimientos de identificación?

–Nos dedicábamos a la recuperación y el análisis de restos pero no a la investigación preliminar o en qué circunstancias desapareció una persona y qué pasó con ella. Nos dimos cuenta de que si no entendíamos cómo funcionaba el Estado y las organizaciones político militares de esos años, era muy difícil hipotetizar. Lo que hicimos fue investigar fuentes escritas, registros en los cementerios, certificados de defunción, archivos policiales, militares, judiciales y fuentes orales.

–¿Y actualmente?

–Continuamos así, pero tenemos un conocimiento más avanzado de lo ocurrido en muchas zonas. Desde el punto de vista técnico, el uso de la genética revolucionó todo. Las identificaciones las hacíamos con métodos tradicionales pero limitados; hoy, al contar con muestras de familiares, se convirtió en un recurso indispensable.

–¿Cómo se financian?

–Tenemos unos veinte donantes de todo el mundo, entre los que se incluye el Estado argentino, que nos permiten operar no sólo aquí sino en otras diez a catorce misiones anuales en el exterior.

–¿Desde cuándo reciben ayuda estatal?

–A partir del año 2004 comenzamos a recibir apoyo, y ésa es la única relación que tenemos. Tres años después lanzamos un proyecto llamado Iniciativa Latinoamericana para Identificar a Personas Desaparecidas en conjunto con los ministerios de Salud y de Justicia, que tiene que ver con recolectar muestras masivas de sangre a familiares. Hoy contamos con 7.500 muestras en un archivo que es el primero junto con el de Abuelas de Plaza de Mayo. Creamos nuestro laboratorio de genética especializado en este tipo de casos, y de esa manera, en los últimos dos años, el número de identificaciones llegó a 160.

–¿El apoyo está relacionado con el momento político que atraviesa el país?

–Supongo que tiene que ver con la política de derechos humanos en un contexto mucho más amplio. El Estado nos apoya en su responsabilidad de buscar a personas desaparecidas, y en ese sentido, si bien aceptamos la ayuda, no perdemos nuestra independencia.

El caso Allende. Más allá de la versión oficial de suicidio, la causa de muerte del ex presidente chileno Salvador Allende, ocurrida durante el sangriento golpe de estado de 1973, sigue generando dudas. Un juez hizo lugar a un pedido de la familia y ordenó las pericias sin pérdida de tiempo.
Después de la autopsia inicial, Allende fue enterrado en un cementerio de Viña del Mar hasta que en 1990 se lo trasladó al cementerio central de Santiago. En ese momento ya estaba esqueletizado, tenía vestimenta, pero la familia no pudo verlo. En el ataúd introdujeron una urna más pequeña en la que pusieron los restos de la primera reducción. Fondebrider asegura que se realizaron radiografías a dicha urna para ver qué contenían. Luego se abrió y se decidió que cada fragmento del esqueleto se observara para detectar cualquier deflagración de pólvora o de residuos metálicos.

–¿Cómo fue la experiencia en Chile?

–Interesante, junto con un equipo de colegas de Estados Unidos, Inglaterra, España, Suiza y también chilenos. Si bien es un caso de mucha trascendencia, fuimos observadores del proceso, pero pudimos compartir la experiencia de esos cuatro días. Trabajamos con toda la libertad y transparencia que era necesaria, siempre muy cerca de los familiares.

–¿Puede adelantar algún dato?

–No, pero debo decir que hay elementos importantes en los diferentes informes que seguramente van a permitir una respuesta concreta en unos dos meses.

–¿Es diferente trabajar con personalidades?

–Muy pocas veces se da, pero claramente no ventilamos esos casos porque nos interesan los personajes históricos. Es mucho trabajo y no nos gusta participar del circo, por llamarlo de alguna manera. Hay familias involucradas que quieren saber qué pasó.

–¿De qué circo habla?

–A veces al circo lo arman los forenses u otras personas con afán de notoriedad.

–¿Y en Bolivia, con el Che Guevara?

–No, es que no hay desaparecidos de primera o de segunda clase para nosotros. Existía una presunción de que podía estar en una fosa y nos llamaron. Desde el punto de vista del laboratorio fue relativamente sencillo porque había muchos datos para identificarlo. El orgullo de que los familiares y el gobierno boliviano hayan pensado en nosotros está, pero no damos charlas sobre cómo lo encontramos y esas cosas. Tratamos de abstraernos de la ansiedad de la gente por tener una primicia.

–¿Los familiares piden estar con ustedes en esos momentos?

–Para el familiar es muy importante estar presente en el momento de la exhumación. Siempre tratamos de avisar, aunque la decisión de las familias cambia mucho de país en país. Nunca un familiar quiso intervenir en el trabajo, respetaron los tiempos, y nosotros sus ritos y prácticas.

–¿Cómo es un día de trabajo?

–En estos momentos lo mío es institucional, de coordinación, y recepción de pedidos de diferentes lugares. El laboratorio de análisis de cuerpos está en este mismo edificio. No es rutinario, varía casi todos los días y se viaja mucho.

–Cuéntenos su experiencia más fuerte.

–Quizá cuando tuvimos que trabajar en El Salvador, en la que fue la masacre de Mozote de diciembre de 1981. Viajamos allá en 1992 y nos metimos en una fosa durante tres meses desenterrando cerca de mil personas, la mayoría mujeres y niños. Fue muy fuerte y dolorosa. También estuvimos en Bosnia, en fosas comunes conviviendo con cientos de cuerpos. Ahora estamos en la provincia de Tucumán, donde funcionaron los Arsenales Azcuénaga, llevamos un mes sacando fragmentos de diez centímetros de huesos quemados.

–¿Lo que queda da señales?

–Muchas veces sí. Debemos ver marcas en los huesos para determinar si hubo disparos, cortes o caídas y su impacto.
 
Fuente: Revista Veintitres.

LOS PAÑUELOS, LOS SUEÑOS Y LOS ESBIRROS DE LA NOCHE

Sus voces se levantaron cuando la mayoría callaba. Entre ellas hubo una que iría multiplicándose con el paso del tiempo. Fue la voz de Hebe.
 
Por Ricardo Foster.
 
El primer adelantado a estas tierras bañadas por un “mar de agua dulce” no podía imaginar que su destino sería ser devorado por los indios charrúas. Desde aquella comida ritual del comienzo, la violencia siguió haciendo su trabajo a lo largo de nuestra historia. Impiadosa, constante, selectiva, destemplada, anárquica, organizada, fratricida, en nombre de los pocos –la mayoría de las veces– y de los muchos –en algunos momentos de nuestra travesía como Nación–. Violencia fundacional que siguió habitándonos y de la que el enorme poeta que fue Néstor Perlongher dejaría constancia en su poema “Hay cadáveres”, allí donde encadenó con palabras poderosas y desgarradas la brutal violencia homicida desplegada por la dictadura videlista como condensación de todas las violencias anteriores. Difícil, por no decir imposible, pensar estos días argentinos sin la marca brutal dejada en nuestros cuerpos y en nuestras conciencias por la dictadura. Difícil, por no decir imposible, hacer abstracción de qué papel jugó cada quién en aquellos años de muerte y represión, años en los que muy pocos, apenas un puñado de hombres y mujeres, sobre todo de mujeres, se atrevieron a desafiar al poder omnímodo y criminal que fue avalado por una mayoría entre silenciosa y cómplice. Años envenenados que muchos quisieran olvidar para siempre porque les recuerda su propia responsabilidad allí donde las principales rotativas y los rostros más visibles de la comunicación audiovisual trabajaron activamente para ocultar y para silenciar la violencia terrorista desencadenada por una alianza cívico-militar. Ninguna sociedad sale indemne de tanta barbarie.

Violencia que se cebó en miles de cuerpos de hombres y mujeres que fueron arrasados por una represión planificada por mentes febriles para hacer del país una tierra para pocos en la que no quedaría ni siquiera el recuerdo de sus rebeldías y de sus resistencias. Los esbirros del ’76 creyeron que su política de arrasamiento y de terror terminaría por minar hasta el nombre de aquellos que lucharon por la igualdad y la justicia. No imaginaron, ni siquiera en sus delirios pesadillescos amparados por la noche del horror, que un puñado de madres enloquecerían su estrategia de sometimiento y de olvido. Nunca creyeron que serían desafiados por quienes sólo tenían su dolor y su amor inconmensurable como armas para confrontarlos. Las creyeron “locas”, alucinadas caminantes de rondas fantasmagóricas a las que muy pocos argentinos siquiera les prestaron atención mientras el país se preparaba para el Mundial de futbol y para el jolgorio de la plata dulce. Creyeron que nadie se atrevería a rebelarse contra la impunidad de un poder desenfrenado en su capacidad destructiva. Se equivocaron. Ellas insistieron incluso después de que las garras homicidas desgarraron los cuerpos de algunas de las primeras madres que se atrevieron, más allá de toda valentía, a gritar su dolor y a exigir por la vida de sus hijos e hijas.

Su ejemplo devuelve la dignidad extraviada por gran parte de la sociedad, se convierte en espejo que nos devuelve la imagen de un país atravesado por el envilecimiento y la complicidad. Y esa imagen nunca es sencilla de ver porque habla de nosotros, de nuestras carencias y, también, de nuestras agachadas. Las madres, que fueron exaltadas como portaestandartes de la dignidad en medio de lo indigno, encontraron, a través de las voces de algunas de ellas que fueron más intempestivas, las palabras que no querían ser escuchadas por todos aquellos que preferían ritualizarlas, transformarlas en un símbolo cristalizado pero desactivado en su capacidad para alterar la trama de hipocresía y cinismo que continúa habitando ciertas zonas del poder que, apenas encontraron el resquicio, se lanzaron sin medias tintas contra esas voces de lejanas resonancias proféticas.

Sus voces se levantaron cuando la mayoría callaba. Entre ellas hubo una que iría multiplicándose con el paso del tiempo. Fue la voz de Hebe con su inflexión intempestiva nacida del dolor y del coraje; una voz que reivindicó la dignidad de un país amasado por la mayor de las indignidades y por las diferentes formas de la complicidad. Hebe, y su nombre como emblema de otros nombres, fue un grito que rompió el muro del silencio. Fue una voz destemplada e injuriosa como sólo sabe amasarla el habla popular que no buscó eufemismos para golpear en el corazón de la injusticia y del terror pero que tampoco se calló cuando, ya en democracia, muchos exigían cerrar los expedientes de la dictadura para adentrarnos en la mansedumbre del olvido y la impunidad a la que llamaron “reconciliación”. Hebe ha sido y sigue siendo, junto a otras voces de otras madres y abuelas, la conciencia de los silenciados, la palabra de los asesinados, la irreverencia de las que no se sometieron al poder ni aceptaron la irreversibilidad de la historia que se ofrecía como una política del olvido y la reconciliación.

Hoy, cuando se reconstruyeron los puentes de la justicia que habían sido dañados por las leyes de la impunidad y por los indultos, cuando se despliega como nunca antes una política de derechos humanos que tiene la fuerza de la reparación, los poderes de la complicidad, esos que siempre actúan desde las sombras, encontraron un resquicio para intentar desprestigiar la voz de quien representa, con el testimonio de su vida golpeada por el sufrimiento y reconstruida por el infatigable compromiso de la memoria y la verdad, la voz más potente y compleja, la que nunca se ha callado incluso allí donde pronunció frases destempladas y no necesariamente acertadas que no dejaron de conmover a los otros referentes del movimiento de derechos humanos. Hebe ha sido esa voz y la ofensiva que muchos de los cómplices de ayer lanzan contra ella no buscan sólo silenciarla y desfigurarla en su historia ejemplar, sino que apuntan, fundamentalmente, contra una de las pocas gestas memorables y virtuosas de la historia argentina. ¿Qué nos queda sin el símbolo de los pañuelos blancos? ¿Cómo pensarnos manchando una gesta que nos rescató de lo peor de nosotros mismos recordándonos que siempre es posible resistir incluso cuando el mal absoluto reina absolutamente sobre un país? ¿No lo saben algunos periodistas, antiguos cultores de un progresismo a la moda, cuando se lanzan, como aves de rapiña, sobre la fragilidad del cuerpo de Hebe? Recuerdo, a la pasada, a uno de ellos haciendo, sin escandalizarse por lo que iba a decir, lo que llamaba una pregunta “políticamente incorrecta”: “¿Qué sucedería si Hebe estuviera comprometida con la corrupción?”. Pregunta canalla que ni siquiera merece una respuesta.

Una voz de la dignidad que reclamó para sí el derecho irrenunciable a injuriar a quienes habían cometido el peor de los crímenes y a aquellos que, disimulando sus complicidades, quisieron, una vez acabada la noche de la dictadura, bañarse en las “aguas puras” de una inocencia agusanada. Hebe recordó, nos recordó, que las voces de los insepultos seguían allí, entre nosotros, clamando por una justicia que se les negaba mientras el mismo gobierno democrático que en un principio había juzgado a los principales responsables después retrocedió impulsando las leyes de la impunidad que confluirían con los vergonzosos indultos del menemismo. Hebe, con sus palabras roncas, duras, extremas, injuriosas, inclementes y atravesadas por los ecos de Antígona, nunca se calló, siempre estuvo ahí exigiendo una justicia que parecía imposible. Supo de desencuentros con las otras madres pero también supo de un empecinamiento que golpeaba duro contra las formas encubiertas de la complicidad sabiendo, como lo sabía alguien que se forjó a sí misma desde el dolor y la fuerza intempestiva que nació de la ausencia de sus hijos, que muchos de los que actualmente se ofrecen como defensores de los derechos humanos y de la transparencia republicana fueron cómplices de los perros de la noche, sacerdotes mediáticos del culto a la muerte que dominó los años de la dictadura. Sin subterfugios ni eufemismos, amparada en un habla que proviene de la vida popular, Hebe denunció las diversas formas de la hipocresía y el cinismo, multiplicó sus andanadas contra una sociedad pacata y olvidadiza capaz de pasar del apoyo a la dictadura a convertirse en adalid de los derechos humanos. Una voz, la de Hebe, cargada con la potencia de los antiguos profetas de Israel que dirigieron sus dardos inclementes contra un pueblo extraviado. Hebe, su voz y su nombre, recuerdan, nos recuerdan, que algo oscuro y viscoso persiste en ciertas zonas de la vida social. Hebe, ya lo señalé, ha sido un espejo que devuelve imágenes que muchos no desearían ver de sí mismos. Por eso el rechazo y el resentimiento que su figura ha producido allí donde nunca se guardó nada a la hora de lanzar sus frases duras, cortantes e implacables.

Su odio, el de los cómplices, esperó con paciencia el momento para descargarse contra esa voz profética que incomodó desde siempre no sólo al poder sino, también, a una sociedad que prefería el olvido y la desresponsabilización. Hebe siempre les recordó sus bajezas y sus negociados. Nunca dejó de gritarles la impudicia del encubrimiento ni la cobardía de tantos buenos vecinos y vecinas que siguieron viviendo sus vidas mientras el país era un infierno y que luego declararían su absoluto desconocimiento ante el horror que se desarrollaba delante de sus ojos. Hebe alteró siempre la buena conciencia de miles de argentinos empapados de inocencia. Y eso, Hebe lo sabe, no se perdona. Ni ayer ni hoy.

Contra esa voz se ha organizado una campaña brutal y despiadada que viene ocupando las tapas de los principales diarios y las intervenciones del ejército de periodistas que parecen disfrutar la profunda amargura que atraviesa este momento de la vida de Hebe. Ellos están satisfechos, han esperado pacientemente su turno como las hienas que no han hecho ningún esfuerzo y que sólo se preparan para lanzarse contra la víctima inerme. Pero se equivocan. No conocen a Hebe ni la significación de su nombre y de su voz en el interior de la vida argentina. Nunca comprendieron quiénes fueron esas madres “enloquecidas” que giraron alrededor de la Pirámide de Mayo exigiendo la aparición con vida de sus hijos e hijas. Nunca creyeron que ese puñado de mujeres indefensas, débiles en apariencia, hubieran podido desafiar al poder más horroroso y homicida que se desplegó, durante años, en nuestra tierra, mientras los actuales adalides de la libertad de prensa se apresuraban a festejar y sostener a la dictadura.

Hebe, con sus sueños de memoria y justicia, estuvo siempre ahí para arrojar sobre las lenguas envenenadas de la impunidad la potencia injuriante de una voz nacida no de la exigencia de venganza ni de violencia sino amasada en la causa sagrada de los derechos humanos, esa misma causa que hoy intentan mancillar aprovechándose de lo que el azar y la persistencia del mal nacido de nuestra propia noche de Walpurgis pusieron en el camino de las madres bajo el nombre de los hermanos Schoklender. Ellos, como en los tiempos del reinado del terror, van por todo: por los pañuelos y por la memoria. Nosotros, junto y con Hebe, sabemos lo que ha cambiado la Argentina desde mayo de 2003 y sabemos dónde se sigue amasando, con la materia hecha de dolor y de sueños, la patria de la verdad, la reparación y la igualdad.
 
Fuente: Revista Veintitres.

LAS CIUDADES SON CADA VEZ MAS HOSTILES CON LOS VIEJOS

En 2030 seran 1000 millones las personas de mas de 65 años. En la Argentina, los mayores de 60 ya representan el 14%. Por eso se reclaman pequeños cambios que pueden mejorar la calidad de vida. La OMS pide tomar medidas para mejorarlas.
 
Por Mariana Garcia.
 
Letras más grandes en los precios del supermercado. Semáforos que dejen cruzar sin tener que correr . Colectiveros con paciencia y bancos en cada cuadra para descansar a mitad de un paseo . Parecen medidas pequeñas pero son esas pequeñeces las que Organización Mundial de la Salud (OMS) intenta promover para que, en un mundo cada vez más envejecido , las personas mayores dejen de sentirse acechadas por la ciudad en la que han vivido toda su vida.
Ciudades “amigables con los mayores” –o “ age friendly ”, en la versión original– es el concepto que Alex Kalache, uno de los especialistas más prestigiosos de la OMS, desarrolló para encontrar una solución a una ecuación inevitable: menos chicos que nacen, viejos que viven más .
“Una ciudad amigable es una ciudad en la que será más fácil para todos poder vivir. Si las veredas están arregladas, eso beneficia a los mayores pero también a las madres con cochecitos o a las personas con sillas de ruedas. Cuando hablamos de una ciudad amigable estamos hablando de una ciudad más humana ”, sostiene Kalache.
Parece una obviedad, pero el concepto recién comenzó a elaborarse a partir del 2005 , cuando la OMS desarrolló el programa “Ciudades amigables con los mayores”. Lo primero que se hizo fue seleccionar 33 ciudades –La Plata fue una de ellas–para indagar cuáles eran las falencias y qué cosas necesitaban las personas mayores.
Kalache, ideólogo de este programa, estuvo en Buenos Aires para participar de un seminario sobre gerontología organizado por la Universidad ISalud. Durante una entrevista con Clarín contó que la idea comenzó rondarle cuando se enteró de que la maternidad en que había nacido en Copacabana era ahora un geriátrico . “Las ciudades cambiaron –dice–. En el siglo XIX, la expectativa de vida no superaba los 43 años. Hoy las ciudades están envejeciendo y sobre todo en países en vías de desarrollo. Eso se transforma en un desafío, un tema que interesa a todos”.
A partir de ese primer estudio, la OMS elaboró una serie de medidas que involucraban desde políticas de estado como el acceso igualitario a los servicios de salud y a una renta mínima, ayudas para obtener créditos que permitan seguir desarrollando microemprendimientos, o planes de educación para adultos . Pero esa lista también incluye soluciones más sencillas (ver Pequeñas medidas...
) como obligar a los colectiveros a detenerse en las paradas o prolongar la duración de los semáforos para que los mayores puedan cruzar tranquilos.
“Las ciudades amigables son las que pueden optimizar las oportunidades de salud, participación y seguridad para sus mayores –explica Kalache–. La idea de ofrecerles seguridad tiene que ver con que existe un sistema que te ayuda a compensar los problemas que vienen con la vejez ”.
Para el año 2030, las personas de más de 65 años serán mil millones y, por primera vez en la historia, habrán superado a los chicos menores de cinco . Según el Instituto Nacional de Envejecimiento de los Estados Unidos, hoy esos mayores suman más de 500 millones. El concepto de ciudades “amigables” intenta dar cuenta de un fenómeno que, para los especialistas, difícilmente vaya a revertirse.
Argentina no sólo no es ajena sino que además es uno de los países más envejecidos de la región : el 14% de la población tiene más de 60 años y las proyecciones indican que el número seguirá en aumento. En el último Congreso Internacional de Psiquiatría se determinó que entre 1950 y 2050, la cantidad de argentinos mayores de 70 se multiplicará catorce veces .
Silvia Gascón, directora de la maestría en Gerontología de la Universidad ISalud, opina que “las ciudades no se adaptan a la nuevas características de su población.
Es un tema de exclusión muy fuerte que no se visualiza ”.
No existe hasta ahora esa ciudad “ideal”, pero Kalache cree que Nueva York es la que más se acerca . No sólo porque hay más conciencia sino también porque la población de “mayores” comienza a ser un buen negocio . Así, los restaurantes cambiaron los menús para que puedan leerse sin anteojos, incluyeron comidas más livianas y decidieron ampliar el horario para los que quieran cenar antes. “No es que queremos ser generosos, es una cuestión de derechos humanos ”, asegura Kalache.
Para 2025 habrá en el mundo 840 millones de personas de más de 60 años . El 70% vivirá en países en vías de desarrollo, según la OMS. Serán muchos, vivirán más y habrán dejando atrás la imagen del abuelito que se recluye en la pieza del fondo . Los nuevos “mayores” siguen activos aún después de jubilarse y hay quienes hablan del “ senior boom ” para describir a las personas de edad avanzada que siguen tan activos como a los veinte . Estos nuevos “abuelos” se plantean desafíos, estudian, y chatean con los nietos . También están empezando a reclamar una ciudad acorde a ellos.
 
Fuente: Clarin.

"LA COMPRA DE TIERRAS NO ES UNA INVERSION"

Entrevista a Florencia Gómez, especialista en políticas de tierras rurales. La extranjerización de la tierra. Un tema estratégico que, desde el Ejecutivo, contó con la presentación de un proyecto pensado para limitar el despliegue foráneo en el territorio nacional.
 
Por Luz Laici
 
“Según entiendo, era una preocupación que tenía Néstor Kirchner y que logra concretarse gracias a la voluntad política de Cristina y el trabajo que coordinó el ministro Julián Domínguez”, asegura Florencia Gómez, abogada y especialista en políticas de tierras rurales, que integró el equipo jurídico que elaboró el proyecto K, y es referente de la temática en la Corriente Agraria Nacional y Popular. Oriunda de Santiago del Estero, Gómez trabajó en el Mocase (Movimiento Campesino de la provincia) hasta que viajó a Buenos Aires para realizar una Maestría en Administración Pública y hoy es asesora del Ministerio de Agricultura.
 
–¿Por qué los K se interesaron en el tema?
–Básicamente porque durante los últimos viajes que realizó la Presidenta al exterior surgió un interés recurrente sobre la adquisición de tierras en el país. Cuando las comitivas se juntaban para hacer acuerdos comerciales, uno de los temas que siempre terminaban discutiendo era la cuestión de la compra de tierras. Si a eso se le suma el aumento de compras de activos agrícolas por parte de extranjeros que ya se concretaron, las proyecciones de crecimiento poblacional a nivel mundial y la consecuente necesidad que habrá de producir más alimentos para satisfacer la demanda, claramente queda en evidencia que debía y debe pensarse esta cuestión desde una mirada estratégica que la Presidenta claramente posee.
 
–¿Vale la pena aun cuando ya hay casos como el de Tompkins, en Corrientes, o Lewis, en Río Negro, que tienen grandes extensiones?
–Sí. Pero hay que decir algo antes: la cuestión de la tierra hace 200 años que no se discute en la Argentina. Desde la conformación del Estado argentino existió un proceso de concentración y extranjerización de la tierra que ha sido arbitrario. De todos modos, es importante señalar que la tierra no era entendida como recurso sino como un objeto susceptible de ser comercial y permitir el financiamiento para objetivos que se había propuesto el país.
 
–¿Esto cambia con el proyecto de ley actual?
–Sí, porque la normativa entiende que la compra de tierras no es una inversión. En los ’90, la extranjerización en la adquisición de tierras cobró fuerza de la mano de las condiciones legales, políticas y económicas que lo permitían. Con la reforma de la Constitución en el ’94, la cuestión de los recursos naturales se incorporó en el artículo 124, estableciendo que el dominio originario de los recursos era de las provincias. En ese momento, la Convención Constituyente dejó a un lado la cuestión de la jurisdicción, que determina la facultad de poder decir el derecho o regular sobre esos recursos.
Es decir, quedó un vacío legal en torno a esa cuestión. Por otro lado, se determinó que los Tratados Bilaterales de Inversión –herramientas que post Consenso de Washington sirvieron para promover la apertura financiera, comercial, el achicamiento del Estado, etc.– tuvieran jerarquía supralegal, permitiendo que la compra de tierras se entendiera como inversión y que, en caso de conflicto, lo resolviera el CIADI. Este proyecto viene a corregir esta situación y a resguardar los intereses soberanos del Estado argentino ya que ningún Estado puede dictar normas contrarias a sus intereses ni suscribir acuerdos que afecten el orden público constitucional.
 
–Y a esa cuestión se le agrega que cada provincia creó su propio esquema de registros.
–Sí. La disparidad de los registros catastrales en los distritos es problemática porque tiene regímenes, dependencias e información diferente. Apuntamos a unificar esa información. –De todos modos, la compraventa de tierras no depende sólo de los Estados provinciales...
 
–No, hay competencia de los Estados pero también de los privados. El caso de Lewis es ícono de la transgresión. Él compró una propiedad, que tenía parte de un lago y era aledaña a otra donde ese lago se continuaba y que formaba parte de un espacio de uso de reservas naturales de la provincia de Río Negro. Es decir, era imposible que le fuera vendida. Sin embargo, la Legislatura local desafectó esa zona del régimen de reserva natural, determinando nuevas longitudes y latitudes de la misma. De ese modo, Lewis pudo adquirir la tierra, anexarla a la propiedad que ya tenía y ser el único con acceso al lago. Claramente, ahí hubo responsabilidad pública y privada de quien vende grandes extensiones del suelo a extranjeros. Igual ahora el caso está en discusión por una denuncia de la Defensoría del Pueblo de la Nación que detectó una irregularidad en la compra porque se hizo en Buenos Aires a nombre de un nacional y la propiedad se inscribió a nombre de un extranjero en Río Negro.
 
–El proyecto de ley del Ejecutivo determina que sólo el 20 por ciento del total del territorio nacional puede quedar en manos de extranjeros. ¿Qué sucedería si, una vez hecho el relevamiento de tierras, se determina que el porcentaje ya está cubierto?
–La información nos permitirá determinar, primero, si el 20 por ciento es mucho o poco. Pero, más allá de eso, si hay un 15 por ciento que ya está en manos de extranjeros, sólo quedará un 5 para ventas. Y, además, a esta limitación se le agrega la referida al máximo de mil hectáreas que incide en la cuestión de la concentración. También se generó controversia respecto de por qué el proyecto no consideraba la particularidad de los pueblos originarios.
Es necesario remarcar que hay que tener en cuenta que se trata de una ley específica. Desde el Ejecutivo, la normativa se pensó para llenar un vacío en relación a una cuestión geopolítica y estratégica: preservar los recursos rurales de y para los argentinos, como una medida de protección en el contexto global de crecimiento poblacional y de crecimiento en la demanda de energía y alimentos. No es una ley general de suelos o de tierras. Y vale aclarar que tampoco quedó afuera la cuestión de los pueblos originarios: la Presidenta firmó el decreto 700/2010, con el que propuso la creación de la Comisión de Instrumentación y Elaboración de la Propiedad Comunitaria Indígena, para que comenzara a discutirse la elaboración de una ley específica.
 
–Sostiene que hay que pensar la importancia de la ley a largo plazo. ¿Por qué?
–Para entenderlo, vale pensar en que el proyecto cala en el sentimiento popular a través de los hijos. De alguna manera, les garantiza a nuestros hijos su tierra, su alimento, su acceso al agua. Cuando uno escucha a los agricultores familiares o a los pequeños productores, comprende que están preocupados por lo que le dejarán a su familia. Qué dejarles a los hijos. Y yo lo pienso así.

LA ARGENTINA SEGUN GALASSO

El autor presenta dos nuevos libros y reitera su crítica a la versión oficial de los hechos. Perón, Kirchner y su posicionamiento político para contar la historia del país.

Por Franco Mizrahi.

Humilde y tranquilo, con un suéter gris y una mirada tan cálida como su voz, Norberto Galasso, un apasionado de la historia, recibe a Veintitrés en su PH de Parque Chacabuco. Apenas uno entra a su oficina, tiene la sensación de que los libros se le vienen encima desde las diferentes bibliotecas. Su lugar de trabajo está repleto de recortes de diarios, distribuidos por su escritorio, el piso –donde también se adivinan libros desparramados– y al lado de la computadora. A eso se le suman suplementos y cajas de archivo. “Estoy preparando algunas charlas y prólogos que tengo adeudados”, explica Galasso. El motivo de esa demora fue la excusa de esta charla: la publicación de sus últimas dos obras, que aparecieron casi en simultáneo: Historia de la Argentina, desde los Pueblos Originarios hasta el tiempo de los Kirchner, de editorial Colihue, y De Perón a Kirchner, apuntes sobre la historia del peronismo, de Editorial Punto de Encuentro, desde donde el autor discute con la historia oficial.

Una de las líneas fundamentales que sostiene Galasso en Historia de la Argentina, desde los Pueblos Originarios hasta los tiempos de Kirchner, un libro ambicioso que se divide en dos tomos, es que la historia es la política del pasado, y la política actual, la historia del presente. Por ende, mantiene que esta materia no es neutra sino que está cruzada por los más diversos intereses. No es casualidad que los primeros capítulos del libro estén dedicados a las diferentes corrientes historiográficas que interpretaron los hechos del pasado.

“Me pareció importante decirle al lector que hay diferentes interpretaciones de la historia, que provienen de distintos historiadores que tienen determinadas ideologías que se corresponden con corrientes ideológico políticas –afirma Galasso–. Entonces, es lógico que Bartolomé Mitre, que desde su presidencia va a tener una política probritánica, de libre importación, que va a instalar los ferrocarriles y bancos ingleses pensando que la civilización –como decía Sarmiento– está en Europa, cuando mira a la Revolución de Mayo escribe una historia que legitima lo que está haciendo políticamente. Entonces, para Mitre, en la Revolución de Mayo hubo una importante representación de los hacendados, cuando eso no fue así.”

Relata Galasso que hay un historiador llamado Luis Molinari que escribió un libro en la década del ’20 sobre la nula importancia de los hacendados en los hechos de mayo. Pero, curiosamente, ese libro que está en la biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, nunca fue requerido por nadie. Él y su equipo de trabajo fueron los primeros en buscarlo: “Tuvimos que cortarle las hojas con un cuchillo. Es decir que a ningún profesor de historia se le ocurrió decirle a algún alumno, desde que esta obra se publicó, que estudie este trabajo. El libro estaba cerrado por completo. Esta es una prueba contundente de la influencia de la clase dominante que encontró en Mitre su expresión”.

A la clase dominante le interesa una historia en la que se narre que el Cabildo Abierto estaba repleto de gente respetable, gente como ellos. “Ahora están las actas que demuestran que esos vecinos respetables votaron a favor del virrey –cuenta Galasso–. No es que hicieron la revolución sino que hicieron la contrarrevolución.” No es casualidad que entre las familias que defendieron a la corona en 1810 aparezca un apellido bastante conocido hoy por todos los argentinos: Martínez de Hoz.

Pero así como está la corriente historiográfica liberal-mitrista, también hay otras corrientes que fueron apareciendo en el devenir histórico, según el esquema que explica Galasso. Por caso, cuando José Félix Uriburu derrocó a Hipólito Yrigoyen en 1930, se generó una línea histórica revisionista de derecha que se sumergió en la historia para encontrar algún parangón con el presente. Desde esta línea se “trató de justificar a Uriburu basados en que Juan Manuel de Rosas era una figura autoritaria que impuso orden –afirma Galasso–. Los historiadores uriburistas encuentran en Rosas al tipo que pone orden en un país donde se había fusilado a Dorrego y había mucha bronca de los gauchos. Utilizan el pasado para justificar su represión”, asevera el historiador.

Por eso Galasso afirma que “no hay historia neutra. La historia está constituida por la heurística, que son los datos. Pero a los datos uno los interpreta y entra en la segunda columna de la historia que es la hermenéutica, que varía según la valoración que uno les da a ciertas cosas”. Así, se le otorga más importancia a una figura que a otra de acuerdo con la ideología de quien lo estudia. “Hay que ser objetivo respecto de las fuentes, pero la interpretación está necesariamente sesgada en función de las ideas del historiador”, sostiene el autor de Seamos libres y lo demás no importa nada. Vida de San Martín.

–¿Y usted dentro de qué corriente se ubica?

–En la línea federal provinciana, cuya línea histórica estarían representada por Moreno, Dorrego, el Chacho Peñaloza, Felipe Varela, Yrigoyen, Perón. Por otro lado, como tengo formación marxista, también sería una interpretación socialista nacional, latinoamericana.

–¿Cree que el hecho de que se deba resaltar desde dónde se está escribiendo la historia es un dato que surge a partir de la coyuntura política que se vive hoy?

–Sí, hoy hay una repolitización muy importante. Cada vez que voy a dar una conferencia de historia lo primero que digo es cuál es mi posición: yo soy un socialista nacional que apoya al gobierno de Cristina, que apoyó al gobierno de Perón, porque así, cuando el auditorio escucha, sabe que si estoy hablando bien de Dorrego es porque Dorrego era sumamente popular y se preocupaba por la política del país. Y si hablo mal de Mitre es porque entiendo que hizo un arreglo con los ingleses, endeudó al país, creó los ferrocarriles en abanico que configuraron el modelo agroexportador, que me parece malo porque no da trabajo y es colonial. Esto es así porque yo tengo una determinada posición política. Entonces no engatuso a nadie.

–¿Eso se ocultaba?

–No se decía. Leyendo con mucho cuidado a muchos historiadores de antes, totalmente mitristas, sólo encontré uno que dice que el ejército de San Martín no era argentino sino de “soberanía flotante”. En realidad era un ejército latinoamericano, porque tuvo chilenos y después peruanos. Y eso explica la Unasur actual, no es que la Unasur cayó del cielo.

Si la historia es la política del pasado, la política del presente indefectiblemente hunde sus raíces en ella. Por lo tanto, las explicaciones del presente hay que encontrarlas allí: “Cuando aparece Néstor Kirchner había una crisis total de representatividad de la dirigencia política. Esa misma crisis se dio también en el ’43. Apareció (Juan Domingo) Perón porque los trabajadores buscaban un camino y los dirigentes políticos estaban en la luna y no vieron el fenómeno. El pueblo se encauza por donde puede, improvisa líderes. A Kirchner no lo conocía mucha gente y en el ’43 a Perón tampoco”.

–¿Por eso también usted compara en su libro a la oposición actual con la Unión Democrática?

–Sí, es casi lo mismo. Hoy hay una declinación de la dirigencia muy notable.

–¿Estas semejanzas históricas se dan por una estructura similar que se repite?

–Sí, por la estructura de clase. Uno de los factores es la clase media de la ciudad de Buenos Aires. Con la gestión que hizo Macri es inexplicable que, como dicen las encuestas, lo vote más del 30 por ciento de la sociedad. Hay una gran parte de la clase media que cree que es importante que los trabajadores no tengan protagonismo. Pero eso está empezando a cambiar.

Como pocos libros de historia, Historia de la Argentina… se extiende hasta el gobierno de Cristina Fernández e incluso abarca la muerte de su marido, Néstor Kirchner. El libro se había terminado en septiembre del año pasado, pero al fallecer el ex presidente, el 27 de octubre, Galasso se contactó con la editorial para escribir unas últimas páginas sobre el tema. El impacto de la desaparición de Kirchner no podía faltar en un libro que llegase hasta la actualidad. “La historia que nosotros hacemos es una historia militante –se explaya el ensayista–. No le esquivamos el bulto al pronunciamiento, aunque no vamos a diagnosticar lo que va a pasar. Pero lo que nos parece evidente lo vamos a decir, como la estatización de las AFJP, aunque se corra más peligro al escribir sobre lo más cercano en el tiempo porque en la historia se ve mejor desde más lejos, dialécticamente hablando.”

–¿Cómo define al kirchnerismo, tercer movimiento histórico o la resurrección de lo mejor del peronismo, como se discute en Carta Abierta?

–Como yo nunca fui peronista ni soy kirchnerista estrictamente, estoy viendo hasta dónde profundiza el modelo. Eso implica ver si aplicará medidas que aplicó Perón en su momento. Aunque, claro, Perón tenía más fuerza. Kirchner hizo maravillas con el 22 por ciento de los votos y la misma Presidenta, jaqueada por la Sociedad Rural y el poder mediático de Magnetto, ha avanzado mucho. Pero creo que hay que seguir avanzando y eso implica tocar intereses financieros, nacionalizar depósitos bancarios, nacionalizar el comercio exterior. El gran dilema del kirchnerismo hoy es la construcción de cuadros medios. A mí me atemoriza que muchos chicos pasen directamente a cargos porque hay peligro de burocratizarse. Pero los hechos dirán si el kirchnerismo toma una identidad propia. Lo que está claro es que tanto Néstor como Cristina actuaron de la forma más acertada que pudieron. Cuando Néstor tuvo que tomar el PJ, no tenía otra alternativa. Lo importante es que Kirchner no se hizo Duhalde, porque bajó los cuadros de los militares y no dejó sus convicciones en la puerta de la Casa Rosada.

–¿A nivel latinoamericano es la primera vez que se da esta coincidencia política ideológica entre sus dirigentes?

–Lo más parecido sucedió en la década del ’70, cuando Velasco Alvarado estaba en Perú, Torres en Bolivia; cuando al poco tiempo, en el ‘70, Allende llega a la presidencia en Chile. Eran los tiempos en que nosotros suponíamos que los tupamaros podrían tomar el poder en Uruguay y Perón podía volver. Pero eso lo fueron quebrando poco a poco. Henry Kissinger (secretario de Estado norteamericano) liquidó el gobierno de Chile, Banzer lo derrocó a Torres –a quien luego lo mató la CIA–. A Velasco Alvarado le dieron un golpe interno, en Uruguay se produjo el golpe de Bordaberry que cerró el Congreso y los “tupa” comenzaron a declinar. Y en la Argentina se dio el desgraciado proceso de desencuentro entre Perón y la juventud y se fue todo al demonio. Otro momento, en cierto sentido, se dio en la década del ’50, con Perón en la Argentina, el MNR en Bolivia y el proceso de Guatemala. Pero fueron pocos los momentos en que se produjo un acontecimiento como este.
Claro, la forma en que los gobiernos actuales trascenderán en los libros de historia será una gran incógnita.
 
Fuente: Revista Veintitres