miércoles, 5 de junio de 2013

FAVELAS RIGUROSAMENTE VIGILADAS

Radiografía de la “acción cívica” que se despliega tras la ocupación policial de las favelas en la Zona Norte de Río de Janeiro.
 
Por  Eduardo J. Vior.
      
Centenares de habitantes de las favelas de Manguinhos y Jacarezinho, en la Zona Norte de Río de Janeiro, se reunieron el viernes por la mañana con el comandante del Batallón de Operaciones Policiales Especiales (BOPE), René Alonso, en el galpón de la escuela de samba Unidos do Jacarezinho. La reunión tuvo como objetivo explicar a la población algunos aspectos de la ocupación policial de la favela, realizada el domingo pasado casi sin disparos.
“Queremos garantizar a todos una vida normal”, afirmó el comandante. Los vecinos estaban en principio satisfechos con la reunión, pero plantearon sus expectativas: “Precisamos ver cómo llegarán los servicios a la comunidad: agua, luz, etc. Si el BOPE hace bien su trabajo, va a ser óptimo”, dice Fabíola Alves, de 28 años, vecina de Jacarezinho. Es que, aunque tiranizaban a la población, los narcos y las milicias aseguraban los servicios esenciales. Era casi un gobierno paralelo.
Paulatinamente se ha establecido un patrón en las operaciones de ocupación de favelas: antes de atacar se realiza un amplio trabajo de inteligencia y de propaganda, advirtiendo sobre el próximo operativo. Las ocupaciones se realizan con la BOPE, respaldada por el Ejército y/o la Marina. Son acciones breves, con gran despliegue de fuerza, para intimidar a los narcotraficantes y desalentar toda resistencia.
A estas operaciones las acompaña una sistemática y planificada acción de prensa. Como señala la Agencia de Noticias de las Favelas, con sede en Jacarezinho, “la cobertura de los medios brasileños se centra en las autoridades, acompañando la operación policial, informando sobre sus dimensiones, qué cantidad de drogas y armas se requisaron y el anuncio de las medidas de infraestructura a implementarse. Los medios internacionales, por su parte, califican estas operaciones como ‘limpieza’ de la ciudad para prepararla para la Copa del Mundo de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016”.
Y continúan los periodistas favelados: “Todos los medios insistieron el fin de semana pasado en que en los últimos años, Jacarezinho y Manguinhos se habían convertido en centros violentos de tráfico de drogas. Pero esta visión unilateral oscurece que estas grandes comunidades son lugares de resiliencia, resistencia y creatividad que durante toda su historia fueron abandonadas y atacadas por el Estado. La ocupación del fin de semana pasado es un punto de inflexión, pero las voces de la población están notoriamente ausentes en los relatos sobre estos acontecimientos”.
El Batallón de Operaciones Policiales Especiales (BOPE), responsable por las ocupaciones de las favelas, es la tropa de élite de la policía militar de Río de Janeiro. Su entrenamiento se asemeja al de los Rangers, el SWAT y otro tipo de brigadas especiales. Cuentan con todo el apoyo del gobierno federal, pero, como han sido muy criticados por sus violaciones de los derechos humanos, el gobierno estadual sigue atentamente las operaciones policiales, para preservar la imagen pacificadora de su gestión.
Las Unidades de Policía Pacificadora (UPP) que siguen a la BOPE marcan la diferencia. Se trata de una policía que no persigue a los delincuentes, sino que prefiere ganar territorio. “Son hombres capacitados en derechos humanos; nosotros estamos del lado de la gente y no detrás de los bandidos, de esto se encarga la Policía Federal”, afirma su jefe, el teniente coronel Rogerio Seabra, un oficial entrenado en operaciones policiales de la ONU que ya estuvo en Guatemala y ahora asesora al gobierno salvadoreño.
En las favelas donde está la UPP se han invertido unos tres mil millones de dólares en obras de saneamiento e iluminación, puestos de salud, guarderías y escuelas. Sin embargo, la experta en seguridad Cristina Tardáguila, del derechista diario O Globo, dice que detrás de las UPP hay una estrategia publicitaria para el Mundial de Fútbol de 2014. “El problema de base parece no importarles”, asegura. El diputado de izquierda Marcelo Freixo, consonantemente, cuestiona a las UPP. “No atacan a los narcos, no los capturan y les avisan cuando van a llegar las UPP, para que guarden su dinero y se lleven la droga y así evitar la confrontación.”
Ésa es justamente la esencia de las UPP: “No nos obsesionamos por perseguir a los bandidos, no luchamos contra el narcotráfico; ganamos territorio y le llevamos una mejor vida a la gente”, dice Seabra. Aunque no todas las favelas estén en paz, la guerra se ganó en 50 de las mil existentes. Aún quedan milicias en otras y los narcos se han mudado a la periferia, pero el modelo gana adeptos y se reproducirá en 15 favelas más hasta el 2014; serán en total 40 con unos 12.000 policías. Las UPP representan una importante arma del gobierno fluminense, para recuperar territorios perdidos a manos del narcotráfico e incluir a los grupos más carenciados. 280 mil personas se benefician ya por la presencia de estas unidades y su número debe aumentar próximamente.
Parece que el gobierno brasileño ha optado por una paz negociada con los narcotraficantes. Claro que los medios –todos ellos conservadores– levantan consignas de “ley y orden”, pero las UPP aseguran un valor que la actual gestión considera más importante: recuperar la soberanía del Estado sobre enormes territorios urbanos antes usurpados por las mafias.
 
Fuente: Miradas al Sur

UN DOCUMENTAL QUE RASTREA LOS ORIGENES DEL PERONISMO

Entrevista a Jorge Asuaje. Realizador. “Los obreros son los más olvidados en la historia oficial del peronismo”, afirma Asuaje, uno de los directores de El día que cambió la historia.
 
Por  Jimena Arnolfi         
       
El peronismo nace en Berisso”, dice Jorge Asuaje, realizador –junto a Sergio Pérez– del documental El día que cambió la historia, recientemente estrenado en el Espacio Incaa Arte Cinema (Salta y Garay). La película cuenta las distintas luchas de la clase obrera argentina previas al 17 de octubre de 1945. El objetivo es rastrear el origen del movimiento obrero argentino, cómo evolucionó en medio de las sucesivas crisis y cómo fue el proceso de peronización.
El punto de partida es fines de 1917, después de la Revolución Rusa, cuando sucede la primera masacre de obreros en uno de los frigoríficos de Berisso. Las manifestaciones sindicales en Swift y Armour, dos de los frigoríficos más importantes, tenían fuerte presencia anarquista y socialista. Los realizadores del documental señalan que en ese contexto se da el primer encuentro entre Perón y los veinte mil obreros movilizados de Berisso. “Si bien la figura de Perón es indiscutible como conductor, el proceso de masas sorprendió al mismísimo Perón y fueron los obreros de Berisso los primeros que pusieron el cuerpo para lo que después fue la consolidación del movimiento. El historiador Norberto Galasso suele decir que no es que Perón hubiera nacido líder, sino que no le quedó otra. Las cosas fueron así”, dice Asuaje.
La película cuenta con un análisis histórico aportado por Osvaldo Bayer, Norberto Galasso, Sergio Pujol y Roberto Tarditti, material de archivo en algunos casos desconocidos hasta el momento y unas viñetas ficcionalizadas protagonizada por Lito Cruz y Rubén Stella. Asuaje prioriza el hallazgo periodístico: “El material más valioso del documental es el testimonio de los protagonistas, los obreros, los hijos de los obreros”.
–¿Cómo fue el proceso de investigación?
–Cuando nos juntamos con Sergio Pérez coincidimos con que el objetivo último era rescatar los testimonios de los protagonistas del 17 de octubre que aún podíamos encontrar. Yo ya había escrito un libro, El día que hicimos entre todos, que subraya el carácter colectivo de la fecha. Por otro lado, los dos tenemos una historia personal con Berisso y con la gente de allí. Somos de La Plata, y Berisso es un lugar muy cercano, casi todos los platenses tuvimos un familiar que trabajó en el frigorífico de Berisso y vivió las primeras luchas obreras.
–¿Los primeros obreros movilizados fueron los de Berisso?
–El Partido Laborista con el que Perón ganó las primeras elecciones se fundó en Berisso. Y el 17 de octubre fue la consecuencia de todas las luchas obreras que hubo antes. No sé si esta historia va en contra de la historia oficial. Históricamente, se les ha asignado un papel preponderante a las grandes figuras. Es importante empezar a darles la participación protagónica fundamentalmente al pueblo y a la clase trabajadora, que es tal vez la gran olvidada en la historia oficial del peronismo. En este sentido, el primer apoyo importante que siente Perón es el de los 20 mil obreros movilizados de Berisso.
–¿Cuál es la particularidad que ofrece El día que cambió la historia?
–No había ningún documental en el país que explicara cómo se dio el fenómeno del peronismo en las masas. Éste es un enfoque único en la revisión de la historia argentina. Sobre Evita y Perón se hizo mucho, se analizó mucho. Es curioso que nunca se haya tratado seriamente el tema de las masas peronistas.
–¿Es una película para peronistas?
–Es un documental sobre peronismo hecho por peronistas, pero no es un panfletario. Todos los que vean esta película, independientemente de su ideología política, se van a encontrar con una historia honesta, una porción de la historia argentina contada con honestidad, que al fin y al cabo es el único valor a la hora de contar una historia.
 
Fuente: Miradas al Sur

EN TIERRAS TUPAQUERAS

No por casualidad, el lanzamiento de Unidos y Organizados en Jujuy se hizo en el marco del cumpleaños número 13 de la Tupac Amaru. Viaje a la mística de la organización, su obra, su identidad y el liderazgo de Milagro Sala.
 
Por  Eduardo Blaustein        
      
Hay una señal en un kiosco de diarios de Aeroparque: la de la piba bonita que compra la revista Cosmopolitan y a continuación Página/12. No es una combinación habitual. Un rato después, tras el check-in, se reiteran señales de complicidad: un buen número de gente conocida va a abordar el vuelo a Jujuy. Periodistas, dirigentes sociales como Emilio Pérsico, Ricardo Forster y Jaime Sorín, de Carta Abierta. En las mesas del bar surgen los primeros diálogos apurados sobre el fenómeno social y cultural que es la Tupac Amaru, que tiene su parte fascinante y sus puntos oscuros, o mal conocidos. La obra social extraordinaria en cuanto a construcción de barrios, fábricas, infraestructuras y servicios de salud. Arraigo, capacidad de movilización. A la vez, chismes o informaciones parciales acerca de la relación áspera que alguna vez tuvo la Tupac no sólo con la CCC del Perro Santillán sino con otros movimientos sociales. Algo acerca de eso se dirá en esta crónica.
Antes de que salga el avión, más charlas sobre la Tupac. Sobre su alto nivel de organización, sobre ciertos modos de marchar que combinan el entusiasmo, la alegría y la disciplina de una milicia popular. Imágenes de costureras en la fábrica textil que laburan en silencio, con las estampas del Che o Evita al fondo del galpón. Sobre la bravura de Milagro Sala a la hora de exigir compromiso y trabajo. Lo mismo cuando sale a bancar a mujeres cuyos hombres amenazan con dejarlas a la deriva (son las mismas tupaqueras, en realidad, las que llegan a rodearlos y si es necesario a cagarlos a gritos y algo más). El modo duro de pelearla contra los problemas de drogadicción y alcoholismo. Para nosotros, porteños que pretendemos aplicar vaya a saber qué parámetros de conducta, hay una incógnita: esa dureza, esa disciplina, ¿tiene algo que ver con una cultura norteña, con marcas de códigos ancestrales? ¿O tiene relación sólo con el tipo de liderazgo de Milagro Sala?
El enigma está ahí y se necesita mucho más que un café y un viaje para intentar descifrarlo.
En pleno centro de la ciudad, apenas bajados de las combis, se escuchan petardos. Vayamos al grano: la semana pasada fue aquella en que la Tupac Amaru cumplió 13 años de fundación, la semana en la que hubo festejos, el lanzamiento de Unidos y Organizados en la cancha de Gimnasia y Esgrima de Jujuy. Las explosiones tienen que ver con otra cosa: las columnas de la Tupac y otros movimientos están marchando con sus banderas ante los tribunales para respaldar los juicios de lesa humanidad. Habrá que suponer que en esta provincia las oligarquías viven con horror que sucedan semejantes cosas.
Ahí nomás, a escasas cuadras de la movilización, entre cantidad de militantes con camisetas tupaqueras, el cronista encuentra un primer local de la agrupación. Es el de una cooperativa que vende parte de la producción textil de la Tupac. Treinta metros a la izquierda está el edificio de la sede central de la Tupac. Y casi enfrente, otro edificio flamante que será inaugurado en un rato, el del Instituto Superior Terciario Tupac Amaru. En la entrada de la sede, a ambos lados del hall de entrada, hay un bonito museo temático poblado de maquetas que representan la vida cotidiana de los pueblos originarios antes de la llegada de los españoles. El edificio de tres plantas, limpísimo y luminoso, tiene un cierto aire de hospital y de ONG. De hecho contiene servicios de salud, de derechos humanos, de atención a los inmigrantes. Pero tiene también una pileta preciosa cubierta, y un patio, y una cancha de básquet, y muchas imágenes del Che, de Evita, de Germán Abdala, de Tupac Amaru. Tiene una terraza y en la terraza funcionan los estudios de la radio tupaquera. Desde la terraza se ven los cerros.
Hay, entre otras varias, una leyenda pintada en una pared que quizá sea una clave: “Hay que endurecerse sin perder la ternura jamás”. La frase se adjudica al Che. Quizá represente más al liderazgo de Milagro Sala.
Van y vienen los militantes tupaqueros, todos con sus camisetas oficiales, muchas llevan el estampado que dice Unidos y Organizados, otros llevan la ropa de trabajo de las fábricas de la Tupac. Muchas mujeres: las hay enfermeras o quizá médicas o encargadas de la limpieza o de lo que sea. También los hombres visten en algún caso una ropa de color caki y la gorra, o las camisetas blancas. Pero hay, sobre todo, militantes mujeres, muchas militantes mujeres. La enorme mayoría, el dato es obvio pero hay que precisarlo, son de tez oscura, y en muchos casos los rostros son definitivamente kollas. El otro dato menos obvio es no sólo que se las ve enteras, alegres, laburadoras, consistentes. Van por la calle con miradas nada sumisas. Van, según dice una jerga sociológica fulera pero elocuente, “empoderadas”. Es posible imaginarlas antes: precarizadas, desocupadas, golpeadas, vendedoras ambulantes, mucamas.
Hace un rato largo que en el hall del edificio del instituto terciario hay una doble fila de mujeres con uniformes preparadas para escoltar y ordenar el acto de la inauguración. Cuando esté a punto de comenzar la ceremonia el cronista deberá pasar por su primer acto de rendición incondicional. Unas compañeras, amables y firmes, dan una instrucción que debe cumplirse:
–Tienen que saludar a las mama quillas.
Según la mitología inca, Mama Quilla era hermana y esposa del dios Inti. Pero estas mama quillas están entre lo divino y lo terrenal. Según entiende el obtuso cronista porteño y aplicando ese entendimiento endeble al siglo XXI, saludar a las mama quillas es un modo de respetar lo femenino, la Pachamama, al lugar que la Tupac les da a las mujeres, a los pueblos originarios. Son tres mujeres vestidas con sus trajes coloridos, sentadas un poco a lo Toro Sentado, majestuosas. Otro poco a lo Buda, con un aire entre sereno, afirmado e indiferente. Dos fuman, la otra tiene su acullico en la boca. Delante de ellas, vasijas de barro humeantes. Se va viendo: hay una fuerte cosa matriarcal en la Tupac, y esto es todo lo que se anima a interpretar el cronista porteño.
El hall inmenso del instituto terciario ya explota de compañeros morochos que gritan “¡Tu-pa-queros!”. Se dice que la Tupac tiene 170 mil militantes en todo el país y según la web de la organización, un desarrollo en quince provincias. Los números dicen tanto como la secuencia siguiente, la del rito de inauguración del instituto. Es Milagro Sala en persona –siempre es ella, en persona– la que cuida obsesivamente que sean las mama quillas las primeras que ingresen al hall con sus vasijas humeantes, o haciendo esparcir el humo de sus cigarrillos, o echando al voleo cenizas, lentejas, nueces. También Milagro cumple ese rito. Poco antes o casi simultáneamente, todavía desde la calle, centenares de militantes cumplen con otro rito. Es el grito colectivo, a la vez desgarrador y doliente, con el puño alzado y cerrado, “¡¡¡¡Jallala!!!”, que traducido al occidental y cristiano combina, supone el porteño obtuso, vida, y sufrimiento, y esperanza, y esfuerzo, y realización.
La pequeña plataforma de una escalera metálica hace de tarima para los oradores. Ya están todos bien apretados en el hall central. Se van sucediendo discursos breves, de dirigentes sociales y de funcionarios provinciales, aquellos que mantienen una relación entre llevadera y embromada con la Tupac. Los hombres tupaqueros, fornidos, jodones, tienen un aguante inverosímil a la hora de cantar consignas. Por lo pulido de la organización la cosa es casi escandinava. Por la intensidad de la creencia hay un algo de encuentro evangelista. Por los otros ritos, la cultura ancestral. Por los cantitos, el acumulado nacional-popular, lo peronista, la lucha por los derechos humanos. La versión musical de los himnos arranca primero con xicus, luego con bronces de banda pueblera. Hay tanto nutriente político mixturado que el repertorio de consignas incluso retrocede a ese viejo estribillo paradigmático del ’83, cuando en las calles se cantaba “Milicos/ muy mal paridos”. Todo esto lo cantan morochos, no carapálidas progresistas.
Cuando le llegue el turno de los discursos a Nando Acosta, secretario general de la CTA jujeña, la cosa se pondrá más tranqui. Nando, mano derecha de Milagro Sala al que ella se refiere casi como su maestro político, habla como si bajara línea entre compañeros hacia el final de un asado. Y cuando le toque hablar a Milagro el tono será más íntimo aún y más humano, esta vez como quien charla sobre la vida entre cerveza y cerveza. Milagro se apoya en la pequeña plataforma metálica con un gesto de cowboy. Un pie sobre la parte inferior de la baranda, un brazo por encima. No grita, no alza el tono de la voz, apenas comienza lagrimea. Milagro retrocede en el tiempo, cuando Jujuy ardió no una, sino varias veces. “Por estas mismas calles –dice– tirábamos piedras. Había gases, compartíamos cana, torturas. Algunos querían agarrar las armas. Yo estaba recontrachiflada, quería romper todo.”
En el acto en la cancha de Gimnasia Emilio Pérsico la llamará “nuestra Evita negra”. Milagro Sala es dueña de un liderazgo impresionante sobre su gente. Pero, al menos en este acto, el carisma como oradora o como líder no necesita de gritos ni de apelaciones a consignas vacías. Hay una desarmonía-armonía fascinante entre el rostro oscuro tallado en piedra y el tono suave, coloquial, de la voz. Por momentos habla como la chica de la calle que fue cuando huyó de su casa; habla un idioma urbano de los márgenes más el lenguaje de la política; su discurso es a la vez tierno y brutal y puteante, con su fortísimo acento jujeño. Dice lo que tiene que decir y convence no desde el latiguillo ideológico sino recordando y revisando una a una sufridas historias personales y colectivas. No dice (no necesita decir) neoliberalismo ni modelo ni nacional y popular. Dice cada tanto “Y me acuerdo, y me acuerdo” y recorre injusticias apelando a esos recuerdos escritos en carne, hueso, lágrima y sangre. “Salíamos en Crónica, en TN, y cada vez estábamos peor, y decíamos: ¿y ahora qué hacemos?”.
Recuerda, ahí parada a lo cowboy, la historia de una compañera de la Tupac a la que le dicen La Tía. Milagro recuerda y describe el día en que vio a La Tía laburando una pared. Dice que La Tía laburaba con la espátula en una mano. Y que en la otra llevaba los apuntes de lo que debía estudiar, y que leía mientras le daba a la pared. Milagro evoca tres, cuatro veces, esa imagen. “La espátula y el apunte”, repite. Entonces Milagro hace subir a La Tía y se abrazan. “60 años tiene ahora la compañera”, dice Milagro y los tupaqueros rugen. Y Milagro agrega: “Ella ayudó a construir este terciario” y se pregunta en cuántos países una mujer humilde y mayor construye el edificio en el que va a terminar sus estudios. Y va cerrando, va diciendo que en los últimos tiempos lo que se está demostrando es que “los negros pueden hacer cosas sin ser sociólogos”. Los tupaqueros rugen.
La combi va llegando al barrio en el que la Tupac construyó más viviendas, Alto Comedero. Cada tanto hay colgado un pasacalles puteando contra Clarín. Una cosa es verlo en 6,7,8; otra distinta en barrios precarios. La compañera, que lleva nueve años en la organización y hace de guía, dice que en estos días tiene “el corazón así de ancho”, de orgullo. Habla de las etapas por las que fue atravesando la Tupac en barrios devastados, “donde la gente no tenía nada”. De la copa de leche a las huertas y de allí, en asamblea, las muchas necesidades, comenzando por la vivienda.
Lo primero que impresiona a todos los que llegan al barrio inmenso que ondula sobre la pendiente suave de un cerro es la panorámica. No se trata del paisaje. Se trata de la marea de miles de tanques de agua sobre cada casita. Sobre cada tanque de agua, las estampas de Tupac, de Evita, del Che. Comienza la visita al barrio: la fábrica textil, la bloquera, el centro de rehabilitación para los pibes discapacitados, la inmensa pileta cubierta adaptada para esos pibes, los quinchos con parrillas y pequeños jardines en medio de calles secas que piden árboles a gritos. Cada etapa de construcción implica para la Tupac 200 viviendas realizadas. Van por la etapa 14. La pileta cubierta está construida sobre un arroyo que los tupaqueros debieron desviar. Todo esto (y falta) se hizo sobre un cerro pelado.
–Y los viborones que había –dice otra compañera–. Hasta cuerpos encontramos.
La que habla ahora, la otra guía en el recorrido, es la Pachila, nacida en una villa, el barrio Luján. Pachila, como su otra compañera, habla a corazón abierto. Cuenta con orgullo su historia que tiene algo de la historia de Milagro Sala. La madre se fue a Buenos Aires cuando ella era bebé. Pachila fue criada por la abuela. La abuela murió cuando tenía 14 o 15 años. Pachila rajó a Salta, sobrevivió vendiendo lo que fuera. Se embarazó tres veces. Estamos en lo más alto del barrio, un punto dominado por la réplica del Kalasasaya, el templo boliviano de la cultura Tiwanaku. Hay esculturas y pórticos incaicos, una estatua de Tupac Amaru, otra de Micaela Bastidas. Desde acá arriba se ve la inmensa cancha de fútbol, la futura nueva escuela, y sobre todo la pileta casi absurda por lo gigantesca, de casi cien metros de largo, con el puente que la cruza y sus varias curvas interiores, más dos leones marinos un poco ridículos y enormes. La pileta impresiona un montón. Pero más sigue impresionando el panorama de los centenares de tanquecitos de agua con sus Evitas, Tupacs y Ches.
Dice Pachila:
–Cada tanque que ves, es un mundo.
Después señala la casita donde vive, “esa color salmón”.
En las calles del barrio hay un tipo con una cruceta cambiando la rueda del auto. Lleva la camiseta que dice por delante “Juicio y castigo” y “Nunca Más” en la espalda. La misma camiseta lleva la compañera que nos muestra la fábrica textil. Lo mismo en el centro de rehabilitación. Son centenares con esa camiseta y va de nuevo: no es igual escuchar ciertas consignas en Plaza de Mayo que verlas en la periferia de San Salvador de Jujuy.
Una de las compañeras, en la combi, dice que no. Que alguna vez tuvieron una discusión con la gente del Perro Santillán. Y que entonces marcharon hasta donde estaba el Perro llevando garrotes. Y que llegaron hasta metros de donde estaba el Perro y dejaron tirados los garrotes en señal de paz. Los militantes cercanos al Perro dicen cosas menos bonitas.
Alguien cuenta esta anécdota. La del día en que el sociólogo Robert Castel visitó un barrio de la Tupac (se multiplican por cada localidad jujeña, casi siempre con su pileta o su deportivo o su centro de salud) y le preguntó a Milagro Sala qué onda, con qué libros, con qué doctrinas filosóficas se alimentó la Tupac.
–Con la necesidad –respondió Milagro.
Sábado. Milagro en rueda de prensa. Mate en mano dice que sí y que no sobre la posibilidad de que la Tupac presente candidaturas propias. En otras charlas dice que sí y que hasta podría ser candidata a gobernadora. De nuevo apela a la emocionalidad repasando estos días en que la Tupac cumplió 13 años a golpe de inauguración. “No parábamos de llorar; inaugurábamos y llorábamos. Algunos decían ‘Mirá si somos gobierno. Mirá las cosas que podríamos hacer’”. Una puerta de la sala en la que está hablando Milagro lleva a un dormitorio. Se entrevé una cama doble. Allí duerme cuando se hace muy tarde trabajando.
Milagro Sala, ante la acusación de ser la referente de “un Estado dentro del Estado”, dice que no le interesa competir con el Estado. Y que el problema es que la Tupac “va más rápido” que la provincia o que la Nación. Si se presentara a elecciones, habría un ruido obvio en el armado. ¿Iría por fuera del PJ provincial que apoya al gobierno nacional? Las encuestas presuntas dicen que la Tupac podría ser tercera fuerza fácil. Habrá que recordar que la cosa está polarizada, y que una parte de la sociedad jujeña seguramente detesta a la Tupac Amaru y más a su líder.
Domingo. Vista desde el puente que atraviesa la autopista, la escena de la movilización tiene algo del primer regreso de Perón en el ’72. Dicen que son siete kilómetros de columnas con manifestantes. Seguramente no es tanto. Pero aún avizorando desde el puente, el final de la columna no se ve porque se cierra en una curva con remate de lejanas banderas anaranjadas. La vanguardia es la Tupac Amaru y otra vez la vanguardia de la vanguardia son las mama quillas y los trajes coloridos de los pueblos originarios. Marchan y cantan al ritmo de algo que se parece a un huayno. Se oye el sonido largo y profundo de los caracoles andinos. Se superpone al de los petardos lanzados al cielo.
Y como siempre Milagro Sala está ordenándolo todo, con su ropa liviana de militante tupaquera, yendo de un lado al otro, ahora en el papel de policía de tránsito. Hay un grupo que dice que hay que cruzar debajo del puente para retomar la autopista de contramano. Que si por ahí, que si por acá. Al final la columna enfila en dirección a la cancha de Gimnasia y Esgrima que cobijará a otras organizaciones sociales y a mil militantes de La Cámpora. Es, como se dijo antes, el lanzamiento de Unidos y Organizados. Estarán entre otros el Cuervo Larroque, Pérsico, Luis D’Elía.
Se llena la cancha. Cuarenta o cincuenta mil personas. Hay miles de militantes de otros movimientos sociales además de la Tupac. El himno suena en versión guitarra, quena y charango. El campo de juego repleto, ni una sola caja de tetra, nada de basura tirada. Es también la mano de Milagro Sala: territorio limpio y libre de alcohol. Suena o zumba o atruena un ritmo machacón, electrónico, que está entre el soul y lo cuartetero. Sobre la tarima enorme hay dos animadores, profesionales en alegrar multitudes. Vienen del palo bailantero. Invocan a los tupaqueros diciendo “Palma, palma, salto, salto”, y van arengando con esa poderosa invocación electrónica para que la gente, sobre el retumbo del compás, se sume a la consigna “¡Tu-pa-queros!”.
Se van sucediendo los discursos. De nuevo Milagro Sala será menos retórica que otros. Necesitará algo más de volumen en la voz y hablará de historia concreta, en carne y hueso; reflexión y emoción antes que consigna gastada. Sólo que a los pocos minutos de largar su discurso de cierre algo falla en una de las tribunas. Comienza antes de tiempo el lanzamiento de fuegos artificiales y petardos. Milagro mira hacia el cielo, hacia la tribuna, se adapta a la pifia, abrevia el discurso, lo corta lanzando vivas.
Abajo, cerca de los bancos de suplentes, esperaron largamente dos minones semidesnudos de cuerpos alucinantes, calzados sobre plataformas de medio metro. Las chicas tupaqueras ya sacaron fotos de los músicos con celulares. Todo forma parte de la escenografía del acto, esa componente bailantera, otro gen que añade su matiz a la banda sonora del movimiento tupaquero. Para el cronista porteño es parte del enigma. Es que es raro: puños alzados, sonido de bailanta, el cuerpo presente de la Tota Santillán, su diálogo entre sandwichitos con Luis D’Elía. Todo eso y las mama quillas y todos unidos y organizados y aquello que se dirá en esta nota por última vez: el hecho de que, en la cancha de Gimnasia y Esgrima de Jujuy, provincia pobre cien veces incendiada, se haya gritado, media hora antes, “30.000 compañeros desaparecidos, presentes”.
 
Fuente: Miradas al Sur

POR QUE SE DIVIDIO AMERICA LATINA

Un artículo del libro recientemente publicado "Revolución y crisis en el Mercosur" del abogado y miembro del Instituto Manuel Dorrego, Salvador Cabral, sobre las razones históricas, políticas y económicas de una fragmentación que fue salvada con la creación del Mercosur.
 
Por  Salvador Cabral.
 
       
Cualquiera que conozca las causas históricas y mire hoy el mapa de América latina, tendrá en verdad serios problemas para entender las razones de sus características. Un Brasil gigantesco y, salvo el caso de Argentina, una cantidad de estados medianos y pequeños, no fácilmente recordables, de lo que un día fue, unificadamente, el Reino de Indias.
La cuestión es vieja, y comienza con el nacimiento de la Nación Ibérica.
Habíamos dicho que esa Nación nace y se constituye como tal, como cultura y como Estado, tras el resultado de siete siglos de guerra con el árabe.
Y que esa guerra da nacimiento a una específica escala de valores, transformándose así, el pueblo ibérico, en cultura viviente y definida.
Pero mientras esa guerra se desarrollaba, en las islas británicas se vivía un proceso completamente diferente. La propia condición de isla –que por otra parte, no tuvo necesidad de ser reconquistada– no sólo le daba seguridad y conciencia de sí misma, sino que incorporaba a sus valores otra manera de ver el mundo.
Para los isleños británicos, el mar era un elemento activo, cotidiano, incorporado a la lucha por la vida, sin el cual era imposible pensar en el comercio y el progreso, en el intercambio y la posibilidad de su dominio.
No en balde allí nació la piratería.
Vigilar las costas y apoderarse de las riquezas que pasaban, fue uno de los orígenes del poderío histórico de la Noble Inglaterra.
No iban a tener la misma escala de valores, que constituía la esencia de cada cultura, quien guerreó como pueblo durante siete siglos para reconquistar la tierra invadida, y el otro, que acumula riquezas de las acechanzas costeras y abordajes, de la apropiación de riquezas conseguidas y transportadas por otros.
Una gran conciencia de la geografía marítima fue el resultado de todo ese largo proceso.
El practicismo inglés de sus filósofos, es también el hijo privilegiado de esa historia.
Inglaterra llegó a ocupar así, con el tiempo, todos los lugares de paso importantes que hacían al comercio del mundo, durante varios siglos.
Sin ir más lejos y al solo efecto de señalar una parte del planeta, el Imperio Británico ocupaba –sin contar sus colonias– el estrecho de Gibraltar, Trinidad y Tobago, la isla de Ascención y las Malvinas. Es decir, custodiaba la totalidad del comercio en el Atlántico.
Siguiendo esa historia asentó el poder de su Estado con el desarrollo de dos aspectos importantes del ejercicio de ese poder a través de los océanos: su flota y su diplomacia.
Fue ésta, su diplomacia, la que tuvo mucho que ver con la trágica historia de la división de América latina.
No fue así el caso de su flota. Triunfante en muchos lugares del mundo, no tuvo sin embargo la misma suerte cuando se enfrentó a los criollos del Río de la Plata. Fue vencida en 1806 y 1807 en las luchas memorables que dieron nacimiento al ejército argentino.
Fue vencida nuevamente por la Confederación Argentina, a cuya cabeza se encontraba don Juan Manuel de Rosas.
Y si no fuera por el activo apoyo de los Estados Unidos estuvo a punto de ser vencida por los argentinos en la memorable guerra de las Malvinas, en 1982. Pero ésta ya es otra parte de la historia.
Fue su diplomacia, decíamos, la que tuvo activamente que ver con el drama de América latina.
España, la guerrera, era económicamente débil e invertebrada. El propio hecho de haberse constituido así, guerreando, le había impedido el desarrollo de una estructura económica y de una ideología que acompañe y dirija un proceso de desarrollo económico independiente. Producto de esa historia, España tendrá esa debilidad, que más tarde operará como campo de la política divisionista de los británicos.
Picón Salas señala esa circunstancia, sin la cual es imposible entender la historia de la división de América latina. Contra la conciencia capitalista, nos dice, que ya comenzaba a formarse en el norte de Europa, actúan en el alma española una serie de restricciones medioevales: la prédica contra el dinero y el préstamo a interés de la teología escolástica, el desdén por el comercio, que en la vieja España había sido ocupación de los humildes judíos. Toda la literatura hispánica de la edad clásica respira el más orgulloso desdén contra las empresas capitalistas. Las injurias al genovés, al ligur, al lombardo, al flamenco, a todos los pueblos europeos donde habían alcanzado el mayor desarrollo de las operaciones de crédito, pueblan los discursos morales de la época. El pícaro llegará a ser en el siglo XVII un seudohéroe popular, precisamente por esa actitud de desafío a lo que hoy denominamos el orden burgués, la organización capitalista. La economía del pícaro es fundamentalmente una economía de aventura que no difiere en sustancia, de la economía del conquistador. Y en ninguna página literaria de otro país, se vierte esa actitud tan antimoderna del alma española: enemiga de la riqueza corruptora y diabólica y enemiga del confort que le quite virilidad a los hombres...
Y agrega más abajo: Hay, pues, en nuestros orígenes, y contra la otra corriente pragmática y utilitaria que ya ha comenzado a formarse en el norte de Europa y que llegaría a su apogeo en el industrialismo y la civilización maquinista del siglo XIX, cierto desdén e inferioridad económica que nos retrasaría en la gran aventura técnica y utilitaria del mundo moderno. Acaso la orgullosa y a veces envanecida conciencia de su hombría hizo al español tan rebelde a lo mecánico. Su medievalismo le hacía preferir el guerrero al comerciante, el alma al cuerpo. Hasta hoy los pueblos hispánicos no han conocido plenamente el estilo de la economía capitalista.
Sobre esta estructura, la diplomacia británica actuó una y otra vez, para ir descomponiendo en partes el Gran Imperio Iberoamericano que se concretará durante el reinado de Felipe II.
La debilidad estructural de la península, se expresaba, entre otras cosas, en el acrecentamiento de los poderes regionales de las distintas noblezas. La oposición a la unificación, de Isabel y Fernando ya había sido un antecedente importante. Antes aún, Portugal había tratado de independizarse varias veces. Pero es recién a mediados de 1600 cuando Portugal se independiza de España, finalmente logrando Inglaterra su primera gran victoria contra el Imperio Ibérico en formación, haciendo de Portugal su aliado inconmovible, un verdadero sub-imperio, al cual cuidará y del cual se valdrá siempre para extender y defender sus propios intereses.
A partir de la independencia de Portugal comienza otra historia para España y las Indias. Este es el primer capítulo de la historia de la división de América latina que espera todavía el latinoamericano que la investigue y la difunda.
La primera división trágica ocurrió en la península.
El triunfo, por supuesto, fue para Inglaterra.
Porque este hecho histórico –la independencia de Portugal– trae consigo preguntas elementales que quedan sin respuestas.
¿Puede una región pobre de la península ibérica, productora nada más que de vinos, transformarse en imperio?
¿Cuáles eran las mercancías que exportaban? ¿Existía allí una revolución industrial qué transformaba su estructura interna? ¿Necesitaba nuevos mercados para colocar sus mercaderías? ¿Estaba Portugal saturada de su propia producción?
Algunas preguntas suenan a sarcasmo. Ni revolución industrial ni mercancías propias tenía Portugal por aquel entonces. Sólo producía vinos, de buena calidad y en gran cantidad, es cierto, pero sólo vinos y fundamentalmente de Oporto.
Portugal fue el primer gran invento inglés que lograría la diplomacia británica.
La historia posterior confirma esta afirmación.
Ya desde el tratado de Methen, Inglaterra había establecido un sólido y estructural lazo con Portugal, a través del cual Inglaterra se comprometía a comprar para siempre jamás, los vinos portugueses. Y, por el otro lado, Portugal se comprometía para siempre jamás a consumir todos los productos industriales que Inglaterra produjese, como ser tejidos, herramientas, armas, pólvora, barcos, etc.
La alianza duró años y no se rompió hasta el siglo XX, cuando Inglaterra, en silencio y tratando que nadie lo perciba, se retiró de América latina. Allí quedó el Brasil, ahora, abandonado a sí mismo.
Esta alianza fue la que hizo que Portugal desembarcara en las costas del Río Uruguay en su desembocadura con el Plata, y fundara la colonia del Sacramento. A partir de allí, y a través de dicha colonia, Inglaterra introducía sus mercaderías en el litoral –hoy Argentina– y en las provincias del interior mediterráneo, llegando hasta el Alto Perú.
A través de la colonia del Sacramento se llevaban los ingleses la plata acuñada en Potosí y nos dejaban sus productos, los más variados, imitación de todo lo que la sociedad criolla de entonces consumía: estribos, espuelas, facones, lo de siempre: la industria del tejido, que en siglo XIX estaba produciendo la Revolución Industrial en Inglaterra.
La colonia del Sacramento fue la moneda de negociación de todas las batallas que se daban en el mundo y en la que participaban España, Inglaterra o Portugal, lo mismo daba.
La historia de las luchas por reconquistar la colonia del Sacramento ocuparía un capítulo aparte en los acontecimientos en la Cuenca del Plata.
Pero lo importante –la alianza de Inglaterra y Portugal– es que allí se hizo la primera cabeza de playa en los dominios de la corona de España.
La alianza continuó, firme en el transcurso de los siglos.
Cuando Napoleón invadió la península, la flota inglesa ancló en Lisboa y salvó a la corte entera, trasladándola a Río de Janeiro y poniéndola a salvo de los peligros de las guerras napoleónicas, como se hace con una verdadera aliada.
Ni bien comienza el movimiento de emancipación en las colonias de España –donde la presencia inglesa fue decisiva–, Inglaterra encarga de los negocios y asuntos del Río de la Plata a Lord Strangford, y se radica éste en Río de Janeiro, para desde allí participar en los requerimientos y urgencias que el tumultuoso siglo XIX presentaba al mundo.
Y así sucesivamente. Primero Portugal, luego el Brasil lusitano, más tarde el Brasil independiente, Inglaterra dirigió desde allí los intereses internacionales que sola y únicamente beneficiaban a su imperio.
Ni la segregación de la Banda Oriental, ni la posterior independencia del Uruguay, ni la sangrienta guerra del Paraguay, fueron hechos ajenos a la política británica en el Río de la Plata.
El profesor Ferns –que escribe la Historia Argentina desde el punto de vista de los ingleses– decía que era muy importante para el Imperio Británico apoyar en todo lo que sea posible la extensión de los límites del Brasil lusitano, porque era como ampliar su propio mercado.
Canning dijo antes, en la cámara de los Comunes, que era necesario apoyar la independencia de las coronas españolas y reconocer cuantas independencias sean posibles en los territorios que pertenecían a la América española.
Quien observe ahora el mapa de América latina y razone sobre la dimensión del Brasil por un lado, y la cantidad de republiquetas que emergieron del seno de la América española, por el otro, tendrá que llegar necesariamente a la conclusión de que el Imperio Británico pudo cumplir la misión a fondo en la historia de la división de América latina.
Pero la acción de la diplomacia inglesa, por sí sola, no hubiese sido suficiente para obtener esos resultados. Si no se hubiese contado con otra realidad tangible y no menos dramática que debilitará también el conjunto del Imperio Hispano en Indias: la equivocada política de la corona respecto a la economía de Hispanoamérica.
No vamos a hacer acá, ni un debate ni un análisis ideológico.
Vamos a señalar situaciones concretas.
En los primeros tiempos, durante más de medio siglo el único puerto habilitado para comerciar legalmente con las indias españolas era el puerto de Portobello, actual Panamá.
Allí llegaban las mercaderías mandadas desde España y selladas por la Casa de Contratación de Sevilla, donde desembarcaban, entrando a la América Española. Ingresadas las mercaderías, entonces empezaba un largo, lento, costoso e irracional peregrinaje.
Tenían –a lomo de mula y caravanas de carretas en los tramos que se podía– que subir la cordillera de los Andes, atravesar el territorio de varios de los actuales países, todo Colombia, Ecuador, parte del Perú, hasta llegar a Lima. De allí, volver a cruzar la cordillera, el altiplano, hasta llegar a La Paz. De allí nuevamente por Potosí, hasta Villazón. Pasar a la Quiaca y comenzar a bajar hasta Jujuy. Luego Salta y Tucumán. Si las mercaderías iban para Cuyo, se tomaba el camino de Catamarca, La Rioja, San Juan, Mendoza y San Luis.
Si el destino era Asunción o Buenos Aires, el camino era Córdoba, Santa Fe y de allí hacia arriba o hacia abajo.
Lo absurdo del sistema estaba permanentemente cuestionado por el conjunto de ciudades. Y era lógico que así fuera. ¿Cuánto costaba una mercadería cuando a lomo de mula había entrado por Portobello, recorrido todos los pasos señalados, y ofrecida luego de cruzar dos gigantes ríos en Asunción de Paraguay? ¿Cuántas mulas y hombres se ocupaban para ser consumida en el punto de llegada?
Esta situación creó una preocupación en los gobernantes de Asunción desde los primeros tiempos de la conquista.
En 1564, el Cabildo hablaba al soberano de Pilcomayo, que desciende de los Reinos del Perú y que constituye el más derecho y más cercano camino a los mismos, donde se podrá llegar navegando y realizando la última etapa del viaje con caballos y pardaje.
Sería cosa muy importante, decían los cabildantes, abrir este camino y asentar un pueblo en el medio. De esta manera, mercaderes y mercaderías y pasajeros podrán, a muy poca costa y con gran alivio y descanso, caminar desde la ciudad de la Plata hasta ésta y de aquí hasta el muelle de Sevilla. Pero en todos los tiempos y coyunturas que estas cosas se han intentado y comenzado a poner por obra, se han alzado y rebelado ciertas provincias comarcanas a esta ciudad. También se malograron las tentativas de fundar un pueblo en las costas del Atlántico, que sirviese de puerto marítimo para las comunicaciones con España. A la vista de tales fracasos, se comenzó a dirigir la vista hacia regiones inhóspitas del sur.
Como Asunción, muchas ciudades protestaron contra el irracional sistema.
La voz más fuerte alzó Lima, solicitando una y otra vez, su habilitación como puerto para terminar con ese sistema que a cada mercadería le hacía recorrer el continente entero, de punta a punta.
A la protesta se sumó Buenos Aires. Porque había algo clave y fundamental, como el talón de Aquiles de todo este sistema.
En cada uno de los nacientes puertos de la América española se encontraba siempre anclado un barco de permiso. Era un barco inglés que, con el pretexto del autorizado comercio de negros, bajaban en las ciudades en forma permanente las mercaderías venidas desde las principales ciudades inglesas. Era el contrabando.
Porque había un detalle que ponía en evidencia lo frágil del sistema absurdo. La misma, exactamente la misma mercadería que venía de lejos encarecida por la distancia y el esfuerzo, la ofrecía el barco inglés, sin el sello de la Casa de Contratación de Sevilla, pero casi cinco veces más barata. Porque España, si bien sellaba todas las mercaderías, no las producía, porque con los metales llegados de América simplemente los adquiría a Inglaterra u Holanda, aniquilando su propia industria y creando las bases materiales para que el contrabando causase estragos a través de cada uno de los puertos en toda la extensión de Hispanoamérica.
Y así ocurría. El contrabando fue creando sectores sociales vinculados a su actividad desde los primeros momentos. Estos sectores, al poco tiempo, no sólo constituían grupos de poder económico, sino que tenían destacados representantes en los principales cargos en el Cabildo.
Era tan rentable la actividad que resultaba la tarea más sencilla y redituable.
La vida de Hernandarias fue un ejemplo de derrota de quienes pretendían luchar contra los contrabandistas. Fue el único americano que logró tener su cuadro colgado en la Casa de Contratación de Sevilla, pero fue, en realidad, vencido por los cabildantes de Buenos Aires.
Estos sectores nacidos del contrabando, fueron el origen de las burguesías comerciales de cada uno de los puertos de la América Hispana.
Con el tiempo, una América estructurada de esa manera se iba a hacer trizas levantando la bandera del comercio libre.
Ese fue el segundo capítulo en la historia de la división de América latina.
La necesidad de la emancipación de España iba a ser el resultado natural de ese proceso.
Cuando estalló la revolución emancipadora cada puerto fue imponiendo la visión que tenía a partir de sí mismo.
El puerto, como actividad principal de la intermediación vinculada con Inglaterra, y el espacio necesario, como complemento de esa intermediación fue la base geográfica que cada burguesía comercial incorporó a su planteo de independencia. Ni más extenso, ni más pequeño. El necesario como para que la actividad intermediaria siga enriqueciendo al originario sector del contrabando.
Pero en todo este conjunto de relaciones que iba naciendo durante los primeros siglos de la América hispana, había otro detalle muy importante para nosotros y que será específico en América latina en el problema de la cultura: las mercaderías no llegaban solas. Estaban siempre acompañadas de libros, que llegaban en los mismos barcos y que tenían como misión explicarnos, entre otras cosas, lo beneficioso e importante que significaba para nuestros pueblos el consumo de esas mercaderías.
Pero no sólo de eso hablaban los libros que llegaban. Explicaban también las modas literarias, los proyectos sociales, el valor indiscutible del hecho consumado, la consolidación inglesa y las bellezas de Francia. En suma, llegaba también una cultura.
Una concepción de la vida y una visión de la sociedad.
Un conjunto de valores tácitos de los cuales se desprendían una conducta colectiva ejemplar para una sociedad futura. Un concepto, en fin, distinto, de cultura.
Estos nuevos valores llegados sirvieron para consolidar las independencias de los distintos Estados. Para enseñarnos una economía que no genere un poder propio para los latinoamericanos y para desconocernos entre nosotros culturalmente.
Las distintas independencias materializaron esta realidad por más de un siglo y medio. La nueva situación de Latinoamérica, fundamentalmente desde el nacimiento del Mercosur, pone sobre la mesa la necesidad de saber porqué estamos como estamos. De reconocernos hacia atrás, para proyectarnos hacia delante.
Si lo hacemos con la conciencia clara de todas las frustraciones, nuestro ingreso a estos nuevos tiempos será irreversible.
 
Fuente: Miradas al Sur.

VIOLENCIA SIMBOLICA Y VIOLENCIA REAL

En las últimas semanas recrudeció la violencia verbal del arco opositor. Un terremoto de injurias y calumnias conmovió la vida política. Tuvo su epicentro en la prensa opositora y se manifestó en los demás ámbitos políticos, en especial en el Congreso Nacional. ¿Por qué esta furia?
 
Por  Eric Calcagno y Alfredo Eric Calcagno

 Cuando un grupo político, social o económico siente que está perdiendo sus antiguos privilegios, renacen en él sus atavismos. Entonces pasan a primer plano los instintos primarios, de los que resultan dos emociones fundamentales: el miedo, que es defensivo, y la cólera, que es agresiva. Ahora el establishment está desesperado y lo expresa con furia. Es lógico que actúe así: está fuera del Gobierno, se les evaporaron muchos negocios y, además, carecen de la cultura de sus antecesores de la vieja oligarquía.
 
El Gobierno y la oposición. Antes, el establishment no tenía dificultades para mantenerse en el gobierno, aunque les faltaran los votos. Primero fue el fraude electoral y las proscripciones; después recurrieron a los golpes militares; a Alfonsín lo derrocaron con un golpe de mercado; después de 2003 intentaron repetir las corridas bancarias; con las elecciones de 2009 quisieron desestabilizar mediante la sanción de leyes por el Grupo A... Mientras tanto, el Gobierno moviliza a las capacidades del Estado para ejecutar el modelo de desarrollo con inclusión social.
Por el contrario, los actos de la oposición son iniciativas virtuales, pues casi siempre consisten en ataques a las acciones del Gobierno, sin propuestas concretas para resolver los problemas. Tratan de impedir, de sabotear o de criticar, según los casos; pero la acción estatal igual existe. No pueden contestarle con actos políticos de igual jerarquía que los contradigan, porque no legislan ni dictan decretos; sólo tienen, en algunos casos, la posibilidad de dificultar su ejecución por vía judicial.
 
La violencia simbólica. Este modo de actuar del establishment no es original. Ha sido llamado “violencia simbólica” por el sociólogo francés Pierre Bourdieu, quien lo define como “todo poder que logra imponer ciertos significados como legítimos, disimulando las relaciones de fuerzas que los imponen”. Continúa Bourdieu: es una violencia, porque “se traduce por una imposición, un poder”; es simbólica, porque “lo que se impone son significados, relaciones de sentido”; es arbitraria porque “refuerza la desigualdad” (por ejemplo, incluye y excluye de modo arbitrario a grupos sociales, pero afirma que esta discriminación es aceptada por todos).
En definitiva, “permite la institucionalización de un poder desconocido, que logra imponer como legítimos ciertos significados y afirmaciones, ocultando las relaciones de fuerzas que están en su base”. Tiene varias características. Ante todo, quienes la sufren ignoran que están siendo manipulados y adoptan una actitud pasiva de consentimiento implícito. Es comprensible: “Los dominados sólo disponen, para pensar esta dominación, de las categorías de pensamiento de los dominadores”.
Sostiene Bourdieu que la violencia simbólica señala la ubicación de cada grupo social en su actividad, y que esta violencia no es consciente para quien la sufre. No se apoya en una relación entre personas sino en una dominación estructural, que resulta de los capitales materiales y culturales que posea cada uno. Además, genera violencia, porque no es percibida por los agentes; es fuente de un sentimiento de inferioridad o de insignificancia que se sufre y que no es objetivo. Concluye Bourdieu: “La violencia simbólica se instaura por medio de la acción pedagógica, pero también por toda institución legítima, como la televisión, el cine, los diarios”.
Como lo ha sostenido Maurice Godelier, la historia demuestra que en los procesos de dominación, más que la violencia directa ejercida por los dominadores, ha influido el consentimiento de los dominados. “El consentimiento es la parte del poder que los dominados agregan a la que los dominantes ejercen directamente sobre ellos.” Puede agregarse que en muchos casos, ese consentimiento es el producto de la “violencia simbólica”.
Un problema fundamental es el que surge del deslizamiento de la “violencia simbólica” a la “violencia real”. Ésta ha sido una de las mayores tragedias de la historia argentina y latinoamericana. Para que se entienda mejor, veamos tres ejemplos.
Comencemos en la época de auge de las conquistas coloniales, con la violencia simbólica que consistía en considerar a los indios o negros como seres subhumanos. Entonces, en muchos casos, la violencia real los exterminó; y hubo quienes sostuvieron que no se violaba el mandamiento de “no matar”, que se refería sólo a los humanos.
Sigamos con la violencia simbólica contra la mujer, a la que se ubicaba en una jerarquía humana y social inferior a la del hombre. Luego, a través de los siglos, la violencia real le negó la mayor parte de los derechos civiles y políticos.
Con respecto a la participación popular en el gobierno, durante mucho tiempo la violencia simbólica se opuso al voto de la mayoría de la población, porque no reunía las condiciones de riqueza o de instrucción necesarios (en verdad, porque representaban a otros grupos sociales). La violencia real, muchas veces los proscribió formalmente o cometió fraudes electorales o golpes de Estado para arrebatarles el gobierno que ganaban por elecciones.
 
Conclusiones: odio y desgaste. El recrudecimiento de la violencia simbólica provocado por la oposición muestra un cambio de táctica. Ahora, el eje de la propaganda consiste en denuncias sobre corrupción, que se formulan sin ninguna prueba; y así lo reconocen: “Yo denuncio, después la Justicia investigará”. Decenas de miles de personas escuchan, leen o ven, denuncias descomunales de corrupción, sin la menor prueba, que al cabo de un par de semanas desaparecen de los medios de comunicación; y son reemplazadas por otras denuncias, igualmente escandalosas y falsas; pero este martilleo constante produce una sensación de descrédito público sobre ciertos políticos, que repercute sobre su partido y sobre el gobierno. Al cabo de meses o años, la Justicia resuelve que no existe ninguna irregularidad; pero ya la denuncia inicial se ha olvidado y sólo ha quedado la sospecha de ladrón sobre el político o el gobierno al que se quiere hundir. Es una infamia no sangrienta, análoga al de “en algo estaría metido”, con la que se estigmatizaba a los desaparecidos durante la dictadura. Con igual ruindad y sin ninguna razón, ahora se afirma: “Algo habrán robado” …
El establishment corporativo y partidario no trata de realizar acciones tangibles, sino de provocar una sensación, de generar un estado de opinión pública para que la gente crea que el Gobierno ha fracasado en la obtención de sus objetivos; son actos desmentidos por la realidad, pero apoyados por sus medios de comunicación. Su objetivo es desgastar al Gobierno.
Han llegado a un hallazgo que hubiera enriquecido las tesis de Bourdieu: crearon la “violencia imaginaria”, que nunca existió pero que tiene efectos mediáticos. Primero dan una información falsa (por ejemplo, que el Gobierno va a producir un determinado acto de gobierno, cosa que no es cierta); en seguida, la denuncian, oponiéndose; después proclaman que no se tomó esa medida por su impugnación. Así se anotan un supuesto triunfo en contra del Gobierno, al que ellos denunciaron; y, si pueden, trazan un paralelo del acto falso que ellos inventaron, con alguno aplicado por algún gobierno detestable.
Esta situación objetiva está fuertemente influida por otro problema subjetivo: cada presunto candidato está desesperado por ser el jefe de la oposición. Entonces, rivalizan: quien demuestre más furia, se colocará mejor en el ranking. No se discuten programas de gobierno sino quién encabeza la tabla del odiómetro. De allí la multiplicación de las injurias y la absoluta carencia de ideas.
Frente a esa ofensiva, el Gobierno exhibe ante la opinión pública sus logros. Parafraseando a Groucho Marx, la pregunta al ciudadano común podría ser: ¿a quién va a creerle usted, a lo que dicen Clarín, La Nación y los presuntos candidatos opositores o a sus propios ojos?
 
Fuente: Miradas al Sur.

UN GABINETE SORPRESIVO

El 25 de mayo de 1973, arrancaba en el país el gobierno de Héctor José Cámpora. Bajo la consigna “Perón al gobierno el Tío al poder”, fue una primavera democrática de 49 días que marcó la historia.
A partir del 15 de abril de 1973 y hasta el 25 de mayo de ese año, se ingresa en un nuevo estadio de la lucha interna del peronismo en el proceso de regreso al gobierno. De manera intensa ella se manifiesta alrededor y sobre la cúpula del Movimiento.
 
Por  Jorge Luis Bernetti

 Perón, ganador neto en la escena política de esos días, comienza a fijar los límites y caminos por donde deberá transitar el nuevo gobierno justicialista. Empero, con el tradicional estilo indirecto de sus maniobras tácticas (el juego pendular de equilibrios y contrapesos entre las alas y sectores del peronismo), aquellos se manifiestan a través de un recorrido parabólico.
A partir del cónclave del juicio a Galimberti y Abal Medina en Madrid el 29 de abril, las fuerzas del peronismo comienzan a reacomodarse en función de la disputa en torno a la constitución del gabinete presidencial. Como se ha visto, la dupla Isabel-López Rega comienza a desarrollar de manera agresiva su juego que también se manifiesta en la cuestión de la conformación del elenco que debería acompañar al futuro presidente.
Por su parte, Montoneros-Far se hacen presentes directamente en el área de definición del gabinete. Es en este lapso cuando aquellas organizaciones guerrilleras elevan a Perón una lista de unos trescientos nombres con indicaciones acerca de los cargos que podrían ocupar en la función pública.
Por su parte, el presidente electo realizó dos viajes a Madrid para entrevistarse con Perón con anterioridad a la asunción del gobierno, tema ya mencionado en el capítulo anterior. Parece sensato entender que, entre otros temas, conversaron acerca de la designación del gabinete, como surge de los testimonios mencionados a propósito de la cumbre cuestionadora de la política revolucionaria.
No existen testimonios de Perón y Cámpora al respecto. Pero resulta evidente que Perón no fue ajeno a este proceso, como no lo fue respecto de cualquier acto de significación trascendente de su movimiento. En cuanto a Cámpora, ¿es posible estimar que se hubiera manejado frente a Perón con independencia absoluta a este respecto? Su trayectoria en el Movimiento, y especialmente en el proceso reciente, obligan a desechar esta hipótesis.
En el juego de propuestas (de Cámpora) y sugerencias (de Perón) podría encontrarse un balance de este proceso. La clave está en los límites de ese recorrido del presidente al líder y hasta qué punto la autonomía del poder vicario podía relativizarse para jugar políticas propias. En este punto se instala la polémica acerca de las características que presenta el gabinete con el que se inicia el gobierno peronista de 1973.
Aquí también se manifiesta la acción de Isabel Perón y López Rega para disponer de alguna fuerza en el gobierno del presidente Cámpora para poder continuar desde el poder la conspiración ya analizada a partir de la reunión de Madrid de mediados de abril. Conviene recordar que todavía no se habían apagado los ecos de su apoyo a la política de la victoria. Conviene recordar que Isabel y López Rega habían impulsado la defenestración de Paladino y la designación de Cámpora como delegado, estando de acuerdo inclusive con la promoción de la juventud peronista al Consejo Superior.
En definitiva, el gabinete quedó integrado de la siguiente manera: Esteban Righi (Interior); Ricardo Otero (Trabajo); José B. Gelbard (Hacienda y Finanzas); Juan Carlos Puig (Relaciones Exteriores); Jorge Taiana (Educación); Angel Robledo (Defensa); José López Rega (Bienestar Social); Antonio Bení-tez (Justicia).
El ministro de Trabajo, Ricardo Otero, era un viejo colaborador de Augusto Vandor, el antiguo secretario general de la UOM. Otero desempeñaba la secretaría Capital Federal de la UOM, por seis períodos consecutivos, desde 1967 hasta su toma de posesión. Nacido en España, argentino naturalizado con residencia en la Argentina desde niño. Otero contaba con 49 años al jurar el cargo. José Gelbard había nacido en Polonia en 1917 y como Otero arribado de niño a la Argentina donde se había nacionalizado. Había sido redactor del “Acta de Catamarca”, documento que había dado origen a la Confederación General Económica (CGE), entidad que presidió de 1953 a 1955, luego de 1962 a 1968 y finalmente de 1970 hasta marzo de 1973. Fue actor relevante en la redacción del Plan Conjunto CGE-CGT de septiembre de 1972 y de su recreación como “Sugerencias del Empresariado Nacional para un programa de gobierno” en marzo de 1973.
Puig, con 45 años de edad, ingresó al gabinete nacional luego de una carrera académica. Doctor en diplomacia, Puig había dictado cursos en la Universidad del Salvador y la Católica Argentina y desempeñaba el cargo de decano de la Escuela de Ciencia Política y Relaciones Internacionales en la Universidad de Rosario (su ciudad natal), en el momento de su designación. También el nuevo canciller había desempeñado las funciones de asesor en política exterior en la Secretaría del Consejo Nacional de Seguridad (Conase) y la Dirección Nacional de Política Fluvial Internacional de la Subsecretaría de Recursos Hídricos. Era considerado un experto en los temas referentes a la Cuenca del Plata. Jorge Taiana, médico, de 62 años en 1973, ejerció la cátedra de cirugía torácica desde 1936 hasta 1952, cuando asumió el decanato de la Facultad de Medicina de Buenos Aires y luego el rectorado de la Universidad homónima en 1954. Angel Robledo, por su parte, egresa como doctor en leyes de la Universidad del Litoral (Rosario) en 1953. Fue diputado provincial peronista por dos mandatos consecutivos; en la segunda ocasión presidió el bloque justicialista. Fue integrante de la Convención Reformadora Constituyente Nacional en 1949 y en la misma época presidió la Convención Reformadora provincial en Santa Fe. José López Rega, cabo de la Policía Federal en la primera presidencia de Perón donde formó parte en alguna ocasión de su cuerpo de custodia, era secretario privado de Perón en su destierro madrileño desde los primeros años de la década del ’60. Antonio Benítez, nativo de Rosario, fue electo diputado nacional en 1946, cargo que sostuvo hasta 1955, presidiendo la Cámara respectiva desde 1953. En la etapa previa al 11 de marzo fue uno de los apoderados legales del partido Justicialista. Esteban Righi, abogado, era el integrante más joven del gabinete y el más ligado personalmente al presidente Cámpora.
En medios del peronismo duro existió en aquellas circunstancias cierta convicción de que el equipo gobernante había sido formado por Perón y sugerido o impuesto al electo mandatario.
Sin embargo, un exponente de esta orientación en la época, Galimberti, señala: “No creo que Perón le impusiera ninguna figura a Cámpora, ni siquiera Gelbard, que creo de todo ese gabinete es la figura menos cuestionable”.
(Conviene recordar que Gelbard, quien nunca había tenido militancia justicialista, había desarrollado buenas relaciones con el gobierno de Lanusse. Fue durante el mismo que logró ganar con una de sus empresas –Aluar, Aluminio Argentino– el llamado a concurso para construir la primera planta productora del metal en Argentina. Por dicha operación se produjo en el propio gobierno peronista, luego de la salida de Gelbard del gobierno, una investigación parlamentaria y el propio Lanusse fue juzgado por la justicia del golpe del 24 de marzo de 1976.)
Pero la pieza más disonante del equipo del 25 de mayo fue, sin duda, José López Rega. El Ministerio de Bienestar Social (MBS) a su cargo abarcaba cuatro secretarías de Estado: Salud Pública, Vivienda, Seguridad Social y Turismo y Deportes. Esta última fue adjudicada al coronel (retirado) Jorge Osinde, de la especialidad de inteligencia, de firme ubicación en el ala derecha del justicialismo. El MBS pasaría desde el 25 de mayo a convertirse en el principal instrumento de la conspiración del poder personal, a la que brindó significativa apoyatura logística.
La izquierda peronista quedó sorprendida y desencantada por el equipo de Cámpora. Esa sensación es descripta por Galimberti: “Frente a Perón, Cámpora podía haber defendido una determinada composición del gabinete. Perón no tenía una definición tajante sobre el punto. El gabinete de Cámpora fue un intento de incluir a todas las corrientes internas. Fue un error. Había que haber logrado una representación de los sectores que expresaban la política revolucionaria del Movimiento. Sobre esa política había llegado el peronismo al poder después de 18 años. Y, sin embargo, esa orientación no estaba presente en el elenco ministerial. La cuestión era no perder en la mesa de negociaciones lo que se había ganado en la lucha. Nosotros, los que habíamos participado intensamente en la conducción táctica y en el Regreso, teníamos una gruesa responsabilidad en la victoria. Esa responsabilidad y representatividad nos fue mezquinada por una política vacilante de la cual el principal responsable fue el entorno del doctor Cámpora y el propio Cámpora. Él debió haber discutido con Perón cómo había sido la victoria del peronismo, en su carácter de delegado de Perón y presidente electo de los argentinos. Cámpora debió exponer claramente ante el jefe del Movimiento la posición revolucionaria. No lo hizo y ése fue el principal error de su conducción en el gobierno”.
En el gabinete del Frente Justicialista, los partidos aliados no tuvieron casi ninguna representación. La excepción la constituyó la designación de Horacio Zubiri para ocupar la Secretaría de Obras y Servicios Públicos. Especialmente significativa fue la ausencia del frondicismo que aspiraba, sin duda, a disponer de una influencia relevante en el área económica.
La integración del equipo de Cámpora constituyó un tema de polémica en su momento y en el del análisis histórico. Las fuentes camporistas, es decir, del equipo de asesores personales del mandatario, entregaron al autor su versión acerca de la constitución del discutido gabinete. En esta interpretación se señala que existieron cinco categorías en el origen de las designaciones ministeriales: a) los hombres nominados directamente por Perón, quienes habrían sido Gelbard y López Rega; b) los “conversados” entre Perón y Cámpora, pero sugeridos por el Líder, como Taiana y Benítez; c) los igualmente “conversados” entre ambos, pero propuestos por el presidente electo: Righi y Puig; d) el designado directamente por el presidente electo, sin consulta con Perón, que sería el caso de Robledo; e) el cargo de Trabajo planteado por las 62 Organizaciones para Otero, luego de una competencia que esta fuente menciona, a diferencia de otra que se ha citado con anterioridad, con Casildo Herreras, titular del gremio de obreros textiles. Y, por último, la fuente aludida habla del ministro “que no fue”: Raúl Matera. Éste iba a ser designado como cabeza de una nueva cartera a crearse –la de Planificación–, pero finalmente no pudo ser nominado por la limitación establecida por la Constitución al número de ministerios”.
El juicio de Abal Medina es también crítico sobre el elenco formado. En declaración al autor señaló: “Los sectores revolucionarios no contaban con representación alguna. La designación de López Rega fue un disparate y la de Robledo un gravísimo error del Presidente, sobre todo conociendo como conocía el aventurerismo del personaje. Tuve la certeza de que si bien Cámpora consultaba los nombres con Perón, él hacía las designaciones. Yo me enteré de los nombres en la mañana del 25 de mayo a través de un periodista –Fossati– un rato antes de que comenzara la Asamblea Legislativa. Antes de la jura y en presencia de Pedro Cámpora hermano del presidente y senador por Mendoza, le dije a Cámpora mi opinión absolutamente negativa. En cambio, Cámpora estaba encantado con sus colaboradores. Me hizo, en particular, un encendido elogio de Robledo y me contó entonces que faltaba Matera para constituir un gabinete de lujo”.
 
Fuente: Miradas al Sur.

martes, 4 de junio de 2013

"PARA PINOCHET, PABLO NERUDA VALIA MAS MUERTO QUE VIVO"

Un diálogo con Rodolfo Reyes, sobrino, heredero directo del poeta, y querellante en la causa que investiga el posible asesinato del escritor chileno. Cómo fueron las primeras horas tras la muerte del Nobel, la exhumación y la relación con Matilde Urrutia.

Por Guido Corelli Lynch.
 
Cuando era chico a Rodolfo Reyes le encantaba ir a jugar a la casa de su tío Pablo, que ya era grande, pero nunca dejó de coleccionar juguetes. El sobrino ignoraba que su tío era un poeta famoso y mucho menos comunista. Para él, era el “tío rico” o el tío Pablo, aunque su documento dijera Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto y todo el mundo lo conociera como Pablo Neruda. “Tenía puro juguete de niño, recuerdo un organillo y un barco, jugábamos toda la tarde hasta que sentíamos: ya niños vengan a tomarse una leche”, dice con una sonrisa este abogado especialista en Derechos de Autor. Los recuerdos felices se cruzan con otros más tristes y sombríos. Por estos días, Reyes –en nombre de los sobrinos de Neruda– es querellante en la causa que inició el Partido Comunista chileno para saber si al trasandino lo mató la dictadura de Pinochet y no –como se creía– un cáncer de próstata.

La investigación surgió tras las declaraciones del chofer personal del poeta, Manuel Araya, que señaló que a Neruda le habrían aplicado una inyección letal y que su tumor estaba controlado. La Justicia chilena tomó medidas y enseguida aparecieron grietas: médicos que no existen, registros farmacólogicos extraviados, declaraciones cruzadas. Por eso, el 8 de abril pasado se realizó la exhumación de los restos de Neruda. Y su sobrino era el único de sus herederos directos que estaba presente en la casa del Nobel en Isla Negra para cargar el cuerpo del poeta. (Ver La exhumación...). Neruda murió el 23 de septiembre de 1973. Los primeros dos días, los principales diarios dijeron que Neruda había muerto por una inyección y un ataque al corazón. Cuatro días después dijeron que había sido un cáncer de próstata. “Y con esa información nos quedamos nosotros, en ese entonces tampoco se podía preguntar mucho más”, explica Reyes, que llegó al funeral de su tío cuando estaban trasladando el cuerpo desde la clínica a la casa del poeta en Santiago. 

¿Qué recuerda de esas primeras horas tras la muerte de su tío?
A las once y media de la noche se anunció que Neruda había fallecido. Sentimos un temor muy grande y la noche fue muy terrible, porque los disparos a pocos días del golpe militar estaban a la orden del día y el parentesco directo nos hacía sentir muy vulnerables. Cuando llegamos a su casa –“La Chascona”– mientras lo bajaban de la ambulancia que lo traía de la Clínica Santa María, nos encontramos con la casa totalmente asaltada: corría el agua por las escaleras, había libros quemados, colchones destrozados, vidrios y  objetos de arte en el suelo. Matilde Urrutia, su mujer, no quiso hacer ninguna denuncia. Yo tuve que ayudar a colocar tablones para pasar por sobre el agua con el ataúd de Neruda. Fue velado en su casa con muchas consignas y militantes del Partido Comunista que se reunieron para hacerle una guardia de honor pero por breves momentos porque la policía los buscaba, los detenía y los hacía desaparecer.

¿Y los militares?
Ese mismo día a la casa sospechosamente no llegó nadie, sabiendo la connotación que tenía Neruda. Solamente vino el jefe de la guarnición de Santiago a dar un pésame, el general – no me acuerdo el apellido de él— pero Matilde no lo quiso recibir. Le dijo algo así como: “Ustedes han contribuido a esto, yo no los recibo”. Se quedaron un par de minutos, se dieron media vuelta y se fueron. Pero después, en  cortejo rumbo al funeral, el resguardo policial estaba por todos lados, salían carabineros con motos, interrumpían el paso. Había muchas armas y sin embargo se cantó la Internacional Socialista.
Por qué han crecido sus sospechas sobre los motivos de la muerte de Neruda?  Porque la clínica Santa María debió haber guardado todos los antecedentes médicos y fichas farmacólogicas durante 40 años y acá no había ninguna ficha de Neruda.

La labor de los médicos también alimenta las sospechas.
El doctor Sergio Draper, que lo atendió, todavía sigue ejerciendo su labor profesional en Chile, pero la incógnita aparece cuando él mismo señala que le entregó el turno al doctor Price –cuyo nombre de pila nadie conoce– que era un médico de 28 años, alto, de muy buenos modales, de ojos azules. Al otro día él se enteró de que había fallecido Pablo Neruda cuando es habitual que los médicos se avisen que un paciente personal ha muerto. Supuestamente Price le mostró el cuerpo a Matilde y la ayudó a vestir a Neruda. El problema es que nadie conoce a Price. Y yo dudo de que haya existido.

El 2 de mayo los peritos del Servicio Médico Legal de Chile confirmaron que Neruda tenía cáncer.
Pero no es la causa inmediata de su muerte. Por otra parte, se enviaron muestras óseas al laboratorio de la Universidad de Carolina del Norte en Estados Unidos, a fin de practicar otros  exámenes toxicológicos, buscando verificar o descartar la existencia de cualquier sustancia residual extraña que le hubiera provocado la muerte. Todavía no se han entregados los resultados de esa pericia.

¿Cómo fueron esos doce días en los que Neruda convivió con la dictadura de Pinochet?
Neruda ya conocía toda la información que había e inmediatamente el presidente de México, Luis Echeverría, le ofreció sacarlo de Chile y estratégicamente lo llevaron a la Clínica Santa María de Santiago, porque la casa en Isla Negra había sido allanada muchas veces. El ya sabía que estaban matando a sus amigos. Y si Neruda hubiese salido de Chile hubiera lanzado un Yo Acuso (como el que lanzó en 1948 contra el gobierno de Gabriel González Videla) con una connotación mundial, todo el mundo lo conocía, era Premio Nobel, entonces; para Pinochet hubiera sido un lastre muy grande, un problema muy grande. Yo creo que Neruda a Pinochet le valía más muerto que vivo.
Fuente: Clarín