miércoles, 29 de mayo de 2013

"CON LOS PSICOPATAS EXISTE UN VACIO LEGAL"

El especialista Hugo Marietan, analiza el polémico caso de la joven que se casó con el asesino de su hermana y sostiene que en la justicia existe "una ignorancia criminal sobre la psicopatía". Califica como "macabra" la boda Cingolani-Casas y opina que "existe la posibilidad de que la mate" como a su gemela.
 
Por Yesica De Santo.
 
Hugo Marietán es médico y psiquiatra de la UBA, durante más de 20 años trabajó en los hospitales psiquiátricos Moyano, Estéves y Borda, y desde hace más de 18 se dedica a la investigación de la psicopatía. Fue así como descubrió el vínculo entre el psicópata y la persona con la que convive, el complementario. El autor del libro Mujeres ancladas en psicópatas, analiza la relación entre Víctor Cingolani y Edith Casas. La pareja se casó el último jueves en la ciudad santacruceña de Pico Truncado. A la puerta del registro civil, el pueblo que fue a esperarlos no llevó el arroz de la abundancia, sino piedras y huevos en rechazo a la unión de la gemela y el hombre condenado por el asesinato de su hermana.
 
–¿Qué es un psicópata?
–La psicopatía o personalidad psicopática es una manera de ser en el mundo que se distingue del grueso de la población por tener necesidades especiales, como matar, comer carne humana, robar, violar, y cosificar a las otras personas. Todo psicópata tiene necesidades especiales. En este caso, Cingolani podría estar queriendo repercusión mediática para que su caso sea revisto. Además, el casamiento le es útil para construir una imagen de persona confiable a la que la mismísima hermana de la asesinada aceptó para casarse. En todos los reportajes que se les realiza se habla de su inocencia. El se asume inocente, y ella dice que él lo es.
La estadística internacional sobre psicóticos, varía. La más lograda, estima un 3% de psicópatas en cada país. En la Argentina somos 40 millones de personas o sea que hay 1,2 millones de psicópatas, de los cuales 900 mil son hombres y 300 mil son mujeres.
 
–¿En qué consiste la relación psicópata- complementaria que plantea?
–Es una relación compleja en la que el psicópata forma pareja con una persona "complementaria" que se ajusta a las necesidades especiales que él tiene. Si bien hombres y mujeres pueden cumplir uno u otro rol, comúnmente la psicopatía se presenta en hombres y la complementariedad en mujeres. En el caso de Cingolani-Casas, el presunto asesino, Víctor, posee un perfil de psicópata que pudo manipular a Edith, y convertirla en una esclava.
 
–¿Cómo interpreta el cuadro de situación en el que una chica se casa con quien es en primera instancia el asesino de su hermana?
–Es algo que desde el principio causa resquemor, algo que no condice con los valores morales y éticos. El hecho de casarse con el ex novio de su hermana es extraño, y eso sumado a que la hermana era su gemela. Pero lo que lo hace macabro es que aquella hermana fue asesinada y el responsable legal de la muerte es el hombre con el que ella se casó.
 
–¿Qué papel pudo haber jugado que se tratara de gemelas?
–Las gemelas pueden tener dos tipos de relación, simbiótica, es decir  que les guste hacer lo mismo, que compartan todo, o de competencia en el afán de querer diferenciarse y adquirir una personalidad distinta, en este caso pueden ser confrontativas. Pero no resulta extraño que el patrón de atracción sexual pueda ser el mismo.
 
–¿Qué características tiene un psicópata?
–El psicópata es un ser distinto. Tiene otra cabeza, otra mentalidad, otra psiquis, la lógica es diferente,  como también la forma de ver el mundo y sus sentimientos. Los seres humanos que no son psicópatas tienen una gama enorme de emociones y maneras de sentir al mundo, ternura, solidaridad, amor, congoja. Ellos no. Ellos tienen dos emociones básicas. El entusiasmo y la ira. El entusiasmo no como alegría sino como persistencia obsesiva a lograr sus objetivos, incluso pueden pasar de 15 a 20 horas trabajando para conseguirlo. Tienen un amor propio muy grande y absoluto control de sus emociones, brindan una imagen de tranquilidad y seguridad, y suelen mentir mirando a los ojos. El psicópata es un depredador nato. Como el tigre, estudia a la presa y hasta no saciarse no para; es así como desde chicos estudian a las personas y hacen patrones. Así es también como elige a una complementaria, a la persona que puede vivir con él. En ella puede ver puntos vulnerables para darse cuenta si será receptiva a la psicopatía o no. Suelen estar asociados al poder, y muchos son líderes. Sin embargo, esto no quiere decir que todos los líderes sean psicópatas. El líder común consensúa, en cambio, el psicópata no construye el poder, sino que le es innato. Es por eso que para él los otros son objetos para su utilidad. Sin embargo, estos rasgos no son notorios porque también son muy buenos actores, incluso pueden resultar agradables, simpáticos, seductores y carismáticos. Su fuerte está en el discurso, con él envuelven, y convencen. Por ejemplo, Edith dice que Víctor es inocente porque él se lo dijo. No toleran la frustración. En el caso de Cingolani, Johana lo había dejado. Algunos ejemplos son las triangulaciones, como el caso de Adalberto Cuello, acusado de matar a Thomas Santillán, en venganza a su ex pareja y madre del niño. O el caso de Adriana Cruz, la brasileña que mató a su hijo en la bañera por igual motivo. Todos fueron actos psicopáticos por frustración.
 
–¿Cuáles son los rasgos de persona “complementaria” que usted ve en Edith?
–Una alta vulnerabilidad. Por ejemplo, Edith contó que Víctor la había violado en reiteradas oportunidades, lo escribió en una carta, pero luego dijo que había sido obligada por su padre. Sin embargo, en ambos casos se identifica la vulnerabilidad en un caso porque si la violó y ella lo niega justificando al psicópata, y en otro caso, si no fue violada y el padre la obligó, también implica una sumisión especial. No cualquier mujer denuncia algo que no pasó. El psicópata hace sentir a la mujer como especial. Al segundo día, puede decirle te amo, y a la semana querer ir a vivir con ella. Las mujeres complementarias, buscan hombres distintos. Cuando son adolescentes les gustan los tipos destacables, y se aburren con los hombres “comunes”. Los psicópatas se acercan y las fascinan, les brindan adrenalina.
 
–¿Se puede reconocer a un psicópata?
–No. Se está en estado de indefensión. 
 
–¿Y a un complementario?
–Sí. Se los ve cuando son captados por el psicópata. Comienzan a actuar de formas extrañas, y comúnmente trastocan valores previos de esa persona. 
 
Marietán atiende a mujeres que conviven con psicópatas en su consultorio del barrio de Recoleta. En sus años de trabajo dice haber visto a mujeres hacer cosas impensadas para seguir a un psicópata, como separarse de sus hijos. 
 
–Las mujeres suelen decirme "mi marido tiene una amante pero ella lo buscó porque él me lo dijo". Ellas suelen interpretar el discurso del psicópata y no registran sus actos. En este caso, Edith abandonó a sus seres queridos y se fue a vivir con la familia de Víctor. Ellas van adquiriendo los valores del psicópata, y van justificándose a través del discurso que absorben de él. La complementaria sirve para la fachada de la familia, lo primero que puede hacer un psicópata es querer tener un hijo. Fue Cingolani quien en una entrevista aseguró que ahora quisieran tener un hijo.
 
–Las personas que funcionan como “complementarias” ¿pueden ser conscientes de que lo son?
–No. Sólo en el momento en que se hartan. Al principio, es como una luna de miel, luego el trabajo de cooptación aumenta y la convierte en su esclava. 
 
–¿Cómo llega usted a atender a una complementaria?
–Si yo me acercara a Edith ahora, no querría hablar conmigo porque creería que me manda su familia. La complementaria llega al especialista cuando se harta. Al consultorio no llegan mujeres, sino estropajos, restos de lo que el psicópata dejó de esa mujer. En muchas oportunidades, las mujeres reciben información sobre el tema gracias a algún amigo y deciden consultar con un especialista porque se sienten identificadas. De todas formas, es muy difícil dar con ellas porque el vínculo con el psicópata es muy fuerte. 
 
–Algunos elucubran que todo podría tratarse de un plan de Edith para vengar la muerte de su hermana…
–Es una conclusión un poco naif que surge de no poder entender la situación a partir del sentido común y se intenta dar respuestas racionales como que ella está con él para vengar a su hermana, o que en realidad la psicópata es ella y él el complementario, o que ella la mandó a matar a su hermana por competencia. Yo opino que son buenas líneas para una obra de Edgar Allan Poe, pero no se condice con lo que podría estar ocurriendo.
 
–La madre de Edith y Johana solicitó que se le realizaran pericias psicológicas a Edith antes de que se casara con Víctor. ¿En esos estudios no pudo identificarse este tipo de personalidad “complementaria”?
–A los abogados les interesa saber si la persona está lúcida. Si comprueban que entiende, memoriza y se ubica en tiempo y espacio, entonces es responsable de sus acciones. Nunca se llega a pensar qué podría llegar a pasar luego, porque la justicia no juzga por presunciones, sino por hechos. El razonamiento: mató a su hermana, entonces si es psicópata puede reincidir y matar a Edith, no tiene lugar para la justicia. Para hablar de psicópatas, tienen que saber de psicopatía y muchos no saben. Existe un vacío legal, una ignorancia criminal sobre la psicopatía en la justicia. Lo vemos en los casos de los violadores a los que dejan libres, y reinciden en el delito. La justicia debe dar lugar a la modificación del Código Penal para que se entienda que la psicopatía debe estar legislada, los profesionales de la justicia deben conocerla y actuar en consecuencia.
 
–¿Si hubiese realizado la entrevista psicológica a Edith, hubiera dejado que se casara?
–Jamás. Fue una aberración e implica un peligro porque los psicópatas repiten las acciones en pos de su necesidad. Existe la posibilidad de que la mate.  «
 
 
Fuente: Tiempo Argentino.

UN SUEÑO SIN DEMASIADAS ESPERANZAS

No es fácil dar respuesta a la pregunta hacia dónde va la Iglesia. Especialmente porque se entremezclan expectativas realistas con sueños y deseos. 
 
Por Eduardo de la Serna.
 
El mensaje final del reciente Sínodo de Obispos afirma: "Estamos convencidos de que la fuerza del Espíritu del Señor puede renovar su Iglesia y hacerla de nuevo esplendorosa si nos dejamos transformar por Él"(nº5). La Iglesia ya no es atractiva, ni renovada. Pero, ¿desde qué momento?, ¿hay responsables?, ¿por qué no lo es? Muchos tenderán –¡y tienden!– a pensar que la Iglesia tiene la luz de la verdad, es el mundo perverso el que no la reconoce, y por eso no resplandece: porque no la dejan. Otros –en cambio- pensamos en la Iglesia como una rara avis que pasa de la primavera del Vaticano II al invierno de los últimos papas. Ha dejado atrás el Concilio Vaticano II, negado Medellín y Puebla, tiempos en que brillaban obispos como Helder Cámara, Evaristo Arns, Samuel Ruiz, Oscar Romero, Enrique Angelelli –por aludir sólo a obispos– que mostraban un rostro de la Iglesia atractivo y resplandeciente; perseguidos también (incluso por Roma), pero que daban respuestas desde el Espíritu a los desafíos de nuestro tiempo y los clamores de los pobres. Una Iglesia que ha remplazado esos rostros por los de apañadores de pederastas, amantes de palacios y cercanía al poder, abandono de la Iglesia de los pobres, olvido de la sencillez evangélica, obispos del Opus Dei, Comunión y Liberación y hasta Heraldos del Evangelio... difícilmente pueda resplandecer ante la humanidad con ese rostro que no es atractivo para nadie salvo para amantes del poder y del dinero. Y –además– una Iglesia tan eurocéntrica, que difícilmente vaya hacia el Tercer Mundo, al que ignora, desprecia y hasta demoniza.
Muchos esperan que la Iglesia del futuro dé respuestas a temas que importan en Europa (que son los que más trascienden en los Medios, que se gestan allí); yo pretendo que de ello se preocupen los cristianos europeos; en lo personal espero una Iglesia que siga las huellas de Jesús, que vino "a anunciar buenas noticias a los pobres", que deja su huella porque "pasa haciendo el bien", que no tema levantar su voz –nada diplomática–denunciando todo lo que se opone al Reino de Dios, que es de justicia y de paz, de vida digna y esperanza (convengamos que en el mundo de hoy de guerras, opresiones, ajustes, injusticias, mentiras de voces hegemónicas, violencias y torturas, Dios no reina… y no se escuchan voces episcopales que lo reclamen). Sueño una Iglesia del Tercer Mundo (y no de Europa, como la que gestó el Papa renunciante ya desde el nombre escogido), una Iglesia pobre y de los pobres, una Iglesia de hermanos y hermanas, sin títulos nobiliarios (como Papa) y ornamentos reales, de pies en el barro más que papamóviles blindados. Y sueño que hacia allí se dirija la Iglesia y que escojan al obispo de Roma con esas perspectivas y propuestas. Sueño, pero debo confesar que no tengo demasiadas esperanzas.
 
Fuente: Tiempo Argentino

SICILIA TIENE UNA LIGA ANTIMAFIA

Comenzó con jóvenes que no querían pagar el pizzo a la mafia para obtener "protección". Fue tras el asesinato en 1991 de un comerciante que se había negado a ser víctima de un extorsión. El rol de Salvatore Toto Riina y Bernardo Provenzano en el crimen organizado en Italia.
 
Por Miriam Campos.
 
Afuera, bajo un portón verde, de camino a la fábrica textil Sigma, con una estampa enorme  de sangre corriendo en dirección a la calle encontraron asesinado en 1991 al comerciante siciliano Libero Grassi. El mismo que no se calló cuando vinieron los mafiosos a extorsionarlo. Los denunció, habló con la prensa, mediatizó el tema y a los siete meses, sin evasivas, La Cosa Nostra le respondió con tres balazos. Eso ocurrió un verano cuando aún invocar el término "Mafia" estaba vedado. Para Italia, actualmente, Grassi es símbolo de coraje y su muerte,  además, trazó un  punto de inflexión en Sicilia. ¿Por qué murió?, porque lo dejaron solo. Así de simple y amargo.
Los últimos 20 años las cosas han cambiado, aunque no todas, claro. A pesar de que algunos de los capos más celebres de La Cosa Nostra están entre rejas, como Bernardo Provenzano que estuvo fugitivo 43 años y el atroz Salvatore "la bestia" Riina, capo de la familia Corleonesi,  más del 80% de los comerciantes siguen pagando a la mafia ese tributo maldito al que llaman pizzo a cambio de no recibir represalias. 
Pero ya no son todos. Un puñado de comerciantes decidió tomar el legado de Grassi y salir al frente. En 2004 se formó, por iniciativa de algunos jóvenes, Addiopizzo (Adios al chantaje) una de las asociaciones que ayuda a cuidarles las espaldas.
No se trata de un grupo que escolta a los negociantes como si fuera un film de guardaespaldas protagonizado por Kevin Costner. "Addiopizzo es una asociación que proporciona asesoramiento legal para combatir la extorsión." Así lo explican Chiara y Salvo, integrantes de la liga y entendidos en derecho y seguridad social, en la sede de Catania, que funciona a metros del mar. Es curioso: el lugar donde actualmente funciona la asociación es la ex casa de Sansone, un mafioso del barrio Picanello.
Que una asociación que promueve la legalidad, tenga su sede en la morada de un mafioso en uno de los barrios peligrosos de Catania, es posible gracias a la ley sancionada en 1996 por iniciativa de Libera, otra entidad que lucha contra la mafia. Dicha normativa establece que el patrimonio expropiado a la actividad ilegal puede ser reutilizado con fines que sirvan a la comunidad. De ese modo, se impide que los mafiosos puedan recuperarlos. 
El mensaje que le llega a la gente es simbólico, porque la forma de combatir la criminalidad organizada es golpearlos patrimonialmente, es decir, en el dinero. Si la casa permanecía cerrada. Sansone hubiera vencido. Sin embargo, el Estado ha permitido a la sociedad reutilizarla. 
Desde allí, la veintena de voluntarios de Addiopizzo trabajan en actividades que van desde la asesoría legal a los comerciantes, promoción del consumo crítico, charlas informativas en las escuelas para concientizar sobre la importancia de resistir a la coacción mafiosa y actividades solidarias con los niños de sectores desprotegidos. 
Chiara Barone es joven, estrena un título de abogada y explica: "Organizamos actividades con los niños, desde cursos de diseño, de periodismo, días de lecturas o clases para después de la escuela. Acá hay jóvenes con situaciones familiares, económicas, muy difíciles y hay que impedir que caigan en el círculo mafioso".
"Somos los agricultores, los que plantamos la semilla. Esto no es algo que cambiará ahora, quizás nuestros hijos tampoco lo vean, pero quién nos dice que sean nuestros nietos los que no pagarán el pizzo" comenta Salvo Fabio, quien forma parte de Addiopizzo desde sus comienzos en Catania. En toda Sicilia, entre todas las sedes de Addiopizzo, ya han convencido a alrededor de 1000 comerciantes que no se doblegan al chantaje. 
Addiopizzo originalmente surgió en Palermo una madrugada de junio de 2004, cuando la ciudad, como todos relatan, apareció empapelada con carteles que sentenciaban "Un pueblo que paga el pizzo, es un pueblo sin dignidad".  No fue un grito de guerra, sino de determinación cuyo objetivo fue expulsar a la calle el tema de la extorsión, para que la gente, pese al miedo, comenzara a hablar. Fue una iniciativa de siete jóvenes que querían abrir un negocio y se negaban al chantaje. Son ellos, en cierto modo, representantes de una generación que también vio morir a los héroes de la isla: los jueces Giovanni Falcone y Paolo Borsellino, los mismos que  lograron condenar  a 360 mafiosos en lo que se conoce como el Maxiprocesso de 1986-1987 aunque, luego, muchos lograron librarse de las condenas. 
Esto fue posible gracias a la investigación que Falcone y Borsellino hicieron junto con otros magistrados sobre crímenes ocurridos en medio de una disputa por el poder de los diferentes clanes. Es lo que se conoce en la historia Siciliana como la Segunda Guerra de la Mafia, que agujereó a la isla a fines de la década del '70 y principios de los '80. 
La importancia fundamental de este evento, más allá de sus dimensiones, radicó en que fue la primera vez en que el Estado tuvo acceso a la información de cómo se articulaba internamente lo que en La Cosa Nostra se denomina La Cúpula. 
El gran secreto de la mafia. El testimonio de arrepentidos que buscaban venganza, como Tomasso Buscetta, facilitó a los jueces establecer lazos que probaban el funcionamiento de la mafia como una organización y no como hechos delictivos aislados. Falcone y Borsellino, estaba claro para la mafia, tenían un destino en común. Fueron asesinados con dos meses de diferencia en 1992, con la detonación de TNT. La onda expansiva fue el despertar crítico en algunos sectores, sobre todo, entre los jóvenes.
De ese modo, con una conciencia crítica adentro, no fue sorpresivo que en 2006, al sureste de la isla, en Catania, otro grupo comenzó, bajo la misma modalidad palermitana, a interpelar la indiferencia de los ciudadanos.
 Así fue como ese año, en medio de la procesión de la patrona religiosa de la región, en las calles principales sobre los edificios podía leerse como un rezo "Santa Agata, libéranos de la mafia". El objetivo mayor de esta asociación, a la que se sumó la provincia de Messina en 2008, es plantear a la sociedad que la libertad se logra erradicando la mafia. Nada menos.
El pizzo, una encarnación de la extorsión, es, concretamente, una coacción hecha para obtener dinero bajo la amenaza de violencia.  Su origen se remonta al siglo XIX, cuando aún no existía un Estado que garantizara en Italia la seguridad de la población y aquellos que tenían los recursos, ofrecían amparo a cambio de dinero. Con el tiempo, hombres como Vito Cascio Ferro, un contrabandista y extorsionador, robaban los animales de los campesinos para luego ofrecer sus servicios aduciendo protección. Esta práctica le valió a Don Vito convertirse, durante un tiempo, en uno de los hombres más poderosos de la isla. En la actualidad, la mafia continúa chantajeando a los comerciantes bajo las mismas reglas. Si alguno se niega al pago, son los mismos  estafadores los que organizan robos y una serie de acosos, que van desde el incendio del local y amenzas de muerte, hasta lograr el pago. Con las décadas esta actividad se volvió tan natural y cotidiana para los sicilianos, como el plato de pasta de cada día.
En un folleto de la asociación antimafia,  se observa una bolsa de la compra manchada de sangre y abajo se lee "¿El pizzo en Catania? Hay gente que dice no". Para los adeptos al concepto "Libre de chantaje" esta es una forma de decir que cuando un ciudadano hace la compra de víveres, también está envuelto de algún modo en la extorsión. "Nosotros, como asociación, queremos decir que el problema de la coacción no es solamente un problema del comerciante, es más bien de toda la sociedad", explica Chiara. En Catania misma, además, son más de 5000 los consumidores que apoyan esta causa. ¿Cómo lo hacen? Asfixian el miedo. 
"Es principalmente una cuestión cultural, hacerles entender a las personas sicilianas que ahora hay un respaldo legal, que en realidad quien denuncia no lo va a pagar con la vida. Nosotros decimos esto, basándonos en hechos concretos, algunos de los comerciantes que adhieren a Addiopizzo han sufrido la extorsión, han denunciado y han hecho arrestar a mafiosos importantes, vienen con nosotros tranquilamente a la escuela a dar su testimonio sin escolta, ni nada" explica Salvo. Desde 1991 no hay un solo comerciante en Catania que haya denunciado y lo hayan atacado. 
"Libero Grassi ha muerto porque el clima político era completamente diverso", retoma Salvo, "no tuvo solidaridad de la gente ni amparo del Estado. Abrió solo, una grieta en la seguridad de ser mafioso y la organización, ante un ataque frontal de carácter mediático, respondió para no perder credibilidad ante los otros comerciantes".
La premisa es que los mafiosos basan el cobro del pizzo sobre el miedo, si ven que el comerciante está asustado, ellos ya han vencido. Sin embargo, si el comerciante tiene por reacción decir "yo te denuncio si vienes por mí", los extorsionadores van a evitarlos porque no quieren exponerse. Así lo confirmó el testimonio del mafioso Giuseppe Di Maio,  en el diario de Sicilia, "Si un negociante adhiere a Addiopizzo, no le pedimos nada. Es más el problema que obtenemos que el dinero que sacamos." 
La asociación Addiopizzo de Mesina señala a los residentes, a través de su sitio virtual, que la Procuración de la Región ha detallado que  400 euros al mes es el pago medio que hacen los comerciantes que son extorsionados, sólo en esa provincia. Se estima que en Palermo, al ser la capital, la tasa será mucho más elevada. Este ingreso para la mafia, según un cálculo de Eurorispes, representa casi 10 mil millones de euros al año. Acto seguido, con el afán de amargarse, uno puede enumerar algunas de las actividades delictivas en las que, se sabe, invierte esta organización ilegal para incrementar sus ganancias: prostitución, drogas, contrabando. 
"Mirá, la bomba está lista". Es la frase que escuchó cada día a cualquier hora en 1998, Filippo Casella, un transportista que se negó a pagar el pizzo en la zona industrial de Catania. Su mujer estaba desesperada, le pedía que cerraran el negocio que habían comprado un par de meses atrás. "Quieren plata, de lo contario van a matarnos a todos" le decía su familia al comerciante, quien intentaba permanecer tranquilo para no atemorizarlos más.  
"Esto fue hasta que decidí someterme al pago. ¿Saben el asco que es tener que separar cada mes, parte del dinero que te ganaste para dárselo a la mafia? Uno se siente un verdadero coglione" describe Casella, ante los ojos de  60 jóvenes que lo escuchan en vilo, en una escuela de Caltagirone en el sur siciliano. El comerciante participa en una visita organizada por Addiopizzo y las profesoras del Liceo Classico B. Secusio, contando su historia.
Cuando se paga el pizzo, los comerciantes creen que ya está, que la mafia no va a hacerles nada más, pero desde el otro punto, los extorsionadores piensan que están adentro de la empresa y pueden sentarse a sus anchas. Así lo experimentó el transportista, tiempo después cuando se presentó en su oficina, un abogado de la mafia, quien le planteaba que debía contratar a dos personas que estaban en la cárcel para que accedieran al privilegio de salir algunas horas por día de la prisión. A este pedido y otro más cuando en la navidad, volvieron a presentarse pidiendo dinero extra, Filippo Casella dijo no. "No puedo más." 
Los datos. "Fue entonces que comenzaron los robos de las mercancías que transportábamos en los camiones. Descubrimos luego, que un empleado pasaba los datos sobre el movimiento y aguanté hasta donde pude. Decidí que la única solución era denunciarlos", continúa Filippo. El clan que amenazaba al comerciante era los Santapaola, surgido en el barrio Cristóforo, y aliados a los Ercolanos. Hacerles frente no es algo que se puede tomar a la ligera, así que el transportista de 57 años, ya sin saber dónde buscar, encontró en Internet que existían asociaciones que asesoraban a las victimas de la extorsión. Casella tomó un número y lo guardó en el bolsillo de su abrigo por seis meses. "El miedo, la incerteza de saber si eso era lo que tenía que hacer, me hacía dudar de contactarme con las asociaciones antiracket. Finalmente, tomé valor, lo hice. Me asesoraron y denuncié." 
Ocurrió que tiempo después, quien le cobraba el pizzo a Casella fue detenido por otros cargos y en un allanamiento en su casa, encontraron un registro en el que figuraba "Filippo Casella: 600 euros". Esa fue la prueba que sumada a la denuncia que había asentado antes, ayudó para llevar a la cárcel a  sus extorsionadores, las conexiones que estableció la policía tras una investigación hicieron caer a varios delincuentes, de los cuales, algunos obtuvieron sentencias de casi 18 años.
Casos como el de  Filippo Casella y la denuncia que hizo un comerciante que recibía chantaje, tras enterarse por su hijo que asistió en la escuela a una charla de Addiopizzo, son quizás, como señalan los integrantes de la asociación, "la pequeña prueba que en Sicilia está aconteciendo una revolución copernicana".  «
 
 
El detalle
Sin Estado
El pizzo se remonta al siglo XIX, cuando no había un Estado que garantizara seguridad.
 
Fuente: Tiempo Argentino

"UNA PERSONA, SI NO ES BUENA GENTE, NO TENDRIA QUE SER JUEZ"

Por Luis Sartori

Valiente. Con eje en los derechos humanos, Albor Ungaro, fue secretario de juzgado, juez y camarista. En el 84 integró el primer grupo “civil” que entró a la ESMA. Y fue abogado de Sabato y Gelman.
 
Pronto en su vida lidió con los dinosaurios, y mucho más tarde los reencontraría en la Conadep. Albor Úngaro nació en Mercedes, hijo de sastre anarco-sindicalista, y a los 89 años en su casa de La Lucila se define “mercedino en el exilio” . Le gustaba Anatomía; sus días iban hacia Medicina. Pero la falta de recursos de la familia lo llevó a desechar instalarse en Buenos Aires y a cursar Derecho en La Plata, a distancia: sólo iba a rendir. Venía bien con la escritura y ya era periodista: en el diario zonal La Hora cronicaba los juicios orales de los tribunales de su ciudad, y descorría historias de pueblo en versos gauchescos bajo el seudónimo de Don Belindo. Se recibió en seis años –mientras tanto trabajaba de noche en la Unión Telefónica– y un caudillo conservador lo llevó a su estudio. No tardó en llegar a secretario de juzgado, el mojón inicial de 19 años seguidos en la Justicia bonaerense. De secretario pasó a juez pro derechos humanos y ateo; de juez, a camarista. Renunció y se jubiló en 1974. Abrió su estudio en la Capital y, al poco tiempo, se integró como penalista a otro más grande. En la dictadura mantuvo su cátedra de Derecho Penal en la UBA por un salvoconducto increíble, que le debe a su infancia. Y era enero de 1984 cuando lo convocaron de la Conadep: integró el puñado de valientes –con Graciela Fernández Meijide y Magdalena Ruiz Guiñazú, entre otros– que perforó el cerrojo de la ESMA junto a algunos sobrevivientes; y él tomó los primeros testimonios sobre ese campo de concentración, como que era el único ex juez en esa comisión creada por Alfonsín. Fue abogado del coronel democrático Jaime Cesio, de Ernesto Sabato, de Magdalena, y de Juan Gelman en la larga búsqueda de Macarena, su nieta. Copresentó la primera denuncia por el Plan Cóndor contra Pinochet, Stroessner y Videla. Escribió cinco libros, esculpió la cabeza del Quijote, pinta (estudió con Demetrio Urruchúa) y resetea la mente leyendo filosofía (Heidegger, Wittgenstein, Nietzsche). Sus años mercedinos lo conectaron a los dinosaurios por partida doble. 1) Acompañó en su primera excavación –río Luján– al doctor José Bonaparte, un prócer de la paleontología que ha sido comparado con Ameghino, y juntos crearon en 1947 el Museo de Ciencias Naturales de Mercedes. 2) Y antes había sido vecino y compañerito de primer grado de Jorge Rafael Videla.
 
¿Dónde lo conoció a Videla?
La familia vivía frente a mi casa, calle por medio. A la pelota no jugábamos, porque él no era de andar por la calle. Pero en la escuela 7, él participaba en los juegos. Nos apreciábamos muchísimo: era muy buen pibe.
 
¿Lo siguió viendo de grande?
Cada vez que él iba a Mercedes a visitar a la familia, incluso ya siendo un capo del Ejército. Y me saludaba: Hola Albor, cómo andás .
 
¿Hasta cuándo fue eso?
Hasta que pasó lo que pasó.
 
¿Qué sintió al enterarse de que había muerto?
Te soy sincero: sentí un shock, y lo primero que me vino a la cabeza fue la época del barrio y la escuela. Siempre me pareció imposible que fuera la misma persona que dejé en la infancia. También recordé los tiempos de la Conadep y pensé: yo contribuí a que este tipo estuviera preso. Y lo hice más allá de los afectos que deja la infancia.
 
¿A qué atribuye lo que para usted fue ese cambio brutal de Videla?
A su vinculación con la derecha más retrógrada de la Iglesia, que lo llevó a convencerse de que le había hecho un bien al país. Monseñor Tortolo, que iba a Mercedes y visitaba la Acción Católica al lado de mi casa, lo influyó mucho. Conocí a Tortolo, y te aseguro que fue un Torquemada. Le decíamos paraguas cerrado : era alto y delgado, la imagen viva de la Inquisición.
 
En la Conadep, ¿llegó a odiarlo?
Yo esperaba que Videla no tuviese que ver con todo eso.
 
¿Qué piensa de su condena en el Juicio a las Juntas?
La sentencia me pareció muy buena. Dije: hiciste esto, te toca esto . Pero no sentí revanchismo.
 
¿Cuándo se dio cuenta de lo que era la dictadura del 76?
A los pocos meses, cuando un vecino me dijo que se habían llevado a cuatro sacerdotes de la iglesia que está a pocas cuadras de mi casa.
 
¿Tuvo algún problema en ese tiempo como profesor en Derecho?
Yo decía todo lo que se me venía en gana. Y un día me llega la noticia de que figuraba en una lista negra, que me limpiaban ya. Era al principio del gobierno militar. Cuando asumió Videla la presidencia de la Junta, le había mandado una notita que decía: “Éxito en su gestión” . A los 10 días me llega una carta de Videla, de agradecimiento. Justo me cita el consejo académico, formado por los jerarcas del nazismo argentino. Y les muestro la carta: fue mi salvoconducto.
 
En el caso de la ESMA, una sentencia 30 años después ¿es hacer justicia?
No. Una justicia tardía no es justicia.
 
¿Qué es hacer justicia?
Hacer acatar la Constitución. Cumplir la ley y hacerla cumplir. De ahí la importancia, y esto tiene mucha actualidad, de designar jueces. Una persona, si no tiene antecedentes valiosos de buena gente, no tendría que ser designado juez. Por eso los gobiernos corruptos designan jueces a piacere . La virtud está en la persona.
 
¿Qué es la Justicia?
Una virtud que pueden llegar a tener algunos hombres, que tienen que tener una determinada formación, y que ocupan un cargo en un lugar que se llama juzgado.
 
¿Que opina de las recientes leyes judiciales?
No estoy de acuerdo, porque me parecen muy al uso del que manda. Esto que hoy se hace a favor de uno, mañana se puede hacer a favor de otro.
 
¿Cuál es su crítica central?
La eliminación de la cautelar, que es lo único que le queda a una persona para frenar un abuso, de otra persona o del Estado.
 
¿Cómo ve hoy a la Justicia?
Mal. Los propios jueces lo dicen. Están los jueces de la servilleta , los jueces de la obediencia debida . Habida cuenta de todas las cosas que se están revolviendo sobre la Presidenta, ella puede tener intereses en que la Justicia la apañe. Aunque me pongo en condición de juez y dijo: hasta que se pruebe no digo nada. Pero son tantas las cosas que, a lo mejor, hay una voluntad de precaverse con jueces amigos.
 
¿Duerme tranquilo con sus fallos de cuando fue juez?
Absolutamente tranquilo. Lo que más me tranquilizan son mis fallos. Porque antes de firmar la sentencia lo llamaba al preso y conversaba. Le decía: Vos confesaste esto, este delito tiene esta pena mínima y esta máxima, y te tengo que condenar. ¿Qué pena te imaginás que te merecés?
Y por lo general era mucho más alta de lo que yo le iba a poner.
 
¿Qué lo enoja?
La farándula y la banalización de todo. Acá todo es en joda.
 
¿En qué pone el interés?
En llegar a serle útil a mi hijo. Y en terminar mi próximo libro. Se va a llamar “La Justicia es puro cuento”.

lunes, 27 de mayo de 2013

ABUSO SEXUAL, UN PROBLEMA QUE EL PENTAGONO NO PUEDE CONTROLAR

Por Armando Pérez

En 2012, hubo 26 mil casos en el ejército. Advierten un peligro para la seguridad nacional.
 
La mayoría de los estadounidenses se sienten orgullosos de su ejército. La sociedad suele destacar el valor, sacrificio y el papel que esta institución cumple en la preservación de su modelo de libertad. Pero debajo de este manto de integridad subyace una historia de abusos sexuales reiterados que amenazan la reputación que disfrutan los hombres y mujeres del ejército más poderoso del mundo.
En el lapso de dos semanas han salido a la luz tres casos de mala conducta dentro del ejército, con el agravante de que el trabajo de los señalados eran precisamente combatir los delitos sexuales dentro de la institución, que han vuelto a poner el foco en este asunto. Estos episodios han provocado la reacción de los congresistas, los jefes del Pentágono y el propio presidente Barack Obama, quien pidió tolerancia cero.
El caso del teniente coronel Darín Haas fue el último de la seguidilla de tres escándalos. Haas, al frente del programa de agresiones sexuales en Fort Campbell (Kentucky), fue arrestado el jueves pasado por una disputa doméstica con su ex mujer.
A principios de esta misma semana, el sargento de primera clase Gregory McQueen fue acusado de asalto sexual y posible delito por forzar a una mujer a tener relaciones a cambio de dinero en Fort Hood, Texas, una de las bases militares más grandes del ejército estadounidense. También está el caso del coronel de la fuerza aérea Jeff Krusinski, quien fue arrestado como un vulgar criminal en el estacionamiento de un bar en Arlington, Virginia, donde manoseó los pechos y el trasero de un desconocida. Luego se supo que Krusinski también intentó abusar de una sargento en Fort Hood.
Estos episodios significan solo la punta del iceberg, la constatación de un problema institucional que, lejos de remitir, aumenta con los años y ya es considerado una preocupante epidemia dentro de una institución que se ha propuesto promover una participación más activa de las mujeres en acciones de combate. Si en el 2010 hubo 19 mil denuncias de asaltos sexuales en las Fuerzas Armadas, en el 2012 la cifra se elevó a más de 26 mil casos, según reveló una investigación interna del Pentágono.
“El tema de las agresiones sexuales socava la confianza en los cuerpos militares. No solo es un crimen, sino que es vergonzoso y deshonroso. Y como tal es peligroso para nuestra seguridad nacional ”, sentenció Obama tras una reunión con sus jefes militares para analizar el asunto.
Al encuentro acudieron, entre otros, el Secretario de Defensa, Chuck Hagel, y el jefe de Estado mayor, Martin Dempsey. Hagel anunció que un equipo trabaja a destajo para emitir una serie de directrices en el tema.
En todos los casos, los culpables fueron rápidamente destituidos y ahora enfrentan cargos por su comportamiento. Pero el hecho de que los tres implicados trabajaban para prevenir estas conductas revela viejas actitudes, como la noción de impunidad, que aún prevalecen en un cuerpo que se rige por cadenas de mandos y donde operan leyes paralelas a las civiles.
Para combatir la injusticia que anida en este orden de cosas, varios congresistas han anunciado una iniciativa encaminada a revisar “en profundidad el código de justicia militar para eliminar la influencia que la cadena de mando ejerce en los procesos por crímenes de abuso sexual”, explicó su patrocinador, el senador demócrata Kirsten Gillibrand.
El jefe del Pentágono ha ordenado una capacitación y completa revisión de los antecedentes de los militares encargados de combatir las malos comportamientos sexuales en el ejército, quienes, como los recientes casos han demostrado, algunas veces eran parte del problema más que de la solución.
 
Fuente: Clarín.

MAMBRU SE FUE A LA GUERRA

La historia de las Canciones de ronda. Letras que todos aprendimos de memoria mientras jugábamos en el patio, pero de las que se desconoce todo lo demás. Misterios para develar. 

Por Luis Mazas

Las tardecitas de Buenos Aires se ponen densas en otoño. A la hora pico, conseguir un asiento en el bondi es una lotería con premio consuelo. Ignorar la barriga tibia que nos arrima el señor de pie a nuestro lado suma experiencia religiosa. De todos los males del transporte público, ése es el menor. En el asiento de adelante, asomado peligrosamente por la ventanilla (pero no lo suficiente), el nene de delantalito babeado canta con voz de cuchillo que ralla vidrio: “Mambrú se fue a la guerra / chiribín, chiribín, chin chín”. Hace un bis en sin-fin, con variaciones. “¡Chiribinchiribinchinchín”! (sin puntos ni comas; y va nuevo). A los chinos esa perforación del hueso martillo del oído medio, se les escapó por un pelo. Casi todos los niñitos llevan adjunta una mamá, cuando no una abuela. Con suerte, hasta un papá. En este caso, lleva anexa una chica ya no tan chica, fijada en la última etapa de los auriculares para mp3. ¡Es maravilloso como se aísla de la realidad! El oído interno de la señora va saturado por una canción (creer o reventar) del ex grupo local Mambrú. El verso “no siempre digo basta / me cansa decir bastaaa”, trinado por el grupo pop obstruye el grito pelado del pibe que amenaza con acabar no sólo con nuestra paciencia actual: con el tiempo devendrá estrella de rocanrol.  “¿Má, quién es Mambrú?”, pregunta el niñito. La  duda me alcanza mientras toco el timbre al chofer. ¡Paren el mundo, que quiero bajarme… en Scalabrini Ortiz y Santa Fe! Uno se obsesiona por cualquier cosa hoy. Es el precio de la neurosis general. ¿¡Quién es Mambrú, por favor!? Sé que se fue a la guerra; pero, ¿qué le hicimos para que se fuera?, ¿por qué no vuelve más? “¡Ah ah áh, ah ah áh!, Mambrú no vuelve más…”

Antes, cuando había tiempo, se perdía mucho, mucho, buscando en la Enciclopedia Británica del estante de arriba. Ahora se pierde navegando sobre la pantalla táctil de la notebook. Copio el resultado del motor de búsqueda: “Mambrú se fue a la guerra” es la versión en español –en castellano querrá decir– de una vieja canción popular infantil francesa: ‘Marlborough s’en va-t-en guerre’”. Parece haber sido compuesta hacia 1709, tras la batalla de Malplaquet, donde en tiempos de la Guerra de Sucesión Española se enfrentaron los ejércitos de Gran Bretaña y Francia. La tonada fue compuesta como burla a John Churchill (1650-1722), primer duque de Marlborough, hombre de armas tomar al servicio de los Estuardo y político inglés venal y poco confiable. Un varón rudo y de avería si los hubo, aunque su retrato oficial pintado por Adriaen van der Werff, sugiera una sota de espadas. Fue varias veces aplaudido y otras tantas acusado de los peores crímenes contra la corona y el honor. Como capas de una cebolla, siempre hay en la Internet un pase encadenado hacia otra información conexa (o inconexa). 

Así, Chateaubriand –un rebelde sin causa del siglo XVIII– planta una duda cartesiana: el amigo y enemigo de Napoleón, asegura que la canción de Mambrú no habla de Marlborough ni de ningún contemporáneo; que su antigüedad es aún mayor, acaso de origen árabe, importado a Francia por los cruzados. Fue todo un hit en la corte de Luis XVI, y prendió en la voz de cuna de la nodriza que mecía al rey sin cabeza cuando todavía la tenía puesta y era Delfín y gurrumín (o cualquier otra cosa terminada en “in”).

Ya nadie recuerda a Marlborough sino por esa cancioncita ramplona. Si se lo recordara de otra manera, podría confundirse con los cacofónicos cigarrillos Marlboro, deformación vulgar de “Marlborough” y marquilla de cigarrillos creada por Philip Morris en 1924. El nombre alude a la calle Great Marlborough, de Nueva Jersey, donde se localizaba la primera manufactura Morris. La política publicitaria ligó el consumo de ese tabaco rubio con la imagen indómita del hombre libre de las praderas del oeste. Individualista, áspero, y por idea afín, Marlboro patrocina desde entonces eventos deportivos de Fórmula 1 y combates de pugilato. ¡Las cosas que se fuma la gente junto a un pucho ruin!

Al duque de Chi-ri-bín-chin-chín lo menciona Gabriel García Márquez en Cien Años de Soledad, como instructor castrense del coronel Aureliano Buendía. Y Neal Stephenson lo incorpora a El Ciclo Barroco, una alucinante, recomendable Sci-Fi sobre el mundo cibernético y las tecnologías conexas.

Lo cierto es que el señor Churchill gozó de ese rico cuarto de hora que a todos nos corresponde. Esos quince minutos de fama, que Andy Warhol le concede a cualquier hombre o mujer que en el mundo haya sido, sea o será. ¿Se acuerdan de Andy, otro que gastaba pelucas, pero de nylon flúo como un Moria Casan del Club 54? Dijo aquello de los quince minutos para significar que en la banalidad moderna no hace falta mucho para llamar la atención. Lo de la fama a bajo costo es tan consistente que hasta el propio Warhol resultó su cazador cazado. Un snob iconoclasta que iluminó una lata de sopas Campbell con efectos pop-art para demostrar que el gusto por el mal gusto es moneda constante de la publicidad americana. Al disparar contra la falta de originalidad ajena, cayó en su propia trampa. Adoró ser adorado como niño terrible del divino arte de la decadencia. Y se convirtió en aquello que denostaba, él mismo, un  producto de consumo masivo... Con sus idas y sus venidas, Andy Warhol dejó expreso ese sentido de lo relativo de la fama que reluce como el oro pero sólo es un enchapado, muy diferente del  prestigio. “Hacer dinero es arte, y si el trabajo es arte, un buen negocio es el mejor arte”, sinceró su codicia por el dólar. En ese gran deschave arrastró a todo un Olimpo de la posguerra. “Lo que es genial de Estados Unidos es que ha iniciado una tradición en la que los consumidores más ricos compran esencialmente las mismas cosas que los más pobres. Podés estar viendo en la tele un anuncio de Poca-Cola y sabés que el Presidente bebe Poca-Cola, Liz Taylor bebe Poca-Cola. Y pensás que vos también podés tomar tu Poca-Cola. Una cola es una cola, y ningún dinero del mundo puede hacer que encuentres una mejor que la que está bebiéndose el mendigo de la esquina. Liz Taylor lo sabe, el Presidente lo sabe, el mendigo lo sabe, y vos lo sabés”. Divina democracia decadente. Los quince minutos de fama a la Warhol hablan de la inconsistencia de la fama en un capitalismo salvaje.

Yendo y viniendo (que son gerundios), aquel Mambrú que nadie sabe bien cómo ni por qué se fue a la guerra, hasta tuvo su propia banda de rock. Mambrú fue el grupo vocal porteño de música pop que gozó de su corto momento de relumbrón. Se formó en 2002, surgida del reality televisivo local Popstars a través de un casting al que se presentaron más de 4.000 aspirantes y se deformó en 2005. Su primer disco, auto-titulado Mambrú, fue triple platino y vendió más de 120.000 placas, pero no alcanzó el suceso de Bandana. Al menos dos de sus componentes, Gerónimo Rauch y Hernán Tripel, sobrevivieron al olvido y están haciendo brillantes carreras en el musical vernáculo e internacional.

Volviendo al Mambrú-Mambrú, María Elena Walsh sostiene que fue una epidemia de resfrío lo que en realidad acabó con la guerra del guerrero aquel. “Es mejor la paz resfriada / que la guerra con saluuuu”, aúllan una docena de pibes en la salita verde del jardín Deaquialavuelta. No puedo evitar la tentación de juntar ese verso de “La canción del estornudo”, con este otro: “…se lo llevan preso / a un coronel / por pinchar la mermelada / con un alfiler / yo no sé por qué”, de la “Canción para tomar el té”. Acaso sólo jugaba con las palabras por el gusto de jugar. Detenido, juzgado y condenado como se debe, ése  fue el destino de aquel duque de Marlborough. Lo cierto es que la guerra aquella de Mambrú terminó y no va a volver, como terminaron ya de sonar las canciones de los Mambrú. No hay deuda que no se pague ni plazo que no se venza. Yo no sé por qué...
 
Fuente: Revista Veintitrés.

LA SOMBRA QUE MARCO A UNA FAMILIA

Un testimonio sobre los crímenes en la ESMA. Ana María Cacabelos cuenta la historia de su hermana y cuñado asesinados, y la desaparición de otros dos hermanos. El recuerdo de la militancia y el diálogo con Néstor Kirchner.
 
Por Gabriela Juvenal
 
El amor más grande que uno puede tener es dar la vida por sus amigos. Juan 15 (13). Hasta la victoria, siempre”.  Eran las palabras que se leían en la tarjeta de invitación al casamiento de Edgardo de Jesús Salcedo y Esperanza María Cacabelos para el 27 de octubre de 1973. Hacía meses estaban enamorados y hacía años que habían jurado entrega, amor y pasión por un proyecto de país por el que la gran mayoría de los jóvenes de entonces soñaba. Aquel día en que contrajeron matrimonio nadie lo olvidaría. “El Edgardo y la Esperanza son soldados de Perón/ los gorilas tienen miedo/ tienen miedo al paredón”, cantaba con euforia una multitud en la puerta de la Parroquia Nuestra Señora de la Guardia de Florida del Padre Poli. La marcha peronista, religiosamente, resonaba una y otra vez. Era el clima de época. Hacía 15 días que Juan Domingo Perón había asumido su tercera presidencia.
La inolvidable primavera camporista había pasado y tras el último retorno de Perón la pareja se había arrimado hacía la izquierda peronista. En 1974, al año de casada, Esperanza daba a luz a su hijo Gerardo Ernesto (por Burgos y el Che Guevara). Y poco después, ya bajo la sombra de los militares, su vida se había tornado riesgosa. No por ello renunciarían a su actividad política. Y se quedaron. Su último espacio político había estado canalizado en Montoneros. La dictadura, que ya se había llevado a un puñado de compañeros, ahora iba por ellos. A las 22.40 del 12 de julio de 1976, el grupo de tareas 3.3.2. de la  Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) junto a fuerzas policiales tiró abajo la puerta de su departamento del piso 11 de Avenida Santa Fe y Fray Justo Santa María de Oro, en Palermo. Estaban junto a su hijo de apenas 2 años, que sobrevivió. Lo habían escondido envuelto en una frazada en la bañadera, y el destino quiso que no fuera apropiado. A ellos los mataron a los tiros. La misma suerte correría gran parte de su familia. Cecilia y José, hermanos de Esperanza, fueron vistos también en la ESMA. Hasta hoy, están desaparecidos. Ana María logró sobrevivir de allí. Y hoy puede contar esta historia. 

A 37 años, Ana María Cacabelos declaró en la causa unificada por los crímenes cometidos en la ex ESMA que lleva el Tribunal Oral Federal 5, en donde están citados 900 testigos por 789 casos y que tiene en el banquillo a 67 represores. Lo hizo por su detención, por el asesinato de su hermana y cuñado y por la desaparición de otros dos hermanos.

Cristianismo y revolución. José Cacabelos Muñiz y Esperanza de la Flor, un matrimonio que desde los años ´40 estuvo alineado con la Acción Católica y en donde llegaron a ser dirigentes, vivían sobre la ruta 8 y calle Cuba, en el partido de San Martín. Eran dueños de esa casa que habían obtenido gracias al plan de viviendas de Eva Perón. El primer peronismo no era ajeno a su fervor militante respecto de sus preceptos cristianos. Esto no sería igual, años después, cuando el enfrentamiento con la Iglesia ya no tenía retorno.
Su primera hija, Esperanza, había nacido el 14 de marzo de 1949. Luego llegarían cuatro más: Cristina, Ana María, José y Cecilia. Por cuestiones laborales del padre, la familia se mudó a Córdoba, en donde Esperanza terminó el secundario. Poco antes del Cordobazo, volverían; y Pachi, como le decían a ella, estudió en El Salvador el profesorado de Historia. Amaba la lectura y la política; ergo, de allí su compromiso social. Paralelamente, se sumó a un grupo jesuita vinculado con el movimiento tercermundista. Por caso, su referente había sido el cura villero José Pichi Meisegeier, conocido por su trabajo en Saldías y luego en Cristo Obrero, la iglesia de la villa 31 en donde vivió por 20 años hasta los ´80, en reemplazo del padre Carlos Mugica, que había sido asesinado en 1974 por la Triple A. La confianza era tal que había sido él quien la casaría poco después. Ella fue una de las que viajó con el grupo de Pichi a Entre Ríos, donde convivió en 1972 junto a los marginados trabajadores hacheros de quienes bien conocía todas sus luchas. Maestra en la primaria y profesora en todas las divisiones del Instituto Ceferino Namuncurá de Florida –escuela en la que también hubo varios pibes secuestrados– era “una joyita”. Así la consideran sus ex alumnos. 

En 1972, durante la dictadura de Lanusse, Pachi se incorporó a Montoneros junto a Edgardo, quien luego sería su marido. Aquel muchacho que la había conquistado por su trayectoria militante y su trabajo en las villas había vivido su infancia junto a sus nueve hermanos en el seno de una familia de clase obrera. 

Luego de haber estudiado Derecho e Historia en la UBA, su militancia había crecido por demás. En 1966 fue uno de los argentinos que llegó en un avión de Aerolíneas que desviaron hacia las Islas Malvinas, que se plantó e izó la bandera. Se trató del “Operativo Cóndor”, el mismo que recientemente la presidenta Cristina Fernández homenajeó con una vitrina en el Senado. Esa incursión le había costado la prisión por orden del entonces presidente de facto Juan Carlos Onganía. Delegado del gremio telefónico, uno de los más fuertes en la década setentista, Salcedo venía del Tacuara, tenía amistad con Carlos Dasso, con quien se formó con referentes como Hernández Arregui y William Cooke; y terminó en la JTP. 

Un regreso. Tras 17 años de exilio, el 17 de noviembre de 1972  era la vuelta no concretada de Perón. Bajo la lluvia, Esperanza y Edgardo, recién de novios, habían marchado. Luego, una seguidilla de hechos no haría más que hacerlos sentir que la revolución era cuestión de segundos. Y que ninguno de ellos era ajeno a la cuestión.
Cristina era la hermana que seguía; luego estaban Ana María y José Antonio, el único hombre de la familia y anteúltimo. También alumno del Ceferino, terminado su segundo año, el rector Norberto Salmerón lo invitó a buscar otro colegio. Le dijo que no le iba a renovar vacante sin mucha explicación. O, más bien, con muchas. José –“Jopo” para los amigos por sus rulos y peinados raros– había organizado el centro de estudiantes que nunca había tenido aquella escuela. No era poca cosa. José finalmente terminó el secundario en el La Salle. En su casa, hablaba mucho de política con Cecilia, la menor, que iba a la misma escuela. Sin desatender sus compromisos militantes, ella no dejaba de tejer al crochet, ni de cocinar  y escribir. Nacida el 25 de noviembre de 1958, tenía 15 cuando, durante un recreo, en su tercer año una amiga la sorprendería leyendo “La razón de mi vida”. No bien la descubrió, escondió el libro y cambió de tema. La chica de aspecto menudo, pecas y mirada profunda, un tanto tímida e irónica, por más que quisiese no pasaba desapercibida. 

El 20 de julio Perón regresaba para quedarse. Ana María, que no estaba encuadrada en un grupo, también marchó. Y José, que había pasado por Guardia de Hierro, desde entonces haría un giro a la Tendencia que se cristalizaría después de la tragedia que enfrentó a la militancia peronista. Ninguno pudo llegar a Ezeiza. Ana no lo olvida. Los disturbios, luego la muerte de Perón y las cacerías de la Triple A, habían sido una clara razón para que los hermanos se arrimaran hacía la izquierda peronista. Y así llegó la noche negra de la dictadura.

En ese contexto, los padres de los Cacabelos, si bien habían respirado política desde temprano, no asimilaban con naturalidad la causa de sus hijos. Tal vez imaginaban lo que se venía. 

A José lo secuestraron en la noche del 7 de junio de 1976 en la avenida Mitre e Hipólito Yrigoyen, en Florida. Tenía una cita a la que nunca llegó. Consta que estuvo en la ESMA. Y que en ese infierno, el 30 de septiembre de 1976, cumplió sus 19 años de edad. 

El 11 de octubre Cecilia fue secuestrada junto a Ana María. Estaban en el bar de Corrientes y Dorrego que se llamaba San Martín. Engañadas, el grupo de tareas se las había llevado encapuchadas hacia la ESMA.  Desde ese gran centro clandestino, a Ana la obligaron a llamar a sus padres y decir que estaba con amigas. 

Como se dijo, Esperanza y Edgardo fueron asesinados en su hogar. El empeño por la enseñanza y el sacrificio por los humildes, al parecer, simbolizaban un peligro para la seguridad nacional. Lo mismo se consideró de Cecilia y José, que aún están desaparecidos; y de Ana María que hoy cuenta esta historia.

Entre los responsables, además de los ya condenados y los que lo serán, resalta Jorge el Tigre Acosta, que en 2011, en la segunda etapa del juicio, consintió haber estado a cargo del operativo que tiró con saña a Edgardo y Esperanza. 

Promesas de un pingüino. “Señor Presidente, yo también formo parte de una generación diezmada. Soy hermana de dos desaparecidos que la ESMA se tragó: José Antonio y Cecilia Inés. Soy hermana y cuñada de Esperanza y Edgardo, muertos durante un procedimiento en un departamento de Palermo. Soy tía de Gerardo, su hijo, huérfano desde sus escasos dos años. Soy, en fin, sobreviviente de la historia más oscura y nefasta que el país haya vivido y de las consecuencias que nos trajo.” Así comenzaba la carta que le había enviado Ana María Cacabelos al entonces presidente Néstor Kirchner, con la esperanza de que fuera recibida y la certeza de que fuera leída. Nada más.
Corría la noche del jueves 25 de marzo de 2004. Anita, como la llaman, ya había terminado de cenar. Tomaba un café junto a su marido y sus dos hijas, Paula y Cecilia. De pronto, se oyó el teléfono. Una cálida voz de mujer preguntaba entonces por ella. Había atendido Paula, ahora de 27. En medio de un bullicio, la mujer decía:

–Dígale que el Presidente quiere hablarle.

Cuestión de segundos, Poly, como le dicen, creyó que se trataba de una broma. Pocas palabras para que, con un suspiro y una sonrisa un tanto tímida, procediera:

-Mamá… –y guardó silencio por un instante. Siguió:

-Es Kirchner –soltó. 

Anita, que tiene 58 años, quedó tumefacta. Se paralizó, sonrió, bromeó. Fue así que no bien tomó el teléfono, se puso de pie. Y, con apenas un hilo de voz, sólo atinó a decir: “Hola”.

Era el Presidente. Kirchner seguía hablando detrás del tubo. Le decía que no era sólo un presidente, sino un compañero. Que estaba emocionado, que admiraba su fuerza. Y sus palabras concluyeron con una firme promesa: “Confíe en mí, Ana. Habrá justicia y celebraremos todos”. 

Ana sabe que lo imposible sólo tarda un poco más. Hoy espera la condena. Y, de esta forma, poder cerrar un pedacito de todas esas heridas que la larga noche de la dictadura quiso dejar para siempre.

               
Fuente: Revista Veintitrés.