domingo, 24 de febrero de 2013

"JAMAS LA HUMANIDAD CONOCIO LA DEMOCRACIA, NI SIQUIERA LOS GRIEGOS"

El libro Transiciones desde un Gobierno Autoritario, escrito en 1986 por Philippe Schmitter, Guillermo O’Donnell y Lawrence Whitehead, cumple 25 años de pura influencia en procesos democráticos tan disímiles como el de Argentina, Corea o Sudáfrica. El politólogo estadounidense habló sobre la “democracia realmente existente” y la e-democracia.
 
Por Exequiel Siddig
      
En los 90, Guillermo O’Donnell y Ure (tal su nombre completo) era conocido en los pasillos de Sociales como “el Mick Jagger de la Ciencia Política”. Sus textos eran puro brit rock: gráciles, apabullantes, ineludibles. Un verdadero intelectual orgánico en el exilio, que escribía desde Estados Unidos en la Universidad de Yale (doctorado en 1985), Standford y Notre Dame. Un exilio que se prolongó por 30 años, desde 1978. Los estudiantes argentinos durante el menemato no podían aprobar los parciales si no sabían las características del “Estado Burocrático-Autoritario”, la calidad insuficiente de la “democracia delegativa” o cuáles eran las “zonas marrones” en América latina. Sin embargo, el hito fundacional que lo elevó al grado de celebrity intelectual en todo el mundo fueron los cuatro volúmenes de Transiciones desde un Gobierno Autoritario. Conclusiones tentativas sobre las democracias inciertas, escrito en coautoría con Philippe Schmitter y Lawrence Whitehead desde 1979 a 1986.
El libro fue de una intuición inusitada. Cuando comenzaron, se proponían terciar en el devenir de los nuevos regímenes democráticos que asomaban en el sur de Europa bajo el peligro de una regresión autoritaria. En 1974, la Revolución de los Claveles había dado por tierra la dictadura portuguesa de Salazar; la Junta de los Coroneles había caído en Grecia tras la bochornosa invasión a Chipre. Además, luego de una dictadura de más de 40 años, Juan Carlos I había asumido como rey de España a fines de 1978. Eso era casi todo, con eso empezaron, porque América Latina todavía se desangraba bajo el yugo del Cóndor. Cuando terminaron, Gorbachov ya había empezado con la glasnost, y Argentina y Brasil con sus primaveras.
“El libro fue un acto político para erosionar a esos regímenes autoritarios que odiábamos”, recordó O’Donnell en el encuentro con su ex socio que la Sociedad Argentina de Análisis Político (Saap) organizó junto a la Fundación Osde el 27 de julio pasado. Fue para celebrar la disertación “Democratización y democracias: a veinticino años de la tercera oleada democratizadora”. Carlos H. Acuña, quien los presentó, abonaría el mito de los tipos audaces. “En 1979, las crisis de los autoritarismos eran una especie de blanco móvil en la academia: había pocos casos y para colmo poco estudiados”.
Si O’Donnell representaba la soberbia de “los chicos malos”, Schmitter podría haber sido el Lennon de la politología norteamericana. Ex pintor, su tesis del Darmouth College en 1959 había sido sobre el Movimiento 26 de Julio, la resistencia cubana liderada por Fidel Castro, a quien podía jactarse de haber contribuido con unos pesos un par de años antes, cuando estudiaba artes en la Unam y trabajaba con un grupo de muralistas del México DF.
Schmitter y O’Donnell se encontraron a mediados de los ’70 como miembros del Programa Latinoamericano del Woodrow Wilson Centre, “un centro terriblemente reaccionario” –según el argentino– pero en el que gravitaba Abraham F. Lowenthal, un académico favorable a la política de derechos humanos de Jimmy Carter y que apostaba por el proyecto.
Schmitter por entonces ya era un consumado joven profesor de la Universidad de Berkeley, formado previamente en Ginebra y con una tesis doctoral sobre políticas de desarrollo en Brasil (1930-65), escrita bajo la anhelada tutoría de Seymour Martin Lipset.
Para enero de 2010, el Journal of Democracy pidió al intelectual estadounidense una retrospectiva, a la que tituló “25 años, 25 hallazgos”. Allí vuelve sobre su concepto de “democracias realmente existentes”, que se identifican por ser regímenes que se piensan a sí mismos como democráticos, que son aceptados como tales por el club de países democráticos a nivel mundial y que cumplen con los mentados requisitos con que Robert Dahl describió a las “poliarquías”: fuentes alternativas de información al alcance de la mano, libertad de asociación y organización y elecciones periódicas libres y justas, entre otros.
Con una cervecita bien helada en el microcentro, Miradas al Sur compartió un almuerzo con Philippe Schmitter, que habló sobre la perspectiva de la democracias latinoamericanas a años vista de su recuperación, cómo fueron las cosas en la Europa oriental –región de la que se convirtió en especialista– y de porqué Argentina debería probar con “el voto inteligente”.
En debate con la mentada teoría de la “poliarquía” de Robert Dahl, usted habla de “democracias realmente existentes”. ¿Podría definir esa noción?
–Hay dos maneras de definir la democracia. Una es académica: básicamente se intenta identificar cierta clase de propiedades definidas en una teoría y corroborar si un país las cumple o no. La otra es simplemente preguntar qué país se considera a sí mismo democrático y se sale con la suya, por así decir. En otras palabras, ¿los demás países lo aceptan como democrático? Jamás la humanidad ha conocido la democracia, ni siquiera los antiguos griegos. Lo que tenemos es una aproximación, “democracias realmente existentes”.
–¿Y cuáles son sus premisas, sus límites?
–Bueno, aquí es donde disentimos con Guillermo. Para mí, la frontera está definida por el mundo política real, no por los académicos. La mayoría de los Estados tienen democracia, hoy día. Puede ser que sea una democracia débilmente constituida, pero es una democracia al fin. Más o menos se corresponde con los criterios de poliarquía de Dahl: libertad de prensa, elecciones regulares, etc. Lo importante es: piénsate como democrático, y si los otros países que también se piensan a sí mismos como democráticos te aceptan en su club, pues eres democrático. Está plagado de democracias disfuncionales alrededor del globo –corruptas o lo que fueran–, pero eso no las hace ser no-democracias, sino democracias cualitativamente pobres. Aun así, siguen sosteniendo una serie de reglas que son aceptadas por una amplia pluralidad de actores políticos, que a su vez esperan continuar participando bajo el halo de esas reglas. No son grupos revolucionarios, no están tratando de torcer la legalidad a través del uso de la violencia. Pueden quizá perseguir cambiarla, pero lo hacen a través de las reglas existentes. Para mí, esa es un democracia realmente existente, allí está el umbral.
–¿En qué medida el Pacto de La Moncloa sirvió de modelo o influyó a las transiciones democráticas de América latina?
–Simbólicamente la importancia de La Moncloa fue insoslayable, pero nunca pudo producir los resultados económicos que se fijó. Si revisáramos la letra del pacto, veríamos que se proponían bajar las huelgas y la inflación, mantener los salarios bajos, etc. En efecto, redujeron las huelgas, pero ya venían en picada antes de la firma del acuerdo. Lo interesante es que el Pacto de La Moncloa se convirtió en el símbolo porque fue aceptado por una amplia gama de partidos, incluyendo al Comunista. Chile y Uruguay se ciñeron al modelo, pero no Argentina, donde hubo entre radicales y peronistas “un pacto para no pactar” con los militares.
–Bueno, lo conocido: aquí los militares salieron por el patio trasero luego de la derrota en Malvinas. Lo notable es que de algún modo, América del Sur y buena parte de América Central consolidaron sus democracias. Aunque si se piensa en Colombia...
–Cuando comenzamos a escribir el libro con Guillermo, presumíamos que como las cosas no habían cambiado en mucho tiempo, había una fuerte probabilidad de que aquella vez también fallara. De 83 intentos democratizadores en América latina entre 1900 y 1975, dos de cada tres habían fallado. Para mi gran sorpresa, ni uno solo de los países que se democratizaron luego de ese período volvió a un régimen autocrático. Es cierto que surgieron problemas, algunos quizá no sean democracias consolidadas. Es decir, hay una gran incertidumbre respecto de las reglas.
–¿Cuál sería un ejemplo de democracia “no consolidada”?
–Claro que hoy tenemos el golpe en Honduras, pero para mí el ejemplo más notorio es Bolivia. Recién han creado una serie de reglas nuevas, pero todavía no se sabe si éstas –especialmente las que empoderan a la población nativa– terminarán por ser observadas y aceptadas por todos los bolivianos, incluidos los de la resistencia conservadora de Santa Cruz. Bolivia no es un régimen híbrido, mucho menos una autocracia; en la actualidad es una democracia floreciente con mucha movilización popular, gente interviniendo en asuntos políticos... Bueno, en realidad eso debería ser la democracia. Pero insisto: todavía las reglas del juego no están claras, esa es la diferencia con una democracia plena. En el mundo, hay sonados casos que todavía no han podido torcer la taba y que han tenido reversiones autoritarias. Tailandia es un ejemplo reciente; un caso típico de una democracia no consolidada, en este caso una “democradura”. La presidencia no hubiera resistido en el poder si no hubiera contado con la capacidad represiva del ejército.
–En América latina poco se habla o se han comparado los procesos de democratización en países como Polonia, Hungría o Albania, de los que poco se sabe.
–Bueno, la primera gran división que habría que hacer es entre aquellos países post comunistas que tuvieron una independencia política previa y los otros que eran repúblicas de la Unión Soviética, tales como Bielorrusia, Ucrania, los países de Asia Central y las tres repúblicas bálticas. De modo que allí se estableció bruscamente una línea desde el oeste hacia el este. Ahora, esa línea adquirió relevancia, una vez que la transición tuvo lugar, por la Unión Europea. Al principio, la UE había respondido de manera escéptica, con lo que anunció que sólo consideraría como candidatos para entrar a los países listados en la primera categoría: Polonia, Hungría, Checoslovaquia. Luego, en una decisión que nadie comprendió cabalmente –pero de acuerdo a mis informantes tiene mucho que ver con los intereses de Alemania– , decidieron aumentar el número de plazas de 3 a 10, incluyendo las repúblicas bálticas (Lituania, Letonia y Estonia), Bulgaria, Rumania y Eslovaquia. Ese grupo tuvo ciertas garantías de que iba a ser incluido en un futuro cercano dentro de la UE. La UE a su vez le derivó una fortuna, le traspasó su expertise, a razón de que se adecuaran a las condiciones políticas trazadas en los Criterios de Copenhague. El otro grupo es lo que quedó luego de la desintegración de la federación de Yugoslavia. Todos –salvo Eslovenia– se desintegraron con enormes dosis de violencia. Pero la ironía del asunto es que en ese momento Yugoslavia no era un país realmente comunista; ya había adaptado su economía a la de Europa occidental. Tenía una enorme cantidad de trabajadores en Alemania que militaban en movimientos de liberación. Los yugoslavos se movían por toda Europa pidiendo y aceptando trabajo en diferentes sitios. Esa situación era inimaginable dentro de la URSS. Yugoslavia era un país semisocialista con propiedad privada.
–Obra de Tito.
–Bueno, Tito tuvo más éxito de lo que él mismo aceptaba, pero eso se llevó a cabo cuando murió. Volviendo al punto, El tercer grupo de países era el de los Balcanes, que solía incluir a Rumania y Bulgaria, pero que fueron incluidos en esos famosos diez candidatos a la UE. En tal sentido, las transiciones a la democracia en eduropa oriental dependieron esencialmente del grado de conflicto armado o guerra civil en que se sumieron esos Estados luego de la caída del Muro.
–¿Qué piensa de la “libertad de prensa”? Es uno de los requisitos de de la poliarquía, pero hoy está en discusión en todo el mundo.
–Robert Dahl habla de libertad de prensa, pero no especifica a qué se refiere. Una cosa es decir que la prensa está exenta de cualquier tipo de censura en sus contenidos, y otra es hablar de la propiedad y de los dueños de la prensa, cuestión que Dahl no aborda. En Italia, por caso, hay libertad de prensa, pero la televisión y la mayoría de la prensa escrita están controladas por el presidente Berlusconi. ¿Es eso libertad de prensa? Desde la perspectiva de la poliarquía sí, pero desde el punto de vista de la democracia realmente existente se trata de un una democracia manipulada, en tanto dos de los canales estatales pertenecen a Berlusconi.
–¿El tema pasa más por la televisión que por la prensa?
–Cualquier europeo común medianamente socialdemócrata diría que para que exista libertad de prensa se necesita de la televisión pública. De hecho, los países europeos tienen canales estatales poderosos, como la BBC de Londres. Estados Unidos, México y Argentina no tienen libertad de TV porque no está balanceada la estructura de la propiedad de los medios. El caso argentino es más sintomático, puesto que Clarín tiene un canal de televisión, lo que está prohibido en Estados Unidos.
–Usted dice que la calidad de la democracia está emparentada directamente con la clase política profesional que puede formar. Y que en esa falla radica el desencanto actual por la democracia. ¿Por qué?
–Ahí radica el debate académico: qué define una democracia de baja calidad. Por mi parte, lo que trato de hacer es evadir la discusión por la substancia. Nada hace suponer que una mejor democracia mejore el nivel de vida económico de la gente. Puedes tener una democracia que funcione de maravillas, y gente que concuerde y aun que promueva la inequidad del ingreso. De modo que trabajo con criterios democráticos basados en un solo concepto: accountability. El corazón de la democracia consiste en ciudadanos que sostengan las reglas con responsabilidad, que vigilen al poder político. En algunos países, se pensó que la competencia entre partidos garantizaba la accountability. Pero los partidos no funcionan de ese modo; los políticos forman una clase. Se necesita a la sociedad civil y a la prensa, puesto que puede multiplicar el efecto de vigilancia sobre el poder al hacer las cosas públicas en gran escala. Accountability es la sociedad civil acopiando información, revelándola a la prensa para producir un efecto multiplicador. En ese sentido, Internet es increíble, porque nadie la controla. Es la e-democracia. De hecho, ustedes en Argentina deberían probar con el “voto inteligente”.
–¿Cómo es eso?
–Cada candidato a un puesto gubernamental llena un cuestionario de 35 preguntas. Hay una serie de campos: educación, inmigración, etc. Luego, usted como ciudadano llena el mismo cuestionario y la computadora comparará qué candidato se ajusta con mayor afinidad a sus preferencias. También le dirá si los candidatos del mismo partido concuerdan entre sí. En las elecciones para el Parlamento europeo –en las que uno puede votar a cualquier partido de cualquier país, independientemente de su nacionalidad–, respondí el cuestionario y descubrí que el partido más ligado a mis preferencias era el Partido Pirata de Finlandia, algo que jamás podría haber imaginado de antemano.
 
LA PASIÓN SEGÚN MAQUIAVELO
La noche en que Philippe y Guillermo entregaron la última versión de su libro, el porteño se cayó en la bañadera y se quebró una pierna. “¿Siempre tiene que haber una tragedia en el medio, para los argentinos?”, lo chanceó el norteamericano, al regreso del hospital. En el encuentro que mantuvieron hace dos semanas en el Auditorio de la Fundación Osde, a 25 años de aquel hito académico, se los pudo apreciar todavía cómo ese matrimonio de “transitólogos” que aun a la distancia se acucian, discuten y pelean con la misma pasión de siempre, pero que en definitiva se aprecian. Su público supo que habría chispazos de inteligencia, de modo que el salón rebasó.
El presentador, Carlos H. Acuña, midió la relevancia del libro en cuatro rupturas teórico-metodológicas. Dijo que por primera vez se atendían los aspectos idiosincráticos y las coyunturas nacionales para entender la posibilidad democrática: “Demostraron que nada funciona en todas partes, que no hay recetas universales”. En tal sentido, el libro abandonaba la búsqueda de prerrequisitos para la democracia; acentuaba la cultura cívico-democrática como un constructo en gestación más que como una condición a priori. Además, estaba reñido con perspectivas teleológicas y establecía una lógica “tentativa” de las transiciones nunca antes descripta, enhebrando la relación entre el polo autoritario y el democrático.
Admirador de Maquiavelo, en la actualidad Philippe Schmitter vive en Florencia. Allí es profesor emérito del Instituto Universitario Europeo. Constantemente viaja también para dar clases en la Universidad París 1, Ginebra, Zurich, Mannheim, Lisboa, entre otras. En 1969 fue profesor visitante de Buenos Aires para el Intal del BID. Desde fines de los ’80, se dedicó a estudiar el proceso de integración de la Unión Europea, focalizando en la consolidación de las democracias emergentes del sur y el este de Europa, además de analizar la posibilidad de una democracia posliberal en Amércia del Norte y Europa occidental.
Tan comprometido estuvo con las transiciones democráticas, que desde hace diez años cobija una pareja de refugiados albaneses en su casa, que acaban de tener un hijo. Con Albania tiene un apego especial. Es miembro fundador de la Asociación de Ciencia Política de ese país.
Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Berkeley (1968), en su vasta carrera Schmitter ha sido galardonado con varios premios y becas, entre las que se cuentan la Guggenheim (1978) y el Johan Skytte Prize de la Universidad de Upppsala (2009). Entre las publicaciones dedicadas al Viejo Continente se destacan: Come Democratizzare l'Unione Europea e perché (2000); El Futuro de la Democracia en Europa. Perspectivas, análisis y reformas (con Alexander Trechsel, 2004), para el Consejo Europeo.
Una anécdota pinta de cuerpo entero al artista nómada, al Lennon que es Schmitter en la Ciencia Política.
–¿Usted estudió en México, luego fue a Ginebra, se doctoró en Berkeley y eligió Brasil para su tesis. ¿Qué le interesó de la América latina de fines de los ’60?
–En 1960 estaba preparando mi examen para entrar en la Universidad de Ginebra, donde estudié la carrera de grado. Fui a Venecia, porque mi novia tenía un departamento allí. Pasamos dos semanas preparando exámenes. Pero justo se celebraba la Bienal de Venecia, que ese año estaba dedicada a Brasil. Así que fui y me quedé maravillado con su arte, con su música. Me di cuenta de que era un país completamente diferente a México, que era mucho menos autoritario, mucho más abierto. En Berkeley formé parte del movimiento contra la guerra de Vietnam. Pero lo único que quería era vivir en Brasil. Así que elegí el país donde quería vivir y recién después elegí el tema.

Fuente: Miradas al Sur

"NI A PALOS A DEFENDER MILICOS, GENOCIDAS Y APROPIADORES O A TRANSAR CON ELLOS"

Por Julia Mengolini y Federico Scigliano.
 
Ponele que te pisa un Audi cuando cruzabas por la senda peatonal. Necesitás un boga, llamás a un estudio y te mandan a este pibito. “Que me lo cambien –pensás- este se acaba de recibir, el del Audi va a contratar a Burlando y me van a volver a pisar”. Bueno, sos un nabo prejuicioso. Alan Iud tiene 29 pirulitos y es el jefe del equipo jurídico de Abuelas de Plaza de Mayo, es decir, tiene a su cargo nada menos que la causa Herrera de Noble. Y se la re banca.
 
 
 
-Sos abogado de Abuelas y sos más jóven que los nietos que ellas buscan, ¿qué te pasa con eso?-No lo había pensado. De hecho, en el equipo jurídico de abuelas yo soy el más grande y no pensamos en eso especialmente porque actuamos como abogados representando un interés que es el de las Abuelas que quieren encontrar a sus nietos. Es ínsito a la función representar intereses de terceros que pueden ser más grandes o más chicos. Con respecto a los nietos, siendo de la misma generación, podemos llegar a entender códigos o situaciones, tener un diálogo más llano con algunos nietos restituidos, tener determinadas relaciones que después te permiten comprender, por ejemplo, algunas posiciones de los que no se quieren analizar, que son con los que nosotros trabajamos en el equipo jurídico. Los abogados intervenimos cuando no hay una voluntad de analizarse. Si no, se acercan a Abuelas y después nosotros intervenimos en el aspecto punitivo, en la búsqueda de justicia.
-¿Hay algún motivo de por qué el equipo jurídico de Abuelas es tan joven?-Abuelas tuvo siembre muchos abogados a lo largo de su historia y fueron variando de acuerdo a las épocas. En los 80 tuvo un montón, en los 90 cada vez menos, en un momento hubo un vacío y en el momento en que se estaban reabriendo los juicios se armó un nuevo equipo con Luciano Hazán. Creo que el equipo joven se dio más naturalmente. Aunque en La Plata y en Rosario los abogados también son jóvenes. Algo debe querer decir que en tres filiales donde hay mucho trabajo de Abuelas los equipos jurídicos sean de abogados jóvenes. Creo que responde no tanto a una decisión de la institución sino, tal vez , a procesos del país donde los profesionales de una generación mayor desarrollaron su carrera en un momento en que no estaban dadas las condiciones para que estos juicios avanzaran.
-¿Tiene algo de militante tu laburo en Abuelas?-Todos los que trabajamos en Abuelas tenemos un compromiso que excede en mucho lo laboral, nadie asume esto como un trabajo simplemente. Hay una identificación y un compromiso que evidentemente tiene una cuota muy importante de militancia. Trabajar acá requiere no sólo de una formación jurídica sino de un perfil determinado como profesional que creo que fuimos armando a través de distintas experiencias de militancia. No quiero hacer un reclamo salarial a través de la entrevista, pero obviamente cuando uno elige trabajar en un organismo de derechos humanos asume que va a cobrar menos que en el sector privado o en el Poder Judicial, por ejemplo. En ese sentido, ese compromiso es indispensable porque una persona que asumiera esto simplemente como un trabajo va a quedar muy lejos de cumplir con la responsabilidad que implica.
-Entre muchas cosas, los 70 fueron una lucha generacional, y de hecho la imagen de tipos de 60 años torturando pibes de 20, es un escena muy repetida. Esa cuestión generacional, ¿se repite en Tribunales con jóvenes de 30 litigando contra abogados de 60, de renombre y trayectoria que defienden a los genocidas?- En el esquema es cierto, se reproduce un poco eso porque en todos los organismos hay muchísimos abogados jóvenes.
-¿Qué pasa en esas instancias? ¿Te mira diferente el juez?- Los jueces y los tribunales respetan a cada uno de los abogados por la seriedad del trabajo que hacen. Y me parece que mucha gente joven se ganó ese respeto. Obviamente que la juventud por sí misma tampoco te lleva a que seas mejor. Nunca me pasó que un juez me pregunte la edad, pero te das cuenta que puede haber una mirada distinta. Y con los abogados que son la contraparte, para nosotros es indistinto la edad que tengan o su trayectoria. Algunos de los que defienden a los represores vienen desde la década del ochenta. Sí podemos decir que ya nadie les tiene respeto desde lo ético, creo que desde lo profesional tampoco. La mayoría de ese tipo de abogados son bastante malos desde lo técnico, por ejemplo, Solari es un mamarracho, me gustaría tenerlo en todas las causas. Ahí uno ve cómo en la abogacía hay mucho mito sobre la tarea del abogado. En la causa Herrera de Noble intervienen abogados de estudios muy importantes y la verdad que nosotros no nos sentimos menos si bien este es un proceso abierto que excede mucho lo que puedan plantear los abogados. Pero me parece que ellos cometieron algunos errores importantes, casi de principiantes. Desde lo estratégico y desde lo formal, como olvidarse de firmar unas apelaciones. ¡Es lo básico!
 
-¿Por qué estudiaste derecho?-La verdad es que siempre lo tuve como una vocación, desde chiquito. Me resultaba muy estimulante poder asumir la posición de una persona que pueda necesitar una suerte de defensa. En ese sentido me parece que lo que hacemos acá en Abuelas nos permite congraciarnos con la vocación, con el motivo por el cual elegimos estudiar Derecho. Esta profesión no siempre va de la mano de la justicia o de representar intereses que merezcan protección genuinamente. Tiene una faceta muy comercial en su faz liberal y acá tenemos la posibilidad de intervenir de esa forma que uno se imaginaba de chico, pero que no tenía muy claro cómo ni qué. Al final, tenía que ver con defender causas justas, para no decir “nobles” (jajaja). Y en este sentido yo personalmente estoy muy contento. En el caso de Abuelas, hay un plus que es que tenemos la posibilidad de hacer algo que supuestamente está en los fundamentos teóricos de la justicia y que muy pocas veces se da, que es reparar las violaciones a los derechos humanos, y puntualmente acá es restituirle la identidad a una persona o imponer una condena a un represor. Ayudar a que una abuela encuentre a su nieto es una reparación quizá no completa pero es una reparación que excede cualquier tipo de compensación económica que es la habitual en la justicia para cuando hay una violación de un derecho. La gratificación que tiene poder sentir que contribuís en eso no tiene comparación, son días en los que renunciaríamos al sueldo.
- ¿Qué te pasa cuando tomás dimensión de la causa Herrera de Noble y los múltiples intereses que la atraviesan? ¡Tal vez en 10 años estés haciendo divorcios!-Puede sonar a frase hecha o a un cliché, pero para nosotros es tan importante como otras causas donde hay personas que no se quieren analizar, o casos donde ya tenemos un análisis y buscamos que haya justicia. Desde ese lugar tratamos de no asignarle una importancia adicional porque el objetivo de Abuelas es saber si esos son hijos de desaparecidos, como en tantos otros casos. Entonces, desde ese lugar, eso no lo podemos distinguir. En indudable que esta causa tiene mucha más repercusión porque la sociedad está pendiente, pero lo primero que tratamos de hacer es no pensarla como una causa más importante, si bien ahora es inevitable que nos lleve mucho más esfuerzo y dedicación porque hay abogados del otro lado que están batallando como quizás no batallan otros y hay una cantidad de recursos puestos para que no se sepa la verdad que exceden los de cualquier otro caso. En ese sentido, quizás nos lleva el doble de atención. Pero también hay una institución que nos respalda y que tiene esquemas para dar respuesta a muchas situaciones que exceden lo jurídico sobre las cuales uno puede descansar. De todas formas, si algo aprendimos es que no hay situaciones irreversibles ni abogados invencibles. Que estén Cavallo o Carrió como abogados de Ernestina, Marcela y Felipe no nos cambia mucho. Y si al principio teníamos una precaución adicional por eso, ya se nos fue.
-¿Cuál es el estado actual de la causa?-Ahora la situación es bastante clara: el análisis que se hizo fracasó porque las prendas tenían el ADN de varias personas. Para nosotros quedó descartada la hipótesis de que haya sido algo accidental y también de que haya sido producto de alguna impericia del Banco Nacional de Datos Genéticos. Entonces, en este momento estamos en la misma situación que al 28 de mayo que fue el día que se hizo el procedimiento en el cual se obtuvieron las prendas. Hay una orden de obtener el ADN, está en manos de la jueza Arroyo Salgado decidir cómo obtenerlo, si por la vía de la extracción compulsiva o si va a utilizar las muestras de sangre y saliva que se obtuvieron en diciembre por el cuerpo médico forense, o si va a ordenar realizar un procedimiento similar al de mayo. La fiscalía hizo un pedido para que se utilicen las muestras obtenidas por el cuerpo médico forense. A nosotros nos parece que es viable ese estudio siempre que se den determinadas condiciones y que se vayan superando determinados recaudos que tienen que ver con la conservación de los sobres y con que haya una correlación del perfil genético que se obtenga de esas muestras con alguno de todos los que aparecen en las prendas. Porque en la ropa había perfil genético de varias personas que no se pueden separar en la medida que uno no tenga un patrón. Entonces, si de la sangre sale un perfil genético, tiene que haber uno en la ropa que coincida con eso. Hay determinados puntos que elevarían la credibilidad de ese estudio. Si se dan esas condiciones, lo vemos como viable. Además, si ese estudio fracasara, se puede recurrir a otras medidas.
-¿Qué chances hay de ordenar una extracción compulsiva de sangre?-Tampoco podríamos confiar del todo en eso porque haciéndose una transfusión en los días previos, tampoco se podría obtener un perfil genético. Es una de las dudas que se tienen con respecto al estudio de diciembre, aunque en el caso de Marcela hubo además un isopado bucal. La chance es concreta especialmente si fracasa este estudio alternativo porque la ley y la Corte Suprema exigen que antes de llegar a una medida como esa se descarten las posibilidades alternativas de obtener ADN.
-Son medidas de última instancia.-Exacto. El criterio que fijó la Corte en la causa “Prieto” es que cuando se investiga apropiación de niños y la víctima no se quiere analizar, el análisis se tiene que hacer igual. El ADN se tiene que obtener por medios alternativos a una extracción de sangre porque la causa no se puede cerrar. Además, ellos se sometieron a una extracción de sangre en diciembre, entonces no pueden alegar que esto produzca una lesión en su integridad física. Lo que ellos plantean como derecho es un supuesto derecho a no conocer la propia identidad que encuadran dentro del principio de autonomía de la persona y esto es lo que entendemos que la Corte rechazó. ¿Tengo derecho a que no se conozca mi identidad? No, eso no. A lo que sí tengo derecho a querer ejercerla o no.
-Uno podría llegar a comprender a Felipe y a Marcela en tanto Ernestina, su “madre” puede ir en cana.-Sí, es una posibilidad porque esta es una causa penal y hay sobre ella una imputación. Seguramente la mayor parte de la resistencia tenga que ver con eso. En la mayor parte de los casos en los que los nietos no se quieren analizar es por la posibilidad de que quien los crió vaya preso. Y ahí vemos la importancia de que sea la Justicia la que avance con independencia de la voluntad de esa persona. Porque si no estás transformando a esa persona en “responsable” de la eventual condena que pueda obtener su apropiador. Los apropiadores hacen esa transferencia de culpa. Eso refuerza que se tenga que avanzar independientemente de su decisión, si no se deja a la persona en una dicotomía terrible de resolver.
-¿Qué pensás que puede llegar a pasar en el país cuando se resuelva?- Si el resultado fuera positivo tal vez se pueda reconstruir una parte de la historia que hoy falta. Pero va a haber un sector importante de la población que no lo va a creer. Y si hubiera un resultado negativo, otro sector no lo va a creer. También podría haber incorporaciones futuras de familias al Banco, ellos plantearon que no aceptan que su ADN quede ahí para comprobaciones futuras pero es lo que se hace en todos los casos y en ese sentido, saber qué va a pasar en el país es difícil. A nivel judicial, tanto Herrera de Noble como otras personas, van a tener que brindar explicaciones.
-¿Cómo te imaginás la tapa de Clarín del día siguiente?-Me imagino que van a pedir una contraprueba, que van a poner en duda el resultado.
-¿Qué hay sobre las dudas planteadas sobre el Banco Nacional de Datos Genéticos?-Para nosotros quedó descartado. Ellos vienen planteando, a través de los medios del Grupo, dudas sobe el Banco direccionadas a que podría fraguarse un resultado, a que no se cuenta con el material genético suficiente. Más que dudas es una ofensa porque las Abuelas quieren encontrar a sus nietos, no al nieto de otra persona. Además las dudas quedaron descartadas por sus propios peritos, no tiene correlato con la realidad, es sólo una estrategia para tratar de dilatar el análisis.
-¿A qué le decís Ni a palos?-Ni a palos a defender milicos, genocidas y apropiadores, o a transar con ellos.
 
Fuente: Suple Ni a palos!

MONJA RECORD: PASO EN UN CONVENTO 84 AÑOS Y SALIO PARA CONOCER AL PAPA

La hemana Teresa vive encerrada en un monasterio español desde 1927.
 
 
 
 
Sor Teresa ha cultivado varios dones a lo largo de su vida: la paciencia, la serenidad, el silencio. Aprendió a descubrir la belleza en esos muros de piedra arcaica que la cobijaron a los 19 años por primera vez y para siempre. Está convencida de que sólo a través de las decisiones honestas –es decir, evitando caer en la trampa del autoboicot– es posible acceder a la felicidad. El camino es, sin dudas, la vocación. Dice: “¿De qué otra manera podría haber pasado 84 años encerrada dentro de este convento? ¿Quién puede estar aquí tanto tiempo si no es feliz?”.
Tiene, ahora, 104 años y es la monja que más tiempo ha pasado en clausura en todo el mundo. No ha salido del monasterio donde vive –el Convento de Buenafuente del Sistal, en Guadalajara, España– desde 1927. No fue necesario: para Sor Teresa, como para cualquier religiosa consagrada a la vida monástica, no se trata de un encierro, sino de comprender, custodiar y defender con firmeza esa vocación de separarse del mundo para dedicar la vida a la oración contemplativa: así, todos los santos días.
Pero ha llegado, sin embargo, un momento clave: una licencia de extramuros o, a más simple, la posibilidad de tomar contacto con el mundo abandonado al menos por un rato. Valeria –el nombre real de Sor Teresa– rompio el encierro en agosto pasado, cuando el Papa Benedicto XVI arribo a España para celebrar la Jornada Mundial de la Juventud. No sólo los medios españoles dieron cuenta del caso: la historia de vida de esta mujer dio la vuelta al mundo.
Sor Teresa pasó su infancia en la sierra madrileña y se fue con las monjas para satisfacer un pedido de su propio padre. No llegaba a los 20 cuando se despidió del mundo común e ingresó en un nuevo mundo, menos prosaico, de cultos y misterios de fe.
Sor Teresa es incluso caso de estudio en un libro de reciente aparición sobre la vida de nueve monjas de clausura llamado “¿Qué hace una chica cómo tú en un sitio cómo éste?”. En esas páginas habla de la “ riqueza interior y la felicidad” que supone la vida contemplativa y afirma: “Cada uno es feliz en su profesión. La felicidad se siente siguiendo cada uno su vocación. Eso sólo lo sabe quién lo vive”.
 
Fuente: Clarin.

GUANTANAMO, LA PESADILLA CONTINUA

Omar Ahmed Khadr tenía 15 años cuando fue capturado en Afganistán por tropas estadounidenses. Después de ser torturado en la base militar norteamericana de Bagram, Omar fue trasladado, maniatado y encapuchado, a la prisión de Guantánamo.
 
Por Roberto Montoya
 
Ocho años y muchos interrogatorios, torturas y humillaciones después, uno de los tribunales militares creados en 2002 por George W. Bush ha comenzado a juzgar a Omar en estos días. De poco ha servido a este joven que el juicio se iniciara con Barack Obama ya en el poder. Han pasado 19 meses desde que Obama prometiera cerrar la prisión y Omar sigue en Guantánamo, como siguen los tribunales y los juicios militares que Obama suspendió sólo por unos meses al llegar al poder.
Omar podría ser condenado a cadena perpetua, y aun en el improbable caso de que fuera absuelto, podría permanecer en la cárcel por tiempo indefinido, según estipula la versión actualizada hace pocos meses del Manual de Comisiones Militares. Omar Ahmed Khadr, nacido en Toronto, Canadá, cuarto hijo de un integrista egipcio, Ahmed Khadr, y de una palestina, vivía en 2002 con su familia en un campamento en Afganistán. En los años ’90, cuando Estados Unidos apoyaba y armaba a los talibán y a otros mujaidines que combatían a las tropas rusas ocupantes de Afganistán, su padre sintió también el llamado de la yihad, de la guerra santa, y decidió mudarse con toda la familia desde Canadá, donde residían, a Peshawar, en Pakistán, donde creó varias ONG de ayuda a los refugiados afganos. Según Estados Unidos, eran organismos de Al Qaeda. Poco después todos se trasladarían a Afganistán.
En octubre de 2001 los talibán ya habían dejado de ser aliados contranatura de Washington, y Estados Unidos y sus aliados lanzaron contra ellos tras el 11-S una devastadora guerra por tierra y aire, en represalia por refugiar en territorio afgano a Osama bin Laden y sus huestes. El 27 de julio de 2002, en una de sus numerosas operaciones militares, tropas de Estados Unidos cercaron el campamento donde vivía la familia Khadr, en Khost, cerca de la frontera paquistaní. A Omar se lo acusa de haber participado en la defensa armada del campamento y de haber matado en combate con una granada al sargento estadounidense de las fuerzas especiales Christopher Speer, aunque documentos internos del Pentágono conocidos en 2008 reflejaban la falta de certeza de que hubiera sido él quien la arrojara. El entonces adolescente resultó gravemente herido en ese enfrentamiento (imágenes y una carta suya a su abogado, en http://www.javierortiz.net/voz/samuel/carta-de-omar-khadr-desde-guantanamo).
Violando todas las normas internacionales, el Pentágono envió en 2007 a Khadr ante un tribunal militar y el Tribunal Supremo hizo caso omiso de sus denuncias sobre los maltratos sufridos y de la indefensión total en la que estuvo desde que fue detenido (declaración suya, en http://i.cdn.turner.com/cnn/2009/images/02/08/khadraff.affidavit.pdf).
Un juez militar dictaminó días atrás que el tribunal o comisión militar podrá aceptar como válidas las declaraciones de Khadr realizadas bajo amenazas y torturas mientras estaba incomunicado y sin apoyo legal alguno. Según el alegato hecho ante los siete oficiales del jurado por el fiscal militar Jeff Groharing, Omar “quería matar la mayor cantidad de gente posible”. Según el fiscal, el prisionero confesó: “Soy un terrorista que apoya a Al Qaeda”.
El Comité de los Derechos del Niño de la ONU ha reclamado hasta ahora en vano a Estados Unidos que no juzgue ante un tribunal militar a ninguna persona detenida en su infancia en un conflicto armado. En mayo pasado, Unicef hizo también un llamamiento a Washington para que anulase el juicio contra Omar, y el representante especial del secretario general de la ONU para los casos de niños envueltos en conflictos armados ha advertido tanto a Estados Unidos como a Canadá de la gravedad de que se establezca un peligroso precedente de continuarse con el juicio. Un documental (http://www.youdontlikethetruth.com/?lang=Es&page=Trailer) recoge interrogatorios a Omar realizados en Guantánamo por agentes del servicio secreto canadiense, el Csis.
Omar Ahmed Khadr podría ser el segundo prisionero de Guantánamo condenado desde la llegada de Obama al poder. El primero ha sido, el jueves pasado, uno de los cocineros de Osama bin Laden, el sudanés Ibrahim al Qosi, de 50 años. Al Qosi, encarcelado en Guantánamo desde 2002 también, fue condenado a 14 años de prisión, aunque podría ver rebajada su pena al reconocer ser culpable de ayudar a Bin Laden a huir de las montañas afganas de Tora Bora cuando Estados Unidos inició sus ataques en octubre de 2001.
Fuente: Miradas al Sur.

"EL MERCADO DESTRUYO AL ROCK ARGENTINO"

La banda finalizó su gira por el norte del país. Un repaso por sus inicios musicales, la reivindicación de los pueblos originarios y su entrañable amistad con Osvaldo Bayer.
 
Por Manuela Lasdica   
 
Eran artistas callejeros. Pero gracias a la mezcla de folclore y rock se convirtieron en una esperanza para jóvenes, familias y niños de todas las edades que, bailando y flameando la bandera mapuche, comenzaron a llenar de colores y alegría sus shows. Arbolito fue el indio ranquel que mató al coronel prusiano Federico Rauch, quien fuera contratado por Bernardino Rivadavia con el fin de exterminar a los mapuches para sacarles sus tierras y crear las grandes familias terratenientes.
Este indio resucitó gracias a un grupo de músicos que decidieron conmemorar su historia llamando a su banda con el nombre de este valioso indígena. Arbolito nació después de un viaje por Latinoamérica, donde los músicos descubrieron realidades y culturas de otros pueblos, y gracias a una intensa amistad con Osvaldo Bayer, quien investigó y difundió la historia en el ’63. “Cuando volvimos a la Argentina quisimos seguir tocando esta música que nos había enamorado durante el viaje. Empezamos tocando en la calle, en los subtes, en las plazas, porque aprendimos que uno puede tocar en cualquier lugar y en cualquier momento”, cuenta Ezequiel Jusid, el guitarrista de la banda que hace poco terminó su gira por el norte del país.
–El grupo se formó en el ’97, cuando la Argentina enfrentaba una crisis económica. ¿Cuánto los influenció ese contexto?
–El tipo de música y las letras eran combativas. No sé si era una protesta, pero fue un momento en el cual sentimos que teníamos que tratar de cambiar las cosas. Queríamos transmitir lo que habíamos visto en América, lo que veíamos aquí donde la situación estaba muy difícil y elegimos la calle para hacerlo.
–¿El tipo de música particular que eligieron representó un obstáculo para crecer como músicos?
–Obstáculos siempre tuvimos. El principal fue que al hacer folklore con rock nunca nos pudimos encasillar en un género o en un lugar determinado. Lo que hicimos fue inventar nuestro espacio, en las calles. Empezamos en San Telmo, llevábamos nuestros instrumentos con una camioneta. Así durante tres años, todos los domingos la calle fue nuestro lugar.
–¿Y ahora siguen siendo artistas callejeros?
–Cuando empezó a crecer el grupo se volvió complicado tocar en la calle porque necesitábamos más estructura, más sonidos. La última vez que tocamos en la calle fue en el 2004, hubo 3.000 personas y ya nuestra estructura no era suficiente. Lo que hacemos ahora es lo mismo que hacíamos en la calle pero en los municipios de todo el país.
–¿Qué diferencia hay, en el campo musical, entre los noventa y ahora?
–El mercado destruyó al rock argentino, a pesar de ser el rock más importante de habla hispana. Radios y productoras hicieron que la música se convirtiera en un producto. A la vez, desaparecieron las bandas grandes e históricas. Por eso hay un vacío muy grande.
–¿Tiene que ver con el vacío cultural que se vivió en los ’90?
–Claro. En los años ’90 lavaron la cabeza de una generación entera. Hubo 15 años durante los cuales faltaron ejemplos y esperanzas, y este hueco es la consecuencia. Recién ahora empieza a aparecer una nueva generación de jóvenes que hace cosas, hay una nueva vuelta.
–¿Esta nueva vuelta se debe al cambio político que está viviendo la Argentina?
–Seguro que sí. La dictadura significó la muerte y el miedo, después vinieron los ’90 con la droga y la plata fácil. Esto es lo que pasó, en Buenos Aires fue muy claro. Ahora en el contexto actual, los chicos ya tienen más conciencia. Más allá de la música, ahora los jóvenes tienen ganas de participar para cambiar las cosas y eso puede ayudar a que surjan bandas y artistas nuevos. Ya hay grupos, pero están escondidos porque el Gobierno de Macri cerró todos los espacios.
–¿Sus canciones Niños y Huayno del desocupado reflejaban la realidad social argentina que se vivía en los ’90?
–Sí, era lo que veíamos en la calle. Caminábamos y veíamos niños que dormían en la calle. El Huayno del desocupado reflejaba la situación de los desempleados que resistieron al gobierno de Menem, cuando había un 28% de desocupación. Las organizaciones de desocupados nos invitaban a tocar y a participar. Fue una experiencia muy importante.
–¿Como surgió el interés por los aborígenes?
–Al llamarnos Arbolito empezamos a tener muchas conexión con los pueblos originarios. Nos hizo crecer como personas y aprender muchas cosas. Pudimos entender la visión que tienen del mundo, que es muy distinta a la nuestra, muy superior. Participamos de reuniones de mapuches y escuchamos sus problemas. Cuando volvimos difundimos todo lo que aprendimos. Niño mapuche, por ejemplo, fue una canción que hicimos después de volver de una reunión con todas las comunidades.
–¿Cuáles son los problemas que enfrentan ahora los pueblos originarios?
–El de siempre: el problema de la tierra. Los arrinconaron a todos contra la Cordillera y ahora las tierras donde vivían son productivas para el turismo y para la soja. Hoy mismo, por ejemplo, en Santiago del Estero están echando a familias que desde siempre vivieron allí, porque descubrieron que los montes santiagueños son productivos para la soja. Las condiciones están empeorando a causa de este gran negocio.
–¿Qué importancia tuvo para el grupo la amistad con Osvaldo Bayer?
–Osvaldo nos abrió las puertas de su casa y se emocionó mucho porque chicos que podrían haber sido sus nietos habían investigado sobre una historia de mucho tiempo atrás. Entonces fuimos a su casa para musicalizar la historia. Esta fue unas de las primeras experiencias. Otra muy linda fue cuando nos invitaron con Osvaldo en Rauch y tocamos para unos estudiantes con la idea de plantear de cambiar el nombre del pueblo. La gente ni siquiera sabía quién era Rauch y después del recital se empezó a hablar de esto. Hace poco, en un pueblo que está al lado de Rauch, le cambiaron el nombre a la calle. Osvaldo es el pionero de cambiar los nombres de las calles, y logró que en muchos pueblos la calle Roca –que fue el principal asesino de indios de la historia de nuestro país– cambiara de nombre.
 
Fuente: Miradas al Sur.

GENIO O FARSANTE

Juicio público al padre del psicoanálisis, Sigmund Freud. Lo acusan de convertir sus instintos en una teoría universal y de estafar a sus pacientes. El debate en la Argentina, el país más psi del mundo.
 
Por Raquel Roberti.
 
En la sala se apiñan hombres y mujeres, deseosos de ocupar los primeros lugares. Nadie quiere perderse un juicio público. La audiencia está por comenzar, con todos los involucrados en sus puestos.

En el banquillo de los acusados: Segismund Schlomo Freud, alias Sigmund, médico y neurólogo austríaco.

El fiscal general, Michel Onfray, se levanta y dice que acusa a Freud de:

- Falsear datos en las historias clínicas de sus pacientes para que pareciera que el tratamiento había sido exitoso. Por ejemplo, Sergei Konstantinovitch, apodado por Freud como “el hombre de los lobos”, siguió psicoanalizándose más de medio siglo después de haber sido “curado” (N. de R.: Sergei sufría de pesadillas que Freud interpretó. Concluyó que se relacionaban con un trauma sexual de su infancia y al contárselo, se habría curado).

- Transformar sus propios instintos y necesidades fisiológicas, desde la homofobia hasta la misoginia, en una doctrina con pretensión universal, verdadera y justa sólo en lo que concierne a sí mismo.

- Estafar a sus pacientes con esa doctrina, denominada psicoanálisis, comparable a una religión. El psicoanálisis cura tanto como la homeopatía, el magnetismo, la radiestesia, el masaje del arco plantar o el exorcismo efectuado por un sacerdote. Sabemos que el efecto placebo constituye el 30 por ciento de la cura de un medicamento. ¿Por qué el psicoanálisis escaparía a esta lógica?

- Abusar de sus pacientes, de su cuñada y hasta de su hija, Ana.

- Ser amigo del nazismo. En 1933 escribió la siguiente dedicatoria a Benito Mussolini: “Con el saludo respetuoso de un veterano que reconoce en la persona del dirigente un héroe de la cultura”.

- Ser homofóbico y tener un especial interés en el abuso sexual, el complejo de Edipo y el incesto (N. de R.: Freud consideró la homosexualidad como una enfermedad).

“¡Traidor!”, “¡Canalla!”, “¡Estafador!”, gritan algunos desde las gradas, dirigiéndose al acusado. De inmediato se escucha la respuesta de quienes están del otro lado del pasillo: “¡Genio!”, “¡Ídolo!”, “¡Sabio!”. Las voces se acallan para escuchar a la defensora oficial.

Elizabeth Roudinesco se levanta y afirma que:

–La fiscalía carece de fuentes y testigos fiables. Son patrañas surgidas de rumores. El fiscal proyecta sus propias obsesiones, al punto de hacer de Freud un criminal conspirador. Onfray quiere convertirse en supuesto liberador de una creencia y se presenta como un historiador serio, obviando el testimonio de quienes, desde hace años, conocen los distintos aspectos de la vida de Freud, quien de ninguna manera se adhiere al fascismo. Además, Freud no consideraba la homosexualidad como una perversión. La acusación no tiene fundamento, sino el de expresar la repulsión que Onfray tiene por la homosexualidad masculina y femenina. Onfray imagina que Freud habría tenido relaciones sexuales perversas con su cuñada, peor aún: que la habría embarazado para obligarla a abortar. Evidentemente, está poco preocupado por las leyes de la cronología y de la procreación: sitúa este acontecimiento en 1923, cuando la cuñada de Freud tenía 58 años.
Es un juicio que promete sacar trapitos al sol y develar secretos en la historia del señor que inventó eso de echarse en un diván a casi monologar de lo que a uno se le ocurra mientras alguien a quien no se ve, escucha en silencio. Usted se preguntará por qué este juicio público se realiza en la Argentina. La razón es sencilla: aquí hay 145 psicólogos por cada cien mil habitantes, una relación récord en el mundo (según reveló The Wall Street Journal). Además, el porcentaje de argentinos que visitaron a un terapeuta en algún momento de sus vidas es del 32 por ciento.

Volvamos a la sesión. Habla Onfray.

–Freud forma parte de esa ralea que quiere la celebridad sin sus inconvenientes: aspira a que se hable de él, pero bien y en los términos elegidos por él mismo. Obsesionado por la celebridad a la que aspira, toma su caso por una generalidad y publica trabajos extrapolando su experiencia. Freud camina junto a la Alicia de Lewis Carroll, a través del espejo e inventa un mundo mágico.

En el banquillo de los acusados, Freud guarda silencio. Se levanta José Abadi, destacado médico psiquiatra y psicoanalista que colabora con la defensa y dice:

–El fiscal es un filósofo bastante interesante, aunque para algunos polémico y frívolo. Freud deja muy en claro que el psicoanálisis es una teoría psicológica, pero es también una técnica y una metodología para aliviar el sufrimiento y para alcanzar algo de lo que podría ser la cura. Quien crea que Freud se aleja de ese fin esencial, aliviar el sufrimiento y potenciar las aptitudes, no entiende bien el psicoanálisis. Es cierto que también implica una cierta cosmovisión, pero lo fundamental es la postulación de que no sólo existe la conciencia, sino también el inconsciente y la represión de las representaciones angustiosas, algo aceptado por casi todos.

Hugo Vezzetti, profesor de psicología en la Universidad de Buenos Aires e invest igador del Conicet, pide la palabra:

–Es cierto que el psicoanálisis es la corriente dominante desde 1960 y hay una fuerte cultura psicoanalítica, pero siempre se discutió su eficacia. Y es difícil analizarla, como se puede hacer en otros campos de la medicina. Lo cierto es que los psicoanalistas siguen teniendo mucha demanda y acumulan experiencia pese a tratarse de un recurso costoso.

Recoge el guante el psicoanalista y escritor Gabriel Rolón, quien manifiesta:

–En los veinte años que llevo practicando el psicoanálisis jamás encontré un solo paciente que me hiciera pensar que Freud estaba equivocado: escucho casi a diario las pasiones edípicas, los traumas inconscientes, analizo sueños y actos fallidos. Es una teoría y una técnica brillante para el tratamiento de ciertas afecciones psíquicas. Nadie puede comprender cómo funciona el inconsciente si no se ha sorprendido con sus propios lapsus o sus sueños. Claro que es aconsejable profundizar la teoría, tal vez adaptar la técnica a los cambios culturales, pero la esencia básica del psicoanálisis, la importancia de la sexualidad, la existencia del inconsciente y el hombre como un producto del deseo y de la palabra, se sostienen más allá del paso del tiempo.

No duda en levantarse Eduardo Keegan, doctor en Psicología, profesor de la UBA y psicólogo clínico reconocido por impulsar la Terapia Cognitiva, y señalar:

–Freud ocultó datos en sus historias clínicas y todavía hay correspondencia suya que no podemos ver porque su hija, Ana, consideró que no era conveniente para el psicoanálisis. Algunos historiadores ya denunciaron que, por ejemplo, el caso de Anna O. (N. de R.: en realidad Bertha Pappenheim, a quien trató por histeria y utilizó de base para su Teoría de la Seducción) no fue exitoso como sostiene Freud, sino que volvieron a internarla con millones de síntomas. Además, como demostró Mikkel Bosch en El libro negro del psicoanálisis, Freud publicó las supuestas bondades de la cocaína para tratar a los morfinómanos a pesar de saber que su amigo y único paciente había tenido problemas. Lo que sucede es que la imagen de Freud que muestra el fiscal Onfray no les gusta a los psicoanalistas que lo ven rubio y de ojos celestes.

Tiemblan los divanes al ver por el piso la figura de quien los rescató para la posteridad. Es que el tal Onfray no ahorra adjetivos de connotación negativa al hablar de Freud: mentiroso, falsificador, charlatán, narcisista, amigo del nazismo y hasta abusador de su hija y su cuñada. Pero es el turno de la defensa y habla Andrés Rascovsky, médico, psicoanalista y presidente de la Asociación Psicoanalítica Argentina.

–Freud revolucionó la concepción del hombre, esclareció muchísimos aspectos del psiquismo y abrió un nuevo campo científico con la postulación del inconsciente. No ha surgido todavía ninguna teorización superior sobre lo que es, seguramente, la maquinaria más compleja del universo: el cerebro. Siempre hubo resistencia al psicoanálisis, ya sea por su teoría de la sexualidad, por su concepción sobre los instintos de muerte, por su teorización de la psicología de las masas y las condiciones de dominación y servidumbre que el sujeto tiene que enfrentar desde el comienzo de la vida. Pero no puedo confrontar a Onfray, quien no está en la ciencia y ni siquiera en la psicología; sólo pretende generar condiciones para vender más sus libros. Usaré la frase de Freud: “El oso blanco y la ballena no pueden confrontarse, viven en universos distintos”, para explicar que no podemos discutir científicamente. Onfray se ubica a favor de quienes pretenden reducir el hombre a una molécula, es decir, el imperialismo farmacológico que pretende resolver el conflicto y sus síntomas con una fórmula química. El psicoanálisis jerarquiza la historia del sujeto, lo vivido, y por supuesto la teoría se desprende de las experiencias personales de Freud, el primer sujeto que pudo descubrirse a si mismo y ver que algunas cuestiones eran universales. Descubrió las fantasías universales que anidan en el corazón de todo ser humano.

Las gradas del recinto se sacuden entre aplausos y abucheos, pero desde la fiscalía, pide silencio Federico Andahazi, más conocido como escritor que como terapeuta.

–El psicoanálisis es una construcción teórica magnifica. Pero hay una distorsión en relación con la práctica. La teoría de la relatividad de Einstein provocó un giro copernicano en la física, pero para probar sus instancias deberemos, primero, superar la velocidad de la luz, algo imposible hasta ahora. Con el psicoanálisis sucede algo parecido: el postulado del inconsciente freudiano es perfecto, pero dudo profundamente de su eficacia como terapia. En mi propia práctica como psicoanalista vi que esa teoría hacía agua y preferí abandonar antes que experimentar con mis pacientes. Con el lucro que genera, incluso me parece cuestionable éticamente que se intente probar la eficacia del psicoanálisis cobrándoles a los pacientes. En mis ocho años como paciente no podría decir con certeza haber visto una cuestión de causa y efecto.

La indignación tiembla en la voz de Eva Rotenberg, directora de Escuela para Padres, profesora de la Maestría de Psicoanálisis en la Universidad Kennedy y miembro de la Asociación Psicoanalítica Internacional.

–Es muy bajo hablar mal de Freud. El psicoanálisis no es una fe, es una teoría y una técnica que tiene cien años de desarrollo y que permite conectarse con los afectos, los vínculos, elaborar los traumas y desarrollar la psiquis. Se trata de escuchar y elaborar, de darse cuenta. Pero el aporte más importante que ha hecho es incluir las contradicciones y ambivalencias del alma. La filosofía pensaba en el placer como el bien último a conseguir. Freud y Lacan sostienen que el placer puede incluir sufrimiento, que debemos escuchar la polifonía de la mente.

La intervención de Bernardo Stamateas, ministro del Ministerio Presencia de Dios y licenciado en Psicología y Teología, procura calmar los ánimos.

–El psicoanálisis es una interpretación de la psiquis y la conducta del ser humano. Pero hay otra epistemología, la sistémica, que analiza la conducta desde lo relacional: el ser humano funciona dentro de un sistema y nos afectamos mutuamente. Lo que proponen las terapias breves, como las que practico, es ver cómo funciona uno dentro del sistema. Otra diferencia es que el psicoanálisis sostiene que es necesario hacer consciente lo inconsciente para que haya cambio en la conducta. En las terapias breves sostenemos que puede haber otras maneras de lograrlo, por ejemplo, con tareas determinadas. En las terapias breves sostenemos que los grandes problemas tienen soluciones sencillas y que no necesariamente necesitamos ir al pasado para resolver un problema presente. Entiendo que el psicoanálisis le ha servido a alguna gente y a otra no. También que estamos frente a un hombre, Freud, que hizo grandes aportes, por ejemplo, al decir que el yo no es el dueño de la casa sino una parte de nuestra psiquis que nos gobierna. A diferencia de Freud, en las terapias breves no se habla de “la verdad”, es una construcción individual marcada e influenciada por la cultura, las relaciones entre nosotros, etcétera.

Reina el desconcierto. ¿Stamateas no era de la fiscalía? A ver qué dice Juan Manuel Bulacio, médico psiquiatra y director de la Fundación Instituto de Ciencias Cognitivas Aplicadas.

–Freud trató de integrar un campo que no era estrictamente médico a la medicina, pero la psicología no tiene las mismas reglas, por eso fracasó. En sus teorías faltan evidencias empíricas, algo inadmisible en un desprendimiento de una ciencia como la medicina. Su pretensión fue ambiciosa, destacada, fue un adelantado: empezó a darle una pretensión científica o de ciencia a la psicología cuando aún no existía. Claro que con el transcurso del tiempo, quedó desactualizado. El método ha caído en desuso, hoy se usa más como una técnica de autoconocimiento que como psicoterapia efectiva. Hay corrientes más modernas, más alineadas con la medicina psiquiátrica y la ciencia. La psicología cognitiva tiene una pretensión científica, una línea basada en la evidencia y está más relacionada con la clínica actual que el psicoanálisis. Acusar a Freud desde los parámetros actuales es muy absurdo. Murió hace 72 años, fue un revolucionario que hubiese cambiado él mismo su propia teoría.

Más desconcierto en las gradas. La gente vuelve la cabeza hacia el banquillo de los acusados, donde Sigmund permanece impávido, la mirada vacía. Germán García rompe el hechizo del momento para congratularse por el reconocimiento a su defendido. Y de inmediato el psicoanalista, escritor y uno de los fundadores de la Escuela Freudiana de Buenos Aires, contraataca:

–Las acusaciones de Onfray están elaboradas para el público que disfruta de los manuales de autoayuda. Califica a Freud como una especie de Marqués de Sade. Lo hace quedar como si fuera una especie de Juanita Viale travestida.

García hace un paréntesis hasta que se acallan las carcajadas y continúa:

–Usa un truco de mercadotecnia: la reducción de “las pretensiones científicas” de un discurso a las condiciones del productor de ese discurso. Es como decir que Karl Marx iba a los prostíbulos. ¿Qué tiene qué ver? Era una costumbre de época. Freud no era un santo. Creó un método. Lo que se puede discutir es si el método freudiano funciona o no.

El que se levanta ahora con ímpetu en el dedo acusador es Mario Bunge, epistemólogo y filósofo defensor del realismo científico, para decir:

–El psicoanálisis es una pseudociencia, no tiene consistencia externa. Está aislada del espectro del conocimiento, no interactúa con otras disciplinas como la neurociencia cognitiva y las ciencias biológicas. No involucra razonamientos rigurosos ni trabajos de laboratorio. Es un negocio, un “psicomacaneo”.

La batahola, ahora sí, es descomunal. De un lado y de otro se escuchan gritos acusadores que repasan una larga lista de adjetivos calificativos. El debate continúa, pero seguramente ninguna fracción podrá proclamarse vencedora. El veredicto, en todo caso, queda en las manos (o las mentes) de los pacientes.
 
Fuente: Revista Veintitres.

EL AGUANTE QUE MATA

Fútbol, recitales y pirotecnia. Hace 33 años, un hincha de fútbol murió cuando una bengala marítima lo impactó en el cuello. El 30 de abril de 2011, un fanático de rock falleció de la misma manera. Entre ambos hechos hubo 194 víctimas en Cromañón. Cómo detener a una cultura asesina.
 
Por Lucas Cremades y Carlos Stroker.
 
Una bengala marítima suele ser usada para salvar vidas que naufragan en el mar. Al ser disparada, su luz puede durar en el cielo más de un minuto y su intensidad lumínica advierte –de ser necesario– a aviones y embarcaciones.

En el autódromo Roberto Mouras, de La Plata, La Renga tocaba el tema “Canibalismo galáctico” cuando un potente haz de luz surcó el campo ritualizado del rock e impactó en el cuello de Miguel Ramírez. Era una bengala destinada a extasiar al público más fervoroso del mundo. Aquel que, al igual que un hombre que tropieza dos veces con la misma piedra, se mata a sí mismo.
Ramírez estuvo en un coma profundo durante nueve días, hasta que falleció en el Hospital Alejandro Korn de Melchor Romero, el lunes 9 de mayo. Tenía 32 años, dos hijos y una esposa embarazada de siete meses.

Las 194 personas muertas en Cromañón el 30 de diciembre de 2004 parecieran no ser suficiente para explicar la sinrazón de una cultura asesina, que no sólo se predispone a vivir el riesgo –aun al aire libre– durante un recital de rock, sino también en cualquier cancha y categoría del fútbol doméstico.

El mismo lunes 9, ocho horas después de que los medios de comunicación anunciaran el deceso de Ramírez, la televisión mostraba al público de Vélez en el estadio José Amalfitani bajo un denso humo de bengalas y cohetes “tres tiros”. Festejaban la victoria por 2 a 0 frente a Banfield, que los dejaba punteros y a cuatro puntos de su perseguidor inmediato en el campeonato de primera división. Mientras tanto, nuevas noticias de más bengalas prendidas llegaban desde San Juan. Alumnos de quinto año de la escuela secundaria de comercio Libertador General San Martín prendieron bengalas para festejar que tenían camperas nuevas de egresados. Pero terminaron empañando la jornada: le lastimaron el ojo a un compañero y se quemaron varias de esas prendas. “Lo que queríamos era festejar”, se excusó uno de los alumnos. “Una bengala es lo más común del mundo, en todas partes las prenden y nadie lo hace para lastimar.”

El Código Contravencional que prohíbe el ingreso de bengalas a recintos cerrados en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires ya estaba vigente desde antes que ocurriera la tragedia de Cromañón. La contravención conlleva multas para el que ingrese bengalas a un lugar cerrado y clausuras para el dueño. Además existe una legislación sobre armas y explosivos que restringe su uso, ya que las bengalas entran en la categoría de explosivos.

La falta de memoria no es nueva en la Argentina. Y si bien las leyes provinciales difieren una de las otras, la sobrecarga de insensatez ante esta problemática que incluye a personas de toda clase y a 196 muertos relacionados con bengalas en espectáculos musicales y deportivos, parece no tener fin.

Ante estos hechos, Veintitrés planteó a las bandas de rock la pregunta: ¿Cómo solucionar este problema? ¿Estaría de acuerdo con interrumpir un show en caso de que alguien del público prendiera una bengala?

Mariano Botti, manager de la banda El Bordo, apoyó la iniciativa. “Si la pregunta es puntualmente si estamos dispuestos a parar un show si prenden pirotecnia, sí lo estamos, más teniendo en cuenta lo sucedido con anterioridad. Y mucho más considerando que ese tipo de acciones evidentemente ponen en peligro al público”. En solidaridad con los músicos de La Renga, Botti pide hacer una aclaración: “Fui a ver a La Renga en otras oportunidades y los vi interrumpir shows porque prendieron pirotecnia”. Tal vez Botti haga referencia al recital que la banda de Mataderos dio en julio de 2005 en el estadio de Vélez. Allí un fan encendió una bengala y Chizzo (el cantante de la banda) interrumpió el show. “Por respeto no podemos permitir nunca más una bengala”, dijo esa vez. Seis años más tarde le pasaría algo parecido. En el autódromo de La Plata hubo tres tiros y bengalas. Pero la banda siguió tocando. Una vez terminado el show y enterados del hecho, los integrantes se acercaron a darle apoyo a la familia de Miguel. Y de inmediato decidieron suspender el recital previsto para el sábado 7 de mayo en Resistencia, Chaco.

Luis Lata, cantante de Mavirock, opina que son precisamente los grupos los que deben asumir su responsabilidad: “Nada vale más que la vida de un pibe. Creo que las bandas debemos ser más responsables. No hay que prender más bengalas. Pero tampoco hay que convertir esto en un ataque deliberado a las bandas y solistas independientes”.

El uso de bengalas no sólo es propiedad del rock y del fútbol. En los festivales de música electrónica Creamfields, el éxtasis también se potencia si entre los miles de jóvenes que saltan y bailan hay prendida una ráfaga de color que ilumine los rostros.

Sebastián Bianchini, de Árbol, cuenta que “cuando aparecía alguna bengala parábamos de tocar hasta que se apagara. En un show en Bahía Blanca, el escenario parecía venirse abajo. Paramos y vimos que se habían roto las vallas. Con la presión que hacía la gente, se movía el escenario. Se terminó haciendo un show con las luces encendidas y con un cordón de fans que separaba a la masa del escenario. Y estuvo todo bien”. Una actitud similar viene adoptando Divididos, una banda muy crítica de la cultura del aguante que desembarcó en el rock. En abril de 2009, su líder, Ricardo Mollo, paró un tema por la mitad durante un Quilmes Rock y le pidió al público que no prendiera más bengalas.

“Que se abstengan de su uso en mis conciertos si tomamos en cuenta los accidentes que pueden ocasionar”, escribió en un comunicado el Indio Solari. “El control en estas reuniones multitudinarias se hace prácticamente imposible (...) el público no concurre al estadio sino hasta un momento cercano al inicio del show y en tan corto tiempo, entonces, se torna muy difícil revisar exhaustivamente a los concurrentes”, explicó el Indio.

“En cada recital que hacemos en la ciudad de Buenos Aires, la productora que nos contrata (Fénix-Pop Art) nos hace firmar un papel a cada uno de los músicos en donde nos establecen la obligatoriedad de suspender o interrumpir el recital en caso de que haya una bengala prendida”, dice el manager de Ratones Paranoicos, Roberto Ricci.

El fútbol, también, tiene su lado mortal con las bengalas. La triste cultura de la pirotecnia hizo su presencia en el mundo de la pelota hace varios años y de manera trágica. Y aunque haya algunos despistados que intenten maquillarla como una especie de “folklore del fútbol”, la historia dice que hubo muertes cuando debió haber seguridad. Roberto Basile era un empleado del Banco Shaw y fanático de Racing. La noche del 3 de agosto de 1983 fue a la Bombonera para ver a su equipo jugar ante Boca. Se encontraba en la tribuna visitante junto a su novia. Desde la popular local partieron cuatro bengalas. La primera cayó en la boca del túnel xeneize (ver columna), la segunda y la tercera partieron sin rumbo, pero la cuarta se le incrustó en el cuello a Basile. Murió a los pocos minutos. De su boca y nariz salían humo y fuego. A tal punto que otra persona que intentó ayudarlo perdió un ojo por el fuego que emanaba del fallecido. Fue la primera víctima mortal debido a una bengala en un estadio. Sólo hubo dos condenados con penas de dos años de prisión en suspenso. En aquel entonces, el líder de la barra brava de Boca era el difunto José “El Abuelo” Barrita.

El caso del encuentro entre Vélez y Banfield del último lunes 9 marca una vez más las posibilidades de los hinchas para ingresar a los estadios con material explosivo y la supuesta complicidad de algunos dirigentes o la indiferencia de aquellos responsables de custodiar la seguridad de un espectáculo deportivo. Las bengalas se convierten en un arma que puede terminar con la vida del otro. No sucedió nada grave debido a que las bengalas salieron con destino incierto. Pero pudo pasar. Esos hinchas que las arrojaron fueron mostrados varias veces por televisión y ahora la Justicia intenta dar con ellos. La pirotecnia tiene el ingreso prohibido en los espectáculos en los estadios. Así lo indica la Ley del Deporte (llamada Ley De la Rúa, confeccionada por el ex presidente en 1985), que lleva el número 24.192, y que sufriera sus últimas modificaciones en 1993. En uno de sus artículos la normativa es precisa: “Se castiga con un mes a un año de prisión a quien portare un artefacto pirotécnico o bengalas. Se aplicará el máximo de la pena cuando los elementos lleguen encendidos”.

Una serie de allanamientos ordenados por la Justicia determinó la clausura del estadio en primera instancia: se investiga si las bengalas arrojadas durante el choque del lunes se encontraban adentro del complejo de Liniers antes de iniciarse el cotejo por la decimotercera fecha del Clausura. El material fue arrojado desde la popular local antes de que terminara el encuentro. Sucedió luego del primer gol del equipo de Ricardo Gareca, que marcara Fabián Cubero a los 37 minutos de la segunda etapa. El árbitro Néstor Pitana no detuvo el partido.

Desde la Asociación del Fútbol Argentino no hay órdenes de suspenderlos si se arrojan bengalas. “La orden de suspender un partido se da sólo si hay un hecho que afecta la seguridad de los jugadores, árbitros o cuerpo técnico y dentro de los perímetros del campo de juego, pero por arrojar bengalas en exclusividad, hasta el momento, no hay ninguna instrucción. Es que hasta ahora nunca se pensó a la bengala como un proyectil. No es un hecho que ocurra con frecuencia el de tirar bengalas, pero va a tener que estudiarse por todo lo que sucedió”, admitió ante Veintitrés el director de Formación Arbitral de la Asociación del Fútbol Argentino, Miguel Ángel Scime. El ex árbitro sostuvo que “hay orden, por ejemplo, de parar el partido cuando hay hechos de discriminación o gente trepada a los alambrados. El árbitro para el partido y si todo pasa, lo continúa, pero si ve que hay riesgo para los protagonistas tiene la facultad de suspenderlo”.

–¿Y en el caso de las bengalas?

–Si no corre riesgo alguien en concreto, no.

–¿En Vélez-Banfield se pensó que no había riesgo?

–Exacto.

El titular del Sindicato de Árbitros de la República Argentina (SADRA), Guillermo Marconi, dijo: “No hay nada reglamentado desde la AFA por las bengalas en sí mismas. Lo único que hay es si alguien incomoda en cuanto al juego. Ahí, el árbitro lo puede suspender. De hecho Pitana siguió jugando”.
Como muestra de que todo sigue bajo las normas acordadas, al juez no se lo sancionó y Scime explicó. “Hay sanción si el árbitro no cumple con las normas que salen desde la AFA, caso contrario no hay ningún tipo de reprimenda”, añadió. De hecho, las resoluciones deben tomarse en el Comité Ejecutivo de la AFA y quizá la próxima semana (se reúnen los martes por la noche) puede haber alguna modificación.

No es aislado el caso de Vélez. Se repitió en varias ocasiones: en el último Independiente-Boca, o en el Monumental el domingo 8 de mayo, cuando desde la tribuna de All Boys se arrojaron algunas bengalas.

La controversia entre los que quieren usar pirotecnia responsable y los que están en contra continúa en cientos de redes sociales y foros desde la fatídica noche de Cromañón. En el fororengo.com.ar se planteó la siguiente consigna: “¿Tienen que volver las bengalas en recitales de La Renga?”. Hoy, un 69 por ciento se manifiesta en contra de su uso. Pero antes del fatídico show, los que estaban a favor de usar pirotecnia en los recitales superaban a los que estaban en contra.

Maximiliano Maruri tiene 26 años, es de La Plata y fan de La Renga. Ante la consulta de Veintitrés, se mostró a favor de la medida de suspender el show si alguien prende una bengala. “Es responsabilidad de la banda hacerlo. No hablo de una responsabilidad ética –que existe–, sino más bien lógica. Es sabido el poder de influencia de las bandas sobre sus seguidores. Si ellas advirtieran –con firmeza– la decisión de no apoyar la utilización de bengalas, tendrían un gran efecto disuasivo sobre aquellos que los siguen”, asevera el joven.

Marcelo Tomás Cavaleiro, de 31 años, propone que el show “se debe detener o suspender momentáneamente a instancias de los propios músicos, y hasta tanto el personal de seguridad saque a la o las personas que prendieron bengalas. De esta forma se empezará a concientizar a la gente”, dice.

Las extensivas manifestaciones respecto del uso o no de bengalas, vertidas como si fueran testamentos públicos en foros y redes sociales, exponen razones que exceden el sentido común. Esto es lo que dejó escrito “rickyrock” en el fororengo: “Estoy a favor de las bengalas. Tengo 28 años y hace más de diez que voy a recitales. Las bengalas antes de Cromañón eran una cosa y después son otras. Yo perdí dos familiares ahí, y cuando veo una bengala se me eriza la piel de la emoción. Porque digo: a mi hermano esto le encantaba y ya que él no está yo lo voy a disfrutar el doble. Espero que me entiendan. Las bengalas son parte del rock”.

Una cultura asesina y triste en dos ámbitos donde hay mucha pasión. La música y el fútbol generan admiración, belleza, fervor y alegría. También tristeza, muerte y desidia. Para aquellos que perdieron algún ser querido en un recital o en una cancha no hay explicación posible. No se trata del folklore. La violencia debe ser castigada. Llegó el momento.

Informe: Leandro Filozof y Bruno Lazzaro

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Opinión

“El rock no se hizo cargo de Cromañón”

Por José Iglesias, padre de una víctima de Cromañón y abogado

Hay una escandalosa complicidad del rock con actitudes criminales, y esto no debería suceder. La supuesta fiesta de las bengalas nació en el rock, ocurrió en Cromañón y el rock no lo asumió. Hay un silencio cómplice que permite que sigan sucediendo estas cosas. Nadie se hace cargo de Cromañón, salvo excepciones como los que salieron a hablar en su momento: Catupecu Machu y Andrés Ciro Martínez. Y no hablaron porque quedaban mal. Pero los músicos no se dan cuenta de que ejercen el rol de líderes y que una vez que la gente está adentro del lugar ellos también son responsables, porque tienen un micrófono para decir lo que quieran. Y no es, como dijo el Indio Solari, “el traslado del deber policial a los organizadores”: es un hipócrita. La banda tiene un control, y si no lo ve así, que no pase a buscar la recaudación una vez finalizado el show. Lo que pasa es que los que mueren son los espectadores o los de seguridad. No los músicos. La realidad ya empezó a interpelarlos y está bien que así sea. Acaba de morirse un chico. Las bandas tienen que tener una actitud clara y no apelar a una seguridad barata. No hay que olvidarse que La Renga era el conjunto icónico de Callejeros, una banda mucho más bengalera. No puede ser que tengamos que tocarles el timbre a los rockeros para que se aviven. Si se clausuró la cancha de Vélez, ¿por qué no hacerlo en el rock? Ante una muerte como esta habría que parar la actividad. Es fácil decir que hay que educar al público. Pero eso lleva una generación.

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Nostalgias del humoPor Nicolás Agüero, impulsor de las bengalas en el rock

Creé el grupo de Facebook “Que las bengalas vuelvan a iluminar el cielo del rock” a fines del 2009, inspirado por el revuelo mediático en torno a Cromañón. Me da bronca que siempre nos excusemos con el hecho simple y no se haga lo que se debe hacer. La cuestión es mucho más profunda de lo que parece: no es un fuego de artificio lo que terminó con la vida de tantas personas, sino la ignorancia de un individuo carente de cordura y educación. Se deberían tomar medidas de control y organización extremas. Soy un fanático de la música. Cada concierto al que voy me llena de orgullo y emoción. El público argentino, a diferencia de otros, forma parte del espectáculo, es un público especial, esto no es sólo dicho por mí, sino por muchos músicos no sólo nacionales. “Juguetes perdidos” sin bengalas no va a ser lo mismo. Lamentablemente, no vamos a poder disfrutar más de ese paisaje emocionante y hermoso porque siempre la vida está ante todo y estamos muy lejos de darle la solución que corresponde.

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“Se asocia la fiesta con el daño”
Por Jorge Elbaum, sociólogo, investigador en Ciencias Sociales y profesor de la UBA

Hay algo de la llamada cultura del “aguante” que es muy poco cuidadosa del otro. Tiene algo bastante destructivo y autodestructivo donde se liga mucho la fiesta con el daño. Se expresa en los estadios de fútbol, en los recitales, en cierta cultura juvenil. Después, hay un tema específico de época: contamos con una generación de actores que hoy son jóvenes ligados a los sectores populares que han crecido tuteándose con la violencia. Una violencia emanada básicamente de las organizaciones de Estado y de la policía. Han nacido en los ’90, en sociedades que eran muy poco respetuosas de la ciudadanía, de la convivencia y del vínculo pacífico con el otro. Muy emparentadas, al mismo tiempo, con la lógica menemista de la competencia furiosa, el egoísmo y la situación del éxito (ficticio) como lugar de llegada brutal, obvio y necesario. Un tercer elemento es la dificultad de la sociedad argentina para lograr que los organismos de seguridad cumplan con su trabajo. Tenemos organismos mucho más ligados al negocio propio que a velar por la seguridad colectiva. Más allá de que se están haciendo cosas muy importantes para cambiar eso, el eco que queda de una fuerza de seguridad formada en la dictadura todavía tiene una lamentable expresión en la corrupción policial: permiten cualquier cosa porque están más preocupados en hacer negocios. Un cuarto elemento específico es que las microsociedades juveniles no tienen sanción moral para los más zarpados. Hay mucha dificultad para construir lazos de autoseguridad: que el propio pueblo cuide de sí mismo. No se valoriza la música ni el arte; en su lugar, se los hace limítrofes con cosas que hacen daño.

Esto de culpar al Estado nacional, no al provincial o al municipal, es una imbecilidad. Es ver quién gana dos moneditas a costa de la tragedia. Si uno es riguroso, la vida y muerte de los sujetos es responsabilidad de la sociedad, del Estado, de los medios, del sistema de seguridad. Hay que tomar conciencia de que es un tema de todos. La pregunta es cómo se resuelve: si a los tiros, con bengalas, o al revés, con cuidado mutuo, concientización, educación y laburo con las nuevas generaciones.

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“Yo estuve el día que mataron a Basile”
Por Luis Pintos, ex médico de Boca

Ese día estaba ahí. Recién salíamos del vestuario con los jugadores, apenas salimos del túnel y pisamos la cancha, me cayó una bengala al lado del pie. Nunca había visto algo así. El ruido fue tremendo. Estaba junto al “Chueco” Abel Alves (defensor de Boca) y nos miramos sorprendidos. Seguimos caminando hasta el banco de suplentes y cuando nos sentamos, vimos que pasaban las bengalas, desde la hinchada de Boca a la de Racing. Y en una de esas se produjo un silencio increíble. Sabíamos que algo distinto había pasado. Nosotros habíamos visto cómo pasaban las bengalas de un lugar a otro antes de iniciarse el partido. Al lado mío, cuando me senté en el banco, había un policía y en ese momento lo llaman por la radio y le dicen que había pasado algo grave. Me acuerdo que el árbitro Teodoro Nitti, que estaba siendo masajeado por nuestro masajista en su vestuario, cuando salió a la cancha dijo que no iba a suspender el partido, que si no era peor. Se jugó igual. Es algo que hay que prohibir.
 
Fuente: Revista Veintitres.