viernes, 4 de enero de 2013

"ES NECESARIO QUEBRAR LA CONCENTRACION MONOPOLICA"

El reconocido intelectual Ernesto Laclau resalta el valor de la Ley de Medios, advierte sobre el peligro de que la oposición interrumpa el juego democrático y analiza el triunfo de Chávez. El día en que su amigo Eric Hobsbawm se preocupó por la Presidenta. 
Por Franco Mizrahi
El filósofo Ernesto Laclau está sonriente, sentado en el bar del hotel Claridge, en el microcentro porteño, donde nos dio cita. Radicado en Inglaterra, el intelectual está de visita en el país y se quedará dos meses como lo hace todos los años. Profundo analista de la coyuntura latinoamericana, a Laclau se lo nota muy entusiasmado con el devenir de la Argentina: “Creo que, desde mi juventud, este es el mejor momento que me ha tocado vivir”, le dijo a este cronista. Esta es una de las razones por las que planea, a largo plazo, volver a instalarse aquí con su esposa, la intelectual Chantal Mouffe.
A pesar de estar jubilado como docente universitario en Gran Bretaña, uno de los referentes de la corriente posmarxista no abandonó su afán de transmitir sus conocimientos: viaja a Estados Unidos y a Brasil a dar cursos mientras sus libros son de lectura obligatoria en diversas universidades nacionales. Para no perder el ritmo analítico, el 12 de octubre fue uno de los principales oradores del ciclo “Debates y combates” que fue organizado por la Secretaría de Cultura de la Nación y se realizó en Tecnópolis.

Bajo la luz tenue del lobby del Claridge, el autor de La razón populista aseguró: “La reelección de Chávez ha sido un triunfo para toda América latina porque con esto se consolida el Mercosur. Venezuela va a transformarlo en una de las grandes fuerzas económicas a nivel internacional. Y también fue importante porque se consolida la orientación nacional y popular que muchos regímenes latinoamericanos están tomando. Es un enorme avance para los procesos democráticos de la región”.

–Parte de la oposición política argentina apostó por Henrique Capriles. ¿Qué consecuencias tuvo el triunfo del bolivariano para la Argentina en particular?

–La oposición quería capitalizar una derrota de Chávez para presentarla como una derrota de todo el movimiento nacional y popular en América latina. Desde este punto de vista, la política de la oposición se ha visto seriamente confrontada. El resultado positivo destraba el proceso político argentino e impide que haya una contraofensiva. A corto plazo hubieran podido ejercer cierta influencia.

–¿Qué opina del debate sobre la reforma de la Constitución en la Argentina y qué vinculaciones tiene con lo que usted define como “institucionalismo”?

–El institucionalismo no significa las instituciones sino que consiste en tratar de desgajar el contexto institucional de sus raíces sociales y presentarlo como un fetiche, como una panacea universal. Hay muchos discursos que no se plantean cuál es el objetivo de las instituciones sino la defensa de las instituciones porque son instituciones. Si usted lee La Nación o Clarín, el institucionalismo es una tendencia dominante. Si estoy abocando una reforma de la Constitución no es porque piense que las constituciones son prescindibles. Pero sí el institucionalismo extremo conduce a ciertas perversiones políticas. Las instituciones no son nunca neutrales: son una cristalización de la relación de fuerzas entre grupos. Por consiguiente, si hay un proyecto de cambio profundo de la sociedad, necesariamente va a tener que chocar con las instituciones tal como existen. No en el sentido de derogarlas sino de transformarlas de una manera que sea acorde con los proyectos sociales que están madurando. Es necesario hacer una Constitución mucho más acorde con el proyecto nacional y popular que la Constitución del ’94 que está totalmente dominada por la lógica del neoliberalismo. En muchos aspectos habría que volver a la Constitución de 1949.

–¿Cuál es su postura sobre la reelección indefinida?

–Creo que es antidemocrático que si la gente quiere votar por un cierto candidato no pueda hacerlo porque hay una cláusula constitucional que se lo impide. Es usar las instituciones para coartar la voluntad popular. Hay que verlo también en perspectiva histórica. Hay que ver cómo fue la relación entre el liberalismo y la democracia en América latina. Yo he citado varias veces una famosa conferencia de C.B. Macpherson, el teórico político canadiense, en la que decía que a principios del siglo XIX en Europa el liberalismo era un régimen político generalmente aceptado mientras que la democracia era un término peyorativo porque se pensaba que era el gobierno de la turba. Lo mismo que con el populismo hoy día. La tesis de Macpherson era que en Europa se requirió el largo proceso de revoluciones y reacciones del siglo XIX para llegar a un equilibrio precario pero estable entre liberalismo y democracia. En América latina ese hiato nunca se llenó del todo. Nosotros tuvimos regímenes liberales que se formaron en la segunda mitad del siglo XIX pero eran las formas políticas que adoptó la oligarquía para organizar su dominio y establecer máquinas clientelísticas en relación con las bases sociales del sistema. De modo que cuando a principio del siglo XX, el movimiento de masas comienza a afirmarse con nuevos sectores emergentes, se expresa a través de formas políticas que fueron antiliberales, en muchos casos fueron dictaduras militares de carácter nacionalista. Hoy día hemos llegado a una situación en la cual la afirmación de la voluntad nacional popular no requiere necesariamente chocar con los principios formales del Estado liberal. En ninguno de los nuevos regímenes latinoamericanos la división de poderes o las elecciones regulares están puestas en cuestión. Pero van a ser democracias de un tipo distinto de las europeas. Las democracias europeas han sido fundamentalmente parlamentarias mientras que las latinoamericanas van a ser presidencialistas. Vamos a tener regímenes democráticos con diferentes matices.

–¿Esto se comprende desde Europa?

–Se empieza a comprender ahora. Por mucho tiempo hubo un repudio general a los regímenes nacional-populares latinoamericanos. Los consideraban demagógicos, populistas. Con la falta de perspectiva que la alianza conservadora-socialdemócrata presenta al tratar esta crisis económica se empieza a pensar en formas políticas alternativas. Con (Jean-Luc) Mélenchon decíamos que de lo que se trata ahora es de latinoamericanizar a Europa (ver recuadro).

–Según Chantal Mouffe, la confrontación es inherente a la sociedad democrática, ¿usted coincide?

–Sí, si no tendríamos sociedades de pensamiento único. Lo que es necesario para la democracia es la confrontación entre distintas opiniones. Es a través de las confrontaciones que la gente empieza a percibir que hay opciones reales en el campo político y puede a volver a interesarse por la política. Si hay un consenso y un pensamiento único, la gente empieza a desinteresarse del proceso político.

–En el marco de la confrontación, ¿cuáles son los riesgos de que acontezca lo que usted definió –junto a Mouffe– como “antagonismo”?

–Lo que tiene que haber es un antagonismo regulado. Nosotros tenemos dos jugadores de ajedrez, ellos están en una situación de confrontación pero hay reglas que están dadas por el juego de ajedrez. Si viene alguien de afuera y patea el tablero, ahí todo el sistema de reglas se rompe. Es necesario buscar un punto de equilibrio entre el momento antagónico y el momento en el cual las reglas pasan a ser aceptadas por todas las partes intermedias. El peligro que yo veo en la Argentina es que la oposición esté pasando de una actitud de antagonismo tan radical que pueda interrumpir el libre juego de las instituciones democráticas. Las líneas de confrontación se dan entre una orientación nacional y popular que corta transversalmente grupos sociales muy distintos y una actitud que se funda en el neoliberalismo, en el predominio de los grandes grupos monopólicos. La oposición real la representan los grandes medios.

–En este contexto, ¿la Ley de Medios juega un rol determinante?

–La Ley de Medios tiene que interrumpir una situación que es absolutamente aberrante: la concentración monopólica del poder informativo que es necesario quebrar como condición de un intercambio democrático.

–Por último, ¿cómo era su vínculo con el destacado historiador –recientemente fallecido– Eric Hobsbawm?

–Lo conocí en 1966. Yo era un profesor contratado por la Universidad de Tucumán y perdí mi cargo como resultado del golpe de Onganía. Entonces fui a trabajar a Buenos Aires, a un instituto privado de investigación. El asesor del proyecto para el cual yo trabajaba era Hobsbawm. A él le gustó mi trabajo y me consiguió una beca para ir a hacer un doctorado a Oxford. Así fue que me fui a Inglaterra. A lo largo de los años mantuvimos una relación frecuente y sumamente cordial. La última vez que lo vi fue hace algunos meses en una cena en casa de un ex estudiante de él que ahora es profesor en Londres. En un momento me llevó aparte y me preguntó si Cristina iba a poder desenvolverse bien después de la muerte de Néstor. Le di los reaseguros del caso. Y me dijo: “¿No van a ser un problema los intendentes del conurbano?”. Estaba absolutamente al tanto de los detalles de la situación argentina. Él tenía un gran afecto por Cristina. Aunque nunca se encontraron personalmente. La última vez que Cristina fue a Inglaterra iba a ir a visitarlo pero tuvo que cancelar la visita para volver por la muerte de Alfonsín. Él tenía una gran simpatía por todo lo que es el proyecto argentino actual.

–¿Cómo ve el futuro a corto plazo? ¿Cree que puede haber un impulso destituyente?

–Totalmente destituyentes hay pocos grupos, pero no dejan de tener una cierta influencia. Aunque hay distintas formas de destitución. Una se puede conseguir en la neutralización de una política de modo tal que distintos aparatos estatales impidan llevar el proceso hacia adelante. Ahora lo estamos viendo con los intentos de medidas cautelares que tratan de que el 7 de diciembre no pase nada. Ahí hay lo que Gramsci llamaba una guerra de posiciones. Esa guerra de posiciones hay que ganarla pero no está cantado que vaya a ser ganada. De todos modos soy, por primera vez en muchos años, absolutamente optimista respecto del futuro político de la Argentina.
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Mélenchon: “Otro futuro es posible”

El filósofo Jean-Luc Mélenchon es contundente: “La crisis europea va a ser una catástrofe para el mundo entero”. Se lo dijo a Veintitrés en el marco del encuentro “Debates y combates”. Sus palabras no son azarosas, conoce el mundo de la política desde sus entrañas: en 1986 fue elegido por el Partido Socialista como el senador más joven de la historia republicana francesa y fue el candidato de la izquierda en la primera vuelta de las últimas elecciones presidenciales galas, donde alcanzó unos cuatro millones de votos. Mélenchon se desempeña en la actualidad como eurodiputado del Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europea y de la Izquierda Verde Nórdica (GUE-NGL) y tiene una visión escéptica sobre el devenir de la crisis económica en el Viejo Continente. El ex candidato a presidir Francia dialogó con esta revista en el marco del coloquio organizado por la Secretaría de Cultura de la Nación.
–¿Cuál es su opinión sobre lo que está sucediendo en Europa?

–Esto va a ser una catástrofe para el mundo entero. El 25 por ciento de todo lo que se produce en el mundo se fabrica en la Unión Europea. Para tener un parámetro: China elabora el 10 por ciento del total. Por este motivo, la recesión en Europa va a tocar a todos.

–¿Por qué cree que se gestó la crisis?

–Comenzó en países con gobiernos socialdemócratas como el de Papandreu en Grecia y el de Rodríguez Zapatero en España. La crisis pasó de Grecia a Portugal, de allí a España, de aquí a Italia y ahora es el turno de Francia. Nuestro país es una fruta jugosa: somos más ricos que nunca en nuestra historia, generamos mil billones de euros por año de riqueza producida. Se habla de crisis de competitividad. Es una burla. El obrero francés es el que tiene el grado de competitividad más alto en el mundo. La crisis en Europa es una crisis de compartimiento de la riqueza.

–¿Cómo afrontarán sus deudas los países europeos?

–Hubo un fuerte crecimiento de la deuda privada y de la deuda pública en muchos países en el último tiempo. No se cuándo pero estoy seguro de que nosotros no vamos a pagar la deuda, tal como hizo la Argentina. Después de nueve planes de austeridad, está claro que Grecia no pagará todo lo que debe.

–¿Cómo es la situación de Francia?

–En mi país el gobierno socialdemócrata recortará 30 billones de euros, es decir, dos veces lo que hicieron los dos gobiernos de derecha antes. Estamos estrangulados. No sé cuándo pero se va a romper la cadena. Es seguro. Va a repetirse lo que sucedió en la Argentina en el 2001, va a producirse en Europa el “que se vayan todos”. La historia ya está arreglada. A mí me da pena ver a mi pobre país derrotado, con gente durmiendo en la calle, con un crecimiento del desempleo increíble. No hay salida sino otro plan de austeridad. Es un círculo vicioso: plan de austeridad, rebaja del nivel de la actividad, rebaja del nivel de tasas e impuestos que entran, crecimiento de la deuda…

–¿El límite es que el pueblo salga a la calle?

–Ustedes los argentinos conocen esto mejor que nadie. Primero sale la gente a la calle, no pasa nada. Segundo, el desempleo crece, no pasa nada. Hasta que un hecho, como el corralito por ejemplo, hace que la clase media no quiera obedecer más. Se enciende la chispa y explota todo. En Francia y en Grecia hay una importante clase media.

–¿Cómo ve a la Argentina hoy día?

–La vemos como una fuente de inspiración mayor, mal conocida en Europa. Porque todo lo que implica América del Sur lo desconocen. Esto se va a acabar en Europa, no sé cuándo. Pero se va acabar. Porque otro futuro es posible.
Fuente: Revista Veintitres

LA PELOTA SIGUE SUCIA

Corrupción y negocios sucios en el fútbol.Las acusaciones a Daniel Passarella y a Ricardo Caruso Lombardi son muestras de un deporte deteriorado. Los casos más sorprendentes de un accionar oscuro.

Por Carlos Stroker

La finalización del campeonato argentino de primera división, así como también el de la B Nacional, no implica que la pelota haya dejado de rodar. Se pararon los partidos, sin embargo empezaron los escándalos. Una vez más el fútbol local se ve salpicado por denuncias de todo tipo y los protagonistas siguen siendo los mismos. Al resolverse las cuestiones deportivas y cuando ya se supo qué equipos habían logrado sus objetivos, tanto como salir campeón, mantener su categoría, evitar el descenso o lograr un ascenso, las miradas y las acusaciones giraron hacia afuera de los límites del campo de juego. Desde la reacción de los ex futbolistas de River Alejandro Domínguez y Fernando Cavenaghi, de acusar de traición al presidente de la entidad, Daniel Passarella, hasta la reacción del uruguayo Carlos Bueno, delantero de San Lorenzo, de señalar al entrenador Ricardo Caruso Lombardi de pretender quedarse con 100 mil dólares de un premio, de un total de 400 mil dólares, que el conductor Marcelo Tinelli le había ofrecido al plantel si no perdía la categoría. Dos eslabones más en esta cadena de sospecha de corrupción que envuelve al deporte que convoca a la mayor cantidad de público todos los fines de semana. A todo esto se sumó el caso de Boca, que explotó horas antes del encuentro que disputó por la final de la Copa Libertadores, con respecto a la situación de Facundo Roncaglia y un seguro de “piernas” del que nadie se hizo cargo.

El ascenso del conjunto de Matías Almeyda trajo tranquilidad en el seno de la parcialidad de River. Cuando se pensó que todo el dolor de haber permanecido un año en la Primera B Nacional había pasado, la separación del plantel de Cavenaghi y Domínguez despertó la ira de varios fanáticos que fueron hasta el Monumental para pedir la continuidad de los ídolos del equipo. Además insultaron al presidente del club, Daniel Passarella. Fue el representante de ambos de ambos jugadores, Néstor Sívori, quien en el programa El show del fútbol dijo que “esto no me sorprende de Passarella”. Pero detrás de esta cuestión se esconde un tema económico. “No quieren pagarles el premio por el ascenso”, confesó a Veintitrés un dirigente de la entidad. Los contratos de los dos jugadores ni siquiera se firmaron en las instalaciones de la entidad, sino en una oficina particular. “Mientras esté Passarella, yo no piso River”, espetó el número 9.

Suele suceder en el fútbol argentino que se promete pagar y luego no se cumple. O algo más grave aún. Hay casos en que algunos futbolistas (esto suele suceder en varios clubes) firman contratos abultados, pero no terminan cobrando su totalidad, y si la plata sale del club, no se llevan todo el dinero a su casa. Hace varios años, un volante de River selló un acuerdo importante con el club. A los pocos días que firmó, fue transferido al fútbol europeo. Ni siquiera recibió la primera cuota del contrato, pero el primer pago salió de la tesorería de la institución. Hoy, ya retirado y con el buzo de entrenador exitoso, recuerda el hecho con una sonrisa y expresa: “C’est la vie”, frase que aprendió cuando llegó al Viejo Continente.

A mediados del año pasado, la transferencia de Diego Buonanotte al Málaga de España le trajo un poco de tranquilidad a la vapuleada tesorería millonaria, aunque alertó sobre una situación poco clara con respecto al 15 por ciento que le correspondía al jugador por dicha transferencia. El padre del “Enano”, Mario, sostuvo en aquel momento que “Diego endosó el cheque para River”. Sin embargo, en Núñez nunca hubo registro de ese ingreso. El tema fue a la Justicia. Si bien los dirigentes fueron sobreseídos, de la plata nadie habló más.

Es frecuente escuchar en el ámbito del fútbol que cuando un jugador es vendido a otro club, se le pide que deje el 15 por ciento o que resigne el dinero que se le adeuda. La sospecha gira en torno a que ese porcentaje no suele estar registrado en la entidad vendedora, o que la plata que se le debe al futbolista sale del club, aunque es raro que le llegue al jugador.

La incentivación en el fútbol está penada. Según el artículo 74 de la AFA, quien pueda “dar u ofrecer una recompensa” a un futbolista recibirá una pena de cuatro meses a dos años de suspensión. Más allá de la fría letra, la incentivación está latente cada vez que finaliza un torneo. El jugador de Patronato de Paraná Daniel Pereira lo hizo público cuando su equipo jugó ante Rosario Central y le ganó, y ese triunfo le dejó la oportunidad a River de estar más tranquilo para obtener el título de la B Nacional. Luego se retractó. Lucas Bustos, futbolista de Instituto de Córdoba, dijo que en el “último mes del torneo River dio incentivos”. Todos hablan de dinero, pero cuando llega la hora de reconocer el incentivo ante el Tribunal de Disciplina de la AFA, ningún protagonista lo admite. Tampoco aquellos que suelen juntar la plata para pagarlo, por lo general dirigentes. Una práctica habitual en el mundo del fútbol doméstico. No fue la primera ni será la última vez que alguien hable del tema.

Los premios extra suelen ser una discusión en el ámbito de un plantel. Sobre todo si ese premio llega desde afuera de la institución. Como fue el caso de Marcelo Tinelli, quien prometió una recompensa de 400 mil dólares si San Lorenzo seguía en primera división. El delantero uruguayo Carlos Bueno, quien era parte del plantel azulgrana, le dijo a una radio uruguaya que el entrenador, Ricardo Caruso Lombardi, “se quedó con 100 mil dólares”. El entrenador no se quedó callado y refutó los dichos del oriental. No fue la primera vez que acusaron a Caruso por este tema. Su colega de Godoy Cruz, Omar Asad, una vez que se enfrentaron, sugirió que Caruso les cobraba a los futbolistas para jugar. El mismo gesto hizo Alejandro Domínguez, una vez que River se midió con Quilmes y Caruso era el entrenador de este equipo.

Hay varios entrenadores que suelen estar en la mira por este tema. Hace algunos años el periodista Adrián Paenza, en el programa Día D, que conducía Jorge Lanata por América, había dicho que Ramón Díaz le pidió dinero a un futbolista para hacerlo jugar en River. La situación llegó a Tribunales y Paenza debió retractarse. No había pruebas. Nunca las hay. Un técnico que sacó campeón a un equipo grande de la Capital Federal solicitó la compra de un volante por derecha que militaba en un equipo de la zona norte de la provincia de Buenos Aires y que hoy se encuentra en la Primera B. El club lo compró. Al desembarcar en su nueva institución y tras firmar contrato, un allegado al DT le sugirió que debía realizar un “aporte” por haberlo pedido. El joven no accedió a dicho reclamo y casi nunca pudo vestir su nueva casaca. Quedó prácticamente erradicado del plantel. O como aquel entrenador que alcanzó un título nacional con otro grande del país y que pedía adquirir refuerzos que estuvieran representados por su mismo representante. Lo decía, en la intimidad, sin ponerse colorado.

Los partidos arreglados dieron hace pocos días un giro fundamental en una causa en los tribunales de Italia. Acordar resultados para favorecer a alguien en las apuestas dio como resultado parcial la detención de 14 personas, entre jugadores, técnicos, dirigentes y empresarios del juego. En el país, aún, las apuestas no son un valor fundamental para los acuerdos en el resultado. Pero hubo algunos cotejos llamativos y hasta declaraciones sugerentes. Una de ellas la hizo el árbitro Javier Ruiz. Hace unos meses y por un partido regional, afirmó haber sido visitado por una persona que estaba vinculada al juego clandestino, quien le ofreció 50 mil dólares para favorecer a un equipo. Hizo la denuncia. No pasó nada. Quizás el emblema de la sospecha sea aquel encuentro que en 1991 tuvo como protagonistas a San Martín de Tucumán y Boca, en la Bombonera. Si el local ganaba o empataba, salía campeón. Hacía once años que no llegaba al título. Terminó 1 a 1. Claudio Benetti anotó el gol de la igualdad. Los tucumanos vencían 1 a 0. Una jugada brillante puso el score en el mismo número. La sospecha aún perdura. Igual que ese choque por la primera ronda de la Copa Libertadores entre Boca y Oriente Petrolero. Los dos primeros de un grupo de cuatro equipos pasaban a la siguiente ronda. Con la igualdad dejaban a River (el otro ya estaba eliminado) afuera y ambos seguían viaje en el certamen. Un 0 a 0 final fue llamativo. Pero sucedió.

A veces, algunos jugadores, técnicos o dirigentes piden que también se hable de los periodistas. Y hay algunos profesionales que elogian demasiado a ciertas figuras, hasta que los clubes los venden, sin necesidad periodística de hacerlo. Es llamativo. El fútbol está manchado. Llegó el momento de hacer algo para tratar de mejorarlo. Hasta que no haya una decisión global y en conjunto, será difícil que la transparencia juegue un papel fundamental en este sucio engranaje.

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Opinión

Fútbol sucio
Por Diego Fucks
Periodista de Fox Sports

Lo más sano que tiene el fútbol son los jugadores”, reza un viejísimo adagio del fútbol. Viejísimo. Tan viejo que ya no existe. No puede ser sano alguien que, desde lo conceptual, cree que cobrar dinero bajo cuerda para perjudicar a un tercero está bien. Daniel Pereira, el volante de Patronato, dijo que River los había incentivado para ganarle a Central porque cree que no hay problema. “Nos pagan para ir al frente, ¿cuál es el problema?”, dicen sueltos de cuerpo. Y así, con esa misma soltura, la AFA no investiga a River, acusado por Pereira de un delito deportivo. Eso sí: sancionó a Pereira por hablar “con ligereza” de incentivación. No es nuevo esto, como tampoco es nuevo que todo quede en la más absoluta impunidad o reducido a una charla de café. Boca hizo un papelón ante Oriente Petrolero en la Copa Libertadores del ’91, cuando empataron de común acuerdo para eliminar a River. Este club, a su vez, le dio varios sopapos al sentido común arreglando resultados en sucesivas últimas fechas en las que le tocaba siempre el mismo rival: Argentinos Juniors. Se llegó al absurdo de que, en 1994 (final del Clausura ’93 retrasado) River adquirió a Gabriel Cedrés, que jugaba para Argentinos, rival al que debía al menos sacarle un empate para ser campeón. Obviamente, empataron 1-1. River fue campeón y Argentinos sumó para evitar el descenso en la temporada anterior. Hay muchísimos ejemplos y recuerdos.
Los entrenadores también tienen su costado oscuro. Ricardo Caruso Lombardi no es el primero en ser acusado de quedarse con un dinero que no le correspondía ni es la primera vez que sucede con Caruso. Un técnico terminó abruptamente su carrera en los años ’90 porque se quedó con la plata que su equipo recibió por incentivación y no la repartió. Y un jugador de gran carrera en Europa no pudo terminar su periplo en el club de sus amores en los ’80 porque el DT de turno le pidió un 10 por ciento. De dirigentes “pedigüeños” a la hora de los pases de jugadores, escuchamos todo y de todos, no sólo de Passarella. Hasta el mismísimo Karl Heinz Rummenigge acusó al entonces presidente de Independiente Julio Comparada de pedirle una coima cuando Bayern Munich intentó comprar al Kun Agüero en 2006. Es más, la operación se cayó por este escándalo.

La rueda sigue girando llena de estiércol. Sin sanos. Es imposible hablar de “sano” en un medio tan enfermo.
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Opinión

Corrupción estructural
Por Víctor Hugo Morales
Periodista de Radio Continental

Hay una corrupción estructural siempre posible, pero no he tenido conocimiento de recientes casos de corrupción. Está tan mal el fútbol, viene de arrastres de todo lo que se robaron antes, que se me hace difícil pensar que alguien tenga algún margen. Se vende mucho menos, hay un gran seguimiento de lo que se vende, no veo operaciones hechas por dirigentes en solitario, hechas fuera del país, aunque es un tema siempre latente que no sorprende cuando aparece. Se escuchan cosas en el aire con gente que tiene mucho lío entre sí y puede ocurrir que sean locuras que le dan por decir, sin fundamento. Si los que tienen que decir no lo hacen con claridad, cómo hace uno para infiltrarse y llegar a la verdad. Si no fuera por la nota no se me habría ocurrido el tema, salvo la corrupción instalada desde siempre como pequeñas cosas difíciles de probar, la connivencia con las barras bravas, que siempre tienen un dinero en cuenta en el camino, pero para mí no hay novedades. Tal vez el caso del incentivo, pero es todos los años, estamos dolorosamente habituados a que sea así y no presenta ninguna arista que sorprenda al periodismo. Es algo ilegal e inmoral pero no tiene relación con lo que llamamos corrupción: un dirigente que iba prendido de un pase, la corrupción que instalaba y protegía la televisión en sus tiempos de la estafa al fútbol. Hay muy poco porque el incentivo para el mal comportamiento es escaso y hoy no estamos en un pico llamativo de corrupción.
(Testimonio recogido telefónicamente)

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Opinión

A pedir del poder
Por Alejandro Fabbri
Periodista de TyC Sports

No hay nada nuevo bajo el sol. Existió siempre, lo que pasa es que toma diferentes ropajes. Una cosa es la parte deportiva en la que se dio esta historia de Arsenal campeón, Tigre salvado de todo, San Lorenzo en la promoción, River que ascendió, todo establecido como querían los poderes, sin sorpresas como en otras épocas. La pregunta sería: por qué habría que pedirle al fútbol que sea limpio y por qué tendría que ser distinto a las otras actividades. Hay una costumbre de pedirle al fútbol que sea diferente a la vida diaria de los argentinos, donde hay mucha gente tentada por el dinero, que promete una cosa y hace lo contrario. El fútbol es la consecuencia o una vidriera de lo que es la sociedad. Gente que no paga los impuestos, que declara una cosa y tiene otra, es más de lo mismo. Se mantiene la misma línea, lo que pasa que no tenés manera de demostrarlo, nadie te cuenta nada, es más fácil contar la cantidad de carteras de la Presidenta, o la fortuna que tiene Macri, a saber si un jugador fue incentivado o un árbitro comprado. Le damos un lugar tan importante al fútbol que lo que pasa adentro se mantiene oculto por decisión de los protagonistas. Si no te lo cuenta un jugador, un dirigente, un árbitro, no te enterás. Nadie puede tirar la piedra porque todos incentivan y han cobrado un dinero. Se sospecha de entrenadores y dirigentes pero ves a los comisarios de la policía millonarios. ¿Por qué se le pide al fútbol que sea honesto en una sociedad deshonesta?
(Testimonio recogido telefónicamente)
Fuente: Revista Veintitres

jueves, 3 de enero de 2013

LA GUERRA SANTA DE FELIPE CALDERON

La doctrina estadounidense sobre las “nuevas amenazas” les otorga a los carteles de la droga el rol de enemigo preferencial. Y propone la militarización de la seguridad interna. El siniestro saldo de la guerra mexicana contra el narco.
Por Ricardo Ragendorfer.
Ya no constituye un secreto el empeño de los Estados Unidos por militarizar la seguridad interior de los países latinoamericanos. Ni resulta asombroso que hacia ese camino apunten sus programas de ayuda a las fuerzas policiales de la región.
“Ningún país por sí mismo puede hacer frente a los peligros que presenta el siglo XXI”, soltó el enviado de los Estados Unidos, Leon Panetta, el 8 de octubre en Punta del Este, durante la X Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas. Panetta usó esa frase para rematar su resumen sobre la doctrina norteamericana de “las nuevas amenazas”. Al respecto, de sus labios salieron cuatro vocablos: “Desafíos multifacéticos y solapados”. Ello alude –además del terrorismo y las pandillas criminales– a los poderosos carteles abocados al narcotráfico. Y compromete la utilización de las Fuerzas Armadas en labores estrictamente policiales. Pero el saldo de esa mezcla conceptual entre seguridad y defensa resulta algo trágico. El ejemplo mexicano es una prueba palmaria de ello.
Negocio global. Desde 1980, la Drugs Enforcement Administration (DEA) inició una cruzada integral contra los carteles latinoamericanos de la droga con el propósito de controlar el fabuloso flujo monetario que se desliza a través de sus arcas.
Su paralelismo más remoto es la Guerra del Opio en el siglo XIX entre Inglaterra y China, desatada a raíz de la pretensión británica de eliminar los obstáculos que impedían el comercio de tal pócima en el milenario país oriental. El surgimiento –a mediados de los años ’70– de los carteles colombianos, su fabulosa facturación y, con posterioridad, la debacle provocada por enfrentamientos armados entre estructuras rivales –en las que la DEA tuvo algo que ver– no acabó precisamente con el negocio, sino que lo condujo hacia una nueva tierra de promisión: México. Los resultados están a la vista.
La ofensiva bélica contra los carteles aztecas no ha podido desarticular a ninguno y, por el contrario, éstos sortean los embates del Estado con alianzas coyunturales entre sí –que, a veces, sólo duran días o el tiempo que lleva cruzar un cargamento–, a pesar de sus violentas disputas por el control de territorios y mercados.
En la actualidad hay en México ocho carteles estructurados con excelencia –el de Juárez, el del Golfo, el del Pacífico, el de Sinaloa, el de Tijuana, el de la Familia, el de los Beltrán Leyva y el de Los Zetas–, con ramificaciones en todo el territorio mexicano y estrechos vínculos con el conjunto de la agencias policiales de ese país.
Tales organizaciones están conducidas por hijos y sobrinos de legendarios capos como Endina Arellano Félix, Amado Carrillo Fuentes e Ismael Zambada. Se trata de una tercera generación de criminales que, por encima de la crueldad de sus operaciones, son diestros con sus pares en el fino arte de la negociación y que han sabido diversificar sus asuntos. Ya no sólo se dedican a las drogas, sino que abarcan un espectro de 25 figuras delictivas, como el secuestro, la extorsión, el tráfico de migrantes y hasta la trata de personas. De ese modo, mientras la sangre se escurre en un plano inclinado, la presencia del narco ha invadido hasta la última hendija de México.
Jinete del apocalipsis. Hay un registro visual que se convirtió en un acabado icono de la militarización del Estado mexicano: durante la mañana del 9 de febrero de 2011, el presidente Felipe Calderón, quien es célebre por su gran apego a la dramaturgia, inició la conmemoración de la Marcha de la Lealtad con una cabalgata desde el Castillo de Chapultepec hasta el Palacio Nacional, escoltado por una profusa formación de cadetes del Colegio Militar, tal como lo hiciera Francisco Madero hace 98 años.
Más allá de dicha efeméride, la puesta en escena significó un guiño para el Ejército en su lucha contra el crimen organizado. También fue una afirmación casi obscena de triunfalismo.
A esa misma hora, los noticieros informaban sobre la ejecución de ocho personas por tiradores que iban a bordo de camionetas, en el distrito de Nezahualcóyotl, ubicado a escasos kilómetros del sitio en el que Calderón montaba su brioso corcel. Aquel miércoles se reportó un total de 50 muertes en diez estados por ajustes de cuentas, atentados con explosivos y operativos de seguridad. Tal era el promedio diario de asesinatos a comienzos de ese año.
En cifras globales, desde diciembre de 2006, cuando –presionado por Washington– el entonces flamante mandatario tuvo la ocurrencia de convocar a las Fuerzas Armadas para su ofensiva contra los carteles de la droga, la ola de violencia causó en ese país unos 60 mil cadáveres.
Es por demás significativo que en los once meses anteriores de ese año sólo se hayan cometido 603 asesinatos de este tipo. Ello tiene su lógica. Ocurre que la “declaración de guerra” de Calderón al narcotráfico desató tres conflictos bélicos simultáneos: el de los carteles entre sí por el control de los territorios; el de los Zetas (organización integrada por desertores del Ejército), que financian su ingreso en el negocio de la droga con robos y secuestros, y el de los militares contra los propios ciudadanos.
Esta última contienda, por ser obra de una fuerza del Estado, merece una lectura especial.
Estado de excepción. Desde el punto de vista legal, la Constitución de México establece que si un conflicto interno amenaza al país, es lícito aplicar un “estado de excepción”. Y el Ejército en la calle lo es. Pero si ello no posee reglas precisas ni fecha de vencimiento, tal medida deviene en una excepcionalidad de facto, en la que esa anomalía se torna natural y cotidiana. Sobre esta base cabalga la dialéctica del autoritarismo, junto a su correlato fáctico: la suspensión de las garantías individuales y la violación de los derechos humanos. Ahora, a casi seis años de la intervención militar, el gobierno pretende blindar los atropellos de los uniformados con una reforma de la ley de Seguridad Nacional, con el objetivo de “cubrir lo que ya se hizo”. Motivos no le faltan.
En enero de 2010, el embajador estadounidense en México, Carlos Pascual, envió al Departamento de Estado un cable en donde cuestiona con dureza la capacidad operativa del Ejército contra el narcotráfico. Entre otras consideraciones, señala: “Sólo el 2% de los detenidos por militares en Ciudad Juárez ha sido responsabilizado de un crimen.” En otras palabras, el 98% restante estuvo bajo arresto –y sometido a bestiales interrogatorios– sin que haya cometido delito alguno. Gajes del olfato castrense.
Ya a principios de 2007 trascendió que, tras una emboscada a una unidad del Ejército en el Estado de Michoacán, los soldados torturaron y violaron a seis chicas de entre 14 y 17 años, además de arrestar ilegalmente a unas 36 personas cuyas casas fueron saqueadas. La pesquisa para dar con los autores del ataque narco derivó en una represalia indiscriminada contra la población. Lo cierto es que para las autoridades fue muy embarazoso reconocer que ése había sido el bautismo de fuego del Ejército en la “guerra santa” de Calderón.
Desde entonces –de acuerdo con la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH)– se han presentado 7.944 denuncias contra las Fuerzas Armadas por saqueos, torturas, asesinatos y desapariciones forzadas de personas. Claro que no fueron “excesos” ni “daños colaterales”, sino un estilo de trabajo. Un estilo basado en la creencia de que la sociedad civil es la retaguardia del “enemigo”. En ello cifraban los represores latinoamericanos de los ’70 su estrategia para combatir a la guerrilla. “Sacarle el agua al pez”, solían decir sus instructores. Otros, a ese recurso, lo llaman lisa y llanamente “terrorismo de Estado”.
Fuente: Tiempo Argentino.

TRECE AÑOS "MILAGROSOS"

El lanzamiento de Unidos y Organizados en Jujuy. Veintitrés acompañó durante tres días los festejos por el aniversario de la Tupac Amaru. Cómo se vive en el territorio comandado por Milagro Sala. Emociones y respaldos. 
Por Por Tali Goldman
El calor que se siente en San Salvador de Jujuy en las primeras horas del viernes 12 de octubre no es únicamente producto del penetrante sol puneño. Se trata de esos calores humanos, en el que transpiración y lágrimas se unen en una inconfundible sensación. A lo lejos, por las calles céntricas de la ciudad, se escuchan retumbar los bombos entremezclados con “pututus” –una especie de caracol milenario que suena como instrumento de viento– y las voces de gente, gente y más gente. “Hoy vinimos a celebrar, trece años tupaqueros con mucha felicidad”. Comandando la tropa, Milagro Sala, quien venía de presenciar la declaración de uno de los testigos en el marco de los juicios por delitos de lesa humanidad que se desarrollan en la provincia. Envuelta entre sus compañeros de la Tupac Amaru, la líder de la organización salta como una más, se abraza con los suyos, llora. Ni en sus más remotos sueños, de cuando era una adolescente y se fue a vivir a la calle, se imaginó que el trabajo que empezó con las “copas de leche” –merenderos– se transformaría en lo que hoy es la Tupac Amaru, una gigantesca organización social, barrial y, ahora, política.
La movilización desembarca en la puerta del nuevo terciario, el Instituto Superior “Tupac Amaru”. En medio de los saltos y cantos, Milagro agarra el micrófono y traza una línea imaginaria. “Compañeros, nadie pasa de esta raya, el que la pasa, va a cobrar y no plata”. Todos estallan de risa. Pero ella continúa. “Vos, te estoy viendo, te estás pasando, miren que hay muchos invitados que nos quieren, pórtense bien compañeros”. Empujando para atrás, los miles de tupaqueros se envalentonan con el cántico que los identificó durante el último tiempo: “Somos buenos, nosotros somos buenos”, lo que despierta una carcajada a la propia Milagro: “No se hagan los vivos”. Ella cruza el vallado. Allí la espera su marido y vocero de la agrupación, Raúl Noro, el delegado de ATE Jujuy y entrañable amigo, Fernando “Nando” Acosta, y otras tantas figuras de la provincia e invitados especiales. “Jallalla”, “Mullanta”, “Yasurupa” (en quechua-aymara: gracias, fuerza), grita Sala, mientras corta la cinta que deja inaugurado el primer Instituto de Gestión Social en la provincia de Jujuy, en donde se dictan las carreras de Turismo y Diseño, entre otras.. “Tupaquero, carajo, tupaquero, carajo”, repiten. Después del acto formal, llega el brindis y Milagro aparece ante un selecto grupo con una torta gigante: “Feliz cumpleaños Tupac”, se lee entre el merengue y el mazapán. Entre los que degustan las empanadas y sanguchitos están Carola y Pachila, dos tupaqueras casi de la primera hora, a quienes les encomiendan la tarea de llevar a periodistas y fotógrafos a recorrer el Alto Comedero, el imponente barrio a seis kilómetros del centro de la ciudad, que impresiona hasta al más impávido mortal. Allí, las casas con las caras del Che, Evita y Tupac Amaru se levantan entre canchas de fútbol, básquet, fábricas, piletas al aire libre, piletas climatizadas, centros de atención para discapacitados y centros de atención sanitaria. No hay un papel tirado en el piso. El barrio es más que un barrio. Es un “Cantry”, con “a”, como dice en la entrada. Porque viven con más. No están destinados a ser pobres. Los tupaqueros no quieren ser pobres. No buscan la limosna de los que más tienen, buscan dignidad, y allí la encuentran.

Pachila, una de las que oficia de guía, era una mujer golpeada que vendía sándwiches en la calle y vivía en una villa. Hoy tiene casa propia y trabaja en la oficina de la sede central en el departamento de Luz y Agua. Sus seis hijos van a la primaria y al jardín de la organización. Carola, por el contrario, es una de las pocas que nació en una casa de clase media en Jujuy. Pero hace nueve años comenzó a trabajar en una guardería y quiso ser parte de ese colectivo transformador. Hoy ambas son parte de la gran familia de Milagro y participan todos los domingos en los asados –cuasi sagrados– que realiza la líder en su casa. “Milagro y Raúl se despiertan y tienen a veinte tupaqueros en su habitación –cuentan divertidas–. Raúl dice que se casó con ella para vivir tranquilos y se terminó casando con diez mil personas”.

El sábado 13 amanece tempranísimo para “La Flaca”, como le dicen. A las ocho de la mañana ya están en el club Gimnasia y Esgrima de Jujuy, organizando el escenario, poniendo las banderas y armando las listas de oradores. Ella está en todo, hasta en el más ínfimo detalle. Quiere que todo salga a la perfección. La Tupac Amaru se lanza dentro de la corriente Unidos y Organizados y eso, en política, dice mucho. La Flaca tiene que demostrar que está a la altura de las circunstancias.

A las cuatro de la tarde comienza la marcha camino a la cancha. No puede con su genio. Milagro va un paso adelante digitando todo. “Córranse a la derecha”, “Qué pasa que no cortaron el tránsito”. Frena la marcha. Se acerca a los autos que cruzan la autopista. “Agarren por el otro lado, hagan el favor, ¿sí?” Mientras, le tira una botella de agua en la cabeza a un compañero que tiene calor. La cancha está cada vez más cerca y ella entra triunfante, acompañada por el líder de La Cámpora Andrés “El Cuervo” Larroque; el dirigente del Movimiento Evita Emilio Pérsico; Luis D`Elía, de MILES, y Andrés La Blunda, de Kolina, entre otros invitados. Milagro, excitada, agarra el micrófono y dice que tienen que esperar, que están llegando columnas de toda la provincia. Detrás del escenario corre de un lado para el otro. “Me dicen que es impresionante la gente que está viniendo, yo no lo puedo creer, juro que nunca me imaginé esto”. A las siete, suben todos al escenario. “Che gorila, che gorila, no te lo decimos más, si la tocan a La Flaca, qué quilombo se va a armar”. Milagro, preocupada, vuelve a agarrar el micrófono. “A Cristina, si la tocan a Cristina”. Raúl Noro, desde el atril, es quien dirige el acto. Le cuesta seguir los cánticos, pero enternece al público. “Raúl es cábala, es el orador oficial de todos los actos de la Tupac, nadie lo saca de ahí, nos trae suerte”, confiesa Coco, que es la mano y el pie –derecho e izquierdo– de Milagro y Raúl. Hablan todos, pero entre los oradores es quizás el más aplaudido Emilio Pérsico, quien logra definir a Sala de la manera más audaz: “La Evita Negra”.

Le toca el turno a Milagro. Raúl la presenta con voz quebrada: “Ahora, habla para todos ustedes, Milagro Amalia Ángela Sala”. Los cincuenta mil militantes no la dejan comenzar. “Porque somos la verdadera revolución, que pelea por el trabajo, la salud y la educación; porque quiero una vida digna que lo parió, y voy a dejar la vida luchando de corazón”. Ella canta. “Por fin las organizaciones sociales en Jujuy vamos a tener un espacio, el que ha creado Cristina de Unidos y Organizados porque desde hace rato nosotros no teníamos dónde discutir la política que queríamos para los jujeños”. Los fuegos artificiales estallan antes de tiempo. Milagro grita más fuerte, pero no puede más. “Jallalla”, “Mullanta”, “Yasurupa”, concluye. Ya son casi las nueve y media. De a poco, los tupaqueros van despejando la cancha. Milagro está agotada. Pero sabe, mucho no podrá dormir. Al día siguiente tendrá veinte de los suyos rondando en su habitación. Y aunque periodistas y fotógrafos no estén en el lugar, pueden vaticinar, con seguridad, que la líder jujeña dirá: “Pongan más cubiertos, los compañeros se quedan al asado”.
Fuente: Revista Veintitres.

miércoles, 2 de enero de 2013

UN POSTRE CON NOMBRE PROPIO

Por Eduardo Parise

La Copa Don Pedro –whisky, helado y nueces– nació en la cocina del restaurante Lo Prete.
 
Esta es una de esas historias que se van transmitiendo de boca en boca y que cada tanto vuelven a aparecer en las reuniones familiares o de amigos. Porque tiene relación con el final de una buena comida y forma parte de la mitología gastronómica porteña. Se trata del tradicional y siempre bien recibido postre al que se conoce como “Copa Don Pedro” que, por supuesto, no tiene que ver con ningún torneo futbolístico, ni de ahora ni de antes.
Recuerdan quienes recrean la historia a quien quiera oírla que todo empezó en uno de los famosos restaurantes que tuvo Buenos Aires donde supieron darse cita políticos, actores, militares, músicos, boxeadores, ex presidentes y otros personajes célebres. Se llamaba Lo Prete y ocupaba un gran terreno en la calle Luis Sáenz Peña del 739 al 749, entre Chile y avenida Independencia, en el barrio de Monserrat.
Es decir: el lugar era punto de convergencia por la fama de sus platos que incluían exclusividades como chivito relleno, pollo a la plancha o los canelones crepes. Pero aquel postre simple y efectivo como pocos fue lo que lo dejó en la memoria de muchos. Unos se lo atribuyen a un asiduo cliente que no quería que lo vieran tomando una medida de whisky al final de cada comida. Al parecer, se llamaba Pedro y en homenaje a él fue la denominación.
Sin embargo, Angel Lo Prete (había llegado desde Italia en 1907 y era uno de los cuatro hermanos que integraban la sociedad) alguna vez le atribuyó la creación a Pedro Ferrari, un colaborador del restaurante desde 1930. Además de Angel los hermanos eran Vicente, Domingo y Miguel. Pero como corresponde a un mito que se precie de tal, hay otra versión: la que le otorga el aporte creativo a Pedro Lo Prete, un primo de aquellos hermanos.
La creación tiene la grandeza de lo simple: un vaso ancho y bajo con una medida de whisky; encima una bocha de helado de crema y, como remate, unas nueces sobre el helado. Así aquello empezó a conocerse como un símbolo del lugar. El restaurante había empezado como una cantina entre tantas donde ese congregaba la comunidad italiana.
Pero, a mediados de 1941, remodeló sus salones, subió a la categoría de comedor internacional y llegó a tener hasta 140 mozos trabajando, lo que da una idea de sus dimensiones. Su fama también radicaba en que, salvo el pan, todo era de elaboración propia, incluyendo hasta los chacinados.
Después de medio siglo de historia, el restaurante Lo Prete cerró en 1988. Y tras el remate de los muebles, vajillas, maquinarias y demás elementos, aquel frente con una gran marquesina (donde se lucía el nombre y la coronaban muchas banderas), pasó a ser parte de los recuerdos.
Como esa discusión que, en los tiempos del dictador Juan Carlos Onganía, dicen que tuvo un militar con uno de los mozos. Aquel hombre sostenía que el postre no debía llevar nueces. Cuentan que uno de los hermanos Lo Prete se acercó hasta la mesa y para zanjar el tema le presentó a quien lo había creado. Por supuesto, aquello también es parte de la leyenda.
Y ya que se habla de leyendas, la de la “Copa Don Pedro” no es la única que tiene esta cosmopolita Buenos Aires donde alguna vez fueron más los inmigrantes que los nativos. Muchos recuerdan la que tiene que ver con la milanesa napolitana, surgida en un restaurante llamado Nápoli, ubicado frente al Luna Park. Otros prefieren evocar el caso de los sorrentinos, elaborados en un restaurante llamado Sorrento. Pero tal vez la más curiosa es la que llevó al origen de ese condimento tan nuestro al que conocemos con el extraño nombre de chimichurri. Pero esa es otra historia.
 
Fuente: Clarin

GENERACION Y: EL 80% REVISA MAILS APENAS SE LEVANTA DE LA CAMA

Son universitarios o profesionales hiperconectados, de 18 a 30 años.
 
 
 
Algunos tienen la capacidad de no perder ningún detalle a la hora de vestirse. Otros no se pueden ir a dormir si no dejan antes todo ordenado a la perfección. Y también están los que no pueden levantarse de la cama sin antes estar informados. Según una encuesta, el 80 por ciento de los argentinos universitarios y profesionales de entre 18 y 30 años asegura que, antes que cualquier otra cosa, la primera actividad que realizan es la de chequear su smartphone para ver actualizaciones en el mail, textos y redes sociales.

El cuerpo humano tiene 206 huesos y el smartphone podría ser considerado el número 207 para la llamada Generación Y (se denomina así a los que nacieron entre 1982 y 1995). Es que dos de cada cinco consultados afirmó que se sentirían “ansiosos e incompletos” si no pudieran utilizar sus celulares para conectarse. La encuesta, hecha por la compañía tecnológica Cisco, fue realizado en 18 países, e incluyó a la Argentina.

Esta generación está constantemente conectada. Y la información les llega en tiempo real y en todo momento. Por ejemplo, el 30 por ciento dice chequear el celular tantas veces por hora que ya perdió la cuenta de cuántas veces lo hace. Mientras que en Estados Unidos, el 40% revisa sus dispositivos al menos una vez cada diez minutos.

La necesidad de estar conectados significa que las líneas entre el trabajo y la vida social y familiar son difusas. Estos jóvenes se fijan si hay nuevas actualizaciones laborales y se comunican a toda hora desde diferentes lugares. Sin embargo, de aquellos usuarios compulsivos de celulares, el 60 por ciento desearía no sentirse tan obligado a usarlo. En Argentina el porcentaje baja al 54 %.

Otro dato que se desprende de la encuesta es que la mitad de los argentinos de la Generación Y pasan más tiempo con amigos online que en persona. Sin embargo existe una diferencia de género. Según el estudio, los hombres tienen más contacto directo con amigos o familiares (38%) que las mujeres (29%).

Pero como todo es versátil a la hora de relacionarse, cuatro de cada cinco (81%) cree que en la Web las personas tienen una identidad falsa. Esta desconfianza está más ampliada en el país (85%). De hecho, cuando se les preguntó acerca de ellos mismos, sólo el 44% aseguró que mantiene su manera de ser en el mundo virtual.
 
Fuente: Clarin

"FINALMENTE, EL TRABAJO DE LOS ONCOLOGOS SE HA VUELTO MENOS FRUSTRANTE"

Por Georgina Elustondo

El estigma que tiene la enfermedad hace que la gente tema y demore la consulta. Perderle el miedo a la palabra “cáncer” multiplica la posibilidad de salvar vidas dice Ricardo Kirchuk,  especialista.
 
Le pone el cuerpo, a diario, a un “combo” a veces desesperante: su territorio es el cáncer y la pobreza, el paciente oncológico de escasos recursos personales para afrontar una enfermedad difícil. Lo suyo es la trinchera, el borde de la vida. Es el director del Instituto de Oncología Angel Roffo y uno de los principales oncólogos del país. Ricardo Kirchuk está ahí, con el guardapolvo gastado, el gesto ameno y la sonrisa fresca de quien celebra cada avance con alegría de principiante. “La oncología es menos frustrante que hace 30 años”, se entusiasma. Se indigna con el dolor más que con el cáncer y se niega a aceptar que vayan de la mano: “Fallamos nosotros. Falla el sistema”, se reprocha y asegura que el cáncer es un tema de Estado.
 
A pesar de los avances, el cáncer sigue teniendo una gran carga emocional, cierto estigma. En los medios se habla de “larga enfermedad”, ni se la nombra.
Es un tema denso, pero hay que bajarle la carga negativa y hay que educar a la población. Digamos “cáncer”. Hay que perderle el miedo a la palabra y a la enfermedad porque hoy más de la mitad de los pacientes se curan. Y para seguir avanzando es clave reeducar para que la gente no tema y venga a la consulta. Generar miedo y silencio en torno al cáncer hace que perdamos la posibilidad de salvar vidas.
 
“Cáncer” es una de las palabras más buscadas en Google. Es un fantasma temible para muchos.
Sí, pero ya no debería serlo. Es una enfermedad importante, pero hay que verla como una enfermedad más que, detectada a tiempo, en muchísimos casos se cura. El diagnóstico ya no es una condena a muerte. No podemos curar a todos, pero sí a muchos. Eduquemos para cambiar conductas y prevenir. La gente, los médicos, los Estados, todos podemos hacer algo para bajar la incidencia y la mortalidad por cáncer. Es una picardía que se muera gente que podría curarse.
A veces parece que no se avanzara: la gente se sigue muriendo.
Se avanza de a poco, pero se avanza. Esos avances no sirven para todo el mundo, pero son clave en pacientes con un determinado tumor, porque se curan. Otras veces no podemos curar la enfermedad pero sí controlarla: hacer como ocurrió con el sida, volverla una enfermedad crónica, que no mate. Un ejemplo: el 15% de las pacientes con cáncer de mama tiene un gen que hace que el tumor sea más virulento. Lo detectaron y le encontraron un antídoto: hay drogas que ayudan a bloquear la metástasis y la sobrevida de esas mujeres aumentó 20%. Se dio vuelta la enfermedad.
 
¿Cómo es su trabajo hoy?
El trabajo de los oncólogos se volvió menos frustrante. Pero falta mucho porque lamentablemente la gente se muere, y a veces se muere sufriendo. Ahí falla el sistema, fallamos nosotros.
 
¿Hay diferencias con los resultados que obtienen en los tratamientos en el Primer Mundo?
Muchas. Pero acá conviven cifras de países subdesarrollados con estadísticas de Europa o EE.UU. En Capital, en cáncer de cuello de útero nos parecemos a los escandinavos, a los británicos; pero en Soldati estamos como en Africa. Y eso es por falta de acceso a la salud y a la información.
 
¿El cáncer es un tema de Estado?
En parte sí. Medio en chiste, medio en serio, yo digo: un paciente con cáncer de colon avanzado, que entra con metástasis y que aquí puede tener una sobrevida de más de dos años, gasta unos 250 mil dólares en medicación e internaciones. Claramente sería mejor prevenir ese tumor, aunque sea para ahorrar plata.
 
¿La gestión actual en materia de salud es buena?
En el Roffo, el Ministerio de Salud ayuda mucho con la tecnología y tenemos apoyo del rectorado de la UBA. Pero faltan recursos para atender a la tarde. A la mañana, en la sala de espera, no entra la gente ni parada. Estamos desbordados.
¿Creció el número de pacientes porque aumentó la incidencia de cáncer en el país?
No, la incidencia del cáncer no aumentó. Hay más casos porque creció la población. El cáncer sigue siendo una enfermedad de gente grande y con el Instituto Nacional del Cáncer (INC) esperamos bajar la mortalidad.
 
¿Cuál es la función del INC?
Fue creado en 2010 para definir políticas que bajen la mortalidad por cáncer. Ese objetivo se puede lograr con dos o tres cosas. La principal, la ley antitabáquica: fue promulgada, pero el marco de aplicación no fue avalado por el Congreso. Vamos a seguir insistiendo hasta que salga, porque tendrá un gran impacto en la incidencia y mortalidad por cáncer.
 
¿Es tan clara la relación entre tabaco y cáncer?
La principal causa de muerte por cáncer es en pulmón y sólo 15% de los pacientes con ese tumor no fuman. Está aumentando el tabaquismo en mujeres jóvenes y nos preocupa. El cigarrillo incide además en los tumores de cabeza y cuello, vejiga; en los cánceres digestivos, en páncreas y riñón. Es también un tema de Estado y de recursos. El tabaco genera mucho dinero, es un gran negocio, pero el gasto en salud que causa duplica o triplica esa suma.
 
¿Qué otra acción impulsará el INC para bajar la mortalidad?
Otro gesto se orienta al cáncer de cuello de útero. Da bronca que mujeres jóvenes se mueran por esta causa. Estamos probando un programa en Jujuy y queremos llevarlo a todo el país. Pedimos a la mujer que ella misma se tome una muestra, un exudado, y si tiene los virus HPV que provocan cáncer, se haga un PAP. Además, queremos promover la detección de sangre oculta en materia fecal. En Francia, el gobierno envió a todas las personas de más de 50 años una tirita con un reactivo. Pidió que lo pusieran en su materia fecal y que fueran a hacerse una videocolonoscopía si daba positivo. Contestó el 35% de la población y bajaron la mortalidad por cáncer de colon. Queremos hacer algo similar, pero nuestro cuello de botella es la videocolonoscopía: faltan aparatos y operadores. Y, por último, cáncer de mama: una de cada 8 mujeres va a desarrollarlo en algún momento de su vida, pero más del 75% no morirá por esa causa. Tenemos que llegar al 100% de curación. Eso se logra con la mamografía, que detecta el tumor in situ, no invasor. Todas las mujeres deben hacerse una mamografía anual a partir de los 50.
 
¿Con una mamografía anual alcanza?
Sí, pero debe estar bien hecha. La diferencia de las digitales es enorme. Y cuando hay antecedente de madre o abuela con cáncer antes de la menopausia hay que sumar estudios genéticos. Esto lo sabe el médico, por eso es clave que el screening lo haga un mastólogo. Aquí también hay un gesto de Estado: si los gobiernos no actúan va a quedar mucha gente indefensa y se va a tirar dinero: en el primer nivel detectable, el tratamiento sale 17 veces menos que el estadio más sencillo del cáncer.
 
Muchos descreen de la validez de cuidarse o prevenir apelando a algún caso conocido que, “habiendo hecho todo bien”, murió de cáncer en meses.
Sí, se escucha. Pero ese comentario no dice nada: es un caso particular y hay que mirarlo en términos epidemiológicos. En un encuentro de la Unión Internacional contra el Cáncer se hizo un decálogo para no tener cáncer: del uno al cinco, no fumar; sexto, comer pocas grasas saturadas; séptimo, no beber en exceso: octavo, no tomar sol en horas pico; noveno, no exponerse a radiaciones ionizantes; y décimo, que me pareció muy gracioso pero ilustra bien el tema, tener buenos genes.
 
Con malos genes, entonces, estamos complicados.
Por eso está en décimo lugar. Lo que uno trae es fundamental, pero se va a activar o no en función de que haya o no “promotores”. El cigarrillo es un promotor que puede gatillar un gen que tal vez nunca se hubiera despertado.
 
¿Las emociones, el estrés, pueden ser promotores también?
No está claro. Hay miles de trabajos que relacionan estrés y cáncer, depresión y cáncer, pero aún no está certificado. Yo veo algo diferente: los pacientes que tienen o han tenido cáncer y están bien anímica y psíquicamente superan mejor el tratamiento y se curan mucho más que los que no.
 
En el Roffo aflora una realidad muy dura. El cáncer es difícil de enfrentar para cualquiera, pero la combinación cáncer y pobreza parece desesperante.
Coincido. Y la combinación más tremenda es pobreza y cáncer avanzado, que es lo que recibimos del GBA y del interior. Demoran la consulta, llegan tarde y lo único que podemos darles es cuidados paliativos. Nuestro servicio es el mejor del país. Tiene asistentes sociales y una abogada para defender los derechos del paciente.
 
Uno ve el cuidado paliativo como una recta final, donde sólo queda esperar. Una etapa de dolor …
En el 99% de los casos, un paciente bien tratado no tiene dolor. Podemos hacer que no sufra. La morfina, que antes nos daba horror, dejó de ser mala palabra. Los organismos internacionales dicen que los países que no la entregan son crueles con su gente.
 
¿Esa “piedad”, ese sostén, está en manos de los paliativistas?
Los cuidados paliativos dejaron de ser un lugar para los que se quedaron sin posibilidades. Son clave a la hora de paliar los síntomas: el dolor, la falta de aire, los vómitos. Eso hace a la calidad de vida del paciente, a su dignidad. Ayudan a que la caída sea menos brusca, más humana, y a veces acompañan al paciente mucho tiempo. El nuevo Roffo tendrá un pabellón entero dedicado a esto. Cuando el paciente sufre fallamos nosotros, falla el sistema.
¿Faltan medicaciones?
No faltan drogas oncológicas. Sí se puede discutir sobre la calidad de la droga y sobre los tiempos: las drogas caras a veces demoran dos meses y a veces es tarde.
¿Las terapias complementarias sirven?
“Complementario” quiere decir que no hay suficiente evidencia de que sirva. Hay servicios serios, como el Memorial de Nueva York, que lo incluyeron: saben que la gente lo hace igual. Lo central es que no dejen su tratamiento.
¿Qué panorama se vislumbra para los próximos años?
Buenas noticias, más curación, pero también datos muy tristes: dos tercios de los cancerosos van a ser de países pobres. Para eso no hay respuestas todavía.
 
Fuente: Clarin