lunes, 9 de diciembre de 2013

CORREN Y VUELAN

La original compètencia de Los Autos Locos. 60 mil personas y 36 vehículos especialmente diseñados reunió el evento organizado por una bebida energizante. Carros alegóricos al tango, el asado y el vino, en una carrera de creatividad.

POR BRUNO LAZZARO



"Papi, ¿está Penélope Glamour?"

Supongamos por un momento que el apellido lo pronunció como si el cien por ciento de sus siete años hubiese estudiado inglés. Pero no. El Penélope vino acompañado de un “Mamur” o de algo similar, y con poco encanto. Lo importante es que la chica coqueta del Compact Pussycat no está. Tampoco Pierre Nodoyuna, Pedro Bello ni el profesor Locovitch, aquellos personajes de Hanna-Barbera que ganaron la pantalla chica desde mediados de los sesenta. Pero allá a lo lejos, en la pista de largada, una réplica del Rocomóvil –conducido por los hermanos Pedro y Roco Macana– está a punto de dar inicio, por primera vez en la Argentina, a la famosa carrera de autos locos: el Red Bull Soapbox Race.

Es domingo y la marea humana avanza por Corrientes, hacia el Bajo, sin saber bien con qué se va a encontrar. Pese a los malos vaticinios, hay sol. Demasiado para una calle que se desborda de familias y amigos. Dos chicos comparten el peso de un hisopo gigante que servirá para alentar al Oreja Motors, uno de los 36 autos que participarán de la carrera. En el ingreso, una mujer les pide a los fotógrafos que graben lo que para ella es una escena de discriminación pese a que ellos le explican que sus cámaras sólo sacan fotos. Pero ella insiste. Una, dos, tres veces. Hasta que desaparece por un atajo.

Por la calle que nunca duerme, desde Florida hasta Alem, el corredor está presto. El recorrido consta de algunas rampas con el fin de dificultar la llegada de los autos a la meta. Gonzalito Rodríguez, con la colaboración de la sueca Alexandra Larsson, hace lo que puede para llevar adelante un evento que anda solo.

La gente se agolpa detrás de las barandas y a un costado de los fardos de contención. Diez hombres se juegan la vida arriba del techo de un puesto de diarios en la esquina de Reconquista con el fin de ver cómo es el accionar de los rodados mientras otros dos se balancean en el semáforo como parte de las 60 mil personas que se dieron cita en el lugar.

Los autos pasan y cada equipo realiza una especie de puesta en escena para impresionar a un jurado integrado por la modelo Pampita Ardohain, el ex piloto de F1 Norberto Fontana, el actor Nicolás Riera y el doble campeón del Dakar, Marcos Patronelli. Están los que bailan, los que apelan a la actuación, alguno que intenta besar al conductor reviviendo uno de los peores chistes de los ochenta y aquellos que regalan choripanes, como los integrantes del Parrimóvil, quienes lograron una gran humareda a la hora de salir a escena. “Nadie puede resistirse a un asado. La idea era lograr llamar la atención de la gente”, dice uno de los conductores antes de darse cuenta de que su cometido era un hecho. Sin embargo, eso no alcanzó para llevarse el premio principal: un viaje con todo pago para los integrantes del equipo para presenciar, entre el 22 y el 24 de noviembre, el Gran Premio de Fórmula 1 en Brasil.

El Red Bull Soapbox Race nació hace 13 años en Bruselas y ya llegó a 80 lugares del mundo como Londres, Los Ángeles, Omán, Hong Kong, Barcelona, París y Moscú. Cientos de corredores presentaron sus diseños con el fin de formar parte y quedaron seleccionados 36 autos que el domingo 10 pusieron a prueba su velocidad y su originalidad.

En las tribunas vip, algunos famosos agarran sándwiches de a dos pese a que, se sabe, los eventos del energizante siempre son abundantes. El periodista Augusto Tartúfoli hace cuernitos junto a su hijo mientras por los parlantes suenan los Rolling Stones. Pasa el Pinki Bully y las chicas de San Isidro chocan sus latas energizantes antes de hacer explotar un cañón de papeles rojos con forma de corazón. Y los chicos lucen sus pantalones de colores debajo de los lentes de un sol que ya quedó en pasado.

El Carmelitas Motorizadas Racing Team sale a la luz con todos sus integrantes disfrazados de monjas, seguido por El Scoupe Yama 2.0, que arranca a gran velocidad con un piloto –un gaucho en función de jinete– desaforado que no para de golpear con una fusta a su auto de competición. El Carlitos Sport Team convence al jurado apelando al tango, mientras que los miramarenses del Titanic le ponen acting a la pasarela antes de reproducir la famosa escena de la película en un auto con forma de barco.

La junta se muestra activa. Fontana y Patronelli se prestan el rol de malvados, mientras que Riera y Pampita seducen desde los boxes. A la hora de lograr la risa, el equipo Mate saca a relucir su mejor arma: un pequeño Guido de Cars cuyo único fin es conseguir un beso de la modelo. El Jamaica Bajo Cero se destruye en la primera rampa aunque logra llamar la atención de los presentes desde la previa.

Luego de dos horas y media, la carrera llega a su fin. La gente del Chivalry Express festeja el premio a bordo de su auto con forma de botella. Y en sus palabras sentencian cuál será su próximo desafío: “Es un orgullo haber ganado. Somos un grupo de amigos que nos juntamos para encarar este proyecto y nos sirvió para unificar más nuestra amistad. Estamos muy contentos. ¡Allá vamos, Vettel!”

Fuente: Revista Veintitrés. 

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