jueves, 1 de noviembre de 2012

PRIMERA CONDENA POR FUMIGAR CON AGROQUIMICOS

En un fallo inédito, un tribunal cordobés condenó a tres años de prisión en suspenso a dos de los acusados por afectar la salud del barrio Ituzaingó por usar indebidamente endosulfán y glifosato. El tercer imputado fue absuelto.
 
 

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El tribunal de la Cámara I del Crimen de Córdoba condenó ayer a tres años de prisión condicional, es decir, no efectiva, al productor rural Francisco Parra y al piloto aeroaplicador Edgardo Pancello por las fumigaciones ilegales en el Barrio Ituzaingó Anexo, cercano a la capital provincial, al tiempo que absolvió al productor Jorge Gabrielli. La sentencia es la primera en su tipo en el país y corona una lucha de más de diez años de los vecinos del lugar que vienen denunciando las consecuencias de las fumigaciones en la salud de los habitantes. Fruto de esas luchas es la organización Madres de Ituzaingó, que se convirtieron en símbolo de los reclamos contra la contaminación con agrotóxicos.
Tras más de dos meses de juicio, el tribunal, integrado por Lorenzo Rodríguez, Mario Capdevila y Susana Cordi Moreno, deliberó ayer durante nueve horas para decidir el veredicto. La sentencia contra Parra y Pancello fue a tres años de prisión de ejecución condicional por dos hechos de fumigación ocurridos en 2004 y 2008.
Parra fue condenado como autor del delito de contaminación ambiental penado por la Ley de Residuos Peligrosos, en forma continuada. Los camaristas dispusieron que, durante cuatro años, Parra deberá cumplir “diez horas semanales de trabajo no remunerado”, a favor “del Estado o de instituciones de bien público, vinculadas con la salud”, al tiempo que quedó inhabilitado “durante ocho años para el ejercicio de la actividad de aplicación de productos agroquímicos”.
Los jueces condenaron al piloto Pancello a tres años de ejecución condicional por considerarlo “coautor del delito de contaminación ambiental” por el hecho ocurrido en 2008. Pancello fue inhabilitado durante diez años para operar con productos agroquímicos y también deberá realizar un trabajo comunitario.
Por su parte, el tribunal absolvió al productor Jorge Alberto Gabrielli, tal como había pedido el fiscal Marcelo Novillo Corbalán en el momento de efectuar sus alegatos, por considerar que faltaban pruebas determinantes y por el principio de presunción de inocencia.
“Quedo conforme en cuanto al encuadramiento: se comprobó que la fumigación, en las condiciones socioambientales en que se encontraba el barrio, puso en peligro la salud humana”, expresó Novillo Corbalán. Asimismo, destacó que “se cumplió el objetivo de mínima” y agregó que “no recurrirá la sentencia”, pese a que él había requerido cuatro años de prisión de cumplimiento efectivo para Parra y tres (también de forma efectiva) para Pancello. “Ocurre que, en forma subsidiaria y para el supuesto de que no se establecieran penas de cumplimiento efectivo, nosotros habíamos pedido la aplicación de reglas de conducta, tal como resolvió el tribunal”, explicó.
En cambio, Juan Manuel Aráoz, abogado de Parra, anticipó que, si bien esperará a conocer los fundamentos del fallo, que se difundirán el 4 de septiembre, recurrirá la sentencia “teniendo en cuenta que se considera delito una actividad autorizada por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria y por otros organismos nacionales”.
A su turno, el abogado de Pancello, Alejandro Pérez Moreno, subrayó que se sentía “vencido”, porque “no hay ningún argumento serio que destruya la presunción de inocencia de su cliente”.
Miguel Angel Martínez, abogado querellante, expresó que había que “entender a la gente que viene luchando desde hace doce años” y que tal vez esperaba penas de ejecución efectiva, no obstante destacó “el valor del precedente que se sentó”. En diálogo con Página/12, Martínez señaló que “este fallo viene a sancionar un delito que anteriormente sólo era considerado como una falta”. “Aquí hay una pena efectiva desde el punto de vista penal, tanto para Pancello como para Parra y, a partir de ahora, cualquier productor que contamine el ambiente y perjudique la salud de las personas con fumigaciones ilegales tiene que saber que la ley penal lo va a atrapar”, dijo.
Por su lado, Sofía Gatica –fundadora de Madres del Barrio Ituzaingó e impulsora de la causa, tras perder a una hija con malformación de riñón en 2002– apenas conoció la sentencia dijo que “no tenía nada que decir”. “¿Quién nos devuelve la salud a nuestros hijos?”, expresó.
Lucía Fernández, vocera del colectivo Paren de Fumigar, también se pronunció con respecto al fallo y dijo a este diario que “la sensación que nos deja esta condena es de absoluto dolor, porque no era lo que esperábamos”. “Sin embargo, estimamos que marcará un antes y un después en lo que se refiere a este tipo de casos. Vamos a seguir dando pelea por un ambiente saludable para todos, para que no haya más enfermos ni muertes que podrían ser evitables”, añadió.
Los hechos juzgados por el tribunal ocurrieron cuando la municipalidad de la ciudad de Córdoba ya había declarado al grupo poblacional de barrio Ituzaingó Anexo en emergencia sanitaria, entre otras razones, por la presencia de productos agroquímicos contaminantes. Según la acusación, en las fumigaciones realizadas sobre los campos ubicados en la inmediaciones de barrio Ituzaingó se utilizó endosulfán y glifosato, en violación a la Ley de Agroquímicos de Córdoba Nº 9164, que prohíbe la aplicación aérea de esos productos agroquímicos en un radio menor a los 1500 y 500 metros de distancia de las poblaciones urbanas, respectivamente.
La causa fue elevada a jucio tras constatar que la zona estaba contaminada con un cóctel tóxico, según estudios realizados en el lugar. Agua contaminada con arsénico, PCB de los transformadores de la Empresa Provincial de Energía de Córdoba (EPEC) emplazados en el sector y los agrotóxicos por las fumigaciones. En el Barrio Ituzaingó fueron denunciados 200 casos de cáncer, cien de ellos fatales. Además, sobre una muestra de 142 chicos se comprobó que 114 tienen agroquímicos en su organismo.
 
Informe: Sabrina Améndola.
 
Fuente: Pagina/12

CUANDO TODO UN PUEBLO FUE PROTAGONISTA

Exodo jujeño. Con un ejército diezmado, Manuel Belgrano ordenó al pueblo jujeño retirarse a Tucumán y dejar tierra arrasada al enemigo. Muchos lo hicieron por convicción, otros por obligación. Así logró revertir la relación de fuerzas desfavorable.
 

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Por Eduardo Videla
 
Podría decirse que es la primera pueblada de nuestra historia: todo un pueblo dejó lo poco o mucho que tenía para marchar con el ejército y dejar tierra arrasada al enemigo. Habría que decir también que se hizo bajo amenaza de pasar por las armas a quien se negara. Lo cierto es que el llamado Exodo Jujeño, del cual se cumplen dos siglos entre hoy y mañana, fue clave en la guerra por la independencia. Como lo fue la rebeldía de Manuel Belgrano, que desobedeció las órdenes de Buenos Aires de retroceder hasta Córdoba, y se impuso en Tucumán a las tropas de la corona. “Si hubiera obedecido, hoy probablemente la frontera norte de nuestro país estaría en Córdoba”, conjetura Pacho O’Donnell, titular del Instituto de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego. “La estrategia del éxodo es interesante para reivindicar a Belgrano como militar, a quien se lo suele maltratar calificándolo sólo como un abogado”, agrega el historiador Felipe Pigna. “Aplicó un método militar bastante primitivo: privar al enemigo de abastecimiento, lo que le permitió modificar la relación de fuerzas, que hasta ese momento le era desfavorable”, concluye el escritor Alejandro Horowicz, autor de El país que estalló (1806-1820).
El éxodo comenzó la noche del 22 de agosto de 1812 y finalizó al día siguiente, cuando se fue de la ciudad el último hombre: el propio Belgrano. Pero todo había empezado mucho antes, después de que, en febrero de ese año, el Primer Triunvirato le ordenó al general la retirada a Córdoba. “Después de las derrotas de los ejércitos patriotas en el Alto Perú, la situación se había vuelto muy comprometida. El gobierno de Buenos Aires, más preocupado por su propia subsistencia que por la de las provincias, ordenó la retirada”, comenta O’Donnell. “Pero la orden era retirar el ejército, no a la población. Poner a salvo lo que quedaba de las tropas.”
“El Ejército del Norte estaba debilitado, carente de recursos por la mezquindad de Buenos Aires –agrega Pigna–. Belgrano decide justamente hacer una guerra de recursos y dejar sin provisiones al enemigo: sabía que el Ejército realista venía padeciendo hambre y sed, y que después de atravesar la Puna esperaba aprovisionarse en Jujuy.”
“Belgrano no tenía formación militar, pero había leído táctica y estrategia militar, sabía que en las guerras europeas se utilizaba la estrategia de retroceder dejándole al enemigo sin posibilidades de abastecimiento, ni animales ni alimentos”, agrega O’Donnell. En rigor, la estrategia de tierra arrasada fue utilizada por ejércitos en desventaja desde la Antigüedad. “Lo había aplicado en forma casi contemporánea el ejército ruso de Alejandro I y fue clave para derrotar a Napoleón”, acota Pigna. En estas tierras, lo había implementado José Artigas un año antes, durante el sitio de Montevideo.
Es que Belgrano ordenó a los pobladores irse con todo y quemar lo que no podían llevar. Y la orden no deja lugar para dudas. “El bando que dicta Belgrano, a 200 años, conmueve por la claridad en el objetivo”, sostiene Pigna. En el texto advierte sobre “los desnaturalizados que viven entre nosotros y que no pierden arbitrios para que nuestros sagrados derechos de libertad, propiedad y seguridad sean ultrajados y volváis a la esclavitud”. Les pide a los hacendados que se apresuren a sacar su ganado hacia Tucumán “sin darme lugar a que tome providencias que sean dolorosas declarándonos además, si no lo hicieses, traidores a la Patria”. La misma advertencia les hace a los labradores y a los comerciantes. Y el que intente “pasar sin mi pasaporte será pasado por las armas inmediatamente, sin forma alguna de proceso”. La misma pena sufrirían, advierte, “los que inspirasen desaliento”. Y sean tenidos por traidores a la Patria “todos los que a mi primera orden no estuvieren prontos a marchar”.
Es por eso, dice O’Donnell, que “el pueblo se sumó entonces a las fuerzas patriotas y acompañó la marcha hacia el sur, un poco de manera voluntaria y otro poco forzado”. “Sobre todo las clases dominantes, los comerciantes que comerciaban con las zonas mineras del Alto Perú, que se veían perjudicados por la guerra y no tenían intención de sumarse: para ellos el éxodo fue mano militar”, argumenta Horowicz.
Lo que hoy se conoce como éxodo, no fue llamado así por sus protagonistas. Según explica el politólogo Hernán Brienza en su reciente libro, que lleva el nombre de la gesta, tanto Belgrano como el Triunvirato lo llamaron “retirada” y recién en 1910 el escritor Ricardo Rojas rebautizó el acontecimiento como éxodo, un término que “remite a la huida del pueblo judío de Egipto, liderado por Moisés, en busca de la Tierra Prometida”, dice Brienza.
Pese a todo, para O’Donnell “fue un verdadero movimiento de masas”.
“Un hecho fundamental de la lucha por la independencia”, según Pigna. Luego viene una nueva desobediencia de Belgrano: quedarse en Tucumán. “No le queda otra salida que desobedecer: la gente ya no lo seguía”, dice Horowicz. Y además el gobernador Aráoz le suplicó que se quedara allí, a defender la ciudad. Se sabía: el enemigo venía sediento de venganza, dispuesto al saqueo y a las violaciones de mujeres en el territorio vencido. “La confusión de la batalla es tal que, al finalizar, Belgrano no sabía si había ganado o perdido”, dice O’Donnell. Hasta que José María Paz le informó que el que se había retirado, ahora, era el enemigo.
 
Fuente: Pagina/12

EL PRESO 26

Luis "Nono" Ortolani negoció la entrega del penal de Rawson por parte de los presos que se habían quedado adentro el 15 de agosto de 1972, después de que salieran los primeros 25 y se frustrara la fuga del resto. En Devoto, dos sobrevivientes le contaron los detalles de los fusilamientos del 22 de agosto en la llamada Masacre de Telew.
 

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Por Victoria Ginzberg
 
La fuga del penal de Rawson se planeó en tres niveles. El primer grupo era de seis, los máximos dirigentes de las organizaciones Montoneros, PRT-ERP y FAR, que lograron subirse al avión que los llevó a Chile. Un segundo, de 19, salió de la cárcel, pero se quedó en el aeropuerto y terminó en la base Almirante Zar. Esos 19 fueron fusilados el 22 de agosto de 1972. Había un tercer grupo hasta contar 116, que era el número de personas que entraban en el avión que se pretendía tomar. “Si algo salía mal, el primero que se quedaba adentro, el preso número 26, que vengo a ser yo, tenía que llamar a los remises para que se fueran los otros”, cuenta Luis “Nono” Ortolani. El 15 de agosto de 1972 fue el encargado de negociar la rendición de quienes habían quedado dentro del penal. Una semana después, se enteró por radio de la muerte de sus compañeros. Desde ese mismo momento supo que la versión oficial era mentira de principio a fin, pero el detalle de cómo fueron los asesinatos lo supo en uno de sus traslados a Buenos Aires, cuando pudo hablar en el patio de Devoto con René Haidar y Alberto Camps, dos de los tres sobrevivientes de la masacre. Ortolani militaba en el PRT-ERP, estaba a cargo del área de propaganda. Lo arrestaron en 1972, en Córdoba, después de una reunión de la Escuela de Cuadros, en Salsipuedes, cuenta, y hace notar la ironía del nombre del lugar. Tiene 73 años, vive en Rosario y hace 24 años conduce el programa Hipótesis, en LT28.
–¿Cómo se empezó a hablar de la fuga?
–El preso político cae y lo primero que piensa es cómo fugarse. Cuando declaré el 2 de agosto en el juicio oral, hice esta comparación: en los ejércitos convencionales, en una guerra entre países, los soldados son civiles llamados a filas, no tienen obligación de fugarse, pero los oficiales sí, porque ellos han elegido la carrera militar. Como nosotros todos habíamos elegido ser combatientes y militantes teníamos obligación, nuestro pensamiento estaba en la lucha junto al pueblo, junto a nuestros compañeros, organizando a la gente.
–Y primero se pensó en un túnel.
–Al principio habíamos pensado en un túnel, pero el terreno de Rawson es muy jodido, salía tierra con piedras y eso lo llevábamos disimulado en mochilas que hacían las compañeras arriba y nos las mandaban. Había cosas que entraban de afuera, yo no sé cómo. Una de las claves de la fuga fue un celador. Los compañeros de la dirección iban entablando charlas con los celadores y encontraron uno que era afable y que tenía cierta afinidad. Sobre eso se le ofreció una compensación económica si contribuía con la fuga. Uno de los elementos que se tuvieron en cuenta para definir la fuga el día 15 de agosto era que estuviera él de guardia. Otro elemento era que fuera feriado.
–¿Y cómo se planeó esta fuga?
–La fuga se planeó con tres escalones: el primero eran los dirigentes principales, Mario Roberto Santucho, Enrique Gorriarán Merlo y Domingo Menna, del PRT-ERP; Carlos Osatinsky y Roberto Quieto, de las FAR, y Fernando Vaca Narvaja, de Montoneros. Ellos se fueron en un auto, son los que alcanzaron a tomar el avión, lograron llegar a Chile y después se exiliaron en Cuba. El segundo escalón era de 19, que completaba el número de 25. Durante la toma, ese grupo iba asegurando las distintas posiciones, la enfermería, por ejemplo. Los otros iban abriendo las puertas. El resto, hasta completar 116, participaba en la fuga desde distintos pabellones. A Agustín Tosco, que estaba en el penal, se le ofreció participar. El dijo que era un dirigente sindical y que iba a esperar que lo sacaran las masas con su lucha, pero que estaba de acuerdo y que lo que pudiera hacer por los compañeros estaba a disposición. Los milicos pensaban que ese lugar era inexpugnable, porque realmente era imposible venir desde afuera a tomarlo. Por eso, se invirtieron los términos: tomar el penal desde adentro e irse en un avión de línea. En el avión había 120 asientos, pero en Comodoro Rivadavia subían cuatro compañeros, por eso la fuga era para 116. Tenían que venir dos camiones o un camión y una camioneta. El problema es que en la guardia de prevención, que es el lugar más exterior de la cárcel, que está bastante adelante del muro, hay un guardia que se resiste, se produce un tiroteo y muere un guardia. El que venía en el primer camión escuchó los tiros e interpretó o creyó haber visto una señal con unas mantas y entendió que la operación había fracasado, pero no es correcto porque no había ninguna consigna para decir que la acción había fracasado. Si había problemas con los camiones, el preso número 26, que era el primero que se quedaba adentro, que vengo a ser yo, tenía la tarea de llamar a los remises para que se fueran los 19. Desde una de las oficinas que habíamos tomado, pregunté a los guardias, que estaban esposados, el número de los remises. Les dije que vinieran a buscar visitas. Teníamos 26 rehenes. Quedaron, además, de rehenes involuntarios, un matrimonio con una hijita que eran visita de un preso común.
–¿Qué hicieron ustedes en el penal mientras los 25 se iban al aeropuerto? ¿Se enteraron de lo que pasaba?
–Teníamos radio, nos enteramos de que los 19 habían quedado en el aeropuerto, que había habido algún problema, escuchamos la conferencia de prensa que se hizo allí. Mientras tanto, nos organizamos. Yo me coloqué muy cerca de una barricada que armamos con muebles en la puerta, en una puertita que conducía a las calderas, para poder, desde allí, hablar con alguien de afuera. Detrás de mí se iban formando escalones de compañeros armados. Yo hablaba con alguien, no sé quién era, pero algunos compañeros que tienen mejor oído me han dicho que era el capellán del penal, que después les transmitía a los penitenciarios. Yo nunca di mi nombre, éramos dos voces en la noche. De acuerdo con las instrucciones que yo había recibido de los compañeros de la dirección, pido lo mismo que los que ocupan el aeropuerto, que vengan jueces y periodistas para garantizar nuestra vida y nuestra integridad física. Me contestan que no se puede porque la zona ha sido declarada de emergencia al mando del general de brigada (Eduardo) Betti. Entonces yo le digo, después de una consulta rápida con mis compañeros, que las garantías nos las dé el general Betti por radio. Les digo, “si ustedes intentan tomar la cárcel por asalto, nosotros somos 110 personas, hemos tomado armas y estamos dispuestos a resistir y esto va a ser una masacre”. Lo primero que pedí es que dejaran salir a los tres civiles que habían quedado de rehenes involuntarios y no los dejaron salir. Cuando declaré en la causa les dije, “señores jueces, nosotros luchábamos por la vida y no por la muerte, porque el proyecto de la represión, que era tomar la cárcel por asalto, hubiera causado muchas muertes de los que estábamos adentro, pero también de los rehenes, e iban a tener bajas ellos, entre las cuales había soldados que eran ciudadanos civiles llamados a la conscripción, que, como sucedió con los soldados de Malvinas, nadie les preguntó si querían ir, y a estos otros nadie les preguntó si querían o no tomar una cárcel donde había guerrilleros armados dispuestos a defenderse”. Intenté con esta descripción decir que nosotros actuábamos con profesionalismo militante y no improvisados. El presidente del tribunal preguntó si era posible que hubiera una fuga improvisada. No mencionó la versión oficial de la marina sobre Trelew, pero se refería a eso. Le dije que las fugas siempre eran muy bien planificadas.
–Pero ustedes estaban dispuestos a resistir...
–Yo les decía que estábamos dispuestos a combatir pero que no queríamos hacerlo, que queríamos entregarnos, entregar las armas y los rehenes con la sola condición de que por radio se nos dieran garantías de nuestras vidas y nuestra integridad física. Eso se repitió varias veces a lo largo de la noche, porque el general Betti no estaba en un escritorio, estaba en su brigada. Las tropas iban llegando en camiones o helicópteros y cada vez que llegaban nuevas tropas, ellos avanzaban hacia el penal, Cuando los compañeros de atrás veían que avanzaban, se corría la voz hacia adelante, yo pedía nuevamente el diálogo y repetía mis argumentos. Esto se sucedió cinco o seis veces a lo largo de la noche hasta que a las siete treinta, el general Betti, dándole la formal de ultimátum, para mantener el principio de autoridad, nos dio las garantías. Dijo más o menos lo siguiente: “Este comando informa a los extremistas que se encuentran en estado de rebelión, ocupando ilegalmente la cárcel de Rawson, que a las ocho la cárcel será tomada por asalto. Si se rinden antes de esa hora y entregan las armas y los rehenes que tienen, este comando les garantiza su vida y su integridad física”. Ahí yo pedí hablar con un jefe penitenciario y dije que las garantías habían sido dadas, que ellos eran parte de esas garantías y que íbamos a enviar a los rehenes con las armas, que las íbamos a cargar en mantas para que los rehenes las arrastraran y que a las 8.15 íbamos a estar cada uno en su celda. Ellos dijeron que estaban de acuerdo y que a las 8.15 iban a entrar y si había gente fuera de su celda se iba a hacer fuego. Entraron, las garantías se cumplieron, no hubo, en ese momento, represión. Sí nos quitaron todo, quedamos a celda pelada, nada más que con el uniforme puesto, una muda de ropa muy escasa, una manta y el colchón. Nos proveyeron unas bacinillas porque el régimen quedó de puertas cerradas.
–¿Y el 22 cómo se enteraron de la masacre?
–Todas las cosas que sacaron de nuestras celdas, por lo menos en el caso del pabellón 5, quedaron en el medio del pabellón. En una salida al baño, un compañero logró robarse una radio pequeña y pudimos escuchar las noticias. De esa manera, la mañana del 22 de agosto nos enteramos de la masacre. Comenzamos a los insultos por la ventana y a avisar a los otros pabellones y se generalizó. La radio informó que hubo un intento de fuga, era la versión oficial, que la fuga había sido reprimida y que había muertos y heridos. Nosotros estábamos seguros de que había sido un fusilamiento, nunca se hace nada improvisado y menos en las condiciones en las que estaban ellos, los habían humillado, los habían hecho barrer desnudos, los golpearon. El 22 de agosto, sobre llovido mojado, aparte del dolor de saber que habían matado a nuestros compañeros, se nos vino una requisa con todo. Hubo golpes, costillas rotas, narices rotas, y todo lo que había quedado en el medio del pabellón lo tiraron en la cancha de fútbol y le prendieron fuego, guitarras, libros. Así quedamos durante 30 días. Después empezamos a salir de a poco, pero nunca fue el régimen de antes.
–¿Y cuándo pudo hablar con los sobrevivientes?
–En diciembre me trasladaron a Buenos Aires para declarar en el Camarón (La Cámara Federal en lo Penal, que se ocupaba de los presos políticos) y tuve oportunidad de hablar con Alberto Camps y René Haidar. Ellos estaban aislados en Devoto, en dos lugares distintos, pero después empezó a haber una vida más normal y pude hablar con ellos en el patio. El reencuentro fue muy triste, muy doloroso. Me contaron lo que se divulgó después, lo que escribió Paco Urondo en La Patria Fusilada. Relataron que a la madrugada les dijeron que hicieran el mono, en el lenguaje carcelario es poner todas las cosas en una manta y hacerle cuatro nudos, y que se formaran que los iban a trasladar a Rawson. Camps y Haidar estaban en las últimas celdas, por eso pudieron sobrevivir. Camps estaba con Mario Delfino, mi cuñado, al que le decían Cacho. Haidar estaba con Carlos Astudillo. En determinado momento empiezan a escuchar disparos de ametralladora. Primero creen que es un amedrentamiento, pero cuando miran adelante, ven que están cayendo, se dan cuenta de que los están matando y se tiran adentro de la celda. Ahí aparecen (los capitanes Luis) Sosa y (Roberto Guillermo) Bravo y empiezan a escuchar tiros de 45, están rematando. Camps y Delfino se despidieron de forma muy sencilla. Camps le dijo: “Bueno, Cacho, ésta es la boleta, chau”. “Chau, Alberto.” Entraron a la celda y les preguntaron si iban a declarar, contestaron que no y les pegaron un tiro a cada uno. A su turno, Haidar, para desorientar dijo “podemos declarar”, el tipo se desorientó, venía con la pistola a martillar y se retiró, pero vino otro y sin preguntarles nada les pegó un tiro a cada uno. Haidar me contó que el tiro le hizo dar una vuelta en redondo, cayó de rodillas con el cuerpo sobre la cucheta. El era muy corto de vista y los lentes se le habían caído a unos 30 centímetros de su cabeza. Veía los lentes, veía el charco de sangre que se formaba y sentía el silbido de sus pulmones, o sea que la bala le había atravesado los pulmones. Pensaba “¿agarro los lentes o no agarro los lentes? Si no los agarro, no veo nada, pero si intento agarrarlos y alguien me está mirando se da cuenta de que no estoy muerto y me remata”. Después entró otra gente de la Base que estaba ajena al grupo que perpetró la masacre. Haidar vio por el rabillo del ojo un guardapolvo blanco y se quejó para que vieran que estaba vivo y lo pusieron en una camilla, donde se desmayó. Se despertó en el Hospital Naval de Bahía Blanca.
–¿Cómo se vivía en el penal? ¿Había temor de que pudieran tomar las mismas represalias?
–Pensábamos que no. Confiábamos mucho en la solidaridad de la gente y eso es lo que nos salvó. Cada vez que había actitudes agresivas empezábamos a los gritos y desde afuera se escuchaba. El penal estaba en medio de la ciudad y siempre había alguien que iba a la cárcel a presionar. Salía en los diarios, movían a los abogados. A su vez, los periodistas, los abogados, los familiares eran amenazados.
–¿Cuándo salió en libertad?
–Salí de Devoto, con el Devotazo. Fuimos a visitar a nuestras familias y volvimos a la militancia. Caí preso de nuevo en 1975, estuve ocho años y medio, gran parte en Coronda.
–¿Qué expectativa le genera el juicio sobre la masacre que se está haciendo actualmente?
–Quiero destacar el apoyo que me dio la gente de Protección al Testigo del Ministerio de Justicia y las secretarías de Derechos Humanos de la Nación y de Chubut. Mi expectativa es positiva. Espero que les den un castigo merecido. En aquel entonces pensábamos en una justicia revolucionaria. Bueno, ahora se está juzgando por la lucha de muchos años, de familiares, de gente y también por la voluntad política de los gobiernos actuales.
 
Fuente: Pagina/12

EL DRAMA DEL DESOCUPADO

Según la oficina estadística europea, Eurostat, de los 60,8 millones de personas que habitan Italia, sólo 22,3 millones trabajan, poco más de un tercio de la población. En una fábrica hay obreros que quieren trabajar pese a que contamina.
 

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Por Elena Llorente
 
 
Mientras el primer ministro italiano, Mario Monti, aseguraba el domingo que ya vislumbraba el final de la crisis económica, el ministro de Desarrollo Económico, Corrado Passera, frenaba ayer un poco el entusiasmo agregando que “todo depende de nosotros”, como queriendo decir: hay que remangarse y empujar de todas maneras, no queda otra solución.
Ambos hablaron en el tradicional encuentro en Rimini (localidad balnearia de Italia central) de la organización católica conservadora –pese a que su nombre podría suscitar alguna duda– Comunión y Liberación. Muy considerada también por el papa Benedicto XVI y por el Vaticano en general, sus miembros se encuentran ingeridos en los más variados e importantes sectores económicos del país. El encuentro, que se realiza anualmente, suele ser una cita en la que parlamentarios, gobernantes y expertos presentan su idea sobre la situación política y económica. Como católico practicante, Monti no podía faltar, además porque ya había sido invitado otra vez, cuando hace algunos años era comisario de la Unión Europea. “Yo también veo la salida de la crisis –dijo el ministro Passera–, pero dependerá mucho de lo que logremos hacer nosotros.”
Lamentablemente por ahora, los datos de la oficina estadística europea Eurostat dicen que en el primer trimestre de este año los ocupados eran 450.000 menos que en 2007, cuando comenzó en Estados Unidos y luego en Europa la crisis económica que todavía se está arrastrando. Es más, siempre según Eurostat, de los 60,8 millones de personas que habitan Italia, sólo 22,3 millones trabajan, lo que significa poco más de un tercio de la población. La desocupación oficial en la península es del 10,8 por ciento, la mitad de la que hay en España. Sin embargo, sólo un italiano de cada tres tiene un trabajo fijo, mucho menos que en España y que en los demás países europeos. Los demás tienen trabajos saltuarios o con contratos a tiempo, pero cuando se hacen las estadísticas de empleo y desempleo muchas veces aparecen como ocupados, falseando los datos, por el sólo hecho de haber trabajado algunos meses en el año de referencia.
Italia tiene además otro factor que contribuye a estas cifras: la edad de la población, una de las más viejas de Europa. La edad media de la población italiana es de 43,8 años, mientras la de los españoles es 40,9. En Italia hay muchos jubilados –algunos, incluso, jubilados anticipadamente por las empresas a la fuerza, como en los últimos años–. Además los italianos son pocos propensos a tener hijos, a diferencia de los españoles, y eso ha contribuido al envejecimiento de la población. “¿Quién pagará todas estas jubilaciones si no hay gente suficiente que trabaje y si, encima, no hay trabajo?”, se pregunta la gente.
Y esta pregunta se ha hecho más candente cada vez que una pequeña empresa o una gran fábrica cierra sus puertas. Es lo que está ocurriendo desde hace algunas semanas en Taranto (sur de Italia), donde la más grande fábrica de acero de Europa, ILVA, ha sido acusada por ecologistas y habitantes de la zona de contaminar el ambiente y de provocar decenas de cánceres en la población. Pero los cerca de 11.000 obreros de ILVA están divididos, porque muchos, al parecer, prefieren agarrarse un cáncer antes que quedarse sin trabajo.
La empresa, perteneciente al Grupo Riva, asegura haber hecho numerosas inversiones en los últimos años para mejorar la calidad ambiental de su producción, e incluso en su portal de Internet presenta un programa que le dice al lector cuánta energía ha producido el sistema solar fotovoltaico de la empresa y cuánta emisión de dióxido de carbono (CO2) se ha evitado. También le dice cuántas emisiones peligrosas para la salud han producido sus chimeneas y si están en el límite de la norma o no.
Sin embargo, la fiscalía de Taranto se ha visto en la necesidad de investigar los casos de 174 muertos de cáncer, posiblemente atribuibles a las emisiones de la fábrica, y muchos otros casos de enfermedades coronarias y respiratorias. La Justicia ha ordenado por ahora cerrar ocho altos hornos, pero no se descarta que dentro de poco la fábrica tenga que cerrar completamente.
 
Fuente: Pagina/12

LOS FEMICIDIOS, LA PEOR DE LAS ESTADISTICAS

Según un relevamiento del Observatorio de Femicidios en la Argentina, en el primer semestre hubo 119 homicidios de mujeres por violencia machista. En al menos 16 casos, habían llegado a hacer denuncias. Por estas muertes, 161 hijas e hijos perdieron a su madre.
 
Por Mariana Carbajal
 
Gilda Mariana González tenía 33 años y vivía en Río Cuarto, Córdoba. El 1º de febrero fue baleada y agonizó varias horas hasta morir en un hospital. Su ex marido se entregó por el hecho a las 24 horas del ataque. Sobre él pesaba una orden de captura desde un par de días antes por una golpiza brutal que le había dado a la mujer. El de Gilda es uno de los 119 homicidios de mujeres por violencia de género que se registraron en los primeros seis meses del año, de acuerdo con el relevamiento que lleva adelante el Observatorio de Femicidios en la Argentina, coordinado por La Casa del Encuentro. La cifra significa que cada tres días dos mujeres fueron asesinadas en el país por el hecho de ser mujeres. En siete de cada diez casos, el presunto agresor resultó el marido o ex pareja de la víctima. Uno de los daños colaterales más dramáticos de los femicidios es la cantidad de chicos y chicas que quedan huérfanos brutalmente: 161 hijas e hijos perdieron a su madre como consecuencia de la violencia de género, de los cuales al menos casi un centenar son menores de edad. “Es necesario considerar a la violencia sexista como una cuestión política, social, cultural y de derechos humanos, de esta forma se podrá ver la grave situación que viven las mujeres, niñas y niños en la Argentina como una realidad colectiva por la que se debe actuar de manera inmediata”, señaló a Página/12 Fabiana Tuñez, coordinadora de La Casa del Encuentro, al evaluar las estadísticas.
Si se compara con el mismo período de los últimos dos años, se nota un descenso de los femicidios: 152, en 2011 y 126, en 2010, frente a 119, en 2012. Sin embargo, Ada Beatriz Rico, directora del Observatorio, aclaró a este diario que al sumar los casos que ya se han registrado en julio y lo que va de agosto, se diluye la diferencia y la cantidad se equipara. El año pasado hubo al menos 260 femicidios, según el relevamiento de la ONG.
En los últimos días, la grabación del video que hizo Natalia Riquelme, la joven de Bahía Blanca, en el que registra la golpiza que le propina su ex marido, frente a su casa y delante de la hija pequeña de ambos, como recurso desesperado ante la inacción judicial tras 15 denuncias en contra del agresor, puso en primer plano la impunidad con la que pueden actuar perpetradores de violencia machista. Los femicidios son la expresión más extrema de ese problema social y la muestra más dramática de cómo el Estado no llega a proteger a tiempo a muchas de las víctimas. Al menos en 16 de los femicidios del primer semestre de este año, las mujeres habían hecho denuncias, de acuerdo con los datos recabados por La Casa del Encuentro. Es decir, estaban intentando salir del llamado “círculo de la violencia”. En seis, los agresores tenían una orden de exclusión del hogar o prohibición de acercarse a la víctima, dictada por la Justicia, pero la medida –quedó en evidencia– no fue suficiente para evitar que las volvieran a agredir hasta matarlas.
De los 119 femicidios que contabilizó el Observatorio –sobre la base de los casos publicados en más de un centenar de medios–, en 59 hechos el presunto asesino fue el esposo o el novio, en 24, una ex pareja. Es decir, el grueso de los homicidios fue ejecutado por el marido o el ex. En los demás casos, las muertes fueron perpetradas aparentemente por otros familiares, vecinos o desconocidos.
En cuanto al modo en que fueron ultimadas, el Observatorio registró 13 mujeres que murieron como consecuencias de graves quemaduras, como Wanda Taddei, la esposa del ex baterista de Callejeros, Eduardo Vásquez, condenado en junio a 18 años de prisión por el delito de homicidio agravado por el vínculo, con atenuantes. Pero no fueron las únicas mujeres a las que les prendieron fuego: otras 23 también fueron quemadas en el marco de situaciones de violencia de género, pero lograron sobrevivir a los ataques.
La estadística muestra que de los 119 femicidios, 34 ocurrieron en la vivienda compartida con el femicida y 25 en la de la víctima, lo que significa que la propia casa puede resultar más peligrosa que la vía pública para muchas mujeres que se enfrentan al drama de la violencia doméstica. Otros 40 femicidios tuvieron lugar en la calle. La mayor parte de las mujeres muertas como consecuencia de la violencia machista tenían entre 19 y 50 años.
La Casa del Encuentro empezó hace cinco años a relevar los femicidios publicados en los medios, ante la ausencia de registros oficiales y como una forma de llamar la atención de las autoridades y la opinión pública sobre la gravedad de la violencia hacia las mujeres. “Llevamos adelante el informe de los femicidios, pero al mismo tiempo recibimos a las mujeres que vienen a La Casa del Encuentro en busca de orientación y ahí tomamos dimensión de todo lo que no hay y falta para enfrentar el problema; por ejemplo, en las comisarías no les toman las denuncias por violencia psicológica, o los recursos no llegan a aquellas mujeres de los sectores más pobres. Hacer este informe para nosotras no es ver si el número sube o baja: son vidas, rostros, historias. Familias de las víctimas vienen a nuestra sede y piden justicia por ellas, las que tendrían que estar, por ellas, las que se podría haber evitado que fueran asesinadas”, comentó Rico. La directora del Observatorio cuestionó el hecho de que en la mayoría de las provincias no se destinen recursos para dar respuestas efectivas para proteger a las mujeres. “De la violencia se puede salir y eso lo sabemos y lo saben quienes pudieron salir, pero mientras sigan matando mujeres seguiremos reclamando hasta que el Estado y los estados provinciales decidan que este tema es una prioridad en política pública, sabiendo que por estas horas otra mujer ya no estará, y otra intentará que le crean y le tomen la denuncia”.

LA ABOGADA NATALIA GHERARDI

“Problema de todos”

“La violencia contra las mujeres es un problema que involucra a toda la sociedad. Erradicarla requiere ni más ni menos que transformar la cultura, una cultura patriarcal que considera a la mujer como objeto o como persona moralmente inferior a los varones, que debe su-bordinar sus intereses a los de otra persona –pareja, hijos, padre–. En ese cambio, debemos estar involucradas todas las personas. Esto necesita no sólo campañas, sino también colocar el tema en el centro de la agenda de las más altas esferas de decisión política”, evaluó la abogada Natalia Gherardi, directora ejecutiva del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género, una de las referentes del país en la temática.

–¿Qué falló en el sistema de protección de una mujer víctima de violencia doméstica para que la joven de Bahía Blanca tuviera que llegar a filmar su propia golpiza y difundirla después de hacer 15 denuncias sin eco?

–No conozco los detalles particulares del caso, pero creo que es posible lograr algún aprendizaje general a partir de estas situaciones que toman trascendencia pública y de alguna manera nos permiten ver la punta de un iceberg que sigue siendo desconocido: el alcance real de los casos de violencia contra las mujeres. En estos casos, sin duda debe haber fallado el Poder Judicial en donde se hayan planteado los pedidos por medidas de protección (orden de no acercamiento), y también parecen haber fallado los mecanismos de investigación de las denuncias presentadas por amenazas, lesiones. Todas las instancias del Poder Judicial, en todos los fueros, tienen la obligación de tomarse en serio las denuncias de las mujeres y de tomar todas las medidas necesarias para la investigación y sanción de las conductas que constituyan delitos. Pero además, más allá del sistema judicial, en estos casos muchas veces falla la coordinación entre las respuestas que deben dar los tribunales y el apoyo que corresponde a las políticas públicas, al Poder Ejecutivo, nacional, provincial y municipal.

–¿Es un tema de la Justicia penal o civil?

–Si la conducta que se denuncia constituye un delito, entonces interviene la Justicia penal. Pero antes del delito (antes del golpe, antes del intento de homicidio) puede y debe actuar también la Justicia civil dictando las órdenes de protección como la exclusión del hogar del agresor o la reinserción de la mujer al hogar que debió abandonar (previa exclusión del agresor) o la orden de no acercamiento (por ningún medio, a cualquier lugar donde la mujer se encuentre). Sin embargo, estaríamos mirando una parte del problema si nos quedamos solamente en lo que puede y debe hacer la Justicia. Para las mujeres puede ser muy difícil sostener las denuncias y sostenerse en los procesos judiciales –que llevan muchas veces más tiempo del razonable y sin duda, más tiempo del que demanda la urgencia del caso– sin otro tipo de sostén: asistencia y patrocinio jurídico gratuito, contención psicológica, subvenciones económicas, preferencias de vivienda, servicios para asegurar el cuidado para sus hijos/as y personas dependientes, oportunidades de inserción laboral. Todas o algunas de estas cosas son también necesidades concretas de las mujeres que necesitan volver a armar sus vidas en diversos aspectos. Esto no es responsabilidad del Poder Judicial, sino del Poder Ejecutivo. Lo fundamental, también, será asegurar las respuestas coordinadas no sólo entre los distintos fueros de la Justicia, sino también entre los distintos poderes del Estado.

–¿Qué pasa cuando se dictan exclusiones del hogar y el perpetrador no las cumple?

–La policía debe actuar como un auxiliar indispensable de la Justicia. Si el Poder Judicial dicta una orden de exclusión o de no acercamiento, la policía deberá prestar toda su colaboración para que esta orden se cumpla. También la policía debe tomar con seriedad estos casos, con toda la seriedad que se merecen.
 
Fuente: Pagina/12

EL POEMA ES UN BOOMERANG

Entrevista a Fernando Noy. Artista y poeta, según su propia definición de lo que es uno y el otro, escucharlo es un viaje. Un placentero recorrido con los ojos de turistas por las palabras que se transitan a diario. El lenguaje adquiere otra dimensión, y la comunicación se presenta repleta de poesía. En el escenario o en el texto, su decir es una experiencia.
 
Por Jorge Belaunzarán

-Está más volcado a la poesía escrita en los últimos años.

-Soy poeta desde siempre, pero estoy más volcado a la narrativa poética. Tengo también un libro de cuentos inédito que tengo que cerrar este año, que se llama Cuentos Quemados, que está originado en un incidente. Hace quince años, después de un año de prestar un departamento a un amigo, voy a buscar mis cosas, y el portero me dice que nunca pagó las expensas, y entonces prendió fuego todo. Había ahí quince cuentos escritos. Y es toda la reescritura, la memoria de alguien, que vuelve. Estoy en eso. Pero en este tránsito poético de Piedra en flor hay algo que trata de tomar más por el vilo de la circunstancia al lector, que de la pura poética. Es decir, hay situaciones que tienen que ver con construcciones metafóricas, como por ejemplo Oro verde. Y siento que he quebrado una especie de lo críptico que tenía en libros anteriores, aunque también son libros muy queridos. Dentellada es un libro que tuvo cinco ediciones, y del cual comenzaron a hacer sus numeritos (por no decir perfomances) nada menos que Batato Barea, Alejandro (Urdapilleta). Este libro me dio muchas satisfacciones porque siempre huyó del papel, se metió en escenarios, a una tertulia, en una fiesta. Es impensado dónde van esos poemas. Por lo tanto no me puedo quejar.

-¿Y con éste supone que va a pasar lo mismo?

-No supongo, lo estoy comprobando. Juan José Manauta, un escritor magnífico de 90 años me envió unas palabras impresionantes. Estoy recibiendo de este cuarto libro ecos increíbles, inesperados, mucho más que inmediatos; es vertiginoso lo que pasa con este libro. Los otros es como que tienen una reacción más tardía.

-Hay un poema en el que dice que el novelista envidia al cuentista, el cuentista al poema...

-¡Ah! Jamás me sentaría a escribir un poema, pero el poema me sienta a escribir. Me acuerdo que ese no lo hice sentado porque era en un ascensor que me llegó esa data. Porque las datas te vienen como en una especie de transe, en los viajes de uno, en sus tránsitos prohibidos. Pero ese vino como una respuesta. Hay un novelista amigo mío, que después de charlar horas sobre la novela llegué a esa conclusión. Y según la trilogía de comparaciones el poeta sería el que no envidia a nadie.

-¿Y si edita el libro de cuentos se envidiará a usted mismo?

-Pero yo no me envidio como cuentista, me admiro, me venero. Me considero un gran narrador, no me considero un gran poeta, pero un gran narrador, sí. Porque con la narrativa ocurre que estás haciendo el corte y confección, broderie, el encaje y le metés y ves el modelo, completo, y no te podés confundir. Y sabés si funciona o no, dónde está la tela mal escrita, dónde está el agujero del ruido de la calle. Y es impresionante el poder que uno nota con la palabra y el lenguaje en lo estrictamente relacionado con la prosa y la novela. En cambio con el poema no, es una especie de boomerang que no sabés si va y viene. En este caso está volviendo mucho, pero hay muchos poemas que están quietos.

-Hay una cosa extraña que ocurre con la poesía a diferencia del cuento o la novela. Al leer narrativa, se espera la línea continua, el párrafo, la unidad de sentido, cosas que vienen de la narrativa oral.

-Claro, el Había una vez.

-Y eso es como una memoria auditiva, de sentidos, emotiva. En cambio la poesía es como un dislocamiento de eso.

-Generalmente la poesía también tiene códigos que no corresponden al lenguaje habitual. Tiene claves, enigmas, egos rarísimos, egos habitados o difuminados, destruidos, y es difícil, porque se vuelve insondable a veces el poema; hay que trabajarlo, estudiarlo, leerlo, releerlo, encontrarle la resonancia. Para colmo ahora, en el campus literario hay un exceso de poesía que yo denomino transgénica, como al soja. Lo entiendo en su sinrazón, su tontón, su ir y venir, pero no sé tampoco por qué quieren publicar. Por eso existe ese poema en el que yo recrimino esa actividad tan excesiva en la actualidad, como si la poesía fuera una moda. Como si la poesía fuera Palermo Absúrdido. El poeta tiene esa cuestión cercana al mago y al profeta que debe revelar el signo que aparece de algún tema. Ahí te das cuenta. Porque no creo que haya poetas súper geniales y otros no: hay poetas o no. Cuando se es poeta es una especie de maldición bendita. No podés pasar más, porque es como si todo el tiempo estuvieras con la antena encendida. Y en la obra, en lo que vas entregando, conformando y realizando, uno se cubre de metáforas y de imágenes como para deslizar ciertas respuestas a ese enigma, que se responde con otro enigma. Pero trato de que el enigma se ilumine un poco más porque si no te perdés ante semejante espesura. Los grandes poetas son los que además son capaces de habitar el universo del otro, como por ejemplo (Néstor) Perlongher; o el propio actor Alejandro Urdapilleta, que ha escrito un libro en el que la poesía y la prosa se transforman en una tercera dimensión. Porque existe esa fragua de tercera dimensión, de un estilo único y propio, intransferible, que tienen otros autores, diversos maestros de un lenguaje único, incomparable. Hay que tratar de ver si la poesía es transgénica o no. Y eso se nota al leer el primer y segundo poema, listo, ya está, te das cuenta. La verdadera poesía siempre conmueve, y siempre atrapa por la conmoción. No digo de conmover de lágrimas, puede conmover por distintas sensaciones. Pero hay un mercado asesino de lo poético que está funcionando por gente que se cree poeta, y a mí no me conmueve. Y si no me conmueve, no existe.

-En ese sentido, la forma en la que se escribe, el diseño gráfico de un poema, , ¿es igual de relevante?

-El blanco de la página es muy importante. Lo blanco de la página es como el silencio utilizado. Todo, todo está hilvanado. De cabo a rabo uno arma una especie de calidoscopio donde sabés que el movimiento de la lectura no es tuyo. De ahí viene la teoría de (Julio) Cortázar del lector salteado. Pero creo que en los poemas uno tiene dispuestas en zona, en una especie de mapa que tiene que rellenar, ese calidoscopio que no domina pero que entrega. Y el otro, por ahí lo recibe en la quinta página, en la última, lo revuelve. Hay gente que lee un poema después del décimo poema y ahí dice: ¡ay qué maravilla! y vuelve a leer todo el libro. No se puede prever lo que ocurre con un libro de poemas. Lo importante es sacárselo de encima.

-¿Establece una estrategia de escritura y diseño?

-Sí, por supuesto. Uno hace una trampa, organiza una trampa, que es una trampa de libertad, de liberación. Uno crea una jaula abierta, donde la jaula se vuelve pájaro. Donde todo es lleno de humor, horror, todo lo que rima con amor; dolor. Y después se va hacia una especie de forma que podría ser un mandala, una especie de dibujo que no utiliza el margen; un diseño imprevisto. Y ahí estás seguro, porque sabés cómo vas a ir. El primer acto, el segundo acto, cada poema es un mini acto que vas armando para llegar a un final y los poemas no están correlativamente escritos. Primero está la proyección, que surge naturalmente, como una posesión; y luego ese ordenamiento final, que es como ordenar un naipe de cartas. Como un juego lúdico relacionado con eso que el lector necesita: ser parte del juego, poner la ficha, apostar (y la mano se le va contra la mesa, en forma de golpe). En este libro lo noto más que nunca. Y el tema importante del diseño es la posibilidad de que lo blanco sea lo oscuro del lenguaje; y usado como pausa, como silencio, como pequeño respiro, porque a veces te vienen cosas muy grosas. Y hay veces en que se expresa lo terrible, pero con una especie de antifaz o máscara. O al revés, la pureza es maldita. Y lo que me importa más que nada es agregar algo al mundo de lo poético, y no escribir un libro más.

-Su forma teatral también es posible descubrir en el diseño que le dio. Es como si se lo viera en escena.

-Es que soy un juglar postmoderno, una figura que no puede estar separada de eso. Hay un poema en el que toco el tema, cuando digo que no es fácil decir un poema propio en escena. Yo me considero la (Berta) Singerman de todo lo que recito, que es mío. Nadie puede hacerlo mejor que yo, te lo aseguro. Vuelvo a hacer autobombo como con los cuentos. Me considero un gran narrador y el mejor decidor que puede haber después de (Polaco) Goyeneche, (Ángel) Villoldo; porque yo tengo que jugar con lo que recibo de los grandes como Alejandra (Pizarnik). Ahí tengo una ventaja grande: a veces pienso si la gente se va a dar cuenta del orgasmo que es para mí decir mi poema. Lo mismo que hace poco vinieron un par de bahianas, y estuvieron 15 días (yo viví dos años en Bahía) y me transformé en una especie de valerio de ellas. Planté todo por 15 días. Y me dije: ¿por qué soy tan valerio? Hasta que de pronto subidos al ómnibus que pasea por la ciudad, descubrí que yo era el turista y no ellas. Desde ese ángulo del turista que nunca había visto mi ciudad amada. Y se lo confesé. Y se pusieron muy felices porque se sentían culpables. No tenés oportunidad de sentirte turista en tu propia patria. Y eso es una travesía del poema hasta su última comprensión. Esto no termina nunca conmigo. Sobrevivo a mis propias encrucijadas. Suelo salir del famoso laberinto de la creación mutilado, porque es un laberinto del que soy también Ariadna y al mismo tiempo el Minotauro, como diría Pizarnik.

-¿Siempre que el laberinto lo tienta, como el agujero a Alicia, está dispuesto a entrar? Porque Alicia no sabía lo que le iba a esperar, pero usted sí.

-Es ese safari infernal, incomprensible de la propia entrada y salida en cosas que se manifiestan por sí mismas; ese árbol cortado que salgo de mi casa y veo y el poema se escribe contra la pared, con la tijera de la librería porque yo iba a comprar. Evidentemente la poesía no está solamente en los libros, está en la propia existencia, en el bebé que se te ríe, en la nube que no se deja dibujar porque transmuta en otra forma. Lo que pasa es que los libros logran mantenerla como un espejo perpetuo; el espejismo de esa poesía. Te sentís como un equilibrista que tenés que hacer la doble función: ser la cuerda y ser el equilibrista. Es el plus al que te someten y te dan alas secretas para poder sobrellevar tu vida los que te marcaron tu destino de poeta.

-El libro abre con Sha Ar Rabeen diciendo: “En el cuerpo hay un pedazo de carne/ que cuando es bueno/ al cuerpo entero lo es/ y cuando corrupto/ el cuerpo entero es corrupto. Hablo del corazón...”

-Amo mucho la poesía del sufismo, que yo no pretendo para lo mío, pero que es el lugar de la devoción. Es la religión poética por excelencia. Y vos lo leés a Rabeen y te responde todo. Cuando lo leí dije: acá está todo respondido para mí. Y lo escribe en tres pequeñas frases: el tipo construye un por qué, dónde y cuándo.

-Produce un gran deseo de compartirlo, pero al mismo tiempo el temor de avasallar a aquellos con los que se quiere compartir.

-¡Ah, qué bien! Por qué vas al lugar donde todos han descarrilado, otro maestro, poeta. Porque maestros, poetas del rock hay pocos, y uno de ellos es Charly. Hay una operación interna que es inconciente, no pensada; estás más en lo automágico. No en el automatismo surrealista sino en lo que realmente ves que le falta a esa estructura: ves como una maqueta, que es el libro completo, y es como un guiño, una linterna mágica que te acerca a la temática de lo que viene después. Es como si estuviera en alta mar y te dijera: mirá esa laguna; en la noche debajo de la luna y te dijera: mirá esa mínima estrella. Y esa mínima estrella es más que la luna, que sabés desde qué instante está. Por eso es tan importante a veces crear un poema, porque esa actitud es un transe, no lo podés dominar. Estás poseído por una situación. Después, hay que dar tiempo al tiempo, especialmente en la poesía. Y ahí volvés a rever y decís: está; ese es el laburo más o menos previsible. Hay mucha palabra vana, música vana como diría Conrado Nalé Roxlo. Pero el interés es siempre llegar desde el otro; entrar al otro y llegar desde el otro al lugar en común. Es muy presuntuoso también, porque es como ser un semidios que posee al lector para que el lector se transforme en coequiper: el viaje se hace en conjunto. Es como que se busca un camino para capturar libremente al lector y entonces la poesía no se transforma en una operación típica y cansadora. Esa búsqueda del compinche, el colega, el camarada es lo que sobretodo busqué siempre. Por eso casi nunca uso el yo en un poema. Especialmente cuando se trata de autoreferenciar algún elemento que no podés ofrecer al otro, sino que por ahí es único. Vos podés hablar mil horas sobre lo poético, pero sobre un libro de poesía, que has leído, pasado y transmitido, es como explicar un país imaginario que has visitado y coinciden las mismas visiones. Se puede ir a la melancolía, a la alegría, a la libertad, a la opresión, a lo oscuro, está el poeta maldito; y en cambio esa zona neutra, de invisibilidades, es una zona muy riesgosa, porque el otro de pronto está hechizando, está volviendo cosmos algo que no es el universo sino la propia humanidad. *
 
Fuente: Asterisco

"LOS TITERES PERMITEN DECIR MUCHO MAS QUE EL LENGUAJE"

Por Einat Rozenwasser

Adelaida Mangani en 1977 fundó el Grupo de Titiriteros del San Martín. Y cuenta cuando García Lorca hizo títeres en la calle Corrientes. Dice que para los chicos, son constitutivos del juego.
 
Siempre digo que los títeres me encontraron a mí. Me vinieron a buscar, me atropellaron”, cuenta Adelaida Mangani. La primera vez fue cuando tenía unos 6 años, en el comedor de su casa, en Caballito. Festejaban su cumpleaños y su tío, el maestro Juan Francisco Giacobbe (poeta, músico y formador de muchas generaciones de artistas) había invitado a sus amigos titiriteros para que le hicieran una función especial. Corrieron los muebles, subieron la araña, armaron un retablo alto y los personajes cobraron vida. Los años traerían clases de música y danzas, el magisterio en el Normal Nº 4 y un camino que iba para el lado del teatro hasta que conoció a Ariel Bufano y se volvió a encontrar con los títeres (y con una historia de amor que le daría dos hijos, Vicentico y Ariadna, aunque ese sea tema para otra ronda de café).
Sucede que Buenos Aires es una ciudad “titiritera”. Hay títeres en las plazas, en las ferias de artesanos, en los cumpleaños infantiles, en los teatros. Y ellos tienen mucho que ver con toda esta historia. En 1977 fundaron el Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín (con elenco estable, uno de los pocos con estas características en Latinoamérica). En 1983 presentaron uno de sus grandes hitos: El gran circo criollo. Y en 1987 abrieron la escuela-taller de titiriteros que funciona en el Teatro Regio, y es donde se forma la mayoría de los titiriteros de la escena local.
Sobre la llegada de los títeres a la Ciudad hay varias historias. “La más lejana, de principios del siglo XX, con unos italianos que trabajaban en La Boca con una técnica que se llama pupis siciliani, son títeres que se mueven desde arriba con un palo”, explica Magnani.
La popularidad se asocia con la visita de Federico García Lorca para presentar Bodas de Sangre en la calle Corrientes, en 1933. “Después del estreno hizo una función de títeres de guante para homenajear a sus amigos. Estaban los artistas de la época y para ellos fue un estallido”, sigue Mangani. Que un artista de la talla de García Lorca hiciera una función de algo que era considerado un arte menor causó una pequeña revolución en la bohemia local. El joven Javier Villafañe tomó la posta y se convirtió en el “padre” de los títeres porteños.
Aunque algunos piensen que es un arte destinado a los chicos, hay títeres para todas las edades. “Su origen tiene que ver con rituales religiosos, sobre todo en Oriente, que es donde podemos identificar lo más antiguo”, expone, y entre otros ejemplos menciona el trabajo con sombras.
Todos los chicos tienen en algún momento un estilo de juego que se relaciona con los títeres...
Les resulta una expresión familiar, incluso más que otras experiencias artísticas, porque a través del juego suelen darle identidades diferentes a los objetos con los que se identifican. Desde el oso que habla hasta la escoba que es un caballo.
¿Cómo trabaja el titiritero? Hay que manejar el ego de un actor que no se muestra en escena...
Desde el punto de vista del instrumento con el cual se expresan sería casi como un músico, porque lo hacen a través de un instrumento. La mayor eficacia artística radica en, justamente, poder proyectar en el objeto lo que siente el personaje, para que ese objeto inerte cobre vida. Y lo que vos sentís como intérprete al poder expresarte de una manera que va mucho más allá de lo humanamente posible produce una gratificación muy grande.
La esperan para ajustar detalles de la temporada 2012: Una gaviota afortunada, en el San Martín; El caballero de la mano de fuego... la opereta, en La Ribera; y Una lágrima de María, en el Sarmiento. Y dos para adultos, El sueño de Ulises y El Fausto, de Marlowe. Porque en Buenos Aires el que busca títeres, encuentra.
Fuente: Clarin