jueves, 1 de noviembre de 2012

LA VIGENCIA DE UNA PASION

Qué significa hoy la mítica figura de Eva Duarte. Cuál fue su legado político y qué representa para los jóvenes que militan. La mirada de historiadores, intelectuales y políticos.
 
Por Franco Mizrahi, Andrea Recúpero y Deborah Maniowicz
 
María Eva Duarte de Perón dejó jirones de su vida en el ascendente camino político que vivió entre 1945 y 1952. Apenas siete años le bastaron para convertirse en una de las figuras más apasionantes de la historia argentina del siglo XX. A seis décadas de su desaparición, Veintitrés se preguntó por el legado que dejó, por la vigencia de su pensamiento y de su praxis. Qué significa “Evita” hoy.
“Eva significa mucho para las mujeres –afirmó la historiadora Ema Cibotti–. Su originalidad radicó en su voluntad de ejercitar el poder político, algo vedado entonces para nosotras. Todas las mujeres mayores de 40 años encontramos en ella un punto inicial. Fue una pionera. Es lo más fuerte en términos de género que nos legó y tiene plena vigencia”. No es casual que en más de una ocasión la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, la mencione como su máxima referente.

Otra herencia que mencionó Cibotti fue la forma en que Evita se vinculó con el pueblo: “Fue la primera que inauguró una suerte de liderazgo popular acercándose físicamente a la gente. Su acercamiento es efusivo, genuino, espontáneo. No está esperando que le saquen la foto. Todavía el contacto físico no estaba asociado al hacer política. Eso surgió a partir de los años ’60. Entonces el poder era distante. Ella anula esa distancia. Y eso también ha quedado escrito en la práctica de la política argentina hasta el día de hoy”.

Para el historiador Felipe Pigna, autor de la biografía Jirones de su vida, la frase de Evita “donde hay una necesidad nace un derecho” sintetiza su mayor legado. Y explicó: “El peronismo hubiera existido igual sin Evita porque ya estaba en marcha, lo pone en marcha Juan Domingo Perón. Pero el movimiento hubiera tenido características muy distintas. Perón tenía capacidad estratégica y de conducción, pero sin Eva el movimiento no hubiera tenido ese toque revolucionario que lo caracterizó”.

El sociólogo Atilio Borón coincide con esta visión revolucionaria de Evita: “Eva fue la impulsora de las medidas más radicales del gobierno de Juan Perón. Tenía un discurso plebeyo radical profundamente antioligárquico y antiimperialista –aseguró a Veintitrés–. Tenía un mensaje permanente y perenne para la política argentina. Es la representante más genuina de un proyecto democrático radical anticapitalista”. Por lo que no duda en considerarla “la figura más entrañable que produjo la Argentina del siglo XX. Su herencia es un enorme legado que todavía no sé si ha sido plenamente retomado. Es algo que todavía esta en discusión”, advirtió.

El vértigo en la vida política de Eva es notable. Hija de Juan Duarte y Juana Ibarguren, nació en 1919, en Los Toldos. Tras una infancia humilde y una efímera carrera como actriz, a los 24 años conoció a Juan Domingo Perón y su vida cambió radicalmente. A los 27 años se transformó en primera dama e ingresó de lleno a la política. “Evita aportó una visión fresca, novedosa, irreverente, transgresora, en el mejor sentido de la palabra. Por eso fue tan detestada por sus enemigos”, recordó Borón al resaltar un rasgo característico no menor de quien fuera la presidenta del Partido Peronista Femenino: su juventud. La muerte la encontraría un lustro después, a los 33 años de edad. Ese tiempo le bastó para convertirse en una referente del peronismo, de los sectores populares, de sus “descamisados”. “Yo no quise ni quiero nada para mí. Mi gloria es y será siempre ser el escudo de Perón y la bandera de mi pueblo”, había afirmado en su emocionante discurso del 17 de octubre de 1951.

“En siete años Eva hizo más que muchos en treinta años de trayectoria”, sentenció el secretario de Cultura de la Nación, Jorge Coscia, autor del libro Juan y Eva. Para Coscia, la vigencia de la “abanderada de los humildes” es justamente su carácter revolucionario: “La herencia de Eva está ligada a aspectos que se pueden citar explícitamente: la vigencia del movimiento social transformador de la historia argentina, el peronismo, que se mantiene vivo en la actual etapa. El kirchnerismo es una rama sólida gruesa que abreva en las raíces del peronismo revolucionario. También se destaca la vigencia de Eva en el rol de la mujer en el proceso de transformación, en la democracia, en el voto, en su capacidad de compromiso social”, aseveró el funcionario.

Ese compromiso social se percibió en Eva cuando comunicó por cadena nacional que desistía de la candidatura a la vicepresidencia de la Nación que le había propuesto el movimiento obrero el 22 de agosto de 1951: “No renuncio a la lucha ni al trabajo. Renuncio a los honores. Por los trabajadores y por los descamisados, seguiré luchando como hasta hoy con el corazón y el pensamiento puestos en el General…”. Era el comienzo de su retirada del escenario político argentino a causa del cáncer fulminante que sufría. El 11 de noviembre de 1951 se daría el triunfo de la fórmula presidencial Perón-Quijano y el 4 de junio de 1952, el día de la asunción de su marido, se vio por última vez en forma pública a Eva Perón.
En la víspera del 60º aniversario de su fallecimiento, el miércoles 25 de julio, el gobierno nacional anunció uno de sus tantos homenajes al símbolo femenino del peronismo: la tirada especial de un billete de 100 pesos que tendrá la imagen de Eva en su centro. (Otra forma de estar vigente, al menos desde lo simbólico: es la primera vez que una mujer aparece en un billete de circulación nacional.) La historia del billete es muy particular: el boceto se realizó a poco de la muerte de Eva a pedido de las autoridades de la época, pero tras el golpe de Estado de 1955 un empleado de la Casa de la Moneda decidió esconderlo para preservarlo. El diseño fue hallado en el año 2000.

Durante el anuncio, la presidenta Cristina Fernández afirmó sobre su referente: “Lo que la convirtió en un personaje inmortal fue haber sido una humilde mujer de pueblo que tomó la decisión de cambiar las cosas en favor de la gente a costa de su propia vida”. La intención de la mandataria es que el nuevo billete reemplace al que lleva el rostro de Julio Argentino Roca.

Según Pigna, “en relación al billete y al carácter de prócer, es lógico que se la considere así porque es un personaje que tiene una impronta muy fuerte en nuestra historia. De todas formas, creo que a ella le hubiera resultado incómodo que la llamen prócer”, concluyó el escritor.

Acaso más asimilable es el carácter mítico de Eva. Para Horacio González, director de la Biblioteca Nacional: “Hay en Evita distintas formas de pasaje de una situación a otra. El pasaje de los elencos teatrales a la radio; del cine a la esfera política. El pasaje de la salud a la enfermedad. El pasaje del cuerpo desfallecido al cuerpo embalsamado. Podemos llamar mito a muchas situaciones que embargan el pensamiento y hacen de él un juguete del tiempo y la imaginación. Pero si algo es un mito, es un conjunto de pasajes entrelazados que se conjugan y rehacen del derecho al revés, incesantemente. Evita, con sus nombres diversos, es un mito vivaz que los argentinos mantienen en estado de interrogación y respeto. Evita es la doctrina argentina de los pasajes”.

Pasaron seis décadas desde que la Subsecretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación informó por cadena nacional el deceso, a las 20.25, de la “jefa espiritual de la Nación”. A pesar del paso del tiempo los seguidores de Evita tomaron su legado: no la olvidaron, recogieron su nombre y lo llevaron como bandera.

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Opinión
Néstor y Cristina hicieron de sus sueños una realidad
Por Juan Manuel Abal Medina / Jefe de Gabinete de Ministros

El nombre de Eva Perón estará asociado para siempre con el de la conquista y la ampliación de derechos. Evita peleó por todos los grupos históricamente excluidos en la distribución de las riquezas y del poder social: las mujeres, los trabajadores, los jóvenes, los niños, los ancianos. Lo hizo con una enorme valentía, soportando el hostigamiento feroz de los privilegiados, dejando en el camino jirones de su vida, pero apoyada en el reconocimiento unánime de los humildes. En unos pocos años, edificó una obra monumental que perdurará por siempre en la historia argentina.

Pero no sólo su obra perdura; también lo hace su ejemplo. Las transformaciones logradas en los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández se inspiran en la figura de Evita. Fue ella la primera en soportar los ataques de las corporaciones, de los grupos de poder, de los defensores de las jerarquías tradicionales. Y fue ella, con su puño crispado, la que enseñó a no dejarse doblegar.
En décadas pasadas, los grupos de poder creían haber aprendido cómo domesticar a la política. Parecía que no se podía reducir la desigualdad social, que no se podía democratizar la palabra, que no se podía juzgar a los represores. Néstor y Cristina mostraron que sí se podía. Simplemente se necesitaba el coraje para enfrentar esos ataques. Como nos enseñó Evita.

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Opinión
Donde hay una necesidad hay un derecho
Por Ricardo Alfonsín / Diputado nacional UCR

A sesenta años de la muerte de Eva Perón su figura, que fuera amada por sus seguidores y estigmatizada por sus rivales, ha dejado de ser controversial para lograr un amplio reconocimiento en vastos sectores de la sociedad argentina. Hasta sus adversarios más enconados reconocen, en los días que corren, su lucha por la justicia social, por la dignificación de los más humildes y por los derechos políticos de la mujer.
En el tiempo presente, no serían pocas las preocupaciones que motivarían a Evita a continuar su lucha: la pobreza endémica, la desigualdad en el interior del país, la trata, la inseguridad que afecta a los más humildes, la droga que se expande en los asentamientos y villas de emergencia, el empleo en negro, el trabajo infantil constituirían, entre otros graves dramas sociales que enfrenta nuestro país, los enemigos a los cuales Evita no dudaría en enfrentar y combatir.

Quienes militamos en un partido que fue duramente cuestionado por Eva Perón, somos capaces de distinguir entre la forma en que intentó hacer realidad sus objetivos, con la cual discrepamos, y los ideales de justicia que guiaron su vida política. Es por eso que al cumplirse un nuevo aniversario de su desaparición, asumimos como propia la que fue una de sus banderas de lucha: “Ayer y hoy, donde hay una necesidad hay un derecho”.

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Opinión

Un símbolo de la causa de la justicia social y la igualdad

Por Hermes Binner / Dirigente socialista, ex gobernador de Santa Fe

Recordar hoy a Eva Duarte de Perón es evocar a una figura que trasciende a un partido político y a un símbolo de la causa de la igualdad y la justicia social.
Reconocemos a una mujer que dedicó su vida a la causa de los trabajadores, los niños y los ancianos. Esa causa fue su pasión, y es el punto de encuentro con los socialistas.

Su comprensión de los problemas sociales la impulsó en el camino de la justicia social. Fue una mujer comprometida con su tiempo que sobrepasó las fronteras de su contexto histórico.

Concretó el derecho al voto femenino plasmando un anhelo que durante décadas muchas mujeres promovieron. Recordamos la lucha incansable de Alicia Moreau de Justo.

El FAP es una fuerza política que lucha por la igualdad y los derechos sociales; recibimos el aporte de hombres y mujeres provenientes de la tradición que Evita forjó.

Con solidaridad, participación y transparencia buscamos construir un país en celeste y blanco, reconociendo nuestro pasado para concretar en el presente nuestro porvenir.

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Opinión
La que nunca tuvo el alma dormida
Por Alicia Kirchner / Ministra de Desarrollo Social

“Sangra tanto el corazón del que pide, que hay que correr y dar, sin esperar”.

Se cumple un nuevo aniversario del fallecimiento de la mujer que supo ser fuego precipitado capaz de encender los corazones de los más desprotegidos, símbolo atemporal de la dignidad, el trabajo, la solidaridad, el amor y el compromiso, creadora –como dijo la Presidenta– del concepto de Justicia Social.
Evita irrumpió en la historia de nuestro país y llegó para quedarse. Con la fuerza arrolladora que dan las convicciones profundas, el compromiso por el otro y el amor incondicional al pueblo. Dio lugar a la participación y el protagonismo de la mujer en la vida pública y política y en la lucha contra los estereotipos de género y clase.
No claudicó nunca. Y fue la mejor intérprete de la aplicación de las políticas sociales, la que se construye para la realización de las personas, que es la que hoy asumimos con eje en la familia, protegiendo la seguridad social y la infancia y promoviendo el trabajo que es el mejor organizador social. El edificio donde funciona el Ministerio de Desarrollo Social lleva su imagen y ello es nuestro orgullo.

Evita murió a los 33 años, con una juventud infinita. Vivió su vida intensamente y luchó con la fuerza y la transgresión que tienen los jóvenes. El presidente de la Nación Néstor Kirchner siempre decía que cuando la juventud se pone en marcha el cambio es inevitable, y Evita fue en su juventud revolución, resistencia y transformación; por eso llevamos su nombre como bandera. Construyendo la Patria Grande, recuperando y restituyendo derechos, profundizando con solidaridad y con convicción, y acompañando a Cristina, nuestra Presidenta Coraje, con Néstor siempre presente... porque quienes dejan una huella en el corazón del pueblo no se van nunca. Esa es la hermosa inmortalidad de los que viven y vivirán en la historia.

Evita. Simple y eternamente Evita. Mujer del Bicentenario.

Evita, la que nunca tuvo el alma dormida.

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Opinión

Encendió miles de almas
Por Francisco de Narváez / Diputado nacional - Frente Peronista

Su legado es enorme, porque logró instaurar de manera inamovible nuevos paradigmas en la Argentina.
Marcó un camino. Y con su pasión por el “hacer” encendió miles de almas, para colaborar y trabajar solidariamente por un país distinto, un país posible, donde las mujeres, los niños, los abuelos, los trabajadores y los que menos tienen ocupen el lugar digno que todos merecen. Su palabra siguió y sigue enamorando y entusiasmando a quienes enarbolamos su bandera y compartimos y valoramos sus sueños. Miles de jóvenes y nuevas generaciones, cada vez más lejanas de su paso inolvidable, encuentran en Eva una mujer que los guía y los conduce para trabajar por un verdadero país de iguales.

Evita dejó en la sociedad hitos destacadísimos. El rol igualitario de la mujer, sus derechos y los derechos de los trabajadores, la educación como verdadero motor de ascenso social, el derecho a una vivienda propia y la justicia social son valores vigentes que permanecerán por siempre, como recuerdo de su legado, en la historia política argentina. Evita fue, y sin dudas será por siempre, la esencia, el alma y la voz que alimenta con fuerza la idea de una Argentina justa y solidaria, una Argentina inclusiva: una mejor Argentina.

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Opinión

Cruzó la historia por el medio, sin grises
Por Federico Pinedo / Diputado nacional - Presidente del bloque Pro
Evita, nombre cargado de amores y de odios desmesurados. Dentro de cada época, en política especialmente, los embanderamientos hacen que las cosas se vean con los ojos de la pasión y, como se sabe, la pasión nubla la vista. Mientras vivió, Evita cruzó la historia por el medio, en blanco y negro, sin grises. Era como que sentía la urgencia de dejar la marca, de cambiar el rumbo, de imponer ella su pasión por la dignidad y la igualdad de los más desheredados y eso la dejaba sin tiempo para los grises, para el respeto estricto de las visiones de los otros. Su enfermedad, que la quitó de la vida tan joven, le dio la razón a esa urgencia, a ese atropello de Evita.

Cuando pasa el tiempo es posible hacer un balance y, sobre todo, concentrarse en lo bueno que hizo alguien tan importante para la historia de la Argentina como Evita. Ella fue el alma y el sentido profundo del peronismo. El peronismo no fue una doctrina económica (cambió muchas veces, aun en vida de Perón), ni una filosofía política. El peronismo fue una revolución cultural. En una Argentina que se había hecho demasiado rica en muy poco tiempo, que en una generación asimiló a tantos extranjeros como nativos, que les dio oportunidades de mejorar su vida con el esfuerzo y el trabajo a esos millones de personas, se habían generado desigualdades que algunos creían debían ser eternas, desde la cuna a la tumba. “Aluvión zoológico, cabecitas negras”, se oyó decir a políticos, refiriéndose a nuestros compatriotas del interior profundo y provinciano. Eso reparó Evita. No se iba a permitir nunca más que alguien se sintiera menos que otro, por su fortuna, origen, trabajo o educación.

Esa es la revolución cultural que cambió a la Argentina en los pocos años en los que Evita dejó su tajo en nuestra sociedad.

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Opinión
La pasión militante
Por Cristina Álvarez Rodríguez / Ministra de Gobierno de la provincia de Buenos Aires y sobrina nieta de Eva Duarte

La multiplicidad de Eva se corresponde con las diversas miradas e interpretaciones del peronismo y, por ende, de la historia política contemporánea de los argentinos. No existe la ingenuidad en la caracterización que hagamos de Eva. Es por eso que mi mirada no es neutral, está teñida por la subjetividad que me da el hecho de ser familia de Eva (aunque familia grande sea el pueblo argentino que la ama) y a la vez por el compromiso político que asumí hace ya muchos años. En primer lugar quiero referirme a Evita como un personaje que encarnó la “pasión militante”. En efecto, Eva Perón fue, ante todo, una militante comprometida con la causa peronista, que es lo mismo que decir la causa de la justicia social. Porque para ella, la política era un compromiso cotidiano con los humildes y los trabajadores, entendidos estos no como objetos de caridad sino como sujetos de justicia y me parece que aquí esta una de las claves que explican su compromiso y su derrotero militante. En segundo lugar, Evita fue también arquitecta de la Patria que se estaba gestando. Acompañando a Perón, organizando a las mujeres en el partido peronista femenino, conquistando el voto, articulando con la CGT, trabajando incansablemente todos los días de su vida.
También me gustaría remarcar otro aspecto de Eva: su juventud. En una época muy distinta de la actual, donde todo era más lento y al poder llegaban los hombres y de más de 50 años, la aparición de Evita fue como un huracán que levantó por el aire cientos de prejuicios. Era mujer, actriz, joven y adoptó como propia la causa de los desposeídos, y nunca ocupó un cargo público.

Su imagen quedó grabada en su juventud, como un héroe clásico: como el Che, como el Padre Mugica; su fuerza revolucionaria, el sino trágico que acompañó su enfermedad y muerte, el macabro secuestro de su cadáver, las tempestades que su nombre y su ejemplo alumbraron en los ’70, permiten asociar a Eva Perón con la fuerza transformadora e irreverente de la juventud.

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Opinión

Se puede vivir con pasión el compromiso político
Por Agustín Rossi / Presidente del bloque de diputados nacionales del FPV

“Evita nos demostró que se puede vivir con pasión el compromiso político sin perder la frescura y la alegría de la militancia”

A 60 años del paso a la inmortalidad de Evita quiero recordar ciertos aspectos que han sido un legado político para todos los peronistas. La intensidad y pasión de su vida política, el amor y predilección por los más pobres y necesitados y claridad conceptual e ideológica.

En uno de sus primeros discursos, allá por fines del mes de enero de 1947, Evita dijo: “Mi acción social irá ensanchándose, en la medida que se ensanchan las heridas y las necesidades de ese noble y cálido pueblo de cuyo seno he salido”. Las necesidades del pueblo más humilde fueron el motor de su vida política. Era tan injusta la estructura social de la Argentina, había tanto por hacer, que Evita se entregó a esa causa sin límites.

Ella comprendía a la perfección cuál era la contradicción principal de la política argentina: pueblo u oligarquía. Esta puja definía con claridad las identidades políticas en pugna. “Nosotros”, el pueblo, los que defendemos sus intereses. “Ellos”, como bien define en su discurso del 1 de mayo de 1949, “los culpables de que nuestro pueblo querido haya sufrido tanto y de que el trabajador argentino haya estado sumergido durante 50 años”. Con esta consigna clara el movimiento nacional y popular pudo avanzar en sus conquistas, a la vez que demarcaba con precisión desde qué lugar se analiza y se construye en la política argentina.

Evita nos demostró que se puede vivir con pasión el compromiso político sin perder la frescura y la alegría de la militancia.
 
Fuerte: Miradas al Sur

"EL PAIS ES MUY CENTRALISTA"

Mario “Pacho” O’Donnell, historiador. Acaba de publicar Artigas. La versión popular de la Revolución de Mayo. Destaca al caudillo oriental como un hombre de espíritu federal y de gran influencia en la Argentina.
 
Por Franco Mizrahi
 
Hay una especie de fervor nacional de recuperación de los verdaderos protagonistas de nuestra historia”, afirmó a Veintitrés Mario “Pacho” O’Donnell, uno de los creadores del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego. Y graficó: “Las provincias aborrecen el hecho de haber explicado sus propias historias desde la versión escrita en Buenos Aires”. No son casuales las palabras de Pacho. Las dijo mientras viajaba a Rosario para brindar una charla que tenía por disparador su último libro, Artigas. La versión popular de la Revolución de Mayo, una obra que se inserta dentro de la lógica revisionista que caracteriza al escritor.

–¿Qué lo atrapó de Artigas?

–José Gervasio Artigas es un típico personaje deformado por la historia liberal. Siempre nos dijeron que fue un prócer uruguayo que luchó por la independencia de su país, por lo que aparecía como un personaje antipático: por su culpa habríamos perdido la Banda Oriental. Cuando Artigas siempre insistió en que la Banda Oriental tenía que formar parte de las Provincias Unidas. Tenía un proyecto que chocaba contra los intereses porteños, que hicieron todo lo posible por destruirlo.

–¿Qué decisiones reflejan a un Artigas federal y popular?

–Artigas propuso que las Provincias Unidas se organizaran con un espíritu federalista y que los ingresos de la Aduana se repartieran equitativamente entre las provincias. También reivindicó los derechos indígenas, el sufragio universal y propuso la primera reforma agraria de Latinoamérica. Lo hizo en el Congreso de los Pueblos Libres, que fue mantenido oculto por la historiografía liberal. Allí se declaró la independencia argentina de España y de toda otra nación extranjera, el 29 de junio de 1815. Fue un congreso al que concurrieron las provincias que se ubicaron bajo la influencia de Artigas: la Banda Oriental, las Misiones, Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe y parte de Córdoba. Esto fue un año y diez días antes del 9 de julio de 1816.

–Usted también cuestiona el tratamiento de la historiografía liberal respecto del 25 de mayo…

–El 25 de mayo es una fecha indiscutible pero cuando nos la cuenta la historiografía liberal lo hace sin la participación popular: nos contaron una revolución como producto de decisiones de “grandes hombres”, los criollos de las clases altas. Hubo una disputa por quién se apropiaba de la Revolución de Mayo: los intereses de la oligarquía portuaria fueron los que vencieron.

–¿Estos sectores de poder impusieron un modelo de país cuya estructura sigue vigente?

–Absolutamente. El país es muy centralista. La organización nacional se hace en base al dilema sarmientino de “civilización o barbarie”, que según Arturo Jauretche es la zoncera mayor. “Civilización” son los argentinos que se imaginaban europeos, y “barbarie”, los sectores populares.

–¿El Instituto de Revisionismo Histórico retoma esta línea jauretcheana para arrojar luz sobre los hechos vedados por la historiografía liberal?

–Sí, es una línea historiográfica que sigue a Jauretche, Scalabrini Ortiz, Pepe Rosa, entre otros, que fue sometida al pensamiento único que estableció el liberalismo en el campo histórico. La creación del instituto da la posibilidad de un debate en superficie, por eso causó tanto escándalo. Hay una gran reivindicación de los caudillos. No se puede explicar la historia con la grosera exclusión de sectores fundamentales.
 
Fuente: Miradas al Sur

HISTORIA DE LOS CATORCEROS

El M-14 luchó en Paraguay contra el régimen stronista y sus métodos, que incluían enterrar enemigos hasta la cabeza para decapitarlos. En la Guerra de Malvinas, pidieron ir a pelear por Argentina.
 
Por Exequiel Siddig
 
Paraheí, “Campamento Chico”. 1959, en alguna latitud secreta del Chaco paraguayo. Los guerrilleros de la foto no son los barbudos del Che y Fidel Castro; pertenecen al Movimiento 14 de Mayo para la Liberación del Paraguay. Es la columna del Comandante Orzuza. Parecen festejar. El M-14 fue conformado en Argentina el año anterior por una miríada plural de exiliados anti Stroessner: comunistas, febreristas, colorados disidentes, todos. Tal vez las armas hayan venido de Cuba. No lo sabemos ahora. Sí sabemos que estos hombres no hacen fogatas para no ser hallados por la vigilancia de la dictadura, que los acecha. También por eso cazan monos y los comen crudos. Caminan hacia atrás kilómetro tras kilómetro para despistar al enemigo. Un soldado –tal vez haya sido Benítez– hizo más de 50 kilómetros hasta Eldorado, al nordeste de Misiones, del lado argentino, para revelar las fotos y difundir la causa.
Esa bandera que sostienen y muestran con entereza los muchachos de borceguíes en el monte paraguayo tendrá un destino cuando la derrota aniquile a los libertarios, o los devuelva exiliados y clandestinos a Misiones, Formosa o Buenos Aires. Esa bandera envolverá los rollos –entre los que se encontrará esta foto– en un placard añejo de una casa humilde bien lejos de toda guerra, en Pico Truncado, Santa Cruz. Dirá, guardada, silente, que la lucha continúa.
El hijo argentino del combatiente paraguayo, cuando murió su padre hace cuatro años, llevó la trajinada tela blanca, roja y azul a la Comisión de Verdad y Justicia en Paraguay. Prometieron enmarcarla. “Para quien pase por aquí conozca la historia de los catorceros, los guerrilleros del M-14 y de Eduardo Cabrera, a quien perteneció”, dijeron. “Se las dejo con una condición –replicó Daniel Cabrera–: que si algún día vuelve una dictadura a Paraguay, por favor quémenla.”
Daniel Cabrera nació el 7 de julio de 1959, cinco años y tres días después del golpe de Estado de Alfredo Stroessner en Paraguay. Nació, por esas peripecias del exilio, en Villa Corina, provincia de Buenos Aires. Su padre estaba, alternativamente, en el frente, en el monte paraguayo, o conspirando en los bares de algún pueblo fronterizo en Misiones. Eduardo Cabrera, hombre de estirpe recia, yaguareté semental, se había unido al combinado guerrillero que lideraba Juan José Rotela, el M-14. El gobierno radical de Frondizi los apoyaba. El Brasil de Juscelino Kubitschek, en cambio, había conseguido de la dictadura paraguaya la represa de Itaipú; no apoyaba ninguna resistencia.
La historia de militancia de Eduardo Cabrera puede trazarse de manera sencilla. Había nacido en 1923 en Pedro Juan Caballero, pueblo fronterizo con Brasil, al norte del Paraguay. De grande se hizo pedicuro, pero a los 21 años comprendió que no podría vivir agachado, en la ignominia de una feroz dictadura, así que partió. Como muchos paraguayos, cruzó la frontera hacia el sur y entró en la clandestinidad. Para conspirar. En Chaco, se ganaba el pan como vendedor ambulante. Cuando conoció a Alberta Osypluk su corazón dio un sapucay y cayó rendido a su amor. Berta había nacido en Juan José Castelli, y tal vez al pretendiente le haya gustado la referencia, también. Cabrera era un hombre versado, como por entonces lo era la gente de su país.
La crueldad del régimen stronista combinó métodos avanzados del Plan Cóndor con reprimendas casi cavernícolas. A algunos enemigos los enterraba con vida, dejando sólo la cabeza a la altura del suelo para ser decapitada; los latigazos se hacían con alambres de púas. Dice Daniel Cabrera que a los niños guaraníes monjas francesas e irlandesas les cocían la boca para que dejaran de hablar el guaraní. Al estilo de la Gestapo, la dictadura se contrató a miles de pirahué, soplones, que en su evolución más delirante se consagraron como servicios secretos. Daniel Cabrera recuerda el caso de Titito Benítez, el que posiblemente sea el responsable que hoy la foto sea mostrada por Miradas al Sur. “A Titito lo mantuvieron 7 años sentado en un cepo con las piernas abiertas en un cuartel en el centro de Asunción. Cuando fue amnistiado, por la presión internacional, se dio cuenta que sus vértebras estaban pegadas, y ya no pudo levantar las piernas; caminaba con los pies abiertos, arrastrándolos”.
Luego de la derrota de la guerrilla, Don Cabrera se refugió en Argentina. Gas del Estado lo contrató para que se fuese a Santa Cruz. Allí pasó la infancia Daniel. Allí se escondieron aquellas fotos, la bandera de la columna Orzuza. En la sequedad del desierto patagónico, sintió como arreciaba el destierro. “Comprendí de grande que tal vez sea el dolor más grande para un ser humano”, dice Daniel. “¡No poder comer una mandioca! Los hábitos alimentarios en el Sur son muy distintos, provocan un descalabro porque el alma está conectada a los sabores de la tierra.”
Durante la dictadura de Stroessner, el ex oficial del M14 cada tanto salía en micro desde la Patagonia hacia Retiro, de allí al Tigre, de allí en lancha hasta Uruguay, y desde Brasil bordeaba el límite con Paraguay hasta Punta Porá, la ciudad brasilera espejo de Pedro Juan Caballero, donde todavía residía su madre, del lado paraguayo. Cabrera cruzaba la frontera seca a tranco largo y de noche. “Hacía cuatro cuadras hacia adentro y mi abuela, la Mercedes, lo esperaba en una piecita. Se quedaban una semana los dos encerrados en esa habitación para no despertar sospechas de ningún pirahué.”
Daniel creció con un padre recio, duro, a veces hasta le parecía cruel. De grande se dio cuenta de todo el sufrimiento que acarreaba ese hombre. De las muertes que vio, de los seres queridos que dejó de ver, de lo que no pudo volver a mirar, por la hondura de las heridas. “Yo soy argentino de sangre guaraní”, se define el hijo de Cabrera. Y se define como hijo de Cabrera, orgulloso, comprensivo, argentino guaranítico.
“Papá era un toro, tenía mucho temple –dice el hijo–. Quisiera que se recuerde la gesta de los catorceros, tan poco conocida en nuestro país. Eran tipos tan leales que cuando estalló la Guerra de Malvinas se acercaron al cuartel en Misiones para ir a pelear por Argentina. Primero los sacaron carpiendo, pero por el respeto que lo milicos les tenían los dejaron entrenar sin armas. Yo estoy orgulloso de ser hijo de catorcero. Fue la reserva moral de la patria. Y como mi viejo, ahora no voy a aflojar ni tranco de pollo.”.
 
Fuente: Miradas al Sur

EL BARRIO SEGUN SUS PROTAGONISTAS

El padre Bachi, cura en Villa Palito, y el ex cantante de la banda Fuerte Apache cuentan cómo es la realidad de todos los días que los grandes medios ocultan.
 
Por Gisela Carpineta        
 
Los une la necesidad de gritar y de dar a conocer esa otra voz, la que queda silenciada, la que no todos quieren oír. Desde el sacerdocio y desde la música, son dos referentes barriales que narran la realidad desde adentro de la villa. Allí nacieron, allí crecieron y allí continúan peleándola día a día. El padre Bachi y Esteban, El As, saben lo que es vivir en el corazón de los monoblocks y en las calles embarradas.
Pero además de la necesidad de contrarrestar el mensaje que muestran los grandes medios de comunicación, instalando diariamente desde sus progamas televisivos el estereotipo de pibe chorro y drogadicto, para ellos el desafío más importante se da hacia dentro del barrio.
Para Esteban, ex cantante de F.A., la primera banda de raperos formada en Fuerte Apache que, con sus letras directas y pegadizas, logró una crónica perfecta de la vida cotidiana en este barrio, lo importante es que los pibes de la villa “no se coman el verso de los medios” y no se cuelguen el cartel de excluidos.
“La gente se automargina. Les metieron en la cabeza que si son de una villa van a ser chorros o drogadictos; que la única salvación es que estudien y sean decentes, pero que a lo máximo que van a aspirar es a laburar en una fábrica o de limpieza. ¿Por qué? ¿Por qué un pibe de la villa no puede estudiar filosofía o recibirse de periodista? ¿Por qué no puede ser un técnico en tecnología?”, se pregunta desafiante.
“Es el estigma que instalan los grandes medios que no tienen la menor idea de lo difícil que es la vida de este lado. Entonces, la única manera de contrarrestar toda la mierda que hacen los demás es demostrándole con hechos que nosotros valemos la pena”, explica Esteban, quien en su intento por tirar abajo esas barreras impuestas por la sociedad, se unió a su mejor amigo, el poeta Camilo Blajaquis, para llevar adelante la revista de cultura marginal Todo Piola, y para filmar Diagnóstico esperanza, una película que va a mostrar la vida en los barrios pobres.
Para Basilicio Bachi Brítez, párroco de la iglesia San Roque González y Mártires, enclavada en lo profundo del barrio Almafuerte, popularmente conocido como Villa Palito, en San Justo, la tele les muestra que su destino está marcado por las adicciones y la delincuencia. “Pero no es así, la droga en su vida es un accidente, un hecho que no los determina como personas. Es necesario mostrarle que ellos son otra cosa, que hay una luz. Sólo necesitan ese empujón”, afirma.
Lado B. El sacerdote, que llegó a Almafuerte de muy chico, cuando su familia fue desalojada por la última dictadura militar, toma el ejemplo de La Garganta Poderosa para graficar la importancia de proyectos culturales emergentes para terminar con esa mirada errónea que se tiene de los barrios pobres: “En general, cuando uno pasa por el frente de una villa piensa en delincuencia y en drogas. En cambio, cuando uno agarra la revista se da cuenta de que también pasan otras cosas”.
Para el padre, medios como la Poderosa permiten que los prejuicios se debiliten, que se vea que dentro de los barrios fluyen otras cosas más que drogas y balas. Sorprendido por la calidad y la organización de la revista, explica que “es un sector que quiere mostrarle al otro quiénes somos, cómo vivimos, lo que hacemos y que no somos sólo notas policiales”.
Querido y reconocido por los vecinos de un barrio que está en la etapa final de un proceso de urbanización que se inició en 2004 y en el que esta semana la presidenta Cristina Fernández entregó 900 viviendas, el padre conjuga su acción pastoral con la asistencia social. Desde ese lugar, fue uno de los encargados de repartir la revista en un barrio que “se desangra por la droga”, como lo define.
Según explica, si bien es un producto para fuera de la villa, que va orientada de un público hacia otro, fue muy bien tomada por los vecinos.
“Los pibes la recibían y nos planteaban desafiantes: ‘¿Por qué nosotros no podemos hacer algo así?’. Es fabuloso que quieran imitar y no competir”, relata el párroco de una de las villas más grandes de La Matanza. Y resalta: “Tenés un número en el que aparece desde Maradona hasta la señora que vende empanadas en el barrio. Eso demuestra que somos iguales, en áreas distintas pero iguales, y que nos comprometemos por la vida de la misma manera”.
Desde la música. Esteban tiene 30 años y alterna las clases de actuación con la escritura de un libro que va a relatar cómo es crecer en la villa, con su carrera como cantante solista, su productora, y con los talleres de rap y literatura que da en Ensenada y La Plata. Desde hace 15 años, eligió el camino de la música para desmentir lo que los grandes medios dicen desde la comodidad de estar del otro lado.
“Yo estoy acá y sé lo jodida que es la vida. A uno le da bronca cuando agarra un diario y no dice que atraparon a un sujeto tal, sino: ‘Villa fulano: droga secuestrada’. Eso es incendiar a todos. Acá hay gente que labura y se rompe el lomo para salir adelante”, subraya.
“Los medios no tienen idea de lo que generan. Hay gente que por ignorancia no te da laburo porque dice que en tal villa hay droga, que son todos delincuentes, o te puede pasar que quieras anotar a tu hijo en un club y te miren con mala cara porque sos de Fuerte Apache. Uno se siente separado”, revela Esteban.
Por eso, desde sus canciones, intenta reflejar la realidad tal como es y romper con esa estigmatización de los barrios. “Sobreviviendo en este / mundo nos criamos / y nos marginan todos / A nadie le importamos / sólo nos nombran / cuando mal actuamos / cuando nos drogamos/ robamos/ o matamos”, cantaba desde F.A.
Junto a Camilo, y desde los talleres, Esteban quiere gritar su mensaje: que en las villas hay mucho arte y que esa es la salida. “Quizás, no todos puedan ser cantantes, periodistas o actores, pero todos tenemos algo que nos gusta hacer y ese es el camino para canalizar”.
De familia santiagueña, se crió entre guitarras, siempre le gustó la música y por medio de un amigo pudo conseguir que le grabaran un cassette con un poco de rap: “Lo escuché, me gustó, pero no tenía la menor idea de cómo se hacía eso”. No imaginaba que algún día se convertiría en ejemplo de muchos pibes y que su música se haría lugar en los pasillos de la villa, junto con el rock y la cumbia.
La primera canción la escribió en la escuela pero, por vergüenza, no quería que nadie la leyera. “Un compañero me robó una hoja y se la empezó a pasar a todo el curso. Me la hicieron cantar un poco metiéndome caño”, relata entre risas. En esa aula surgió el que sería el primer tema de F.A.: “Nadie sabe lo que en el Fuerte / la vida te cuesta / porque es difícil vivir / donde todo apesta / y de saber que corrés / contra el reloj de la vida / pudiendo hasta morir / por una bala perdida”.
Pero la crudeza de esas letras que hablaban de tiros, de perder seres queridos, de policías que inventan causas, de chicos que se crian en la pobreza y de pibes que no encuentran salida, les costó una denuncia de un abogado por apología del delito, finalmente, desestimada por un juez.
“Eran explícitas pero nunca tuvimos la intención de alentar a nadie. ¿Por qué en vez de escuchar y tratar de comprender, me censurás? ¿Por qué me querés callar?”, desafía Esteban.
 
Fuente: Miradas al Sur

EL ESPECTACULO DE LA VULNERABILIDAD SOCIAL

Por Jimena Arnolfi        


Militantes y comunicadores de las villas hablan en primera persona: La garganta poderosa, Mundo Villa y un integrante del JP Evita.
       
Si en doscientos años no hubo un periodista villero que trascendiera de nuestros barrios, quiere decir que estuvo oprimida la posibilidad. Lo intentó Rodolfo Walsh, también lo intentó el padre Mugica y les costó la vida”, dice el periodista de La Garganta Poderosa en comunicación con Miradas al Sur. Cabe aclarar que cada vez que uno de los referentes de la revista de cultura villera accede a una nota periodística habla en nombre del colectivo. “Nosotros decimos que siempre tuvimos voz, lo que no teníamos era un canal desde donde expresarnos. A más de treinta años del regreso de la democracia, es hora de que empecemos a escuchar las voces que faltan en primera persona y sin intermediarios. Ya no queremos voceros sensibles y progresistas”, remata el periodista.
 
Chalecos antidenuncia. “Si Ravi Shankar mandara sus cien mil fans a la villa, con una sola cuota de El Arte de Vivir, hacemos cloacas y luego sí, respiramos todos en paz”, escribieron en la cuenta de Twitter de La Garganta Poderosa. Unas horas después de la meditación comandada por Sri Sri en la avenida Figueroa Alcorta (barrio de Palermo), la villa del barrio de Parque Patricios se sorprendía con una visita que sacudió a las familias del lugar: Gendarmería. “Una vez más, los superhéroes de uniforme entraron a la villa a combatir a los villanos de las drogas y las balas”, grafica como quien adelanta el tráiler de una película harto conocida.
El operativo desbarató una banda narco y el secuestro de varios kilos de droga-armas-plata fue televisado en un compacto de cinco minutos con música de película de suspenso para toda la televisión argentina. Estaban los gendarmes, el secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni, y todos los cronistas de los canales de noticias con excepción de los medios locales que nunca son invitados a cubrir lo que pasa en su propio barrio. La redacción de La Garganta Poderosa está en la Villa Zavaleta y sus trabajadores vieron el operativo por televisión.
Hace dos meses, comunicadores de la revista de la cultura villera tuvieron una reunión en el Ministerio de Justicia para hablar sobre el desembarco de los gendarmes y prefectos en la villa. Los funcionarios pidieron la colaboración de los vecinos para fiscalizar la buena conducta de los gendarmes que en muchas casos no era tal. “Nos pareció una buena iniciativa y entonces acercamos una propuesta: que la identificación deje de estar en la camisa y pase a estar en el chaleco antibalas, porque de lo contrario el chaleco tapa la identificación y nosotros no tenemos manera de denunciar un abuso. Esos chalecos, más que antibalas, son antidenuncia”.
 
Los malos y los buenos. “Recién estuve hablando con un amigo que consiguió trabajo y me contaba que tuvo que mentir la dirección de su casa porque nunca le dan trabajo si dice que vive en la villa. Es un prejuicio histórico: vamos a trabajar y creen que planeamos un robo”, sigue Juan Manuel Vila, un trabajador de 28 años de Lomas del Mirador, militante de la JP Evita. Todos los días, quienes viven en las villas deben lidiar con prejuicios de este tipo. “Cuando era pibe trabajaba en una fábrica. Mis compañeros no venían a trabajar si era día de operativo en la villa. Si salían de su casa, los gendarmes los reventaban en los pasillos o los metían adentro de la causa como mínimo. Cuando hay operativo, los gendarmes creen que en todas las casas hay delincuentes”, dice Vila.
Como en las películas de Hollywood, para muchos el mundo se divide entre buenos y malos, considerando que siempre son de clase media los que llevan en su especie el valor de la bondad. “Sin un análisis demasiado profundo, todos sabemos que en muchas casas en donde eventualmente se vende droga se padecen problemáticas muy similares a las casas donde se consume droga –dice el periodista de La Garganta Poderosa–. Ahora bien: tenés que ser muy boludo para pensar que un jefe narco va a salir de un predio donde tenemos las cloacas tapadas y la luz se corta cada dos por tres”.
 
Los periodistas de la villa. Adams Ledesma, periodista boliviano, fue asesinado el 4 de septiembre de 2010 en Retiro por un vendedor de droga. Ledesma era un referente social de la Villa 31 y estaba al frente del canal comunitario Mundo Villa TV. Este mes se cumplió un nuevo aniversario del fallecimiento y el asesino fue condenado a prisión. Los medios de comunicación no consideraron que fuera una noticia para resaltar. “¡Imaginate si lo hubieran matado a Van der Kooy o a Morales Solá! Hubiera sido un escándalo periodístico. Pero Adams Ledesma era un periodista villero y boliviano; luchaba contra la venta de pasta base dentro del barrio y fue asesinado por un narco”, dice Víctor Ramos, el fundador de Mundo Villa, el colectivo que actualmente tiene una columna en CN23 y otra en Radio Continental. “Hoy la batalla es cultural y se da a través de los medios de comunicación. Nosotros conformamos un multimedio villero porque los medios tradicionales construyen prejuicios sobre los habitantes de la villa y nosotros queremos hablar en primera persona”, dice Ramos, quien además es el director de la Casa del Bicentenario de la Villa 21, “una especie de Malba adentro de la villa”.
 
Las fórmulas. Hay elementos que se repiten en la espectacularización de la vulnerabilidad social. Basta con mencionar algunos productos televisivos como GPS (programa conducido por Rolando Graña, América TV) que hace explícita la tesis desde el título –los pobres y delincuentes están en determinados territorios. Un paréntesis para el déjà vu: Micky Vainilla, de Peter Capusotto, y su GPSS para detectar puestos de chipá con el chiste del remate, siempre dobla para la derecha.
La liga (Telefe) fue otro programa que reforzó la idea de la delimitación de fronteras. Los informes siempre empezaban con una especie de Google Map que identificaba la emergencia de lo subalterno. También está disponible en YouTube el informe de Facundo Pastor titulado “Villa 1-11-14, la favela argentina”. Entonces, se ve al periodista parado en el límite señalando “el pasillo de la muerte” y diciendo que al cruzarlo “uno se rodea de violencia y muerte”. Pastor “se anima”, se calza un chaleco antibalas y entra en la villa. De esta forma, los medios de comunicación hegemónicos configuran una especie de relato de aventuras. Esta es mi villa, el programa de Julio Bazán, fue parodiado por el colectivo La Garganta Poderosa porque consideran que es una falta de respeto la construcción del relato del periodista de TN. Así nació Esta es mi empresa –disponible en YouTube–, programa conducido por una compañera de Villa Zavaleta, Julia Bazán.
 
En primera persona. “La solución de fondo no me la puede contar un notero de traje y corbata que viene cinco minutos a la villa a ver qué hacen los uniformados que montan la escena para el show. Tampoco es creíble que ese tipo de cronistas vengan a relatar cómo es vivir en una villa”, dicen desde La Garganta Poderosa. “Los que vivimos en la villa somos los primeros que queremos vivir en un barrio sin armas, justo e igualitario”, dice Juan Manuel Vila. Las problemáticas son muchas y en la mayoría de los casos son urgentes. En palabras de La Garganta Poderosa: “Hay un montón de lecturas equivocadas que miran el sol desde la pileta. Alguien nos tiene que decir qué hacemos con los pibes que consumen pasta base en nuestras villas. No existe ni un centro gratuito estatal de rehabilitación y los pibes se siguen muriendo. Es urgente”.
 
Fuente: Miradas al Sur

VOCES, GARGANTAS Y DEFENSORES

Ni estigmatización brutal ni sobrevaloración rápida. Julián Axat es defensor del fuero de Responsabilidad Juvenil de La Plata y poeta, dos actividades donde destaca su mismo compromiso. Eso lo lleva a ser una de las voces más autorizadas a la hora de comprender las tensiones, luchas, encuentros y desencuentros entre dos culturas que, en una síntesis a trazo grueso, se podrían llamar “villera” y “blanca”.Cómo se intenta unificar la voz del otro desde los medios hegemónicos.
 
Por Miguel Russo        
      

“Estoy en contacto todo el tiempo con los pibes que entran en el sistema penal, policial –dice Axat–. Traen un sistema de rituales, de prácticas, de imaginarios que se ve enfrentado a esa cultura forense y penal, que es otra forma de cultura, cultura de elite. En ese encuentro o desencuentro se ve un fenómeno interesante. Un pibe que es traído de los pelos a un calabozo de la comisaría, vestido con su gorrita, su canguro, sus llantas bien altas y con aire, su pantalón NBA, sus aros, sus piercings y sus gestualidades y maneras de decir, de golpe se ve enfrentado a la interpelación de un juez que le habla en un lenguaje neutro. Ese enfrentamiento no es entre la cultura villera y el sistema oficial penal.
–Una representación que es común, también, a otras clases...
–Exactamente. Los pibes de la clase media copian ese tipo de lenguaje y vestimenta. Caminan por la calle con el vaivén característico de la villa: el paso. Me toca trabajar con algunos pibes que me hip-hopean cuando les hablo para asesorarlos en una declaración.
–¿Ese es el primer cruce?
–El primer cruce que se da entre un supuesto pibe chorro y la cana se produce a espaldas del defensor, ya que la cana cuenta un largo rato después qué fue lo que pasó. El primer enfrentamiento es entre un pobre y un pobre, en realidad el tipo vestido de policía proviene de la misma ritualidad y la misma cultura que el pibe que se detiene, si bien los rituales policiales son más militarizados, neutros, de tomar distancia de la cultura villera. Sus hijos son iguales al villero, pero él, a través de la investidura policial, de la gorra, de ese cuerpo docilizado, pretende tomar distancia.
–¿Y después de eso?
–El primer enfrentamiento con la cultura letrada, leguleya, es la primera declaración ante el fiscal. Antes, está mi trabajo informal de prepararlo para la declaración, de ver qué hará y dirá ese pibe. En esa preparación para declarar, el pibe toma conciencia de las estrategias que tiene para salir bien parado de la causa penal. Ahí sí se da cuenta de qué tipo de identidad va a asumir ante ese tipo de sistema o de cultura, para decirlo de alguna manera rápida, aunque no lo sea per se, alta.
–Ese pibe, entonces, ¿abandona al que es para ser otro?
–Sí, a veces hace teatro ante los jueces. Se muestra como un buen pibe, que llegó ahí sin saber por qué, ya que esa gorrita y ese arito o su tez negra no es lo que se supone que es. Se proyecta ante el otro, de manera sartreana, con una identidad que no le corresponde.
–Algo que espera la cultura, por llamarla así, blanca.
–En esa empatía le hace un guiño al fiscal que ve lo que quiere ver diciéndole “yo no soy”. Aun cuando su forma de vestir o su hablar tengan la cadencia de otro pibe chorro o de otro que vive inmerso en los códigos de la villa. Y se cuida. Esa primera tensión entre el sistema judicial y los pibes es un encuentro o desencuentro cultural, de acuerdo a como los pibes lo teatralicen. Hay fiscales que te aconsejan bien, otros no. Y a veces los pibes cambian su forma de hablar frente al sistema porque saben que a pesar de que el sistema judicial desde adentro de su imaginario los ve como los bárbaros, los salvajes, los criminales, los delincuentes, hace matices. Hay algunos que traen ciertas conductas que están fuera del cuadro lombrosiano y otros que encajan perfectamente.
–¿No es denostada linealmente esa cultura entre los jueces?
–No. Hay muchos jueces que quieren ver qué pueden hacer por esos chicos. La Justicia Penal es elitista. Lo que pasa es que mientras la Justicia Federal tiene los delitos de cuello blanco, las justicias provinciales tienen los delitos comunes. Por lo tanto, los cruces son distintos: la Justicia Federal está juzgando a su propia cultura, es decir, lavado de dinero, terrorismo, corrupción, lesa humanidad. Las justicias provinciales se enfrentan al delito común que en un 90 por ciento está vinculado a la selectividad de los pobres. Y es allí donde se produce la posibilidad del enfrentamiento. Lo que advierto es que los pibes que mejores defensas traen, culturalmente hablando, hacia el sistema que los va a supuestamente procesar o confinar a un instituto o una cárcel, son los pibes que llegan con cierta cultura villera de asunción de identidad.
–¿Por qué pasa eso?
–Porque no compran fácilmente el lenguaje penal que lo primero que les dice es que pueden guardar silencio y que ese silencio no podrá ser usado en su contra.
–Es decir, una mentira...
–Total. El silencio va a ser usado en su contra, es un clásico. Es mejor que hablen y mucho, que hagan una buna declaración ya que si guardan silencio los van a hacer pomada. Cuando declaran, y son asesorados para que lo hagan, ahí se juega el tipo de defensa que traen los pibes de la calle. Hay algunos que llegan con su subjetividad totalmente arrasada, pero hay otros que tienen mucha potencia cultural. Por ejemplo, los que vienen vinculados con algunos lugares de la villa donde se trabaja la palabra.
–¿Una forma de trabajar la palabra similar a como la piensa la cultura blanca?
–No. Por ahí es un ida y vuelta con el dealer de la esquina, con el policía del barrio, con su forma de protestar o con las reuniones nocturnas alrededor de su fueguito. No todo es delito en ese intercambio de lenguaje, hay un sobrevivir el día a día. Esos pibes son los que mejor se defienden frente al sistema, porque les demuestran a los jueces que tienen ciertas pautas culturales y patrones con los cuales sacarse las etiquetas que el sistema judicial les está poniendo encima.
–¿Hay una apropiación de esa representación villera en la clase media? Más allá de la estética y la vestimenta, pensemos en la cumbia villera en los casamientos o fiestas clasemedieras, en la escapada hacia sitios marginales para conseguir droga, en las excursiones a La Salada...
–Una excursión a los indios ranqueles, claro. Nosotros somos los Mansilla. A veces desde la defensa penal me toca ser una suerte de Mansilla, ya que tengo que escuchar muy bien a la hora de asesorar a un pibe si la cana le armó la causa o no. Hay una excursión a la otredad, pasar la barrera del horror y ver qué hay allí. Es un proceso muy duro, muy costoso sacar ese velo. Nosotros construimos, en esa otredad, un mercado del otro lado que no es tal. La cumbia villera es un fenómeno de los ’90, no existe en las disquerías la batea que proponga el consumo cultural o un goce de la cumbia villera.
–Y no es una música sólo de la villa, sino que parece ser la música de fondo de la Argentina...
–Claro, pero no es un fetiche ni una mercancía. Los pibes de la villa escuchan mucho heavy metal. Y mucho hip-hop. El rapeo fue de los ’80, pero el hip-hop tiene algo del hoy en día. El hip-hop tiene cierta cultura de la resistencia, no tanta apatía y desengaño. Es muy común ver en los desalojos cómo son los pibes quienes generan la mayor resistencia. Se percibe dentro de la villa una forma de resistencia a las opresiones policiales.
–Dentro de la villa hay algún tipo de representación que es asimilado por sus habitantes: hablo de medios gráficos villeros, de las radios comunitarias.
–Lo que más se lee dentro de la villa son las páginas policiales de los diarios más volcados a lo policial. Todavía persiste esa forma de leerse: Crónica, el diario Hoy en La Plata. Y miran a Tinelli. Se lee La garganta poderosa y Todo piola. Generan un intercambio de ideas, pero el consumo mayoritario de esos medios es hacia afuera de las villas, hacia cierto progresismo. Sé que en el ámbito donde se genera una revista como Todo piola, con Camilo Blajaquis, un poeta de dentro de la villa, fomenta una empatía a imitar. Pero me parece que en otras villas no se lee, por ahora.
–¿Hay diferencias entre los habitantes de las distintas villas de Buenos Aires y el interior del país?
–Enormes. En Capital hay multiculturalidad. En Retiro o en La Saladita se mezclan argentinos, paraguayos, peruanos, bolivianos. Es más cosmopolita. Eso está bien representado en una película no tan buena como es El elefante blanco. Las de otros lados no lo son tanto: son un poco más homogéneas. Las villas de Berisso tienen una cultura más boliviana, están instalados hace varios años; en Los Altos de San Lorenzo hay más cultura paraguaya, con fuerte preponderancia del habla guaraní.
–Obviemos la bestialidad lombrosiana que adopta la cultura blanca, ¿es inevitable la marginalidad dentro de una villa?
–No, pero están los marginados dentro de la marginalidad, un fenómeno que dejó la dictadura y los ’90, el ghetto dentro del ghetto. Esto sucede también en otros países, incluso en los tan desarrollados como dicen ser los Estados Unidos: el rescatado o el no rescatado dentro de la villa genera la guerra del pobre contra el pobre. Ocurrió hace poco en La Plata: a una villa de títulos blanqueados llegó un grupo que se instaló sin asimilarse, y se armó un cerco entre ambos grupos y estalló la guerra que un diario local se encargó de fogonear tomando partido. Unos, los recién llegados, eran los delincuentes, y otros, los rescatados, que estaban allí hace tiempo. En realidad, la diferencia es que unos pudieron poner ladrillos y los otros llegaban con maderas y chapas. En varias villas hay espacios ocupados por grupos no rescatados por los cuales es imposible caminar de noche sin pagar una suerte de peaje, lo que significa tener el ingreso restringido. Y el miedo a ese lugar prohibido dentro del lugar de la villa pública implica una marginalidad dentro de la marginalidad. Los villeros dicen que ese lugar, el de no rescate, es un lugar del que no se vuelve. Y esa villa dentro de la villa empezó a sucede a fines los ’90, y tiene que ver con la guerra interna de la marginalidad. Pero eso no es una cultura ni parte de una cultura. Un estudio del teórico italiano Giorgio Agamben mostraba eso en los campos de concentración y hablaba del “homo sacer”, a quien él llamaba “musulman”. Eran las personas que habitaban un subcampo de concentración dentro de los campos de concentración nazis: aquellos que ya no tenían posibilidad de rescate, que ya no podían salir e iban a ser enviados prontamente a las cámaras de gas. Nuestros “musulman” son aquellos a los que la policía ya detectó y ya saben irrecuperables: o terminan en la zanja o reclutados para tareas delictivas con bala asegurada. Eso es parte de una cultura: la muerte interna.
–Pero es parte de una cultura que no cataloga como villera sino como nacional...
–Claro, porque no es un problema de ellos, sino un problema de todos. Hay simetrías con un problema latinoamericano, con las particularidades del narcotráfico o la cartelización de las favelas brasileñas o de las villas del DF mexicano. La diferencia está en que la Policía Bonaerense tiene una forma mientras que las policías latinoamericanas se contactan de otra manera con esa cultura. Llegar a ser policía bonaerense, actualmente, pareciera ser una forma de ser m’hijo el dotor. Cuando asume su identidad de policía bonaerense asume tal distancia respecto de su propio origen que es capaz de olvidarlo y asesinar en nombre de ese olvido. No creo que eso ocurra en México o en Brasil. Allí, las tropas de elite son blancas: lo muestran en los noticieros o en las películas. Son miembros de la clase media que entran a militarizar una villa, a tomar el territorio. El policía bonaerense es casi como un mercenario: proviene de la misma villa a la cual lo hacen retornar uniformado a hacer un operativo.
 
El delicado equilibrio entre las revistas, poesías y narraciones
 
Hay cierta literatura que representa la villa. Está la poesía de Camilo Blajaquis, escrita desde dentro de la villa, que retrata la vida de los pibes. Blajaquis hace una operación interesante, ya que él no se transforma en un político ni vende que la poesía es un arma política cargada de futuro. Él hace una forma de sobrevivir, que quizás sea una subversión política contra un sistema, pero no pretende tanto. Es hacer una revista, construir una comunidad para que otros como él asuman la posibilidad de la poesía como forma de sobrevivencia. Es un acto político, pero distanciado. Y es un hecho de cultura poética villera. Él es la poesía que va armando talleres literarios, revistas. Algo que no sucedía en los ’90. Y muy distinto a lo que hace Washington Cucurto, que escribe como un dominicano del Once, pero que imposta como recurso la cultura villera, construido con muchísima eficacia, ya que logró algo que parecía imposible: un mercado para el otro.
–¿Y La garganta poderosa?
–Hace dos años, Facundo Pastor entró junto a un operativo estigmatizante que vinculaba a la villa con el narcotráfico, con el delito. Al día siguiente de la emisión de ese programa todo el barrio va a las puertas de América TV a manifestar contra ese informe. Decían que podía haber delincuentes, esa separación entre la villa y la sub villa, pero invitaban a Pastor a ingresar para que viera que no todo es como lo habían mostrado. Y deciden allí mismo construir ese instrumento de comunicación que es La garganta poderosa como herramienta de difusión entre sí pero también para afuera. De ese modo, La garganta poderosa es la asunción de una identidad. Es una forma de romper con Mansilla, una manera de decir que vienen a mostrar lo que son, no lo que dicen que son. Y después hay varios libros de poesía: Oscar Fariña con El guacho Martín Fierro, una reescritura bardera de José Hernández en clave de pibe chorro; Mariano Dubin con Bardo, un poeta que entendió la clave de la cultura villera, y Nicolás Correa con Virgencita de los muertos, vecino de Carola, la mamá de Candela, donde se representa la cultura popular.
–No la narrativa...
–La narrativa está fallando en la representación. La poesía la visibiliza, la refleja, aunque no se lea tanto ni dentro ni fuera de la villa.
 
Fuente: Miradas al Sur

LONDRES MILITARIZA LA CUESTION MALVINAS

El supuesto envío de un submarino nuclear para amurallar su enclave colonial en el Atlántico Sur revela cómo los halcones pasaron a hegemonizar el capítulo “Falklands” de la Cancillería británica.
 
Por Emiliano Guido        
 
      
La declaración de guerra partió hace un mes desde el Palacio de Westminster. Ese día, el primer ministro David Cameron llegaba a la Cámara de los Comunes con la intención de plantar una puesta de escena política que tuviera resonancia en Buenos Aires. El protocolo fijaba que Cameron debía rendir un balance de su gobierno al Parlamento pero, en un momento, el legislador conservador Andrew Rosindell tomó la palabra y, por fuera del orden del día, preguntó si la crisis financiera iba a mellar “la capacidad de defensa de los dieciséis territorios de ultramar” que están bajo bandera inglesa. “Felizmente puedo darle esa garantía, amigo Rosindell. La bandera británica seguirá flameando en la residencia de los gobernadores y aumentaré la asistencia a esos territorios”, festejó Cameron y, a continuación, anunció que Londres “realizará el año próximo un gran festejo en las islas en conmemoración del 30º aniversario de la rendición argentina”. Además, los actos del 2 de abril del 2012 tendrán el importante acompañamiento in situ de un miembro de la familia real, ya que el príncipe Guillermo –segundo en la línea de sucesión de la corona– viajará en febrero próximo a las Malvinas para recibir allí seis semanas de entrenamiento como parte de su carrera de piloto de guerra en la Real Fuerza Aérea.
Por lo tanto, las recientes declaraciones del ex jefe de la armada británica Lord West –ex soldado en la guerra de 1982– al diario británico Dayly Mail sobre “la necesidad de enviar un submarino nuclear a la región” como respuesta a la decisión del Mercosur de bloquear sus puertos a los buques ingleses con destino Malvinas no son un dato nuevo de la política exterior de Londres. Más bien, confirman que los halcones del Foreign Office están hegemonizando la Cuestión Malvinas. En conversación con Miradas al Sur, Federico Bernal, autor del libro Petróleo y Malvinas, entiende que con la llegada de Cameron al número 10 de Downing Street el Reino Unido viene tensando deliberadamente la cuerda con la Argentina: “Si uno mira lo que hizo (Margaret) Thatcher del ’79 al ’82, observa que el gobierno de Cameron cuenta con las mismas actitudes de provocación con respecto a Malvinas. Hace poco, Londres envió un buque militar a patrullar la zona; además, en intervalos regulares, hacen simulacros de bombardeo y disparan cañonazos. Después, semanas atrás, anunciaron que crearán una zona de conservación marina en torno de la isla Georgia del Sur de un tamaño cuatro veces más grande que la provincia de Buenos Aires. Además, ahora se viene el 30º aniversario de la Guerra, y va a ser una gran celebración oficial. Nada de lo que pasa es casual”.
Ahora bien, ¿por qué Londres jerarquiza en su agenda la Cuestión Malvinas? Hay dos pistas para entender dicho desplazamiento: primero, hay una significativa alza de las islas del Atlántico Sur como plaza petrolera y, en contrapartida, están los éxitos diplomáticos que viene cosechando el Palacio San Martín. “El Reino Unido se está convirtiendo en un importador neto de petróleo. Esto sumado a la declinación de sus reservas en el Mar del Norte resignifica los trabajos de exploración de crudo en Malvinas. Si se confirma el nivel de las perforaciones iniciadas en el complejo Sea Lion, Londres se estaría ahorrando una década de importaciones petroleras”, apunta, en ese sentido, Federico Bernal. Pero, paralelamente a los éxitos petroleros en Malvinas, el gobierno de Cameron entiende que está retrocediendo en la arena diplomática. En ese sentido, la voluntad colectiva expresada esta semana por los países de la Cuenca del Plata de cerrar sus costas a las naves británicas fastidió de sobremanera al Foreign Office. De ahí la virulencia del comunicado oficial del ministerio de Relaciones Exteriores británico cuando expresó que: “Nos parece más que injustificado el bloqueo por parte de los países del Mercosur. Estamos muy preocupados por este último intento de la Argentina de aislar a los habitantes de las Malvinas y dañar su modo de vida, para lo que no hay justificación”.
Pero, en las escaramuzas verbales, el que pegó más fuerte fue un oficial militar británico en actividad, quién desde el anonimato disparó al matutino Dayly Mail: “Si hay una amenaza, haremos preparativos muy rápido. Estamos confiados que los argentinos no pueden ni siquiera atracar ni un barco pesquero en las islas. Pero, es importante demostrar que somos serios acerca de nuestras obligaciones”, advirtió el uniformado, lejos de querer hacer uso del típicamente seco humor inglés.
 
Fuente: Miradas al Sur