jueves, 1 de noviembre de 2012

LA VIGENCIA DE UNA PASION

Qué significa hoy la mítica figura de Eva Duarte. Cuál fue su legado político y qué representa para los jóvenes que militan. La mirada de historiadores, intelectuales y políticos.
 
Por Franco Mizrahi, Andrea Recúpero y Deborah Maniowicz
 
María Eva Duarte de Perón dejó jirones de su vida en el ascendente camino político que vivió entre 1945 y 1952. Apenas siete años le bastaron para convertirse en una de las figuras más apasionantes de la historia argentina del siglo XX. A seis décadas de su desaparición, Veintitrés se preguntó por el legado que dejó, por la vigencia de su pensamiento y de su praxis. Qué significa “Evita” hoy.
“Eva significa mucho para las mujeres –afirmó la historiadora Ema Cibotti–. Su originalidad radicó en su voluntad de ejercitar el poder político, algo vedado entonces para nosotras. Todas las mujeres mayores de 40 años encontramos en ella un punto inicial. Fue una pionera. Es lo más fuerte en términos de género que nos legó y tiene plena vigencia”. No es casual que en más de una ocasión la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, la mencione como su máxima referente.

Otra herencia que mencionó Cibotti fue la forma en que Evita se vinculó con el pueblo: “Fue la primera que inauguró una suerte de liderazgo popular acercándose físicamente a la gente. Su acercamiento es efusivo, genuino, espontáneo. No está esperando que le saquen la foto. Todavía el contacto físico no estaba asociado al hacer política. Eso surgió a partir de los años ’60. Entonces el poder era distante. Ella anula esa distancia. Y eso también ha quedado escrito en la práctica de la política argentina hasta el día de hoy”.

Para el historiador Felipe Pigna, autor de la biografía Jirones de su vida, la frase de Evita “donde hay una necesidad nace un derecho” sintetiza su mayor legado. Y explicó: “El peronismo hubiera existido igual sin Evita porque ya estaba en marcha, lo pone en marcha Juan Domingo Perón. Pero el movimiento hubiera tenido características muy distintas. Perón tenía capacidad estratégica y de conducción, pero sin Eva el movimiento no hubiera tenido ese toque revolucionario que lo caracterizó”.

El sociólogo Atilio Borón coincide con esta visión revolucionaria de Evita: “Eva fue la impulsora de las medidas más radicales del gobierno de Juan Perón. Tenía un discurso plebeyo radical profundamente antioligárquico y antiimperialista –aseguró a Veintitrés–. Tenía un mensaje permanente y perenne para la política argentina. Es la representante más genuina de un proyecto democrático radical anticapitalista”. Por lo que no duda en considerarla “la figura más entrañable que produjo la Argentina del siglo XX. Su herencia es un enorme legado que todavía no sé si ha sido plenamente retomado. Es algo que todavía esta en discusión”, advirtió.

El vértigo en la vida política de Eva es notable. Hija de Juan Duarte y Juana Ibarguren, nació en 1919, en Los Toldos. Tras una infancia humilde y una efímera carrera como actriz, a los 24 años conoció a Juan Domingo Perón y su vida cambió radicalmente. A los 27 años se transformó en primera dama e ingresó de lleno a la política. “Evita aportó una visión fresca, novedosa, irreverente, transgresora, en el mejor sentido de la palabra. Por eso fue tan detestada por sus enemigos”, recordó Borón al resaltar un rasgo característico no menor de quien fuera la presidenta del Partido Peronista Femenino: su juventud. La muerte la encontraría un lustro después, a los 33 años de edad. Ese tiempo le bastó para convertirse en una referente del peronismo, de los sectores populares, de sus “descamisados”. “Yo no quise ni quiero nada para mí. Mi gloria es y será siempre ser el escudo de Perón y la bandera de mi pueblo”, había afirmado en su emocionante discurso del 17 de octubre de 1951.

“En siete años Eva hizo más que muchos en treinta años de trayectoria”, sentenció el secretario de Cultura de la Nación, Jorge Coscia, autor del libro Juan y Eva. Para Coscia, la vigencia de la “abanderada de los humildes” es justamente su carácter revolucionario: “La herencia de Eva está ligada a aspectos que se pueden citar explícitamente: la vigencia del movimiento social transformador de la historia argentina, el peronismo, que se mantiene vivo en la actual etapa. El kirchnerismo es una rama sólida gruesa que abreva en las raíces del peronismo revolucionario. También se destaca la vigencia de Eva en el rol de la mujer en el proceso de transformación, en la democracia, en el voto, en su capacidad de compromiso social”, aseveró el funcionario.

Ese compromiso social se percibió en Eva cuando comunicó por cadena nacional que desistía de la candidatura a la vicepresidencia de la Nación que le había propuesto el movimiento obrero el 22 de agosto de 1951: “No renuncio a la lucha ni al trabajo. Renuncio a los honores. Por los trabajadores y por los descamisados, seguiré luchando como hasta hoy con el corazón y el pensamiento puestos en el General…”. Era el comienzo de su retirada del escenario político argentino a causa del cáncer fulminante que sufría. El 11 de noviembre de 1951 se daría el triunfo de la fórmula presidencial Perón-Quijano y el 4 de junio de 1952, el día de la asunción de su marido, se vio por última vez en forma pública a Eva Perón.
En la víspera del 60º aniversario de su fallecimiento, el miércoles 25 de julio, el gobierno nacional anunció uno de sus tantos homenajes al símbolo femenino del peronismo: la tirada especial de un billete de 100 pesos que tendrá la imagen de Eva en su centro. (Otra forma de estar vigente, al menos desde lo simbólico: es la primera vez que una mujer aparece en un billete de circulación nacional.) La historia del billete es muy particular: el boceto se realizó a poco de la muerte de Eva a pedido de las autoridades de la época, pero tras el golpe de Estado de 1955 un empleado de la Casa de la Moneda decidió esconderlo para preservarlo. El diseño fue hallado en el año 2000.

Durante el anuncio, la presidenta Cristina Fernández afirmó sobre su referente: “Lo que la convirtió en un personaje inmortal fue haber sido una humilde mujer de pueblo que tomó la decisión de cambiar las cosas en favor de la gente a costa de su propia vida”. La intención de la mandataria es que el nuevo billete reemplace al que lleva el rostro de Julio Argentino Roca.

Según Pigna, “en relación al billete y al carácter de prócer, es lógico que se la considere así porque es un personaje que tiene una impronta muy fuerte en nuestra historia. De todas formas, creo que a ella le hubiera resultado incómodo que la llamen prócer”, concluyó el escritor.

Acaso más asimilable es el carácter mítico de Eva. Para Horacio González, director de la Biblioteca Nacional: “Hay en Evita distintas formas de pasaje de una situación a otra. El pasaje de los elencos teatrales a la radio; del cine a la esfera política. El pasaje de la salud a la enfermedad. El pasaje del cuerpo desfallecido al cuerpo embalsamado. Podemos llamar mito a muchas situaciones que embargan el pensamiento y hacen de él un juguete del tiempo y la imaginación. Pero si algo es un mito, es un conjunto de pasajes entrelazados que se conjugan y rehacen del derecho al revés, incesantemente. Evita, con sus nombres diversos, es un mito vivaz que los argentinos mantienen en estado de interrogación y respeto. Evita es la doctrina argentina de los pasajes”.

Pasaron seis décadas desde que la Subsecretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación informó por cadena nacional el deceso, a las 20.25, de la “jefa espiritual de la Nación”. A pesar del paso del tiempo los seguidores de Evita tomaron su legado: no la olvidaron, recogieron su nombre y lo llevaron como bandera.

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Opinión
Néstor y Cristina hicieron de sus sueños una realidad
Por Juan Manuel Abal Medina / Jefe de Gabinete de Ministros

El nombre de Eva Perón estará asociado para siempre con el de la conquista y la ampliación de derechos. Evita peleó por todos los grupos históricamente excluidos en la distribución de las riquezas y del poder social: las mujeres, los trabajadores, los jóvenes, los niños, los ancianos. Lo hizo con una enorme valentía, soportando el hostigamiento feroz de los privilegiados, dejando en el camino jirones de su vida, pero apoyada en el reconocimiento unánime de los humildes. En unos pocos años, edificó una obra monumental que perdurará por siempre en la historia argentina.

Pero no sólo su obra perdura; también lo hace su ejemplo. Las transformaciones logradas en los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández se inspiran en la figura de Evita. Fue ella la primera en soportar los ataques de las corporaciones, de los grupos de poder, de los defensores de las jerarquías tradicionales. Y fue ella, con su puño crispado, la que enseñó a no dejarse doblegar.
En décadas pasadas, los grupos de poder creían haber aprendido cómo domesticar a la política. Parecía que no se podía reducir la desigualdad social, que no se podía democratizar la palabra, que no se podía juzgar a los represores. Néstor y Cristina mostraron que sí se podía. Simplemente se necesitaba el coraje para enfrentar esos ataques. Como nos enseñó Evita.

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Opinión
Donde hay una necesidad hay un derecho
Por Ricardo Alfonsín / Diputado nacional UCR

A sesenta años de la muerte de Eva Perón su figura, que fuera amada por sus seguidores y estigmatizada por sus rivales, ha dejado de ser controversial para lograr un amplio reconocimiento en vastos sectores de la sociedad argentina. Hasta sus adversarios más enconados reconocen, en los días que corren, su lucha por la justicia social, por la dignificación de los más humildes y por los derechos políticos de la mujer.
En el tiempo presente, no serían pocas las preocupaciones que motivarían a Evita a continuar su lucha: la pobreza endémica, la desigualdad en el interior del país, la trata, la inseguridad que afecta a los más humildes, la droga que se expande en los asentamientos y villas de emergencia, el empleo en negro, el trabajo infantil constituirían, entre otros graves dramas sociales que enfrenta nuestro país, los enemigos a los cuales Evita no dudaría en enfrentar y combatir.

Quienes militamos en un partido que fue duramente cuestionado por Eva Perón, somos capaces de distinguir entre la forma en que intentó hacer realidad sus objetivos, con la cual discrepamos, y los ideales de justicia que guiaron su vida política. Es por eso que al cumplirse un nuevo aniversario de su desaparición, asumimos como propia la que fue una de sus banderas de lucha: “Ayer y hoy, donde hay una necesidad hay un derecho”.

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Opinión

Un símbolo de la causa de la justicia social y la igualdad

Por Hermes Binner / Dirigente socialista, ex gobernador de Santa Fe

Recordar hoy a Eva Duarte de Perón es evocar a una figura que trasciende a un partido político y a un símbolo de la causa de la igualdad y la justicia social.
Reconocemos a una mujer que dedicó su vida a la causa de los trabajadores, los niños y los ancianos. Esa causa fue su pasión, y es el punto de encuentro con los socialistas.

Su comprensión de los problemas sociales la impulsó en el camino de la justicia social. Fue una mujer comprometida con su tiempo que sobrepasó las fronteras de su contexto histórico.

Concretó el derecho al voto femenino plasmando un anhelo que durante décadas muchas mujeres promovieron. Recordamos la lucha incansable de Alicia Moreau de Justo.

El FAP es una fuerza política que lucha por la igualdad y los derechos sociales; recibimos el aporte de hombres y mujeres provenientes de la tradición que Evita forjó.

Con solidaridad, participación y transparencia buscamos construir un país en celeste y blanco, reconociendo nuestro pasado para concretar en el presente nuestro porvenir.

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Opinión
La que nunca tuvo el alma dormida
Por Alicia Kirchner / Ministra de Desarrollo Social

“Sangra tanto el corazón del que pide, que hay que correr y dar, sin esperar”.

Se cumple un nuevo aniversario del fallecimiento de la mujer que supo ser fuego precipitado capaz de encender los corazones de los más desprotegidos, símbolo atemporal de la dignidad, el trabajo, la solidaridad, el amor y el compromiso, creadora –como dijo la Presidenta– del concepto de Justicia Social.
Evita irrumpió en la historia de nuestro país y llegó para quedarse. Con la fuerza arrolladora que dan las convicciones profundas, el compromiso por el otro y el amor incondicional al pueblo. Dio lugar a la participación y el protagonismo de la mujer en la vida pública y política y en la lucha contra los estereotipos de género y clase.
No claudicó nunca. Y fue la mejor intérprete de la aplicación de las políticas sociales, la que se construye para la realización de las personas, que es la que hoy asumimos con eje en la familia, protegiendo la seguridad social y la infancia y promoviendo el trabajo que es el mejor organizador social. El edificio donde funciona el Ministerio de Desarrollo Social lleva su imagen y ello es nuestro orgullo.

Evita murió a los 33 años, con una juventud infinita. Vivió su vida intensamente y luchó con la fuerza y la transgresión que tienen los jóvenes. El presidente de la Nación Néstor Kirchner siempre decía que cuando la juventud se pone en marcha el cambio es inevitable, y Evita fue en su juventud revolución, resistencia y transformación; por eso llevamos su nombre como bandera. Construyendo la Patria Grande, recuperando y restituyendo derechos, profundizando con solidaridad y con convicción, y acompañando a Cristina, nuestra Presidenta Coraje, con Néstor siempre presente... porque quienes dejan una huella en el corazón del pueblo no se van nunca. Esa es la hermosa inmortalidad de los que viven y vivirán en la historia.

Evita. Simple y eternamente Evita. Mujer del Bicentenario.

Evita, la que nunca tuvo el alma dormida.

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Opinión

Encendió miles de almas
Por Francisco de Narváez / Diputado nacional - Frente Peronista

Su legado es enorme, porque logró instaurar de manera inamovible nuevos paradigmas en la Argentina.
Marcó un camino. Y con su pasión por el “hacer” encendió miles de almas, para colaborar y trabajar solidariamente por un país distinto, un país posible, donde las mujeres, los niños, los abuelos, los trabajadores y los que menos tienen ocupen el lugar digno que todos merecen. Su palabra siguió y sigue enamorando y entusiasmando a quienes enarbolamos su bandera y compartimos y valoramos sus sueños. Miles de jóvenes y nuevas generaciones, cada vez más lejanas de su paso inolvidable, encuentran en Eva una mujer que los guía y los conduce para trabajar por un verdadero país de iguales.

Evita dejó en la sociedad hitos destacadísimos. El rol igualitario de la mujer, sus derechos y los derechos de los trabajadores, la educación como verdadero motor de ascenso social, el derecho a una vivienda propia y la justicia social son valores vigentes que permanecerán por siempre, como recuerdo de su legado, en la historia política argentina. Evita fue, y sin dudas será por siempre, la esencia, el alma y la voz que alimenta con fuerza la idea de una Argentina justa y solidaria, una Argentina inclusiva: una mejor Argentina.

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Opinión

Cruzó la historia por el medio, sin grises
Por Federico Pinedo / Diputado nacional - Presidente del bloque Pro
Evita, nombre cargado de amores y de odios desmesurados. Dentro de cada época, en política especialmente, los embanderamientos hacen que las cosas se vean con los ojos de la pasión y, como se sabe, la pasión nubla la vista. Mientras vivió, Evita cruzó la historia por el medio, en blanco y negro, sin grises. Era como que sentía la urgencia de dejar la marca, de cambiar el rumbo, de imponer ella su pasión por la dignidad y la igualdad de los más desheredados y eso la dejaba sin tiempo para los grises, para el respeto estricto de las visiones de los otros. Su enfermedad, que la quitó de la vida tan joven, le dio la razón a esa urgencia, a ese atropello de Evita.

Cuando pasa el tiempo es posible hacer un balance y, sobre todo, concentrarse en lo bueno que hizo alguien tan importante para la historia de la Argentina como Evita. Ella fue el alma y el sentido profundo del peronismo. El peronismo no fue una doctrina económica (cambió muchas veces, aun en vida de Perón), ni una filosofía política. El peronismo fue una revolución cultural. En una Argentina que se había hecho demasiado rica en muy poco tiempo, que en una generación asimiló a tantos extranjeros como nativos, que les dio oportunidades de mejorar su vida con el esfuerzo y el trabajo a esos millones de personas, se habían generado desigualdades que algunos creían debían ser eternas, desde la cuna a la tumba. “Aluvión zoológico, cabecitas negras”, se oyó decir a políticos, refiriéndose a nuestros compatriotas del interior profundo y provinciano. Eso reparó Evita. No se iba a permitir nunca más que alguien se sintiera menos que otro, por su fortuna, origen, trabajo o educación.

Esa es la revolución cultural que cambió a la Argentina en los pocos años en los que Evita dejó su tajo en nuestra sociedad.

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Opinión
La pasión militante
Por Cristina Álvarez Rodríguez / Ministra de Gobierno de la provincia de Buenos Aires y sobrina nieta de Eva Duarte

La multiplicidad de Eva se corresponde con las diversas miradas e interpretaciones del peronismo y, por ende, de la historia política contemporánea de los argentinos. No existe la ingenuidad en la caracterización que hagamos de Eva. Es por eso que mi mirada no es neutral, está teñida por la subjetividad que me da el hecho de ser familia de Eva (aunque familia grande sea el pueblo argentino que la ama) y a la vez por el compromiso político que asumí hace ya muchos años. En primer lugar quiero referirme a Evita como un personaje que encarnó la “pasión militante”. En efecto, Eva Perón fue, ante todo, una militante comprometida con la causa peronista, que es lo mismo que decir la causa de la justicia social. Porque para ella, la política era un compromiso cotidiano con los humildes y los trabajadores, entendidos estos no como objetos de caridad sino como sujetos de justicia y me parece que aquí esta una de las claves que explican su compromiso y su derrotero militante. En segundo lugar, Evita fue también arquitecta de la Patria que se estaba gestando. Acompañando a Perón, organizando a las mujeres en el partido peronista femenino, conquistando el voto, articulando con la CGT, trabajando incansablemente todos los días de su vida.
También me gustaría remarcar otro aspecto de Eva: su juventud. En una época muy distinta de la actual, donde todo era más lento y al poder llegaban los hombres y de más de 50 años, la aparición de Evita fue como un huracán que levantó por el aire cientos de prejuicios. Era mujer, actriz, joven y adoptó como propia la causa de los desposeídos, y nunca ocupó un cargo público.

Su imagen quedó grabada en su juventud, como un héroe clásico: como el Che, como el Padre Mugica; su fuerza revolucionaria, el sino trágico que acompañó su enfermedad y muerte, el macabro secuestro de su cadáver, las tempestades que su nombre y su ejemplo alumbraron en los ’70, permiten asociar a Eva Perón con la fuerza transformadora e irreverente de la juventud.

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Opinión

Se puede vivir con pasión el compromiso político
Por Agustín Rossi / Presidente del bloque de diputados nacionales del FPV

“Evita nos demostró que se puede vivir con pasión el compromiso político sin perder la frescura y la alegría de la militancia”

A 60 años del paso a la inmortalidad de Evita quiero recordar ciertos aspectos que han sido un legado político para todos los peronistas. La intensidad y pasión de su vida política, el amor y predilección por los más pobres y necesitados y claridad conceptual e ideológica.

En uno de sus primeros discursos, allá por fines del mes de enero de 1947, Evita dijo: “Mi acción social irá ensanchándose, en la medida que se ensanchan las heridas y las necesidades de ese noble y cálido pueblo de cuyo seno he salido”. Las necesidades del pueblo más humilde fueron el motor de su vida política. Era tan injusta la estructura social de la Argentina, había tanto por hacer, que Evita se entregó a esa causa sin límites.

Ella comprendía a la perfección cuál era la contradicción principal de la política argentina: pueblo u oligarquía. Esta puja definía con claridad las identidades políticas en pugna. “Nosotros”, el pueblo, los que defendemos sus intereses. “Ellos”, como bien define en su discurso del 1 de mayo de 1949, “los culpables de que nuestro pueblo querido haya sufrido tanto y de que el trabajador argentino haya estado sumergido durante 50 años”. Con esta consigna clara el movimiento nacional y popular pudo avanzar en sus conquistas, a la vez que demarcaba con precisión desde qué lugar se analiza y se construye en la política argentina.

Evita nos demostró que se puede vivir con pasión el compromiso político sin perder la frescura y la alegría de la militancia.
 
Fuerte: Miradas al Sur

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