domingo, 1 de abril de 2012

LA OBRA SON LOS SENTIMIENTOS Y LAS SENSACIONES DE LAS PERSONAS


Compañia Avitantes. Dicen que están por superar los 30 mil espectadores. Surgieron en plena crisis del 2001-2002 y hoy son un boca a boca que funciona como por arte propio. Música, sonidos, aromas, fenómenos meteorológicos, cualquier cosa capaz de despertar los sentidos, excepto el de la vista. Así se produce un despertar distinto, un despertar hacia adentro, hacia esos lugares que nadie sabía siquiera existían porque por algún por qué no descubierto, resultaban bien ocultos para siempre.
Por Jorge Belaunzarán
¿Dónde queda la que creés?, dice, incisivo, entre otras muchas preguntas, Gabo Ferro en uno de los temas de su último gran disco: La aguja tras de la máscara. En Argentina, la crisis de 2001 abrió el dique, y la catarata de preguntas sobre lo creído hasta el momento fue incontenible. Desde padres que pasaron a apoyar que sus hijos estudiaran algún arte (hasta antes pensado como garantía de morirse de hambre) hasta gente que se preguntó lo que antes no se preguntaba, tipo: ¿y si hacemos una obra de teatro con el público con los ojos vendados. Lo improbable pasó a no serlo tanto, y pocos supieron ya dónde quedaba; lo improbable. “Al principio los chicos eran un grupo de música hasta que llegué yo. Un grupo de improvisación, Avitante. Empezamos a hacer pequeñas intervenciones en espectáculos visuales, improvisándoles la música, después como grupo separado. Llegábamos a climas muy sutiles que se perdían, entonces una vuelta supusimos que si la gente tenía los ojos cerrados esos climas podían ampliarse. Empezamos a darnos cuenta de que podíamos ir accediendo al espectador, en vez del al objeto artístico, como hacíamos nosotros. Así es como después de muchas improvisaciones, se nos ocurre compendiar toda la experiencia y armar una obra. Estuvimos un año y medio más con el mismo sistema: uno se paraba en el medio con los ojos vendados, todos improvisábamos, después se sacaba la venda y decía: ¡uy, esto está bueno!, me imagino acá esto otro.” Así sencillo lo cuenta Gerónimo, uno de los integrantes de Ojos Cerrados. Pero habrá sido algo más complicada la cosa. “Nunca se pensó trabajar una posición o teatral o musical, sino que se experimentó sin límites, sin preconceptos: con sensaciones, con todo lo que nos iba pasando en ese momento; y desde ahí fuimos elaborando estructuras que se fueron desarrollando en el tiempo”, va despejando dudas Kim. Que precede a Maya en el uso de la palabra, otra de las integrantes del grupo que conforman varios más. Se cederán la palabra, como se ceden el espacio y los momentos en la obra, un verdadero mundo de sensaciones, que como todo mundo de sensaciones, es totalmente personal Gerónimo: “Es como si fuéramos para el norte pero no sabemos para donde vamos. Miramos el terreno, las cosas, y de repente levantamos la vista y descubrimos algo. No dijimos vamos a hacer tal cosa y allá vamos, sino que fuimos descubriendo, descubriendo, descubriendo y en un momento nos encontramos haciendo esto que le llamamos teatro sensorial. Maya: Por ejemplo, nosotros improvisábamos una música, después tratábamos de reproducirla, más o menos, y el que estaba sentado decía: mmm, esto no; esto con esto, sí; los volúmenes, vos bajá un poquito. Como que lo que nos había parecido buenísimo con los ojos abiertos, con los ojos cerrados tomaba otro sentido, o se percibía diferente. Incluso estímulos que estuvimos trabajando hace dos años, los revemos, seguimos investigando hasta llegar a lo que para nosotros es lo ideal. Kim: A partir de todo ese trabajo aparece una técnica de algo, y profundizamos en esa técnica hasta ver adónde llegamos. Y luego seguimos incorporando nuevas técnicas. Nunca nos quedamos porque si no nos podemos llegar a aburrir, je. Y también lo vemos en los espectadores, que cada vez salen mejor. Eso nos da ganas de seguir profundizando. -¿Y cómo fue la primera función? Gerónimo: "Nos morimos de frío; era en un galpón. Va a hacer diez años, aunque hubo un año que no lo hicimos". Maya: Incluso no llevamos las vendas, y le dijimos a la gente que cerrara los ojos. Yo era la que más me resistía porque pensaba que la gente lo iba a tomar como algo invasivo. Eso duró dos funciones, enseguida nos dimos cuenta de que eso no tenía nada que ver; la gente se desconcentraba. Gerónimo: Es una hora y pico que no podés estar con los ojos cerrados. Te vas para cualquier lado. Es una reacción típica. Maya: Se rompe el viaje interno, y el sentir. Si estás viendo te desconectás de lo que estás sintiendo. Kim: Pensamos que teníamos que vendar a la gente porque si no esto no iba a funcionar, y la reacción fue buena. Y nuestro miedo se sentía. A medida que pasaron las funciones se fue aplacando, claro. Y lo que sí muchas veces nosotros salíamos mal, porque te vas enfrentando a cosas nuevas; el cuerpo va experimentando cosas a partir de algo que es bastante revolucionario: estás ahí cambiando las cosas de lugar, de orden. Y la persona está en estado de atención una hora y pico; es fuerte quedarte ese tiempo en un estado de atención diferente al que estás siempre. Gerónimo: También hay mucha responsabilidad emocional. Mucha gente que se abre muchísimo, se entrega. Eso en las primeras funciones nos incomodaba. Nosotros que trabajamos entre nosotros para exteriorizar tal o cual tema y abordar a las personas, nos damos cuenta de todo lo que siente el que está vendada: si está nerviosa, incómoda, cómoda, apurada, y eso es fuerte y te hace trabajar mucho para cuando abordás a esa persona. Ahora estoy pendiente de los chicos nuevos, que se van agregando o reemplazando a otros, y tengo que hacer como una separación de mi cerebro como para poder descolgar de eso y estar con esa persona que estoy; no estar pensando: ahora viene esto, ahora lo otro. Es muy importante porque la persona siente mucho si estás o no. Es como estar con tu pareja y que le busques la mano y no se dé cuenta: qué estás pensando, le preguntás. Es una relación muy íntima y cercana. Y ahora hay muchas cosas que al principio no tenía y es más intensa. Por ejemplo el contacto físico, eso no estaba en la obra. De alguna manera lo pidió la gente. Las primeras funciones entrabas y cerrabas los ojos, no te vendabas y te llevaba alguien de la mano. Y los aromas y el gusto también se incorporaron después. Muchas cosas de la obra cambiaron en función de los espectadores que decían: qué bueno en este momento hubiera sido tal cosa; ¡buenísimo! Se me ocurren cosas concretas pero no las digo para no revelar la obra jajaja. -¿Nunca tuvieron miedo a un desborde? Maya: No, miedo no. Estamos muy atentos. Siento que ahora nos sentimos muy seguros de lo que estamos haciendo, con lo que estamos trabajando. Si me decís al principio, sí, me parecía quizás invasiva la venda, o lo toco o no lo toco, le acaricio la mano o no, pero ahora no. Me siento resegura de lo que estamos haciendo. Y eso a mí particularmente me anima a más a entregar todo, sin límites. Si estoy abrazando a una persona, la estoy abrazando con todo, sin dudas; si dudo mejor que no la abrace. Gerónimo: No es un hecho artístico en el que nosotros estamos separados de la persona, es una mezcla. Por eso también llamarlo teatro para nosotros es raro, porque es una experiencia humana. Estamos muy involucrados. A mí me sigue pasando, pero al principio me mataba: en el momento que estás en la obra vas generando una relación con la persona. Y me acuerdo que llegamos a lugares reprofundos y después nos venían a saludar al final y sentías tristeza, y que a ellos les pasaba lo mismo; sentís que sos amigo de esa persona, llegaste a un lugar de profundidad que ahora se va y no lo ves más y es raro, triste. Después te acostumbrás. Y algunos quedaron amigos ja. Gente que la flasheó. Maya: Y algunos pasaron a ser parte de la obra. Kim: Nosotros también tuvimos mucha angustia. Porque el tema de transitar algo nuevo muchas veces te sentís mal porque... como que falta... o sea entregás mucho todo y no hay vuelta. Y hubo años en donde pasaba eso. Lo seguíamos de corazón y contra viento y marea. Kim: No venía nadie ja. La bancamos nosotros. Queríamos seguir porque era lo que sentíamos. Gerónimo: Una cosa es conocer la función, pero para que suceda la función hay una cantidad de cosas que hay que hacer que a veces son desbordantes: trabajar, trabajar, trabajar y que de repente vinieran doce personas. Igual siempre trataba de estar en el foco del encuentro mío con cada uno, y esa es la obra, no si vienen dos o cincuenta. Maya: Los teatros que nos han rebotado porque no entraba en un género. O nos pedían video y no teníamos; no se puede filmar, es vivencial. Y te respondían necesito un video. Kim: O no había espacio. Y ahí dijimos: vamos a inventar el teatro sensorial, porque no entraba en nada. -¿Y nunca dudaron pese a ese rechazo? Gerónimo: Es mucho confiar en el espectador, que bastante alimento te da. A mí me resorprendía cómo se sentía la gente al salir. Maya: Y es rara la devolución. Porque es más allá de qué hermosa la música, qué buena obra; es: che, gracias porque me sentí cuidado, me sentí amado, y eso es otro tipo de halago. Nosotros fuimos músicos siempre, y es otro el halago cuando a la gente le gusta lo artístico; acá siento devoluciones nuevas. Una señora de 87 años el otro día la terminar la función, nos encara y dice: ¿ésto de qué se trata? Gerónimo: Esta señora me quería preguntar de dónde lo hacíamos nosotros. Me daban ganas de decirle: lo acaba de vivir, no sé qué decirle. Le conté que trabajábamos con los sentidos, y se me acerca y me dice: yo tuve una experiencia muy buena jaja. Y no me terminaba de decir. Porque yo hago oración, me dice, y me mira a los ojos buscando complicidad. Nosotros estamos por ahí, sonreí. Cada uno tuvo su camino espiritual, y algunos se conectan desde ahí. Uno que vino que decía que se le aparecía el Buda en la obra. Kim: Otro que tuvo una regresión. Decía: ¿ustedes qué técnica están usando para hacer la regresión? No, esto te pasó a vos. Gerónimo: Decimos mucho que la obra es un espejo de las persona, tanto de cosas lindas como feas. Tuvimos la oportunidad de experimentarla desde adentro la obra, y me daba cuenta de los miedos a dejar de pensar o de despegarse de todo; uno es en la obra como uno es: lo ves a uno que es súper sensible y a los cinco minutos está volando, porque él es así, entonces encuentra el campo propicio para explotar. Gerónimo: Se conecta con su sensibilidad y con su mundo interno; el campo propicio para entrar a ese mundo interno que ya está súper latente y súper efervescente, entonces hace puf y la súper disfruta la obra. Pero él ya era así. Todo el material con el que se hace la obra son los sentimientos y las emociones de las personas, no hay otra cosa que podamos agregar; los sentires vienen de ellos, no vienen de afuera. Como siempre, como cualquier hecho artístico. Pero en esta obra se pone muy de manifiesto, porque no hay un afuera al cual referirse, salvo música o eso. Pero la persona está volcada a sus sensaciones, ése es el material. Maya: Una persona que conozco vino a la obra y pensé que se estaba asustando. Y no lo tocamos. Cuando salió, dijo: ¡ay qué hermoso! No estaba asustada, la estaba viviendo de otra manera. Eso a nosotros nos enseñó también. Ella no necesitaba que le acaricien la mano, ella estaba en su película. Y últimamente vengo pensando que es para todos, el que lo vive de los poros de la piel, que se deja penetrar por los estímulos sensoriales, hasta el que va con la mente imaginándose determinada imagen, hasta el que nos escribió una historia detallando cada parte de la obra. Hermoso. Gerónimo: Y nunca lo hicimos con la idea de que fuera una historia, pero la gente a veces ve tal cosa, después otra, y el que estaba al lado vio otra película. Por eso también lo del espejo. Vos con la misma música vivís una cosa, el de al lado otra. ¿Y eso de dónde sale? No de lo que hacemos nosotros. Kim: Estás en un mundo más real, como que todas las posibilidades existen, todo lo que podés llegar a ser estás ahí, en ese momento, en ese aquí y ahora. Yo también viví la experiencia el año pasado de vivir cosas que cotidianamente no me pasan, ni me habían pasado. Hay cosas hermosas, que las tenés adentro y de repente salen. -¿Hay gente que viene en plan terapéutico? Kim: Sí. Hay psicólogos que vinieron. Es más, hicimos para grupos de psicólogos. Después ellos mismos se lo recomiendan a algunos de sus pacientes. Maya: Nosotros no los sabemos, después nos enteramos. Han venido grupos. Kim: Hay personas que vinieron 7, 8 veces, y a lo mejor siguen viniendo. Está bueno.

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