jueves, 22 de octubre de 2009

LOS ÚNICOS PRIVILEGIADOS SON LOS NIÑOS...DE ZONA NORTE


Muchos hablan de inseguridad, consumo de paco y mano dura, pero en la zona sur de la Capital lo que hacen falta son escuelas, cloacas y viviendas dignas.


Martín tiene 8 años y no puede ir a la escuela. Martín vive en un barrio que no tiene cloacas ni agua potable. Martín vive con sus dos hermanos en una casilla precaria a cuatro cuadras del Riachuelo. Martín y su familia saben en carne propia lo que es vivir sin ningún tipo de seguridad. “Mi hijo mayor es el único de los tres que pude inscribir en la escuela. Mis otros dos perdieron el año ya que no encontré lugar y paso todo el día con ellos para que no anden por la calle”, explica Marta mientras prepara el humilde almuerzo en su casilla de la Villa 21. Los registros oficiales sobre la Villa 21 consignan que hay 100 madres que fueron a inscribir a sus hijos a las escuelas zonales y no consiguieron vacantes. Dicen las cifras también que no existe una sola secundaria pública en el radio donde viven todos estos chicos. Los números revelan que el 99% de los pibes tienen por lo menos u n tipo de parasitosis, debido a que las conexiones de agua están mal hechas, porque las hacen los propios vecinos dentro de la villa y como pueden. Tampoco hay un servicio cloacal y tampoco hay asistencia para los chicos, y no los aceptan ni en los refugios cuando llegan contaminados con paco. Ante la anomia, muchas veces los pibes eligen la calle. Ahora me pregunto: ¿esto no es inseguridad? Mientras tanto, los políticos, los medios y los sectores acomodados se espantan por los altos índices de delincuencia juvenil y consumo de paco y piden mano dura, sin siquiera indagar en las postergadas necesidades que tienen los chicos de los barrios olvidados de la glamorosa y turística Buenos Aires. Pibes que con suerte tienen que caminar casi dos kilómetros para ir a la escuela, planes de viviendas que nunca se concretan y el agua potable que apenas se consigue en el grifo comunitario. En un reciente informe, la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires advierte que en la zona sur de la Capital Federal hay más de 6.000 chicos que están en lista de espera de los jardines maternales, escuelas infantiles y jardines de infantes.


Esos chicos constituyen el 70 por ciento del total de los chicos de esas edades que viven en la ciudad, y que aguardan un lugar en el colegio. Estos datos cobran tintes discriminatorios cuando se comparan con los de la zona norte de la ciudad. Un informe elaborado por Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) clarifica que en el Distrito Escolar 21, que abarca Lugano y Villa Riachuelo, hay 14 escuelas para 10.200 chicos: esto da un promedio de 30 alumnos por aula, que significa que el 48 por ciento de los chicos que están en clase lo hacen en condiciones de hacinamiento. Por el contrario, en el Distrito Escolar 10 de la zona norte, uno de los de mayor poder adquisitivo, hay 23 escuelas para 6.400 alumnos, un promedio de 18 pibes por aula con un hacinamiento del 2 por ciento. El Gobierno Nacional y de la Ciudad se siguen llenando la boca en la campaña pre electoral. Palabras, que como los hechos marcan, se las siguen llevando el viento. En la zona sur de la ciudad no hace falta construir muros, los ladrillos invisibles que separan a los ricos de los pobres han demarcado la frontera violenta entre los pocos que pueden llenar la cacerola y mandar a sus hijos a la escuela y los que abandonados y en el más brutal de los olvidos pasan sus días como Martín: sin saber lo que es la salud, la vivienda y la educación digna.

LOS CHICOS Y CHICAS NO SOMOS PELIGROSOS, ESTAMOS EN PELIGRO


La Red Nacional de Medios Alternativos publicó un documento repudiando cualquier intento de bajar la edad imputabilidad de los menores y elaboró diversos spot radiales que serán difundidos en páginas web, radios, prensa gráfica y televisiva.


DOCUMENTO


Los medios hegemónicos de comunicación por estas semanas pusieron como centro de su agenda la "inseguridad". El recuento de crímenes es tratado en primera plana por los distintos medios. Con el canal C5N a la cabeza, los discursos pidiendo mano dura encuentran su espacio ideal. Esto trajo entre otras cosas la reaparición de Juan Carlos Blumberg, quien encabezó una marcha realizada en Capital Federal.


El mensaje de los medios incluyó el pedido de baja en la edad de la imputabilidad de l@s menores, hecho presentado como una solución (mágica, parece) al problema. Apoyan esta medida incluso, políticos aliados al gobierno nacional, como el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, quien expresó públicamente la necesidad de dar un debate sobre dicha solución, eludiendo públicamente las responsabilidades que le caben. Ello ha sido recogido e impulsado desde los medios en forma significativa.


Las verdaderas causas de la “inseguridad” y de la vulnerabilidad socioeconómica de niños, niñas y adolescentes, al igual que sus consecuencias, por supuesto que no fueron abordadas. Ante estos hechos, la Red Nacional de Medios Alternativos lanza desde hoy la campaña "LOS CHICOS Y CHICAS NOS SOMOS PELIGROS@S, ESTAMOS EN PELIGRO" NO A LA BAJA EN LA EDAD DE IMPUTABILIDAD.


La misma se incluirá en las distintas radios, páginas web, prensa gráfica y televisiva de los medios que integramos esta red. Inseguridad es la droga en los barrios, el gatillo fácil, la falta de trabajo, la discriminación y todos los tipos de violencia que son el resultado de un sistema político y económico que necesita de l@s excluid@s para sostenerse.


Por eso, demoniza a los sectores empobrecidos. Esa inseguridad es la que nos debería interesar resolver, es por la que los medios alternativos trabajamos, para aportar a su visualización a partir de la construcción del cambio social que necesitamos. Diariamente es vivida por miles de niños, niñas y jóvenes que hoy se encuentran de algún modo coartad@s o privad@s de su libertad, su medio familiar y comunitario e inmersos en la peor de las pesadillas jurídicas de un estado "democrático" de derecho, al considerar a que quienes forman la mayor parte de su población son incapaces, menores, meros objetos de represión, tutela y control.


Más allá de las críticas expuestas, quienes exigen que el sistema penal se recrudezca en relación con l@s niñ@s y l@s jóvenes deben saber que será muy difícil concebir uno más intolerante y violento que el actual.

CIVILIZACIÓN PERDIDA


Hace unos meses descubrieron en Bolivia rastros de una civilización perdida. Desde entonces, un grupo de antropólogos japoneses estudia la cultura de los “Mojos”, un pueblo que habría vivido 1.400 años antes de Cristo. Según estudiosos de la historia boliviana, la investigación revelaría la existencia de un pueblo experto en la construcción de sistemas de riego para controlar fenómenos naturales como inundaciones y sequías.


Esa información no deja de darme vueltas en la cabeza desde que la leí y no puedo negar que me provoca cierta envidia y preocupación.


Los Mojos, según los adelantos periodísticos, quedarían bien parados en la historia. Es más, evidenciarían nuestro atraso y nuestra locura. Nosotros, hostigando a la tierra y al aire, no hacemos más que multiplicar en el tiempo las inundaciones y la sequía.


Ahora bien, si jugamos con la posibilidad de que nuestra civilización desaparezca (como va la cosa no parece un delirio) ¿Cuáles serán los rastros que queden de estos parajes del sur?
Supongamos que a los antropólogos del futuro se les ocurre meter la pala justo donde se encuentre el documento elaborado en estos días por el Instituto de Estudios y Formación de la Central de los Trabajadores de la Argentina (CTA) señalando que “más de seis millones de chicos argentinos viven en la pobreza, de los cuales la mitad pasa hambre”.


¿Cuál será el tamaño de la indignación de quienes nos exploren cuando averigüen la desmesura de la desigualdad de este tiempo?


¿Qué dirán cuando sepan que unos pocos multiplicaban por millones sus ganancias, mientras la pobreza nos arranca 25 recién nacidos por día, de los cuales 14 mueren por causas que podrían evitarse?


¿Qué sentirán los antropólogos que realicen las excavaciones dentro de 1400 años cuando descubran que este país entrega inmoralmente sus recursos naturales (petróleo, minería, gas...) a las grandes multinacionales; mientras se desentiende de la suerte que corren sus pibes...?


“La tasa de pobreza a nivel nacional es del 26,9 por ciento, para la población que tiene menos de 18 años la misma medición es de, prácticamente, el doble (40,6 por ciento). Algo similar ocurre con la indigencia, mientras a nivel país la tasa de indigencia era del 8,7 por ciento, la correspondiente a la población menor era muy superior, del 14,1 por ciento.


Si es así, si los antropólogos del futuro descubren este informe engendrado en plena pampa húmeda, un lugar con posibilidades de producir toneladas de alimento para empachar al mundo, ¿Nos evaluarán como una civilización de perversos, sádicos o inmorales?


Podríamos, ya que estamos, imaginar los titulares del descubrimiento:


“En el sur del continente aparecieron restos de una cultura perdida perteneciente a una civilización de esquizofrénicos y, aunque sería algo apresurado sacar conclusiones definitivas, podríamos adelantar que su desaparición ha sido un beneficio para la humanidad”.


En una de esas, en medio de la excavación, aparezca otro documento. El que revele la existencia de quienes pelearon y pelean para que las cosas cambien.El de los que marchan detrás de la utopía para que los pibes no se mueran de hambre.El de los que dejaron su vida para desenmascarar a los saqueadores. Tal vez también, llegue el buen día en que esa pelea se gane.


Solo así podremos, como los Mojos, justificar el tiempo que nos ha tocado vivir. Solo así, los antropólogos del futuro podrán jactarse de haber dado con los restos de una civilización con una existencia a la que valió la pena exhumar.

FUERZA PARAPOLICIAL PARA REPRIMIR


Catorce denuncias presentadas ante la Defensoría del Pueblo dan cuenta de manera categórica que la UCEP –sigla de penosa fama que corresponde a la Unidad de Control del Espacio Público– desalojó a personas de la vía pública en forma violenta, tras proferir amenazas y ataques físicos y les sustrajo sus pertenencias, que terminaron compactadas en un camión recolector de basura.
Los casos de violencia contra personas indigentes fueron reunidos en un informe que presentará hoy la Defensoría junto al Centro de Estudios Legales y Sociales y la Defensoría oficial de la Justicia porteña. Allí se concluye que la UCEP actúa como “una fuerza parapolicial para amedrentar, estigmatizar, reprimir y echar de la ciudad a las personas que se encuentran en las peores condiciones de vulnerabilidad social”. La presentación concluye con un pedido al Ejecutivo porteño para que “disuelva a la brevedad” esa unidad, investigue los hechos denunciados y adopte las sanciones que correspondan. El ministro de Ambiente y Espacio Público, Juan Pablo Piccardo –de quien depende la UCEP– minimizó las denuncias: “Sobre 3000 acciones anuales, siete denuncias no me parecen significativas”, dijo.


El informe, que se dará a conocer hoy en una conferencia de prensa, analiza la normativa por la cual fue creada la UCEP, expone algunos hechos paradigmáticos de violencia cometidos por el personal del organismo; elabora un patrón de su accionar, concluye que su actuación es “clandestina e ilegal” y recomienda su disolución. “Este organismo está completamente desprestigiado: si el gobierno de la ciudad quiere hacer un trabajo en el espacio público con la gente en situación de calle, debe designar a mediadores o a trabajadores sociales y no a patovicas y barrabravas”, dijo la defensora del pueblo, Alicia Pierini.


Para fundamentar su denuncia, las defensorías y el CELS dan a conocer cuatro casos paradigmáticos de los catorce registrados desde septiembre de 2008, a lo largo de un año:


- El 30 de septiembre de 2008, C.R.G. estaba en la puerta del Teatro Colón, cuando, entre la 0 y las 2 de la madrugada llegó una camioneta con el logo de la Ciudad y seis personas a bordo y un camión compactador: “Uno de los hombre se adelanta y le pega una patada en la rodilla al declarante diciéndole ‘qué te pasa’. Luego le pega en la cabeza con una botella de plástico vacía, le quitan las frazadas y lo amenazaron diciendo que no querían que estén ahí”.


- El 2 de octubre de 2008, G.D.P., quien se desempeña como cartonero, relató que ese día, a las 2 de la madrugada, en Lima e Independencia, un grupo de 13 personas le sacaron los carros con los que habían recolectado y también su documentación, todo lo cual fue destruido en el camión compactador.


- El 9 de octubre de 2008, el párroco de la iglesia del Inmaculada Corazón de María relató que dos días antes fue testigo de un episodio en que una persona de 66 años, identificada como A.C.C. que estaba viviendo bajo la autopista 9 de Julio, fue agredido por unas veinte personas vestidas de negro. “Le dieron un puñetazo en el estómago y lo amenazaban con cortarle el cuello si no abandonaba el lugar”, relató el sacerdote.


- El 2 de octubre de este año, un grupo de personas denunció el accionar de la UCEP en Pasco y Autopista, en el barrio de San Cristóbal; entre ellas estaba C., una mujer embarazada quien relató: “Uno que llevaba gorrita empezó a pegarme patadas y trompadas; me golpeé la cara contra el piso y luego me empezaron a manosear. Me decían: ‘Te sentís mal, te vamos a hacer un tacto’.” La escena fue observada por un testigo, que llamó a la policía. El agente que intervino identificó a los agresores.


Los catorce casos denunciados ante la Defensoría fueron incorporados a la denuncia penal presentada por la legisladora porteña Liliana Parada. La causa tramita en el juzgado de Instrucción a cargo de Ricardo Warley, fiscalía de Marcelo Roma. “La denuncia penal es por amenazas, lesiones, robo e incumplimiento de las funciones de los deberes de funcionario público. Lamentablemente, la causa no ha avanzado”, dijo a este diario el abogado Ricardo Dios, jefe de seguridad urbana de la Defensoría.


Actuación clandestina


El informe de las defensorías y el CELS elaboró, a partir de las denuncias recibidas, el patrón de actuación de la UCEP:


- Actúa en todos los casos en una franja horaria que va desde las 23 hasta las 3 de la madrugada.


- Opera sustrayendo las pertenencias de las personas (en algunos casos, familias) que se encuentran en situación de calle, desplazándolas de su lugar de reposo.


- Trabajan en grupos de diez personas o más, que amenazan, coaccionan y en algunos casos lesionan a las víctimas para lograr su objetivo.


- En ningún caso existen decisiones administrativas o judiciales que justifiquen los operativos para liberar los espacios públicos donde pernoctan las víctimas de estos procedimientos.


- El personal de la UCEP se moviliza en vehículos sin identificación, acompañados por camiones de recolección de residuos pertenecientes a la empresa Panizza, rentados por el ministerio en noviembre de 2008.


- En muchos casos se les sustraen a las personas objetos de trabajo, como los carritos de los cartoneros. Otras veces les sacan colchones, frazadas, otras prendas de vestir y hasta documentación personal.


Pese a que la que la UCEP se caracteriza por actuar en forma clandestina, una de las víctimas logró identificar a cuatro de las personas que las desalojaron, a través de fotografías. Una de ellas le dijo a los policías presentes “Quedate tranquilo que le voy a decir al Tano”. El mentado sería el líder de la UCEP, identificado como Luis Savoiardo, según publicó Página/12 el 12 de abril de este año. Pese a todas estas evidencias, el ministro Piccardo insiste en negar los hechos y no ha obtenido resultados positivos en los sumarios que dice haber iniciado para esclarecer esos hechos.


El informe revela además que la UCEP “se ha valido en numerosas oportunidades de la custodia y protección de la Policía Federal”, lo cual “incrementa el carácter intimidatorio y no persuasivo de su accionar”.


Una curiosa explicación dio en febrero de este año, ante la legislatura, el entonces jefe de Gabinete de Piccardo, Fabián Rodríguez Simón, dijo que la función de la UCEP es “explicar a aquellas personas que están ocupando indebidamente el espacio público que la conducta en la que incurren implica una contradicción o falta e informarles qué sanciones podría aplicarle la autoridad con poder de policía”. Con esta frase, Rodríguez Simón admite que la UCEP no tiene poder de policía, pero califica los hechos en los que interviene como “faltas o contravenciones”, ante las cuales debería actuar un fiscal.


El informe sostiene que “la contratación de personal y la ausencia de debidos controles resulta un mero ardid para habilitar la concreción de acciones violatorias a los derechos humanos sobre la población más vulnerable”. Y concluye en que el accionar de la UCEP es ilegal porque la Constitución y las leyes “prohíben el accionar represivo del Estado de manera clandestina, sin justificación legal y sin el debido proceso previo”. Por esa razón, sostiene, se “hace imperiosa y urgente su desarticulación y disolución”.


En la conferencia de prensa que se llevará a cabo hoy a las 16 en la sede de la Defensoría del Pueblo, se pedirá además al Ejecutivo que se “promuevan las investigaciones de los hechos a fin de que se apliquen, de corresponder, las pertinentes sanciones administrativas y penales, tanto a los integrantes de la UCEP como a los responsables de la unidad”.

miércoles, 21 de octubre de 2009

MULTIPLICAR LOS PANES


La iniciativa eclesiástica propone crear un fondo Básico para la Igualdad y la Equidad de la Niñez (BIEN), que requeriría 12.900 millones de pesos. Propone reasignar fondos del Plan Familias y el Jefas y Jefes y obtener una partida extra equivalente al 0,9 por ciento del PBI.



En medio del debate y los cruces entre el Gobierno y la oposición en relación con los proyectos de asignación universal para niños y jóvenes, ayer la Iglesia Católica, a través de la Comisión de Justicia y Paz, oficializó su propuesta bajo el título de ingreso BIEN (Básico para la Igualdad y la Equidad de la Niñez). La iniciativa eclesiástica busca “establecer igualdad de oportunidades para el desarrollo humano y tender a una seguridad social para todos”, según se consignó en un comunicado de prensa. La decisión de presentar la propuesta ya había sido adelantada por los representantes de la Iglesia en la “semana social”, en Mar del Plata, el pasado 11 de octubre.


El ingeniero Eduardo Serantes, presidente de Justicia y Paz, dijo al respecto que “esta propuesta aspira a convertirse en una política de Estado independientemente del gobierno de turno”. La Iglesia envió la propuesta tanto al Poder Ejecutivo como al Legislativo, “como un aporte a la construcción del bien común de nuestro país”. El proyecto propone equiparar el derecho a la asignación familiar por hijo a todos los niños y niñas, adolescentes y embarazadas en situación de vulnerabilidad social, independientemente de la condición económica, social o laboral de sus padres. Según las estimaciones de la Comisión de Justicia y Paz, esto significa sumar estimativamente a seis millones de niños que hoy no reciben una asignación familiar, y el pago se haría mediante una tarjeta de débito bancario. Tomando como base un subsidio de 180 pesos por niño, para equiparlo al nuevo monto de las asignaciones familiares, el BIEN implicaría una inversión total de 12.900 millones de pesos. La Iglesia propone reasignar 2700 millones que actualmente se dedican al Plan Familias y al Jefas y Jefes de Hogar y obtener un financiamiento extra de 10.200 millones, equivalentes al 4,4 por ciento del presupuesto nacional y al 0,9 por ciento del PBI.


La Iglesia Católica, a través de Cáritas, tuvo una activa participación en la implementación del Derecho Garantizado para la Niñez (DGN), la iniciativa de este tipo que se implementó desde el año anterior en la provincia de Buenos Aires, durante la gestión de Daniel Arroyo como ministro de Desarrollo Social.


Serantes dijo también saber “que un derecho universal no soluciona totalmente el problema de la pobreza. Este derecho deberá ser complementado con otras políticas públicas y sostenido por el apoyo de la sociedad civil en su conjunto. Pero hay que corregir la desigualdad de origen que existe hoy y, además, cumplir con lo que manda la Constitución, los tratados y las leyes en torno de la protección de la niñez”.


Por su parte, el obispo Jorge Casaretto, presidente de Pastoral Social y asesor de Justicia y Paz, dijo que “confiamos en que en un diálogo institucional maduro se puedan encontrar las leyes más aptas que respondan a las urgentes necesidades de nuestros hermanos más pobres, alejándonos de actitudes que puedan ahondar las divisiones y la fragmentación de nuestra sociedad”.

ONCE: LA PEQUEÑA DAKAR DE LOS NUEVOS INMIGRANTES AFRICANOS


Llegan en busca de asilo, pero no por cuestiones políticas sino para escapar a la miseria. Los senegaleses son numerosos en el barrio de Once, al que bautizaron como "la pequeña Dakar". Este rincón de la Ciudad, lugar tradicional de la comunidad judía, hoy muestra numeros supermercados chinos y coreanos y vendedores paraguayos que ofrecen ropa en la calle. En esta suerte de Torre de Babel, Cirilo, un senegalés llegado a Buenos Aires hace dos años, vende bijouterie y anteojos y dice sentirse discriminado. "Mucha gente nos maltrata" confiesa.Al igual que él, cada vez más africanos clandestinos buscan asilo en la Argentina. Las puertas de los países europeos son cada vez más difíciles de franquear. En estos últimos dos años, la cantidad de refugiados en Argentina creció un 142% y la mayoría viene de Senegal.


Según la Agencia para Refugiados en Buenos Aires, los africanos que piden asilo consiguen una visa para Brasil y luego viajan a la Argentina. Aquellos que no cuentan con los medios para viajar en avión suben clandestinamente a barcos y soportan 20 días de viaje. La Comisión Católica Argentina de Migraciones pide un mejor control. Y advierte que cuando se les niega el permiso de residencia, permanecen en el país sin un status legal y se convierten en blanco ideal de la red de tráfico de personas. La mayoría trabaja en negro y por ende no tienen ni jubilación ni seguro médico.En las pensiones, muchas veces les niegan una habitación. "Les tienen miedo", explica un taxista. Para Cirilo "los porteños creen en el mito de una Argentina blanca y europea". Los considera racistas pero "por ignorancia". "Ignoran incluso que existe una población argentina de orígen africano a raíz de la trata de esclavos del siglo XVIII", agrega.


Cirilo prefiere trabajar en las ferias del interior del país. "Allí la gente es más cálida y además tiene la piel más oscura por sus orígenes indígenas". "Allí sobrevivo", confiesa. Ignora si volverá algún día a este país, ya que sueña con viajar.Cada domingo una gran parte de la comunidad senegalesa se reúne para comer platos típicos de su país. Los porteños se muestran abiertos a probar sabores exóticos. Después de la cocina china, vietnamita e india, algunos locales ya tienen algunas recetas de platos africanos.



Una minoría


Entre 2004 y 2008, el 31% de los pedidos de asilo en nuestro país fueron de africanos. Estudios, indicaron que a partir de 2006 hubo un incremento "abusivo" de solicitudes. Esto provocó el endurecimiento de los criterios de otorgamiento de visas. Según datos parciales de la Dirección Nacional de Migraciones, correspondientes a la Comisión Nacional para Refugiados, tras la aplicación de estas medidas en los primeros seis meses de 2009 se redujeron los pedidos. Las estadísticas también indican que las solicitudes de radicación provenientes de Africa son bajos en términos relativos: representan sólo el 0,3% del total (fueron 2.845 entre 2000 y 2008).



Cifras


2.845 pedidos de radicación de inmigrantes africanos se registraron entre 2000 y 2008.

886 fueron originarios en Senegal. Además, hubo 206 de Egipto, 191 de Nigeria y 185 de Marruecos.800 africanos solicitaron refugio en la Argentina entre 2004 y 2008. Es el 31% del total del país.

MALDICIÓN ETERNA AL INSTITUTO AGOTE


Hay algo impúdico en los edificios reciclados que levantan alegres sus caras en los bordes de la ciudad. Los fantasmas -y la memoria- los acechan. El pasado los amenaza con regresar.Esa simpática vendedora del shopping de Punta Carretas, en Montevideo, ignora que está parada, exactamente, en el pozo de castigo donde un duro militante apodado El Rufo debió permanecer días y noches con el agua hasta la cintura, resistiendo a sus verdugos.En Córdoba, miles de turistas y paseantes recorren entusiastas las galerías del Buen Pastor (otra cárcel devenida shopping) sin sospechar los ayunos y sufrimientos de las presas políticas argentinas, en distintos tramos del siglo XX. Claro que en esta teoría de la reencarnación edilicia (de algún modo hay que llamarla), los cambios no son necesariamente superadores. El Instituto de Menores Luis Agote de la Capital Federal, por ejemplo, un edificio de techos altos, enrejado y sombrío, donde el 6 de mayo encontraron ahorcado al joven Rodolfo Arancibia, fue alguna vez el Hogar El Alba creado por el reverendo William Morris para acunar, para proteger y alojar a los niños huérfanos y abandonados.Miles de pibes sin rumbo de aquel ostentoso país del Centenario recibieron cariño, cobijo y educación en el Hogar fundado por Morris y sostenido con los aportes y donaciones de anónimos benefactores (ingleses, en su mayoría). Amadas figuras de la escena nacional, como el comediante Osvaldo Miranda y el cómico Juan Carlos Altavista (“Minguito”), fueron alguna vez niños albergados en el Hogar El Alba.


Fin de una utopía educativa.


William Morris falleció en su patria inglesa el 15 de septiembre de 1932, cuando las veintidós escuelas primarias de su obra y cuando el mismo Hogar El Alba se hallaban en situación insostenible (se llegó a deber once meses de sueldo a los 230 docentes, sin que estos desistieran de seguir atendiendo a los chicos). Tal como había previsto el fundador, las Escuelas e Institutos Filantrópicos Argentinos, incluyendo el Hogar El Alba, fueron traspasados a su muerte al Estado argentino. El Hogar El Alba, cuyo edificio de Charcas y Darragueira se hallaba colmado en su capacidad, fue trasladado en 1949 a una chacra suburbana en la localidad de Longchamps. Allí comenzó, para ese viejo edificio del viejo Palermo, la segunda y más ingrata etapa de su vida. Donde había grandes ventanas y claridad, se pusieron rejas. Lo que era albo devino gris y sombrío.


Motines, promesas, helicópteros...


La última vez en que el Instituto Agote ganó la tapa de los diarios fue en marzo de 2001, debido a una fuga de internos y a un motín violentamente reprimido por la policía. Los menores detenidos -todos procesados y sin condena- se quejaban del hacinamiento, de la falta de higiene y ventilación. Sumado a ello, como constataron los peritos judiciales, el edificio corría serios peligros de derrumbe.La entonces ministra de Desarrollo Social Graciela Fernández Meijide, decidió entonces el cierre del Instituto y la venta de ése y otros inmuebles que administraba el denominado Consejo Nacional del Menor y la Familia.El problema edilicio ocultaba otro problema mayor: la falta de idoneidad y pésimos antecedentes del personal encargado de custodiar a los internos. En 2001, de los 220 guardias inscriptos en la nómina de los institutos de menores, 40 se hallaban procesados por maltratos y torturas. Pero pocas semanas después de los anuncios, la ministra ya no estaba en su puesto. Y antes de terminar ese año 2001, el mismísimo Presidente de la Nación había tenido que abandonar su cargo en helicóptero.Nadie reparó, en la agitada Argentina de aquellos días (y en la agitada Argentina de los días que siguieron) en que el sombrío Instituto Agote, vergüenza y evidencia de la desastrosa política de Minoridad argentina, seguía funcionando.Fue allí, en el maldito y eterno Instituto Agote, donde hace cinco semanas apareció Rodolfo Arancibia, un joven de 19 años, ahorcado con una sábana. Sus medias, hechas un bollo, las tenía metidas en la boca. Sus muñecas mostraban las marcas de las esposas. A los dedos de sus manos les habían arrancado las uñas.El parte del personal de seguridad dice que las luces del pabellón se apagaron a la 1.50 y que al abrir las celdas, a las 7, se vio por el ventiluz el cuerpo colgado de Arancibia.La versión oficial (SENNAF), dice que Rodolfo sufría una fuerte depresión. El dictamen policial fue suicidio. No estuvo la noticia en la primera plana de los diarios. No fue objeto de comentarios. Tan sólo un periodista televisivo se refirió -de modo general- a la preocupante tendencia al suicidio de ciertos adolescentes.