martes, 9 de junio de 2009

OPERACION MASACRE


Hoy se recuerda el 53º aniversario de los fusilamientos realizados por la autodenominada Revolución Libertadora, al mando del Genenal Aramburu y el Almirante Isaac Rojas en los basurales de José León Suárez, de un grupo de militantes justicialistas que se habían plegado al levantamiento que realizó el general Juan José Valle, que también será ejecutado, contra el régimen dictatorial que en septiembre de 1955 había derrocado a Juan Domingo Perón.

También fue un hito en la llamada Resistencia Peronista protagonizada por quienes estaban excluidos del ejercicio de sus derechos más elementales.

Detenidos sin haber podido difundir la proclama contra la dictadura del general Pedro Eugenio Aramburu y el almirante Isaac Francisco Rojas, ese 9 de junio de 1956 el sueño liberador iniciado con las primeras sombras de la tarde terminó antes de la medianoche.

El levantamiento había sido organizado por los Generales peronistas Valle y Raúl Tanco a fin de dar marcha atrás con el régimen de facto que se había apoderado del control del Estado en septiembre de 1955.

Los movimientos comenzaron entre las 22 y las 24 del 9 de junio, pero la falta de coordinación y la infiltración de la revuelta por parte de personal de inteligencia del Ejército y de la Policía desbarató rápidamente la intentona. La proclama del levantamiento fue escrita por los militares peronistas y arreglada y corregida por el poeta José María Castiñeira de Dios


El 10 de junio, a las 0:32, el Ejecutivo nacional dicta la ley marcial y horas después el decreto que establece la pena de muerte, prohibida constitucionalmente, a quienes la violen. La aplicación retroactiva de esta normativa fue lo que dio la fachada legal para que en Lanús y en José León Suárez se ejecutara a civiles.


Las circunstancias y consecuencias de la detención y fusilamiento en este último lugar de 12 personas fueron utilizadas por Rodolfo Walsh para crear “Operación masacre”, la primera crónica novelada que se anticipó en una década al esquema no – fiction que impulsara en “A sangre fría” Truman Capote.


De la docena de condenados por la aplicación de la ley marcial, sólo cinco murieron y otros siete lograron huir. Uno de ellos será Juan Carlos Livraga, el "fusilado que vive" que permitirá a Walsh reconstruir la historia.


El Gobierno de facto informó el 11 de junio a la población del fusilamiento del coronel (R) Alcibíades Eduardo Cortines, coronel (R) Ricardo Salomón Ibazeta, Teniente coronel (R) Oscar Lorenzo Cogorno, capitán Dardo Nestor Cano, capitán Eloy Luis Caro, Teniente primero Jorge Leopoldo Noriega, Teniente primero de banda Nestor Marcelo Videla, suboficial principal Miguel Garecca, sargento Hugo Eladio Quiroga, cabo primero músico Miguel José Rodríguez, sargento ayudante de infantería Isauro Costa, sargento ayudante carpintero Luis Bugnetti, sargento músico Luciano Isaías Rojas, Vicente Rodríguez, Nicolás Carranza, Carlos Alberto Lizaso, Francisco Garibotto, Reinaldo Benavidez, coronel Albino Irigoyen, capitán (RE) Jorge Miguel Costales, Clemente Braulio Ross, Norberto Ross, Osvaldo Alberto Albedro y Dante Hipólito Lugo.


El 12 de junio, Valle decide entregarse a cambio de que se detuviera la represión a su movimiento y se le respetara la vida. Es enviado a la Penitenciaría Nacional que estaba en Avenida Las Heras de Buenos Aires y que fue demolida para construir un parque, y a las 22:20 fue fusilado por un pelotón de 9 hombres, cuyas identidades fueron declaradas secreto de Estado. Aramburu y Valle habían ingresado juntos al Colegio Militar de la Nación. La esposa de Valle imploró clemencia la noche el 12 de junio, apelando al viejo amigo. La respuesta que llegó a la puerta de la residencia de Olivos donde aguardaba la mujer fue: "El Presidente duerme". Con esta frase, José Gobello escribió un célebre poema.


El 13 de junio, cesó la ley marcial. El general Tanco con otros sublevados logró, el 14 de junio, asilarse en la Embajada de Haití en Buenos Aires. Pero el jefe del Servicio de Inteligencia del Estado (SIDE), general Domingo Quaranta, invadió la delegación para secuestrar y detener a los asilados.

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