domingo, 28 de junio de 2009

REPORTAJE A SKAY EN EL DIARIO LA CAPITAL DE ROSARIO


El ex guitarrista y socio fundador de los Redonditos de Ricota asegura que atraviesa un momento "de lo más disfrutable". El tono de su voz indica que si bien no le molesta hablar de los Redondos tampoco lo desvela el tema. Y, encima, deja en un mar de dudas a aquella máxima "donde hubo fuego cenizas quedan". A Eduardo "Skay" Beilinson no le incomoda para nada viajar más atrás en el tiempo, visitar, se podría decir, los tiempos remotos de la vida en comunidades, los inicios de La Cofradía de la Flor Solar o recordar su paso testigo por París en mayo del 68 y después Londres, las hermandades revoltosas y sus primeras lecturas de Sheldrake y sus escabrosos campos morfogenéticos.

Todo es historia. Las comunas y las comunidades. Pero, ¿dónde fueron a parar aquellos proyectos de fundar aldeas familiares?

—En realidad, los tiempos cambiaron bastante. Rupert Sheldrake hablaba de los campos morfogenéticos, reflexionaba sobre cómo aquellos ideales o paradigmas, que hacen que una masa crítica de gente crea en ellos, podían convertirse en una realidad. A fines de los 60 a nivel mundial hubo una especie de campo morfogenético muy fuerte que hizo que se produjese una revolución generacional. Pero hoy también estamos en momentos de cambio.

—¿Leyendo a Sheldrake ideaste aquello de establecer una república independiente de familias?

—No exactamente. Cuando el tipo habla de los campos morfogenéticos lo toma de unos experimentos que se hizo a partir de unos monos de una isla de Indonesia. Uno de estos monitos descubre que lavando el coco en el agua le puede sacar el arena; entonces, todos los monos empiezan a imitar este comportamiento. Ahora, curiosamente, en una isla a 500 kilómetros de ahí los monos empiezan a hacer lo mismo. Sheldrake explica que empieza a suceder algo en ese campo, una mentalidad distinta que transforma un comportamiento a pesar de la distancia y no por imitación sino por una acción que trasciende esa conducta. Justamente por aquellos años yo volvía a La Plata después de haber vivido un tiempo en Inglaterra y me encuentro con un grupo de jóvenes transitando una experiencia comunitaria de las mismas características de las de alla y sin tener puntos de contacto. A eso me refería.

—¿Este tipo de ideas sigue siendo importante para vos?

—Claro ¡Soy una persona grande! Me encontré con gente maravillosa y empecé de nuevo a armar una historia con mucho entusiasmo y que tiene que ver con esta música. Soy optimista... quizá demasiado.

—Hoy los únicos que viven aislados en este país son los que están en countries o los que sobrevivien en barrios marginales...

—Claro, pero creo que eso va a terminar de desaparecer, aunque es cierto que está presente en su máxima expresión. Si inevitablemente estamos compartiendo el mismo espacio, ¿cuánto tiempo más va a durar esta locura de querer aislar unos de otros, si a la vuelta de la esquina nos vamos a encontrar todos?

—¿Sos consciente de que la leyenda signaron tu vida, la de Solari y la negra Poly?

—Sí. De alguna manera nos convertimos es un emblema para un montón de gente y eso tiene sus pro y sus contra, porque el emblema te obliga a quedarte estancado en un punto fijo, te quita movilidad. Yo creo que como artista lo peor que te puede pasar es quedar estigmatizado en un lugar, porque lo más interesante para un artista es la aventura. Por eso llega un momento en que la cosa cae por su propio peso.

—¿Esa es tu explicación de la separación de los Redondos?

—Sí, posiblemente sea esa. Además, fueron muchos años de los Redondos y hubo desgaste natural... Llega un momento en que cada uno entiende que tiene que tomar su propio camino.

—Una lectura posible de la era post-Redondos es que el Indio Solari se quedó con las multitudes y que vos trabajás muy tranquilo y con poca presión. ¿Es así?

—Sí sí, corresponde. De todos modos, para mí esta nueva dimensión es de lo más disfrutable. Con los Redondos teníamos esa condena de no poder hacer más que un par de recitales al año y como músico el lugar de uno es tocar siempre, y tener hoy esta posibilidad es maravilloso.

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