lunes, 26 de noviembre de 2012

LA UNIVERSIDAD METE LAS PATAS EN EL BARRO

Por Soledad Lofredo

A partir de 2013, los estudiantes de la UBA deberán realizar 40 horas de trabajo solidario vinculadas a su carrera para poder recibirse.
        
La idea es que todos los alumnos que pasan por la Universidad realicen una práctica solidaria educativa, que no es un mero asistencialismo”, aseguró Rubén Hallú, rector de la UBA. Las cuarenta horas de trabajo comunitario en zonas vulnerables de Buenos Aires entrarán en vigencia y serán obligatorias para aprobar la carrera a partir del inicio del ciclo lectivo 2013, y será optativo para los que ya estén cursando.
Hallú defendió la decisión –aprobada por el Consejo Superior en mayo de 2010– de que los estudiantes de todas las carreras realicen tareas solidarias como parte de los requisitos para recibirse porque la práctica “debe desarrollarse en contacto con el medio social y los sectores populares”.
Para el rector, el objetivo de la nueva disposición “es una manera de devolverle a la sociedad algo de todo lo que nos da, especialmente en los sectores más vulnerables”, explicó. “Queremos que los estudiantes apliquen el conocimiento que adquieren y a la vez aprendan de esa experiencia. Porque la producción de saberes de la universidad debe contemplar las particularidades de la sociedad en la que está inserta, detectar los problemas y desafíos, ofrecer respuestas, realizar acciones directas y retroalimentar el desarrollo de nuevos contenidos.”
En el lapso que transcurrirá hasta su implementación el año próximo, las trece facultades de la UBA modificarán sus programas de Extensión Universitaria. En algunos casos, crearán nuevos “para que la sociedad perciba en esta práctica que los estudiantes se forman y trabajan para todos los sectores sociales”.
El encargado de esa secretaría, Oscar García, especificó que las materias “pueden depender de una materia o de varias. El estudiante va a completar estas actividades fuera del aula y el requisito elemental es que deben tener impacto curricular. Este concepto es lo que diferencia estas prácticas de cualquier iniciativa solidaria”.
Para verificar y llevar control del cumplimiento de las tareas comunitarias, cada facultad podrá centralizar la información de cada alumno en una oficina para su evaluación o bien cada cátedra podrá manejar su propio proyecto. “Y como ocurre con cualquier materia optativa, una vez completada la cuota horaria, el profesor va a certificar que las horas fueron cumplidas y están aprobadas”, dijo García.
Los proyectos presentados estarán a cargo de un profesor y un equipo de docentes auxiliares que supervisen las actividades de los estudiantes. “Un estudiante avanzado de Medicina podría asistir en la rehabilitación de pacientes”, ejemplificó el secretario, asegurando que “no se trata de una reforma curricular, porque no se está modificando el plan de estudio. Simplemente, es un requisito más, como podría ser el examen de salud”.
Hallú defendió los beneficios de la medida y sostuvo que la Extensión permite generar una forma muy efectiva “de relación entre la universidad y la sociedad” y convertirse en un medio de acercamiento a los sectores menos favorecidos para “ayudar a promover su desarrollo”.
Itai Hagman, ex presidente de la Federación Universitaria de Buenos Aires (Fuba), explicó a Miradas al Sur que “el espíritu del proyecto es interesante y servirá para que la universidad realmente cumpla con su rol social. El problema es que todo lo que está dentro de la política de extensión –lo que significaría el laburo de cara a la sociedad–, es que son todos negocios, como las pasantías, por ejemplo. Ese es el peligro, que la resolución dicta que las 40 horas serán en cualquier organización con que la universidad tenga convenio. No está claro si es dentro de lo público o lo privado. Yo lo acotaría sólo a ONG, a organizaciones que laburen en contra de esa vulnerabilidad social que se intenta cambiar”.
“Si bien en medicina ya existía la posibilidad de realizar trabajos voluntarios en zonas carenciadas, la institucionalización de esa práctica es muy favorable”, asegura Sergio, estudiante de 3º año de Medicina. “Lisa y llanamente nos permitirá tomar contacto real con la práctica de aquello que estudiemos y seguramente contribuirá a que nos formemos como mejores profesionales. Además, es una forma de devolverle al Estado apenas una diminuta fracción de lo que nos otorga, nada menos que educación universitaria gratuita. Me encantó la noticia y seguramente es una medida ejemplar.”.
 
Fuente: Miradas al Sur

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