miércoles, 2 de noviembre de 2011

UN GRUPO QUE LES TRANSMITE A LOS CHICOS SU AMOR POR LA HISTORIETA



Por Elisabet Contrera


Son dibujantes, historietistas o lectores de cómic. Desde hace seis años recorren las escuelas de todo el país para difundir esta expresión que mezcla imagen y texto, y para quitarle el estigma escolar de que es un género menor.


Es una visita esperada. Ese día, la maestra se corre del plan de estudio para que los dibujos y los cuadritos marquen el ritmo de la jornada y el timbre del recreo no sea necesariamente la señal de despedida. Es una oportunidad para aprender de una manera distinta, entre risas y a carcajadas, con la libertad de imaginar y crear traspasando los límites del cuaderno o de la hoja. Quienes impulsan la propuesta son los integrantes de Banda Dibujada, un movimiento cultural que recorre las escuelas de todo el país para difundir el amor a la historieta para chicos y adolescentes. El proyecto surgió hace más de seis años cuando un grupo de dibujantes, historietistas y lectores se pusieron como meta difundir las viñetas pensadas para los pequeños lectores. “Nos dimos cuenta de que la historieta para chicos se publicaba en revistas y en contados libros, muchos de ellos importados y por ende, costosos”, recuerda César Da Col, dibujante y uno de los fundadores del movimiento junto a su colega Fabián Mezquita. “Todo el material que circulaba en revistas y suplementos escolares se perdía por no pasar a formato libro. Un ejemplo de ello es Langostino, una historieta emblemática de Eduardo Ferro que se publicó por más de 20 años y nunca fue compilado”, ejemplifica. Las razones de ese desinterés las desarrolla Rodolfo Sotelo, especialista en literatura infantil y juvenil y promotor de Banda Dibujada. “La historieta tiene una especie de estigma, es considerada un género menor en el campo de la literatura y en especial, en las escuelas. En las bibliotecas escolares no se encuentra material, porque no hay demasiado en el mercado y el maestro prefiere comprar otras cosas”, explica.Nando, humorista gráfico, se suma a la charla con Tiempo Argentino. “Fontanarrosa decía que como los cuadritos de la historieta son muy pequeños, por eso era considerado un género menor”, recuerda. “Los maestros no tienen la cultura de leer historieta y si el docente no lee, es muy difícil que los chicos empiecen a hacerlo”, analiza. “A pesar de que los chicos se entregan naturalmente a la historieta, es un género amigable, directo”, acota Rodolfo. “Por todo esto, uno de los pilares de Banda Dibujada es que a los chicos les gusta la historieta”, remarca César. Con esa consigna clara, elaboraron un manifiesto sobre la importancia de la historieta infantil como material de lectura en el ámbito escolar y familiar y en el cual llaman la atención sobre el poco interés de las editoriales argentinas en incursionar en el rubro. “Lo lanzamos en 2005 y conseguimos más de 1000 adhesiones”, recuerdan. Esta movida llegó a las escuelas y empezaron a llamarlos para dar charlas a sus alumnos. “Al principio íbamos a un colegio por mes y después empezaron a ser muchas más. Este año ya se dictaron 80 talleres sólo en Buenos Aires”, cuentan. El encargado de organizar y coordinar las visitas es Nando. “Damos talleres a chicos de primer a séptimo grado y ya incursionamos en los primeros años del secundario”, cuenta el desafío. Las clases comienzan con un ping pong de preguntas y respuestas para saber si los chicos leen historieta, qué leen, si conocen a Banda Dibujada y si trabajaron el tema con el docente. En la segunda parte del taller, los chicos aprenden los elementos que componen la historieta: qué es una viñeta, un globo, una onomatopeya, un título, líneas de movimiento y pautas básicas para diagramar. Luego, llega el momento en que los alumnos se convierten en creadores de sus propias viñetas. “Los más chicos dibujan libremente y los más grandes se inhiben y te dicen que no saben dibujar. Lo que digo siempre es que todos sabemos dibujar, porque antes de aprender a hablar, caminar y escribir, dibujamos”, repite en tono didáctico. Tras las visitas, algunos colegios siguen trabajando el tema, como la Escuela Nº 8 del barrio porteño de Caballito, donde los pibes y pibas crearon un libro digital de adaptación a la historieta de cuentos y canciones de María Elena Walsh. <

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