martes, 4 de septiembre de 2012

EL LARGO ADIOS A LAS ARMAS DE DESTRUCCION MASIVA

Hace años me senté frente a Ronald Reagan en Reykiavik, Islandia, para negociar un acuerdo que reduciría, y en última instancia podría haber eliminado para el año 2000 los temibles arsenales de armas nucleares que mantenían los Estados Unidos y la Unión Soviética
 
Por Mijail Gorbachov.
 
Pese a todas nuestras diferencias, Reagan y yo compartíamos la fuerte convicción de que los países civilizados no debían convertir esas armas bárbaras en el eje de su seguridad . Aunque no logramos alcanzar nuestras aspiraciones más elevadas en Reykiavik, la cumbre fue, empero, en palabras de mi ex homólogo “un punto de inflexión importante en pos de un mundo más seguro y protegido”.
Los próximos años podrían muy bien determinar si nuestro sueño compartido de librar al mundo de las armas nucleares puede llegar a concretarse alguna vez. Los críticos presentan el desarme como un sueño, en el mejor de los casos, poco realista, y en el peor, peligrosamente utópico. Señalan la “larga paz” de la Guerra Fría como prueba de que la disuasión nuclear es el único medio para evitar una guerra mayor.
Habiendo tenido esas armas bajo mi mando, disiento totalmente. La disuasión nuclear siempre ha sido un garante de la paz difícil y frágil. Al no proponer un proyecto sólido para el desarme nuclear, Estados Unidos, Rusia y las restantes potencias nucleares están favoreciendo a través de la inacción un futuro en el cual las armas nucleares se usarán inevitablemente . Es necesario impedir esa catástrofe.
Como señalamos junto con George P. Shultz, William J. Perry, Henry A. Kissinger, Sam Nunn y otros hace cinco años, la disuasión nuclear se torna menos confiable y más riesgosa a medida que crece el número de Estados con armas nucleares . Salvo la guerra preventiva (que resultó contraproducente) o sanciones efectivas (lo que hasta el momento demostró ser insuficiente), sólo pasos sinceros hacia el desarme nuclear pueden aportar la seguridad mutua necesaria para forjar compromisos sobre los temas de control y no proliferación de armamentos.
La confianza y el entendimiento desarrollados en Reykiavik allanaron el camino a dos tratados históricos. El Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF) destruyó los temidos misiles de ataque rápido que hacían peligrar en ese momento la paz de Europa. Y, en 1991, el primer Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START I) disminuyó los abultados arsenales nucleares de los Estados Unidos y la Unión Soviética en un 80% en una década. Sin embargo, las perspectivas del avance en materia de control y no proliferación de armamentos se ensombrecen ante la falta de un impulso creíble hacia el desarme nuclear.
Sólo un programa serio de desarme nuclear universal puede aportar la tranquilidad y la credibilidad indispensables para crear un consenso global en el sentido de que la disuasión nuclear es una doctrina muerta. Ya no podemos afrontar, ni política ni financieramente, la naturaleza discriminatoria del sistema actual de los que “tienen” y los que “no tienen” armas nucleares.
Lo que parece faltar hoy son líderes con audacia y visión, capaces de crear la confianza que permita introducir el desarme nuclear como pieza central de un orden global pacífico. Las limitaciones económicas y el desastre de Chernobyl nos impulsaron a actuar.
¿Por qué la Gran Recesión y la desastrosa fusión de Fukushima Daiichi en Japón no han provocado hoy una respuesta similar? Un primer paso sería que Estados Unidos ratificara finalmente el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (CTBT). El presidente Barack Obama apoyó este acuerdo como un instrumento vital para desalentar la proliferación y evitar una guerra nuclear.
Es tiempo de que Obama cumpla las promesas que hizo en Praga en 2009 , que asuma el rol de Reagan de Gran Comunicador y persuada al Senado estadounidense de formalizar la adhesión de Estados Unidos al CTBT.
Esto obligaría a los otros países que se resisten -China, Egipto, India, Indonesia, Irán, Israel, Corea del Norte y Pakistán- a reconsiderar también el CTBT, lo cual nos acercaría a una prohibición global de los ensayos nucleares en cualquier entorno — en la atmósfera, el fondo del mar, el espacio o bajo tierra.
Un segundo paso necesario es que Estados Unidos y Rusia sigan adelante con el acuerdo Nuevo START y comiencen con mayores reducciones de armas, sobre todo armas tácticas y de reserva, que no sirven para ningún propósito, despilfarran fondos y amenazan la seguridad. Esta medida debe relacionarse con limitaciones a la defensa con misiles, uno de los temas fundamentales que debilitaron la cumbre de Reykiavik.
Nuestro mundo sigue estando demasiado militarizado. En el clima económico actual, las armas nucleares se han convertido en odiosos pozos de dinero . Si, como parece probable, los problemas económicos continúan, Estados Unidos, Rusia y otras potencias nucleares deberían aprovechar el momento para lanzar reducciones de armas multilaterales a través de canales nuevos o existentes como la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarme. Nuestros esfuerzos 25 años atrás serán reivindicados sólo cuando la Bomba termine junto a las esposas del traficante de esclavos y el gas mostaza de la Gran Guerra en el museo del salvajismo de otros tiempos.

Fuente: Clarin.

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