miércoles, 28 de diciembre de 2011

DOLOR POR LA MUERTE DEL PADRE PICHI


Por Roly Villani
José Meisegeier murió y sus restos fueron inhumados en el Colegio Máximo, de San Miguel. Siempre ligado a los humildes, trabajó en la capilla de Saldías, en Retiro, y en la Iglesia Cristo Obrero, donde antes estuvo Carlos Mugica.
En la tarde del 27 de diciembre, un grupo de amigos y compañeros se acercó a la manzana de la Santa Cruz, en el barrio porteño de San Cristóbal, para despedirse de los restos del Padre Pichi, el cura villero que trabajó en la capilla de Saldías de la villa de Retiro y más tarde, tras el asesinato del padre Carlos Mugica, el 11 de mayo de 1974, lo remplazó en la iglesia Cristo Obrero de la misma villa. De origen alemán, José “Pichi” Meisegeier se formó en la congregación de los jesuitas. Su actividad comenzó en la época de Juan Carlos Onganía como presidente, con la organización de la peregrinación de villeros a Luján bajo la consigna “Por una Argentina sin miseria ni explotación, vamos a Luján desde las villas.” Su preocupación –junto a otros curas del movimiento villero– fue la vivienda de los sectores marginalizados. La definición no es ociosa: Pichi impulsaba la idea de llamar “marginalizados” a los pobres, como una manera de dejar claro en la definición que son víctimas de un proceso que tiene beneficiarios. El domingo 26 de junio de este año, en la Parroquia Cristo Obrero de la Villa 31 de Retiro, distintas organizaciones y vecinos habían organizado un encuentro y homenaje a su vida de luchador social. En los últimos 20 años, había formado parte de la conducción de SeDeCA (Secretariado de Enlace de Comunidades Autogestionadas), una ONG que coordina la actividad de varias organizaciones que trabajan en la mejora y construcción de la vivienda social desde la perspectiva del microcrédito y el apoyo a las comunidades. Desde 1995, Sedeca otorgó 3695 créditos por un monto cercano a los 3 millones de pesos desafiando los criterios tradicionales de “rentabilidad financiera”. En su último contacto con Tiempo Argentino, Pichi se quejaba de quienes “hacen negocios con los pobres”, y proponía el microcrédito como programa de Estado y de la Sociedad Civil para superar con dignidad el proceso de marginalización. El sacerdote murió a las 8:30 en el Sanatorio San José del barrio porteño de Palermo.

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