martes, 11 de diciembre de 2012

FUMANDO ESPERO (CUMPLIR CIEN AÑOS)

Por Hernán Firpo

Carmen López Caldas hizo un libro sobre cómo vivir mucho tiempo. Reconoce que fumó durante 50 años y comprobó que la sexualidad plena alarga la vida.
 
Memoria o balance. Imposible hacerle justicia a cien años, tres meses y 12 días en 4.431 caracteres. A la fecha, esta es la primera vez del cronista con una persona de semejante edad. Quizás más adelante, con los avances y las expectativas de vida extendidas, busquemos al hombre del bicentenario; por ahora es Carmen López Caldas, cien años, autora de “La memoria de las cosas sencillas”. Viendo su documento es –nunca más apropiado–, un ejemplo de vida. De eso no hay dudas: 22 de agosto de 1912, y encima Carmen te recibe con una sonrisa que es un alivio ( anotamos: si a los cien años se sonríe, la felicidad existe ).
Los teóricos modernos sostienen que una sexualidad plena alarga la vida, y viéndote Carmen, seguramente..., y también querés saber si a los cien se le seguirá diciendo Tercera Edad, y si para ella fue mejor invento la heladera o el tocadiscos, y cuál era el equivalente del piercing en los ‘40, y qué sintió cuando pasó de moda el sombrero y se descubrió la calvicie masculina, y si presenció algún discurso de Hipólito Yrigoyen o si habrá sido groupie de Gardel.
“La sexualidad plena alarga la vida, lo experimenté. Berardino, mi segundo marido, cuando murió tenía 82 años y todavía pedía sexo. Y Juan era buena persona, pero muy infiel. El sexo es importante, pero tampoco vamos a decir ah ah ah ah. El ser humano necesita sexo, se siente mejor. Bernardino me gustaba mucho porque íbamos a cenar y podíamos conversar más que una parejita joven. Leíamos, el marcaba los libros y las cosas que le gustaban me las leía. Con Juan la cuestión del sexo era incomparable. Era de los hombres, de los pocos, que esperaban a que una mujer estuviera satisfecha”. ¿Se decía orgasmo en esa época? “Había que estar más informado que hoy. Se sabía de su existencia, pero de todas maneras no se lo mencionaba casi nada. Vos me preguntabas por... sísísí – anotamos: 100 años y el sí fácil –. El congelador, la heladera con congelador fue lo mejor. Y el freezer, fan-tás-tico. La máquina de escribir también. Estudié en Pitman para ser secretaria”.
¿Dónde estarán los cien años? Carmen sigue el hilo, tiene la memoria que a veces se le suplica al pueblo argentino, habla de un árbol familiar infinito y sólo pide que elevemos el tono de voz. Nació en España hace tanto y vive en Buenos Aires hace tanto, que con más de 80 años en esta ciudad se siente más porteña que el Tortoni. Es jueves 29 y Carmen amasó ñoquis para las visitas. “Amasando se me va la rabia. La rabia nunca me dominó aunque jamás rehuí del enojo. Es sano. Con la sinceridad que mantengo de mis recuerdos sencillos, debo decir lo primero que se me viene a la mente: la atracción física se confunde con el amor. Esto pasó en todas las épocas y te lo dice una mujer cuya cabeza es más joven que su cuerpo. No pienso como las personas de mi edad... Bah, ¡ni siquiera viven las personas de mi edad! No sé si se le dirá Tercera Edad o Cuarta, yo me siento joven. Sé que soy diferente a todas las abuelitas... ¿Me habías preguntado por Yrigoyen? – anotamos: debe tener el mismo gerontólogo que Max Berliner –. La gente lo cargaba al Peludo, pobre. Oíme, ahora te vas a comer una porción de pizza casera hecha por mí”. ¿En la habitación habrá tenido posters de Gardel? ¿De Tito Lusiardo? ¿Sabrá lo que quiere decir Facebook? ¿Hará mucho que no usa el término “proyecto”? “Todo el mundo usaba sombrero. Era muy normal, yo usaba boina. En 1955 pasó de moda y empezaron a verse las cabezas. A mí no me gustaba Gardel ni ninguno de esos. Me gusta Echarri... ¿Preguntaste por galanes de mi época? Pablo Echarri... No sé, por lo que escucho, por lo que me comentan, Facebook es un arma de doble filo. No me interesa, a la computadora no llegué”.
Y ahora viene lo mejor. A la una, a las dos y a las... Carmen fumó hasta los 92. “Medio siglo. La verdad es que fumé y fumé; cada dos días, un paquete. Pero mis análisis siempre dieron perfectos. Un día me dije: ¿para qué voy a fumar?, a lo mejor me puede hacer daño. Tenía un paquete empezado y lo tiré a la basura. Tengo mucha fuerza de voluntad”. ¿Cuántos cigarrillos diarios aconsejás fumar? “¡No no no! – anotamos: Carmen tiene carácter –. No aconsejo fumar. No me tragaba el humo, o poquito, pero sentía enorme placer por el humo”. Recapitulemos: el cigarrillo hace mal, lo del fumador pasivo habrá que revisarlo. “Yo no lo recomiendo, por favor que quede claro”.
¿Y la última vez que tuviste relaciones sexuales, Carmen? “Cuando él se murió. Lo habían operado de la próstata, estaba sentado al lado mío y empezó a meterme la mano por acá, por el escote. ¡¿Qué te pasa Berardino?! El tenía 82 y seguía con ganas pese a la sonda. Murió poco después y me deseó hasta el último minuto de su vida”.
 
Fuente: Clarin.

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