martes, 4 de diciembre de 2012

LA MATRIZ FUTBOLERA DEL EJERCITO PRETORIANO DE MAURICO MACRI

El uso de grupos de choque reclutados entre las barras bravas ya es una política de Estado por parte del PRO.
 
Por Ricardo Ragendorfer      
 
El 7 de diciembre de 2010, durante el violento operativo conjunto de la Policía Federal y la Metropolitana para desalojar el Parque Indoamericano, el ministro porteño Diego Santilli, quien se encontraba en la retaguardia de los acontecimientos, expresó: “El trabajo policial es valioso y prolijo; con algún problemita, claro, pero sin incidentes graves”. En ese preciso instante, los noticieros comenzaban a informar sobre las muertes de Bernardo Salgueiro y Rossemary Chura Puña en manos de los uniformados. A éstos después se les sumó un ejército de matones sindicales, barrabravas y punteros oscilantes entre el duhaldismo y el PRO. Lo cierto es que ese martes se convertiría para la liturgia macrista en una efeméride de cruzada por el control del espacio público.
Casi al año, el fiscal Sandro Abraldes concluyó que la Metropolitana fue responsable de los disparos con balas de plomo que causaron ambos homicidios e hirieron a otras seis personas. Y pidió la indagatoria de 33 efectivos de esa fuerza y 14 de la Federal, junto con la de la jueza contravencional María Cristina Nazar, quien firmó la orden de desalojo.
Sin embargo, Mauricio Macri ni siquiera tuvo tiempo de asimilar la mala nueva; durante el mediodía del jueves, siguió el sorpresivo ataque perpetrado por una escuadra de barrabravas a los docentes en la Legislatura desde la ventana de su despacho, como si estuviera viendo un partido en un palco de la Bombonera. Con él estaba el jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta, y otros funcionarios de menor rango. Luego, sus palabras al respecto serían: “Me dolió muchísimo lo que pasó en la Legislatura, agrediendo y no dejando entrar a los legisladores”. A su lado estaba Santilli, quien esta vez se llamó a silencio.
La milicia del PRO. En el caso del Indoamericano, el fiscal Abraldes pudo reconstruir, a través de peritajes, análisis de filmaciones, comunicaciones y testimonios directos, la dinámica de los hechos. Y también la identidad de sus hacedores. Entre ellos, resaltaba un tal Julito Capella –quien fue fotografiado empuñando un revólver– y Alejandro Pastore. El primero es hijo del masajista de boca, barrabrava de Huracán y custodio de un jerarca del sindicato municipal (Sutecba); el otro, un matón de ese mismo gremio.
Quienes el jueves atacaron a los docentes poseen un hándicap similar. Tal es el caso de El Mudo –su nombre de pila sería Damián–, el integrante de la hinchada del club Dock Sud, de la primera C, que ahora brinda valiosos servicios en las ligas mayores de la política porteña. De hecho, a cara descubierta, ataviado con una campera celeste y gorra azul, fue profusamente fotografiado mientras encabezaba al medio centenar de encapuchados que, con palos y facas, arremetían contra maestros y legisladores de la oposición.
No es una novedad que el macrismo ofrece una excelente salida laboral a hinchas caracterizados de toda laya. Por caso, la presencia de antiguos barrabravas de Boca es notoria en la Legislatura. Éstos se ocupan de la seguridad del lugar como empleados de planta permanente. Y suelen recorrer sin identificación ni uniforme los pasillos del viejo edificio de la calle Perú, amenazando a los asesores y al personal.
Una fuente del Gobierno porteño señaló a Miradas al Sur que El Mudo acordó en un bar de Lomas de Zamora su expedición punitiva a la Legislatura. Dicen que el plan de acción fue ideado junto a un puntero del diputado Christian Ritondo. En la mañana del jueves, éste habría recibido una llamada telefónica de Alejandro Finochiara, un asesor del ministro Esteban Bullrich, solicitándole que “juntara algunos muchachos para frenar a los gremios docentes en la Legislatura”. Ritondo cumplió con creces. E, incluso, dicen que el célebre Rafael Di Zeo no habría sido ajeno al asunto.
Es que su vínculo con El Mudo en el sur bonaerense es un secreto a voces, dado que éste acostumbra a efectuar custodias en algunos puestos de La Salada, actividad controlada y supervisada por el sector de la barra de Boca que responde justamente a Di Zeo.
En el aspecto estrictamente deportivo, el corazón de este individuo tiene más de una lealtad; tanto es así que, junto a Néstor El Pollo Domene –otro asiduo convocado para las tareas sucias del PRO–, intentó tomar el control de la barrabrava de Racing, conocida como La Guardia Imperial. No pudo ser: tras una virulenta batalla campal, en la que El Mudo resultó herido de un puntazo en la nalga derecha, el Pollo y los suyos regresaron a sus casas con las manos vacías. Tanto él como sus muchachos actuaban por cuenta del Negro Herrera, un antiguo jefe de la Imperial, actualmente preso por el asesinato de un hincha de Independiente.
Todo indica que para El Mudo y los suyos, su intervención ante los docentes que se manifestaban para rechazar el sufragio parlamentario por las Juntas de Clasificación fue una especie de salto al vacío. “Hay videos, fotos, patentes de los tres micros y testimonios. Además están las cámaras de seguridad de la zona. Si quieren investigar, pueden. Nosotros perdimos, se le dio sanción a la ley antipopular, pero queremos que se sepa cómo lo hicieron. Con esta patota de por medio”, dijo Néstor Di Milia, secretario adjunto de Ademys. El abogado del gremio, Ricardo Gagliardi, insistió en la peligrosidad de la patota, que portaba palos, cadenas y facas. “La verdad es que la sacamos muy barata”, agregó el letrado. Este sindicato hizo paro el viernes en repudio a las agresiones sufridas.
El hecho fue casi un calco de ese ya remoto atardecer de octubre de 2008, cuando la acción coordinada de otra patota de matones y la Guardia de Infantería –que actuaba por orden de la fiscal contravencional Valeria Massaglia– trató de impedir la instalación de una carpa docente frente a la sede del Gobierno porteño. Ello, primero desató forcejeos y, después, una violenta represión. El saldo: tres docentes heridos y un paro nacional. El hecho sorprendió a los diputados que en la Legislatura debatían la ley para la creación de la Policía Metropolitana. Los incidentes, desde luego, postergaron su aprobación.
Ahora, en cambio, la criatura policial de Macri es una realidad palpable, con todo lo que ello significa. Y, durante la madrugada del viernes, desde las ventanas de la Legislatura gatilló sus escopetas –esta vez con balas de gomas– contra los que en ese momento repudiaban lo sucedido horas antes. Lo que se dice, terrorismo estatal de baja intensidad.
 
Fuente: Miradas al Sur

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