miércoles, 8 de julio de 2009

PROSTITUCIÓN INFANTIL, UN DRAMA QUE CRECE A LA VISTA DE TODOS...


Tienen entre 12 y 16 años. Cada noche se paran en la esquina de Amancio Alcorta y Perito Moreno, en Pompeya, y esperan que aparezcan los clientes. Son unas diez chicas. Se las ve trepar a los camiones o a los autos que van y vienen de la provincia por el Puente Alsina.

Cobran 5 pesos, ofrecen sexo y lo que ganan lo gastan casi en forma inmediata en la villa Zavaleta. Lo recaudado va directamente a los bolsillos de los "dealers" que les venden la peor calidad de pasta base de cocaína: el "paco".

"Para ayudarlas hay una causa que iniciaron a fines de 2005 los operadores de calle del Gobierno de la Ciudad. Además ya había denuncias de vecinos", confirmó a Clarín Adrián Giménez, a cargo de la fiscalía de Pompeya desde donde se quiso implementar, sin demasiado éxito, un sistema de vigilancias especiales.

Las nenas de Pompeya son las víctimas de un problema dramático: la prostitución infantil. Un negocio mafioso y redituable que no distingue barrio o provincia y que "en general se nutre de chicas con una historia de abuso intrafamilar", explicó Cristina Tabolaro, de la Subsecretaría de Minoridad bonaerense.

La prostitución infantil está en todos lados, sólo hay que mirar con atención. Hay nenas que cruzan la frontera desde Paraguay con documentos falsos. Son el 34% de las paraguayas que terminan en prostíbulos argentinos, según un informe de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Hay preadolescentes del interior (víctimas de redes de "trata de personas") que terminan encerradas en departamentos porteños, como descubrió la Policía Federal en Belgrano, o como periódicamente se destapa en whiskerías de rutas bonaerenses.

Hay más en estaciones de trenes (Constitución, Liniers, Flores y Retiro, dijeron a Clarín fuentes de la División Delitos contra Menores de la Federal) o mezcladas con mayores en prostíbulos. "Proteja a los niños de la explotación sexual en el turismo", fue el lema con el que la Asociación Argentina de Ejecutivas de Empresas Hoteleras lanzó una campaña para evitar el incipiente negocio del turismo sexual.

Sólo desde agosto de 2005, cuando en Capital comenzó la campaña "Sin clientes no hay prostitución infantil", el Consejo de los Derechos de Niños, Niñas y adolescentes recibió 118 denuncias, 68 de las cuales trataban de prostitución infantil y fueron giradas a la Oficina de Asistencia a la Víctima de la Procuración General de la Nación (OFAVI).

En lo que va del año la OFAVI radicó 16 denuncias penales sobre explotación sexual de chicos (en un 90% se trata de nenas) pero las mismas estadísticas judiciales les auguran poco éxito. Aunque los números del Registro Nacional de Reincidencia Criminal muestran un aumento en las sentencias condenatorias en todo el país (ver infografía) cifras de la Procuración marcan una tendencia alarmante.

En su informe anual especifica que las fiscalías de Instrucción de la Capital recibieron en 2004 50 causas de "promoción o facilitación de corrupción de menores" y en ese mismo período sólo cuatro llegaron a juicio, con una sola condena. La Policía y el Gobierno de la Ciudad coinciden en marcar a Constitución, Once, Pompeya, Belgrano y Flores como las zonas más calientes.

Sobre el tema son pocos los números exactos y menos los estudios específicos. Mientras el asunto sigue ignorado, las redes de "trata" se expanden en el interior del país (ver Explotación...). "En Argentina, la trata está muy vinculada a la explotación sexual comercial de los niños y, si bien aún no hay estadísticas oficiales, los especialistas advierten que la pobreza y la falta de capacitación de sectores clave (como el judicial y el policial) son las que contribuyen a que el fenómeno se expanda", se lee en el boletín Nº 3 de UNICEF de agosto de 2005.

Ese organismo hizo una de las pocas investigaciones sobre el tema en nuestro país ("La Niñez prostituida"). Allí se rescata el caso de Sonia (8 años). Ella contó: "Hay hombres que te dicen vamos... ya sabés. A ellos no les importa que una sea chiquita o grande. Te dicen vamos que te doy $ 50. Nosotras decimos que no somos prosti, que para eso están las prosti. Unas nenas que vendían en la calle conmigo ahora son prosti. Bueno, ya no son más nenas".

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