sábado, 7 de noviembre de 2009

FRAY AUGUSTO RAMÍREZ MONASTERIO, MÁRTIR DE LOS POBRES DE GUATEMALA


Nace en Guatemala, el 5 de noviembre de 1937. Es ordenado sacerdote en Teruel, España, el 18 de junio de 1967, es asesinado el 7 noviembre de 1983, en la ciudad de Guatemala. Nadie imaginaba que Fray Augusto Rafael Ramírez Monasterio, hijo menor de nueve hermanos, llegara a ser un testigo fiel de la fe. Su vida era más bien escondida, dedicada al estudio y a la formación de los frailes franciscanos. Al final, fue párroco de San Francisco el Grande, en Antigua Guatemala. La pregunta lógica es ¿porqué lo mataron? El Padre Augusto, como lo llamaban todos, era un fraile franciscano dedicado al servicio de los pobres y necesitados. La vocación sacerdotal la vivía intensamente en la celebración de la Eucaristía, la experiencia diaria de oración y una devoción particular a la Virgen María. Trabajó incansablemente por las vocaciones franciscanas, en su paso por los distintos destinos que tuvo y apoyó las casas de formación por las que pasó. La razón de su muerte se encuentra en su trabajo pastoral con los jóvenes, especialmente en la formación de los valores cristianos de compromiso y proyección hacia la comunidad. A lo largo de su vida trabajó por los jóvenes en grupos juveniles, deportes, coro, etc. Por su espíritu amigable cautivó la simpatía de numerosos jóvenes que buscaban su consejo y asesoría espiritual; fue su amigo, director espiritual y confesor. En el mes de junio de 1983 el gobierno de facto del general Efraín Ríos Montt, emite el decreto de amnistía para las personas que estuvieran involucradas en actividades subversivas. Para ello tenían que presentarse a las Gobernaciones departamentales, a la Cruz Roja, Municipalidades, a la Iglesia Católica o a las iglesias evangélicas. Siendo el superior de la Iglesia de San Francisco en Antigua Guatemala, mientras cumplía su misión sacerdotal en el confesionario, se acerca un campesino, vinculado con la guerrilla, pidiéndole ayuda para acogerse a la amnistía y retornar a su ciudadanía legal. Para cumplir la solicitud que le fuera presentada por el campesino y para protegerlo, el P. Augusto acude al Gobernador Departamental de Sacatepéquez, para que la entrega de esta persona se hiciera en la misma Gobernación. Para ello, le fue requerida la cédula de vecindad del interesado. Dado que no contaba con este documento, el P. Augusto lo acompañó al cercano municipio de Parramos para obtenerla.En dicha municipalidad le fue denegada la cédula al campesino. Y la razón era porque el ejército lo buscaba dado que era militante de la guerrilla, por lo cual tanto el campesino como Fray Augusto fueron conducidos a la Policía Nacional del lugar. Fray Augusto explicó el propósito que les llevó a esa municipalidad, que era acogerse a la amnistía y que ya en la Gobernación de Antigua estaban enterados del trámite y existía el acta de amnistía. Haciendo oídos sordos a las explicaciones de Fray Augusto, fueron conducidos al destacamento militar, donde fueron detenidos ilegalmente, y el padre maltratado, torturado, exigiéndole decir lo que el campesino le había dicho en confesión. Al negarse Fray Augusto, le quemaron las manos con cigarros encendidos y continuaron torturándolo. En la madrugada del día siguiente, lo dejaron libre, así mismo a los acólitos que lo acompañaban, no así el campesino. Luego fue víctima de amenazas de muerte por la vía telefónica, e incluso le indicaban que abandonara el país. El 5 de noviembre de 1983 le celebraron su cumpleaños. Dos días después, el lunes 7 de noviembre, después de haber visitado a su familia, aproximadamente a las 17:30 horas, saliendo de la casa de su hermana que vivía en la zona 1, se perdió la pista de sus pasos. Se supone, por la práctica común en esos tiempos, que fue interceptado por individuos que lo condujeron a un lugar desconocido. No se supo nada de su paradero hasta las 4 de la tarde del día siguiente, 8 de noviembre, cuando fue encontrado su cadáver en la morgue, donde fue reconocido su cadáver que había sido recogido en el Anillo Periférico. Al día siguiente se leía en el diario Prensa Libre: “Un muerto y un herido en tiroteo en el periférico”. El 17 de mayo de 2006, el postulador de la causa entregó a Su Eminencia el Cardenal Rodolfo Quezada Toruño, Arzobispo de Santiago en Guatemala, la petición para que fuera instruida su causa de canonización.

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