domingo, 18 de octubre de 2009

CLARÍN NO PODRÁ TENER DE REHENES A LOS ARGENTINOS


Por Eduardo Anguita


A mediados de los noventa, con la asistencia de Eliseo Verón y otros destacados analistas de la comunicación, Clarín construyó una fórmula opositora al menemismo. Sus estudios daban que José Bordón y Carlos Chacho Álvarez eran los mejores posicionados para hacer frente al intento reeleccionista de Menem. El motivo, sencillamente, era que el riojano no le daba a Clarín telefonía mientras que sí le daba medios al conglomerado Monetta-Telefónica-Citibank.


El binomio Álvarez-Bordón tenía paraguas comunicacional para la campaña. Era la primera vez que el diario fundado por Roberto Noble apostaba a jugar un papel por encima de los partidos políticos convirtiéndose en el verdadero partido opositor.Su revancha fue grande: el breve período en el cual Menem estuvo preso (en la quinta de su amigo el rebolú Armando Gostanian) fue por la causa del tráfico de armas, promovida por el monopolio. Algunos se preguntan por qué Menem faltó a la cita en el Senado y la respuesta es simple: Clarín dejó demasiados heridos. Con los años concentró mucho más poder y también sacó al puntano Adolfo Rodríguez Saá, presidente por unos pocos días, porque no se comprometía con la entonces llamada Ley Clarín, una norma destinada a salvar al grupo de la posible quiebra y su inmediato traspaso a los acreedores internacionales. En su reemplazo, Eduardo Duhalde, cumplió –y cumple– con los pactos hechos con Héctor Magnetto.El monopolio informativo Clarín, tras el largo conflicto con las entidades rurales, volvió a ponerse en el centro de la escena y recuperó el rol de partido opositor. Su buena relación con peronistas que habían formado parte de la gestión de Néstor Kirchner (particularmente Alberto Fernández) sumado a Julio Cobos, hizo que el monopolio pusiera en marcha otro plan para desestabilizar o desgastar al gobierno de Cristina Kirchner. Pero el último mes, como nunca, la conducción de Clarín subestimó las fuerzas que estaban en juego. Las tapas del diario, los zócalos de los noticieros y los brulotes radiales fueron hechos para aislar al Gobierno, chavizarlo, dejarlo sin aliados. El mensaje fue simple: que nadie ose enfrentar el poderío del monopolio. Hasta ayer, periodistas, empresarios de medios, legisladores, gobernadores y jueces, sabían lo que costaba enfrentar al grupo. A partir de hoy, el Grupo empieza a saber lo que es enfrentarse a tanta gente. Se cayó un muro, intangible para algunos, pero construido con todas las artimañas del poder: intrigas, extorsiones, privilegios y ambiciones.


Lo que viene. Concluida la sesión del Senado, la flamante ley pasó como pan caliente del Congreso al Gobierno. Se planteaba una situación muy particular: la Constitución prevé que el Ejecutivo puede hasta vetar una norma del Legislativo, así como reglamentarla con cierto margen de interpretación. Y como Cristina tenía previsto su viaje a la India, al quedar Cobos en ejercicio de la Presidencia, le quedaba un margen para ser él quien pudiera meter mano en la ley. Hay un antecedente muy concreto en materia de manejos de alguien en ejercicio del Ejecutivo en ausencia del presidente. El senador radical Mario Losada quedó en el lugar de Fernando de la Rúa (ya había renunciado Chacho Álvarez) y firmó un decreto que reducía en 25% los gravámenes a las empresas de medios, tal cual establecía la ahora derogada Ley de Radiodifusión de la dictadura. En aquel caso era en consonancia con De la Rúa, quien no quería aparecer como un gestor de los reclamos empresarios.En esta oportunidad, Cobos, alineado con Clarín, quizá no hubiera osado valerse de una prerrogativa semejante. Pero, para curarse en salud, la Presidenta decidió firmar ella el decreto que permita su pronta publicación en el Boletín Oficial, sin tocarle una coma a lo votado en el Congreso. Unos pocos senadores que siguen a coro los consejos de Rendo y Magnetto vociferan que esta ley transgrede a la Constitución o que será revisada después del 10 de diciembre. No faltan quienes sugieren que vendrá una catarata de juicios. La realidad, al menos de acuerdo con las normas, es muy otra.


Lo que viene es que el Gobierno, tras la reglamentación de la ley, deberá convocar a los distintos sectores que integrarán la autoridad de aplicación; es decir, el organismo que reemplazará al actual Comfer. Así, en los próximos 90 días, deberá integrarse el Consejo Federal y formarse la Comisión Bicameral que interactúe con él. A su vez, en el Consejo Federal, el Ejecutivo designará a sus dos representantes, uno de los cuales será quien lo presida. Alguien que cumpla el lugar de Gabriel Mariotto, que probablemente sea el mismo Mariotto. La conformación de los organismos previstos en la ley puede tener deserciones. Por caso, no se sabe si las entidades representantes de las empresas van a aceptar el lugar que les cabe. Lo hicieron sí cuando los dictadores los invitaron a integrarse al Comfer en 1980. En esa oportunidad, ATA (Asociación de Teleradiodifusoras Argentinas) y Arpa (Asociación de Radiodifusoras Privadas Argentinas) mandaron sus representantes a ocupar los sillones al lado de los delegados de las tres Fuerzas Armadas. Ahora, en democracia, y teniendo que compartir ámbito con hombres y mujeres de las cooperativas, las organizaciones sociales, académicas y sindicales, quizá los lobbistas empresariales prefieran quedar fuera.


Desmonopolizar. Cuidado: TN no puede desaparecer. Ni van a quedar sin trabajo los que están en los multimedios. Esta ley deja que una misma empresa puede mantener hasta 10 licencias y una señal de contenidos. Por decreto de Menem se había pasado de 12 –como lo establecía la vieja norma– a 24, lo cual le permitió a Clarín y al Grupo Telefónica (que tenía Telefé y Canal 9) ampliar su poderío. Lo que no pueden hacer estos grupos (Clarín o Vila Manzano, afectado en menor medida) es operar una red de cable y un canal de aire en una misma jurisdicción (ciudad o área de influencia). Eso lleva, por ejemplo, a que Clarín tenga que optar en la Ciudad de Buenos Aires entre quedarse con Canal 13 o Multicanal (en el área metropolitana), pero eso no tiene nada que ver con TN, que es una señal y no una licencia (que son las que se otorgan a las que ocupan un lugar en el espectro radioeléctrico, sea televisiva o radial).


Clarín, como otras empresas, tendrá mucho margen para readecuarse, formar o asociarse con una compañía de telecomunicaciones para brindar contenidos para el cable y quedarse con el canal abierto. Tienen un año y algo más por delante para readecuarse a la norma. No es tan grave la desmonopolización. Lo grave es cambiar la ideología empresaria e informativa. Sin el poder monopólico, tendrán que adecuar sus precios para competir en muchos lugares con las cooperativas telefónicas que podrán operar televisión por cable y seguramente con quienes puedan brindar el triple play. Esta norma abre el camino para una Argentina sin privilegios en la prestación privada y pública de la información, el entretenimiento y la comunicación. Ahora está en los argentinos, en nuestra capacidad de construir instituciones y respetarlas, en nuestra cultura de integración y de respeto hacerlo posible. El desafío
no es pequeño. Este fue un paso clave, nos faltan muchos más.

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