sábado, 17 de octubre de 2009

UN MAPA DEL TRABAJO RURAL INFANTIL


Un relevamiento presentado por la Comisión Nacional para la Erradicación del Trabajo Infantil muestra que Misiones, Mendoza, Chaco y Tucumán son las provincias donde más niños son empleados en cosechas. Uno de cada 10 menores de 13 años que trabaja abandonó la escuela.




La agricultura en la Argentina esconde una realidad vergonzosa: principalmente en las provincias del Norte y en la región cuyana, pero también en el conurbano bonaerense y en el valle del Río Negro, se utilizan chicos y chicas en las actividades de cultivos y cosechas más diversas. Las únicas provincias que declararon no tener esta modalidad de trabajo infantil en sus territorios fueron Chubut, Santa Cruz, Neuquén y Tierra del Fuego. Entre los chicos que trabajan en el ámbito rural, no asisten a la escuela uno de cada 10 pibes de 5 a 13 años, y 6 de cada 10, entre los que tienen de 14 a 17 años.


El mapa de la mano de obra infantil rural fue elaborado en el ámbito del Ministerio de Trabajo y se dio a conocer ayer en el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, en el marco de un seminario en el que participaron directores de la OIT, Unicef, PNUD y la Comisión Nacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (Conaeti). La conclusión más importante del encuentro fue que el trabajo infantil existe en el país como consecuencia de la pobreza, constituye un reproductor de la marginación y conspira contra la educación de los chicos.


El otro aspecto que quedó en claro es que en Argentina las niñas sufren por la explotación laboral y, además, la doméstica, dos factores que agravan su discriminación, según destacó Carlos Felipe Martínez, coordinador del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. “La gravedad del trabajo infantil está fuera de discusión”, concluyó la secretaria de Trabajo, Noemí Rial.


Este año, el Día Mundial contra el Trabajo Infantil está dedicado a erradicar el empleo de chicos en la agricultura. Al abrir el seminario, Rial enumeró que los niños y las niñas en el campo están expuestos con frecuencia a peligros y riesgos asociados con la manipulación de agroquímicos, el uso de herramientas afiladas, la realización de tareas bajo temperaturas extremas y el uso de maquinarias de carga excesiva para su edad. El trabajo a “destajo” –por cantidad– es la metodología “perversa” que “obliga a que trabaje toda la familia”, cuestionó la funcionaria.


El primer mapa del trabajo rural agrícola fue presentado por Pilar Rey Méndez, titular de la Conaeti. Muestra las localidades y el tipo de plantaciones en las que trabajan chicos y chicas, pero no precisa cuántos pibes se encuentran en esa situación en cada lugar. La funcionaria aclaró que se confeccionó con información suministrada desde cada provincia. San Luis fue la única que no brindó datos.


Algunas conclusiones que surgen del mapa:


- Mendoza, Misiones, Chaco y Tucumán se destacan como las provincias que tienen trabajo infantil rural a lo largo de todo su territorio.
- Se emplean chicos en los cultivos y las cosechas más diversas: tabaco, yerba mate, algodón, cítricos, té, hortalizas, arroz, frutas, soja, maíz, trigo, caña de azúcar, vid, aromáticas.
- Hay un corredor de uso de mano de obra infantil que se extiende por todo el valle del Río Negro, en plantaciones de frambuesa, manzana, ciruela y frutilla.
- En la provincia de Buenos Aires hay chicos en la explotación agrícola de la zona de Baradero, San Pedro, San Nicolás y Ramallo; en cultivos de frutilla y verduras en La Plata y sus alrededores; en los de vid en Berisso.
- Chubut, Santa Cruz, Neuquén y Tierra del Fuego declararon no tener trabajo infantil agrícola.
“No se puede mantener la estructura económica de una provincia a costa de la exclusión social”, señaló la secretaria de Trabajo, al cerrar el seminario.


“El trabajo infantil es un impedimento para el pleno acceso de los chicos a sus derechos”, destacó Ennio Cufino, coordinador de programas de Unicef Argentina. Y agregó: “La escuela tiene un rol fundamental para prevenir el trabajo infantil”. Gerónimo Venegas, secretario general de la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (Uatre), habló en primera persona: “Empecé a trabajar a los 9 años, por eso sólo tengo hasta cuarto grado de la primaria” y sumó otro aspecto al debate: “El trabajo infantil existe donde hay trabajo en negro”.


La Argentina asumió el compromiso internacional de eliminar por completo el trabajo infantil del país para el 2015, entre los denominados Objetivos del Milenio. Para el 2007 debería reducirlo un 3 por ciento, recordó ayer el representante del PNUD. Existe un plan nacional para erradicarlo, presentado en 2006 por el ministro de Trabajo, Carlos Tomada. Pero todavía no existe una estimación certera de la magnitud de esta problemática en el país. Se avanzó en el 2004 con la primera encuesta nacional que se encaró desde el Ministerio de Trabajo, pero su alcance fue limitado: abarcó el Gran Buenos Aires, Mendoza, Jujuy, Salta, Tucumán, Formosa y Chaco. El conjunto de chicos relevados representa aproximadamente la mitad de niños y adolescentes de 5 a 17 años del país. El estudio contabilizó que trabajan tanto en áreas rurales como urbanas el 6,5 por ciento de los chicos de 5 a 13 años y el 20 por ciento de los que tienen entre 14 y 17 años: 193.095 y 263.112, respectivamente.


La encuesta encontró que el porcentaje de niños y niñas que trabajan es mayor en la zonas rurales: el 8 por ciento entre los que tienen de 5 a 13 años. Pero esta diferencia aumenta significativamente en el caso de los adolescentes, donde el 35 por ciento realiza alguna actividad productiva, muchas veces por un salario ínfimo o ninguna paga.


El relevamiento encontró que el 10 por ciento de los chicos más pequeños que trabajan en el ámbito rural no van a la escuela, y la han dejado el 62 por ciento de los adolescentes. La repitencia en la secundaria se duplica entre los estudiantes trabajadores en comparación con los alumnos que no trabajan.


Las últimas estadísticas mundiales indican que más de 132 millones de niños y niñas de cinco a 14 años trabajan y un 70 por ciento de ellos lo hace en el sector rural. En Latinoamérica y el Caribe hay 20 millones de chicos explotados laboralmente, siete millones de ellos en las peores formas de trabajo infantil como la prostitución, la pornografía y el tráfico de estupefacientes.

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