sábado, 2 de febrero de 2013

MITOS Y VERDADES DE LA PROFECIA MAYA, DESDE EL LUGAR DE LOS HECHOS


Iximulew, Tierra Revuelta es un documental argentino-guatemalteco que busca desmitificar interpretaciones y especulaciones acerca del cambio de ciclo. Y también es una historia de raíces y tradiciones latinoamericanas.

Por Jimena Arnolfi


A pocos meses de cumplirse la fecha del promocionado “fin del mundo”, un grupo de argentinos viajó a filmar un documental sobre el 13 B’ak’tun en el epicentro del mundo maya. El equipo recorrió las rutas guatemaltecas durante dos meses y el 21 de diciembre, la fecha clave, los encontró comiendo tepezcuintle (una especie de roedor) en medio de la selva junto a campesinos de esas tierras, lejos de la cobertura televiva y el pochoclo mediático que comercializó el 13 B’ak’tun. Como indica una de las bases del sentipensar maya, Iximulew, Tierra Revuelta es un documental que va desde lo particular hacia lo universal. También es un documental que habla de la historia de los pueblos latinoamericanos.
No es una traducción de “Tierra revuelta”. Los pueblos mayas llaman “Iximulew” al territorio guatemalteco. Etimológicamente significa: Ixim=Maíz, Ulew=Tierra. Puede entenderse como “la tierra del maíz”: el “ixim” es uno de los pocos vocablos que es común en la gran mayoría de las más de 20 lenguas mayas vivas que se hablan actualmente en la región. De ahí, la importancia del ixim para los pueblos mayas, la planta sagrada de la que todos estamos hechos.
Iximulew, Tierra revuelta tiene licencia libre y puede verse online. La política de VacaBonsai (Argentina) y Estrella Publicidad (Guatemala), realizadores del documental, es que el arte, la cultura y el conocimiento no son mercancía ni tienen dueño. Además está la promesa: “Hay un compromiso asumido con toda la gente que participó y colaboró, principalmente con los hermanos mayas, con los tatas y las nanas que específicamente se prestaron a brindarnos sus palabras y sus conocimientos, siempre que prometiéramos difundir esa historia y no hacer negocio con ella”.
Durante la entrevista, el equipo de VacaBonsai elige hablar en nombre del grupo más allá de las individualidades. Se trata de un colectivo de trabajo que desarrolla contenidos en pos de un nuevo modelo de comunicación; esa comunicación que trabaja para crear vínculos que fortalezcan las identidades que luchan por dejar de ser lo que otros quieren que sea. La clave no está en la competencia, sino en la cooperación. Porque como dice el refrán brasileño, el problema no es el patrón, sino el padrón.
Los VacaBonsai cuentan que pudieron realizar un documental de estas características por ser argentinos –o al caso, extranjeros– y desconocer o no estar empapados del trasfondo del tejido social del país para así poder poner en contexto las tensiones, luchas y resistencias: “Desconocer esas formas de machismo y de racismo, las broncas históricas entre diferentes sectores, regiones y pueblos, la opinión del vox populi respecto de ciertos personajes… nos sirvió, sin quererlo, para generar un discurso más universal. Terminamos explicando un montón de hechos históricos y situaciones, porque nosotros mismos las ignorábamos”.
–¿Cuál fue la premisa principal al empezar con el documental? 
–Creemos que la última palabra en cuanto a línea editorial la tuvo el propio material, que decidió hablar por sí mismo. Sí podemos decir que hubo dos o tres premisas que mantuvimos siempre presentes, que nos sirvieron de horizonte y que tuvieron que ver con, obviamente, arrojar un poco de luz sobre el asunto del 21-12-2012 tan bastardeado por estas latitudes, pero también con hacerlo desde una mirada que fuera más allá de lo espiritual y lo calendárico, que abarcara también lo social, lo político, lo económico, que es algo que en el discurso indigenista tan cosmetizado de las urbes suele quedar relegado en un segundísimo plano, cuando no invisibilizado. En general, terminamos cayendo otra vez en la trampa de leer de manera colonializante, quedándonos sólo con la cáscara, que es la parte menos incómoda.
–¿Cómo caracterizan esa mirada colonizante?
–Nos referimos a un rasgo que distingue prácticamente a todas las líneas del sentipensar de los pueblos americanos, y que es una vinculación con el todo desde lo espiritual pero con los pies bien plantados en el suelo. Se trata de pueblos cuya espiritualidad es a fin de cuentas materialista y pragmática, bien asentada en el aquí y ahora. La Madre Tierra no es una entidad abstracta que representa a… ni una metáfora de… la tierra es la tierra. La que ves cuando mirás para abajo. Punto. Y es sagrada porque nos da la vida, de ella dependemos para poder existir. Sin tierra no hay vida, sin vida no hay humanidad. Y esta matriz tan poderosa es la que le da tanta profundidad a estas múltiples cosmopercepciones (cosmovisión suena un tanto acotado y occidentalmente viciado de monosensorialidad), donde el vínculo espiritual con el saber de la tierra y del cosmos, con el saber ancestral atraviesa la vida en su totalidad. “El orden natural” define las formas de organización política, sienta las bases del sistema jurídico y de la propia forma de organización social, incluso en el cotidiano quehacer.
–¿Consultaron alguna bibliografía, algún antecedente audiovisual antes de viajar?
–Fuera de los tanquepelotazos jolibudianos como 2012 o Apocalypto, que descartamos de plano, durante la previa en Argentina intentamos empaparnos un poco del tema, pero lo que fue llegando acá era escaso y no demasiado profundo. Acaso unos cuantos documentales gringos regados de lavado amarillismo, sinnúmero de charlatanes followers of mayan calendar, alguna que otra nave espaciana, muchas lucecitas de colores sobre “la misteriosa desaparición de los mayas” y verdaderamente pocos mayas (que a propósito, siguen vivos y hoy son el 80% de la población chapina) dando su visión. Pensemos que estamos hablando de pueblos y comunidades que vienen de más de 500 años de transmisión oral de conocimientos. Toda una historia, una cultura, una experiencia del mundo que logró sobrevivir al yugo de las múltiples invasiones europeas gracias a la herencia directa, pero además gracias a un profundo celo por proteger los restos de un bagaje de saberes ancestrales del hostigamiento criollo-mestizo-europeo. La cultura realmente viva es la que pasó de boca en boca. Lo otro es terreno de las academias y de una mirada intelectual.


* * *


Hoy, los mayas son mayoría en la población chapina (guatemalteca). Su cultura es la única de América en la que el tiempo funda el espacio. Para ellos, los hombres son hijos del tiempo y también de las historias. De manera que un hombre en medio del camino es tiempo, el tiempo que a la vez es fundador del espacio, por tanto es sagrado y no se puede negociar. Cuenta la historia, que los mayas siembran a cada niño que nace: entierran el ombligo y lo ofrecen al abuelo volcán, la madre tierra, el padre sol y la abuela luna. El hijo, que es tiempo y es tierra.
Los VacaBonsai cuentan que el verdadero plato fuerte de la historia fue la propia experiencia. Que a propósito de espiritualidad maya, todo lo que se pensó y discutió en la previa terminó por decantar y se hizo carne, de manera menos racional y más energética, como ellos mismos describen: “El camino de la intención (individual, intelectual y volátil) a la experiencia (colectiva, material y trascendente)”.
Después cuentan que esta cultura viva se abre al mundo gracias a algunos tatas y nanas que militan para que eso suceda sin importar las reacciones no siempre favorables de los sectores más conservadores. “Esto también explica que haya tan poco material de consulta, y que mucho de ese material que logró masificarse sea profundamente cuestionado por los propios guías espirituales mayas”. Entonces mencionan la muy libre interpretación del Tzol’kin (el calendario maya basado en el movimiento de la luna) de José Argüelles, la más difundida en estas latitudes, o la de Carlos Barrios más conocido propiamente en Guatemala.
–¿Cómo fue la repercusión de las distintas comunidades al llegar con las cámaras?
–En lugares donde tantas voces vienen siendo históricamente ninguneadas, cuando no directamente cagadas a palos, necesitan expresarse y el hecho de acercarse con un grabador prácticamente desencadena una revolución. Y haber podido volver a casi todos los lugares donde estuvimos, y presentar ahí el documental fue definitivamente uno de los mayores aciertos que pudimos tener.
–¿Cómo se vieron ellos?
–Ahí está el viejo dicho, ése de “nadie es profeta en su tierra”. En todas las proyecciones que hicimos, siempre al final intentamos abrir un pequeño espacio de discusión e intercambio de sensaciones. Cuestión que al terminar la proyección en Cobán se subió un fulano y después de felicitarnos expresó con un aire de tristeza algo así como: “Qué terrible que tengan que venir unos argentinos a enseñarnos a nosotros guatemaltecos lo que es el 13 B’ak’tun”. Luego hay ciertos temas en Guatemala (al igual que en Argentina) que todavía despiertan demasiados resquemores en la gente, heridas muy abiertas que todavía duelen. En muchas proyecciones en espacios públicos eso se notó claramente. Y a la mitad de la película, una buena cantidad de personas se levantaba y se iba. Eso pasó fundamentalmente en las ciudades, mucho más que en los pueblos.
–¿Qué surgió en esos debates luego de cada proyección?
–Dato curioso y fuerte fue constatar a través del propio público muchos de los hechos históricos ahí relatados que, a pesar del testimonio, cuesta terminar de procesarlos así en abstracto. Casi siempre al final de las proyecciones se nos acercaba alguien a agradecernos por reflejar sus propias vivencias en casi todos los aspectos. Desde tipos que te contaban cómo habían sido cazados por el ejército a los 14 años, y todas las que tuvieron que pasar ahí, hasta chavales que se acordaban de cómo sus abuelos habían practicado la espiritualidad en la clandestinidad para que los vecinos no les tildaran de brujos. O totonicapenses agradeciendo que por fin alguien mostraba el costado político y de lucha de la espiritualidad. Por un lado es muy triste escuchar esas historias, pero por el otro se siente algo muy reconfortante al percibir que nuestro laburo fue capaz de interpelar tan íntimamente a la gente. Sobre todo desde ese lugar que decíamos antes, desde el lugar del que llega de afuera y toca de oído.
–¿Qué opinó el equipo de trabajo al ver la gente rodeando el Uritorco y la cobertura de los medios tradicionales?
–Francamente, allá ni nos enteramos de lo que estaba pasando acá. Después nos contaron. Igualmente, ¿qué podemos opinar sobre eso? Ya sabemos lo fantoche que puede ser la caja boba. Hubiera sido un lindo gesto del resto de Latinoamérica (excluyendo a Bolivia, que se sumó activamente a los festejos) prestarle un poquito más de atención a los hermanos mayas en vez de dejarse llevar por el pochoclo mediático y los gritos idiotas de los “-istas” rubios (milenaristas, fundamentalistas). Pero bueno, como decía Böckler (sociólogo guatemalteco), todavía tenemos la mente encandilada con los espejitos de colores del colonialismo mental. Todavía nos queda mucho camino por recorrer. Habrá que seguir haciendo películas, nomás…


Fuente: Miradas al Sur

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