martes, 16 de octubre de 2012

NO TAN IMPENETRABLE

En Salta, ochenta cooperativistas junto a Desarrollo Social de la Nación edifican el sueño de un techo digno para los habitantes de una comunidad postergada durante décadas
      
Rancho Ñato, un pequeño paraje del departamento de Santa Victoria Este, ubicado en la porción salteña del Impenetrable, padeció durante décadas la ausencia del Estado. Sus índices de desnutrición, el chagas y la tuberculosis, las inundaciones por los desbordes del Pilcomayo y la precariedad de las viviendas motivaron a que un equipo del Ministerio de Desarrollo Social desembarque allí desde 2009, priorizando las necesidades más urgentes: alimentación y salud. Pero la realidad cambia, también en aquellos lugares inaccesibles sólo en su apariencia. Así, los habitantes del pueblo junto al Ministerio de Desarrollo Social de la Nación han conformado zonas de cooperativas para construir viviendas en su propia comunidad. En este sentido, la titular de la cartera social, Alicia Kirchner señaló que “hay que tomar conciencia de la extensión de ese hermoso desierto verde que tiene muchas posibilidades para desarrollarse”.
Rancho Ñato es un paraje alejado de todo. Allí, la relativa reciente presencia de un Estado comprometido con el territorio ha modificado realidades adversas y potencia saberes y capacidades respetando la cultura del lugar. En otros tiempos, en esa zona, era impensado que nativos y criollos trabajen juntos, ya que según ellos mismos son “el agua y el aceite”. Pero las barreras se rompen y se ve que arremangarse por un objetivo común, como es el bienestar de la comunidad y el sueño de tener un techo digno, es posible.
La iniciativa comenzó con la construcción de 31 casas en Rancho Ñato. Allí, el Ministerio de Desarrollo Social atacó los problemas más básicos tales como los alimentos, la creación de fuentes de trabajo, la capacitación y ahora va por la vivienda. Se trata de una batería de medidas que se articuló con la refacción de caminos para hacer accesibles esas zonas. También se ha trabajado sobre la infraestructura en general, ya que el lugar era completamente inundable por los desbordes del Pilcomayo, en la atención de aspectos centrales de salud, en campañas de zoonosis y en la capacitación para que los habitantes puedan construir sus propias casas o producir la materia prima para realizarlas. El equipo de Desarrollo Social que desde hace dos años trabaja en estos parajes está integrado por Paula Rodino, Ignacio Handorf, Mariela Bacigalupo, Luciana Ardita y coordinado por Mirta Pulido. Arrancaron con un relevamiento para conocer la zona y su situación particular, y no pararon desde entonces.
Por otro lado, ya hay 80 cooperativistas que trabajan en la construcción de las casas pero que parecen muchos más gracias al empeño y la garra que le ponen a la tarea. Los trabajadores han conformado cooperativas con el acompañamiento del Instituto de Asociativismo y Economía Social (Inaes) y con el asesoramiento de la cartera social de la Nación. En este sentido, se puede hacer una especie de doble lectura de la restitución de derechos que tantas veces señala Alicia Kirchner: los cooperativistas de Santa Victoria Este por un lado, tendrán un trabajo con ingreso y protección a su grupo familiar y por otra parte también accederán a una vivienda digna. Dos derechos básicos.
El 70 por ciento de los 13 mil habitantes de Santa Victoria Este pertenece a pueblos originarios ya sea de la comunidad Qom, Wichi, Chorote o Chulupí. La situación se repite en Rancho Ñato. Allí, las tradiciones son muy fuertes, y por eso las casas que están en construcción con materiales fabricados con insumos de la región respetan los hábitos de los pobladores. Por ejemplo, los ladrillos son de un adobe especial y la disposición de los lugares de las casas son de acuerdo a los hábitos de los nativos. Esta iniciativa en donde las propias comunidades diseñan y construyen sus viviendas ya tiene antecedentes en otros lugares tales como Víboras Blancas, La Pelolé y Espinillo, ubicados en la provincia de Chaco. “En La Pelolé no había luz, las personas tomaban agua de un charco o del río. Ahora, después de un año de mucho trabajo tienen agua y luz”, relata a Miradas al Sur, Mirta Pulido, la coordinadora del equipo del Ministerio. Y agrega: “Cuando volvimos, los chicos estaban tomando la leche y mirando la tele, esto es algo que nos emociona”. En Pelolé antes, y ahora en Rancho Ñato, queda demostrado que cada vez hay menos lugares impenetrables para el Estado.
 
Informe: Juan Alarcón
 
Fuente: Miradas al Sur

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