domingo, 14 de octubre de 2012

POR QUE LATINOAMERICA ABRAZA A LAS MALVINAS

Por Diego M. Vidal.

El bloque Unasur enfrenta otros casos de colonialismo y militarización.
      
La rápida y extendida respuesta de apoyo que la mayoría de los países latinoamericanos brindó a la Argentina en su reclamo por la soberanía sobre las islas Malvinas encuentra explicación en tan disímiles razones como realidades tiene este conglomerado regional.
Que Hugo Chávez se oponga de manera vehemente ante la posición de soberbio colonialismo de Gran Bretaña no asombra si se toma como una señal de advertencia también a las actividades injerencistas desde las bases militares estadounidenses de Reina Beatriz y Hato, en las caribeñas islas de Aruba y Curazao (colonias del reino de los Países Bajos), desde donde salen aviones espías y, se sospecha, el submarino nuclear avistado en las costas venezolanas en noviembre pasado. Movimientos abiertos que se suman a otras presiones más embozadas de la Casa Blanca y aliados.
Cuba, después de Malvinas, es el enclave colonial más notorio y con presencia de tropas extranjeras en territorio ajeno que se mantiene desde 1902, cuando, bajo la doctrina Monroe, Estados Unidos la tomó como prenda de pago por apoyar a la isla contra la corona española. Convertida luego en pieza clave de la Guerra Fría y ahora en centro de detención de supuestos terroristas, con gravísimas denuncias de violación de los derechos humanos de éstos.
México, por encontrarse sumido en una sanguinaria lucha contra el narcotráfico, a la que fue empujada por los acuerdos con EE. UU. en el marco del Plan Mérida, además de estar sujeto a un tratado de libre comercio con sus vecinos del norte, ha mantenido en silencio su opinión respecto al diferendo argentino-británico en el Atlántico Sur. Colombia, sin embargo, podría decirse que coincide en una situación similar en cuanto a pactos económicos y apoyo militar contrainsurgente (Plan Colombia), pero la postura de Juan Manuel Santos se acerca más a cierta devolución de gentilezas por la intervención oportuna del gobierno de Cristina Fernández, en la figura de Néstor Kirchner, cuando con Chávez estuvieron a un tris de entrar en una disputa bélica de indescifrables consecuencias para toda América Latina. Además, la pertenencia a la Unión de Naciones Sudamericanas e integrar por ello su Consejo de Defensa pondrían al gobierno colombiano en una situación incómoda ante sus pares regionales.
Tal vez las adhesiones de Guatemala u Honduras (con la base norteamericana Soto Cano) se diluyan en un eventual debate dentro de las Naciones Unidas o si el enfrentamiento por Malvinas se profundizara. Los compromisos de estos Estados con EE. UU. son más sólidos y llevan muchos años de profundización en su dependencia, por lo que los coloca en una condición más proclives a retirarse si la administración Obama se lo indica.
El caso de Brasil es el más firme en cuanto a respaldo y nada desdeñable si se recuerdan los años en que Buenos Aires era una hipótesis de conflicto. Luego del ascenso de Lula da Silva el objetivo es la protección del corazón de las reservas biológicas mundiales que es el Amazonas ante el despliegue del Comando Sur en el Sistema Andino. Por eso, el aumento en el presupuesto de sus fuerzas armadas y también, ya en 2003, el congelamiento del proyecto de la base de Alcántara en el Estado nordeste de Maranhão, casi una puerta de entrada al pulmón del mundo, donde el Pentágono trató de establecerse como cabeza de playa en tierras brasileñas.
El caso de Chile es quizás el más paradigmático, si se toman en cuenta los antecedentes durante la Guerra de Malvinas y la colaboración gustosa del dictador Pinochet con el ejército británico. Sebastián Piñera dio la orden de sostener el planteo argentino, con la aclaración de que la excelente relación con el Reino Unido no sería afectada. Esta vez primaron los intereses comerciales de la aerolínea transandina LAN (de la que Piñera ya no sería dueño) por sobre las convicciones geopolíticas y bastante lejos de cualquier compromiso de integración. Después de todo, los que hoy gobiernan en La Moneda, más canos y con menos pelos, supieron ser parte de aquella dictadura.
 
Fuente: Miradas al Sur

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