miércoles, 17 de marzo de 2010

LOS ADICTOS AL PACO NO RECIBEN TRATAMIENTO


A la escasez de presupuesto para mantenerlos en funcionamiento se suma la falta de profesionales especializados en recuperación y un paro activo de los trabajadores de los CPA. Tarjetas telefónicas a los pacientes y meriendas.


Los casi 180 Centros Provinciales de Adicciones (CPA) de la provincia de Buenos Aires están al borde del colapso. A la escasez de presupuesto para mantenerlos en funcionamiento se suman la falta de profesionales especializados en recuperación de adictos y un paro activo de los trabajadores de los centros que lleva casi dos meses. La Subsecretaría de Atención a las Adicciones atribuye la problemática a la “transición” por el reciente cambio de autoridades en esa área.

En el territorio bonaerense los 180 servicios cubren casi la totalidad de los distritos, compuestos por 134 municipios y divididos en doce regiones sanitarias. Hasta esas salas llegan más de 12.000 personas por mes en busca de asistencia. Sin embargo, las graves denuncias de las personas que allí trabajan revelan una crisis profunda.

Los reclamos de los empleados coinciden en varios de los CPA del conurbano. Claudia Saavedra, delegada del gremio de estatales ATE, anticipó: “Siempre han sido la última prioridad para el Estado; esto viene de arrastre por falta de financiamiento desde hace tres años”.

INCOMUNICADOS. En la larga lista de falencias figuran la falta de servicios básicos tales como el teléfono. Hay CPA que no pueden atender los llamados de personas con problemas de adicción que quieren pedir auxilio médico. Sobre algunos centros pesan pedidos de desalojo porque el gobierno provincial no cumplió con el pago de los alquileres de los locales y predios.

Los problemas edilicios también están a la orden de día. Los trabajadores aseguraron que hay instalaciones de luz, gas y agua que necesitan ser reparadas. Explicaron que, en muchas ocasiones, les pagan tarjetas de teléfono a los pacientes ambulatorios con “su propio dinero” para no perder el contacto y seguir el tratamiento. También suelen costear los desayunos o almuerzos de los pacientes, muchos de ellos en situación de calle.

En el caso de las internaciones, expresaron tener obstáculos para conseguir camas porque la Provincia no cumple con los pagos a los hospitales que aceptan a los pacientes derivados por los CPA.

LA PROVINCIA ADMITE ERRORES. Desde la Subsecretaría de Adicciones admitieron que “en algunos establecimientos se originaron problemas por falta de insumos y de herramientas” y justificaron la situación en un desplazamiento de la anterior jefa del área, María Graciela García.

“Estamos en etapa de transición”, dijeron fuentes oficiales. El nuevo responsable a cargo es el ex jefe de Gabinete del Ministerio de Salud, Javier Goñi. El viernes pasado, Goñi visitó el centro de atención Pueblo de la Paz, de Lomas de Zamora, y dio su versión. “Había escasez de insumos, de elementos, pero el gran problema era la falta de comunicación”, sostuvo.

La semana pasada los profesionales se declararon en estado de asamblea permanente y resolvieron levantar las medidas de fuerza para escuchar propuestas. “Estamos atendiendo con los mecanismos de emergencia y de derivación, hasta que se reestablezca la situación”, afirmó el funcionario, al reconocer la problemática.

Los empleados en conflicto también reclaman que se reconozca su labor como trabajo de riesgo ya que deben lidiar con adictos y sus entornos en barrios marginales. Además, denuncian que el servicio de asistencia médica no cubre a los empleados ni a las personas que frecuentan las instalaciones del CPA, como familiares y amigos de los pacientes.

FALTA PERSONAL. Otro de los pedidos apunta a la falta de personal especializado para atender la gran demanda de enfermos. En el centro Matanza-González Catán, reportan cinco psicólogos y un psiquiatra junto a dos secretarias y una persona que realiza tareas de maestranza. La mayoría presta servicio desde hace diez años. “No damos abasto”, adviertieron.

En el centro de Avellaneda también adhirieron al paro durante casi dos meses. Allí denuncian que el personal que renunció a sus tareas no fue reemplazado y que eso produce una sobrecarga de trabajo para los que siguen luchando en la recuperación de drogadictos.

El CPA de Lomas de Zamora tiene a su cargo todo el cordón de villas de emergencia cercanas. Según relataron, hace cuatro días ingresó un joven que recibió como diagnóstico una inminente internación. Sin embargo, no se le pudo dar respuesta. “Por los inconvenientes que existen con los sanatorios se les sugirió a los especialistas incluirlo en la lista de espera”, expresó uno de los empleados administrativos. La espera es de, al menos, 30 días.

Pero para Saavedra los CPA están lejos de salir de la escenario de riesgo. “Éste es un problema de salud, es una patología que tiene incidencia en lo social, pero tiene que ser visto como una patología. Nosotros no queremos que nuestro trabajo se encuadre dentro de la lucha contra el narcotráfico, el adicto necesita ayuda sanitaria ya”, concluyó.

OPINIÓN

La amenaza, la muerte y la vida por los demás
Juan Carr (Titular de la Red Solidaria)

No es frecuente encontrarse con alguien que, guiado por sus ideales, se entrega tanto a los otros que arriesga su propia vida. La arriesga a cada hora, a cada minuto. Allí mismo, donde vive, puede encontrar la muerte. Donde brinda su servicio a la comunidad, pueden asesinarlo.

Por otra parte, en aquellos que entregaron la vida a los demás se refleja una convicción muy profunda, una decisión muy reflexionada que fue tomada en meses y años de oración: la decisión de entregar la vida no se genera como una emoción pasajera, fruto de un encuentro circunstancial con un pobre. No es una respuesta sensible que responde a un orador convincente que nos hace lagrimear en una conferencia sobre la pobreza y la marginación. Para arriesgar la vida tantas veces hay que guardar en la mochila del alma muchas horas, noches de meditación. Muchos otros momentos en los que se maceró la decisión de vivir y morir para los demás con las ganas de transformar su realidad dolorosa.

Aquellos que viven para mejorar la sociedad en la que vivimos explican que esta inquietud social no aparece súbitamente en un par de actividades solidarias o en un día de voluntariado dentro de un apretado calendario anual, sino que surge y crece en la continuidad del trabajo, día a día, conflicto tras conflicto. En victorias y en derrotas varias.

Me enorgulleció compartir un homenaje en solidaridad al padre Pepe, en un lugar que los herederos de Carlos Mugica, inflamados de su espíritu, se acercan a los más desprotegidos, a los más abandonados. Ellos se acercan a los invisibles de nuestra vida cotidiana para abrazarlos, para acompañarlos y para dignificarlos. En este encuentro me emocionaron el equilibrio y la profundidad del discurso de Pepe, donde sin resentimientos agradece todo el tiempo a todos los sectores de la comunidad argentina.

Una Argentina fragmentada que él une: menciona al gobierno nacional, al gobierno de la ciudad, a las empresas, a los periodistas, a su Iglesia, a los judíos, a los musulmanes, a los evangélicos, a las otras iglesias. El hecho de estar cerca del dolor podría permitirle enojarse, criticar y acusar. Sin embargo, el que entrega la vida en serio por sus ideales a veces no tiene ni tiempo para las largas y discusiones ya que los pobres lo miran, esperan de él, están ansiosos de comida, de abrigo y de educación. Esas miradas, aunque no las ve, las siente, las percibe. El que está cerca del que sufre piensa, entonces, vamos a construir, vamos a edificar, vamos dignificar. No hay tiempo, nos están esperando.

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