viernes, 25 de diciembre de 2009

"EL HUMOR ES JUGAR A OTRO JUEGO QUE TE DIVIERTE MÁS"


Entrevista en serio al actor multipremiado, próximo al lanzamiento de la nueva temporada de Peter Capusotto y sus videos. Habló sobre sus programas, el kirchnerismo, De Narvaéz y el panorama de la actualidad argentina.


Por Felipe Deslarmes y Diego Vidalcultura


El lugar elegido para la entrevista: uno de los bares que sobreviven en Barracas. Capusotto llega antes y espera a los cronistas de Miradas al Sur mientras lee Sueños Compartidos, la nueva revista que lanzó esta semana la Fundación Madres de Plaza de Mayo, y que lo tiene a él en tapa.Este actor, que después de haber trabajado de cadete en una fábrica de corpiños, de haber vendido repuestos de automóviles y de pasar por una miniimprenta de su padre, a los 25 se puso a estudiar teatro y fue parte de los programas que revolucionaron la forma de ver el humor en Argentina: De la cabeza, Cha Cha Chá, Todo por $2 y Peter Capusotto y sus Videos, además de haber participado en proyectos artísticos jugados como Sol Negro. Y desde hace unos meses y hasta fines de agosto, conduce el programa radial Lucy en el cielo con Capusottos (sábados y domingos a las 20 por FM Rock&Pop).


–¿Vuelve Peter Capusotto y sus videos?–

Vuelve el 31 de agosto. En esta nueva temporada metimos más personajes y sacamos algunos que ya cumplieron su ciclo.


–¿Como cuáles?-

Beto Quantró, Kennedy, no sé si algo como Crema va a seguir estando o si ya fue... Algunos todavía los estamos viendo.


–¿Qué hay de los nuevos?–

Mucho no me gusta hablar de los nuevos porque queremos que el espectador se siente a verlos y se sorprenda con algo que no conoce. Igual les adelanto uno: un grupo de rock que canta canciones contra Maradona.


–¿Por qué hay secciones o personajes que se comen tus programas?–

Con ¿Hasta cuándo? pasa que está anclado en una cuestión que nos atraviesa permanentemente. Es una especie de radiografía de las voces que permanentemente estamos escuchando, como si fuese realmente lo que está pasando. Si tenés miedo te defendés con lo peor. La paranoia te lleva un poco a esto. Una cuestión que también conviene al Poder, porque cuanto más caos parezca, más pueden accionar ellos. Además, en ¿Hasta cuándo? no sólo hay una especie de crítica a la exacerbación de la crisis, a la construcción ficcional de la realidad agregándole más mierda de la que hay, sino que también aborda el cómo influyen los medios para que la gente tenga un discurso que no le es propio. Por eso cualquiera le dice montonero a cualquiera. Por eso “montonero Macri, montonero Cobos”, porque montonero pasó a ser una palabra estigmatizada que obviamente está en relación con el Gobierno. Esa cosa pueril de la derecha infantil, que a su vez también acusa a la izquierda de ser pueril. Esa idea de que nosotros nos vamos a convertir en Venezuela a mí me hace reír mucho... En la medida en que lo que nosotros hacemos circule y haga reflexionar, sirve.


–¿Te parece que desde los grandes medios se promueve esto de no pensar?–

Sí, seguramente. Hay como un repiqueteo, como un martillo que golpetea desde la mañana. Pero eso forma parte también de una posición política que lo reflejó claramente (Eduardo) Buzzi, cuando dijo que “estamos en una política de desgaste”. Lo que pasa es que todo el mundo se olvidó de eso, porque obviamente los medios que más se ven no han recalcado mucho lo que dijo Buzzi, y seguramente al otro día le dijeron “callate la boca”.


–Biolcati dijo algo peor… –

Lo que pasa es que Biolcati ya es obsceno. En esta realidad, él es una persona que puede aparecer y tener la obscenidad de decir “bueno... ahora aparecemos y hacemos política”, como si nunca la hubiesen hecho. “Ya no somos más mansitos”, eso también repercute en la sociedad y muchos dirán “claro, se levantó la Sociedad Rural, ¡muy bien!”, como si la Sociedad Rural hubiera sido algo indefenso tratando de hacer posible algo social. Lo de Biolcati con Grondona, como dos bataclanas del Jockey Club hablando... Es la personificación de lo que en humor serían dos conchetos diciendo “vos viste cómo son los negros...”. ¡Es lo mismo! O Llambías diciendo que reivindicaba a Martínez de Hoz...


–¿Cómo viviste el resultado de las elecciones?–

Que la derecha gane en Capital no me sorprende, aunque de todas maneras perdió 14 puntos. Y creo que Solanas hace una gran elección pero muchos de los votos de Solanas son volátiles, no son todos de gente progre o de la izquierda peronista que dijeron “¡Ahora, Solanas!”. Después aparecen las construcciones publicitarias, las que te venden un candidato como a un electrodoméstico, como De Narváez. Habrá que ver cómo hará el PJ para pararlo a Cobos porque ahora que volvió al radicalismo, la Unión Cívica Radical volvió con más fuerza... (se ríe de su sarcasmo). Le abrió las puertas al ex traidor Cobos. Una mezcla de culebrón con programa de Polka.


–¿Qué pensás de Macri, De Narváez y la derecha?–

No sé si Macri y De Narváez son de derecha, tampoco soy tan ingenuo. Un cuadro de derecha es un cuadro de derecha, y podés estar de acuerdo o no. Estos son empresarios que están detrás del negocio, son casi como “buscas”. Pueden escuchar rocanrol y ser vigilantes, porque el roncanrol hoy también está en Disney. Tampoco creo en esa imagen demoníaca de la derecha o que son una especie de Tradición, Familia y Propiedad, será en parte, digamos... Convengamos que también está de moda hacer como que uno es abierto ¿no? Y puede que Macri vea el programa y se cague de risa con Juan Carlos Pelotudo y construye con sus vínculos con la dictadura, o te pone una Policía Metropolitana con Fino Palacios... ¡Es un vigilante!


–¿Y por qué los votan?–

Y es que aparecen estas voces supuestamente referentes de una sociedad que está sentada comiendo un churrasco y se acuerda de que tiene que votar cuando faltan cuatro meses para votar y piensa “a ver... sí, sí, ya sé que son todos uno soretes, pero yo me quedo con éste”. O el otro que está en todo, escuchó que “la soberbia del kirchnerismo, la soberbia del kirchnerismo...” y lo repite. Aunque en la primera época del kirchnerismo tenía la misma soberbia pero como había reactivación económica no le importaba. Independientemente de los errores en la construcción, hay sectores, que ya conocemos, que están agazapados, que nos quieren hacer creer que en realidad todo esto es producto de la irascibilidad de los Kirchner y ahora salen diciendo “ya no somos más vaquitas mansas...”. Dentro de esto también está la izquierda, que para no dejarle la calle a la derecha, se metió si no adentro a un costadito de la carroza de Biolcati... ¿Por qué no se van a la concha de su madre? ¿Qué querés que te diga? Tengo una pertenencia que viene del peronismo. No soy del kirchnerismo más acérrimo, pero con este gobierno es con el que tengo más puntos de encuentro. Y desde ya, imaginate, si soy crítico con el peronismo, ¿no voy a serlo con Kirchner?


–Alguna vez dijiste que te emociona lo de las patas en la fuente del ’45...–

Sí, claro, me emociona pero sobre todo por lo que significa para los bienpensantes. Es un símbolo, como un ícono. No sólo como hecho político sino como manera de conducirse en la vida: son las patas en la fuente. La gente, los más humildes, los que proyectan la esperanza porque la necesitan, estaban reunidos por Perón y un tipo que tenía calor metió las patas en la fuente y no le importó la elegancia humana. El tipo se cagó en las convenciones y por otro lado tiene calor. “No existen los hechos, existen las interpretaciones”, no lo dije yo, lo dijo Nieztche que no era peronista.


–¿Qué opinás del autodenominado Peronismo Disidente?–

Peronismo disidente suena hasta de izquierda... y después terminan diciendo estamos en disidencia con el PJ. Y hasta De Narváez termina diciendo “Soy peronista disidente”. ¿Y dónde va a estar De Narváez? ¿En un partido que se llame “PRO-Eficacia Empresarial?”. ¡¡No lo vota nadie!! Entonces ahí entra todo. Y si después querés hacer algo interesante aparecen los que dicen “Acá necesitamos verdaderos peronistas”... y te lo dice uno que está enroscado con el peronismo... No hay una construcción paralela. El radicalismo, otra construcción centenaria, de alguna manera tuvo que mover muchas piezas para tener en Cobos una proyección electoral... porque si no estaba pum para abajo. Entonces queda como cosa única el peronismo... y claro, mirás al costado y no hay nada. Al costado hay un balneario con dos o tres sombrillas y sin mar.


Dejamos la política. ¿Qué es el humor para vos?–

Es una toma de posición. El humor es transformador, es la desmitificación de lo que consideramos sagrado y está relacionado con lo cotidiano, a ciertas ideas que tenemos formadas. Tiene mucho de no tomarse la vida en serio y tiene mucho también de jugarse a un mundo más interesante. Se construye a través del humor. El humor es jugar a otro mundo que nos divierte más.


–¿Cuánto de vos se juega en los personajes, en qué te reconocés?–

Se ve en Peter Capusotto, el presentador. Ese soy yo. Es lo más cercano a mí. Hago como si fuera un Peter Capusotto, pero en realidad soy yo. Dice cosas que yo diría tranquilamente en un bar. Y esas cosas, que son escritas por Pedro (Saborido), salen de mi boca también porque tenemos una empatía ideológica con él, lo que piensa Pedro también lo pensaría yo. Después vienen los personajes, esa cosa que digo que se desprende de uno, y que “se disfraza de”, o “hace de” y son como necesidades que uno tiene también... esto de convertirse en otra cosa. Qué sé yo, cuando veo Juan Carlos Pelotudo no digo “es un personaje, no soy yo”. Soy yo jugando. A veces, cuando uno ve a un actor que está haciendo de algo que no es, lo notás cuando sólo ves el personaje, y no al tipo que lo hace. En este caso, no es Capusotto haciendo de Juan Carlos Pelotudo, sino que es Juan Carlos Pelotudo que tiene una identidad propia y se erige como personaje, separado de mí. Es una criatura que está dentro de mí.


–¿Qué los mantiene en el canal público?–

El programa empezó en cable y fue el canal público el que lo catapultó, y está ahí un poco porque habíamos hecho Todo por 2 pesos y porque conocen a Saborido y porque es un canal que no compite comercialmente. Para nosotros, la discusión no está en si vamos a ganar más plata, más prestigio y más éxito en otro canal. Porque lo más probable sería que ganáramos más plata, sobre el prestigio no lo sé y lo del éxito tampoco. Acá, las decisiones nos corresponden a nosotros, al equipo que hace el programa. El canal no interviene, no opina, no se sienta con vos, ni te dice nada. Algo que no es tan fácil que ocurra en televisión. Es una cuestión de fidelidad, de entereza, que es algo que yo trato de infundir en la vida. Decidimos hacer sólo ocho programas para no agotarnos. Cuando se excede de 15 programas se empieza a trabajar con “la fórmula” y te empezás a agotar.


–¿Aun sabiendo que el programa tiene sus adeptos?–

Sí, y que de alguna manera lo esperan, lo extrañan, lo comparten y lo festejan. Pero no es eso de “extrañame porque soy Mick Jagger”. Es más un “extrañame” macanudo. Salvando las distancias, es como que le digas a Spinetta que tiene que cantar en cada uno de sus recitales Muchacha (ojos de papel); cuando ese tema fue parte de una construcción en un momento, y que si la quiere cantar la canta y si no, no... porque eso va a ser reemplazado por otra maravillosa canción que no va a hacer olvidar a Muchacha porque es la esencia de un artista que se erige como tal y al que todo el tiempo le vienen sonidos a la cabeza... porque si no no es músico. Entonces, ¿cuál va a ser el sonido que le venga a la cabeza? ¿Muchacha, para estar en complicidad con la gente? No. Y con el programa a veces pasa lo mismo.


–¿Qué te pasa cuando ves Gran Cuñado?–

No lo veo, no me gusta. No es un programa de humor. Esa cosa de mezclar el humor con la realidad de noticiero, para mí es más caricaturesco. Se supone que el humor destroza toda convención social previa a las elecciones. Venga de donde venga. Porque sabe que ahí está la mentira, la estafa. La televisión toda es así; no hay ideología. Lo que sí hay es eficacia, hay negocio. ¿Quién se puede creer que vayan a votar por De Narváez, al ver Gran Cuñado? El que vote a De Narváez por eso, es un idiota.


–Yo tengo otra pregunta (dice el fotógrafo)...(Muy serio) –No, a vos no (y se empieza a reír contagiosamente). Dale, me imagino... ¿Sos puto? Así, la primera pregunta... Son esas preguntas que, en realidad son afirmaciones. ¡Sos Puto! No es pregunta, es todo afirmación. Y la segunda: ¡Vos sos pelotudo! Y la tercera: ¡Vos sos hipócrita! (todos explotamos de la risa). ¡¡Qué linda la entrevista!! Claro, es el periodista que afirma. Está bueno eso como personaje. Me gustó.


–¿Aparecen así los personajes?–

Sí; tengo un cuaderno así (hace con las manos imagen de un pilón que llega desde la mesa del bar hasta la barbilla). Entonces mañana tal vez me ves haciendo de un periodista… ponele Juan Carlos Pito, no sé... “El periodista que afirma”... y vas a saber que nació en esta entrevista.

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