lunes, 12 de agosto de 2013

LA ARQUITECTURA DE LA CENSURA

Anticipo del libro Criptopunks, de Julian Assange. El nuevo título del creador de WikiLeaks recopila un extenso diálogo con tres activistas de esta nueva militancia cibernética: Jacob Appelbaum, Andy Müller-Maguhn y Jérémie Zimmermann. El tema de la restricción en la circulación de información en internet resulta especialmente revelador para entender qué pasa y por qué.


JULIAN: –En Occidente, cuando hablamos de China y de su gran Firewall, lo hacemos en términos de censura: qué se está impidiendo que los ciudadanos lean, qué dicen sobre el gobierno chino en Occidente, qué dicen los chinos disidentes, qué dice la disciplina Falún Gong, qué dice la BBC y, para ser justos, qué dice la verdadera propaganda sobre China. Pero a los chinos con lo que he hablado no parece inquietarles la censura. Su preocupación radica en que para que exista censura en internet también debe haber vigilancia. Para poder verificar lo que una persona está viendo en internet, para determinar si está permitido o no –en tanto Estado de control– debes estar viéndolo, y por lo tanto si lo estás viendo puedes registrarlo todo. Y esto ha tenido un tremendo efecto intimidatorio sobre la población china –no por sufrir la censura sino porque todo lo que leen está siendo vigilado y registrado–. De hecho, eso nos ocurre a todos. Esto es algo que cambia a las personas una vez que toman conciencia de ello. Cambia sus conductas y se vuelven menos perseverantes en sus reclamos ante las autoridades.
JACOB: –Pero esa es la respuesta errónea a ese tipo de presión. El hostigamiento que sufro en las fronteras, por ejemplo, no me ocurre solamente a mí, ya que todo estadounidense de origen árabe, desde el 11 de septiembre y antes, ha tenido que enfrentarse a esto. Y yo me resisto a desperdiciar el privilegio de tener piel blanca y pasaporte estadounidense, y no guardo silencio al respecto porque las cosas que están haciendo están mal, y están abusando del poder que tienen. Debemos hacerle frente a este tipo de violaciones. Hay personas valientes en China que se están levantando ante esto, como Isaac Mao por ejemplo, quien viene trabajando muy decididamente contra este tipo de censura, porque la respuesta correcta es simplemente no ceder ante este tipo de presiones sólo porque el gobierno afirma tener la capacidad de hacerlo.

JÉRÉMIE: –Pero nuevamente estamos hablando de política porque lo que decís es que, básicamente, la gente debe luchar por sus derechos, pero las personas deben comprender por qué hacerlo y poder comunicarse entre sí para hacerlo. Tuve la oportunidad de conversar con algunas personas en China –y no sé si tenían algún cargo en el Estado o si fueron seleccionados para hablar conmigo– pero al hablar con ellos sobre la censura en internet a menudo recibí como respuesta: “Bueno, es por el bien del pueblo. Existe la censura, sí, porque si no existiera entonces habría conductas extremistas, habría cosas que a todos nos disgustarían, entonces el gobierno está tomando estas medidas para asegurarse de que todo vaya bien”.
JACOB: –Es crucial recordar que cuando las personas hablan de censura en Asia prefieren hacerlo en términos del “otro”, como si sólo afectara a la gente en la República de Masallá. Es muy importante saber que cuando efectúas una búsqueda en Google en Estados Unidos, dice que hay resultados de búsqueda omitidos debido a requerimientos legales. Hay una diferencia entre los dos tipos de censura –tanto en cómo son implementados y, por supuesto, la realidad social del cómo, el porqué e incluso el dónde– pero una gran parte de eso es en realidad la arquitectura. Por ejemplo, la red estadounidense está muy descentralizada, por lo que resulta muy difícil ejercer la censura al estilo chino.

JULIAN: –Bueno, una gran parte de la censura tiene que ver con Google y se puede condenar esa acción de Google. Hay miles de páginas que mencionan a WikiLeaks que están censuradas por Google.
JACOB: –Sí, sin duda. Y en realidad como el índice mismo es libre, es posible realizar un análisis diferencial.
JULIAN: –Sí, en teoría.
JACOB:–En teoría. Y en la práctica hay algunas personas que están trabajando en ese tipo de detección de la censura observando las distintas perspectivas en el mundo. Creo que es importante recordar que la censura y la vigilancia no son problemas de “otros lugares” –a la gente en Occidente le encanta hablar de cómo “los iraníes, los chinos y los norcoreanos necesitan el anonimato y la libertad, pero nosotros no los necesitamos aquí”–. Y por “aquí” usualmente se refieren a “Estados Unidos”. Pero en realidad, no sólo se da en regímenes opresivos, porque si resulta que estás en los más altos estamentos de cualquier régimen, vos no serás la víctima de la opresión. No obstante consideramos al Reino Unido como un lugar maravilloso; la gente piensa por lo general que Suecia es un gran lugar y, sin embargo, podés ver que cuando pierdes el apoyo de quienes están en el poder terminás quedando en una posición desfavorable. Pero Julián todavía está con vida, ¿no? Entonces eso claramente significa que se trata de un país libre.

JULIAN: –Yo trabajé duro para sostener mi posición actual. Pero tal vez deberíamos hablar de la censura en internet en Occidente. Es muy interesante. Si nos retrotraemos a 1953 y observamos la gran enciclopedia soviética, que se distribuía por todos lados, esa enciclopedia a veces incluía enmiendas cuando se renovaban los cargos políticos en la Unión Soviética. En 1953, Beria, el jefe de la NKVD, la policía secreta soviética, murió y perdió el prestigio del que gozaba y la sección de la enciclopedia que lo describía elogiosamente fue eliminada y se distribuyó una enmienda que debía ser pegada en todas las enciclopedias. Fue algo extremadamente obvio. Traigo este ejemplo a colación porque fue tan obvio y tan notorio que mismo el intento pasó a formar parte de la historia. Mientras que en el Reino Unido tenemos The Guardian y los otros grandes periódicos que eliminan material de sus archivos de internet en secreto y sin constancia alguna. Si uno va a las páginas de esos diarios e intenta encontrar esas notas, por ejemplo artículos sobre el caso del fraude del billonario Nadhmi Auchi, uno encuentra, “Página no encontrada”, material que también ha sido suprimido de los índices. Permítanme contarles sobre mi participación en la historia de Nadhmi Auchi. En 1990, Irak invadió Kuwait y eso dio lugar a la primera guerra del Golfo. El Gobierno kuwaití en el exilio, y también a su regreso, estaba necesitado de dinero, por lo que empezó a liquidar varios de sus activos incluyendo varias refinerías petroleras que tenía fuera de Kuwait. Nadhmi Auchi, un empresario iraquí que había emigrado al Reino Unido a comienzos de los ochenta y quien tenía un rol importante en el régimen de Saddam Hussein, negoció dicho acuerdo y fue subsiguientemente acusado de estar involucrado en el desvío de 118 millones de dólares en comisiones ilegales. Fue la mayor investigación de corrupción en la historia europea de posguerra. Auchi fue condenado por fraude en 2003, lo que pasó a conocerse como el escándalo de Elf Aquitaine. Sin embargo, hoy en día, él tiene más de 200 compañías a nombre de su conglomerado de empresas en Luxemburgo, y otras a través de Panamá. Él participa de contratos con compañías de telefonía celular en el Irak de posguerra y en muchos otros emprendimientos alrededor del mundo. Tony Rezko, un recaudador de fondos para la campaña de Barack Obama a senador, era un viejo amigo de Auchi, quien había sido su financista. Asimismo, Auchi y Rezko se involucraron con el ex gobernador de Illinois, Rod Blagojevich. Tanto Rezko como Blagojevich fueron condenados por corrupción, Rezko en 2008 y Blagojevich en 2010-2011 (después de que el FBI grabara una llamada telefónica en la que trataba de vender la antigua banca de Obama en el Senado). En 2007-2008, cuando Obama se postulaba como candidato a presidente del Partido Demócrata, la prensa estadounidense empezó a investigar las conexiones de Obama. Investigaron a Rezko y divulgaron algunos nexos sobre la compra de la casa de Barack Obama. En 2008, poco antes de su juicio, Rezko recibió una transferencia de Auchi por 3,5 millones de dólares sobre la que no informó a la Corte, a pesar de que se le había requerido que lo hiciera –hecho por el cual fue enviado a prisión–. Entonces, la atención de la prensa estadounidense recayó sobre Auchi quien, en ese momento, instruyó a sus abogados británicos de Carter-Ruck para que libraran una agresiva campaña contra gran parte de los reportajes sobre el escándalo de Elf Aquitaine de 2003 y su condena en Francia. Esto tuvo mucho éxito. Auchi puso a la prensa británica en la mira, e incluso a algunos blogs estadounidenses, y logró la eliminación de cerca de doce artículos sobre los que tenemos conocimiento. La mayoría de estos, incluyendo algunos de los archivos de periódicos británicos, simplemente desaparecieron. Fue como si nunca hubiesen existido. No hubo un aviso del estilo: “La nota ha sido eliminada a raíz de una solicitud del Poder Judicial”. También desaparecieron de los índices. WikiLeaks investigó y los republicó.

JACOB: –Están borrando la historia.
JULIAN: –No sólo se modifica la historia, sino que deja de haber existido. Es el dicho de Orwell: “Quien controla el pasado, controla el futuro y quien controla el presente, controla el pasado”. Es la indetectable tachadura de la historia al estilo occidental, y ésta es la censura pospublicación. La autocensura previa a la publicación es mucho más extrema pero a menudo es difícil de detectar. Hemos visto eso con el Cablegate ya que WikiLeaks trabaja con diferentes socios mediáticos en todo el mundo, de modo que podemos ver cuáles censuran nuestro material. Por ejemplo, el The New York Times redactó un cable que decía que se habían distribuido millones de dólares para influir de forma encubierta a libios con conexiones con el gobierno de Gadaffi por medio de compañías petroleras que operaban en Libia. El cable ni siquiera mencionaba una compañía petrolera en particular –el The New York Times simplemente redactó la frase “compañías de servicios petroleros”–. El caso más flagrante probablemente haya sido el uso de The New York Times de un cable de sesenta y dos páginas sobre el programa misilístico de Corea del Norte, y sobre si le había vendido misiles a Irán, del cual el matutino neoyorquino usó dos párrafos para sostener, en un artículo, que Irán tenía misiles que podían atacar Europa, mientras que en el resto del cable se sostenía exactamente lo opuesto. The Guardian redactó un cable sobre Yulia Tymoshenko, la ex primera ministro de Ucrania, que decía que ella podría estar ocultando su riqueza en Londres. El periódico censuró las acusaciones de corrupción en la elite kazaja en general –no se nombraba siquiera a una persona– y la acusación de corrupción contra ENI, la compañía de energía italiana que operaba en Kazajistán, y British Gas. The Guardian censuraba las instancias en las que una persona rica era acusada de algo en un cable, a menos que The Guardian tuviera intereses institucionales contra esa persona adinerada. Entonces, por ejemplo, en un cable sobre el crimen organizado en Bulgaria aparecía un ruso y The Guardian hizo como que todo tenía que ver con él, pero él sólo era una persona en una larga lista de organizaciones e individuos vinculados al crimen organizado en Bulgaria. Der Spiegel censuró un párrafo sobre lo que Merkel estaba haciendo –no preocupados por los derechos humanos– sino por cuestiones solamente políticas sobre Merkel. Hay muchos ejemplos por el estilo.

ANDY: –Lo que nosotros entendemos por libertad de información y por libre flujo de información es un concepto nuevo y muy radical en algún sentido si observas el planeta Tierra. Diría que no hay mucha diferencia entre Europa y los otros países. Bueno, hay países con un marco democrático, lo que significa que puedes leer, comprender y tal vez incluso resistirte legalmente a la infraestructura de censura, lo que no significa que no exista, mientras que te resultará muy difícil hacer eso mismo en Arabia Saudita o China.
JULIAN:–Mi experiencia en Occidente es que es tanto más sofisticado debido al número de capas de indirección y oscurecimiento de lo que está realmente ocurriendo. Estas capas existen para quitar posibilidades de contrarrestar la censura vigente. Se puede pensar en la censura como una pirámide. Sólo la punta de esta pirámide asoma por sobre la arena, y esto es intencional. La punta es la parte pública –demandas judiciales, asesinatos de periodistas, cámaras decomisadas por militares, etcétera– la censura declarada públicamente. Pero ése es el menor de los componentes. Bajo la punta, la próxima capa consta de todas esas personas que no quieren estar en la punta, quienes incurren en la autocensura para no terminar allí. Luego, la capa siguiente constituye todas las formas de incentivos económicos o mecenazgos entregados a personas para que escriban sobre una cosa u otra. La capa que sigue hacia abajo es la economía en crudo –lo que resulta económico escribir, aunque no se incluyan los factores económicos de los estamentos superiores de la pirámide–. La capa siguiente es el prejuicio de los lectores que sólo tienen un determinado nivel de educación, quienes por ende son fáciles de manipular con información falsa y a quienes no les puedes decir que algo sofisticado sea cierto. La última capa es la distribución –por ejemplo, algunas personas simplemente no tienen acceso a la información en un determinado idioma–. Así que esa es la pirámide de la censura. Lo que The Guardian está haciendo con las redacciones del Cablegate calificaría como la segunda capa. Ahora, tal censura es fácil de negar porque es realizada de forma encubierta, o porque no hay instrucción de censurar una afirmación determinada. Rara vez se les indica a los periodistas: “No escriban nada sobre determinado tema” o “no consignen determinado hecho”. En cambio, ellos comprenden que eso es lo que se espera que hagan porque conocen los intereses de aquellos a quienes se quieren acercar o a quienes quieren complacer. Si te comportas bien serás recompensado y recibirás una palmada en la espalda, y si no te comportas bien, no. Es así de simple. A menudo me gusta dar este ejemplo: la evidente censura que ocurrió en la Unión Soviética, la censura sobre la que se hizo tanta propaganda en Occidente –matones que se llevan periodistas de sus casas en medio de la noche– sólo ha sido atrasada doce horas. Ahora esperamos que sea de día para quitarles las casas a los periodistas. Cuando éstos pierden el patrocinio y no pueden honrar sus deudas se los saca de sus casas mediante la confiscación de sus propiedades. Las sociedades occidentales se especializan en el lavado de la censura y en facilitar los asuntos de los poderosos de modo tal que si trasciende algún resto de discurso público este no afecte las verdaderas relaciones de poder de una sociedad altamente controlada, porque esas relaciones están ocultas bajo capas de complejidad y hermetismo.

Fuente: Miradas al Sur

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