domingo, 4 de agosto de 2013

"LAS MALVINAS SON UN BASTIÓN QUE ESTA DENTRO DE NOSOTROS"

Victor Heredia se prepara para presentar su nuevo disco. Analiza la política del país y las figuras de Hugo Chávez y Néstor Kirchner. Su relación con Estela de Carlotto.

POR BRUNO LAZZARO

La casa es grande. De esas que, sólo en las películas, tienen puertas secretas. En la entrada hay una escalera que sube y que, de seguro, también baja. Pero no parece. El parqué delata su historia y redobla cada paso. A través de la ventana, la hojarasca baila con el viento a un costado de una pileta que se desborda por una lluvia que ya no es. La morada alguna vez fue hogar. Pero ya no. Y es que, hace algunos años, Víctor Heredia tuvo que dejarla atrás por motivos personales. En el living, sentado en un cómodo sillón esquinero, el autor de “Razón de vivir” y “Sobreviviendo” habla sobre los pormenores de Algún día, su nuevo disco. “Es un deseo que está arraigado a la conciencia de los argentinos conscientes. Porque desde cierto sector social e ideológico se pide el perdón de algunas deudas. Y hay algunas deudas, como la de los crímenes de lesa humanidad, que no se pueden condonar”, dice a días de presentarse en el Teatro Opera Citi –viernes 12 a las 21.30–.

–De ahí, aquello que afirma en la canción que da nombre al disco: “Algún día de los hijos, de los nuestros despojados, nacerán los hombres nuevos, afirmando tu destino, combativos y serenos decididos a soñar”.

–Claro. Porque, pese a que los nombro con mucha inocencia, es un deseo muy fervoroso que tengo. Que esos chicos que encuentra Estela de Carlotto sean los futuros hacedores de este país. Entonces, digo: ojalá que algún día lleguemos a una memoria constructiva y a una justicia cierta que haga valedero el sacrificio de aquellas generaciones que vinieron después y que tomaron conciencia de aquello y también tomaron un papel extraordinario en la democracia.

–En el disco también hay un marcado recorrido por otros tópicos que refieren a la verdad y a la memoria. ¿Cómo nace la necesidad de construir un relato informativo en formato de canción como sucede en “Breve historia de las Islas Malvinas”?

–Es un tema que me suena infantil y juguetón ya que se la expliqué a Camilo, mi hijo de 11 años, quien un día me preguntó por qué decíamos que las islas eran nuestras si ahí vivían ingleses. Entonces levanté el dedo y me di cuenta de que no sabía nada y que tenía que recurrir a una memoria muy diluida. Me empapé un poquito, la escribí y se la conté.

–¿Y qué descubrió en ese trabajo histórico?

–No es una verdad de perogrullo que la verdad triunfa. Es la historia la que hace que los seres humanos descubramos tarde o temprano el bastión de la verdad y la llevemos adelante. Y las Malvinas son un bastión que está dentro de nosotros. Porque negamos durante mucho tiempo un tema que hoy se hizo carne al espíritu de los argentinos. Es una canción al reconocimiento de la potestad que no sólo tiene que ver con lo territorial sino también con una propuesta política. La Revolución de Mayo ganó esos territorios. Y lo significativo es que cada vez que hubo un intento de apropiarse de las Malvinas por quien no correspondía, fue por la violencia. Pero sé que algún día volveremos a habitarlas.

–En “La veleta de Armando” habla de aquellos que transforman “en diestra lo que a siniestra empezó”. ¿A quién está dedicada?

–Entran muchos. Pero tiene que ver con una izquierda tan puntillosa, tan Caparrós, que se le ve la hilacha.

–¿En esa bolsa también entra Lanata?

–No, porque Lanata por suerte nunca fue de izquierda. Está bien que tengan un punto de vista crítico si es para establecer un debate con el fin de construir. Pero cuando están en desacuerdo y todo lo que dicen es para destruir, no tiene sentido. Me da la sensación de que en realidad es un disfraz para sacar lo más facho que tienen en el corazón y tirarlo ahí arriba.

–Hace unos meses comenzaron a evidenciarse ciertas alianzas políticas con vistas a las elecciones de este año. ¿Qué le parece que Pino Solanas se acerque a Elisa Carrió?

–La gente se va a dar cuenta de lo que pasa porque se les ve la enagua. Les queda todo mal. Pino es un tipo valioso y me entristece lo que le pasa porque él está convencido. Lo que siente es auténtico. Él no inventa el discurso, lo cree. Pero hay otros tipos que ni ellos mismos se creen lo que dicen.

–“Patria mi amor, yo creo en vos”, canta en una de sus canciones. ¿Qué siente cuando otros apuestan a que al país le vaya mal?

–Me parece monstruoso que exista una posición de esta naturaleza. No puedo creer que algunos pongan a un gobierno contra un paredón para asesinarlo. Los de mi generación vimos este tipo de actitudes. Hay que dejar de hacerle el juego a la derecha. Pero esto sucede en toda América.

–¿Qué perdió Latinoamérica con la partida de Chávez?

–Fue un cimbronazo porque se fue un líder del continente. Que tenía una capacidad de unificar como ningún otro. Pero también tengo que ensalzar la figura de Néstor y ponerlo al lado de Chávez. Ambos significaron sus propuestas en función de la unión de todo el continente. La desaparición de estos dos enormes líderes fue muy fuerte. Pero por suerte sembraron una conciencia muy grande y desnudaron al enemigo. Antes sabíamos que peleábamos con alguien. Ahora sabemos qué son las corporaciones.

Víctor Heredia habla con la mirada puesta en una colección de caracoles de mar que brillan tras el vidrio protector de una mesa ratona. Y es que el océano no es algo más para el cantante. “Siempre tuvo una significación muy especial en mi vida y recién le encontré la razón hace un tiempo. Cuando conocí el mar a los 13 años tuve una impresión que, supongo, es idéntica a la de cualquier persona que lo ve luego de imaginarlo durante mucho tiempo: me mareé y se me movió el mundo. Comprendí que formaba parte de un planeta”, cuenta el artista, quien dice tener caracoles de todos los mares del mundo.

–¿Tiene otros hobbies?

–Lo de los caracoles es el más importante. Tengo algunos que hasta son venenosos. También me interesa la arqueología.

–¿Y cantar? ¿Ya dejó de ser un juego?

–Lo nuestro tiene mucho de lúdico porque cualquier hobby que remita a la infancia remite a lo mejor del alma humana.

–Hablando de alma, ¿qué le generó el hecho de que el Papa sea un argentino?

–Un paisano siempre decía: “O llueve o va a estar soleado”. En medio no hay nada. Tengo que aceptar que tuve una enorme controversia por mi cercanía a los organismos de derechos humanos. Cuando nosotros recurrimos a la Iglesia para buscar consuelo, nos dio la espalda. En aquel momento, la Justicia, que también te daba la espalda, estaba ligada a sectores específicos de la Iglesia. El tema es que si leo a Verbitsky o si escucho a la familia Cuadra, directamente diría que me da miedo. Pero si hago un análisis en relación al crecimiento de América latina, esto provocó un cimbronazo también en una Iglesia degradada en convocatoria, en cantidad de fieles. Pero no puedo ser tan inocente.

–¿En qué sentido?

–Es que no sé si la Iglesia va a poder con la conciencia pastoral de un jesuita. Soy un materialista dialéctico y esta fuerza multitudinaria que hay en el continente tiene que provocar alguna reacción. Sobre todo frente a la devastación económica que sufre Europa y el mundo en general. ¿Cuál será el rol del Papa ante esto? Nosotros estamos saliendo adelante. Hoy Europa tiene necesidad y nosotros somos un espejo y un recurso económico extraordinario. En ese esquema, un jesuita no está mal.

–En poco tiempo cumple 50 años con la música. ¿Qué le provoca?

–Me da pavor. Cuando tenía 17 y llegaba a Cosquín, andaba por las peñas. Una vez escuché a un pibe que quería tocar la guitarra y no lo dejaban porque estaba Horacio Guarany. Se paró y me dijo: “Pero este viejo de mierda cuándo carajo se va a ir”. Pienso que algunos pibes deben estar pensando eso de mí. 

Fuente: Revista Veintitrés.

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