miércoles, 18 de septiembre de 2013

EL NOBEL DE LA DESVERGUENZA

Los amos del dinero y el capitalismo casino, las grandes fortunas europeas, los grandes diseñadores de este mundo de impiedad y desvergüenza, están descorchando sus botellas de champagne mientras ríen satisfechos por su poder inconmensurable: como si se tratara de un título nobiliario que se puede comprar para adornar con falso linaje sus fortunas mal habidas y manchadas de sangre, los impúdicos miembros de la troika que con mano de hierro dirige la vida y destino de centenares de millones de ciudadanos europeos se han adjudicado a sí mismos el Nobel de la Paz. Si no fuera trágico sería cómico.

Por Walter Goobar.



En teoría, el Nobel de la Paz se otorga “a la persona que haya trabajado más o mejor en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de los congresos por la paz “. Sin embargo, este 12 de octubre, el Comité Nobel de Noruega comunicó su decisión de entregar el premio creado por el inventor de la dinamita, a esa instancia supranacional –conformada por 27 países–, que en este preciso momento se ve inmersa en la peor crisis en dos décadas de su historia.
En la UE las desigualdades sociales alcanzan límites nunca imaginados, el desempleo bate récords impensables, mientras los trabajadores pierden uno tras otro derechos que ha costado décadas conseguir, y países enteros como Portugal, Grecia, Irlanda o España son intervenidos de facto, ven recortada su soberanía y destrozada su democracia y sus Estados de bienestar.
La periodista Olga Rodriguez, del portalPeriodismo Humano, señala que el Nobel premia a una Unión Europea que gobierna para los bancos, para el poder financiero, a costa de asfixiar cada vez más a las personas: en España, el índice de miseria alcanza ya el 26,4% –el más alto de toda la UE- mientras que los diez más ricos de la Bolsa española incrementaron su fortuna en un 8% en 2011.
En Grecia se ha dejado de operar a aquellos pacientes con cáncer que han perdido su cobertura sanitaria y no pueden pagar su tratamiento. Crecen los casos de enfermedades como la tuberculosis. Los hospitales públicos limitan el suministro de medicinas vitales y niegan atención a quienes menos tienen.
“En Grecia, a una mujer sin recursos para comprar la leche de su hijo, el Estado le hace pagar por los análisis del niño”, ha denunciado recientemente la ONG Médicos del Mundo.
Es el precio que está pagando la gente para que los bancos recuperen el dinero que perdieron a través de su voracidad financiera y de una gestión sin escrúpulos ni previsiones. Un precio impuesto por la Unión Europea.
La Unión Europea, que persigue y encarcela a los indocumentados y a los gitanos, no se alarma ante el crecimiento de movimientos neonazis y xenófobos como tampoco tuvo pruritos morales para alojar en su territorio las cárceles secretas de la CIA, para mirar con condescendencia al Egipto de Hosni Mubarak, o para mantener espléndidas relaciones con la monarquía absolutista de Arabia Saudita y con cualquier dictadura que le resulte rentable. En 2011 naciones de la UE vendieron armas a Bahréin, Egipto o Arabia Saudita, justo cuando los gobiernos de esos países llevaban a cabo campañas de represión contra los manifestantes que pedían libertad, pan y justicia social.
Cuando Israel lanzó en 2008 la operación Plomo Fundido contra Gaza ningún país de la Unión Europea llamó a consultas a los embajadores israelíes, ni suspendió las relaciones comerciales con Tel Aviv, a pesar de que el ejército israelí mató a 1.400 palestinos y bombardeó en al menos cuatro ocasiones las sedes de la ONU en la Franja.
La UE tampoco ha condenado los ataques estadounidenses con aviones no tripulados en Pakistán que han matado ya a 3.000 personas, muchas de ellas civiles inocentes.
Por el contrario, la troika europea aplaudió el asesinato extrajudicial de Osama Bin Laden y de miembros de su familia.
Otra de las aristas más macabras de este premio es que la UE cuenta entre sus miembros a los principales países de la industria de la guerra, entre ellos Alemania, Francia y Gran Bretaña (los dos últimos, miembros del Consejo Permanente de Seguridad de la ONU), y en el seno de la Eurozona se encuentran importantes empresas de la industria armamentista. Para el año 2010, solo las primeras cinco empresas con sede en Europa y que aparecen en el top 100 de la Sprit [2] (BAE System, EADS, Finmeccanica, Thales y Safran) obtuvieron ingresos por ventas de armas por 78,408 millones de dólares.
Alemania, Francia y Holanda vendieron armas a Grecia por 1.300 millones de dólares en 2010, mientras la canciller Angela Merkel aprobaba ayudas de 22.400 millones para contribuir al “rescate” de Grecia a cambio de severos recortes en jubilaciones y sueldos estatales. En otras palabras: el Nobel de la Paz premia a quienes viven de la guerra.
El Nobel a una Unión Europea que en este 2012 está al borde de la implosión es el último y más perverso gesto neoconservador de negar todo complejo de culpa por las masacres, genocidios, desplazamientos masivos y esclavitud de pueblos, destrucción de industrias autóctonas, saqueos de patrimonio cultural milenario, aniquilamiento de culturas antiguas, hambrunas y otras catástrofes humanas perpetradas durante décadas de colonialismo y pillaje que no han concluido.

Fuente: Miradas al Sur

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