martes, 17 de septiembre de 2013

LAS MADRES DE CENTROAMÉRICA BUSCAN A SUS HIJOS EN MEXICO

Desaparecidos en América Latina. Una caravana de madres de migrantes desaparecidos recorrió todo México. En el camino cosecharon la solidaridad de la población. Lograron encontrar a cinco de sus hijos. No tuvieron ningún tipo de apoyo oficial.

Por 
 Laureano Barrera


Diecinueve días, veintitrés localidades, catorce estados mexicanos, 4.600 kilómetros. Ése fue el derrotero que recorrieron las mujeres de rasgos aindiados que conformaron la caravana de las Madres Centroamericanas “Liberando la Esperanza”. El objetivo: recrear un tramo del peregrinaje lento que recorrieron sus hijos en su búsqueda del sueño americano. Jóvenes migrantes de Honduras, Guatemala, Nicaragua y El Salvador, que en su paso obligado por México, buscando alcanzar la frontera con Estados Unidos, se los tragó la tierra. O las organizaciones del crimen organizado.
La octava edición de la caravana contó 57 madres y fue mucho más ambiciosa que las anteriores. Partió el 11 de octubre en dos colectivos y alcanzó el lunes 16, a las 9 de la mañana, el primer destino. Llegaron a El Ceibo, Tabasco, donde fueron recibidas por Fray Tomas que conduce el albergue para personas migrantes “LA 72”, en la localidad de Tenosique.
El albergue fue el lugar donde las madres presenciaron el primero de los cinco reencuentros que aliviarían apenas el dolor del viaje. Siguiendo las pistas recogidas en la recorrida de 2011, el Movimiento Mesoamericano de Migrantes –organizador principal de las caravanas– había logrado identificar a un puñado de jóvenes desaparecidos que estaban siendo buscados por sus familias, entre ellos a Servilio Mateo Campos, que había sido localizado en Jalapa, Estado de Tabasco. Silvia Campos, su madre, engrosaba la caravana. Allí, en el albergue, volvieron a abrazarse. “Hace 9 años partió mi hijo rumbo al norte. Desde ese tiempo no supe nada de él, lo lloré hasta el cansancio y hoy lloro de alegría al saber que está vivo”, dijo doña Silvia. El segundo encuentro se concretaría unos días más tarde en las afueras de Monterrey, Nuevo León: la hondureña Olga Marina Hernández se reunió con su hijo Gabriel Salmerón Hernández. Los tres restantes fueron en México DF, y dos en la región de Chiapas.
Las madres encontraron a su paso, en cada ciudad y cada pueblo, la solidaridad de activistas, organizaciones defensoras de los derechos humanos, académicos, asociaciones civiles de distinto signo, que oficiaron de anfitrionas y les procuraron la agenda local para visibilizar el reclamo y lograr la empatía de la sociedad azteca, una de las metas del acontecimiento con la que tuvieron éxito.
Menos suerte tuvieron en las esferas gubernamentales: no las recibieron ni lograron un compromiso del gobierno Federal del presidente Enrique Peña Nieto para encauzar una búsqueda institucional de sus seres queridos. Una comisión de Senadores mexicanos, encabezada por la Comisión de Migración, había anunciado que recibirían en el Distrito Federal a las madres y familiares de los desaparecidos. Los peregrinos esperaron la reunión los dos últimos días de su estadía, pero nunca se concretó. En un comunicado presentado en rueda de prensa al final del camino, las madres puntualizaron que “ante el vacío institucional y político, han sido las organizaciones de la sociedad civil, las que han acompañado a las madres en la búsqueda de sus familiares”. En las siete ediciones anteriores, la caravana había entregado información sobre sus familiares desaparecidos a las autoridades mexicanas, pero nunca tuvieron una respuesta. “Seguiremos viniendo por cuenta propia a buscar a nuestros familiares, mientras no se obtengan resultados del Estado mexicano”, expresaron en el comunicado.
No existen estadísticas oficiales, pero los cálculos más aproximados basados en informes y testimonios, estiman unos 70.000 migrantes desaparecidos en los últimos 10 años. Diez años de democracia azteca que desnudan más del doble de la voracidad, por ejemplo, que los siete de dictadura argentina. El migrante desesperado que se lanza a través de México en busca de la frontera norteamericana y de un futuro más próspero para los suyos, tiene un riesgo doble de ser víctima. Por un lado, pasaron a ser una fuente importante de financiamiento de las mafias del crimen organizado. “Encontramos que las organizaciones criminales, en algunos casos en complicidad con autoridades mexicanas, obtienen millonarios recursos basados en la explotación del migrante, al que ven como mercancía y someten al secuestro, extorsión, asesinato, violación y trata de personas”, dice al respecto el pronunciamiento final de la caravana. Por el otro, son un blanco apetecible para las fuerzas militares y de seguridad que acumulan detenciones arbitrarias, abusos y extorsiones, para mostrar estadísticas y “resultados eficaces” en la “guerra contra el crimen organizado” de la que, por otro lado, muchas veces son cómplices.
En México, durante los últimos años, el crimen organizado orquestó sobre los migrantes secuestros masivos: aluviones armados en los que se llevaban veinte o treinta personas de las que no se volvía a saber. El último tiempo cambió de estrategia al rapto “hormiga” para ser menos evidente. Sin embargo, hace poco tiempo en Medias Aguas, Veracruz, un comando artillado hasta los dientes levantó a treinta o cuarenta viajantes que se encontraban esperando el tren, según los testigos. No hay rastros de ellos.
El derrotero de las mujeres armadas de voluntad terminó en Chiapas, donde fueron los últimos dos reencuentros. La vocera del grupo Alicia Chajón, quien busca a su esposo Miguel Ángel Guamuch Chulajay, se preguntó: “Si nosotros podemos encontrar a algunos hijos, a pesar de nuestra pobreza y los pocos recursos que tenemos, ¿por qué el gobierno de México no los busca? Ellos tienen todos los recursos, tienen a su Ejército, tienen a su policía, ¿por qué no quiere buscarlos?”.

La búsqueda
La mano del Equipo Argentino de Antropología Forense

En abril de este año, los antropólogos del Equipo Argentino de Antropología Forense llegaron por segunda vez a México para aportar los saberes que foguearon buscando los cadáveres insepultos que dejó la dictadura argentina.
Los científicos argentinos, que han tendido puentes entre los cuerpos y sus historias en más de cuarenta países del mundo, estuvieron más de cuatro meses trabajando en la ciudad fronteriza de Tapachula, Chiapas, en treinta fosas comunes que se conocen como las Tumbas de los migrantes desconocidos, donde exhumaron 73 cadáveres. Con técnicas específicas de identificación, intentarán determinar si esos cuerpos son los hijos de las familias que los buscan.
Mercedes Doretti, directora del EAAF, explicó a CNN México que las excavaciones en la frontera sur de México forman parte del Proyecto Frontera, con la intención de identificar a más de 448 restos que han localizado en Chiapas, Oaxaca, Guerrero y estados de Estados Unidos como Texas, California y Arizona. “Hay más de 700 restos sin identificar solamente en el condado de Pima, en Arizona, sobre los que hay una presunción importante de que sean migrantes”, le dijo al canal mexicano. Pronto se espera que se anuncien los resultados del trabajo realizado en México y en Centroamérica.
Los forenses ya habían estado en México en el año 2004, tratando de identificar a las víctimas de la violencia en Ciudad Juárez, en la frontera norte, una de las más violentas del país. Ahora también busca involucrarse con la identificación de masacres que fueron conocidas: algunos de los 72 cuerpos localizados en un rancho de San Fernando, Tamaulipas; de los 193 cadáveres extraídos de fosas comunes tamaulipecas y de los 49 restos abandonados en Cadereyta, Nuevo León.

Fuente: Miradas al Sur.

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