lunes, 23 de septiembre de 2013

LOS JÓVENES Y EL COMPROMISO SOLIDARIO

Una investigación revela una tendencia a involucrarse en cuestiones de ámbito publico.El trabajo, realizado por docentes de Ciencias Sociales de la UBA, descarta los prejuicios que los tildan de individualistas.






 Por Washington Uranga



Una encuesta realizada por un equipo de investigación de la UBA a 395 estudiantes de 1º a 5º año de escuelas de la Ciudad de Buenos Aires a las que concurren chicos de distintos sectores sociales, deja en evidencia que entre los jóvenes existe una tendencia a involucrarse en actividades solidarias, tirando por tierra los prejuicios que los califican de individualistas, poco solidarios y desinteresados de las cuestiones del ámbito público. El 70,8 por ciento de los entrevistados manifestó que él o su familia han aportado alimentos, medicina y ropa en caso de desastre o para una organización social; un 60 por ciento ha donado sangre; un 55 por ciento ha auxiliado a algún desconocido, un 47 por ciento donó dinero a la Cruz Roja, un hospital o la cooperadora de la escuela y un 43,6 por ciento participó como voluntario en alguna actividad a beneficio de la comunidad. El trabajo, realizado durante 2011 y 2012, forma parte de una investigación más amplia titulada “La ciudadanía. El aporte de la enseñanza de las ciencias sociales a la formación para su ejercicio”, dirigido por las profesoras Marcela Benegas y Marta García Costoya, de la Carrera de Trabajo Social de la Facultad de Ciencias Sociales-UBA. Forman también parte del equipo de investigación Julieta Santos, Romina Manes, Carla Magliones y Carlos De Angelis.
En un adelanto de la investigación se señala que “en conjunto, las respuestas de los jóvenes manifiestan, en alto grado, inclinaciones, disposiciones y/o prácticas de índole solidaria respecto de los otros en general, tanto por parte de los propios encuestados como de sus familias”.
Las investigadoras indican en su informe que estas actividades solidarias “implican un grado relativamente alto de involucramiento personal en acciones solidarias en favor de otros”, porque, por ejemplo, la donación de alimentos, medicina o ropa suele demandar el traslado hasta un determinado lugar, o la donación de sangre, “aun cuando fuera para un desconocido, implica aceptar una situación que de por sí no es agradable, además del traslado al lugar de extracción y ayuno correspondiente”.
Agrega el equipo de la UBA que “auxiliar a algún desconocido implica una actitud y una disposición a la acción solidaria en forma muy amplia, ya que no se basa en el vínculo personal sino en una noción más general de ayuda al semejante”.
Otro dato interesante de la investigación es que el 70 por ciento de los encuestados considera que el gobierno debería intervenir en las decisiones respecto de lo que se enseña en las escuelas, los cortes de calle y las manifestaciones, la posesión de armas de fuego y la violencia dentro de las familias. El porcentaje se invierte cuando se consulta acerca de los programas de televisión y la forma de organizarse con otras personas.
De la lectura del cuadro que acompaña esta nota se puede concluir que los jóvenes creen en una democracia con participación activa del gobierno en aquellos temas que hacen a la protección de derechos vinculados con la convivencia y calidad de vida para todos y, al mismo tiempo, garante de opciones de libertad de los ciudadanos en temas tales como la libertad de información y expresión y la de asociarse con otros.
A la vista de los sucesos de violencia ocurridos en otros países, vale la pena destacar que el 82,5 por ciento de los jóvenes consultados sostiene que el gobierno debe intervenir para reglamentar y controlar la posesión de armas de fuego.
Al respecto Benegas y García Costoya coinciden con Darío Kosovsky –miembro fundador de la Red Argentina para el Desarme– en que “la adopción de una legislación restrictiva en materia de armas va aparejada con un discurso hacia la ciudadanía que desaliente el uso de la violencia para gestionar conflictos interpersonales” y, desde la educación, en la formación de habilidades para la vida en general y para la resolución de conflictos en especial. Acuerdan también en que “la libre disponibilidad de armas responde a una visión individualista, que ve en el otro a un potencial enemigo y nunca a un potencial cooperador en la construcción de un cambio social”.
Fuente: Pagina/12

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