martes, 22 de octubre de 2013

CHINA CRECE Y ENVEJECE

El promedio de edad en la población del gigante asiático genera serios problemas a la planificación social del Estado.

Por Diego Vidal.


El profundo plan de reformas económicas con el que el presidente Xi Jinping y la nueva cúpula del Partido Comunista de China (PCCh) asumieron la conducción del país tras el XVIII Congreso, tiene ante sí un escollo que no por conocido de antemano resulta menos complicado de resolver. A pesar de tener la población más numerosa del mundo (1.351 millones, según censo del Banco Mundial 2012), el Gigante Asiático comienza a padecer las consecuencias de un acelerado envejecimiento de su sociedad y el gobierno no encuentra la manera concreta de revertirlo.
Un informe del Ministerio de Educación señala que el año pasado debieron cerrarse cerca de 14 mil escuelas primarias, por el marcado descenso en la inscripción de alumnos. Entre el 2011 y el 2012 la matrícula bajó en un 20% debido a las drásticas variaciones en el perfil demográfico de la nación oriental. También la baja fertilidad en las parejas acentúa la crisis poblacional, con 1,4 hijos por madre están muy por debajo de la media de 1,7 de los países desarrollados y 2 en Estados Unidos. Se estima que este exiguo coeficiente de nacimientos está dado por las necesidades de las parejas ante el incremento del costo de vida en las zonas urbanas y no tanto en la “política de un solo hijo” que viene implementando el gobierno desde 1979. Una ley que permite a las familias de las ciudades tener solamente un vástago y en las zonas rurales hasta dos, si el primogénito fuera niña. Aunque no todo tiene un sentido negativo en el marco del estancamiento estadístico, el aumento en la esperanza de vida (43 años en 1960 a 73 en el 2010) es otro argumento de la vejez extendida.
La evolución de la segunda economía mundial ha dado señales de mantenerse estable y alcanzará un 7,5% durante el 2013 (después de tres décadas de mantenerse en el 10% anual), de acuerdo con lo que declaró el primer ministro chino, Li Keqiang, al inaugurar el Foro de Davos. Sin embargo, esa meta puede peligrar en el marco de la intención gubernamental de modificar el modelo de mano de obra barata y apuntar a que los chinos ya no sólo sean el motor económico como trabajadores, sino también en el papel de consumidores. El eje de la discusión, que se ha hecho pública incluso en las páginas del Diario del Pueblo, pasa por establecer incentivos para aumentar la tasa de natalidad y revisar el sistema de jubilaciones y pensiones, elevando la edad de retiro de 55 a 60 años para las mujeres y de 60 a 65 en los varones. Esta solución, que busca aliviar la presión sobre las pensiones públicas, puede convertirse en un cuello de botella ya que el alto nivel de desocupación entre los graduados universitarios, a la espera del recambio generacional en el ámbito laboral, se elevaría al extenderse la vida productiva de los adultos (el periódico oficial publicó que el número de ancianos pasará de 194 millones en 2012 a 300 millones en 2025). “En 2013, el 45,94% de la población total necesitará ser apoyada por otras personas, mientras que esa cifra era de 44,62% en 2012”, señaló en febrero pasado el Centro de Investigación sobre Envejecimiento de China, cuando fueron promulgados por la Asamblea Nacional Popular (parlamento) los Derechos de los Ciudadanos Mayores en pos de garantizar el cuidado de los más viejos. Estos datos confirman la tendencia creciente del problema de la alta longevidad que alcanzará los tres centenares de millones dentro de doce años y que el 30% de los ciudadanos chinos pasará la franja de los sexagenarios en el 2042.
Para los economistas Mitali Das y Papa N’Diayes, del Fondo Monetario Internacional (FMI), “China registra un excedente de mano de obra por más de 20 años, que ha persistido pese a que desde 1992 se crearon decenas de millones de empleos, e incontables millones más desde la década previa. Este excedente aumentó gradualmente hasta 2000 y se disparó entre 2000 y 2004 cuando las empresas estatales eliminaron masivamente puestos de trabajo. No obstante, después de eso el número de desempleados y subempleados se redujo debido a un crecimiento cada vez menor de la población activa y a la fuerte demanda de mano de obra en la dinámica costa industrial. Pero la tendencia volvió a cambiar a partir de 2008 al iniciarse la crisis financiera mundial. La demanda de mano de obra china se redujo y el excedente de trabajadores aumentó abruptamente en 2009/2010, y se estima que rondó los 150 millones de trabajadores en esos dos años”.
Consultado por Miradas al Sur sobre las repuestas de Pekín a esta situación, el director del Observatorio de Políticas Chinas, Xulio Ríos, cree que “los especialistas chinos no se ponen de acuerdo y por eso hay tanto debate”. “Lo que sí es cierto”, asegura, “es que le han visto las orejas al lobo y sin admitir cambios los están haciendo provincia a provincia, en función de las circunstancias y analizando las repercusiones. Cambios de mayor calado habrá, seguro, y probablemente en esta década, apuntando a una mayor flexibilidad sin anular del todo la política”, confía el sinólogo español.
Otros de los fenómenos que trascienden las cuestiones del desarrollo productivo, están haciendo basa en los vínculos sociales. La Academia de Ciencias Sociales de China alertó en el último trienio sobre la imposibilidad de los hombres de contraer matrimonio, cuyo número alcanzaría la cifra de 24 millones para el 2020, por el desequilibrio en el nacimiento de varones frente a mujeres (100 niñas por 119 niños) como resultado de las reglas de planificación familiar que incluyen abortos selectivos. En la misma línea, la web Zai China resalta la utilización popular de la expresión shengnü, término de carácter peyorativo que significa “solteronas o mujeres sobrantes” y se refieren a las chinas que llegaron a los 30 años sin haberse casado. Son “jóvenes urbanas de alto nivel educativo, generosos ingresos y una carrera profesional exitosa”, detalla. Féminas que “en ocasiones no se casan porque exigen unos requisitos muy elevados a los hombres (por supuesto, casa y coche)”, apunta el sitio, y “en otras, sencillamente porque prefieren llevar una vida independiente y centrarse en su trabajo”, concluye.

Fuente: Miradas al Sur.

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