domingo, 19 de diciembre de 2010

CARRASCO, LA CRUELDAD DEL CUARTEL Y LA MUERTE DEL SERVICIO MILITAR


Por Mariano Pérez de Eulate.




Es un código cruel e inhumano pero muy común en las formaciones rígidas como las fuerzas militares, aquí y en casi todo el planeta. El maltrato del superior, el "baile" al más desprotegido, el abuso. En la Argentina, una paliza mortal en un cuartel del sur, que pasó a la historia con el frío mote de "Caso Carrasco", terminó con el servicio militar obligatorio, instaurado en 1901.

El 3 de marzo de 1994 Omar Carrasco tenía 19 años y muy pocas ganas de hacer la "Colimba" ("Corre, Limpia, Barre"). Pero ese día, sin los favores del número bajo, ingresó al grupo de Artillería 161 del Ejército, en Zapala, Neuquén. Flaquito y tímido, vivía en Cultral-Có, donde repartía pollos para ayudar en la casa y leía la Biblia.

Cuando sus padres, Sebastiana y Francisco, fueron a visitarlo dos semanas después, el Ejército les dijo que Omar había desertado, que se había esfumado del cuartel. Nunca creyeron esa versión. Conocían demasiado bien a su hijo. El 6 de abril apareció el cadaver del soldadito dentro del predio militar. Lo habían golpeado con saña, en el piso. Una patada maldita le rompió las costillas y le perforó un pulmón. El ojo tenía un magullón tan profundo que se presume fue hecho con una pala. Murió por las hemorragias internas, solo. Luego se supo que fue el 6 de marzo, tres días después de entrar a la colimba.

Seis meses más tarde, el entonces presidente Carlos Menem firmó el decreto que hizo desaparecer la Conscripción.

Luego de dos años, el Tribunal Oral Federal de Neuquén determinó que los superiores de Omar quisieron castigarlo por una falta, "avivarlo". Era medio torpe —inexperto sería más preciso— y eso desató la ira de un subteniente de aspecto exterior prolijo e interior mesiánico.

El 31 de enero de 1996 fueron condenados el subteniente Ignacio Canevaro (15 años de prisión) y los soldados Cristian Suárez y Víctor Salazar (10 años). A otro militar, el sargento Carlos Sánchez, le dieron tres años por encubridor.

Después, vino el juicio por el encubrimiento del crimen que hicieron los jefes militares. Quedaron un montón de preguntas sin respuestas, en parte debido a la contaminación de pruebas que pudieron ser relevantes y que el Ejército no se preocupó por proteger. Fue el llamado Caso Carrasco II.

Doce años después de esa muerte que fue una bisagra, no hay presos por el crimen. Suárez, Salazar y Canevaro fueron beneficiados con la libertad, gracias a la ley del 2 x 1.




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