martes, 21 de diciembre de 2010

CIUDAD BAIGÓN, RICOTEROS DEL DOS POR CUATRO


Sus quince integrantes no superan los 30 años y hacen versiones instrumentales de temas de los Redondos, además de temas propios. “Para nosotros el tango no pasó: es nuestro lenguaje, es como el castellano”, dicen. Destierro es su segundo álbum.


Lo que no muta muere. Lo que no cambia está condenado a quedar como un simple recuerdo, no como algo presente. Esa parece ser la idea que mueve a los jóvenes músicos de la Orquesta Típica Ciudad Baigón, quienes proponen una resignificación del tango, lejos de esa nostalgia que le imprimen en la actualidad. Y para eso el cambio tiene que ir por todos los frentes: estético, musical y discursivo. “Respetamos más la forma de canción que la de tango tradicional”, dispara el director y pianista Hernán Cabrera, minutos después de haberse bajado del escenario del Teatro Orlando Goñi (Cochabamba 2536), un espacio que crearon junto a la compañía teatral Astilleros ante la falta de lugares para tocar. “Cuando la forma tradicional es ABC o AB, nosotros hacemos frases con pases impares. Los rítmicos los tocamos de otra forma en comparación con las orquestas más tradicionales. Cambiamos la forma de orquestar, toda la armonización y el tratamiento melódico. Nos parece que el tango es una música popular y como tal tiene que reflejar lo que nosotros estamos sintiendo en este momento.” El segundo y último disco de Ciudad Baigón, Destierro (2009), es un espejo de las inquietudes musicales y las vivencias de la orquesta. “Tenemos que ser coherentes con el legado que nos dejaron los maestros. Uno ve la evolución de Pugliese y cambió muchísimo desde el principio hasta el fin. Lo mismo Troilo y ni hablar Piazzolla. Entonces, atarse a una época del tango es un poco contradictorio, porque ninguno de los grandes maestros lo hizo. Seguir buscando, experimentando y tratar de que la gente de nuestra edad siga entendiendo que ése también es su lenguaje, así como podemos identificarnos con la música del Indio Solari”, argumenta.

A su lado, el violinista Gabriel Gowezniansky asiente y se apresura a opinar sobre la necesidad de resignificar el tango: “Se lo toma como una pieza de museo. Por ejemplo, la estética de ciertas orquestas indica que tenés que tocar con traje, corbata y moñito. Y es absurdo, porque si no salgo a la calle así, ¿por qué me voy a vestir así para tocar? Toqué en una tanguería y da la sensación de que tratan de encapsular al tango, de sacarle el jugo a algo que ya pasó. Pero si nosotros nos quedamos con eso y seguimos tocando ‘La cumparsita’ y otros temas que en su época fueron increíbles (y lo siguen siendo), el tango se muere con nosotros. Y ahí sí pongámonos a llorar. Nosotros queremos traducir una época a la música”. Los integrantes de Ciudad Baigón no superan los 30 años: por una cuestión generacional, están ligados a la cultura rock, cosa que se ve tanto en la forma de componer como en las letras. En Destierro, Cabrera y Gowezniansky compusieron “Hacia las cenizas”, una pieza que reflexiona sobre la tragedia de Cromañón. “Cuando pasó, estuvimos expectantes de la posibilidad de que hubiera un conocido adentro. Fue durísimo. Podría habernos tocado a nosotros fácilmente, porque también íbamos a recitales”, admite el músico.


Otro contacto con el rock, tal vez el más evidente, es que la orquesta se denomina así por una canción del Indio Solari. “Con los Redondos y con los Beatles me acerqué al rock, desde chico –dice Cabrera–. Después conocí a Piazzolla, Pugliese y Troilo. Así, en ese orden, es como la mayoría de la gente de nuestra edad llegó al tango. Algunas partes de Piazzolla, sobre todo en la última época, tienen mucha influencia del rock. Y al principio, quizá, para empezar a escuchar tango, algunas cosas de él son más digeribles, más que nada para la gente de nuestra edad. Después, cuando empezás a profundizar, llegás a Pugliese y a Troilo, y te parten la cabeza. Nosotros hacemos música nueva, no necesitamos que suene a orquesta de antes, por eso hacemos nuestros temas y experimentamos con la música. No digo que lo que hacemos es totalmente rockero, tiene mucho de tango, pero es lo que nos sale.” Con ese espíritu, en el último Festival de Tango se despacharon con versiones orquestales de temas de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota: “Rock yugular”, “Etiqueta negra” y “Salando las heridas” fueron algunos.


Sobre el escenario, los quince integrantes de la orquesta generan un clima que roza el dramatismo. Por momentos, el sonido de los violines y el cello crece de manera incesante, amaga con apagarse y luego renace hasta morir en el último acorde que regalan los bandoneones, siempre con melodías oscuras y densas. Es que, desde hace tres años, la propuesta tanguera de la Baigón viene por ese lado. El tango tradicional supo construir un mensaje trazado por la desventura, el desamor y la soledad. Hoy, la orquesta rescata algunos elementos, pero reinterpreta otros: “Creemos que la gente mayor tiene una forma de entender el tango que es un tanto peligrosa, sobre todo para los jóvenes: piensa que el tango es ‘nostalgia’. Para nosotros no lo es, porque sentimos nostalgia de algo que no tenemos, de algo que ya pasó. Para nosotros el tango no pasó: es nuestro lenguaje, es como el castellano. Entonces, esa visión del tango juega en contra de los nuevos movimientos. Porque con esa política ningún grupo nuevo va a llegar a significar nada a nivel cultural ni popular. Si el tango es algo que sucedió hace setenta años, ¿nosotros qué somos?”, reflexiona el pianista.


Como para otros tantos músicos que transitan por el circuito independiente, encontrar lugares donde tocar no es tarea fácil. En enero de 2010, el gobierno porteño no les renovó el permiso para tocar en la esquina ubicada en Defensa y Carlos Calvo, en el corazón de San Telmo, debido a un pedido de los comerciantes de la zona. De la noche a la mañana, perdieron una fuente de ingresos. “Ahí tocábamos a la gorra para la gente que pasaba por la calle, la mayoría turistas. Sin embargo, eso no fue apoyado por ningún gobierno, ni por el de (Mauricio) Macri ni por el anterior. Fuimos echados con los peores tratos. Era un fenómeno popular bastante interesante. Se juntaban 300 personas para vernos”, reprocha Cabrera. Ese conflicto y la falta de apoyo estatal los llevó a “desterrarse” en busca de nuevos caminos. Ahí radica la explicación del concepto del último disco. Hace poco llegaron de una fructífera cuarta gira por Europa: Alemania, República Checa, Noruega, Bélgica y Holanda los recibieron con los brazos abiertos. “Nos sentimos desterrados de Buenos Aires por esas situaciones violentas. Está buenísimo viajar, pero nos planteamos un montón de cosas... ¿Por qué acá no pudimos hacerlo? ¿Por qué acá para tocar tenés que fundar tu teatro? Esa angustia que sentimos al ser echados es la misma que cuando un conocido se muere o se va por diferentes razones. En la última década tuvimos una cantidad tremenda de desterrados que se fueron a Europa y que sufrieron muchísimo. Y esas cosas nos afectaron.”

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