martes, 7 de diciembre de 2010

"LA ESTAMPITA DE LA BANDA ERA YO"


Después de dos años de silencio, el Indio Solari salió el martes pasado a contar en la Rock & Pop cómo será su próximo disco El perfume de la tempestad: habló de la muerte de Néstor Kirchner y se refirió a su legado (“por fin tenemos un gobierno con cojones”), reflexionó sobre la situación de Gustavo Cerati y denunció la “traición” de la Negra Poli y Skay. En este número, el NO publica casi toda la jugosa y profunda conversación que tuvo Solari con Pergolini, en la casa del conductor radial.


Por Mario Pergolini

–Siento que voy a hablar con alguien que excede la importancia que yo le voy a dar, es como ver a un soberano, viste que los soberanos generan cierta cosa. Es como ver a un soberano (...).


–Depende mucho de la inaccesibilidad, tiene que ver con eso.


–¿Te sentís inaccesible? ¿Sos inaccesible?


–Soy fóbico, que son dos cosas diferentes. Inaccesible es alguien que voluntariamente se oculta a estar expuesto al cariño de la gente, al odio de la gente, a todas las emociones. La fobia es otra cosa, es algo más poderoso que uno. Uno hace lo que buenamente puede.


–¿Pero hiciste algo? ¿Fuiste a un especialista de fobias?


–No, no creo en esas cosas. Para mí la psicología es como a lo que me dedico yo, tiene las mismas razones científicas.


–¿Entonces creés que tu fobia no la puede curar nadie más que vos, si es que hay que curarla?


–La curo evitando las situaciones que me ponen desagradablemente fóbico. Por ejemplo tengo claustrofobia, me he tenido que bajar de aviones para ir a tocar, o yendo a las afueras de Londres tuve que bajarme de un colectivo con una lluvia terrible, abandonar a mi mujer. Fue terrible. Me miraban por la ventanilla porque la lluvia seguía cayendo, y de pedo conseguí un taxi que me llevara a Londres.


–No era una cuestión de espacio...


–No, era cerrado. Viste que allá en Londres los autobuses son herméticos, viste que a mí me gustan los que abrís la ventanilla y escupís para afuera (...)


–Lo otro que siento es que el Indio pone distancia todo el tiempo, pero hay un momento en que no pone más distancia.


–No soy muy prolífico, hace dos años que no hago nada. Entonces hace dos años que no hablo. De la única manera que se justifica que alguien que hace canciones, que se supone que expresan sus emociones a través de ese vehículo, me parece que no tiene mucho más que decir. Quiero decir tanto a través de las canciones que me cuesta después ampliar el campo posible de lo que ya está dicho, y lo hago simplemente para confirmar y avisar que tengo un trabajo nuevo rotando por ahí. Pero en definitiva no soy muy amigo..., no soy un tipo de silencio cuando estoy con gente. Me los guardo para cuando estoy solo. Creo que los silencios incomodan un poco a los demás, pueden dar un poco de miedo; la gente termina creyendo que estás pensando en cosas profundas y en realidad está picándote el culo. Lo único que pasa es que cuando uno está callado no sabe qué decir. Hablo cuando hay un trabajo para hacerlo, y como decís vos, hace dos años que...


–Es raro. Hay un montón de gente que lo toma como palabra a escuchar, no en vano uno mete 80 mil personas, no en vano las remeras hablan, no en vano hay grafittis con frases que escribiste a lo mejor rascándote el culo, y pasó a ser una prioridad para la vida de otro. Qué loco escuchar que el tipo que yo escucho, dice que no tiene cosas para decir.


–No tengo cosas para decir en otros términos. No es que esté a disgusto con lo que hago, creo que hago buenas canciones, creo eso sí.


–¿Trabajás a la hora de componer?


–En realidad me despierto temprano para jugar. Luzbulo es un playroom y Luzbola es el lugar donde se materializa lo que pasa en el juego de todas las mañanas. He cambiado de hábitos hace unos años, me despierto muy temprano...


–¿Cómo eran los hábitos de antes?


–Eran todos a la noche. Era esa especie de inercia de la bohemia. Me fui a vivir a Leloir, nos despertábamos a las 5 de la tarde, con Virginia, nos pasábamos toda la noche jugando al pool y bebiendo. Pero era ridículo: un día le dije “nos vinimos acá para disfrutar y los pajaritos nos joden”. Y bueno, un buen día, la llegada de Bruno emprolija la vida. Hay otros horarios que respetar y de pronto también aparece la edad: soy un artista añoso, estás más sujeto a la biología, hay caravanas que cuestan mucho.


–¿Te sentís añoso en el escenario?


–No me doy cuenta, pero los demás se pueden dar cuenta.


–Creo que no. Tenés una imagen muy idílica, aunque ahora hay grandes pantallas en HD.


–Los acercamientos siempre ayudan...


–Pero la gente tiene esa imagen idílica.


–Es la única imagen que hay, pero circulan más imágenes de las que quisiera. Hay algunas muy íntimas que son reveladas, hay recitales enteros de Racing dando vueltas por ahí...


–Adonde me lleves yo voy...


–No tengo ningún tabú a priori, en todo caso cuando no quiero hablar de algo, te diré.


–¿Quién abrió la puerta?


–(...) Yo salgo a contestar dos años más tarde cosas que escucho. No tengo mucho interés en seguir vinculado a eso. En definitiva termino contestando las cosas que se dicen mientras uno está callado. Estamos hablando de los videos, de lo que quedó atrapado y salió a la luz y se terminaron viendo.


–Hubo gran discusión y salió.


–Yo creo que Poli no tiene mucha idea de lo que es Internet, porque ella dice que hace siete años estaban los videos en el Parque Rivadavia. Si hubieran estado hace siete años en el Parque Rivadavia ya estarían desde antes en Internet. Dicen que estaban guardados en una caja de seguridad. Por supuesto, en una caja de seguridad de ellos...


–¿Es así: ellos y nosotros?


–Hay algo que no se terminó de entender: hubo una jauría de críticas que vinieron a decir que estábamos peleados por intereses económicos, independientemente de que yo no reniego de ellos. Yo no reniego de mis intereses económicos, pero yo estoy atrás de la custodia artística de eso. Como no hemos quedado en buenos términos, vos sabés lo que es la edición. Sabés que si hago una secuencia de muchos partidos y pongo todas las chilenas tuyas y los túneles que me hacen a mí, a mí trajes de luces no. Entonces a mí me va bien, gano bien, más allá de los anhelos, que salgan gratuitamente, es lo que menos me jode. Pero que salga como yo quiero.


–¿Cómo vos querés, entonces, no es como “queremos todos”?


–Que salgan como yo quiero, claro... Se hubieran dedicado antes a la producción.


–¿Es tan importante, hay tantos caños?


–Son todos los recuerdos de los shows de los Redondos más importantes, y de pronto lo que hay detrás de todo eso es una cosa que se puede decir, que se puede denominar con una palabra muy seria que es traición. Entonces estamos hablando de una palabra que te arruina todo el pasado, porque la traición tiene el poder de arruinar el pasado, porque no sabés cuándo dejaron de ser tus amigos, cuándo empezaron a pensar en vos de otra manera. Yo esto que estoy diciendo ahora lo digo para no alentar expectativas de que hay reuniones posibles. Y aclarar algunas cosas que escucho por ahí, que han sido dichas cuando yo estaba en silencio, que fue lo mismo que pasó la vez pasada cuando publiqué la carta abierta, cuando alguien dijo que yo me quería apropiar de la banda, y yo no tenía ninguna necesidad, porque la estampita de la banda era yo. También quiero aclarar otra cosa, el que dijo el cierre más claro de todo esto fue Semilla en un reportaje. Él dijo que si nos agarraba a Skay y a mí, Patricio Rey nos cagaba a patadas en el culo. Creo que es el que acertó con la frase indicada sobre cómo terminó todo (...).


–Creo que vos no pensás en el espacio donde van los compacts.


–El álbum lo sacan y lo dejan arriba del equipo... De todos modos, la sabiduría de la multitud es espantosa. El maoísmo digital que hay en este momento es medio raro, de cualquier manera ayuda para saber que todo es una convención y todas las verdades son transitorias, están más dadas a entender esas verdades.


–Las cosas que escuchabas sobre el disco, que decían que iba a ser doble, o que había un disco con Andrés Calamaro, ¿se iban acercando a la realidad?


–No, no en absoluto. Lo que hay es una charla que tuvimos con Andrés en un momento, que tenía ganas de hacer un show para recorrer con él en una bandita en lugares con otra magnitud.


–¿Dos tipos que convocan 80 mil personas...?


–Pensábamos en tocar The replacements, Rain de The Beatles, quería tomarme el trabajo de traducirlos al castellano, pero creo que no me iban a dar los derechos para Argentina. Rain iba bien con el resto de las canciones que había elegido, había temas de The Who. Eran todos rocks bastante crudos, bajo y dos violas, una rítmica, y otra para que juegue. Yo juego con las texturas, pero tiene que haber un corazón de guitarra. (...)


–¿Cuánto tiempo demoró el disco?


–Las maquetas las hago solo. Después ya lo tenemos con Hernán en el estudio, quedan como las bases, sobre lo cual se va a ir construyendo el disco. Después se cambian las baterías, y a partir de ahí, el mismo tempo, algunas cosas que quedan hasta el final, alguna guitarra también siempre queda, por esa maravilla que tienen algunos guitarristas de reconocer que vos sos el único capaz de hacer ese chasquido o ese rasguido, que ellos por más que son más que excelentes guitarristas no pueden tocar. No soy de anotar, no sé cómo llegué a este sonido, y después una vez todos los leit motifs arpegiados básicos. Los guitarristas tienen varios tracks libres para improvisar, son todos arreglos.


–¿Por qué el primer tema es el primer tema?


–Uno está buscando siempre la emoción que emana, para este disco arrancamos de 40 maquetas. Siempre quedan un montón de temas que no progresan de la misma manera, y son escupidos rápidamente. Hay varios temas de este álbum que fueron en algún momento, corrieron con esa suerte. Son maquetas abandonadas que de pronto cuando les volvés a poner el ojo ves algo que no está bueno, o algo que no era la mejor, o que había una textura que no pudiste reproducir y tal vez más adelante sí la podés hacer. La cultura rock le acercó a esto no sólo la parte compositiva de acordes o melodías, sino de textura, sobre todo hoy en día suenan in the face o la textura a la banda más básica. Hay un montón de tropiezos que le dan un carácter diferente, creo que le llaman electrorrock o algo así. No soy muy seguidor de las corrientes.


–¿Cómo se llama el primer tema?


–¡Todos a los botes!


–El disco tiene 12 temas, el arte de tapa viene con relieve, El perfume de la tempestad es lo primero que se lee, es la letra cursiva de un diario, de una bitácora.


–Es un viaje de Porco Rex a la tormenta.


(...)


–Alguien me dijo haces muy buenos discos teniendo en cuenta la gente que lo escucha.


–No creo que sea así. Lo que creo es que uno abreva para un show de Estadio, por llamarlo de alguna manera. Cuando me sirvo de alguno de los temas de Los Redondos, que no hay un puto tema que no sea mío, hay dos o tres o cuatro temas para estadio por disco, y los demás temas son mid tempo, slow tempo. Uno se sirve de una discografía larga. Hay dos o tres, Flight..., o ahora qué sé yo, y otros donde uno quiere jugar más musicalmente. Quizá son un poco más complejos, pero en realidad da para el meloneo. Creo que funcionan todos de la misma manera.


–¿Cinco shows son muchos?


–Son cinco. No puedo agregar más porque es una producción independiente.


–Vos sos independiente como..


–Te voy a explicar por qué no es así. De movida yo hago una inversión de dinero en la puesta. Si en vez de la gente que creemos que va ir, va otra yo estoy en la quiebra.


–Vos apostás a lo grande.


–Yo... Bueno, me olvidé... estoy sin dormir. Es que en realidad no sé, los temas que son movilizantes.


–Pero este disco no suena a Oktubre, es como tener dos bandas diferentes en el escenario.


–Cuando tocamos temas de Los Redondos son temas más llanos, bajo, guitarra, batería.


–¿Te gusta cantarlos?


–Sí, sí, a mí hay palabras que me suenan para la mierda, como trayectoria o qué sé yo. ... como hacen McCartney o los Stones, que hacen un disco y presentan cinco temas del disco. No voy a presentar El tesoro... El perfume de la tempestad completo. Entiendo que hay una dinámica en los estadios que precisan no tanto slow tempo o mid tempo, sino estar al taco.


–Alguien me contó que llegó hasta adelante en el show de Tandil y te gritó: “¡Indio estás más contento! ¿Qué te pasa?”.


–Hay una tormenta acechando en todas las imágenes. Para mí es ominosa, a mí me sorprenden en estas cosas. Incluso en los directos, porque tuve una noche de mierda en el show, el monitoreo no estaba presente. Fue una de esas noches en que de pronto le hacés una seña al monitorista...


–¿...al ex monitorista?


–Sí, al ex monitorista... y te sube otro canal que no es el que querés que te suba, entonces la gente presupone de vos cosas...


–¿Te gusta el personaje que la gente tiene representado, la imagen que terminó representando la masa colectiva?


–Me gusta mientras esté en esa dimensión que no llega a mi intimidad. Cuando tenés que hacerte cargo del cariño de miles, aparecen estas fobias, que en realidad son en defensa propia. Se me hace difícil entender que uno tenga que hacerse cargo del cariño de miles. Es así, entonces. Es tan variopinta la imagen que hay de uno, por más que hay como un núcleo descripto. De pronto viste cómo es la jauría de Internet, que siempre hay alguno que te dice “puto, puto”.


–Fontanarrosa dice que se dio cuenta de que era famoso cuando le gritaron “puto” en Rosario.


–No me jode porque es bastante respetuosa la imagen, la que sobrenada, la tratan con mucho respeto. (...)


–¿Seguís no creyendo en Dios?


–(...) Creo que creer implica ese temor, ese miedo a la muerte, a no ser, a no ser nunca más. El yo que somos y que nos habita quiere seguir siendo. No creo que haya una conciencia personal después de la muerte. Una conciencia individual después de la muerte no creo que haya. Sigo sin creer porque es un amparo tener un dogma que te resuelva la vida, pero yo creo en lo que creo, y no creo en lo que no creo. (...)


–Me decías que te gustaba experimentar con todos los géneros, y que el rock es un género muy chiquito...


–...dicho así parece que uno tuviera una mirada despreciativa sobre el rock. Lo que digo es que en el blues te salís de tres acordes y te sacás del género. El rock and roll es un poco más abierto pero después está la cultura rock, que son los David Bowie, los Peter Gabriel. Hay infinidad de tipos que han ampliado el campo posible del rock and roll haciendo intervenir texturas que son de la música hindú, electrónica...


–Pero el rock del país sos vos... El género en el cuál se basa una larga generación, es un género que todo lo que se escucha por debajo de lo que hacés parece que fuera una copia.


–No sé si es así, porque nunca me reconozco en los que me dicen. Me hablaban de Pier y no me reconozco en eso. La mirada de los demás es mucho más esclarecedora que la mía, porque estoy inmerso en lo que hago. La cultura rock permitió que uno incorporara texturas y sonidos a la base de rock que me sigue interesando, que el dominio esté en las guitarras, batería y bajo. Pero hay incluidos en esa textura sonidos de cuerdas, de brass, simplemente como apoyaturas o landscapes. Son escenografías musicales, es lo que me gusta hacer. No sé hacer otra cosa que lo que me gusta. (...)


–Como están los medios, como está la discusión en un momento en que volvieron a tocarse temas que habían dejado de plantearse, estoy hablando concretamente de la movilización que produce el gobierno, de los que los odian y una generación reivindicada en cosas que tendrían que haberse hecho antes, muchos programas que manipulan demasiado a través de la repetición y las cosas, me sorprendió cuando le mandaste la carta a la Presidenta. No creo que vos comas vidrio. Sabes que cuando decís semejante cosa llega...


–Dejame que te explique desde dónde voy a opinar. Voy a hablar desde el “artista”, que como “trayectoria” son palabras que a mí me quedan grandes a veces. Yo no creo que haya una ideología que solucione los problemas políticos para siempre. De ahí que mi motor básico es político pero de ideales, no de ideologías, no soy iísta de nadie. Soy un individualista impenitente que ha sido defraudado más de una vez. Desde ahí puedo decir cosas de este gobierno, que por primera vez encuentro un gobierno que tiene los cojones de disputarles a todas las corporaciones al mismo tiempo, donde me gusta ver a una Presidenta que puede hablar en las Naciones Unidas o en la Organización de Estados Americanos sin leer un discurso, que no dice disparates, es una sensación de ciudadano.


–No comés vidrio, sabés que lo que decís repercute.


–Yo creo ser parte de una especie de fantasma que anda dando vuelta, que tiene que ver con el hecho de que en el ambiente político creen que uno puede arrastrar a las 90 mil personas -que van a verlo a Tandil-, caprichosamente hacia una ideología. De todos los reportajes que tengo que hacer ahora hay tres interviews que están pedidas por políticos o gente de actividad política, yo creo que viene de esa sensación.


–¿Te molesta?


–No me doy cuenta porque yo miro a Beto Casella a las 8, después veo una película...


–Vas a tener un mal referente de lo que está pasando.


–Veo esa fauna monstruosa, y lo veo mientras pico algo, y me tomo un martini. Es muy loco lo que pasa, lo que hace la gente. Es para tomarse un martini, picando unos quesitos, y a las 10 veo una película.


–Entonces no te afecta demasiado.


–No estoy muy pendiente de eso. Me doy cuenta cuando pasan estos eventos y recibo los mails de distintos sectores políticos que quieren ver si hay alguna cercanía. No en todos los casos tienen la misma intención, pero no sé manejarme. Mirá, vine hablando con Aníbal Fernández, y yo (...) le explicaba a Aníbal que cuando uno no tiene acceso a la intimidad de alguien vos no te podés emocionar por la simple pérdida de esa persona. Lo que vi es esa magnitud de jóvenes otra vez involucrados en no dejar el poder en manos de los corruptos, o aquellas corporaciones que vienen manteniendo el estado de las cosas desde siempre y me conmovió realmente. Fue bastante escueto, una sincera tristeza. Es lo único que podíamos manifestar, pero siempre me gusta hablar desde un lugar para que no se crea que uno es oficialista, o antioficialista. No tengo ese motor porque he sido defraudado desde muy joven, como ciudadano. Veo lo que pasa, lo que ha pasado con los derechos humanos y todo eso es favorable a mi opinión. No creo que haya una ideología que resuelva los problemas políticos para siempre, respeto al artista que es militante, pero no es mi caso. Mi caso pasa por otro lado, yo soy un hombre de izquierdas, la nueva izquierda, de la política del éxtasis del turn on, tune in and drop out, no de la política gerontocrática de la izquierda. Fuera de la nueva izquierda de los Estados Unidos de los ‘60, la izquierda es de la época de la máquina de vapor. Creo que un artista tiene que mudar de dogma permanentemente y tener ideales. La política del éxtasis trataba de transformar la especie, no la sociedad, de cambiar el ser humano que es diáfano, honesto (...). Hablo desde ahí, que hay ciertas noticias de lo que está pasando que me son gratas.


(...)


–Cuando diseñas el arte del disco, pensás que todavía existe el que se sienta a escuchar el disco, lo pone, lo abre...


–En realidad en el caso mío la gente lee las letras y observa las ilustraciones. Los he convencido de que hay una unidad en lo que hago que es extraña en esta época de digitalización donde el hit es lo que se baja. Yo me quedé en la etapa donde había una idea general, una emoción general que representar desde distintos lugares, desde la música, desde la lírica (...). Soy un tradicionalista de la molécula. Todavía estoy en la molécula y no en los bits. Creo que las bandas independientes que se autofinancian tendrían que pensar en lo que hacen. Uno invierte mucho dinero, mucho de su tiempo en hacer una producción que de pronto alegremente alguien baja. No estoy muy de acuerdo con este maoísmo digital. Hay esta especie de sabiduría pública, sobre todo porque no ha tocado a otros, a los músicos ha jodido, pero los dentistas, los abogados, viven de lo que invierten su dinero. (...) Soy muy tradicionalista. Tengo un vínculo de muchos años con la distribuidora que me interesa mantener. Porque yo también podría hacer lo mismo, venderlo por teléfono o a través de los shows, porque el disco está vendido. Pero me gusta respetar los contratos emotivos que tengo con la gente a través del tiempo. Mientras pueda hacerlo, mientras sea interesante seguir manteniendo la molécula, lo haré. El bit me interesa pero no sé cómo abarcarlo, no me gusta la atomización. Tengo la inercia del artista añoso, del concepto,


–El artista añoso hace siempre lo mismo.


–Pero tengo la edad que tengo. También el jovato coquetea con la modernidad y de pronto le sale para la mierda. No pasa por ahí, pasa por el hecho de que creo todavía que hay una unidad emotiva que me parece que es más importante que simplemente sacar el hit, que es lo que te gusta rítmicamente o que está en circulación dirigida o rotación intensiva. (...)


–Aunque sos de izquierda no sos latinoamericanizado, musicalmente parecés más un capitalista.


–Tiene que ver en lo que uno se formó. Me formé en la cultura rock cuando acá prácticamente no existía. Mis héroes son Los Beatles, Stones, Frank Zappa, Jethro Tull. Puedo hablar de Arcade Fire, de Blonde Readhead, de todas las épocas, pero no soy del rock nacional. (...) La gente cree que disfruto mucho al componer las letras. Pero yo disfruto mucho de la música que apretás el acorde y te lleva por ese lado. Yo hago una sanata de la melodía de la canción y después tengo adecuar cosas que quiero decir al fraseo. (...)


–¿Cómo te pegó lo de Cerati?


–Yo nunca vi esa especie de rivalidad que cantaban. Para mí no existió, porque en definitiva él tenía un carácter más glamoroso, más fashion y yo más crítico, más ácido y eso quizás haya separado los públicos, probablemente. De pronto no sentí nunca esa rivalidad y lo que decía en la Rolling Stone es que esa rivalidad, de haber existido, me enaltece porque es uno de los músicos más importantes que ha habido acá. A mí me gusta mucho más la etapa de solista de Gustavo Cerati que la etapa de Soda, que fue muy exitosa, por más que no llenara estadios solo y con Soda hizo siete. Me parecía más aventurero el Cerati de las últimas etapas. (...)


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