viernes, 31 de diciembre de 2010

INDIE PULENTA




Desde hace un tiempo, la escena porteña de lo que comúnmente se conoce como “indie rock” se ha visto conmovida por la irrupción de bandas de forajidos que provienen del sur del Conurbano y de la ciudad de La Plata, que también se autodefinen como “indies”, pero que comparten códigos, estéticas y maneras completamente diferentes a las bandas de la Capital. Algunos no tardaron en ponerles el mote de “Indie Cabeza”, para diferenciarlos del “indie correcto” que surgió en el Conurbano durante la década del noventa. Los Reyes del Falsete, Mármol R, Androide Mariana, Viva Elástico, Los Totales, Los Dulces, Excursiones Polares y Segba, son algunos de los nombres de esta vitalidad rockera de esa tierra irredenta y picante, ahí nomás de la frontera porteña.


Por Fabián Rodríguez.


A fines del año 1992, los votantes de la todavía por entonces influyente encuesta anual del Suplemento Sí de Clarín, decidieron elegir como banda “revelación” a Los Guarros, grupo de rock liderado por Javier Calamaro. Con el voto consagratorio del Sí, Los Guarros comenzaban a subir la escalera que los podía llevar a ese sitial que ocupaban otras bandas ya consagradas como Rata Blanca, Los 7 Delfines, o Los Ratones Paranoicos.


Por otra parte, las bandas y solistas con más trayectoria habían descubierto la máquina de hacer salchichas, y se dedicaban a sacar un disco por año, para luego salir de girar Latinoamérica (Soda Stéreo, Charly García, GIT, Fito Páez, etc.). A mitad de camino entre estos dos mundos, Divididos y Las Pelotas (vía fiestas del Condon Clú) comenzaban a surcar un territorio que luego quedaría fértil para que apareciera, unos años más tarde, el rock barrial o “chabón”.


Este era el atractivo artístico que podía ofrecer el “Rock Nacional”, para la década que recién comenzaba. El neoliberalismo no solo venía con planes económicos debajo del brazo, sino que también traía una receta para achatar a una de las expresiones más dinámicas que tenía la cultura de aquel entonces.


Hasta ese momento (principios de los noventa), la relación del Conurbano bonaerense con el rock local se limitaba casi pura y exclusivamente a dos bandas y una canción: Sumo, Vox Dei, y “Avellaneda Blues” de Manal. El resto del Gran Buenos Aires era visto simplemente como un gran mercado potencial de escuchadores de discos y concurrentes a los shows. A nadie se le hubiese ocurrido, apenas unos años antes, que la gran renovación del rock argentino llegaría proveniente de las tierras allende la General Paz, y sin boleto de vuelta, a bordo del ferrocarril General Roca.


Como el objetivo de casi todas las bandas era llegar a tocar en la Capital, las dificultades al momento de trasladarse hacían que muchas veces se prestaran los instrumentos y, en algunos casos, hasta los integrantes. De ahí a tocar en los discos de los otros o armar giras en común por la Costa Atlántica, pasó poco tiempo.


En el aspecto artístico, la relación de algunas de estas bandas con “lo barrial”, se expresaba de diferentes maneras, pero por lo general solía verse reflejada en las historias de algunos personajes locales que formaban parte de sus canciones, o que participaban de los video clips. En algunos casos, el barrio había sido ese lugar de tránsito entre la infancia y la adultez. Pero en otros, el barrio formaba parte de todo el andamiaje conceptual con el que se manejaban. Los dos ejemplos de esto último fueron sin duda Babasónicos y El Otro Yo.


Aunque con propuestas estéticas muy diferenciadas, tanto Babasónicos como El Otro Yo fueron quienes mejor interpretaron la esencia conurbana que traía consigo toda esta nueva ola. Demostraron, por ejemplo, que no hacía falta cantarle al faso y a la birra para hablar del barrio. Cuesta imaginar qué habría sido de las vidas de Adrián Dárgelos y los hermanos Aldana si en lugar de nacer en Lanús y Temperley hubieran nacido, por ejemplo, en Torquinst.


A principios de 1993, por iniciativa de dos productores de shows y un periodista (casualmente del Sí de Clarín), comenzó a gestarse en la Ciudad de Córdoba, un festival que reuniera a aquellas bandas que venían teniendo cierto éxito en los sótanos de Buenos Aires y sus alrededores. Los shows se llevaron a cabo los días 13 y 14 de mayo en el Polideportivo General Paz y en la grilla de programación se encontraban Los Brujos, Martes Menta, Peligrosos Gorriones, Juana La Loca, Babasónicos, Tía Newton, más los locales Rastrojero Diesel y Abuelas Mecánicas, entre otros. A la hora de ponerle un nombre al festival, los organizadores no dudaron y bautizaron al emprendimiento como “Nuevo Rock Argentino”.


La convocatoria fue tan exitosa que el festival se siguió repitiendo hasta el cansancio.
Los festivales del “Nuevo Rock Argentino” se convirtieron en un emblema, y aunque sus grillas de programación contenían una diversidad musical que muchas veces hasta era difícil de comprender, le terminaron dando el nombre a toda esa gran movida de bandas que nadie sabía muy bien cómo encasillar.


Roberto Pasquale fundó, junto a Rodrigo Martín, Juana La Loca, uno de los grupos fundamentales para comprender qué cosa fue el “Nuevo Rock Argentino”. Sobre si el conjunto de bandas que emergieron en la zona sur a principios de los noventa formaba o no parte de una movida, el ex guitarrista de Juana afirma que “en aquel momento yo creía que sí, porque en cuanto el periodismo descubrió lo que estaba pasando, no tardó un segundo en ponerle un nombre. Se empezó a hablar de la movida ‘alternativa’ o ‘sónica’, pero la verdad que pensándolo a la distancia yo creo que eso no existió. Lo que sí había en común era que se trataba de algo nuevo, en todo sentido, pero había muchísima diversidad, desde todo punto de vista: desde lo musical hasta lo estético”.


Siguiendo la orientación que nos da Pasquale, podemos decir que aquellas bandas del Conurbano podían diferenciarse entre dos grandes grupos a simple vista: los que cuidaban de sus propuestas estéticas (Juana La Loca, Los Brujos, Babasónicos, La Nueva Flor), y los que no prestaban demasiada atención a lo que podía pasar arriba del escenario (El Otro Yo, Peligrosos Gorriones, Suárez).


El decenio 1995-2005 significó el crecimiento y la consagración de algunas de las bandas que formaron parte del “Nuevo Rock Argentino”. Algunas quedaron en el camino, pero todas dejaron más o menos una huella, aunque más no sea en el disco rígido de las influencias musicales para las generaciones que unos años más tarde vendrían a tomar la posta.


En el medio de todo, colapsó un modelo de país, que no solo amagó con tragarse todo lo que había sino que dejó una marca indeleble en lo que hace al consumo cultural por parte de las capas medias y medias bajas de población. En lo que al rock se refiere, terminó de ser expropiado por las grandes corporaciones y no sólo fue convertido en una mercancía más, sino que además se volvió caro, de mala calidad y con la fecha de vencimiento pasada.


Habiendo sido cooptadas las bandas más interesantes que en su momento vinieron a renovar la propuesta artística del rock argentino, a mediados de esta década el panorama parecía nuevamente bastante desolador. Pero así como en los noventa hubo una serie de factores económicos, sociales y culturales que fueron creando las condiciones para que desde el conurbano subterráneo surgiera un dispositivo contra cultural, en este década también se pueden encontrar algunas claves que operaron a la cultura rock “de afuera hacia adentro”. Esas claves, directa o indirectamente, hay que buscarlas en todo lo que ha promovido ese huracán de políticas públicas que hoy comúnmente se conoce como “kirchnerismo”.


Para el sociólogo Diego Vecino, el kirchnerismo ha generado una recomposición material y simbólica de las clases medias, siendo estos dos fenómenos que se dan en paralelo y se retroalimentan. “Recomposición simbólica significa que, a diferencia de como era en el menemismo, una amplia franja de las clases medias genera identidad ‘hacia abajo’. De manera muy compleja, la épica vitalista que crea tu blog (N. del R: se refiere al blog Conurbanos) es una muestra de ello. Y aparece todo lo que es el imaginario suburbano del oeste y, sobre todo, del sur del Gran Buenos Aires, donde hay una recreación muy nítida de la tradición del ‘rock chabón’, que la burocracia universitaria siempre leyó conchetamente como algo ‘conservador’, y que hoy demuestra que era todo lo contrario”.


La denominación de “rock chabón” engloba no solo a aquellas bandas que le cantaban a la esquina o a la birra, sino también entran allí todos aquellos artistas que tienen lazos identitarios con las localidades del Conurbano de las cuales provienen, y que no reniegan de su subjetividad conurbana. Más bien todo lo contrario.


Por otra parte ahora, a diferencia de lo que ocurrió en los noventa, las “bandas nuevas” se identifican claramente con los tiempos políticos que les toca vivir (algunos de sus integrantes directamente se definen como kirchneristas). El movimiento ya no es contra-cultural, sino que por el contrario, tiene pretensiones de ponerse a la vanguardia de los cambios que se reivindican.


Los Reyes del Falsete (Adrogué), Mármol R. (Mármol), Androide Mariana (Lomas de Zamora), Viva Elástico (Longchamps), Los Totales (Berazategui), Los Dulces (Sarandí), Excursiones Polares y Segba (estas dos últimas de Quilmes), son algunas de las bandas que definen lo que hacen como “pop barrial” o “indie cabeza”. Si bien se hacen cargo de su propio recorrido, al momento de identificarse con algunas de las bandas de los noventa, eligen a aquellas que no se preocupaban demasiado por su propuesta artística, sino que más bien privilegiaban su performance musical, el ruido de guitarras y el desorden de las voces.


Roy Milan Johansen es guitarrista y vocalista de Excursiones Polares, banda quilmeña con influencias que van desde Manal hasta Arctict Monkeys, y reconoce que la música que interpretan está completamente condicionada por el lugar en el mundo en el que le ha tocado nacer: “No me imagino haciendo música o componiendo en otro lugar que no sea Quilmes o Bernal”. Para Roy, el fenómeno de la renovación rockera se vuelve a dar en la zona sur del Conurbano y se extiende hacia La Plata, porque lo que termina haciendo la diferencia es la predisposición del público para recibir a los músicos: “Tanto en zona sur como en La Plata, la gente va a escuchar a las bandas, mientras que en Capital los músicos nos hemos convertido en meros accesorios de los locales en donde vamos a tocar. Falta que nos pongan en la carta y ya está”.


Si bien dentro de Excursiones Polares conviven varias expresiones políticas, Roy no duda en definirse como partidario de muchas de las medidas que ha tomado el gobierno nacional. “Es un momento en el cual nosotros, como artistas ponele, no nos podemos hacer los distraídos. Si los pibes nos vienen a ver, yo quiero que sepan qué es lo que pienso, por más que en mis letras no hable de política.”


La Seattle bonaerense
Consultado por Ni a Palos, el periodista especializado y organizador de los “Festipulenta” Juan Manuel Strassburger, no duda en afirmar que a la hora de echar un vistazo acerca de lo que está pasando con el nuevo “indie”, hay que prestar atención a lo que ocurre en la Ciudad de La Plata. El sonido o la movida platense es una de las que más ha crecido en estos últimos años.
La relación con las bandas que surgieron a mediados de los noventa está dada por la cuestión amiguera que tienen los grupos de La Plata, ya sea para organizar recitales, grabar discos o para moverse en el circuito porteño, siempre difícil para todos aquellos que vienen de afuera. Otra similitud con las bandas del “Nuevo Rock Argentino” es el hecho de haber compartido a uno o varios de sus integrantes entre varias de las bandas. Pero hasta allí llegan las coincidencias.
La apertura musical que tienen las bandas platenses de hoy (igual que las del Conurbano) es mucho más valiosa e interesante que la de hace quince años atrás.
La mirada de lo que pasa a su alrededor también es diferente porque lo que pasa alrededor es muy distinto de lo que ocurría en los noventa. Al escepticismo del rock alternativo, el indie platense contrapone definiciones políticas muy precisas: varios de los rockers platenses se identifican con el peronismo y/o con el kirchnerismo.
El Mató a un Policía Motorizado, 107 Faunos, La Patrulla Espacial, Sr. Tomate, La ola que quería ser Chau, y El Perrodiablo, son algunas de las bandas indispensables para comprender el fenómeno.


Werner Schneider, bajista de La Patrulla Espacial, prefiere no hablar de “movida” y afirma no estar muy seguro de la existencia de una “escena” platense: “Cuando nosotros llegamos a La Plata nos vinculamos con los chicos que hoy forman bandas como El Mató o 107 Faunos, e incluso compartimos algunos proyectos en común. Pero fue nada más que eso. Nosotros venimos de un palo completamente distinto y más allá de la buena onda que hay, no compartimos mucho más entre las bandas de acá”.


De las bandas que fueron protagonistas de la explosión musical a mediados de los noventa, Werner rescata a Estupendo (el proyecto de Sebastián Mondragón, otro ex Juana La Loca) y Las Canoplas (banda platense que hoy está considerada como de culto), aunque aclara que en su Comodoro natal, las bandas de los noventa que más se escuchaban eran 2 minutos y Fun People. Un poco más acá en el tiempo, el bajista de La Patrulla destaca a Los Natas, como una banda fundamental en las influencias musicales que lo han empapado en los últimos años.

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