lunes, 21 de marzo de 2011

EL ISLAM: MIEDO A LO DESCONOCIDO


Para algunos dirigentes musulmanes, la falta de conocimiento, sumado a la mala fe de algunos líderes de opinión, lleva a una visión distorsionada de la religión islámica.

Por Sergio Rubín


Occidente mira con cierto temor al Islam, la comunidad religiosa que más crece en el mundo y que se encamina a ser a mediano plazo muy probablemente la más numerosa. Los prejuicios, de la mano de una creciente inmigración de islámicos, llevó incluso a que algunos en Europa cayeran en lo que se llama la “islamofobia”. No faltan analistas que dicen que, desmoronado el imperio soviético, el nuevo desafío de Occidente es el Islam. Que, en esa línea, abrazan la teoría del “choque de civilizaciones”, potenciada tras el ataque de fundamentalistas a las Torres Gemelas. El miedo se reactualizó con las revueltas que se iniciaron en Túnez y se propagaron por el norte de Africa, al instalarse el interrogante de si esos países podían caer en teocracias ajenas a los ideales democráticos, más allá de que con el paso de los días se vio que el ingrediente religioso no era el central. Las objeciones son bien conocidas: que el Islam degenera fácilmenteen fundamentalismo y adopta su peor cara: el terrorismo, que no comparte los ideales de libertad y pluralismo, ni acepta otras confesiones religiosas, que somete al Estado a los dictados de la religión, que no se adapta a la cultura de otros países y, en fin, que relega a la mujer, a veces de un modo en extremo cruel. No es una mochila liviana la que cargan los islámicos, víctimas de una generalización que consideran tremendamente injusta, más allá de que en cualquier religión puede haber quienes equivocan, a veces fieramente, el camino. Pero que no son la mayoría, ni mucho menos. Porque, aseguran, nada de lo que se les achaca enseña su libro sagrado, el Corán, ni les mandó a hacer su gran profeta, Muhammad. Porque, subrayan, el Islam es una religión de paz, amor, tolerancia y de profundo respeto a la dignidad de la mujer. “El temor de algunos sectores al Islam es por falta de conocimiento y por un acendrado ataque mediático, también por desconocimiento o mala fe, plagado de inexactitudes y tergiversaciones que coadyuvan en el inconsciente a dejar instalado una supuesta asociación del Islam con la violencia”, dice Samir Salech, presidente del Centro Islámico de la República Argentina (CIRA), la principal institución islámica del país. Firas Alsayed, del Centro Cultural Islámico Rey Fahd (conocido por su magnífica mezquita del barrio porteño de Palermo) también lo relaciona “con la ignorancia y con la desinformación”. E invita a conocer el Islam a través de “sus propias fuentes”. Para el director de la Fundación de la Amistad Argentino – Turca, Ahmet Korkut, los ataques al Islam “son fomentados por aquellos que no quieren que este exista”. Puntualiza que un musulmán “no puede ser fanático” y que, si en la comunidad islámica hay personas así, “resulta inconcebible pensar que todos los musulmanes se han alejado de la comprensión y la tolerancia”. E insiste en que en el Corán, en la Sunna (dichos y hechos del profeta) y en las interpretaciones de los grandes eruditos “no hay el menor trazo de una sentencia o actitud contraria al amor, la convivencia y el diálogo”. A su vez, Alsayed destaca que el profeta Muhammad “nos dice que el Islam no admite extremismos”. Más aún: precisa que el término fundamentalismo –que sirvió para describir lo que otros llaman extremismo- “es ajeno al Islam porque surgió de una rama del cristianismo que se desarrolló en Estados Unidos a principios del siglo XX”. Tras coincidir en que el Islam está “en las antípodas del fanatismo y el extremismo”, Salech dice que, en todo caso, “las tres religiones no están exentas de fundamentalismo, ni es novedad la instrumentación política de la fe”. En cuanto a la actitud del Islam frente a la democracia, el presidente del Centro Islámico subraya que “es totalmente respetuoso”. Señala que “es conocida y notoria la voluntad que tuvo nuestro profeta Muhammad de consensuar las decisiones con sus compañeros en los momentos más aciagos”. Y si bien apunta que en el mundo islámico, tan extendido en países y fieles, hay distintos tipos de gobiernos y culturas, la fe islámica “no está reñida con la democracia, además de que el respeto a la voluntad de los pueblos está mencionado en varias ocasiones en el Sagrado Corán”. También Alsayed dice que el Islam “es respetuoso de las libertades democráticas y las promueve”, pero puntualiza que “no desvincula al Estado de sus responsabilidades religiosas, ni existe una separación Estadoreligión”. Con todo, precisa que ello no debería preocupar a los ciudadanos no islámicos porque, en su recta concepción, “el Islam defiendeel derecho de los no musulmanes desde hace 1432 años, dando lugar a jurisprudencia, mientras que en Occidente, en tiempos más recientes, se encarcelaba a una persona por no ser de la religión del Estado dominante”.También son categóricos con respecto a la dignidad de la mujer en el Islam. “No está relegada en absoluto”, dice Salech. “Para el Islam –añade-, es el paradigma de la colaboración entre lo diverso para lograr la unión. Además, dictamina el derecho fundamental de ella a la libertad de sus uniones matrimoniales e independencia económica”. Y completa: “Estos parámetros deben primar a la hora de juzgar un episodio que tiene como protagonistas a mujeres en el mundo islámico y no las prácticas culturales, tribales (algunas preislámicas) o una situación puntual del Islam, que en muchas ocasiones, con mala fe, se quiere mostrar como generalizado”. Alsayed señala que la mujer en el Islam “constituye la base esencial de la sociedad y que, por ello, dignificó su rango, posición y rol dentro de ella”. Precisa que le reconoce sus derechos y que, junto al hombre, tiene el propósito esencial de adorar a su Creador y cumplir con las responsabilidades que le otorgó”. Y vuelve a citar al profeta Muhammad: “Los mejores entre vosotros son aquellos que mejor tratan y se comportan con la mujer”. En tanto, Korkut afirma que en el Islam “no se hace distinción alguna entre el hombre y la mujer”.Con todo, el Islam no está exento, como todas las religiones, de la ofensiva secularista en la sociedad actual que quiere relegar lo religioso al ámbito privado y, cuanto más, al templo. El respeto por las creencias o la no creencia de los demás no debe llevar, dice Korkut, “a confinar al Islam sólo a la oración y su fe y reducir el campo de su interacción y su interrelación”. Subraya que incluso el Islam “puede enriquecer la democracia respondiendo a las necesidades de la gente, tales como la satisfacción espiritual”. Alsayed, por su parte, alerta contra un laicismo “que coarta la libre expresión de la religión exigiendo, por caso, que las mujeres que van a la universidad se quiten el velo, lo que cercena el derecho a la educación de las más religiosas”. Y considera que están equivocados aquellos que dicen que los inmigrantes islámicos tienen otra cultura y no se adaptan a Occidente. “Si Occidente aboga por la pluralidad y la libre expresión, ¿por qué una persona debería vestir o tener una cierta religión para ser miembro activo de una sociedad? ¿Acaso es importante si un médico es musulmán o católico o la diferencia la hace que sea honesto y buen profesional?”.

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