lunes, 21 de marzo de 2011

LAS MUJERES DE PERICO SE UNEN CONTRA LA VIOLENCIA


En la ciudad jujeña mataron a siete en tres años. En todos los casos hubo un gran ensañamiento. Y en la mayoría, el acusado es la pareja o ex pareja. Familiares de las asesinadas y otras víctimas piden que el gobierno local declare la emergencia.


Por Mariana Garcia



En la mañana del 5 de febrero, Armando Vera se levantó para ir al trabajo. En la puerta de su casa esperaba Miguel Yucra, el novio de Georgina y padre de su hija de dos años. Miguel le pidió a Armando que la despertara, que necesitaba hablar con ella. Armando lo miró con mala cara, pero obedeció. Le dijo a Georgina que su novio la buscaba y le recordó a su mujer que no olvidara sacar la basura.
Desde la cama, Mónica, la mamá de Georgina, escuchó a su hija levantarse y hablar con Miguel. Encendió el televisor y miró las noticias. En la cucheta de al lado, sus otros hijos dormían. El chico nunca le había gustado. Nunca había reconocido a su nieta y lo único que había traído en los dos años de Keyla era un paquete de pañales.
“Geor, para qué seguís con él, si nunca te dio nada”, le repetía a su hija. Pero ella no hacía caso. Estaba enamorada y era una chica de carácter. Les dijo que no se metieran cada vez que los moretones aparecían en los brazos y los convenció de que no lo denunciaran cuando una noche llegó con un cuchillazo en la pierna. Armando fue a hablar con los padres de Miguel. Vivían a la vuelta, en un barrio de calles de tierra, donde las casas se levantan en las cooperativas de la Corriente Clasista Combativa. Le rogaron que no lo denunciara. El chico tenía antecedentes y la denuncia era un pasaporte a la prisión. Armando se apiadó de ellos.
Esa mañana, Georgina y Miguel estaban peleados. Ella había ido a bailar a Toc Toc, y él a Casablanca. En la mitad de la noche, él la buscó. Discutieron en el boliche y Georgina se volvió a su casa. María Eugenia, su amiga, alcanzó a ver cómo él le hacía con la mano el gesto de cortarle la cabeza. Mónica seguía en la cama cuando escuchó un ruido. Pensó que era un petardo. Dejó de escuchar la voz de Georgina y le llamó la atención que tardara tanto en entrar. Se asomó a la puerta y alcanzó a ver a Miguel irse en bicicleta. Fue a la vereda a dejar la basura y al regresar encontró a su hija tirada en el pasillo donde guardan los materiales para terminar la casa. Estaba con la cabeza apoyada sobre una madera. Tenía un ojo hinchado.
“Este hijo de puta le pegó otra vez”, pensó. Intentó reanimarla y a los gritos le pidió a una vecina que llamara un remís. Cuando llegó al hospital ya estaba muerta. No fue un golpe.
Le habían pegado un tiro a una distancia de centímetros.
Georgina tenía 17 años y estaba embarazada de tres meses. El principal sospechoso del crimen es su novio, Miguel Yucra, de 21 años.
El asesinato de Georgina Vera es el último de una larga lista. En los últimos tres años, siete mujeres fueron asesinadas en Perico, una ciudad de Jujuy donde la violencia de género golpea con una brutalidad feroz . El denominador común de todos los crímenes es el ensañamiento con que fueron cometidos. Los une, también, que no existen hasta hoy condenados .
La mitad de estas mujeres fueron violadas. Y en cinco casos, el acusado es la pareja actual o pasada. La mayoría ni siquiera había pasado los 23 años. Además, los hermanos Barrio Santiago fueron asesinados por su padre, cuando éste intentó matar a la mamá. Eran un nene de 4 años, y sus hermanitas de 3 años y tres meses.
Pero las mujeres de Perico comenzaron a reaccionar. Alentadas por la Multisectorial de Mujeres, reclaman que se declare la emergencia por violencia sexual y doméstica . Quieren que se haga exactamente lo mismo que con sus vecinas de San Pedro (ver Votaron...). Durante 2010, al menos 215 mujeres murieron en todo el país asesinadas por sus parejas o ex parejas. Son femicidios , como el de Wanda Taddei, el crimen que abrió la seguidilla de mujeres quemadas. A pesar de que así lo exige una ley, en Argentina no hay cifras oficiales sobre violencia de género . Y se sabe, sin números claros, los planes resultan difíciles de implementar.
Perico está ubicado a poco más de 40 kilómetros al sur de San Salvador de Jujuy. Pertenece al departamento de El Carmen, el segundo más importante después de la capital. Unas 40.000 personas viven allí.
Es una zona tabacalera y de cañaverales, de trabajadores temporarios y planes sociales que nunca alcanzan.
Como en la capital, hay policías en cada esquina. Los uniformes son una buena alternativa para la falta de empleo. En estos días de Carnaval, la cumbia suena en cada cuadra y el alcohol corre como el aroma a coca masticada.
Yolanda Taracho separa hojas de tabaco. Trabaja jornadas de ocho horas, descansa otras ocho y vuelve a empezar. Así, lo que dura la temporada, entre tres y cuatro meses, sin un día de descanso. Cobra 80 pesos la jornada. Está agotada, pero sabe que después descansará porque otra vez le costará encontrar trabajo.
Dice que cuando termine en la tabacalera recién podrá dedicarse a pedir justicia por su hija.
Gabriela Pernea apareció en un zanjón el 22 de agosto pasado. Estaba sin ropa interior, tenía la columna quebrada, el hígado destrozado por los golpes y la cara desfigurada. Los vecinos le contaron que vieron cómo la tiraban de una camioneta, pero el médico que firmó la autopsia escribió “accidente de tránsito”. Yolanda habla despacito. Casi no se la escucha. Es pequeña. Pero por momentos su voz cobra una fuerza que impresiona: “Me dejaron vacía, me sacaron mi hija y me mataron a mí. Pero yo no tengo miedo y no voy a parar hasta tener justicia”.
A pocas cuadras de donde apareció el cuerpo de Gabriela, en el Canal de la Muerte, el 9 de julio, se encontró el cadáver de Analía Churquina, su prima. La habían violado y estrangulado. Analía tenía 20 años; Gabriela, 21.
El 19 de noviembre de 2002 apareció muerta Zulma Gutiérrez. La encontraron descuartizada en el fondo de la casa de su novio, prófugo desde entonces. Su muerte fue el primer femicidio que sacudió a Perico. Zulma militaba en la CCC. Georgina también. En homenaje a Zulma, uno de los pasajes del barrio lleva su nombre. Allí fue donde mataron a Georgina.

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