jueves, 17 de marzo de 2011

"EN MI PAÍS, AÚN NO HUBO NI UN SOLO JUICIO"


Entre 1981 y 1985, Roginskyi estuvo detenido en varios campos de concentración ubicados en Siberia, los Montes Urales y el Ártico. El horror estalinista asesinó en todo el territorio de la ex Urss a 12 millones de personas acusadas de ser “Enemigos del Pueblo”.


Esperamos que se desprenda del festejo Arseni Roginskyi, el historiador que está al frente de Memorial, una ONG rusa que cofundó, fue candidata al Nobel de la Paz en 2010 (arrebatado por la gesta de Obama en Irak, ‘remember The Alamo’) y que se ocupa de exhumar los restos todavía camuflados del terrorismo estalinista.En los países que conformaron la Unión Soviética hay desaparecidos de hace medio siglo y algunos hoy todavía cargan con el mote injustificado de “Enemigo del Pueblo” que se daba a troche y moche en épocas del Partido único. La cifra de muertes por fusilamientos o en campos de concentración y gulags rondan las 12 millones de personas, desde que en 1922 Iósef Stalin brincara al Secretariado General del Comité Central del Partido Comunista de todas las Rusias.Cuando en 1991, Boris Yeltsin abrió una cuña contra los intocables del pasado bolchevique, Roginskyi y su colectivo defensor de los Derechos Humanos lograron que decretara el pasaje de los archivos secretos de la KGB a los Archivos Nacionales.“En mi imaginación, lo que estaba pasando era un poco la Revolución de 1917. Estaba todo abierto. Con la orden de Yeltsin en la mano, fui al archivo de la KGB. “¿Dónde están los archivos?”, pregunté. “Sé que ustedes quieren destruir todo y vamos a clausurar el local”, dijo Roginskyi, que a esa altura se sentía “como un antiguo Comisario del Pueblo”.–Los generales tuvieron que hacerme la venia, era muy cómico. Al principio de los ’90 fui uno de los autores del proyecto de Ley de Rehabilitación de las Víctimas de la Represión Política; era el jefe del grupo de expertos que trabajaba en el bloque de diputados. En el ’92, recién me enteré cómo había muerto mi papá, que falleció en un campo de trabajo forzoso en 1951. En el ’93 conseguí que fuese rehabilitado. A mí me rehabilitaron en el ’92.–¿Qué significa ser “rehabilitado”?–Que el fiscal o el juez deje sin efecto oficialmente el acto de acusación y que concluya que la acusación había sido falsa. Que tu papá o tu abuelo no eran culpables. Se te da un certificado. Esto significa que todos tus derechos civiles son restituidos. Porque eran muchos los hijos que vivíamos con este sello en la frente, los “hijos de los Enemigos del Pueblo”. Para esta generación era muy importante mostrar este certificado. Que mi papá no había sido un traidor, eso era. Este proceso, hoy en día, continúa; hay mucha gente en Rusia a la cual se le ha negado la rehabilitación. A pesar de todo se han conservado bien los documentos del Terror, por eso casi siempre se puede reconstruir el destino de tu papá o de tu abuelo, pero casi nunca se puede lograr saber adónde lo enterraron. Desde 1922 en adelante los lugares de ejecución y de entierro habían sido declarados “secretos de Estado”. Por eso ni siquiera en los documentos de la KGB figuran los lugares de ejecución y entierro.–Los desaparecidos rusos, digamos.–La diferencia con Argentina es que en nuestro país son millones y millones. Es uno de los temas que hace difícil la comparación entre Argentina y Rusia. Por ejemplo, ¿se debe aplicar la violencia cuando se lucha contra la violencia? Esto siempre fue un tema de discusión. Les tengo cariño a los revolucionarios rusos que hicieron actos terroristas, incluso contra un zar como Alejandro II, que no fue ni el peor de los zares ni peor que Stalin. Pero otra cosa es aplicar la violencia después de la revolución. Y para la sociedad rusa todavía no es fácil de entender por qué en Argentina se respondió con violencia a la violencia opresora. No estoy diciendo que para nosotros está bien o está mal, sólo que para nosotros es difícil entenderlo.Terrorismo con firma y sello. Roginskyi vino a Buenos Aires invitado por la Universidad Nacional de San Martín para dar un seminario “cerrado” (10 rusos, 15 argentinos, 1 brasilero) y presentar la conferencia El Terror de Estado en la URSS y la experiencia de América del Sur. Lo acompaña quien traduce esta entrevista, Claudio Nun Ingerflom, el director del Centro de Estudios de los Mundos Eslavos y Chino de la Cnrs (Francia)-Unsam. El ruso y el argentino son amigos desde 1966, desde que el militante de la Fede huyó luego de la Noche de los Bastones Largos para recalar a millones de kilómetros culturales de distancia, en Moscú.–En esta visita me dí cuenta de que en Moscú entendía muy poquito sobre lo terrible del Terror en la Argentina de los ’70. Tuve que venir acá y hablar con mucha gente. En Argentina es más difícil la construcción de la memoria porque hay dos memorias en pugna. Va a llevar más tiempo que en Rusia, porque el tablero es más complejo.Es una hipótesis. Pero se le reconoce a Roginskyi experiencia en la materia. Desde la apertura que significó la perestroika, el autor de Historia fragmentada. Stalin y el estalinismo en la Rusia actual dirigió a los asesores del Congreso en la revisión de los archivos del terrorismo desde 1922 hasta los ’60, cuando Kruschev denunció los crímenes de su antecesor. En 1975, fundó Pámiat (La memoria) la primera revista independiente y clandestina sobre historia soviética. En 1981 fue invitado por la KGB a emigrar del otro lado de la Cortina de Hierro y se negó, por lo que pasó purgando un encierro de cuatro años en los campos de concentración de Siberia, Montes Urales y el Ártico.Nació en marzo de 1946, siete años antes de que Stalin falleciera. Nació en una casita prefabricada dentro de un campo de concentración, SevDvinLag, porque su madre, cansada de que no soltaran a su marido –prisionero político desde el Gran Terror de 1936; útil al campo porque era ingeniero eléctrico–, se había mudado adentro del cerco, la única excepción que hicieron a la familia de un “Enemigo del Pueblo”.–¿A quiénes declaraban “Enemigo del Pueblo”?–A cualquier persona arrestada por “causas políticas”. Todas las acusaciones eran falsas. Los acusaban de espionaje, de acciones terroristas contra el gobierno o que querían asaltar las fábricas donde trabajaban. O a lo mejor simplemente los acusaban de contar un chiste sobre Stalin a un amigo.–¿Cuándo comienza a organizarse una oposición seria al Pcus?–Para mi generación, la injusticia de la invasión de Checoslovaquia en 1968 fue decisiva. Todo el país estaba bajo el control de la red de espionaje del Comité de Seguridad del Estado (KGB). Cualquier paso que dieras fuera de lo que estaba permitido te arrestaban. Algunos formaron círculos clandestinos. En general eran jóvenes que se inscribían en el marxismo, pretendían inventar un buen socialismo, el auténtico. Cuando les preguntábamos a estos compañeros cómo iban a hacer para que las ideas de ellos triunfasen, nos contestaban…–…¿“Otra revolución”?–Exacto. Pero nosotros teníamos detrás de nuestras espaldas el terrible peso de lo que fue la violencia revolucionaria, que luego se transformó con la toma del poder en una violencia dictatorial. Alrededor nuestro había cientos y cientos que acababan de volver de los campos de concentración. Y atrás nuestro estaba la guerra que todos recordábamos, la II Guerra Mundial. Y la idea central alrededor de la cual se construyó un consenso en la sociedad –me refiero a la gente con cierta educación, que éramos muy pocos– era que había que cambiar todo en nuestro país pero sin violencia.–Fue una concepción de la política y una experiencia histórica muy diferente de la argentina… Poco pensamos en América latina sobre la experiencia rusa.–En estos días entendí algo fantástico que antes no entendía. Nuestro Terror era prácticamente legal o casi legal. Eran miles de documentos los que estaban. Si lo mirás ingenuamente, el Terror se realizó según las leyes en nuestro país. A este Terror cuasijurídico, cuasilegal seguramente lo más efectivo fue responder en el lenguaje jurídico de la Ley. En el caso de ustedes, entendí en estos días de debates que el Terror no tenía nada que ver con la ley. En su caso, fue el Terror de un Estado que luchaba contra todos los que estaban insatisfechos. Las torturas que me contaron que hubo aquí, pensaba que existían nada más que en casos de guerra. Probablemente la reacción a este terror debía ser diferente a la Urss, no lo sé. Pero sí debemos superar las consecuencias. Y para constituir una memoria debe haber un elemento fundamental, decisivo, que debe cumplir un rol: el derecho. Y desde este sentido lo único que puedo hacer es envidiarlos. Ustedes tienen juicios contra los criminales. Hace veinte años que mi país es libre y todavía no pudimos lograr ni un solo juicio.• SEVDVINLAG, TARTU, DOS PUEBLOSSevDvinLag era un campo de trabajo forzoso nórdico, en la Rusia europea, cercano al río Dvina Septentrional. Cuando a un “Enemigo del Pueblo” lo liberaban no podía ir a vivir a cualquier lugar de la Unión Soviética, había 100 ciudades prohibidas. Los prisioneros inteligentes se iban muy lejos, a Siberia. Se escondían del régimen en pequeñas ciudades lejana. “¿Qué hizo mi papá?”, pregunta Arseni Roginskyi y ya se le adivina el viejo rictus de un humor milenario. “Tengo que aclarar: era judío. Y como cualquier judío, lo que más quería él era a su madre. Y su mamá seguía viviendo en Leningrado, que para él estaba prohibido. Pero a 300 kilómetros de allí estaban construyendo una central eléctrica, donde consiguió trabajo como ingeniero.” Sin embargo, la libertad se le agotaría en un suspiro helado. Cuando Stalin decretó arrestar y aislar a los antiguos prisioneros políticos, en enero de 1951 Roginskyi padre fue otra vez arrestado. “No lo acusaron de nada. Murió en la cárcel. Yo tenía 5 años.”Luego de que Nikita Kruschev denunciara los crímenes de su antecesor (aún así, con un dejo mentiroso, “porque afirmaba que el Terror de Stalin estaba dirigido contra el Partido, y eso era una gota de agua entre todas las víctimas”), los Roginskyi sin padre ni esposo volvieron a Leningrado. En el ’62, Arseni dio exámenes para entrar a la universidad, sacó la máxima nota, pero no lo tomaron. “En primer lugar, porque el 100% de los alumnos que terminaban la escuela eran parte de la Federación Juvenil Comunista, y yo nunca quise afiliarme. Lo segundo es que era judío y desde mediados de los años ’40 hubo un antisemitismo estatal muy fuerte y no declarado.”Roginskyi fue a estudiar a Tartu, perteneciente a Estonia, ocupada por Stalin en 1940. Gracias a la campaña de rusificación de Estonia, por escasez de alumnos (los cursos se daban en ruso), a Roginskyi lo aceptaron. En Tartu entendí y sentí que la Unión Soviética era un imperio. Porque la gente que allí vivía añoraba la época independiente. Y además había muchos hijos de familias o los estudiantes mismos que antes de Kruschev habían sido deportados de Estonia a Siberia. Fueron los años en Tartu en donde yo me formé como científico y ciudadano político.

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