jueves, 21 de octubre de 2010

DIFUNDEN DOCUMENTOS INÉDITOS SOBRE COMO SE PREPARÓ EL COMBATE DE LA VUELTA DE OBLIGADO


Aportan detalles de la estrategia defensiva con la que se enfrentó a las flotas europeas.


Por Sibila Camps


Más de 120 cartas y notas inéditas sobre la batalla de la Vuelta de Obligado –muchas de ellas firmadas por el general Lucio N. Mansilla y sus comandantes– salieron a la luz después de 165 años, difundidas por la Dirección de Cultura de la Municipalidad de San Pedro (Buenos Aires). Los documentos, que estaban depositados en el Museo y Archivo histórico Municipal “Gregorio Chervo” de San Nicolás, permiten conocer importantes detalles de la logística previa al combate .


Esta batalla, librada el 20 de noviembre de 1845, se inscribe en la llamada guerra del Paraná (ver “Una epopeya...” ). Ante el avance aguas arriba de las flotas inglesa y francesa, Juan Manuel de Rosas, al frente de la Confederación Argentina, ordenó a su cuñado, el general Lucio N. Mansilla, que instalara baterías costeras artilladas para frenar los barcos.


En julio de ese año, Mansilla comenzó a pedir hombres y provisiones al juez de paz de San Nicolás , que entonces tenía funciones políticas muy diferentes de las actuales. La correspondencia continuó hasta diciembre, también firmada por los comandantes Juan José Obligado, Francisco Crespo y Juan Antonio Garretón, el coronel José María Cortina y el primer edecán de Rosas, Antonino Reyes.


Ese juzgado conservó las comunicaciones, que traspasó al museo nicoleño. Hace pocos días, el director de Cultura de San Pedro, José Luis Aguilar, se enteró de que existirían papeles relacionados con el combate, y se comunicó con su par de San Nicolás, Mirta Chervo. El asombro fue enorme cuando Aguilar y sus colaboradores se encontraron con unas 120 cartas escritas a pluma, en perfecto estado de conservación .


“Mansilla y sus comandantes emitían correspondencia hacia Buenos Aires, que fue quedando en los museos porteños; es la que conoce la historia oficial. Pero también generaban correspondencia hacia el Juzgado de Paz de San Nicolás, al que pedían elementos e insumos”, cuenta el funcionario sampedrino.


Los documentos permiten conocer cómo se montó el dispositivo de defensa en el Paso del Tonelero, cerca del arroyo Las Hermanas, en Ramallo. Allí había ordenado Mansilla extender de orilla a orilla las tres cadenas con las que pretendía frenar a la escuadra invasora. Pero una fuerte tormenta desarmó la instalación, por lo que se eligió un nuevo lugar.


Éste fue la Vuelta de Obligado, un recodo donde el Paraná se angostaba a 700 metros, a 18 kilómetros al norte de San Pedro. Las cartas difundidas ahora revelan la existencia de portillones (puestos de control) en los caminos de acceso a los puntos de combate, y la obligatoriedad de permisos especiales para acceder a ellos. Funcionaban como un mecanismo “antiespías”, para evitar también el paso de unitarios.


Algunas misivas piden el envío de caballos “para consumo de los indios amigos”, lo que confirma la colaboración de los querandíes en la campaña . En otras, los militares se comprometen a restituir los animales de tiro y otros implementos confiscados a la población. Las cartas del 21 y 22 de noviembre ordenan buscar y llevar de regreso a los hombres dispersos tras la derrota.


Las copias de unas 80 cartas, con su transcripción realizada por Silvina Carro, podrán verse hasta el domingo en la Municipalidad de San Pedro. Es el prólogo de “Correo de la Batalla”, una muestra gigantografiada a inaugurarse el 20 de noviembre en el Parque Histórico Natural de Vuelta de Obligado, frente al museo del sitio.




Una epopeya argentina


Por Pacho O’Donnell



El combate de la “Vuelta de Obligado” fue una gran epopeya argentina que aún espera su completa reivindicación. Haber propuesto el 20 de noviembre como feriado nacional es, sin duda, un avance en ese sentido. Las dos más grandes potencias económicas, políticas y bélicas de la época, Inglaterra y Francia, aliadas en sus apetencias imperiales, decidieron ampliar sus mercados más allá de lo marítimo y, a favor del invento de los barcos a vapor, pudieron internarse en los ríos en busca de mercados en el interior de los continentes.



Se propusieron navegar por el río Paraná para llegar hasta las provincias litorales argentinas, el Paraguay y el sur del Brasil. La evidencia de que sus propósitos supuestamente humanitarios encubrían la codicia comercial era que detrás de los barcos de guerra iban casi cien barcos mercantes.



Los europeos también tenían el propósito de segregar Misiones, Corrientes y Entre Ríos para dar nacimiento a un país independiente, la “República de la Mesopotamia”. Venían de conquistar China en la llamada “Guerra del opio” y sus naves estaban armadas con lo más avanzado de la época. La invasión contó con la colaboración de los unitarios exiliados en Montevideo y de los que constituían la “quinta columna” en Argentina.



Rosas tenía un elevado sentido del patriotismo y de la soberanía y se dispuso a darles batalla a pesar de la inmensa diferencia en armamento y en experiencia de sus combatientes. El jefe de las fuerzas argentinas fue Lucio N. Mansilla, quien dispuso que en el lugar más estrecho del Paraná, en la “Vuelta de Obligado”, se tendieran tres cadenas a lo ancho para impedir o dificultar el paso de la armada atacante y armó cuatro baterías con los cañoncitos y los escasos proyectiles de que disponía.



Los atacantes lograron trasponer las defensas en Obligado pero fueron acosados desde las orillas del río por los aguerridos defensores que les producen tantas bajas humanas y tantos deterioros en sus barcos que finalmente se ven obligados a capitular.



Un emocionado José de San Martín escribió entonces a Tomás Guido que Obligado “había sido tan importante como las jornadas de Mayo para nuestra independencia” y al morir legó su sable libertador a Rosas por su defensa de la soberanía.



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