jueves, 12 de enero de 2012

MILAGRO EN LA CIUDAD


La dirigente jujeña aumenta su presencia en suelo porteño con local y desafíos nuevos. “La necesidad de la gente es la misma en todos lados.”
Por Tali Goldman
"Te amo”, suelta Milagro Sala en medio de un abrazo espontáneo en plena 9 de Julio, entrada la noche del sábado. “Yo también, flaquita”, retruca Raúl Noro, su marido desde hace más de una década. Parecen dos adolescentes que caminan enamorados por la zona céntrica de la capital porteña. Cruzan la ancha avenida y siguen las instrucciones del fotógrafo de Veintitrés que intenta retratar la última jugada de la líder jujeña: el desembarco de su construcción política y social en Buenos Aires, con la inauguración de un nuevo local en la ciudad.Mirando desde el auto está “Coco”, el coordinador de la Tupac en Buenos Aires, controlando que ningún extraño interfiera en la sesión. Y sin que nadie se diera cuenta (sólo lo notamos cuando emprendimos el regreso), dos integrantes de la Tupac Amaru en las esquina de Corrientes custodian a Sala. “¿Viste cómo me cuidan los muchachos?”, sonríe la “Flaca” desde el auto, orgullosa de sus compañeros. Milagro es la líder indiscutida de un movimiento que crece a una escala exponencial. De los 70.000 afiliados que tenía en 2009, hoy 400.000 personas son parte de la Organización Tupac Amaru a lo largo y a lo ancho del país en provincias como Salta, Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja, San Juan, Mendoza, Neuquén, Río Negro, Santa Fe, Córdoba, Chaco, Corrientes, Misiones y Formosa.En Capital y Gran Buenos Aires, la vieja sede en las calles Carlos Calvo y Pichincha les quedó chica. Ahora, la otrora marroquinería “López Taibo”, ubicada en la intersección de las calles México y San José, en pleno barrio porteño de San Cristóbal, se transformó en la sucursal militante.Milagro llegó hace pocas horas de Río Gallegos, donde fue invitada por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner a participar del acto en homenaje a los caídos de la guerra de Malvinas. “No aguanto más. Ya me quiero ir pa’ mi casita, estoy muy cansada y hace tres días que me levanto a las 5 de la mañana –dispara en medio de un bostezo–. Pero acá en Buenos Aires la gente me trata muy bien.” Y eso es perceptible a simple vista. Apenas Milagro pone un pie en el local, los delegados barriales y de las villas corren a abrazarla. No hay uno que no la mime ni la contenga. No hay uno que no se alegre al verla, la abrace y le cebe un mate.“Mili, mirá lo que hicimos para que te lleves a Jujuy”, dispara una delegada de no más de 25 años mientras saca de la bolsa unos muñequitos. “Esto lo hacen todo ellos, en los talleres, está hermoso –explica la “Flaca”, cual madre babosa–. Porque esto es lo que nos diferencia de las otras organizaciones. Nosotros no formamos pelotones de desocupados, sino que formamos seres con conciencia, con capacitación, y esa es la única manera de producir un cambio en el ser humano.”El espacio cuenta con tres pisos, varias oficinas, un patio y una terraza con parrilla. Una muestra de fotos de la Tupac en Jujuy recorre las paredes de la planta baja y el primer piso. Ella se siente como en casa aunque, claro, la city porteña está lejos de Cuyaya, su barrio en la puna, donde hasta hace algunos años era una simple y casi anónima dirigente.El fallecimiento de Néstor Kirchner fue determinante para terminar de conformarse la agrupación: “La muerte de Néstor fue una cachetada muy fuerte que hizo que nos termináramos de despertar, porque nunca pensamos que esto iba a suceder –reflexiona–. No sólo a la Tupac sino a muchos sectores se sumó muchísima gente, sobre todo jóvenes”.Sin embargo, Milagro sabe muy bien que el crecimiento de la organización no sucedió en un abrir y cerrar de ojos. “Para poder estar en los lugares en los que estamos no vinimos de la noche a la mañana. Acá venimos trabajando desde hace siete años y lo estamos haciendo muy bien, los compañeros tienen muchas ganas –explica Milagro, mientras le da un sorbo al mate con la cara del Che–. Acá no se conforman con un Plan Trabajar, quieren más, quieren viviendas, fábricas, polideportivos. Quieren construir su futuro apoyando este modelo.” A continuación, saca un papelito del bolsillo y especifica cuáles son los lugares en los que la Tupac tiene representación. En Capital: Villa 31, Villa 31-bis, Cildáñez, Ciudad Oculta, la villa 1-11-14, Piedra Buena y Pirelli. En provincia de Buenos Aires: Avellaneda, Lanús, Lomas de Zamora, Florencio Varela, Almirante Brown, Quilmes, La Matanza, Moreno, San Miguel, Presidente Perón, Alejandro Korn y Mar del Plata.“Muchos piensan que el esquema de Jujuy no se puede reproducir en otro lado. Pero eso no es así. La necesidad de la gente es la misma en todos lados, los seres humanos somos todos iguales porque lo sano de este proyecto son las bases”, explica. De hecho, representantes de varios países latinoamericanos y europeos aterrizaron en tierras jujeñas para trasladar la experiencia a sus respectivos países.La primera vez que Milagro llegó a Buenos Aires tenía 16 años, había venido de mochilera con amigos. “Llegamos como cualquier provinciano para saber qué era Buenos Aires y además porque vinimos a conocer la sede de la JP”, recuerda la dirigente, de 49 años. Desde ese entonces sus visitas a la Capital fueron asiduas, y aunque le gusta, no sabe mentir: “Prefiero Jujuy. Los abuelos de los pueblos originarios nos enseñaron que el lugar más bello es donde nacimos y nos criamos”. Sus estadías no duran más de cuatro días: “Empiezo a sentir tristeza. Además, mis nietos Amaro y Catriel me extrañan mucho y yo también a ellos”.A Milagro la abruman los edificios altos y el ruido, aunque su paseo predilecto sea caminar por la calle Florida o el barrio de Once y comprarles alguna que otra chuchería a sus nietos. Sin embargo, hoy ella no es una transeúnte más que camina por los centros turísticos de la Capital como lo hizo siempre. Hoy es una dirigente social que reparte autógrafos y fotografías a quienes se lo pidan. “Me da mucha vergüenza, me da pudor –relata Milagro, y busca la mirada cómplice de su marido–. Me dicen gracias, y yo les digo que no me tienen que agradecer, que yo hago lo que tengo que hacer.” Y es que a Milagro Sala le hubiera gustado seguir sus días en el anonimato, sin tener que rendir tanta explicación a los medios de comunicación. “A la Tupac no nos gusta mucho la prensa, estar en los canales –explica–. Pero también entiendo que sin esa exposición la mayoría no conocería nuestra tarea.” El efecto juventud también llegó a las filas de la Tupac Amaru: “Hoy incluimos muchísimo a los muchachos jóvenes, que son los hijos de nuestros compañeros desocupados de los ’90, que estaban totalmente marginados –recuerda–. Hoy los jóvenes son actores fundamentales para continuar profundizando este modelo”.Como en la tan conocida película hollywoodense Cadena de favores, Milagro Sala tiene esa concepción de vida: “Hoy yo estoy mal, y vos me ayudás, y mañana yo no te tengo que devolver el favor, sino ayudar a otro que está mal”.En medio de la charla suena su celular (escena que se repite por lo menos tres veces). “Sí, decile que haga la denuncia, que si tienen que ir presos que vayan presos”, sentencia por teléfono. Pero a continuación aclara que sólo la llaman por emergencias y que hay 25 personas en el directorio de la Tupac. “Nosotros somos como una familia y tenemos que tratar de resolver los problemas entre todos”, señala.A los ojos de Milagro les cuesta mantenerse abiertos y el pestañeo se vuelve más rápido y profundo. El domingo, bien temprano, partirá para Jujuy. Aún no tiene fecha de regreso, pero sabe que será antes de lo previsto.

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